sábado, 25 de febrero de 2012

Pequeñas Semillitas 1632

PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 7 - Número 1632 ~ Sábado 25 de Febrero de 2012
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
   

Hola…
Cuida tu corazón para que sea siempre una permanente fuente de Amor y no de egoísmo. Si tu corazón es bondadoso y acogedor tus expresiones en relaciones con tus semejantes, serán acariciantes y animadoras.
Habla con Amor para que siembres alegría. El Amor es la base de la alabanza sincera, de la aprobación oportuna y de la acogida cordial. Las manifestaciones de cariño y el reconocimiento de los méritos ajenos son factores eficaces de integración comunitaria. Alegría compartida es doble alegría.


La Palabra de Dios:
Evangelio del día


En aquel tiempo, Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: «Sígueme». El, dejándolo todo, se levantó y le siguió. Leví le ofreció en su casa un gran banquete. Había un gran número de publicanos, y de otros que estaban a la mesa con ellos. Los fariseos y sus escribas murmuraban diciendo a los discípulos: «¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?». Les respondió Jesús: «No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal. No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores».
(Lc 5,27-32)

Comentario
Hoy vemos cómo avanza la Cuaresma y la intensidad de la conversión a la que el Señor nos llama. La figura del apóstol y evangelista Mateo es muy representativa de quienes podemos llegar a pensar que, por causa de nuestro historial, o por los pecados personales o situaciones complicadas, es difícil que el Señor se fije en nosotros para colaborar con Él.
Pues bien, Jesucristo, para sacarnos toda duda nos pone como primer evangelista el cobrador de impuestos Leví, a quien le dice sin más: «Sígueme» (Lc 5,27). Con él hace exactamente lo contrario de lo que una mentalidad “prudente” pudiera considerar si quisiéramos aparentar ser “políticamente correctos”. Leví —en cambio— venía de un mundo donde padecía el rechazo de todos sus compatriotas, ya que se le consideraba, sólo por el hecho de ser publicano, colaboracionista de los romanos y, posiblemente, defraudador por las “comisiones”, el que ahogaba a los pobres para cobrarles los impuestos, en fin, un pecador público.
A los que se consideraban perfectos no se les podía pasar por la cabeza que Jesús no solamente los llamara a seguirlo, sino ni tan sólo a sentarse en la misma mesa.
Pero con esta actitud de escogerlo, Nuestro Señor Jesucristo nos dice que más bien es este tipo de gente de quien le gusta servirse para extender su Reino; ha escogido a los malvados, a los pecadores, a los que no se creen justos: «Para confundir a los fuertes, ha escogido a los que son débiles a los ojos del mundo» (1Cor 1,27). Son éstos los que necesitan al médico, y sobre todo, ellos son los que entenderán que los otros lo necesiten.
Hemos de huir, pues, de pensar que Dios quiere expedientes limpios e inmaculados para servirle. Este expediente sólo lo preparó para Nuestra Madre. Pero para nosotros, sujetos de la salvación de Dios y protagonistas de la Cuaresma, Dios quiere un corazón contrito y humillado. Precisamente, «Dios te ha escogido débil para darte su propio poder» (San Agustín). Éste es el tipo de gente que, como dice el salmista, Dios no menosprecia.
Rev. D. Joan Carles MONTSERRAT i Pulido (Sabadell, Barcelona, España)


Santoral Católico:
San Valerio, Eremita


Santo de heroicas virtudes y de invicta paciencia en la adversidad. Nacido en Astorga y cristiano desde pequeño. La región del Bierzo es el escenario de sus virtudes y de su vida. Quiso entrar en el monasterio que fundó san Fructuoso en Compludo, pero por razones todavía hoy desconocidas no pudo entrar.

Fallido el intento monacal, comienza una vida de oración y penitencia viviendo al estilo de los antiguos eremitas. Su modo de vivir, poco frecuente en la época, hace que de boca en boca vaya pasando la noticia de su existencia entre los habitantes del lugar que empiezan a visitarle en la ermita que hay junto al castillo llamado de la Piedra, en Astorga. Allá concurren con deseos de escucharle y de ser confortados en sus penas. El clérigo el cuidador de la ermita sólo comienza a interesarse por ella cuando advierte el sonar de las monedas y huele los pingües beneficios de las ofrendas; como se posesiona de ellas de mala manera, el santo se marcha para no facilitar su codicia extrema; pero hasta los pocos libros que tenía hubo de dejarlos en la ermita por considerar el clérigo chupón que fueron de ella.

La gente del lugar le echa de menos y le sugieren un nuevo sitio para vivir, rezar y predicar. En Ebronato le edifican los fieles un oratorio donde se instala y recomienza. Como la gente se arremolina en torno a él, el obispo nombra un presbítero para que atienda la pequeña iglesia construida; Justo se llama el pastor y su justicia en el nombre se queda. De nuevo queda Valerio sin techo y reducido a la miseria. La gente sigue queriéndole y sufre la mala envidia de Justo que en alguna ocasión llegó a emplear la violencia física contra Valerio.

En el mismo Bierzo, allí donde Fructuoso fundó el monasterio de san Pedro, encuentra un lugar tranquilo y puede reanudar una vez más su vida penitente y orante de eremita. El obispo de Astorga, Isidoro, le llama y pide su compañía para asistir al concilio de Toledo, al que no llegan por la muerte del prelado.

También escribió dejando por escrito testimonio de la época. Esta literatura se conservó en el monasterio de Carracedo y la mantuvo como tesoro la iglesia de Oviedo. Su pluma dejó a la posteridad la vida de san Fructuoso, un abundante grupo de máximas y consejos a los religiosos del Bierzo, las revelaciones de los monjes Máximo y Bonelo y la historia del abad Donadeo.

Terminó su vida a finales del siglo VII y sus reliquias se conservaron en el Altar Mayor de la iglesia del monasterio de san Pedro de los Montes, de la orden benedictina, cerca de Ponferrada.

A quien se interna en su vida le da la sensación de que Dios lo preparó para la contrariedad. Y lo muy curioso del caso es que sus enfrentados siempre fueron clérigos. ¿Tan feo les pareció Valerio? Muchos de los buenos afirman, con pueril benevolencia, que es muy difícil convivir en esta tierra con un santo verdadero; pero quizás no caen en la cuenta de que a quien seriamente le cuesta convivir con los demás es al que lleva vida recta.

Fuente: Catholic.net


La frase de hoy

"La virtud, como el arte,
se consagra constantemente
a lo que es difícil de hacer,
y cuanto más dura es la tarea,
más brillante es el éxito"


Cuentos de Mamerto Menapace:
El candil de la nona


Ha quedado en mi recuerdo como uno de esos objetos sin edad. Como si a fuerza de estar y de alumbrar, hubiera logrado vencer el tiempo y permanecer.

Era una lámpara antigua de bronce. Tampoco podría afirmar, al revivirla hoy en mi recuerdo, si lo que la adornaba eran dibujos o simplemente arrugas con las que la vida y los acontecimientos habían ido ganándole un rostro.

Tenía ese noble color del bronce, y la capacidad de alumbrar en silencio.

Era una lámpara con pie. Cuando se la encendía, se la colocaba siempre en el centro de la mesa familiar. De ahí que su recuerdo lo tengo acollarado a las noches de invierno. Porque en verano vivíamos a la intemperie, y entonces no se usaba la lámpara, sino un farol que se colgaba de las ramas del árbol del patio.

Pero la lámpara de bronce tenía esa rara cualidad de crear la intimidad. Objeto quedado, de entre miles de objetos idos, la vieja lámpara de bronce parecía haber asumido en lo más íntimo de sí su propia soledad, y quizá fuera de allí de donde sacara esa misteriosa fuerza para crear la comunión.

Cuando entrada la noche se encendía la lámpara, parecía que su luz quieta hiciera crecer a su alrededor el silencio, y no sé qué misterio viejo. Mirando su llamita, los niños dilatábamos las pupilas, y quietos de cuerpo y alma, remábamos tiempo adentro. Hacia esa época legendaria en que grandes vapores llenos de inmigrantes avanzaban por el mar hacia nosotros. En uno de ellos había venido a desembarcar en nuestra mesa aquella lámpara.

Entre nosotros su luz creaba esa misteriosa realidad de hacernos sentir con raíces, viniendo de un tiempo viejo. Sabíamos que en otros tiempos su luz había alumbrado fiestas bulliciosas; que en ocasiones había creado la sombra precisa para ocultar una mirada furtiva; y que su llama había mantenido la luz necesaria para alimentar las confidencias.

En aquellos tiempos viejos, quizá había sido en las noches de la llanura la única respuesta de luz en leguas a la redonda, para el diálogo de nuestros abuelos con las estrellas.

No la sentíamos vieja. Porque intuíamos que había superado el tiempo. De la misma manera no nos atrevíamos a llamar vieja a una fruta madura. Madura de alumbrar, había terminado por asumir la vida en sí misma. Uno sabía que esa madurez de vida era el combustible que le permitía seguir alumbrando quieto.

Porque tenía una rara manera de alumbrar sin hacer ruido: tenía una luz mansa.

Aparecía entre nosotros a eso de la oración; y su presencia en la mesa familiar convertía en liturgia esos ritos primordiales de partir en cada plato la polenta humeante y el guiso oscuro y fuerte.

Cuando luego de unos años de ausencia volví a mi familia, la vieja lámpara ya no estaba allí con su color bronce y su luz mansa. Pero su ausencia seguía creando ese hueco de silencio familiar.

El candil de la nona fue en mi vida uno de esos objetos vivientes que me enseñaron que los humanos también tenemos raíces.


Pensamientos sanadores


Hoy busca agradar a Dios

Hay quienes consumen sus energías tratando de agradar a todos, y al final del día, terminan tristes y agotados, pues comprueban con pesar que no lo han logrado.
Algunos tienen este comportamiento no por verdadero amor al prójimo, sino porque ellos mismos están sedientos de amor y de aceptación, lo cual puede llevar a que resignen elementos valiosos de la propia identidad.
Deja de autoengañarte. Por mucho que te esfuerces, jamás agradarás a todo el mundo. Entre otras muchas cosas, porque es algo que en definitiva no depende de ti y que escapa a tu control.
Por lo tanto, haz lo que tengas que hacer, hazlo lo mejor que puedas, disfruta de lo que estás haciendo y deja en las manos de Dios los resultados.
Si intentas agradar a todos, no agradarás a nadie.

El Señor me premió porque yo era justo e inocente ante sus ojos. Tú eres bondadoso con los buenos y eres íntegro con el hombre intachable; eres sincero con los que son sinceros y te muestras astuto con los falsos. 2 Samuel 22, 25-27


Pedidos de oración

Pedimos oración por la Paz del Mundo; por la Santa Iglesia Católica; por el Papa, los sacerdotes y todos los que componemos el cuerpo místico de Cristo; por la unión de los cristianos para que seamos uno, así como Dios Padre y nuestro Señor Jesucristo son Uno junto con el Espíritu Santo; por las misiones, por nuestros hermanos sufrientes por diversos motivos especialmente por las enfermedades, el hambre y la pobreza; por la unión de las familias y la fidelidad de los matrimonios; por el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas, y por las Benditas Almas del Purgatorio.

Pedimos oración por Laura A., de 42 años de edad, de Olavarría, Argentina, que ha tenido un accidente cerebro vascular y está muy grave, por lo que ha sido trasladada a Buenos Aires. Rogamos al Señor con nuestra oración para que le conceda la gracia de poder recuperarse sin secuelas.

Por las intenciones particulares y necesidades de Nora F., de Buenos Aires, Argentina.

Pedimos oración por la salud de Catalina, que es cubana y vive en Miami, tiene 75 años de edad, ha sido operada antes de cáncer de páncreas y ahora le han encontrado diseminación al hígado, por lo que rogamos al Buen Jesús que le dé fuerzas y si es Su voluntad llevarla, que al menos no tenga sufrimientos.

Tú quisiste, Señor, que tu Hijo unigénito soportara nuestras debilidades,
para poner de manifiesto el valor de la enfermedad y la paciencia;
escucha ahora las plegarias que te dirigimos por nuestros hermanos enfermos
y concede a cuantos se hallan sometidos al dolor, la aflicción o la enfermedad,
la gracia de sentirse elegidos entre aquellos que tu hijo ha llamado dichosos,
y de saberse unidos a la pasión de Cristo para la redención del mundo.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Amén

Nota de Redacción:
Para dar curso a los Pedidos de Oración es imprescindible dar los siguientes datos: nombres completos de la persona (habitualmente no publicamos apellidos), ciudad y país donde vive, y explicar el motivo de la solicitud de oración.


Oración por la Patria


Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos. Nos sentimos heridos y agobiados. Precisamos tu alivio y fortaleza. Queremos ser nación, una nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común. Danos la valentía de la libertad de los hijos de Dios para amar a todos sin excluir a nadie, privilegiando a los pobres y perdonando a los que nos ofenden, aborreciendo el odio y construyendo la paz. Concédenos la sabiduría del diálogo y la alegría de la esperanza que no defrauda. Tú nos convocas. Aquí estamos, Señor, cercanos a María, que desde Luján nos dice: ¡Argentina! ¡Canta y camina! Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos. Amén.


Cuaresma día por día


Su Cruz y mi Cruz.

La cruz de Cristo no era sólo el leño que llevó a cuestas y en el que murió. La cruz de Jesús fue, junto a ésa, el dolor de la soledad, las injusticias que sufrió, los insultos que recibió... Los de aquel momento y los de toda la historia. El dolor que siente por lo que yo he hecho mal hoy contra otra persona, o contra mí mismo o contra Él. Esa es su cruz. Por eso yo soy RESPONSABLE DE LA CRUZ DE JESÚS.

Y mi cruz de cada día, la que tengo que coger para seguirle, no es un leño de madera. Mi cruz es el dolor de la enfermedad, las injusticias que sufro, el cansancio en el trabajo, el dolor que me supone luchar contra la pereza, el esfuerzo por ser generoso -porque me cuesta dar mis cosas-. Mi Cruz es trabajar bien cuando no me apetece. Y saber pisotearme y obedecer cuando no quiero, y...

Mi cruz es el dolor que supone a veces actuar de acuerdo con el amar a Dios, con el amar a los demás -más que a mí mismo- y con el amarme bien a mímismo para perfeccionarme y no destruirme.

Durante esta cuaresma, Señor, quiero coger mi cruz de cada día porque quiero seguirte. ¡Que sea generoso, Dios mío!

Continúa hablándole a Dios con tus palabras

P. José Pedro Manglano Castellary


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Felipe de Urca


"Intimidad Divina"

Llamados a la penitencia

Jesús “vio a un publicano llamado Levi, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: Sígueme” (Lc 5, 27). Jesús es verdaderamente el Señor: llama a quien quiere y su llamada es capaz de arrancar a un recaudador de sus negocios, quizás no siempre honestos, y convertirlo en un discípulo, más aún, en un Apóstol, en uno de los doce: Mateo. Y aquel hombre, que se siente llamar, no tiene un momento de duda, sino que “dejándolo todo, se levantó y le siguió” (ib 28). Parecería que la condición básica para ser llamados por Jesús es la de ser pecadores… pero solamente los que tienen la humildad de reconocerlo, los que sienten necesidad de salvación, son aptos para responder como Mateo a la llamada del Señor.

El Señor llama a penitencia, a conversión. Quien se crea justo, como se lo creían los fariseos, y no admita que está necesitado de conversión, él mismo cierra su espíritu a la gracia de la salvación. Es éste el más insidioso de los pecados, el pecado del orgullo espiritual, que puede anidarse a veces también en las “personas devotas”. Pero el hombre que con humildad sincera reconoce pertenecer al grupo de los enfermos, de los pecadores, puede estar muy seguro de que Cristo no lo rechazará, al contrario, lo buscará para sanarlo, para convertirlo, para liberarlo del pecado. Vino precisamente para esto. Al médico no le interesan los sanos sino los enfermos; al Salvador no le interesan los justos –pero ¿quién es justo delante de Dios?– sino los pecadores.

Siempre, pero de un modo especial en Cuaresma, la Iglesia sigue llamando a los hombres a la penitencia… que exige un cambio de vida: del pecado a la virtud, de la tibieza al fervor; del fervor a la santidad. Para un cristiano seguir la llamada de la penitencia, abrirse a la gracia de la conversión, significa vivir el propio bautismo, un sacramento mediante el cual “los hombres se insertan en el misterio pascual de Cristo y con Él mueren, son sepultados y resucitan” (SC 6). Es éste el auténtico sentido de la penitencia, de la conversión. El cristiano no se mortifica ni renuncia a sí mismo por el gusto de renunciar y de morir, sino por la alegría de vivir en Cristo, de realizarse en plenitud participando de la resurrección de su Señor.

Inclina tu oído, Señor, escúchame, que soy un pobre desamparado. Protege mi vida, que soy un fiel tuyo; salva a tu siervo que confía en ti. Tú eres mi Dios, piedad de mi, Señor, que a ti te estoy llamando todo el día. Alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti; porque tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia con los que te invocan. Señor, escucha mi oración, atiende a la voz de mi súplica. (Salmo 86, 1-6)

P. Gabriel de Sta. M. Magdalena O.C.D.
Jardinero de Dios
-el más pequeñito de todos-
.

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