¡Alabado sea Jesucristo! La Virgen María tiene para sus devotos una solicitud especial, y en la
hora del peligro vela sobre ellos. “Un verdadero siervo de María no puede
perecer”, dice San Anselmo. “Siguiendo a María –declara san Bernardo– no puedes
extraviarte; invócala, es imposible que desesperes; pensando en Ella, no puedes
perder. Mientras Ella te sostenga, no caerás, mientras te defienda, nada
tendrás que temer; mientras Ella te proteja, no perecerás.” A fin de que la Virgen bendita te conserve la gracia santificante,
invócala a menudo y reza cada día, mañana y tarde, tres Avemarías seguidas de
esta invocación: “¡Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que
recurrimos a Vos!”
Nació en Venecia el año
1625. El cardenal Chigi, después Alejandro VII, a quien conoció en Alemania,
influyó mucho en su vida. Gregorio se ordenó de sacerdote en Roma el año 1655.
Cuando al año siguiente estalló en la Urbe la peste, el Papa le encomendó la
coordinación de la ayuda a los apestados. En 1657 lo nombró obispo de Bérgamo,
y en 1664 lo trasladó a la sede de Padua. Como pastor, Gregorio tuvo por modelo
a san Carlos Borromeo, y su ideal fue que la diócesis sintonizara con el
Concilio de Trento. Su vida personal fue de gran piedad y austeridad, un
ejemplo vivo para todos. En su gobierno celebró un sínodo diocesano y dio
decretos de reforma, realizó visitas pastorales, cuidó con esmero el seminario
y la formación de los sacerdotes, así como la catequesis popular y el catecismo
a los niños en su dialecto, abrió escuelas, afrontó la oposición de los
contrarios a las reformas. Murió en Padua el 18 de junio de 1697. Para más informaciónhacer clic acá. (Directorio Franciscano – ACI Prensa – Catholic.net)
Cuando se habla de bioética, casi siempre se piensa en grandes
controversias públicas, en debates ideológicos muy tensos o en consignas que se
repiten de un lado y de otro. Sin embargo, la bioética verdadera no empieza en
el eslogan, sino en la fragilidad humana. Empieza cuando una persona enferma necesita ser acompañada, cuando una
familia se enfrenta a la infertilidad, cuando alguien llega al final de su
vida, cuando aparece la discapacidad o cuando cuidar deja de ser una teoría
para convertirse en una tarea concreta. Ese es quizá uno de los empobrecimientos más notorios del debate
contemporáneo. Se discute mucho sobre el derecho a decidir, pero bastante menos
sobre quién cuida, cómo se cuida y qué idea del ser humano sostiene ese
cuidado. Y, sin embargo, es ahí donde una sociedad revela su verdadera estatura
moral. No tanto en la brillantez de sus argumentaciones, sino en la calidad
humana con la que trata a quien depende, sufre o ya no puede defenderse por sí
mismo. La mirada cristiana sobre la bioética ha sido caricaturizada muchas veces
como una colección de prohibiciones o como una presencia incómoda en el debate
público. Pero esa simplificación no resiste una observación seria. La bioética de raíz cristiana no nace del deseo de controlar la vida
ajena, sino del reconocimiento de que la vida humana posee una dignidad que no
depende de su utilidad, de su autonomía funcional ni de su calidad percibida.
Por eso su primera pregunta no es qué puede hacerse técnicamente, sino qué
conviene humanamente a la persona concreta. Esto se ve con especial fuerza al final de la vida. En ese momento
extremo, la respuesta verdaderamente humana no es el encarnizamiento
terapéutico, pero tampoco la eliminación deliberada del que sufre. La alternativa más civilizada pasa por cuidar bien, aliviar el dolor,
acompañar, discernir los medios proporcionados y humanizar el proceso de morir
. Cuando existe una buena cultura paliativa, muchas falsas alternativas pierden
fuerza y el debate se recoloca en su lugar justo . También ocurre en otros campos menos visibles mediáticamente, pero muy
decisivos. La infertilidad, por ejemplo, no es solo un problema técnico que
deba resolverse a cualquier precio. Es una experiencia humana dolorosa que pide
verdad, delicadeza y respeto a la dignidad de los esposos y del hijo. Lo mismo sucede con la discapacidad, la dependencia o la enfermedad
mental: el modo en que una sociedad mira a las personas vulnerables dice mucho
más sobre su ética que cualquier manifiesto bien redactado. Por eso conviene repetirlo: la bioética empieza en el cuidado. Empieza
antes del laboratorio, antes del parlamento y antes del estudio de televisión. Empieza en la relación con el enfermo, con el anciano, con el no nacido,
con el discapacitado, con el moribundo, con el matrimonio herido por la
esterilidad . Empieza en la certeza de que la dignidad humana no aumenta con la
autonomía ni disminuye con la dependencia. En el fondo, la gran cuestión bioética de nuestro tiempo no es si
poseemos más medios técnicos que nunca. Eso es evidente. La cuestión es si seguimos teniendo una idea suficientemente alta del
hombre como para usar esos medios sin degradarlo. Y ahí la tradición cristiana
tiene algo decisivo que aportar: recordar que cuidar no es un gesto secundario
ni sentimental, sino una forma eminente de reconocer la verdad del otro. Tal vez por eso una bioética sin cuidado termina volviéndose fría,
abstracta y fácilmente manipulable. Habla mucho de libertad, pero corre el riesgo de olvidar que la libertad
humana solo florece verdaderamente cuando está unida a la verdad y a la
responsabilidad . En cambio, cuando el cuidado ocupa el centro, las preguntas
bioéticas recuperan su verdadero rostro: dejan de girar solo en torno a
opciones técnicas y vuelven a girar en torno a la persona. La bioética empieza en el cuidado. Y una sociedad que olvida eso puede
conservar mucho progreso, mucha legislación y mucha retórica, pero empieza a
perder algo más importante: la capacidad de tratar humanamente la vida cuando
más vulnerable se vuelve. (Luis Javier Moxó Soto – Religión en Libertad)
Mes del Sagrado Corazón de Jesús
18.-CUIDA DE LA JUVENTUD El Corazón de Jesús ama a todos, pero tiene un
amor especial por los jóvenes, por los niños. "Dejad que los niños vengan
a Mí". Jesús ve alrededor de ellos a madres doloridas y llorosas.
"Hijas de Jerusalén, no lloréis por Mí, sino por vuestros hijos". Ved cómo hoy crece parte de la juventud. Son
muchos los que crecen ligeros, vanidosos, volubles, llenos de exigencias,
inclinados a la arrogancia, a la frivolidad, a la libertad desenfrenada. Son el
llanto de tantas familias... y en ocasiones el deshonor de la casa. Padres, que
vuestra principal preocupación sea vuestros hijos. (Web Católico de Javier)
Meditaciones de “Pequeñas Semillitas”
Cuando a Jesús le preguntan ¿cuál es el primero de
todos los mandamientos? para responder Él emplea las palabras de una oración
que los israelitas rezan todas las mañanas: “Escucha Israel: El Señor nuestro
Dios es el único Señor, no tendrás otro Dios delante de ti”. En nuestra conciencia la voz de Dios tiene que ser
la luz auténtica que nos acerca a su Reino. Siempre que recibamos la
Eucaristía, no nos quedemos simplemente con el hermoso sentimiento de: “¡qué
cerca estás de mí, Señor!”. Busquemos y pidamos que la Eucaristía se convierta
en nuestro corazón en la luz que va transformando, que va rompiendo, que va
separando del alma los ídolos, y que va haciendo de Dios el único criterio de
juicio de nuestros comportamientos. Solamente así podremos escuchar en nuestro corazón
esas palabras tan prometedoras del profeta Oseas “Seré para Israel como el
rocío; mi pueblo florecerá como el lirio, hundirá profundamente sus raíces.
Como el álamo y sus renuevos se propagarán; su esplendor será como el del olivo
y tendrá la fragancia de los cedros del Líbano. Volverán a vivir bajo mi
sombra”. Que la luz de Dios nuestro
Señor sea la sombra a la cual toda nuestra vida crece, en la cual toda nuestra
vida se realiza en plenitud. (Fuente: Padre Cipriano Sánchez)
🌸
Jesús no fue un astronauta de un lejano planeta, ni un mago que
practicaba artes mágicas, aprendidas en Egipto. Jesús no fue un hombre común y
corriente como tú y como yo. Él, a la vez que era hombre, era también Dios y
con su vida nos ha enseñado a conocer a un Dios bueno, cariñoso y bondadoso,
amigo y cercano a los hombres, sus hijos. Él nos enseñó con su vida la más
grande y hermosa verdad que jamás el mundo entero pudo conocer: DIOS ES AMOR.
Dios te ama a ti. Jesús te ama tal y como eres en este momento. No necesitas
cambiar para que Él te ame. Tú eres su hijo y quiere ser tu amigo: “ustedes son
mis amigos, si hacen lo que yo les mando” (Jn 15,14). Por eso, si nadie te
quiere, si todos te rechazan, si eres demasiado anciano o enfermo o feo o
ignorante o pobre o pecador, Él te ama y te dice: “Hijo mío, tus pecados te son
perdonados” (Mc 2,5). “No tengas miedo, porque yo estoy contigo y tú eres de
gran precio ante mis ojos, porque eres valioso y yo te amo mucho” (Is 43,43). Y ahora respira profundamente y sonríe: Dios te ama, Jesús te
ama, tu vida tiene pleno sentido y Dios espera mucho de ti y cuenta contigo
para la gran tarea de la salvación del mundo. (Fuente: Padre A. Peña)
Los cinco minutos de San Francisco
Junio: El amor de Dios Día 18 “Tú eres la fortaleza, tú eres el aire fresco, tú
eres nuestra esperanza, tú eres nuestra fe, tú eres nuestra caridad, tú eres
toda nuestra dulzura, tú eres nuestra vida entera. Grande y admirable Señor,
Dios todopoderoso, misericordioso Salvador”. (Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
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