domingo, 5 de abril de 2026

Pequeñas Semillitas 6277

PEQUEÑAS SEMILLITAS
 
Año 21 - Número 6277 ~ Domingo 5 de Abril de 2026
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
¡Alabado sea Jesucristo!
“Evangelio” significa Buena Noticia. Hoy se nos da la mejor de las noticias: Cristo ha resucitado. San Pablo escribió en su primera carta a los Corintios que “si Cristo no hubiera resucitado nuestra fe sería vana”, descansaría en el vacío y en la muerte. Pero Cristo resucitó y nuestra fe se acrecienta en la esperanza de que nosotros también un día podemos resucitar y entrar en la vida definitiva. Proclamar la Resurrección es anunciar que la muerte está vencida, que la muerte no es el final.
Por eso se enciende el cirio pascual en la liturgia: para recordarnos que Cristo está vivo entre nosotros. Repitiendo a san Pablo, si Cristo no hubiera resucitado seríamos “los más miserables de los hombres”. Es el día de reavivar el compromiso bautismal para estar más unidos a Cristo, como se hacía anoche en la Vigilia. Hoy saludamos con alegría a la Virgen María, que fue la que más se alegró en ese día. Y le pedimos que nos ayude a que vivamos en nuestro corazón el misterio de esta alegría, para que podamos dar testimonio en nuestro trabajo de cada día del amor y la esperanza que Cristo resucitado nos da en nuestro caminar.
¡El Señor vive! ¡Ha resucitado como lo había dicho! Esta alborada, es el sol más brillante del año, el amanecer con más futuro para el hombre, la noticia que ningún medio de comunicación social tendría que dejar de señalar en primera página: ¡Hoy el hombre, por fin, tiene solución! ¡Cristo ha resucitado!
 
La Palabra de Dios
Lecturas del día
- DOMINGO DE PASCUA (MISA DEL DÍA) -
Primera Lectura: Hechos 10, 34a. 37-43
 
Salmo: Sal 117, 1-2. 16ab-17. 22-23
 
Segunda Lectura: Colosenses 3, 1-4
 
Santo Evangelio: Jn 20,1-9
El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto».
Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó, pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos.
 
Comentario:
Hoy «es el día que hizo el Señor», iremos cantando a lo largo de toda la Pascua. Y es que esta expresión del Salmo 117 inunda la celebración de la fe cristiana. El Padre ha resucitado a su Hijo Jesucristo, el Amado, Aquél en quien se complace porque ha amado hasta dar su vida por todos.
Vivamos la Pascua con mucha alegría. Cristo ha resucitado: celebrémoslo llenos de alegría y de amor. Hoy, Jesucristo ha vencido a la muerte, al pecado, a la tristeza... y nos ha abierto las puertas de la nueva vida, la auténtica vida, la que el Espíritu Santo va dándonos por pura gracia. ¡Que nadie esté triste! Cristo es nuestra Paz y nuestro Camino para siempre. Él hoy «manifiesta plenamente el hombre al mismo hombre y le descubre su altísima vocación» (Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes 22).
El gran signo que hoy nos da el Evangelio es que el sepulcro de Jesús está vacío. Ya no tenemos que buscar entre los muertos a Aquel que vive, porque ha resucitado. Y los discípulos, que después le verán Resucitado, es decir, lo experimentarán vivo en un encuentro de fe maravilloso, captan que hay un vacío en el lugar de su sepultura. Sepulcro vacío y apariciones serán las grandes señales para la fe del creyente. El Evangelio dice que «entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó» (Jn 20,8). Supo captar por la fe que aquel vacío y, a la vez, aquella sábana de amortajar y aquel sudario bien doblados eran pequeñas señales del paso de Dios, de la nueva vida. El amor sabe captar aquello que otros no captan, y tiene suficiente con pequeños signos. El «discípulo a quien Jesús quería» (Jn 20,2) se guiaba por el amor que había recibido de Cristo.
“Ver y creer” de los discípulos que han de ser también los nuestros. Renovemos nuestra fe pascual. Que Cristo sea en todo nuestro Señor. Dejemos que su Vida vivifique a la nuestra y renovemos la gracia del bautismo que hemos recibido. Hagámonos apóstoles y discípulos suyos. Guiémonos por el amor y anunciemos a todo el mundo la felicidad de creer en Jesucristo. Seamos testigos esperanzados de su Resurrección.
* Mons. Joan Enric VIVES i Sicília Obispo Emérito de Urgell (Lleida, España) © Textos de Evangeli.net - Imagen: Misioneros Digitales Católicos.
 
Palabras de San Juan Pablo II
«No existe una Pascua verdadera sin la reconciliación con Dios desde lo profundo del corazón. Es Dios quien nos ofrece esa reconciliación. Sólo tenemos que acogerla, renovándonos interiormente acercándonos al sacramento del perdón... La resurrección de Cristo abre ante al hombre la última perspectiva de la Alianza; la “glorificación” de todo el ser humano, espiritual y corporal en Dios... De Cristo resucitado toda nuestra vida recibe luz y esperanza»
 
Predicación del Evangelio:
Misterio de esperanza
Creer en el Resucitado es resistirnos a aceptar que nuestra vida es solo un pequeño paréntesis entre dos inmensos vacíos. Apoyándonos en Jesús, resucitado por Dios, intuimos, deseamos y creemos que Dios está conduciendo hacia su verdadera plenitud el anhelo de vida, de justicia y de paz que se encierra en el corazón de la humanidad y en la creación entera.
 
Creer en el Resucitado es rebelarnos con todas nuestras fuerzas contra el hecho de que esa inmensa mayoría de hombres, mujeres y niños, que solo ha conocido en esta vida miseria, humillación y sufrimientos, quede olvidada para siempre.
 
Creer en el Resucitado es confiar en una vida en la que ya no habrá pobreza ni dolor, nadie estará triste, nadie tendrá que llorar. Por fin podremos ver a los que vienen en pateras llegar a su verdadera patria.
 
Creer en el Resucitado es acercarnos con esperanza a tantas personas sin salud, enfermos crónicos, discapacitados físicos y psíquicos, personas hundidas en la depresión, cansadas de vivir y de luchar. Un día conocerán lo que es vivir con paz y salud total. Escucharán las palabras del Padre: «Entra para siempre en el gozo de tu Señor».
 
Creer en el Resucitado es no resignarnos a que Dios sea para siempre un «Dios oculto» del que no podamos conocer su mirada, su ternura y sus abrazos. Lo encontraremos encarnado para siempre gloriosamente en Jesús.
 
Creer en el Resucitado es confiar en que nuestros esfuerzos por un mundo más humano y dichoso no se perderán en el vacío. Un día feliz, los últimos serán los primeros y las prostitutas nos precederán en el reino.
 
Creer en el Resucitado es saber que todo lo que aquí ha quedado a medias, lo que no ha podido ser, lo que hemos estropeado con nuestra torpeza o nuestro pecado, todo alcanzará en Dios su plenitud. Nada se perderá de lo que hemos vivido con amor o a lo que hemos renunciado por amor.
 
Creer en el Resucitado es esperar que las horas alegres y las experiencias amargas, las «huellas» que hemos dejado en las personas y en las cosas, lo que hemos construido con amor, quedará transfigurado. Ya no conoceremos la amistad que termina, la fiesta que se acaba ni la despedida que entristece. Dios será todo en todos.
 
Creer en el Resucitado es creer que un día escucharemos estas increíbles palabras que el libro del Apocalipsis pone en labios de Dios: «Yo soy el origen y el final de todo. Al que tenga sed, yo le daré gratis del manantial del agua de la vida». Ya no habrá muerte ni habrá llanto, no habrá gritos ni fatigas, porque todo eso habrá pasado.
(P. José Antonio Pagola - Imagen: kindergruppe)

Biblioteca de “Pequeñas Semillitas”
 
Contiene 400 artículos que han sido publicados
en algo más de veinte años de esta página,
y que podrás leer o bajar a tu dispositivo.
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Agradecimientos
Imaginemos que en el cielo hay dos oficinas diferentes para tratar lo relativo a las oraciones de las personas en la tierra:
Una es para receptar pedidos de diversas gracias, y allí los muchos ángeles que atienden trabajan intensamente y sin descanso por la cantidad de peticiones que llegan en todo momento.
La otra oficina es para recibir los agradecimientos por las gracias concedidas y en ella hay un par de ángeles aburridos porque prácticamente no les llega ningún mensaje de los hombres desde la tierra para dar gracias...
Desde esta sección de "Pequeñas Semillitas" pretendemos juntar una vez por semana (los domingos) todos los mensajes para la segunda oficina: agradecimientos por favores y gracias concedidas como respuesta a nuestros pedidos de oración.
 
💕 Desde "Pequeñas Semillitas" agradecemos a Dios, a la Santísima Virgen de Lourdes y a San José, poder regresar nuevamente con nuestras publicaciones diarias, como lo hacemos desde hace más de veinte años de estar presentes llevando la Palabra de Dios al mundo de habla hispana.
 
Oremos: Bendito seas, Dios mío, porque a pesar de ser yo indigno de toda ayuda, tu generosidad e infinita bondad nunca dejan de otorgar el bien aún a los ingratos y a los que se han apartado de ti. Conviértenos a ti, para que seamos agradecidos, humildes y piadosos, pues Tú eres nuestra salud, nuestra fortaleza y nuestra salvación.
 
Meditaciones de “Pequeñas Semillitas”
¿Qué sintió la Virgen María al ver a su Hijo vivo? ¿Qué sintió Magdalena, o Juan, o Pedro? Eso es lo que tenemos que sentir nosotros. Tendríamos que amar a Cristo tanto como ellos. Tanto como para decir, como seguro que dijeron ellos: "Estoy feliz sólo por eso, sólo porque él, que había muerto, ha resucitado. No estoy contento en primer lugar por ser rico, por ser joven, por estar sano y ni siquiera porque me quiere la persona que yo quiero. El principal motivo de mi alegría es que Cristo, que estaba muerto, ha resucitado". Si la resurrección de Cristo debe servir para algo, debe ser ante todo causa de eso: de alegría para mí, como creyente y amigo suyo, porque Él, que había muerto por mí, ha resucitado.
Después, esa resurrección debe ser también un motivo de esperanza. La esperanza en la vida eterna, que tenemos la certeza de que existe precisamente porque Cristo ha vuelto a la vida tras haber conocido la muerte. Motivo, también, de esperanza en la justicia de Dios, de la que podemos estar seguros pues la historia de Cristo nos demuestra que, aunque el mal tiene su poder y gana sus batallas, el bien siempre termina venciendo, siempre tiene la última palabra.
Cristo vive y estoy feliz por ello. Cristo vive y yo puedo tener esperanza, puedo creer en la fuerza del amor, puedo creer que es más fuerte que el odio, que la violencia, que el pecado. No lo olvidemos esta semana de Pascua, pero sobre todo no lo olvidemos nunca, tampoco cuando se esté en las horas oscuras de otro Viernes Santo.
(P. Santiago Martín)
🌸
Resucitar con Cristo es dejar atrás nuestra historia de pecado, de malos hábitos, rescatando lo bueno que hay en nosotros para ser mejores cristianos.
Resucitar con Cristo es dar valor a lo que verdaderamente importa, a lo que nunca muere para reflejar en los demás el amor divino junto con los dones sobrenaturales que dan trascendencia al hombre.
Resucitar con Cristo es vivir en la fe, es cuidarla, y mantenerla encendida mediante la oración sincera.
Resucitar con Cristo es crucificar todo lo que puede enfermar nuestro cuerpo o nuestra alma.
Resucitar con Cristo es no seguir la corriente del mundo cuando nos invita a una vida consumista, light y egoísta, porque este tipo de vida nos lleva al vacío interior y a la desolación espiritual y Dios quiere que tengamos una vida plena en la verdad y el amor.
Resucitar con Cristo es estar atento y examinar todas las cosas, es sacarle las vendas al pecado, descubrir el engaño y ver lo que está mal. Es dejar de lado todo lo que nos impide ser mejores, lo que distrae y  nos impide crecer en la fe.
Resucitar con Cristo es no coquetear con otras doctrinas o pensamientos que no sean los de Jesús.
Resucitar con Cristo es vivir para servir a los demás según los dones y talentos que hemos recibido porque la entrada a su Reino está condicionada a las obras de caridad que hayamos realizado.
 
Los cinco minutos de San Francisco
Abril: Ser peregrinos
Día 5
El hermano Bernardo y el hermano Pedro, dos jóvenes de Asís, fueron los primeros en seguir a Francisco. Ellos se presentaron ante él y simplemente le dijeron: “A partir de hoy queremos vivir contigo y vivir como vives tú. Dinos entonces lo que tenemos que hacer con nuestros bienes”. Francisco se alegró mucho de su venida y de sus intenciones, y les respondió con amor: “Vayamos a pedirle consejo al Señor”.
Entonces se dirigieron a una iglesia de la ciudad de Asís, entraron, se arrodillaron y humildemente rezaron así: “Señor Dios, Padre glorioso, te rogamos que por tu bondad, nos muestres lo que debemos hacer”. Y, terminada su oración, le dijeron al sacerdote allí presente: “Señor, déjanos ver el evangelio de nuestro Señor Jesucristo”.
El sacerdote abrió el libro, porque ellos todavía no sabían manejarlo debidamente. Y en el acto dieron con el texto en que está escrito: Si quieres ser perfecto, ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo (Mt 19,20). Al consultar otra vez el libro, se toparon con el texto: El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue su cruz y me siga (Mt 16,24). Por último se les presentaron estas palabras: No lleven nada para el camino (Lc 9,3).
Al oír estas palabras experimentaron una inmensa alegría y exclamaron: “¡Esto es lo que anhelábamos y buscábamos!” Y Francisco agregó: “Esta será nuestra Regla. Vayan, entonces, y pongan en práctica la respuesta que han recibido del Señor”.
(Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)

FELIPE
-Jardinero de Dios-
(el más pequeñito de todos)
 
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lunes, 30 de marzo de 2026

Aviso de ausencia

“Pequeñas Semillitas” no se editará durante esta Semana Santa.
Volveremos el Domingo de Pascua.
Felipe

domingo, 29 de marzo de 2026

Pequeñas Semillitas 6276

PEQUEÑAS SEMILLITAS
 
Año 21 - Número 6276 ~ Domingo 29 de Marzo de 2026
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
¡Alabado sea Jesucristo!
La liturgia de este día tiene dos partes bien diferenciadas. La primera es la bendición y procesión de ramos y la segunda, que es la Eucaristía, tiene como tono especial la lectura de la Pasión de Jesús. La ceremonia en torno a los ramos nos recuerda el triunfo de Jesús, que es como un anuncio del triunfo final de la resurrección. Para llegar a ese triunfo final, Jesús pasará por la Pasión y muerte en cruz. Es como una consecuencia de todo su obrar en la vida; pero al final, por medio de la resurrección, Dios toma posición en su favor e iluminará todo el dolor y la cruz.
En el evangelio de hoy es el relato de la Pasión. Jesús es presentado como un profeta y es plenamente consciente de lo que le sucederá si permanece fiel a la voluntad de Dios.
Si soy seguidor de Jesús, también estoy llamado a vivir como profeta en mi vida diaria. La misión profética comienza escuchando la palabra de Dios. Jesús reveló las consecuencias de recibir esa palabra cada día: acoger a los más necesitados; perdonar a los pecadores; alzar la voz con valentía contra la injusticia, sea grande o pequeña; solidarizarnos con los marginados, los inmigrantes, los presos, los sin techo y los afligidos. Y hay más. Cada uno de nosotros debe examinar su propia vida y responder a la pregunta: "¿Cómo se me llama hoy a seguir a Jesús?"
 
La Palabra de Dios
Lecturas del día
- DOMINGO DE RAMOS (A) -
Primera Lectura: Ezequiel 37, 12-14
 
Salmo: Sal 129, 1-2. 3-4ab. 4c-6. 7-8
 
Segunda Lectura: Romanos 8, 8-11
 
Santo Evangelio: Mt 26,14—27,66
En aquel tiempo uno de los doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: «¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?». Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?». Él contestó: «Id a casa de Fulano y decidle: ‘El Maestro dice: mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos’». Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.
Al atardecer se puso a la mesa con los doce. Mientras comían dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar». Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro: «¿Soy yo acaso, Señor?». Él respondió: «El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del Hombre se va como está escrito de Él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del Hombre!, más le valdría no haber nacido». Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: «¿Soy yo acaso, Maestro?». Él respondió: «Así es».
Durante la cena, Jesús cogió pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a los discípulos diciendo: «Tomad, comed: esto es mi cuerpo». Y cogiendo un cáliz pronunció la acción de gracias y se lo pasó diciendo: «Bebed todos; porque ésta es mi sangre, sangre de la alianza derramada por todos para el perdón de los pecados. Y os digo que no beberé más del fruto de la vid hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo en el reino de mi Padre».
Cantaron el salmo y salieron para el monte de los Olivos. Entonces Jesús les dijo: «Esta noche vais a caer todos por mi causa, porque está escrito: ‘Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño’. Pero cuando resucite, iré antes que vosotros a Galilea». Pedro replicó: «Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré». Jesús le dijo: «Te aseguro que esta noche, antes que el gallo cante tres veces, me negarás». Pedro le replicó: «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré». Y lo mismo decían los demás discípulos.
Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y les dijo: «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar». Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a entristecerse y a angustiarse. Entonces dijo: «Me muero de tristeza: quedaos aquí y velad conmigo». Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo: «Padre mío, si es posible que pase y se aleje de mí ese cáliz. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres». Y se acercó a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro: «¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu es decidido, pero la carne es débil». De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo: «Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad». Y viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque estaban muertos de sueño. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba repitiendo las mismas palabras. Luego se acercó a sus discípulos y les dijo: «Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora y el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega».
Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los doce, acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, mandado por los sumos sacerdotes y los senadores del pueblo. El traidor les había dado esta contraseña: «Al que yo bese, ése es: detenedlo». Después se acercó a Jesús y le dijo: «¡Salve, Maestro!». Y lo besó. Pero Jesús le contestó: «Amigo, ¿a qué vienes?». Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano para detenerlo. Uno de los que estaban con Él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús le dijo: «Envaina la espada: quien usa espada, a espada morirá. ¿Piensas tú que no puedo acudir a mi Padre? El me mandaría en seguida más de doce legiones de ángeles. Pero entonces no se cumpliría la Escritura, que dice que esto tiene que pasar». Entonces dijo Jesús a la gente: «¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos como a un bandido? A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me detuvisteis». Todo esto ocurrió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas. En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.
Los que detuvieron a Jesús lo llevaron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se habían reunido los letrados y los senadores. Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver en qué paraba aquello. Los sumos sacerdotes y el consejo en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente, comparecieron dos que declararon: «Éste ha dicho: ‘Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días’».
El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo: «¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?». Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo: «Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios». Jesús le respondió: «Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: desde ahora veréis que el Hijo del Hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo». Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo: «Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué decidís?». Y ellos contestaron: «Es reo de muerte». Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros; lo golpearon diciendo: «Haz de profeta, Mesías; dinos quién te ha pegado».
Pedro estaba sentado fuera en el patio y se le acercó una criada y le dijo: «También tú andabas con Jesús el Galileo». Él lo negó delante de todos diciendo: «No sé qué quieres decir». Y al salir al portal lo vio otra y dijo a los que estaban allí: «Éste andaba con Jesús el Nazareno». Otra vez negó él con juramento: «No conozco a ese hombre». Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron: «Seguro; tú también eres de ellos, se te nota en el acento». Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar diciendo: «No conozco a ese hombre». Y en seguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús: «Antes de que cante el gallo me negarás tres veces». Y saliendo afuera, lloró amargamente.
Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los senadores del pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús. Y atándolo lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador.
Entonces el traidor sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y senadores diciendo: «He pecado, he entregado a la muerte a un inocente». Pero ellos dijeron: «¿A nosotros qué? ¡Allá tú!». Él, arrojando las monedas en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó. Los sacerdotes, recogiendo las monedas dijeron: «No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas porque son precio de sangre». Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía "Campo de Sangre". Así se cumplió lo escrito por Jeremías el profeta: «Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado, según la tasa de los hijos de Israel, y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me lo había ordenado el Señor».
Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Jesús respondió: «Tú lo dices». Y mientras lo acusaban los sumos sacerdotes y los senadores no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó: «¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?». Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado.
Por la fiesta, el gobernador solía soltar un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, dijo Pilato: «¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?» pues sabía que se lo habían entregado por envidia. Y mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir: «No te metas con ese justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con Él».
Pero los sumos sacerdotes y los senadores convencieron a la gente que pidieran el indulto de Barrabás y la muerte de Jesús. El gobernador preguntó: «¿A cuál de los dos queréis que os suelte?». Ellos dijeron: «A Barrabás». Pilato les preguntó: «¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?». Contestaron todos: «Que lo crucifiquen». Pilato insistió: «Pues, ¿qué mal ha hecho?». Pero ellos gritaban más fuerte: «¡Que lo crucifiquen!». Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos en presencia del pueblo, diciendo: «Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros!». Y el pueblo entero contestó: «¡Su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!». Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.
Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de Él a toda la compañía: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y, trenzando una corona de espinas se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante Él la rodilla, se burlaban de él diciendo: «¡Salve, rey de los judíos!». Luego lo escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.
Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a que llevara la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir "La Calavera"), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes, y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Éste es Jesús, el rey de los judíos». Crucificaron con Él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los que pasaban, lo injuriaban y decían meneando la cabeza: «Tú que, destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz». «Los sumos sacerdotes con los letrados y los senadores se burlaban también diciendo: «A otros ha salvado y Él no se puede salvar. ¿No es el Rey de Israel? Que baje ahora de la cruz y le creeremos. ¿No ha confiado en Dios? Si tanto lo quiere Dios, que lo libre ahora. ¿No decía que era Hijo de Dios?». Hasta los que estaban crucificados con él lo insultaban.
Desde el mediodía hasta la media tarde vinieron tinieblas sobre toda aquella región. A media tarde, Jesús gritó: «Elí, Elí, lamá sabaktaní». Es decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Al oírlo algunos de los que estaban por allí dijeron: «A Elías llama éste». Uno de ellos fue corriendo; en seguida cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber. Los demás decían: «Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo». Jesús dio otro grito fuerte y exhaló el espíritu.
Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se rajaron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron. Después que él resucitó salieron de las tumbas, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos. El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba dijeron aterrorizados: «Realmente éste era Hijo de Dios». Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para atenderlo; entre ellas, María Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los Zebedeos.
Al anochecer llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús. Este acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia; lo puso en el sepulcro nuevo que se había excavado en una roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó. María Magdalena y la otra María se quedaron allí sentadas enfrente del sepulcro.
A la mañana siguiente, pasado el día de la Preparación, acudieron en grupo los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato y le dijeron: «Señor, nos hemos acordado que aquel impostor estando en vida anunció: ‘A los tres días resucitaré’. Por eso da orden de que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, se lleven el cuerpo y digan al pueblo: ‘Ha resucitado de entre los muertos’. La última impostura sería peor que la primera». Pilato contestó: «Ahí tenéis la guardia: id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis». Ellos fueron, sellaron la piedra y con la guardia aseguraron la vigilancia del sepulcro.
 
Comentario:
Hoy se nos invita a contemplar el estilo de la realeza de Cristo salvador. Jesús es Rey, y —precisamente— en el último domingo del año litúrgico celebraremos a Nuestro Señor Jesucristo Rey del universo. Sí, Él es Rey, pero su reino es el «Reino de la verdad y la vida, el Reino de la santidad y la gracia, el Reino de la justicia, el amor y la paz» (Prefacio de la Solemnidad de Cristo Rey). ¡Realeza sorprendente! Los hombres, con nuestra mentalidad mundana, no estamos acostumbrados a eso.
Un Rey bueno, manso, que mira al bien de las almas: «Mi Reino no es de este mundo» (Jn 18,36). Él deja hacer. Con tono despectivo y de burla, «‘¿Eres tú el rey de los judíos?’. Jesús respondió: ‘Tú lo dices’» (Mt 27,11). Más burla todavía: Jesús es parangonado con Barrabás, y la ciudadanía ha de escoger la liberación de uno de los dos: «¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?» (Mt 27,17). Y… ¡prefieren a Barrabás! (cf. Mt 27,21). Y… Jesús calla y se ofrece en holocausto por nosotros, ¡que le juzgamos!
Cuando poco antes había llegado a Jerusalén, con entusiasmo y sencillez, «la gente, muy numerosa, extendió sus mantos por el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino. Y la gente que iba delante y detrás de él gritaba: ‘¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!’» (Mt 21,8-9). Pero, ahora, esos mismos gritan: «‘Que lo crucifiquen’. Pilato insistió: ‘Pues, ¿qué mal ha hecho?’. Pero ellos gritaban más fuerte: ‘¡Que lo crucifiquen!’» (Mt 27, 22-23). «‘¿A vuestro Rey voy a crucificar?’ Replicaron los sumos sacerdotes: ‘No tenemos más rey que el César’» (Jn 19,15).
Este Rey no se impone, se ofrece. Su realeza está impregnada de espíritu de servicio. «No viene para conquistar gloria, con pompa y fastuosidad: no discute ni alza la voz, no se hace sentir por las calles, sino que es manso y humilde (…). No echemos delante de Él ni ramas de olivo, ni tapices o vestidos; derramémonos nosotros mismos al máximo posible» (San Andrés de Creta, obispo).
* Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España) © Textos de Evangeli.net 
 
Aviso de ausencia
Información para los lectores: “Pequeñas Semillitas” no se editará durante esta Semana Santa. Volveremos el Domingo de Pascua.
 
Palabras de San Juan Pablo II
«Que las palmas y el olivo nos recuerden durante todo el año, que aclamamos a Jesús como nuestro Rey y Señor. Y nos ayude para que no seamos, con nuestros pecados, los que el viernes santo gritamos «¡Crucifícale!»... Jesús, ten misericordia de nosotros»
 
Predicación del Evangelio:
A las puertas de Semana Santa
Con la celebración de este Domingo de Ramos abrimos el pórtico de la Semana Santa. Desde el día de hoy hasta la noche pascual contemplaremos el misterio doloroso de Jesús, y este ejercicio despertará en nosotros unos muy sinceros afectos de admiración, de gratitud y de adhesión incondicional a quién da la mayor prueba de amor. Le seguiremos con sumo interés y asombro desde su entrega a la vejación y al dolor del poder de las tinieblas, hasta su triunfante glorificación.
 
Admiraremos su coraje y valentía, haciendo realidad las palabras de Isaías: ‘Y yo no resistí ni mi eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos’. Y las palabras de San Pablo a los filipenses: ‘Se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz’. Sabemos que estos hechos conforman la escena final de una vida dedicada a sostener a los cansados.
 
Recordaremos que Jesús, mientras vivía entregado al amor del Padre y a la salvación de los hermanos, se mantuvo firme sabiendo que no quedaría defraudado, que su generosidad daría fruto abundante: tanta generosidad concluirá en la glorificación de Dios, la exaltación de Jesús mismo, y la salvación del mundo: Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el nombre-sobre-todo-nombre (…) de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
 
Instruidos por esta doctrina, pondremos nuestra confianza total en Dios y en su enviado, Jesús, y agradeceremos la salvación que nos ha sido merecida y compartida personalmente por Él.
 
Participaremos de corazón y activamente en las celebraciones de esta semana y nos esforzaremos por hacer nuestro vitalmente todo lo que celebramos, negándonos a toda curiosidad o pasividad ante los hechos que conmemoramos y apartando de nosotros toda angustia sentimental. Desde el reconocimiento humilde de nuestro pecado, esperaremos con entereza la salvación que se nos ofrece como un don gratuito
 
Estas disposiciones nos ayudarán igualmente a asumir con firmeza y confianza nuestra porción de dolor en la historia de la humanidad y a conformar nuestra vida y nuestras obras, a la vida y las obras de Jesús. Bien podemos iniciar un cambio positivo con motivo de esta semana santa. El Señor lo espera y nosotros tenemos necesidad de ello.
(Texto de Mons. Enric Prat)
 
Pedidos de oración
Debido a que "Pequeñas Semillitas" no se publicará en toda la semana, incluimos hoy pedidos de oración para que las personas que mencionamos no queden sin recibir nuestras plegarias. El domingo próximo retomaremos los 'Agradecimientos' en la forma habitual.
 
💕 Pedimos oración para Laila, mujer de Córdoba, Argentina, de 42 años de edad, esposa y madre, que estando en otra ciudad sufrió un accidente cerebro vascular que le dejó muchas secuelas neurológicas, por lo que ahora se encuentra internada en un centro de rehabilitación para ser tratada de las mismas. La encomendamos a Jesús pidiéndole que derrame sobre ella todas sus gracias de sanación.
 
💕 Pedimos oración para Cecilia M., de Buenos Aires, Argentina, de aproximadamente 60 años de edad, que está internada con diagnóstico de pancreatitis y no se descarta que pueda haber un tumor a dicho nivel. Que la Santísima Virgen interceda por ella y el Señor la toque con Sus Manos Sanadoras para que se pueda curar.
 
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Y con los envíos por email, cada día tenemos más dificultades para poder hacerlos, de modo que los que se puedan pasar al Canal y dejar los emails, mucho mejor.
Hago un especial agradecimiento a todas las personas que en estos días se han ido sumando al canal, que en poco tiempo hemos superado los 400 miembros.
 
Meditaciones de Cuaresma
Día 40º. Domingo 29 de marzo de 2026
Es necesario dar Gloria a Dios. Los discípulos "trajeron la borrica y el pollino, y pusieron sobre ellos los mantos, y encima de ellos montó Jesús. La mayor parte de la gente desplegaban sus mantos por el camino, mientras que otros, cortando ramas de árboles, los extendían por la calzada. La multitud que le precedía y la que le seguía gritaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del señor! ¡Hosanna en las alturas!" (Mt 21, 7,9).
¡Cómo alaban a Dios! Alabar a una persona es decirle, ¡qué bien has hecho esto!; o qué buen amigo eres; o alguna otra afirmación por el estilo.
Alabar significa que se reconoce algo bueno como bueno; que se valora, y que se dice a quien lo ha hecho o a quien pertenece. Esto es un gozo para quien lo escucha y para quien lo dice (si lo dice sinceramente, y no para sacar algún beneficio).
Alabar a Dios es una obligación para toda criatura. Es bueno que alabes muchas veces a Dios: que le digas lo bueno que es, que agradezcas lo bien que ha hecho esto o aquello, la belleza del mundo, etc. Y que cuando reces el gloria, lo hagas con esta intención.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo; como era en un principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén
 
Los cinco minutos de San Francisco
Marzo: Cuaresma y Pascua
Día 29
Todopoderoso, santísimo, altísimo y sumo Dios, Padre santo y justo, Señor del cielo y de la tierra, te damos gracias por ti mismo, porque por tu santa voluntad, y por medio de tu Hijo único, con el Espíritu Santo, creaste todas las cosas espirituales y corporales, y a nosotros, hechos a ti imagen y semejanza, nos colocaste en el paraíso. Y nosotros caímos por nuestra culpa.
(Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
 
FELIPE
-Jardinero de Dios-
(el más pequeñito de todos)
 
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