PEQUEÑAS
SEMILLITAS
Año
21 - Número 6340 ~ Domingo 7 de Junio de 2026
Desde
la ciudad de Córdoba (Argentina)
¡Alabado sea Jesucristo!
Hoy celebra la Iglesia la solemnidad del Cuerpo y Sangre de
Cristo, conocida por su nombre en latín “Corpus Christi”. Esta fiesta fue
instituida por el Papa Urbano IV para recordar un hecho extraordinario acaecido
en 1263, en Orvieto (Italia). Mientras celebraba la misa, un sacerdote dudó de
la presencia real de Cristo en la eucaristía; mientras lo atormentaban las
dudas, vio que salía sangre de la hostia consagrada, y el corporal quedó teñido
con el color de la sangre. Esta pequeña pieza de tela se conserva en la
catedral de Orvieto, la cual fue construida para venerar esta reliquia. Tal es
la historia de la fiesta que nos congrega en este día.
Se entiende, entonces, que la intención de la Iglesia al proponer esta
fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo es reavivar la fe en la presencia
sacramental de Jesús en la Eucaristía. Él se ofrece como pan espiritual para
que podamos asumir, con energía y entusiasmo, los desafíos que nos trae la
vida.
Jesús instituyó este Sacramento como memorial perenne de su Pasión, Muerte
y Resurrección, de su Alianza de amor por nosotros. Creo, Señor, que estás ahí.
No has querido esperar al encuentro definitivo allá en el Cielo y nos has
dejado un anticipo de esa figura que un día contemplaremos con gozo y sin
velos. Sé que me esperas para aumentar mi fe, mi esperanza y mi amor.
La Palabra de Dios
Lecturas del día
- SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO -
♡ Primera Lectura: Deuteronomio 8, 2-3. 14-16
♡ Salmo: Sal 147, 12-13. 14-15. 19-20
♡ Segunda Lectura: 1 Corintios 10, 16-17
♡ Santo Evangelio: Jn 6,51-58
En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Yo soy el pan vivo, bajado del
cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a
dar, es mi carne por la vida del mundo».
Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer
su carne?». Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la
carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el
último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo
que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me
coma vivirá por mí. Éste es el pan bajado del cielo; no como el que comieron
vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre».
♡ Comentario:
Hoy, la celebración del
Corpus Christi nos da la oportunidad, por una parte, de valorar y agradecer el
gran regalo que se nos ofrece en el Sacramento de la Eucaristía. En ella se
realiza la promesa del Señor: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el
fin del mundo» (Mt 28,20). Presencia sacramental que se inicia en la Última
Cena, cuando Jesús “parte y reparte” su Cuerpo y su Sangre, regalo que habría
de continuarse gracias a que también en esa misma Cena les comparte el poder de
seguir haciéndolo presente: «Haced esto en memoria mía» (Lc 22,19).
San Juan, en su Evangelio, nos dice que cada uno de los signos que Jesús
realizaba era con la finalidad de despertar y fortalecer la fe en Él (cf. Jn
20,31). San Pablo, por su parte, subraya la gran importancia de la
Resurrección: «Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe» (1Co 15,17).
Pero esa fe tiene que ser alimentada, y la mejor manera de lograrlo es comiendo
el Cuerpo mismo del Señor: «Mi carne es verdadera comida» (Jn 6,55). Por ello,
esta festividad nos recuerda también la responsabilidad que tenemos, no sólo de
estar bien preparados para recibirlo, sino también de “comerlo de verdad”.
En efecto, su Cuerpo nos dará vida en la medida en que lo asimilemos. Así
como sucede con cualquier alimento que le demos a nuestro cuerpo —para que nos
sea de utilidad— tiene que ser asimilado, así también el Cuerpo del Señor será
fuente de fortaleza y vida tanto cuanto le permitamos ser parte de nosotros
mismos. Por eso, según León XIV, «la participación en la liturgia no termina en
el templo, sino que transforma la vida cotidiana».
Dicho de otra manera, nuestra Comunión con el Señor, la Sagrada
Eucaristía, el Corpus Christi será realmente eficaz en nosotros tanto como
nuestra vida sea verdadero signo para que los demás crean. El mismo Señor nos
lo sugirió con estas palabras: «Que vuestra luz brille delante de los hombres,
para que vean nuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está
en los cielos» (Mt 5,16).
* P. Esteban SALAZAR González (Puerto Vallarta, México) © Textos de
Evangeli.net – Imagen: Misioneros Digitales Católicos.
🌞 «La Eucaristía es el Sacramento del amor más fuerte
que la muerte. El Sacramento de las especies pobres que se convierte en nuestra
mayor riqueza. La Eucaristía es el triunfo del amor sobre el odio. Cada
Eucaristía es más fuerte que todo el mal del mundo, es una realización de la
redención y reconciliación cada vez más profunda de la humanidad con Dios»
🌞 «En el Sacramento del altar, la Iglesia contempla de
manera inigualable el misterio del Calvario, el sacrificio de donde fluye toda
la gracia de la evangelización. En la contemplación del misterio eucarístico
aprendemos a imitar al único que se hace pan partido y sangre derramada para la
salvación del mundo. De la Eucaristía debemos salir con la riqueza de amor que
hemos encontrado en Cristo»
Predicación del Evangelio:
El pan vivo del cielo
La linda fiesta que celebramos hoy es una prueba del amor de Jesús para
nosotros. Jesús entiende nuestra fragilidad, nuestra debilidad, nuestro miedo
de quedarnos solos. Antes de su pasión y muerte, se reunió con sus discípulos
para dejarles un tesoro, un regalo que les iba a servir como fuerza por toda su
vida. Es el tesoro de la Eucaristía, de su Cuerpo y Sangre que hasta hoy es la
fuente de nuestra fe.
Todos nosotros necesitamos comida buena para resistir las enfermedades.
La comida que compartimos en familia y entre amigos sirve no solamente para
fortificar el cuerpo, sino para animar el alma y el corazón. Una cena entre
familia y amigos es un símbolo de alegría y de compartir. La persona que nos
invita a su mesa nos invita también a su corazón.
Parece que Jesús entendió bien todo eso. En dejarnos la Eucaristía, la
Santa Comunión, Él nos invita a su mesa, y a su corazón. Nos invita como
familia, no como individuos. Reunimos en la misa como comunidad de fe y de
esperanza. Es un tiempo de compartir. Venimos con nuestras ilusiones y nuestras
penas. No tenemos que estar fuertes y perfectos. Solo tenemos que reunir con
confianza y con humildad. Venimos no porque somos dignos. Venimos porque Jesús
mismo nos busca y quiere que estemos en la mesa.
Hoy la Iglesia nos invita a celebrar este gran misterio del Cuerpo y la
Sangre de Cristo. No tenemos que entender ni cómo ni porqué. Solo tenemos que
agradecer este regalo generoso de un Dios de bondad. En algunas Iglesias,
tendrán procesiones por las calles. En otras, quedaran en adoración durante una
Hora Santa. Es nuestra manera de demostrar nuestra gratitud por la presencia
Eucarística de Jesús.
Pero lo que es más importante es acercarnos al sacramento, recibiendo el
Cuerpo y Sangre de Jesús. La Comunión es el cariño de Jesús hecho visible. La
Comunión es la caricia que Jesús nos extiende. La Comunión es la consolación
que Dios nos ofrece. La Comunión es la fuerza que Dios nos da para seguir
adelante. La Comunión es el desafío que recibimos para convertirnos en una
presencia de amor para los demás.
Cuando Jesús caminaba entre la gente, sus palabras tuvieron el poder de
cambiar el corazón del pecador; de curar al enfermo; y de animar a los débiles.
Ahora, tenemos el sacramento de su Cuerpo y Sangre para cambiarnos en su misma
presencia. Acerquémonos con confianza. Es la caricia de Dios para nosotros.
(Hna. Kathleen Maire OSF- Imagen de Biblia.com)
Biblioteca de “Pequeñas Semillitas”
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Mes del Sagrado Corazón de Jesús
7.-EL PECADO MORTAL
Jesús llora ante la muerte de su amigo Lázaro.
¿Sabes tú por qué Jesús ante el cadáver de su amigo llora, vibra, reza?
Porque era cadáver. He aquí tu imagen cuando te
duermes en el pecado. No bastan las invitaciones del ángel custodio, las
oraciones de la madre, los consejos de los amigos, las correcciones del
confesor. Queremos un milagro de Jesús. Es Jesús mismo quien debe llorar,
gritar, rezar por ti, alzar su voz. ¿Y tú tan fácilmente te abandonas al
pecado?
Con un pecado mortal pierdes todo, todo está
perdido. Tú eres sensible a todos los afectos más tiernos y delicados. ¿No
sientes nada al ofender a Dios, al ponerlo de nuevo en la cruz? Sobre tu frente
está esculpida la imagen de Dios y tú la manchas para echarla en el fango.
(Web Católico de Javier)
Meditación dominical
Hoy celebramos el Corpus Christi: el Santísimo
Cuerpo y Sangre de Cristo. Es la tercera de una serie de grandes fiestas,
precedida por Pentecostés y el Domingo de la Santísima Trinidad de la semana
pasada. La próxima semana retomaremos el Tiempo Ordinario, contando, salvo
algunas excepciones, los domingos hasta Adviento.
En el Evangelio de hoy (Juan 6:51-58), Jesús
pronuncia palabras que asombraron a quienes lo escuchaban y que aún hoy nos
interpelan: «Yo soy el pan vivo que bajó del cielo». No se describe simplemente
como un maestro que ofrece sabiduría y guía, sino que se ofrece a sí mismo como
alimento para la vida del mundo. En el centro de la celebración de hoy se
encuentra este don asombroso: Cristo permanece con nosotros, alimentándonos a
través de la Eucaristía.
A muchos les resultaba difícil comprender las
palabras de Jesús. Solo entendían el hambre física y el pan físico: «¿Cómo
puede este hombre darnos a comer su carne?». Pero Jesús hablaba de un hambre
más profunda en el corazón humano: hambre de sentido, perdón, comunión,
esperanza y vida eterna. La Eucaristía responde a esa hambre profunda porque no
es simplemente un símbolo sagrado; es Cristo entregándose completamente a
nosotros.
Cada vez que nos acercamos al altar, somos invitados
a la comunión no solo con Cristo, sino también con los demás. La Eucaristía
nunca es una devoción privada. Recibimos el Cuerpo de Cristo para convertirnos
en el Cuerpo de Cristo en el mundo. El pan se parte en el altar, invitándonos a
ser personas entregadas al amor y al servicio de los demás.
Agradecimientos
Imaginemos que en el cielo hay dos oficinas diferentes para
tratar lo relativo a las oraciones de las personas en la tierra:
Una es para receptar pedidos de diversas gracias, y allí
los muchos ángeles que atienden trabajan intensamente y sin descanso por la
cantidad de peticiones que llegan en todo momento.
La otra oficina es para recibir los agradecimientos por las
gracias concedidas y en ella hay un par de ángeles aburridos porque
prácticamente no les llega ningún mensaje de los hombres desde la tierra para
dar gracias...
Desde esta sección de "Pequeñas Semillitas"
pretendemos juntar una vez por semana (los domingos) todos los mensajes para la
segunda oficina: agradecimientos por favores y gracias concedidas como
respuesta a nuestros pedidos de oración.
💕 Desde Argentina agradecen a Dios hechas en favor de Sabrina
Yohana G., que por la gracias del Señor y por las plegarias de los orantes
está mejorando día a día de su afección de salud.
💕 Desde Córdoba, Argentina, la familia de la pequeña Lupita, la bebé de tres meses por la que hemos estado rezando en los últimos días, agradecen a Dios, a la Virgen de Guadalupe, y a todos los orantes, porque Lupita sigue mejorando, ya sin respiración asistida, y en etapa de realimentarla por boca (antes era por sonda) para que cuando eso suceda pueda ser dada de alta a su casa. Damos gracias a Dios y seguimos rezando por su completa recuperación.
Oremos: Bendito seas,
Dios mío, porque a pesar de ser yo indigno de toda ayuda, tu generosidad e
infinita bondad nunca dejan de otorgar el bien aún a los ingratos y a los que
se han apartado de ti. Conviértenos a ti, para que seamos agradecidos, humildes
y piadosos, pues Tú eres nuestra salud, nuestra fortaleza y nuestra salvación.
Los cinco minutos de San Francisco
Junio: El amor de Dios
Día 7
El pan que pedimos como limosna es pan santo porque
nuestra oración y nuestro amor a Dios lo santifican. Cuando un hermano menor
sale a mendigar, las primeras palabras que pronuncia son. “Bendito y alabado
sea el Señor, nuestro Dios”; y después: “una limosna, por el amor del Señor
nuestro Dios”.
(Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
FELIPE
-Jardinero de Dios-
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