lunes, 30 de marzo de 2026
domingo, 29 de marzo de 2026
Pequeñas Semillitas 6276
PEQUEÑAS
SEMILLITAS Año
21 - Número 6276 ~ Domingo 29 de Marzo de 2026Desde
la ciudad de Córdoba (Argentina)¡Alabado sea Jesucristo!
La liturgia de este día tiene dos partes bien diferenciadas. La primera es
la bendición y procesión de ramos y la segunda, que es la Eucaristía, tiene
como tono especial la lectura de la Pasión de Jesús. La ceremonia en torno a
los ramos nos recuerda el triunfo de Jesús, que es como un anuncio del triunfo
final de la resurrección. Para llegar a ese triunfo final, Jesús pasará por la
Pasión y muerte en cruz. Es como una consecuencia de todo su obrar en la vida;
pero al final, por medio de la resurrección, Dios toma posición en su favor e
iluminará todo el dolor y la cruz.
En el evangelio de hoy es el relato de la Pasión. Jesús es presentado como
un profeta y es plenamente consciente de lo que le sucederá si permanece fiel a
la voluntad de Dios.
Si soy seguidor de Jesús, también estoy llamado a vivir como profeta en mi
vida diaria. La misión profética comienza escuchando la palabra de Dios. Jesús
reveló las consecuencias de recibir esa palabra cada día: acoger a los más
necesitados; perdonar a los pecadores; alzar la voz con valentía contra la
injusticia, sea grande o pequeña; solidarizarnos con los marginados, los
inmigrantes, los presos, los sin techo y los afligidos. Y hay más. Cada uno de
nosotros debe examinar su propia vida y responder a la pregunta: "¿Cómo se
me llama hoy a seguir a Jesús?"
La Palabra de DiosLecturas del día- DOMINGO DE RAMOS (A) -♡ Primera Lectura: Ezequiel 37, 12-14
♡ Salmo: Sal 129, 1-2. 3-4ab. 4c-6. 7-8
♡ Segunda Lectura: Romanos 8, 8-11
♡ Santo Evangelio: Mt 26,14—27,66
En aquel tiempo uno de los doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos
sacerdotes y les propuso: «¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?».
Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando
ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le
preguntaron: «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?». Él
contestó: «Id a casa de Fulano y decidle: ‘El Maestro dice: mi momento está
cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos’». Los discípulos
cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.
Al atardecer se puso a la mesa con los doce. Mientras comían dijo: «Os
aseguro que uno de vosotros me va a entregar». Ellos, consternados, se pusieron
a preguntarle uno tras otro: «¿Soy yo acaso, Señor?». Él respondió: «El que ha
mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del Hombre se
va como está escrito de Él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del
Hombre!, más le valdría no haber nacido». Entonces preguntó Judas, el que lo
iba a entregar: «¿Soy yo acaso, Maestro?». Él respondió: «Así es».
Durante la cena, Jesús cogió pan, pronunció la bendición, lo partió y lo
dio a los discípulos diciendo: «Tomad, comed: esto es mi cuerpo». Y cogiendo un
cáliz pronunció la acción de gracias y se lo pasó diciendo: «Bebed todos;
porque ésta es mi sangre, sangre de la alianza derramada por todos para el
perdón de los pecados. Y os digo que no beberé más del fruto de la vid hasta el
día que beba con vosotros el vino nuevo en el reino de mi Padre».
Cantaron el salmo y salieron para el monte de los Olivos. Entonces Jesús
les dijo: «Esta noche vais a caer todos por mi causa, porque está escrito:
‘Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño’. Pero cuando
resucite, iré antes que vosotros a Galilea». Pedro replicó: «Aunque todos
caigan por tu causa, yo jamás caeré». Jesús le dijo: «Te aseguro que esta
noche, antes que el gallo cante tres veces, me negarás». Pedro le replicó:
«Aunque tenga que morir contigo, no te negaré». Y lo mismo decían los demás
discípulos.
Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y les dijo:
«Sentaos aquí, mientras voy allá a orar». Y llevándose a Pedro y a los dos
hijos de Zebedeo, empezó a entristecerse y a angustiarse. Entonces dijo: «Me
muero de tristeza: quedaos aquí y velad conmigo». Y adelantándose un poco cayó
rostro en tierra y oraba diciendo: «Padre mío, si es posible que pase y se
aleje de mí ese cáliz. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú
quieres». Y se acercó a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:
«¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la
tentación, pues el espíritu es decidido, pero la carne es débil». De nuevo se
apartó por segunda vez y oraba diciendo: «Padre mío, si este cáliz no puede
pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad». Y viniendo otra vez, los
encontró dormidos, porque estaban muertos de sueño. Dejándolos de nuevo, por
tercera vez oraba repitiendo las mismas palabras. Luego se acercó a sus
discípulos y les dijo: «Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora
y el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos,
vamos! Ya está cerca el que me entrega».
Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los doce,
acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, mandado por los sumos
sacerdotes y los senadores del pueblo. El traidor les había dado esta
contraseña: «Al que yo bese, ése es: detenedlo». Después se acercó a Jesús y le
dijo: «¡Salve, Maestro!». Y lo besó. Pero Jesús le contestó: «Amigo, ¿a qué
vienes?». Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano para detenerlo. Uno
de los que estaban con Él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó
la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús le dijo: «Envaina la espada: quien
usa espada, a espada morirá. ¿Piensas tú que no puedo acudir a mi Padre? El me
mandaría en seguida más de doce legiones de ángeles. Pero entonces no se
cumpliría la Escritura, que dice que esto tiene que pasar». Entonces dijo Jesús
a la gente: «¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos como a un bandido?
A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me detuvisteis».
Todo esto ocurrió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas. En
aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.
Los que detuvieron a Jesús lo llevaron a casa de Caifás, el sumo
sacerdote, donde se habían reunido los letrados y los senadores. Pedro lo
seguía de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote y, entrando dentro, se
sentó con los criados para ver en qué paraba aquello. Los sumos sacerdotes y el
consejo en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a
muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que
comparecían. Finalmente, comparecieron dos que declararon: «Éste ha dicho:
‘Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días’».
El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo: «¿No tienes nada que
responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?». Pero Jesús callaba.
Y el sumo sacerdote le dijo: «Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú
eres el Mesías, el Hijo de Dios». Jesús le respondió: «Tú lo has dicho. Más
aún, yo os digo: desde ahora veréis que el Hijo del Hombre está sentado a la
derecha del Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo». Entonces el
sumo sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo: «Ha blasfemado. ¿Qué necesidad
tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué decidís?». Y ellos
contestaron: «Es reo de muerte». Entonces le escupieron a la cara y lo
abofetearon; otros; lo golpearon diciendo: «Haz de profeta, Mesías; dinos quién
te ha pegado».
Pedro estaba sentado fuera en el patio y se le acercó una criada y le
dijo: «También tú andabas con Jesús el Galileo». Él lo negó delante de todos
diciendo: «No sé qué quieres decir». Y al salir al portal lo vio otra y dijo a
los que estaban allí: «Éste andaba con Jesús el Nazareno». Otra vez negó él con
juramento: «No conozco a ese hombre». Poco después se acercaron los que estaban
allí y dijeron: «Seguro; tú también eres de ellos, se te nota en el acento».
Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar diciendo: «No conozco a ese
hombre». Y en seguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de
Jesús: «Antes de que cante el gallo me negarás tres veces». Y saliendo afuera,
lloró amargamente.
Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los senadores del pueblo
se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús. Y atándolo lo llevaron
y lo entregaron a Pilato, el gobernador.
Entonces el traidor sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de
plata a los sumos sacerdotes y senadores diciendo: «He pecado, he entregado a
la muerte a un inocente». Pero ellos dijeron: «¿A nosotros qué? ¡Allá tú!». Él,
arrojando las monedas en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó. Los
sacerdotes, recogiendo las monedas dijeron: «No es lícito echarlas en el arca
de las ofrendas porque son precio de sangre». Y, después de discutirlo,
compraron con ellas el Campo del Alfarero para cementerio de forasteros. Por
eso aquel campo se llama todavía "Campo de Sangre". Así se cumplió lo
escrito por Jeremías el profeta: «Y tomaron las treinta monedas de plata, el
precio de uno que fue tasado, según la tasa de los hijos de Israel, y pagaron con
ellas el Campo del Alfarero, como me lo había ordenado el Señor».
Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó: «¿Eres
tú el rey de los judíos?». Jesús respondió: «Tú lo dices». Y mientras lo
acusaban los sumos sacerdotes y los senadores no contestaba nada. Entonces
Pilato le preguntó: «¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?». Como no
contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado.
Por la fiesta, el gobernador solía soltar un preso, el que la gente
quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente
acudió, dijo Pilato: «¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a
quien llaman el Mesías?» pues sabía que se lo habían entregado por envidia. Y
mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir: «No te metas
con ese justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con Él».
Pero los sumos sacerdotes y los senadores convencieron a la gente que
pidieran el indulto de Barrabás y la muerte de Jesús. El gobernador preguntó:
«¿A cuál de los dos queréis que os suelte?». Ellos dijeron: «A Barrabás».
Pilato les preguntó: «¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?». Contestaron
todos: «Que lo crucifiquen». Pilato insistió: «Pues, ¿qué mal ha hecho?». Pero
ellos gritaban más fuerte: «¡Que lo crucifiquen!». Al ver Pilato que todo era
inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó
las manos en presencia del pueblo, diciendo: «Soy inocente de esta sangre.
¡Allá vosotros!». Y el pueblo entero contestó: «¡Su sangre caiga sobre nosotros
y sobre nuestros hijos!». Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de
azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.
Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron
alrededor de Él a toda la compañía: lo desnudaron y le pusieron un manto de
color púrpura y, trenzando una corona de espinas se la ciñeron a la cabeza y le
pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante Él la rodilla, se
burlaban de él diciendo: «¡Salve, rey de los judíos!». Luego lo escupían, le
quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y terminada la burla, le
quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.
Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron
a que llevara la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere
decir "La Calavera"), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo
probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa
echándola a suertes, y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de la cabeza
colocaron un letrero con la acusación: «Éste es Jesús, el rey de los judíos».
Crucificaron con Él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los
que pasaban, lo injuriaban y decían meneando la cabeza: «Tú que, destruías el
templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de
Dios, baja de la cruz». «Los sumos sacerdotes con los letrados y los senadores
se burlaban también diciendo: «A otros ha salvado y Él no se puede salvar. ¿No
es el Rey de Israel? Que baje ahora de la cruz y le creeremos. ¿No ha confiado
en Dios? Si tanto lo quiere Dios, que lo libre ahora. ¿No decía que era Hijo de
Dios?». Hasta los que estaban crucificados con él lo insultaban.
Desde el mediodía hasta la media tarde vinieron tinieblas sobre toda
aquella región. A media tarde, Jesús gritó: «Elí, Elí, lamá sabaktaní». Es
decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Al oírlo algunos de
los que estaban por allí dijeron: «A Elías llama éste». Uno de ellos fue
corriendo; en seguida cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en
una caña, le dio de beber. Los demás decían: «Déjalo, a ver si viene Elías a
salvarlo». Jesús dio otro grito fuerte y exhaló el espíritu.
Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra
tembló, las rocas se rajaron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos
que habían muerto resucitaron. Después que él resucitó salieron de las tumbas,
entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos. El centurión y sus
hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba dijeron
aterrorizados: «Realmente éste era Hijo de Dios». Había allí muchas mujeres que
miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para
atenderlo; entre ellas, María Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y
la madre de los Zebedeos.
Al anochecer llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era
también discípulo de Jesús. Este acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús.
Y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo
envolvió en una sábana limpia; lo puso en el sepulcro nuevo que se había
excavado en una roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se
marchó. María Magdalena y la otra María se quedaron allí sentadas enfrente del
sepulcro.
A la mañana siguiente, pasado el día de la Preparación, acudieron en grupo
los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato y le dijeron: «Señor, nos hemos
acordado que aquel impostor estando en vida anunció: ‘A los tres días
resucitaré’. Por eso da orden de que vigilen el sepulcro hasta el tercer día,
no sea que vayan sus discípulos, se lleven el cuerpo y digan al pueblo: ‘Ha
resucitado de entre los muertos’. La última impostura sería peor que la
primera». Pilato contestó: «Ahí tenéis la guardia: id vosotros y asegurad la
vigilancia como sabéis». Ellos fueron, sellaron la piedra y con la guardia
aseguraron la vigilancia del sepulcro.
♡ Comentario:
Hoy se nos invita a contemplar el estilo de la realeza de Cristo salvador.
Jesús es Rey, y —precisamente— en el último domingo del año litúrgico
celebraremos a Nuestro Señor Jesucristo Rey del universo. Sí, Él es Rey, pero
su reino es el «Reino de la verdad y la vida, el Reino de la santidad y la
gracia, el Reino de la justicia, el amor y la paz» (Prefacio de la Solemnidad
de Cristo Rey). ¡Realeza sorprendente! Los hombres, con nuestra mentalidad
mundana, no estamos acostumbrados a eso.
Un Rey bueno, manso, que mira al bien de las almas: «Mi Reino no es de
este mundo» (Jn 18,36). Él deja hacer. Con tono despectivo y de burla, «‘¿Eres
tú el rey de los judíos?’. Jesús respondió: ‘Tú lo dices’» (Mt 27,11). Más
burla todavía: Jesús es parangonado con Barrabás, y la ciudadanía ha de escoger
la liberación de uno de los dos: «¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o
a Jesús, a quien llaman el Mesías?» (Mt 27,17). Y… ¡prefieren a Barrabás! (cf.
Mt 27,21). Y… Jesús calla y se ofrece en holocausto por nosotros, ¡que le
juzgamos!
Cuando poco antes había llegado a Jerusalén, con entusiasmo y sencillez,
«la gente, muy numerosa, extendió sus mantos por el camino; otros cortaban
ramas de los árboles y las tendían por el camino. Y la gente que iba delante y
detrás de él gritaba: ‘¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en
nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!’» (Mt 21,8-9). Pero, ahora, esos
mismos gritan: «‘Que lo crucifiquen’. Pilato insistió: ‘Pues, ¿qué mal ha
hecho?’. Pero ellos gritaban más fuerte: ‘¡Que lo crucifiquen!’» (Mt 27,
22-23). «‘¿A vuestro Rey voy a crucificar?’ Replicaron los sumos sacerdotes:
‘No tenemos más rey que el César’» (Jn 19,15).
Este Rey no se impone, se ofrece. Su realeza está impregnada de espíritu
de servicio. «No viene para conquistar gloria, con pompa y fastuosidad: no
discute ni alza la voz, no se hace sentir por las calles, sino que es manso y
humilde (…). No echemos delante de Él ni ramas de olivo, ni tapices o vestidos;
derramémonos nosotros mismos al máximo posible» (San Andrés de Creta, obispo).
* Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona,
España) © Textos de Evangeli.net
Aviso de ausenciaInformación para los lectores: “Pequeñas
Semillitas” no se editará durante esta Semana Santa. Volveremos el Domingo de
Pascua.
Palabras de San Juan Pablo II«Que las palmas y el olivo nos recuerden durante
todo el año, que aclamamos a Jesús como nuestro Rey y Señor. Y nos ayude para
que no seamos, con nuestros pecados, los que el viernes santo gritamos
«¡Crucifícale!»... Jesús, ten misericordia de nosotros»
Predicación del Evangelio:A las puertas de Semana SantaCon la celebración de este Domingo de Ramos abrimos el pórtico de la Semana
Santa. Desde el día de hoy hasta la noche pascual contemplaremos el misterio
doloroso de Jesús, y este ejercicio despertará en nosotros unos muy sinceros
afectos de admiración, de gratitud y de adhesión incondicional a quién da la
mayor prueba de amor. Le seguiremos con sumo interés y asombro desde su entrega
a la vejación y al dolor del poder de las tinieblas, hasta su triunfante glorificación.
Admiraremos su coraje y valentía, haciendo realidad las palabras de Isaías:
‘Y yo no resistí ni mi eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban,
las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni
salivazos’. Y las palabras de San Pablo a los filipenses: ‘Se rebajó hasta
someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz’. Sabemos que estos hechos
conforman la escena final de una vida dedicada a sostener a los cansados.
Recordaremos que Jesús, mientras vivía entregado al amor del Padre y a la
salvación de los hermanos, se mantuvo firme sabiendo que no quedaría
defraudado, que su generosidad daría fruto abundante: tanta generosidad
concluirá en la glorificación de Dios, la exaltación de Jesús mismo, y la
salvación del mundo: Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el
nombre-sobre-todo-nombre (…) de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se
doble en el cielo, en la tierra y en el abismo, y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Instruidos por esta doctrina, pondremos nuestra confianza total en Dios y
en su enviado, Jesús, y agradeceremos la salvación que nos ha sido merecida y
compartida personalmente por Él.
Participaremos de corazón y activamente en las celebraciones de esta semana
y nos esforzaremos por hacer nuestro vitalmente todo lo que celebramos,
negándonos a toda curiosidad o pasividad ante los hechos que conmemoramos y
apartando de nosotros toda angustia sentimental. Desde el reconocimiento
humilde de nuestro pecado, esperaremos con entereza la salvación que se nos
ofrece como un don gratuito
Estas disposiciones nos ayudarán igualmente a asumir con firmeza y confianza
nuestra porción de dolor en la historia de la humanidad y a conformar nuestra
vida y nuestras obras, a la vida y las obras de Jesús. Bien podemos iniciar un
cambio positivo con motivo de esta semana santa. El Señor lo espera y nosotros
tenemos necesidad de ello.
(Texto de Mons. Enric Prat)
Pedidos de oraciónDebido a que "Pequeñas Semillitas" no se publicará en toda la semana, incluimos hoy pedidos de oración para que las personas que mencionamos no queden sin recibir nuestras plegarias. El domingo próximo retomaremos los 'Agradecimientos' en la forma habitual.
💕 Pedimos oración para Laila, mujer de Córdoba, Argentina, de 42 años de edad, esposa y madre, que estando en otra ciudad sufrió un accidente cerebro vascular que le dejó muchas secuelas neurológicas, por lo que ahora se encuentra internada en un centro de rehabilitación para ser tratada de las mismas. La encomendamos a Jesús pidiéndole que derrame sobre ella todas sus gracias de sanación.
💕 Pedimos oración para Cecilia M., de Buenos Aires, Argentina, de aproximadamente 60 años de edad, que está internada con diagnóstico de pancreatitis y no se descarta que pueda haber un tumor a dicho nivel. Que la Santísima Virgen interceda por ella y el Señor la toque con Sus Manos Sanadoras para que se pueda curar.
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llegar con la Palabra de Dios y demás mensajes a más corazones de todo el mundo
que necesitan recibir la Buena Noticia del Salvador.
Y con los envíos por
email, cada día tenemos más dificultades para poder hacerlos, de modo que los
que se puedan pasar al Canal y dejar los emails, mucho mejor.
Hago un especial
agradecimiento a todas las personas que en estos días se han ido sumando al
canal, que en poco tiempo hemos superado los 400 miembros.
Meditaciones de CuaresmaDía 40º. Domingo 29 de marzo de 2026
Es necesario dar Gloria a Dios. Los discípulos
"trajeron la borrica y el pollino, y pusieron sobre ellos los mantos, y
encima de ellos montó Jesús. La mayor parte de la gente desplegaban sus mantos
por el camino, mientras que otros, cortando ramas de árboles, los extendían por
la calzada. La multitud que le precedía y la que le seguía gritaba, diciendo:
¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del señor! ¡Hosanna
en las alturas!" (Mt 21, 7,9).
¡Cómo alaban a Dios! Alabar a una persona es
decirle, ¡qué bien has hecho esto!; o qué buen amigo eres; o alguna otra
afirmación por el estilo.
Alabar significa que se reconoce algo bueno como
bueno; que se valora, y que se dice a quien lo ha hecho o a quien pertenece.
Esto es un gozo para quien lo escucha y para quien lo dice (si lo dice
sinceramente, y no para sacar algún beneficio).
Alabar a Dios es una obligación para toda criatura.
Es bueno que alabes muchas veces a Dios: que le digas lo bueno que es, que
agradezcas lo bien que ha hecho esto o aquello, la belleza del mundo, etc. Y
que cuando reces el gloria, lo hagas con esta intención.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo;
como era en un principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén
Los cinco minutos de San FranciscoMarzo: Cuaresma y Pascua
Día 29
Todopoderoso,
santísimo, altísimo y sumo Dios, Padre santo y justo, Señor del cielo y de la
tierra, te damos gracias por ti mismo, porque por tu santa voluntad, y por
medio de tu Hijo único, con el Espíritu Santo, creaste todas las cosas
espirituales y corporales, y a nosotros, hechos a ti imagen y semejanza, nos
colocaste en el paraíso. Y nosotros caímos por nuestra culpa.
(Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
FELIPE-Jardinero de Dios-(el más pequeñito de todos) BLOG de ”PEQUEÑAS SEMILLITAS”♡FACEBOOK de “FELIPE DE URCA”♡FACEBOOK de
“PEQUEÑAS SEMILLITAS”♡Canal de WHATSAPP de “PEQUEÑAS SEMILLITAS”♡”X” (ex TWITTER) de “PEQUEÑAS SEMILLITAS”♡INSTAGRAM: FELIPE DE URCA
sábado, 28 de marzo de 2026
Pequeñas Semillitas 6275
PEQUEÑAS
SEMILLITAS Año
21 - Número 6275 ~ Sábado 28 de Marzo de 2026Desde
la ciudad de Córdoba (Argentina)¡Alabado sea Jesucristo!
Si te acostumbras a ver siempre el lado positivo de las cosas, en las
dificultades, te superarás con más facilidad; en los desaciertos, te
sobrepondrás con voluntad; en las dudas, sabrás discernir con mayor seguridad;
en los momentos de soledad, el pesimismo no te doblegó; en la enfermedad,
sabrás luchar con la fe puesta en los bienes invisibles prometidos por Dios.
No digas nunca: "Es imposible". Propón soluciones concretas. No
digas nunca: "No soy capaz de lograrlo". Busca cómo dar pequeños
pasos. No digas nunca "No me acompaña la suerte". La suerte la haces
tú, no ella. No digas nunca: "Lo dejaré para mañana". Recuerda que el
hoy es lo que importa. Valora lo que tienes y, ¡adelante!, hacia las metas que
sueñas.
(PADRE NATALIO BÉRTOLO)
La Palabra de DiosLecturas del día- SÁBADO 5 DE CUARESMA -♡ Primera Lectura: Ezequiel 37, 21-28
♡ Salmo: Jeremías 31, 10. 11-12ab. 13
♡ Santo Evangelio: Jn 11,45-56
En aquel tiempo, muchos de los judíos que habían venido a casa de María,
viendo lo que había hecho, creyeron en Él. Pero algunos de ellos fueron donde
los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. Entonces los sumos
sacerdotes y los fariseos convocaron consejo y decían: «¿Qué hacemos? Porque
este hombre realiza muchas señales. Si le dejamos que siga así, todos creerán
en Él y vendrán los romanos y destruirán nuestro Lugar Santo y nuestra nación».
Pero uno de ellos, Caifás, que era el Sumo Sacerdote de aquel año, les dijo:
«Vosotros no sabéis nada, ni caéis en la cuenta que os conviene que muera uno
solo por el pueblo y no perezca toda la nación». Esto no lo dijo por su propia
cuenta, sino que, como era Sumo Sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a
morir por la nación —y no sólo por la nación, sino también para reunir en uno a
los hijos de Dios que estaban dispersos—. Desde este día, decidieron darle
muerte.
Por eso Jesús no andaba ya en público entre los judíos, sino que se retiró
de allí a la región cercana al desierto, a una ciudad llamada Efraim, y allí
residía con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua de los judíos, y muchos del
país habían subido a Jerusalén, antes de la Pascua para purificarse. Buscaban a
Jesús y se decían unos a otros estando en el Templo: «¿Qué os parece? ¿Que no
vendrá a la fiesta?». Los sumos sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes
de que, si alguno sabía dónde estaba, lo notificara para detenerle.
♡ Comentario:
Hoy, de camino hacia
Jerusalén, Jesús se sabe perseguido, vigilado, sentenciado, porque cuanto más
grande y novedosa ha sido su revelación —el anuncio del Reino— más amplia y más
clara ha sido la división y la oposición que ha encontrado en los oyentes (cf.
Jn 11,45-46).
Las palabras negativas de Caifás, «os conviene que muera uno solo por el
pueblo y no perezca toda la nación» (Jn 11,50), Jesús las asumirá positivamente
en la redención obrada por nosotros. Jesús, el Hijo Unigénito de Dios, ¡en la
Cruz muere por amor a todos! Muere para hacer realidad el plan del Padre, es
decir, «reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos» (Jn 11,52).
¡Y ésta es la maravilla y la creatividad de nuestro Dios! Caifás, con su
sentencia («Os conviene que muera uno solo...») no hace más que, por odio,
eliminar a un idealista; en cambio, Dios Padre, enviando a su Hijo por amor
hacia nosotros, hace algo maravilloso: convertir aquella sentencia malévola en
una obra de amor redentora, porque para Dios Padre, ¡cada hombre vale toda la
sangre derramada por Jesucristo!
De aquí a una semana cantaremos —en solemne vigilia— el Pregón pascual. A
través de esta maravillosa oración, la Iglesia hace alabanza del pecado
original. Y no lo hace porque desconozca su gravedad, sino porque Dios —en su
bondad infinita— ha obrado proezas como respuesta al pecado del hombre. Es
decir, ante el “disgusto original”, Él ha respondido con la Encarnación, con la
inmolación personal y con la institución de la Eucaristía. Por esto, la
liturgia cantará el próximo sábado: «¡Qué asombroso beneficio de tu amor por
nosotros! ¡Qué incomparable ternura y caridad! ¡Oh feliz culpa que mereció tal
Redentor!».
Ojalá que nuestras sentencias, palabras y acciones no sean impedimentos
para la evangelización, ya que de Cristo recibimos el encargo, también
nosotros, de reunir los hijos de Dios dispersos: «Id y enseñad a todas las
gentes» (Mt 28,19).
* Rev. D. Xavier ROMERO i Galdeano (Cervera, Lleida, España) © Textos de
Evangeli.net – Imagen: Misioneros Digitales Católicos.
Santoral Católico:AbadAbad y cofundador del
Císter. Nació en Meriot (Inglaterra) el año 1060, y de joven profesó la vida
monástica en Sherbone. Abandonó su monasterio y se marchó a París a estudiar.
Se arrepintió del mal paso dado, y acudió a Roma para pedir perdón. De regreso,
se detuvo en el monasterio de Molesmes, cuyo abad era san Roberto. Éste,
Alberico y Esteban fundaron el año 1098 el nuevo monasterio de Cîteaux
(Borgoña), origen de los cistercienses. Su principio inspirador era la voluntad
de restablecer la fiel obediencia a la Regla de San Benito en su integridad.
Cuando en 1109 murió Alberico, Estaban le sucedió como abad, y fue él quien
recibió a san Bernardo y quien lo envió, en 1115, a fundar la abadía de
Claraval. Organizó la centralidad del gobierno monacal con la «Carta de la
Caridad», para que no hubiera discordias entre los monjes y todos vivieran bajo
el mismo dictado de la caridad, observando la misma Regla y según costumbres
semejantes. En vida de Esteban fueron doce las fundaciones cistercienses. Murió
en Cîteaux (Francia) el año 1134.
Para más información hacer clic acá.
(Directorio Franciscano – Santo del día – Catholic.net)
Pensamiento del día«Tú, oh san José, tuviste la
suerte de morir asistido por Jesús y tu esposa María. ¡Nadie podría desear algo
mejor en el momento más decisivo de su vida! Asísteme, oh querido santo, en el
momento de mi muerte»
Tema del día:Podemos ser santosNo es difícil ser
santos. Porque ser santos no se trata de hacer muchas penitencias, o practicar
muchas devociones y oraciones, o hacer muchas obras, sino que ser santo se
simplifica en una sola cosa: amar. Efectivamente quien ama a Dios y al prójimo
ya es santo. Y cuanto más ame, tanto más santo será.
Tenemos que
acostumbrarnos a hacer cada cosa del día con mucho amor a Dios. Decirle que lo
amamos. Repetir frecuentemente el acto de amor que Jesús enseñara a Sor
Consolata Betrone: “JESÚS, MARÍA OS AMO, SALVAD LAS ALMAS”. Porque Dios lo
tiene todo y no necesita de nada ni de nadie. Pero no tiene nuestro corazón, y
lo quiere.
¿Acaso no es eso lo que
mandan los dos mandamientos más grandes que nos ha dicho el Señor: Amar a Dios
sobre todas las cosas y amar al prójimo como a nosotros mismos? Así de fácil es
la santidad. Entonces dejemos todas las demás cosas exteriores y lancémonos en
el mar del amor de Dios y del prójimo.
Porque si pensamos bien,
en el mundo de hoy hay una crisis de santidad, porque hay crisis de amor. ¿Por
qué el aborto? Porque no hay amor ¿Por qué las guerras? Porque falta amor. Y
todo problema se puede reducir en definitiva a la falta de amor.
Jesús quiere salvar al
mundo y nos vuelve a recordar que los hombres hemos sido hechos para amar, y
que sólo amando seremos perfectos, y estaremos felices en este mundo, y luego
en el Paraíso disfrutaremos en plenitud del Amor.
Hagamos cada acción del
día por amor a Dios. Digámosle al Señor muchas veces en el día, que lo amamos,
que no podemos vivir sin Él. Nosotros preocupémonos por amar a Dios y por nada
más, porque el Señor se ocupará de todo lo nuestro, como lo ha prometido a
varios Santos: que si nosotros nos preocupamos de Él y de sus cosas, de amarlo,
entonces Él se ocupará de nosotros y de nuestras cosas.
(Sitio Santísima Virgen – Imagen Omnes)
Biblioteca de “Pequeñas Semillitas”Contiene 400 artículos
que han sido publicadosen algo más de veinte
años de esta página,y que podrás leer o
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Biblioteca hacer clic acá: Meditaciones de CuaresmaDía 39º. Sábado 28 de marzo de 2026
Cámbiate por Jesús. Barrabás es un personaje del
evangelio que no parece muy importante, pero si nos fijamos, cada uno de
nosotros estamos representados por él. Cuando Barrabás iba a morir por haber
matado a un soldado, Jesús apareció y le cambiaron por él, y murió Jesús en vez
de Barrabás. El Señor se cambió por cada uno de nosotros para que no muriéramos
a la vida del alma y para que pudiéramos nacer de nuevo a la vida de la gracia
después del pecado, nacer a la vida para poder ir también al cielo. Todo lo que
hizo fue para que tuviéramos la oportunidad de amarle.
Y los hombres hemos pagado ese amor tuyo, Señor, con
pecados y faltas de amor. Jesús sabía que íbamos a pagarle así, que íbamos a
serle desagradecidos, y aun así decidió entregarse para que le amáramos.
Puedes imaginarte ahora tú, cambiándote por Jesús en
la Cruz de cada día: faenas que te hacen, enfados, cosas que no te salen,
pequeñas contrariedades... y tomar así tu cruz de cada día llevándola con
alegría.
Los cinco minutos de San FranciscoMarzo: Cuaresma y Pascua
Día 28
Siempre que lo deseen y ante todas las personas, mis
queridos hermanos, pueden proclamar, con la bendición de Dios, esta exhortación
o una alabanza similar:
Respeten y honren, alaben y bendigan al Señor Dios
todopoderoso, que es Uno y Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, creador de
todas las cosas. Hagan penitencia y produzcan frutos dignos de ella porque
pronto moriremos. Den y se les dará. Perdonen y se los perdonará. Y si no
perdonan los pecados a los demás, el Señor no perdonará los de ustedes.
Confiesen todos sus pecados. Felices los que mueren reconciliados porque
estarán en el Reino de los cielos. ¡Ay de aquellos que no mueren reconciliados,
porque serán hijos del maligno! Cuídense y absténganse de todo mal y sean
perseverantes en hacer el bien hasta el final.
(Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
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