jueves, 18 de junio de 2026

Pequeñas Semillitas 6351

PEQUEÑAS SEMILLITAS
 
Año 21 - Número 6351 ~ Jueves 18 de Junio de 2026
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
¡Alabado sea Jesucristo!
La Virgen María tiene para sus devotos una solicitud especial, y en la hora del peligro vela sobre ellos. “Un verdadero siervo de María no puede perecer”, dice San Anselmo. “Siguiendo a María –declara san Bernardo– no puedes extraviarte; invócala, es imposible que desesperes; pensando en Ella, no puedes perder. Mientras Ella te sostenga, no caerás, mientras te defienda, nada tendrás que temer; mientras Ella te proteja, no perecerás.”
A fin de que la Virgen bendita te conserve la gracia santificante, invócala a menudo y reza cada día, mañana y tarde, tres Avemarías seguidas de esta invocación: “¡Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos!”
 
La Palabra de Dios
Lecturas del día
- JUEVES 11 DEL TIEMPO ORDINARIO -
Primera Lectura: Sirácides 48, 1-15
 
Salmo: Sal 96, 1-2. 3-4. 5-6. 7
 
Santo Evangelio: Mt 6,7-15
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo.
»Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».
 
Comentario:
Hoy, el Señor nos quiere ayudar a crecer en un tema central de nuestra vida cristiana: la oración. Nos advierte que no recemos como los paganos que intentan convencer a Dios sobre aquello que quieren. Muchas veces pretendemos conseguir lo que deseamos a través de la insistencia, haciéndonos “pesados” a Dios, creyendo que conseguiremos hacernos escuchar con nuestra verborrea. El Señor nos recuerda que el Padre está constantemente solícito de nuestra vida y que, en todo momento, él sabe lo que necesitamos antes de que se lo pidamos (cf. Mt 6,8). ¿Vivimos con esta confianza? ¿Tengo la conciencia de que el Padre me lava los pies continuamente y que sabe mejor que nadie lo que necesito en cada momento (en las cosas grandes y en las pequeñas)?
Jesús nos abre un nuevo horizonte de plegaria: la oración de quienes se dirigen a Dios con la conciencia de hijos. El tipo de relación que tengo con una persona determina la manera en la que le pido las cosas, y también aquello que puedo esperar de ella. De un padre, y especialmente del Padre celestial, lo puedo esperar todo y sé que tiene cuidado de mi vida. Por eso Jesús, que vive siempre como un auténtico hijo, nos dice «no estéis preocupados por vuestra vida: qué vais a comer» (Mt 6,25). ¿Realmente tengo esta conciencia de hijo? ¿Me dirijo a Dios con la misma familiaridad con que lo hago con mi padre o mi madre?
Después, Jesús nos abre su corazón, y nos enseña cómo es su relación/plegaria con el Padre para que la hagamos también nuestra. Con la oración del “Padrenuestro” Jesús nos enseña a vivir como hijos. San Cipriano tiene un conocido comentario al “Padrenuestro”, en el que nos dice: «Debemos recordar y saber que, cuando llamamos “Padre” a Dios, tenemos que obrar como hijos suyos, a fin de que él se complazca en nosotros, como nosotros nos complacemos de tenerlo por Padre».
* Rev. D. Emili MARLÉS i Romeu (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España) © Textos de Evangeli.net – Imagen: ofminmaculada.org.
 
Santoral Católico:
Obispo
Nació en Venecia el año 1625. El cardenal Chigi, después Alejandro VII, a quien conoció en Alemania, influyó mucho en su vida. Gregorio se ordenó de sacerdote en Roma el año 1655. Cuando al año siguiente estalló en la Urbe la peste, el Papa le encomendó la coordinación de la ayuda a los apestados. En 1657 lo nombró obispo de Bérgamo, y en 1664 lo trasladó a la sede de Padua. Como pastor, Gregorio tuvo por modelo a san Carlos Borromeo, y su ideal fue que la diócesis sintonizara con el Concilio de Trento. Su vida personal fue de gran piedad y austeridad, un ejemplo vivo para todos. En su gobierno celebró un sínodo diocesano y dio decretos de reforma, realizó visitas pastorales, cuidó con esmero el seminario y la formación de los sacerdotes, así como la catequesis popular y el catecismo a los niños en su dialecto, abrió escuelas, afrontó la oposición de los contrarios a las reformas. Murió en Padua el 18 de junio de 1697.
Para más información hacer clic acá.
(Directorio Franciscano – ACI Prensa – Catholic.net)
 
Pensamiento del día
«Amor, gloria y alabanzas sean dadas por siempre al Corazón de nuestro adorable Salvador, que es todo amor, todo amoroso y todo amable» (STA. MARGARITA MARÍA DE ALACOQUE)
 
Temas médicos:
La bioética empieza en el cuidado
Cuando se habla de bioética, casi siempre se piensa en grandes controversias públicas, en debates ideológicos muy tensos o en consignas que se repiten de un lado y de otro. Sin embargo, la bioética verdadera no empieza en el eslogan, sino en la fragilidad humana.
 
Empieza cuando una persona enferma necesita ser acompañada, cuando una familia se enfrenta a la infertilidad, cuando alguien llega al final de su vida, cuando aparece la discapacidad o cuando cuidar deja de ser una teoría para convertirse en una tarea concreta.
 
Ese es quizá uno de los empobrecimientos más notorios del debate contemporáneo. Se discute mucho sobre el derecho a decidir, pero bastante menos sobre quién cuida, cómo se cuida y qué idea del ser humano sostiene ese cuidado.
 
Y, sin embargo, es ahí donde una sociedad revela su verdadera estatura moral. No tanto en la brillantez de sus argumentaciones, sino en la calidad humana con la que trata a quien depende, sufre o ya no puede defenderse por sí mismo.
 
La mirada cristiana sobre la bioética ha sido caricaturizada muchas veces como una colección de prohibiciones o como una presencia incómoda en el debate público. Pero esa simplificación no resiste una observación seria.
 
La bioética de raíz cristiana no nace del deseo de controlar la vida ajena, sino del reconocimiento de que la vida humana posee una dignidad que no depende de su utilidad, de su autonomía funcional ni de su calidad percibida. Por eso su primera pregunta no es qué puede hacerse técnicamente, sino qué conviene humanamente a la persona concreta.
 
Esto se ve con especial fuerza al final de la vida. En ese momento extremo, la respuesta verdaderamente humana no es el encarnizamiento terapéutico, pero tampoco la eliminación deliberada del que sufre.
 
La alternativa más civilizada pasa por cuidar bien, aliviar el dolor, acompañar, discernir los medios proporcionados y humanizar el proceso de morir . Cuando existe una buena cultura paliativa, muchas falsas alternativas pierden fuerza y el debate se recoloca en su lugar justo .
 
También ocurre en otros campos menos visibles mediáticamente, pero muy decisivos. La infertilidad, por ejemplo, no es solo un problema técnico que deba resolverse a cualquier precio. Es una experiencia humana dolorosa que pide verdad, delicadeza y respeto a la dignidad de los esposos y del hijo.
 
Lo mismo sucede con la discapacidad, la dependencia o la enfermedad mental: el modo en que una sociedad mira a las personas vulnerables dice mucho más sobre su ética que cualquier manifiesto bien redactado.
 
Por eso conviene repetirlo: la bioética empieza en el cuidado. Empieza antes del laboratorio, antes del parlamento y antes del estudio de televisión.
 
Empieza en la relación con el enfermo, con el anciano, con el no nacido, con el discapacitado, con el moribundo, con el matrimonio herido por la esterilidad . Empieza en la certeza de que la dignidad humana no aumenta con la autonomía ni disminuye con la dependencia.
 
En el fondo, la gran cuestión bioética de nuestro tiempo no es si poseemos más medios técnicos que nunca. Eso es evidente.
 
La cuestión es si seguimos teniendo una idea suficientemente alta del hombre como para usar esos medios sin degradarlo. Y ahí la tradición cristiana tiene algo decisivo que aportar: recordar que cuidar no es un gesto secundario ni sentimental, sino una forma eminente de reconocer la verdad del otro.
 
Tal vez por eso una bioética sin cuidado termina volviéndose fría, abstracta y fácilmente manipulable.
 
Habla mucho de libertad, pero corre el riesgo de olvidar que la libertad humana solo florece verdaderamente cuando está unida a la verdad y a la responsabilidad . En cambio, cuando el cuidado ocupa el centro, las preguntas bioéticas recuperan su verdadero rostro: dejan de girar solo en torno a opciones técnicas y vuelven a girar en torno a la persona.
 
La bioética empieza en el cuidado. Y una sociedad que olvida eso puede conservar mucho progreso, mucha legislación y mucha retórica, pero empieza a perder algo más importante: la capacidad de tratar humanamente la vida cuando más vulnerable se vuelve.
(Luis Javier Moxó Soto – Religión en Libertad)
 
Mes del Sagrado Corazón de Jesús
18.-CUIDA DE LA JUVENTUD
El Corazón de Jesús ama a todos, pero tiene un amor especial por los jóvenes, por los niños. "Dejad que los niños vengan a Mí". Jesús ve alrededor de ellos a madres doloridas y llorosas. "Hijas de Jerusalén, no lloréis por Mí, sino por vuestros hijos".
Ved cómo hoy crece parte de la juventud. Son muchos los que crecen ligeros, vanidosos, volubles, llenos de exigencias, inclinados a la arrogancia, a la frivolidad, a la libertad desenfrenada. Son el llanto de tantas familias... y en ocasiones el deshonor de la casa. Padres, que vuestra principal preocupación sea vuestros hijos.
(Web Católico de Javier)
 
Meditaciones de “Pequeñas Semillitas”
Cuando a Jesús le preguntan ¿cuál es el primero de todos los mandamientos? para responder Él emplea las palabras de una oración que los israelitas rezan todas las mañanas: “Escucha Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor, no tendrás otro Dios delante de ti”.
En nuestra conciencia la voz de Dios tiene que ser la luz auténtica que nos acerca a su Reino. Siempre que recibamos la Eucaristía, no nos quedemos simplemente con el hermoso sentimiento de: “¡qué cerca estás de mí, Señor!”. Busquemos y pidamos que la Eucaristía se convierta en nuestro corazón en la luz que va transformando, que va rompiendo, que va separando del alma los ídolos, y que va haciendo de Dios el único criterio de juicio de nuestros comportamientos.
Solamente así podremos escuchar en nuestro corazón esas palabras tan prometedoras del profeta Oseas “Seré para Israel como el rocío; mi pueblo florecerá como el lirio, hundirá profundamente sus raíces. Como el álamo y sus renuevos se propagarán; su esplendor será como el del olivo y tendrá la fragancia de los cedros del Líbano. Volverán a vivir bajo mi sombra”.  Que la luz de Dios nuestro Señor sea la sombra a la cual toda nuestra vida crece, en la cual toda nuestra vida se realiza en plenitud. (Fuente: Padre Cipriano Sánchez)
🌸
Jesús no fue un astronauta de un lejano planeta, ni un mago que practicaba artes mágicas, aprendidas en Egipto. Jesús no fue un hombre común y corriente como tú y como yo. Él, a la vez que era hombre, era también Dios y con su vida nos ha enseñado a conocer a un Dios bueno, cariñoso y bondadoso, amigo y cercano a los hombres, sus hijos. Él nos enseñó con su vida la más grande y hermosa verdad que jamás el mundo entero pudo conocer: DIOS ES AMOR. Dios te ama a ti. Jesús te ama tal y como eres en este momento. No necesitas cambiar para que Él te ame. Tú eres su hijo y quiere ser tu amigo: “ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando” (Jn 15,14). Por eso, si nadie te quiere, si todos te rechazan, si eres demasiado anciano o enfermo o feo o ignorante o pobre o pecador, Él te ama y te dice: “Hijo mío, tus pecados te son perdonados” (Mc 2,5). “No tengas miedo, porque yo estoy contigo y tú eres de gran precio ante mis ojos, porque eres valioso y yo te amo mucho” (Is 43,43).
Y ahora respira profundamente y sonríe: Dios te ama, Jesús te ama, tu vida tiene pleno sentido y Dios espera mucho de ti y cuenta contigo para la gran tarea de la salvación del mundo. (Fuente: Padre A. Peña)
 
Los cinco minutos de San Francisco
Junio: El amor de Dios
Día 18
“Tú eres la fortaleza, tú eres el aire fresco, tú eres nuestra esperanza, tú eres nuestra fe, tú eres nuestra caridad, tú eres toda nuestra dulzura, tú eres nuestra vida entera. Grande y admirable Señor, Dios todopoderoso, misericordioso Salvador”.
(Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)

FELIPE
-Jardinero de Dios-
(el más pequeñito de todos)
 
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