¡Alabado sea Jesucristo! Si te acostumbras a ver siempre el lado positivo de las cosas, en las
dificultades, te superarás con más facilidad; en los desaciertos, te
sobrepondrás con voluntad; en las dudas, sabrás discernir con mayor seguridad;
en los momentos de soledad, el pesimismo no te doblegó; en la enfermedad,
sabrás luchar con la fe puesta en los bienes invisibles prometidos por Dios. No digas nunca: "Es imposible". Propón soluciones concretas. No
digas nunca: "No soy capaz de lograrlo". Busca cómo dar pequeños
pasos. No digas nunca "No me acompaña la suerte". La suerte la haces
tú, no ella. No digas nunca: "Lo dejaré para mañana". Recuerda que el
hoy es lo que importa. Valora lo que tienes y, ¡adelante!, hacia las metas que
sueñas. (PADRE NATALIO BÉRTOLO)
Abad y cofundador del
Císter. Nació en Meriot (Inglaterra) el año 1060, y de joven profesó la vida
monástica en Sherbone. Abandonó su monasterio y se marchó a París a estudiar.
Se arrepintió del mal paso dado, y acudió a Roma para pedir perdón. De regreso,
se detuvo en el monasterio de Molesmes, cuyo abad era san Roberto. Éste,
Alberico y Esteban fundaron el año 1098 el nuevo monasterio de Cîteaux
(Borgoña), origen de los cistercienses. Su principio inspirador era la voluntad
de restablecer la fiel obediencia a la Regla de San Benito en su integridad.
Cuando en 1109 murió Alberico, Estaban le sucedió como abad, y fue él quien
recibió a san Bernardo y quien lo envió, en 1115, a fundar la abadía de
Claraval. Organizó la centralidad del gobierno monacal con la «Carta de la
Caridad», para que no hubiera discordias entre los monjes y todos vivieran bajo
el mismo dictado de la caridad, observando la misma Regla y según costumbres
semejantes. En vida de Esteban fueron doce las fundaciones cistercienses. Murió
en Cîteaux (Francia) el año 1134. Para más informaciónhacer clic acá. (Directorio Franciscano – Santo del día – Catholic.net)
No es difícil ser
santos. Porque ser santos no se trata de hacer muchas penitencias, o practicar
muchas devociones y oraciones, o hacer muchas obras, sino que ser santo se
simplifica en una sola cosa: amar. Efectivamente quien ama a Dios y al prójimo
ya es santo. Y cuanto más ame, tanto más santo será. Tenemos que
acostumbrarnos a hacer cada cosa del día con mucho amor a Dios. Decirle que lo
amamos. Repetir frecuentemente el acto de amor que Jesús enseñara a Sor
Consolata Betrone: “JESÚS, MARÍA OS AMO, SALVAD LAS ALMAS”. Porque Dios lo
tiene todo y no necesita de nada ni de nadie. Pero no tiene nuestro corazón, y
lo quiere. ¿Acaso no es eso lo que
mandan los dos mandamientos más grandes que nos ha dicho el Señor: Amar a Dios
sobre todas las cosas y amar al prójimo como a nosotros mismos? Así de fácil es
la santidad. Entonces dejemos todas las demás cosas exteriores y lancémonos en
el mar del amor de Dios y del prójimo. Porque si pensamos bien,
en el mundo de hoy hay una crisis de santidad, porque hay crisis de amor. ¿Por
qué el aborto? Porque no hay amor ¿Por qué las guerras? Porque falta amor. Y
todo problema se puede reducir en definitiva a la falta de amor. Jesús quiere salvar al
mundo y nos vuelve a recordar que los hombres hemos sido hechos para amar, y
que sólo amando seremos perfectos, y estaremos felices en este mundo, y luego
en el Paraíso disfrutaremos en plenitud del Amor. Hagamos cada acción del
día por amor a Dios. Digámosle al Señor muchas veces en el día, que lo amamos,
que no podemos vivir sin Él. Nosotros preocupémonos por amar a Dios y por nada
más, porque el Señor se ocupará de todo lo nuestro, como lo ha prometido a
varios Santos: que si nosotros nos preocupamos de Él y de sus cosas, de amarlo,
entonces Él se ocupará de nosotros y de nuestras cosas. (Sitio Santísima Virgen – Imagen Omnes)
Día 39º. Sábado 28 de marzo de 2026 Cámbiate por Jesús. Barrabás es un personaje del
evangelio que no parece muy importante, pero si nos fijamos, cada uno de
nosotros estamos representados por él. Cuando Barrabás iba a morir por haber
matado a un soldado, Jesús apareció y le cambiaron por él, y murió Jesús en vez
de Barrabás. El Señor se cambió por cada uno de nosotros para que no muriéramos
a la vida del alma y para que pudiéramos nacer de nuevo a la vida de la gracia
después del pecado, nacer a la vida para poder ir también al cielo. Todo lo que
hizo fue para que tuviéramos la oportunidad de amarle. Y los hombres hemos pagado ese amor tuyo, Señor, con
pecados y faltas de amor. Jesús sabía que íbamos a pagarle así, que íbamos a
serle desagradecidos, y aun así decidió entregarse para que le amáramos. Puedes imaginarte ahora tú, cambiándote por Jesús en
la Cruz de cada día: faenas que te hacen, enfados, cosas que no te salen,
pequeñas contrariedades... y tomar así tu cruz de cada día llevándola con
alegría.
Los cinco minutos de San Francisco
Marzo: Cuaresma y Pascua Día 28 Siempre que lo deseen y ante todas las personas, mis
queridos hermanos, pueden proclamar, con la bendición de Dios, esta exhortación
o una alabanza similar: Respeten y honren, alaben y bendigan al Señor Dios
todopoderoso, que es Uno y Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, creador de
todas las cosas. Hagan penitencia y produzcan frutos dignos de ella porque
pronto moriremos. Den y se les dará. Perdonen y se los perdonará. Y si no
perdonan los pecados a los demás, el Señor no perdonará los de ustedes.
Confiesen todos sus pecados. Felices los que mueren reconciliados porque
estarán en el Reino de los cielos. ¡Ay de aquellos que no mueren reconciliados,
porque serán hijos del maligno! Cuídense y absténganse de todo mal y sean
perseverantes en hacer el bien hasta el final. (Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
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