domingo, 8 de marzo de 2026

Pequeñas Semillitas 6255

PEQUEÑAS SEMILLITAS
 
Año 21 - Número 6255 ~ Domingo 8 de Marzo de 2026
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
¡Alabado sea Jesucristo!
En la primera lectura de hoy, el pueblo se queja de Moisés en el desierto. Tienen sed y exigen agua. Bajo la dirección de Dios, Moisés golpea la roca y el agua fluye. En el Evangelio, Jesús, el nuevo Israel, tiene sed y se detiene en un pozo de Samaria. Allí recibe una buena acogida, primero de la mujer, luego de la gente del pueblo. Jesús encuentra rechazo entre los suyos; entre los samaritanos, es bienvenido. Refleja la sed de Dios por las personas, su disposición a trascender los límites religiosos y sociales habituales, y su deseo de dar agua vital a todo aquel que tenga la sed de buscarla. La mujer de la historia de hoy no tiene nombre. Quizás nos representa a todos, sin importar raza, género o nacionalidad, que reconocemos nuestra sed de más de lo que podemos proveernos nosotros mismos.
Nuestros deseos más profundos son el conocimiento de ser verdaderamente amados, la conciencia de haber hecho el bien y la seguridad de ser salvados. Para realizar todo esto necesitamos la gracia del Espíritu Santo. La gracia brota en las aguas del Bautismo y crece para ayudarnos a afrontar los desafíos de la vida mediante los otros sacramentos. La gracia nos anima, nos fortalece y nos dirige hacia Dios.
 
La Palabra de Dios
Lecturas del día
- DOMINGO 3 DE CUARESMA -
Primera Lectura: Éxodo 17, 3-7
 
Salmo: Sal 94, 1-2. 6-7. 8-9.
 
Segunda Lectura: Romanos 5, 1-2. 5-8
 
Santo Evangelio: Jn 4,5-42
En aquel tiempo, Jesús llega, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca de la heredad que Jacob dio a su hijo José. Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, como se había fatigado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta.
Llega una mujer de Samaría a sacar agua. Jesús le dice: «Dame de beber». Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida. Le dice la mujer samaritana: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?» (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: ‘Dame de beber’, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva». Le dice la mujer: «Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? ¿Es que tú eres más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?». Jesús le respondió: «Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna».
Le dice la mujer: «Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla». Él le dice: «Vete, llama a tu marido y vuelve acá». Respondió la mujer: «No tengo marido». Jesús le dice: «Bien has dicho que no tienes marido, porque has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es marido tuyo; en eso has dicho la verdad».
Le dice la mujer: «Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en este monte y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar». Jesús le dice: «Créeme, mujer, que llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad».
Le dice la mujer: «Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo. Cuando venga, nos lo explicará todo». Jesús le dice: «Yo soy, el que te está hablando».
En esto llegaron sus discípulos y se sorprendían de que hablara con una mujer. Pero nadie le dijo: «¿Qué quieres?», o «¿Qué hablas con ella?». La mujer, dejando su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: «Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?». Salieron de la ciudad e iban donde Él.
Entretanto, los discípulos le insistían diciendo: «Rabbí, come». Pero Él les dijo: «Yo tengo para comer un alimento que vosotros no sabéis». Los discípulos se decían unos a otros: «¿Le habrá traído alguien de comer?». Les dice Jesús: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra. ¿No decís vosotros: Cuatro meses más y llega la siega? Pues bien, yo os digo: Alzad vuestros ojos y ved los campos, que blanquean ya para la siega. Ya el segador recibe el salario, y recoge fruto para la vida eterna, de modo que el sembrador se alegra igual que el segador. Porque en esto resulta verdadero el refrán de que uno es el sembrador y otro el segador: yo os he enviado a segar donde vosotros no os habéis fatigado. Otros se fatigaron y vosotros os aprovecháis de su fatiga».
Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por las palabras de la mujer que atestiguaba: «Me ha dicho todo lo que he hecho». Cuando llegaron donde Él los samaritanos, le rogaron que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Y fueron muchos más los que creyeron por sus palabras, y decían a la mujer: «Ya no creemos por tus palabras; que nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo».
 
Comentario:
Hoy, celebramos el 3r domingo de Cuaresma: estamos a mitad del camino hacia la Pascua, el momento más importante del año. La liturgia cuaresmal nos ayuda a recorrer un camino, a “salir de Egipto”, que es el lugar donde vivimos esclavizados y del que Dios quiere que salgamos para ir a su encuentro.
Hace dos domingos se nos invitó a entrar con Jesús en el desierto y a confiar a Dios nuestra conversión. La semana pasada, el Evangelio nos mostraba a Jesús transfigurado: el que padecerá y morirá por ti es Dios Hijo. En el Evangelio de hoy, en cambio, Jesús nos dice que tiene sed de tu amor.
Desde el primer momento de su encuentro con la samaritana queda claro que Cristo es verdaderamente hombre: «Cansado del camino, se sentó junto al pozo» (Jn 4,6). Y enseguida pide de beber a la samaritana. Es importante que nos detengamos a considerar el hecho de que Dios mismo haya querido pasar necesidad, no solo física, sino también afectiva: ¡el corazón de Jesús anhela tu amor!
Desde aquí podemos hacer propia la conversación de Jesús con la samaritana. Tú y yo también estamos necesitados de conversión; también tenemos “maridos” donde ponemos nuestra seguridad. Pero Jesús no quiere de ti una perfección externa, sino que lo ames por encima de todas las cosas.
Este es el camino hacia la Pascua, la vida nueva que nos ofrece la Iglesia. El papa León XIV nos dice que «la Pascua es el eje de la vida del cristiano, en torno al cual giran todos los demás acontecimientos». La conversación de Jesús con la samaritana hoy puede hacernos pensar si la resurrección de Cristo es verdadero motivo de esperanza o si ponemos nuestras expectativas de felicidad en otras cosas. Y nos lleva a pedir la misma fe de los samaritanos del Evangelio: que digamos de corazón: «¡Este es realmente el Salvador del mundo!» (Jn 4,42).
* Rev. D. Pau FERRER i Falgueras (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España) © Textos de Evangeli.net 
 
Palabras del Papa León XIV
«La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas»
 
Predicación del Evangelio:
Dios sacia nuestra sed
En este tercer domingo de Cuaresma la liturgia vuelve a proponernos este año uno de los textos más hermosos y profundos de la Biblia: el diálogo entre Jesús y la samaritana (cf. Jn 4, 5-42). San Agustín se sentía con razón fascinado por este relato, e hizo un comentario memorable de él. Es imposible expresar en una breve explicación la riqueza de esta página evangélica: es preciso leerla y meditarla personalmente, identificándose con aquella mujer que, un día como tantos otros, fue a sacar agua del pozo y allí se encontró a Jesús sentado, «cansado del camino», en medio del calor del mediodía.
 
«Dame de beber», le dijo, dejándola muy sorprendida. En efecto, no era costumbre que un judío dirigiera la palabra a una mujer samaritana, por lo demás desconocida. Pero el asombro de la mujer estaba destinado a aumentar: Jesús le habló de un «agua viva» capaz de saciar la sed y de convertirse en ella en un «manantial de agua que salta hasta la vida eterna»; le demostró, además, que conocía su vida personal; le reveló que había llegado la hora de adorar al único Dios 
verdadero en espíritu y en verdad; y, por último, le aseguró —cosa muy rara— que era el Mesías.
 
Todo esto a partir de la experiencia real y sensible de la sed. El tema de la sed atraviesa todo el evangelio de san Juan: desde el encuentro con la samaritana, pasando por la gran profecía durante la fiesta de las Tiendas (cf. Jn 7, 37-38), hasta la cruz, cuando Jesús, antes de morir, para que se cumpliera la Escritura, dijo: «Tengo sed» (Jn 19, 28). La sed de Cristo es una puerta de acceso al misterio de Dios, que tuvo sed para saciar la nuestra, como se hizo pobre para enriquecernos (cf. 2 Co 8, 9).
 
Sí, Dios tiene sed de nuestra fe y de nuestro amor. Como un padre bueno y misericordioso, desea para nosotros todo el bien posible, y este bien es él mismo. En cambio, la mujer samaritana representa la insatisfacción existencial de quien no ha encontrado lo que busca: había tenido «cinco maridos» y convivía con otro hombre; sus continuas idas al pozo para sacar agua expresan un vivir repetitivo y resignado. Pero todo cambió para ella aquel día gracias al coloquio con el Señor Jesús, que la desconcertó hasta el punto de inducirla a dejar el cántaro del agua y correr a decir a la gente del pueblo: «Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿será este el Mesías?» (Jn 4, 28-29).
 
Queridos hermanos y hermanas, también nosotros abramos el corazón a la escucha confiada de la palabra de Dios para encontrar, como la samaritana, a Jesús que nos revela su amor y nos dice: el Mesías, tu Salvador, «soy yo: el que habla contigo» (Jn 4, 26). Nos obtenga este don María, la primera y perfecta discípula del Verbo encarnado.
(Benedicto XVI - Imagen: Misioneros Digitales Católicos)
 
Biblioteca de “Pequeñas Semillitas”
 
Contiene 400 artículos que han sido publicados
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Agradecimientos
Imaginemos que en el cielo hay dos oficinas diferentes para tratar lo relativo a las oraciones de las personas en la tierra:
Una es para receptar pedidos de diversas gracias, y allí los muchos ángeles que atienden trabajan intensamente y sin descanso por la cantidad de peticiones que llegan en todo momento.
La otra oficina es para recibir los agradecimientos por las gracias concedidas y en ella hay un par de ángeles aburridos porque prácticamente no les llega ningún mensaje de los hombres desde la tierra para dar gracias...
Desde esta sección de "Pequeñas Semillitas" pretendemos juntar una vez por semana (los domingos) todos los mensajes para la segunda oficina: agradecimientos por favores y gracias concedidas como respuesta a nuestros pedidos de oración.
 
💕 Desde Buenos Aires, Argentina, Alicia Liliana A. agradece a Dios, a la Santísima Virgen y a todos los que rezaron por su cirugía de rodilla del día lunes pasado, que resultó exitosa y ahora se está recuperando y haciendo rehabilitación en su domicilio. Sumamos nuestro agradecimiento a Dios.
 
💕 Desde la ciudad de Gálvez, provincia de Santa Fe, Argentina, Jorgelina Basualdo y su familia agradecen a Dios porque su hijo Benjamín acaba de rendir con éxito la última materia para recibirse de Profesor de Psicología y ahora rendirá las restantes para ser Licenciado en Psicología. ¡Felicitaciones Benjamín!
 
Oremos: Bendito seas, Dios mío, porque a pesar de ser yo indigno de toda ayuda, tu generosidad e infinita bondad nunca dejan de otorgar el bien aún a los ingratos y a los que se han apartado de ti. Conviértenos a ti, para que seamos agradecidos, humildes y piadosos, pues Tú eres nuestra salud, nuestra fortaleza y nuestra salvación.
 
Meditaciones de Cuaresma
Día 19º. Domingo  8 de marzo de 2026
Tres formas de hacer daño a Dios. Hay tres formas de hacer sufrir y llorar a una madre. Además de la más elemental, que sería atacarle a ella directamente: golpeándola o insultándola, hay otras dos en las que le podemos hacer sufrir igualmente. Una de ellas es hacer algo malo a mi hermano. Si yo le doy una paliza a un hermano mío, y mi madre se entera, le dolerá incluso más que si le maltrato a ella.
Otra forma de hacerle sufrir es hacer algo que sea malo para mí, algo que me empeore. Como mi madre me quiere eso le dolerá. Imagínate que ve cómo te cortas un brazo: no lo aguantaría.
Dios te ve siempre -no como un espía sino como alguien que te quiere mucho- y sufre cada vez que te ve hacer algo que hace daño a otra persona, porque esa otra persona es hija de Él y cada vez que te ve hacerte daño a ti mismo, y cada vez que te ve hacer algo que le hace daño a Él. Por eso es bueno que todas las noches, cuando te acuestes, hagas un repaso del día, un examen de conciencia, y pidas perdón a Dios por esas cosas que Él ha visto y no le han gustado.
El examen de conciencia lo puedes hacer así: ¿Cómo me he portado con Dios? ¿Cómo me he portado con los demás? ¿Cómo me he portado conmigo mismo? Dios mío, a partir de ahora haré el examen todas las noches. Y te pediré perdón por el daño que haya hecho cada día de alguna de estas tres formas. Y también te agradeceré tu compañía. ¡Recuérdamelo!, y gracias.
 
Los cinco minutos de San Francisco
Marzo: Cuaresma y Pascua
Día 8
Que el ardiente y dulcísimo poder de tu amor, Señor, me ayuden a desprenderme de todas las cosas de la tierra, para que pueda morir por amor de tu amor, ya que dignaste morir por amor de mi amor. (Oración atribuida a San Francisco por Bernardino de Siena y Ubertino de Casale)
(Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
 
FELIPE
-Jardinero de Dios-
(el más pequeñito de todos)
 
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