viernes, 24 de febrero de 2012

Pequeñas Semillitas 1631

PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 7 - Número 1631 ~ Viernes 24 de Febrero de 2012
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
   

Hola…
"El alma es como un campo de batalla, donde Dios y Satanás no cesan de luchar. Es necesario abrir al Señor las puertas de nuestra alma de par en paré entregársela totalmente, fortificarla con toda clase de armamento, iluminarla con Su Luz para combatir las tinieblas del terror, revestirla de Jesús, con su verdad y justicia, con el escudo de la fe, con la Palabra de Dios, solo así triunfaremos contra el enemigo. Para revestirse de Jesús es necesario despojarse de sí mismos".
Este hermoso pensamiento del Padre Pío, me ha parecido una buena manera de abrir esta edición de “Pequeñas Semillitas”, para que su lectura y meditación nos ayude a conseguir en nuestros corazones el sentido penitencial de preparación para vivir intensamente la Cuaresma y llegar de la mejor manera a los días de la Semana Santa.


La Palabra de Dios:
Evangelio del día


En aquel tiempo, se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?». Jesús les dijo: «Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán».
(Mt 9,14-15)

Comentario
Hoy, primer viernes de Cuaresma, habiendo vivido el ayuno y la abstinencia del Miércoles de Ceniza, hemos procurado ofrecer el ayuno y el rezo del Santo Rosario por la paz, que tanto urge en nuestro mundo. Nosotros estamos dispuestos a tener cuidado de este ejercicio cuaresmal que la Iglesia, Madre y Maestra, nos pide que observemos, y a recordar que el mismo Señor dijo: «Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán» (Mt 9,15). Tenemos el deseo de vivirlo no sólo como el cumplimiento de un precepto al que estamos obligados, sino —sobre todo— procurando llegar a encontrar el espíritu que nos conduce a vivir esta práctica cuaresmal y que nos ayudará en nuestro progreso espiritual.
Buscando este sentido profundo, nos podemos preguntar: ¿cuál es el verdadero ayuno? Ya el profeta Isaías, en la primera lectura de hoy, comenta cuál es el ayuno que Dios aprecia: «Parte con el hambriento tu pan, y a los pobres y peregrinos mételos en tu casa; cuando vieres al desnudo, cúbrelo; no los rehuyas, que son hermanos tuyos. Entonces tu luz saldrá como la mañana, y tu salud más pronto nacerá, y tu justicia irá delante de tu cara, y te acompañará el Señor» (Is 58,7-8). A Dios le gusta y espera de nosotros todo aquello que nos lleva al amor auténtico con nuestros hermanos.
Cada año, el Santo Padre Juan Pablo II nos escribía un mensaje de Cuaresma. En uno de estos mensajes, bajo el lema «Hace más feliz dar que recibir» (Hch 20,35), sus palabras nos ayudaron a descubrir esta misma dimensión caritativa del ayuno, que nos dispone —desde lo profundo de nuestro corazón— a prepararnos para la Pascua con un esfuerzo para identificarnos, cada vez más, con el amor de Cristo que le ha llevado hasta dar la vida en la Cruz. En definitiva, «lo que todo cristiano ha de hacer en cualquier tiempo, ahora hay que hacerlo con más solicitud y con más devoción» (San León Magno, papa).
Rev. D. Xavier PAGÉS i Castañer (Barcelona, España)


Santoral Católico:
San Modesto, Obispo


Su apelativo bien pronunciado indica al poseedor de una virtud altamente costosa de conseguir y dice mucho con relación a la templanza que ayuda al perfecto dominio de sí. Buen servicio hizo esta virtud al santo que la llevó en su nombre. El pastor de Tréveris trabaja y se desvive por los fieles de Jesucristo, allá por el siglo V. Lo presentan los escritos narradores de su vida adornado con todas las virtudes que debe llevar consigo un obispo.

Al leer el relato, uno va comprobando que, con modalidades diversas, el hombre continúa siendo el mismo a lo largo de la historia. No cambia en su esencia, no son distintos sus vicios y ni siquiera se puede decir que no sea un indigente de los mismos remedios ayer que hoy. Precisamente en el orden de la sobrenatural, las necesidades corren parejas por el mismo sendero, las virtudes a adquirir son siempre las mismas y los medios disponibles son idénticos. Fueron inventados hace mucho tiempo y el hombre ha cambiado poco y siempre por fuera.

Modesto es un buen obispo que se encuentra con un pueblo invadido y su población asolada por los reyes francos Merboco y Quildeberto. A su gente le pasa lo que suele suceder como consecuencia del desastre de las guerras. Soportan todas las consecuencias del desorden, del desaliento, del dolor de los muertos y de la indigencia. Están descaminados los usos y costumbres de los cristianos; abunda el vicio, el desarreglo y libertinaje. Para colmo de males, si la comunidad cristiana está deshecha, el estado en que se encuentra el clero es aún más deplorable. En su mayor parte, están desviados, sumidos en el error y algunos nadan en la corrupción.

El obispo está al borde del desaliento; lleno de dolor y con el alma encogida por lo que ve y oye. Es muy difícil poner de nuevo en tal desierto la semilla del Evangelio. Humanamente la tarea se presenta con dificultades que parecen insuperables.

Reacciona haciendo cada día más suyo el camino que bien sabía habían tomado con éxito los santos. Se refugia en la oración; allí gime en la presencia de Dios, pidiendo y suplicando que aplaque su ira. Apoya el ruego con generosa penitencia; llora los pecados de su pueblo y ayuna. Sí, son muchas las horas pasadas con el Señor como confidente y recordándole que, al fin y al cabo, las almas son suyas.

No deja otros medios que están a su alcance y que forman parte del ministerio. También predica. Va poco a poco en una labor lenta; comienza a visitar las casas y a conocer en directo a su gente. Sobre todo, los pobres se benefician primeramente de su generosidad. En esas conversaciones de hogar instruye, anima, da ejemplo y empuja en el caminar.

Lo que parecía imposible se realiza. Hay un cambio entre los fieles que supo ganar con paciencia y amabilidad. Ahora es el pueblo quien busca a su obispo porque quiere gustar más de los misterios de la fe. Ya estuvieron sobrado tiempo siendo rudos, ignorantes y groseros.

Murió -y la gente decía que era un santo el que se iba- el 24 de febrero del año 486.

Fuente: Catholic.net


La frase de hoy

"La cuaresma da testimonio de la realidad de la oscuridad, de la duda, del temor y del dolor, y nos lleva desde esas experiencias y lugares de la vida real hacia una realidad que es más verdadera y plena: la realidad de la Resurrección, de la Luz y de la Vida"
Kimberlee Conway


Tema del día:
Cuarenta días otra vez


Cuarenta días, otra vez, me pregunto:

¿Qué haré este año? ¿Dejaré de fumar? ¿Dejaré de tomar cerveza, o refrescos? ¿Dejaré de comer dulces, o golosinas? ¿Dejaré de ver la televisión? pero... ¿Y las fiestas, aquella boda o aquel 15 años que ya está programado? ¿No me conviene entonces? ¿Dejaré de...? No, no, nada de esto es buena idea, definitivamente que no.

Ya sé, tomaré el café sin azúcar, la leche sin chocolate, no comeré tortillas de harina, no veré películas entre semana.

¡Cuarenta días otra vez! y es que ésta es, verdaderamente la misma vieja historia que se repite, año con año, tratar de resignarme y vivir este tiempo de cuaresma, con la "Ley del menor esfuerzo", y como siempre, dará resultado por unos cuantos días. Y es que estoy perdiendo de vista el objetivo. Pero yo mismo me río ¿Cuál objetivo?

¡Señor!, ¿No te das cuenta de que estoy perdido? ¡Cuaresma! ¡Cuarenta días, otra vez!
Oración, ayuno, penitencia, conversión, limosna, confesarse, comulgar, ser mejor, cambiar, ¿Ayudar a los demás? ¿Indulgencias? ¿De qué se trata todo esto?

Jesús, realmente no entiendo, no creo ni lo acepto, ¿Por qué es tan difícil? ¿Por qué batallo tanto?

“Es Jesús mismo quien te responde”

- Yo soy el camino, la verdad y la vida. Todo lo que pido de ti es que me sigas. Que vengas conmigo adonde yo vaya en este camino de la cruz. Cuarenta días, si, otra vez. Porque te necesito a ti. No necesito tus cigarros, ni tus bebidas, ni tus refrescos, ni el azúcar, ni el café, ni el chocolate.

Si, claro, todo esto te ayuda a vivir el espíritu de sacrificio, pero lo que yo necesito eres "TÚ".

Necesito tus pies, necesito tus manos, necesito tus ojos, necesito tu libertad, tu memoria, tu voluntad, necesito tu comprensión, necesito tu mente, tu corazón y tu alma.

¡Cuarenta días... otra vez!

Déjame sanarte interiormente, déjame darte mi Amor, déjame mostrarte mi perdón y mi misericordia.

Esto es lo que te pido: Déjame entrar a tu corazón; acércate a mí en el silencio de tu alma y en la quietud de tu conciencia, ahí estoy yo, sediento de ti, esperándote con los brazos abiertos.

¡Cuarenta días... otra vez!

Sé que no es fácil, pero ciertamente es posible, el camino es largo y a ratos puede parecer aburrido y sin sentido, te vas a cansar, muy pronto te vas a desanimar, puede ser doloroso y difícil pero acuérdate que estoy contigo, siempre contigo.

Para convertir tu cansancio en ánimo, tu tristeza en alegría, tu pecado en gracia, tu soledad en compañía. No fue nada fácil para mí hacerlo hace ya dos mil años, estaba solo, hambriento, cansado, tuve tentaciones pero tenía la seguridad de que mi Padre no me abandonaría, escuché dentro de mi corazón:

"Confía en MI" No dejes que estos cuarenta días sean nada más un cambio cuaresmal, "otra vez".

Arriésgate a caminar conmigo, se valiente y acepta el reto, haz de este camino de la cruz algo muy especial... TÚ y YO, un camino desde dentro del corazón.

¡Cuarenta días... si, otra vez, pero distintos!

"Confía en Mi", Caminaremos juntos, sufriremos juntos, moriremos juntos al pecado en la cruz, para resucitar y VIVIR juntos mi GRACIA en la LUZ de la PASCUA.

"TENGO HAMBRE Y SED DE TI"

Desconozco su autor


Pensamientos sanadores


Hazlo todo por amor a Dios

En este día, decídete a amar a Jesús generosamente. Ámalo confiadamente y sin temor. Entrégate totalmente a Él y entrégale lo que has de realizar a lo largo de toda la jornada.
Desea amarlo mucho, ya que, como decía San Francisco, “el Amor no es amado”.
Amar a Dios es buscar complacerlo en todo, por lo cual no vale la pena que andes preocupado. En todo caso, ocúpate serenamente de lo que te toca hacer, sabiendo que Dios tendrá cuidado de ti más de lo que puedes llegar a imaginar.
Pero ten presente que la desconfianza y el interés es como si atasen las manos del Señor.
No hagas lo que tengas que hacer esperando que los demás reconozcan y elogien tu labor, pues, si te elogian, ya habrás recibido tu recompensa, y si no lo hacen te sentirás desdichado.
Haz lo que debas hacer sintiendo que en ello estás alabando a Dios y que te abres a su gracia que te colma, te renueva y te hace sentir pleno. Ésa será tu mayor recompensa.

¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos! Lucas 14, 14


Pedidos de oración

Pedimos oración por la Paz del Mundo; por la Santa Iglesia Católica; por el Papa, los sacerdotes y todos los que componemos el cuerpo místico de Cristo; por la unión de los cristianos para que seamos uno, así como Dios Padre y nuestro Señor Jesucristo son Uno junto con el Espíritu Santo; por las misiones, por nuestros hermanos sufrientes por diversos motivos especialmente por las enfermedades, el hambre y la pobreza; por la unión de las familias y la fidelidad de los matrimonios; por el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas, y por las Benditas Almas del Purgatorio.

Pedimos oración por la salud del niño Pol M. R. que vive en Barcelona, España, tiene un añito y está afectado de una enfermedad desconocida; hace poco lo operaron por que no se desarrolló todo su esófago y no puede comer. Que el señor le de fuerzas a su familia (originarios de Paraguay) y mire por ese niño que mucho esta sufriendo por no poder crecer como un niño de su edad.

Pedimos oración por salud y trabajo para Carlos Luciano, de Buenos Aires, Argentina. Él tiene ahora 35 años y no consigue empleo en su especialidad de comercio exterior, situación que lo tiene muy angustiado y además ha tenido algunos problemas de salud en relación con el estrés. Que el Señor le conceda en este tiempo central del año cristiano, la posibilidad de satisfacer sus expectativas laborales y cuide su salud.

Tú quisiste, Señor, que tu Hijo unigénito soportara nuestras debilidades,
para poner de manifiesto el valor de la enfermedad y la paciencia;
escucha ahora las plegarias que te dirigimos por nuestros hermanos enfermos
y concede a cuantos se hallan sometidos al dolor, la aflicción o la enfermedad,
la gracia de sentirse elegidos entre aquellos que tu hijo ha llamado dichosos,
y de saberse unidos a la pasión de Cristo para la redención del mundo.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Amén

Nota de Redacción:
Para dar curso a los Pedidos de Oración es imprescindible dar los siguientes datos: nombres completos de la persona (habitualmente no publicamos apellidos), ciudad y país donde vive, y explicar el motivo de la solicitud de oración.


Cuaresma día por día


Rechazar excusas.

El cardenal Mindszenty era cardenal en Hungría cuando este país fue tomado por los comunistas. En seguida lo metieron en la cárcel, donde pasó muchos años, años que fueron un martirio. Salió de la cárcel cuando Hungría se independizó de la Rusia comunista; era ya muy mayor y murió al poco tiempo.

Durante los muchos años que pasó encarcelado fue un ejemplo como cristiano por su fortaleza y fidelidad a Dios y a la Iglesia. Una muestra, es, por ejemplo, su firmeza en vivir la abstinencia, que es el mandamiento de la Iglesia que nos manda a los cristianos mayores de 14 años, que vivamos la mortificación de no comer carne los viernes de todo el año. Como sabes, fuera de la Cuaresma la abstinencia de carne se puede sustituir por otro acto penitencial (oración, mortificación o limosna); pero durante la cuaresma no.

Todos los viernes, y sólo los viernes, le daban carne para comer y cenar. El cardenal sabía perfectamente que en sus circunstancias no le obligaba esa ley de la Iglesia, pero jamás tomaba aquella carne. Quería libremente vivir aquella mortificación.
En sus "memorias" escribe este diálogo con el Comandante de la prisión, un día en que el policía no pudo aguantar más aquella actitud:
- ¿Cree usted que son los presos quienes dictan el reglamento en la cárcel?
- No; no creo semejante cosa.
- Pues entonces coma lo que se le da.
- Los viernes no como carne.
- No le daré otra cosa.
- Tampoco pido que me dé otra comida. Pero si me da carne no la comeré los viernes.
- En tal caso, le castigaré.
- Estoy dispuesto a aceptar cualquier castigo.
Aquel día la comida se quedó sobre la mesa. Se la llevaron poco antes de la cena, que también consistió en un poco de carne, La escena se repitió en los sucesivos viernes, hasta que acabaron por dársela los domingos.

Puedes decirle ahora a Dios lo que sigue, pero dándote cuenta de que le estás hablando y ÉL te está escuchando.

Señor, cuántas veces yo tengo compasión de mí mismo, y me busco excusas para no mortificarme, o no obedecer a mi madre la iglesia. A veces, por el deporte o por el estudio soy capaz de esforzarme y sufrir, y sin embargo cuando lo tengo que hacer por ti me echo para atrás. Si te amase más, sería más generoso y fuerte. Te amo, Señor, pero quiero amarte más. La próxima vez que ante una mortificación me venga a la cabeza una excusa, la rechazaré "porque te quiero". Y, en concreto, seré en la abstinencia de comer carne porque te quiero.

P. José Pedro Manglano Castellary


"Intimidad Divina"

El ayuno que agrada al Señor

A través de la palabra del Señor la Iglesia adoctrina a sus hijos sobre el verdadero sentido de la penitencia cuaresmal: “inútilmente se quita al cuerpo el alimento si el espíritu no se aleja del pecado” (San León). Si la penitencia no lleva al esfuerzo interior que elimina el pecado y a practicar las virtudes, no puede ser agradable a Dios, que quiere ser servido con corazón humilde, puro, sincero. El egoísmo y la tendencia a afirmar el propio yo impulsan al hombre a querer ser como el centro del mundo, pisoteando la ley de los derechos de los demás y transgrediendo por lo tanto la ley fundamental del amor fraterno. Poco o nada sirve imponerse privaciones corporales si uno después es incapaz de renunciar a los intereses propios para respetar y favorecer los del prójimo.

“¿Sabéis qué ayuno quiero yo? Dice el Señor: partir tu pan con el hambriento, albergar al pobre sin abrigo, vestir al desnudo y no volver tu rostro ante el hermano. Entonces brotará tu luz como aurora, y pronto germinará tu curación” (Is 58, 6-8). Así la luz de la buena conciencia resplandecerá delante de Dios y de los hombres y la herida del pecado será curada por un amor verdadero a Dios y a los hermanos. Para los hebreos el ayuno era señal de dolor, de penitencia; y se practicaba especialmente en las épocas de desgracia para alcanzar la misericordia de Dios o expresar el arrepentimiento por los pecados.

Sin embargo el ayuno cristiano no es sólo señal de dolor por la lejanía del Señor; es también señal de fe y de esperanza en Él que se queda invisiblemente en medio de sus amigos, en la Iglesia, en los sacramentos, en la palabra, y que un día volverá de manera visible y gloriosa. “El ayuno cristiano es señal de vigilia, una vigilia alegre en la bienaventurada esperanza de la manifestación gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, Cristo Jesús”. El ayuno, como cualquier otra forma de penitencia corporal, tiene como fin realizar un desprendimiento más profundo de las satisfacciones terrenas, para que el corazón esté más libre y sea capaz de saborear las alegrías de Dios y por lo tanto de la Pascua del Señor.

¡Oh Dios!, tu Verbo, por el que fueron hechas todas las cosas, es, en efecto, alimento no sólo para los hombres, sino también para los ángeles. Nutrido con sólo este alimento, Moisés, tu siervo, ayunó cuarenta días y cuarenta noches, absteniéndose de alimentos materiales, para hacerse más capaz de gustar tu inefable dulzura. Tanto fue así, que ni siquiera sintió el hambre del cuerpo, y se olvidó de los alimentos terrenos, porque le iluminaba la virtud de tu gloria y le nutría la palabra fecunda del divino Espíritu. ¡Ah, no nos dejes nunca a falta de este pan, del cual nos exhortas a tener siempre hambre, de este pan que es Jesucristo nuestro Señor! (Sacramentario Gregoriano)

P. Gabriel de Sta. M. Magdalena O.C.D.
Jardinero de Dios
-el más pequeñito de todos-
.

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