lunes, 16 de enero de 2012

Pequeñas Semillitas 1594

PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 7 - Número 1594 ~ Lunes 16 de Enero de 2012
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
   

Hola…
En el Evangelio de ayer Juan el Bautista presenta a Jesús como el Cordero que quita los pecados del mundo, lo pone de manifiesto ante los nuevos discípulos.
Esos pecados son todas las injusticias, la explotación, especulación, opresión, egoísmo, ambición... que dan como resultado la situación inhumana e insostenible de una tercera parte de la humanidad que sobrevive con dificultad o muere de hambre cada día.
Por lo tanto, seguir a Jesús es comprometerse en la lucha y el esfuerzo por quitar el pecado del mundo, es decir: liberar, con solidaridad y compasión, de todo lo que destruye la libertad, la dignidad, la convivencia y la felicidad de las personas. Lo que hizo Jesús.
Recordemos y vivamos lo que cantábamos en el salmo de la misa de ayer: “Aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad”


La Palabra de Dios:
Evangelio del día


Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen y le dicen a Jesús: «¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?». Jesús les dijo: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar. Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día.
»Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos».
(Mc 2,18-22)

Comentario
Hoy comprobamos cómo los judíos, además del ayuno prescrito para el Día de la Expiación (cf. Lev 16,29-34) observaban muchos otros ayunos, tanto públicos como privados. Eran expresión de duelo, de penitencia, de purificación, de preparación para una fiesta o una misión, de petición de gracia a Dios, etc. Los judíos piadosos apreciaban el ayuno como un acto propio de la virtud de la religión y muy grato a Dios: el que ayuna se dirige a Dios en actitud de humildad, le pide perdón privándose de aquellas cosas que, satisfaciéndole, le hubieran apartado de Él.
Que Jesús no inculque esta práctica a sus discípulos y a los que le escuchan, sorprende a los discípulos de Juan y a los fariseos. Piensan que es una omisión importante en sus enseñanzas. Y Jesús les da una razón fundamental: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?» (Mc 2,19). El esposo, según la expresión de los profetas de Israel, indica al mismo Dios, y es manifestación del amor divino hacia los hombres (Israel es la esposa, no siempre fiel, objeto del amor fiel del esposo, Yahvé). Es decir, Jesús se equipara a Yahvé. Está aquí declarando su divinidad: llama a sus discípulos «los amigos del esposo», los que están con Él, y así no necesitan ayunar porque no están separados de Él.
La Iglesia ha permanecido fiel a esta enseñanza que, viniendo de los profetas e incluso siendo una práctica natural y espontánea en muchas religiones, Jesucristo la confirma y le da un sentido nuevo: ayuna en el desierto como preparación a su vida pública, nos dice que la oración se fortalece con el ayuno, etc.
Entre los que escuchaban al Señor, la mayoría serían pobres y sabrían de remiendos en vestidos; habría vendimiadores que sabrían lo que ocurre cuando el vino nuevo se echa en odres viejos. Les recuerda Jesús que han de recibir su mensaje con espíritu nuevo, que rompa el conformismo y la rutina de las almas avejentadas, que lo que Él propone no es una interpretación más de la Ley, sino una vida nueva.
Rev. D. Joaquim VILLANUEVA i Poll (Barcelona, España)


Santoral Católico:
San Marcelo I, Papa


El papa san Marcelo I (308-309), fue elegido después de cuatro años de la muerte del papa san Marcelino debido a la persecución del emperador Diocleciano (303 al 305).

Le tocó hacerle frente a la crisis dejada entre los cristianos por dicha persecución y que por miedo al martirio habían apostatado de su fe o simplemente abandonado las prácticas religiosas, pero ahora querían regresar a la Iglesia. Decretó que aquellos que deseaban volver a la Iglesia tenían que hacer penitencia por haber renegado de la fe durante la persecución.

Los que estaban en contra de esta decisión consiguieron que el emperador Majencio lo desterrara.

Según el "Libro Pontifical", el Papa Marcelo se hospedó en la casa de una laica muy piadosa de nombre Marcela, y desde ahí, siguió dirigiendo a los cristianos. Al enterarse el Emperador, obligó al Pontífice a relalizar trabajos forzosos en las caballerías y pesebres imperiales que fueron trasladados a esa zona.

Murió en el exilio el 16 de enero de 309. Su cuerpo fue devuelto a Roma y sepultado en el cementerio de Priscila.

Durante su pontificado se dedicó a volver a edificar los templos destruidos en la persecución. Dividió Roma en veinticinco sectores con un presbítero o párroco al frente de cada uno de ellos. Su carácter enérgico, aunque moderado, llevo a que ordenase que ningún concilio se pudiese celebrar sin su autorización explícita.

Fuente: Caatholic.net


La frase de  hoy

En medicina curar es un acto de amor
y no una transacción económica

 
Patch Adams


Tema del día:
Aquí me tienes, Dios mío


En sus raíces lingüísticas la palabra "obedecer" connota el sentido de escucha y está referida en la Escritura sobre todo a la palabra de Dios. El término griego (hypakouein) que se usa para traducir en el Nuevo Testamento la obediencia, literalmente significa "escuchar atentamente" o "prestar atención"; y la palabra latina "obedientia" (ob-audire) significa lo mismo. Obedecer significa someterse a la Palabra, reconocerle un poder real sobre uno. La obediencia es la clave que abre el corazón de Dios Padre. Dios concede el Espíritu Santo a los que se le someten (Hch 5, 29).

Desobedecer (parakouein), por el contrario, significa escuchar de mala manera, distraídamente. Podríamos decir que es escuchar sin sentirse vinculados por lo que se escucha, conservando el propio poder de decisión frente a la Palabra. Los desobedientes son los que escuchan la Palabra pero no la ponen en práctica (cfr. Mt 7, 26), no porque lo intenten y se queden cortos, sino porque ni siquiera se plantean el problema.

Si queremos entrar en la complacencia de Dios debemos aprender a decir: "aquí me tienes". A lo largo de toda la Biblia resuena esta expresión, de las más queridas por Dios. Abraham dijo: "¡Aquí me tienes!" (Gn 22, 1); Moisés dijo: "¡Aquí me tienes!" (Ex 3, 4); Samuel dijo: "¡Aquí me tienes!" (1 Sam 3, 1); Isaías dijo: "¡Aquí me tienes!" (Is 6, 8); María dijo: "¡Aquí me tienes!" (Lc 1, 38). En el sí de todos ellos hay una figura anticipada del sí rotundo y absoluto de Jesús, que dijo definitivamente con su encarnación y con toda su vida, hasta entregarse por nosotros: "¡Aquí me tienes!" (Hb 10, 9).

El Salmo 40 describe una experiencia espiritual que se cumple plenamente en la obediencia de Cristo, y cuya meditación seguramente nos ayudará. El salmista, rebosante de alegría al considerar los beneficios recibidos de Dios, se pregunta qué puede hacer para corresponder a tanta bondad: ¿ofrecer holocaustos, víctimas? Pero comprende que no es esto lo que agrada a Dios, que lo que Dios merece no son cosas suyas, sino su propio ser, su amor. Entonces dice: "Aquí estoy, como está escrito de mí al comienzo del libro, para hacer, oh Dios, tu voluntad. Dios mío, lo quiero, llevo tu ley en mis entrañas".

La bondad de Dios con nosotros, su Amor infinito que se vuelca con cada uno de manera inexplicable es la razón que debe llevarnos a la correspondencia, poniéndonos a disposición del Señor. Por eso debemos proponernos seriamente, como meta real de nuestra vida, ser santos.

¿Por qué nos agitamos y confundimos por los problemas que trae la vida? Dejemos que sea Dios quien controle todas nuestras cosas. Cuando nos entreguemos totalmente, las cosas se resolverán a su tiempo, con tranquilidad, de acuerdo con sus planes. No nos apresuremos, no forcemos al Señor como si quisiéramos que sus planes coincidan con los nuestros, cerremos los ojos del alma y con paz digamos: Jesús, yo confío en Ti.

Tratemos de evitar todos esos pensamientos que nos angustian, queriendo comprender todo lo que nos pasa, no arruinemos los planes de Dios queriendo imponerle nuestras ideas, dejemos a nuestro Padre Dios que actúe en nuestras vidas. Entreguémonos con completa confianza y dejemos nuestro futuro en sus manos, nos irá mucho mejor: Jesús, yo confío en Ti.

Tenemos una visión chata de la vida, nos falta el relieve, la profundidad, la visión sobrenatural. Si nos dejamos curar por Él de nuestras enfermedades, de nuestras debilidades espirituales, seremos suyos para siempre. No tengamos miedo, nos ama más que nadie en el mundo, dejemos todas nuestras cosas en sus manos: Jesús, yo confío en Ti.

Permitamos que el Señor pueda disponer de nuestros brazos, para seguir bendiciendo en el mundo; prestémosle nuestro corazón, para seguir amando al mundo; confiemos en el Señor, descansemos en Él; facilitemos que pueda seguir haciendo milagros en el mundo por medio de cada uno de nosotros: Jesús, yo confío en Ti.

"Si respondes a la llamada que te ha hecho el Señor, tu vida -¡tu pobre vida!- dejará en la historia de la humanidad un surco hondo y ancho, luminoso y fecundo, eterno y divino" (J. Escrivá, Forja, 59).

José Manuel Roca


Pensamientos sanadores


Hoy pídele a Dios que te ayude a orientar las fuerzas que hay en tu interior.

Las pulsiones de tu naturaleza concupiscente pueden llevarte al caos interior, a la infidelidad y al pecado; pero cuando esas mismas pulsiones son conversadas con Dios, entregadas a Él, sublimadas en su gracia, entonces podrán ser transformadas en una fuerza imparable para la realización del bien.
Recuerda que esas pulsiones, despiertas o dormidas, habitarán siempre en tu interior.
Lo importante es lo que haces tú con ellas y si las pones a los pies del altar de Dios.
Sin Dios, ellas son motivo de tropiezo y pecado. En cambio, con la gracia del Señor, son un escalón que nos ayudan a subir la escalera de la santidad y a entregar esa fuerza al servicio del Evangelio.

Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. Porque así como el pecado reinó produciendo la muerte, también la gracia reinará por medio de la justicia para la Vida eterna, por Jesucristo nuestro Señor. Romanos 5, 20-21


Pedidos de oración

Pedimos oración por la Paz del Mundo; por la Santa Iglesia Católica; por el Papa, los sacerdotes y todos los que componemos el cuerpo místico de Cristo; por la unión de los cristianos para que seamos uno, así como Dios Padre y nuestro Señor Jesucristo son Uno junto con el Espíritu Santo; por las misiones, por nuestros hermanos sufrientes por diversos motivos especialmente por las enfermedades, el hambre y la pobreza; por la unión de las familias y la fidelidad de los matrimonios; por el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas, y por las Benditas Almas del Purgatorio.

Pedimos oración por Luis Ricardo, que vive en Fort Hood, Texas, EEUU, militar del ejército quien fue herido en Afganistán hace 2 semanas y se encuentra en un estado muy delicado de salud, para que por la intercesión del Padre Pio, Dios permita su pronta recuperación.

Pedimos oración por Delia, que vive en Toluca, México, y ha sufrido un infarto cerebral, por lo que rogamos a Dios Misericordioso que pose su mano sanadora sobre ella para que pueda curarse sin que le queden secuelas neurológicas.

Pedimos oración por la salud de Arturo, que vive en Lima, Perú y es una persona de 40 años de edad, que sufrió 2 infartos severos y en este momento se encuentra en coma, por lo que rogamos al Buen Jesús que le conceda el milagro de curarlo y a la Santísima Virgen que acompañe y proteja a su familia.

Pedimos oración por las siguientes personas de Argentina: por Adrián, que vive en La Plata, tiene 40 años, padece cáncer de huesos en tratamiento con quimioterapia; por Pablo, que es de Mar del Plata pero está internado en Buenos Aires siendo estudiado para compatibilidad por un trasplante; por Leo, de Mar del Plata, afectado de obesidad mórbida y diabetes; por dos parejas que desean la bendición de un bebé, Silvina y Andrés y la otra pareja: Karina y Pablo. A todas estas personas las ponemos en las manos de la Virgen de Luján, madre y patrona de Argentina, para que ella interceda ante Dios por la atención de todas sus necesidades médicas y espirituales.

Tú quisiste, Señor, que tu Hijo unigénito soportara nuestras debilidades,
para poner de manifiesto el valor de la enfermedad y la paciencia;
escucha ahora las plegarias que te dirigimos por nuestros hermanos enfermos
y concede a cuantos se hallan sometidos al dolor, la aflicción o la enfermedad,
la gracia de sentirse elegidos entre aquellos que tu hijo ha llamado dichosos,
y de saberse unidos a la pasión de Cristo para la redención del mundo.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Amén

Nota de Redacción:
Para dar curso a los Pedidos de Oración es imprescindible dar los siguientes datos: nombres completos de la persona (habitualmente no publicamos apellidos), ciudad y país donde vive, y explicar el motivo de la solicitud de oración.


"Intimidad Divina"

Yo soy la verdad

Jesús ha venido para dar a los hombres la vida y ha venido también para enseñarles el camino que conduce a la vida: Él, que es la fuente de vida, es también Maestro de vida. Así lo ha presentado el Padre celestial desde el comienzo de su ministerio. El Espíritu Santo que, luego del bautismo de Jesús, bajó sobre Él en forma de paloma y la voz del cielo que se oyó: “Este es mi Hijo amado, en quien me agradé” (Mt 3, 17) son, por así decirlo, las credenciales que garantizan su enseñanza y dan su razón profunda. ¿Quién no prestará fe a sus palabras si es el Hijo de Dios y el Espíritu Santo está con Él?

Jesús mismo más tarde se ha revelado como Maestro, más aún, como único Maestro: “Vosotros me llamáis maestro… y decís bien, pues lo soy” (Jn 13, 13). Cuando Jesús afirma que es la vida, afirma también que es “la verdad”; más aún, delante de Pilato que le pregunta sobre su origen y su misión, Jesús declara: “Para esto he nacido yo y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad” (Jn 18 37). El que escucha y practica su palabra escucha y conoce la verdad. “Si os mantenéis fieles a mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos y conoceréis la verdad” (Jn 8, 31-32)

Jesús es Maestro por naturaleza, justamente porque es el Verbo encarnado. Dios es la verdad, la verdad absoluta; toda la verdad que hay en el Padre se comunica al Verbo y llega al hombre por medio de Cristo. Dios “envió a su Hijo, la Palabra eterna, que alumbra a todo hombre, para que habitara entre los hombres y les contara la intimidad de Dios. Jesucristo, Palabra hecha carne, hombre enviado a los hombres, habla las palabras de Dios”.

Tú, altísimo Dios Padre, indicas y enseñas al alma la forma, el modo y el camino por el que pueda conocerte y llegar a ti a través del amor. Este camino y este magisterio nos los enseñas por tu Hijo amado… Por eso el alma que aspira a encontrar la luz divina, estudia, piensa y lee continuamente en el libro de la vida, que es la vida toda de Cristo mientras vivió en esta vida mortal. (Santa Ángela de Foligno)

P. Gabriel de Sta. M. Magdalena O.C.D.
Jardinero de Dios
-el más pequeñito de todos-
.

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