PEQUEÑAS
SEMILLITAS
Año
21 - Número 6389 ~ Domingo 26 de Julio de 2026
Desde
la ciudad de Córdoba (Argentina)
¡Alabado sea Jesucristo!
La oración es la llave que abre los tesoros del cielo. Es el puente
siempre accesible por el que llegamos a Dios. El arte de orar es el arte de
amar al Señor. Pero orar bien es un regalo de Dios. Por lo tanto, implora que
envíe su Espíritu para que llene tu corazón con el fuego de su amor.
«Señor, bendice a mi familia, a mis amigos y a sus familias. Revélanos tu
amor y tu poder. Señor, muéstrate en este momento: que donde haya dolor, nos
des paz y consuelo y donde haya duda, tengamos confianza porque creemos en ti.
Jesús, visita mi casa y llévate mis problemas, angustias y dolores. Señor,
contágiame tu fuerza, para que yo también pueda aceptar la voluntad del Padre.
Hoy vengo a ti, lleno de dolor, a llorar mis penas en tus brazos, Recurro a ti
para que me libres y destrabes de todos los males que me acechan y me impiden
ser feliz. Espero confiadamente en ti. Vivo confiadamente en ti».
La familia que reza unida permanece unida y reproduce el clima de la casa
de Nazareth: Jesús está en el centro, se comparten con él alegrías y dolores,
se ponen en sus manos las necesidades y proyectos, se obtienen de él la
esperanza y la fuerza para el camino. Esa oración alcanza su culmen cuando la
familia participa de la Misa del domingo.
(PADRE NATALIO)
La Palabra de Dios
Lecturas del día
- DOMINGO 17 DEL TIEMPO ORDINARIO -
♡ Primera Lectura: 1 Reyes 3, 5. 7-12
♡ Salmo: Sal 118, 57 y 72. 76-77. 127-128. 129-130
♡ Segunda Lectura: Romanos 8, 28-30
♡ Santo Evangelio: Mt 13,44-52
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El Reino de los Cielos es
semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre,
vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y
compra el campo aquel.
»También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda
buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende
todo lo que tiene y la compra.
»También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el
mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla,
se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos. Así sucederá al
fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y
los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes.
»¿Habéis entendido todo esto?». Dícenle: «Sí». Y Él les dijo: «Así, todo
escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño
de una casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo».
♡ Comentario:
Hoy, el Evangelio nos quiere
ayudar a mirar hacia dentro, a encontrar algo escondido: «El Reino de los
Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo» (Mt 13,44). Cuando
hablamos de tesoro nos referimos a algo de valor excepcional, de la máxima
apreciación, no a cosas o situaciones que, aunque amadas, no dejan de ser
fugaces y chatarra barata, como son las satisfacciones y placeres temporales:
aquello con lo que tanta gente se extenúa buscando en el exterior, y con lo que
se desencanta una vez encontrado y experimentado.
El tesoro que propone Jesús está enterrado en lo más profundo de nuestra
alma, en el núcleo mismo de nuestro ser. Es el Reino de Dios. Consiste en
encontrarnos amorosamente, de manera misteriosa, con la Fuente de la vida, de
la belleza, de la verdad y del bien, y en permanecer unidos a la misma Fuente
hasta que, cumplido el tiempo de nuestra peregrinación, y libres de toda
bisutería inútil, el Reino del cielo que hemos buscado en nuestro corazón y que
hemos cultivado en la fe y en el amor, se abra como una flor y aparezca el
brillo del tesoro escondido.
Algunos, como san Pablo o el mismo buen ladrón, se han topado súbitamente
con el Reino de Dios o de manera impensada, porque los caminos del Señor son
infinitos, pero normalmente, para llegar a descubrir el tesoro, hay que
buscarlo intencionadamente: «También es semejante el Reino de los Cielos a un
mercader que anda buscando perlas finas» (Mt 13,45). Quizá este tesoro sólo es
encontrado por aquellos que no se dan por satisfechos fácilmente, por los que
no se contentan con poca cosa, por los idealistas, por los aventureros.
En el orden temporal, de los inquietos e inconformistas decimos que son
personas ambiciosas, y en el mundo del espíritu, son los santos. Ellos están
dispuestos a venderlo todo con tal de comprar el campo, como lo dice san Juan
de la Cruz: «Para llegar a poseerlo todo, no quieras poseer algo en nada».
* Rev. D. Enric PRAT i Jordana (Sort, Lleida, España) © Textos de Evangeli.net
Pensamiento del día
‘aquí
no manda la plata, sino la patria’,
pero
primero habrá que decirle a la patria,
y esto
es lo difícil: ‘¡Aquí manda Dios!’»
(P.
LEONARDO CASTELLANI)
Predicación del Evangelio:
¿Cuál es el tesoro?
Las breves semejanzas propuestas por la liturgia de hoy son la conclusión
del capítulo del Evangelio de Mateo dedicado a las parábolas del reino de Dios
(13, 44-52). Entre ellas hay dos pequeñas obras maestras: las parábolas del
tesoro escondido en el campo y la perla de gran valor. Ellas nos dicen que el
descubrimiento del reino de Dios puede llegar improvisamente como sucedió al
campesino, que arando encontró el tesoro inesperado; o bien después de una
larga búsqueda, como ocurrió al comerciante de perlas, que al final encontró la
perla preciosísima que soñaba desde hacía tiempo.
Pero en un caso y en el otro permanece el dato primario de que el tesoro
y la perla valen más que todos lo demás bienes, y, por lo tanto, el campesino y
el comerciante, cuando los encuentran, renuncian a todo lo demás para poder
adquirirlos. No tienen necesidad de hacer razonamientos, o de pensar en ello,
de reflexionar: inmediatamente se dan cuenta del valor incomparable de aquello
que han encontrado, y están dispuestos a perder todo con tal de tenerlo.
Así es para el reino de Dios: quien lo encuentra no tiene dudas, siente
que es eso que buscaba, que esperaba y que responde a sus aspiraciones más
auténticas. Y es verdaderamente así: quien conoce a Jesús, quien lo encuentra
personalmente, queda fascinado, atraído por tanta bondad, tanta verdad, tanta
belleza, y todo en una gran humildad y sencillez. Buscar a Jesús, encontrar a
Jesús: ¡Este es el gran tesoro!
Cuántas personas, cuántos santos y santas, leyendo con corazón abierto el
Evangelio, quedaron tan conmovidos por Jesús que se convirtieron a Él. Pensemos
en san Francisco de Asís: él ya era cristiano, pero un cristiano «al agua de
rosas». Cuando leyó el Evangelio, en un momento decisivo de su juventud,
encontró a Jesús y descubrió el reino de Dios, y entonces todos sus sueños de gloria
terrena se desvanecieron. El Evangelio te permite conocer al verdadero Jesús,
te hace conocer a Jesús vivo; te habla al corazón y te cambia la vida. Y
entonces sí lo dejas todo. Puedes cambiar efectivamente de tipo de vida, o bien
seguir haciendo lo que hacías antes pero tú eres otro, has renacido: has
encontrado lo que da sentido, lo que da sabor, lo que da luz a todo, incluso a
las fatigas, al sufrimiento y también a la muerte.
Leer el Evangelio. Ya hemos hablado de esto, ¿lo recordáis? Cada día leer
un pasaje del Evangelio; y también llevar un pequeño Evangelio con nosotros, en
el bolsillo, en la cartera, al alcance de la mano. Y allí, leyendo un pasaje
encontraremos a Jesús. Todo adquiere sentido allí, en el Evangelio, donde
encuentras este tesoro, que Jesús llama «el reino de Dios», es decir, Dios que
reina en tu vida, en nuestra vida; Dios que es amor, paz y alegría en cada
hombre y en todos los hombres. Esto es lo que Dios quiere, y esto es por lo que
Jesús entregó su vida hasta morir en una cruz, para liberarnos del poder de las
tinieblas y llevarnos al reino de la vida, de la belleza, de la bondad, de la
alegría. Leer el Evangelio es encontrar a Jesús y tener esta alegría cristiana,
que es un don del Espíritu Santo.
Queridos hermanos y hermanas, la alegría de haber encontrado el tesoro
del reino de Dios se transparenta, se ve. El cristiano no puede mantener oculta
su fe, porque se transparenta en cada palabra, en cada gesto, incluso en los
más sencillos y cotidianos: se trasluce el amor que Dios nos ha donado a través
de Jesús. Oremos, por intercesión de la Virgen María, para que venga a nosotros
y a todo el mundo su reino de amor, justicia y paz.
(Papa Francisco - Ángelus 27 Jul 2014 - Imagen: YouTube)
Mensaje de María Reina de la Paz
Mensaje de María Reina de la Paz del 25 de Julio de 2026
“¡Queridos hijos! Mientras la oscuridad y la inquietud reinan en muchos corazones, hijitos, sean oración y mis manos extendidas de amor. Hijitos, pongan la Sagrada Escritura en un lugar visible en su familia y léanla, para que sea para ustedes un estímulo a la conversión y a una vida nueva. Porque Satanás es fuerte y seduce los corazones. Yo deseo, a través de mi Corazón materno, entregar sus corazones al Corazón de mi Hijo Jesús, para que sea Él, el Resucitado, quien reine en ustedes; y la alegría reinará en ustedes y a su alrededor. Gracias por haber respondido a mi llamado".
Meditación dominical
Las parábolas del Reino ocupan un lugar central en
la predicación de Jesús. A través de imágenes sencillas y cotidianas —un campo
sembrado, un poco de levadura, un tesoro escondido, una perla preciosa— el
Señor nos introduce en una realidad misteriosa que no se impone con
espectacularidad ni se presenta como algo acabado. El Reino de Dios no es un
espectáculo admirable ni una meta ya conquistada; es una presencia dinámica que
exige búsqueda, decisión y compromiso.
En las parábolas del tesoro y de la perla, Jesús nos
sitúa ante el momento decisivo del descubrimiento. Algo irrumpe en la vida del
hombre y lo transforma todo. Pero el hallazgo no es suficiente: exige
respuesta. Venderlo todo, desprenderse, renunciar, elegir. El Reino no se añade
a lo que ya poseemos como un complemento más; se convierte en el centro que
reorganiza toda la existencia.
Estas imágenes nos invitan a preguntarnos si vivimos
el cristianismo como una carga de obligaciones o como la alegría de un
descubrimiento que nos hace libres.
(Fray Miguel Ángel Vilchez Torés OP)
Los cinco minutos de San Francisco
Julio: La oración
Día 26
Invitado en una ocasión por el señor León, cardenal
de la Santa Cruz, a vivir algún tiempo en su casa en Roma, escogió para sí una
torre apartada, que en una galería de nueve apartamentos con cubierta, tenía
unas habitaciones pequeñas como ermitas. Sucedió, pues, la primera noche,
después de una prolongada oración con Dios, cuando se disponía a reposar, que
vienen los demonios y atacan cruelmente al santo de Dios. Lo hostigan por un
largo tiempo y lo dejan, al fin, medio muerto. Al retirarse los demonios y haber
recobrado el aliento, Francisco llama a su compañero, que dormía en otra
habitación y, al presentársele le dice: “Hermano, quiero que estés a mi lado,
porque tengo miedo de quedarme solo. Hace poco me han azotado los demonios”. Y
temblaba el santo, con escalofríos, como quien tiene una fiebre muy alta. De
esta manera, Francisco y su compañero pasaron toda la noche en vela,
conversando.
(Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
FELIPE
-Jardinero de Dios-
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