PEQUEÑAS
SEMILLITAS
Año
21 - Número 6262 ~ Domingo 15 de Marzo de 2026
Desde
la ciudad de Córdoba (Argentina)
¡Alabado sea Jesucristo!
En estos domingos de Cuaresma, a través de los pasajes del evangelio de
san Juan, la liturgia nos hace recorrer un verdadero itinerario bautismal: el
domingo pasado, Jesús prometió a la samaritana el don del «agua viva»; hoy,
curando al ciego de nacimiento, se revela como «la luz del mundo»; el domingo
próximo, resucitando a su amigo Lázaro, se presentará como «la resurrección y
la vida». Agua, luz y vida: son símbolos del bautismo, sacramento que «sumerge»
a los creyentes en el misterio de la muerte y resurrección de Cristo,
liberándolos de la esclavitud del pecado y dándoles la vida eterna.
Hoy escuchamos del encuentro de Jesús con el hombre nacido ciego, y por
eso nos habla de la luz... La luz ya brilla. Cristo no avergüenza ni acusa al
ciego; lo busca, incluso después de que otros lo rechazaran. La luz de Cristo
no es una interrogación severa. Es una iluminación sanadora.
La luz puede ser una palabra amable, una amistad firme, una postura
valiente a favor de lo correcto, una parroquia que acoge en lugar de filtrar.
Mientras muchos tropiezan en las sombras, incluso una pequeña llama puede
marcar la diferencia. Cristo no nos pide que creemos la luz. Solo nos pide que
dejemos que su luz brille a través de nosotros.
La Palabra de Dios
Lecturas del día
- DOMINGO 4 DE CUARESMA -
♡ Primera Lectura: 1 Samuel 16, 1b. 6-7. 10-13a
♡ Salmo: Sal 22, 1-3a, 3b-4. 5. 6
♡ Segunda Lectura: Efesios 5, 8-14
♡ Santo Evangelio: Jn 9,1-41
En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le
preguntaron sus discípulos: «Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya
nacido ciego?». Respondió Jesús: «Ni él pecó ni sus padres; es para que se
manifiesten en él las obras de Dios. Tenemos que trabajar en las obras del que
me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar.
Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo». Dicho esto, escupió en tierra,
hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego y le dijo:
«Vete, lávate en la piscina de Siloé» (que quiere decir Enviado). Él fue, se
lavó y volvió ya viendo.
Los vecinos y los que solían verle antes, pues era mendigo, decían: «¿No
es éste el que se sentaba para mendigar?». Unos decían: «Es él». «No, decían
otros, sino que es uno que se le parece». Pero él decía: «Soy yo». Le dijeron
entonces: «¿Cómo, pues, se te han abierto los ojos?». Él respondió: «Ese hombre
que se llama Jesús, hizo barro, me untó los ojos y me dijo: ‘Vete a Siloé y
lávate’. Yo fui, me lavé y vi». Ellos le dijeron: «¿Dónde está ése?». El
respondió: «No lo sé».
Lo llevan donde los fariseos al que antes era ciego. Pero era sábado el
día en que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos a su vez le
preguntaron cómo había recobrado la vista. Él les dijo: «Me puso barro sobre
los ojos, me lavé y veo». Algunos fariseos decían: «Este hombre no viene de
Dios, porque no guarda el sábado». Otros decían: «Pero, ¿cómo puede un pecador
realizar semejantes señales?». Y había disensión entre ellos. Entonces le dicen
otra vez al ciego: «¿Y tú qué dices de Él, ya que te ha abierto los ojos?». Él
respondió: «Que es un profeta».
No creyeron los judíos que aquel hombre hubiera sido ciego, hasta que
llamaron a los padres del que había recobrado la vista y les preguntaron: «¿Es
éste vuestro hijo, el que decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?». Sus
padres respondieron: «Nosotros sabemos que éste es nuestro hijo y que nació
ciego. Pero, cómo ve ahora, no lo sabemos; ni quién le ha abierto los ojos, eso
nosotros no lo sabemos. Preguntadle; edad tiene; puede hablar de sí mismo». Sus
padres decían esto por miedo por los judíos, pues los judíos se habían puesto
ya de acuerdo en que, si alguno le reconocía como Cristo, quedara excluido de
la sinagoga. Por eso dijeron sus padres: «Edad tiene; preguntádselo a él».
Le llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron:
«Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador». Les
respondió: «Si es un pecador, no lo sé. Sólo sé una cosa: que era ciego y ahora
veo». Le dijeron entonces: «¿Qué hizo contigo? ¿Cómo te abrió los ojos?». Él
replicó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis escuchado. ¿Por qué queréis oírlo
otra vez? ¿Es qué queréis también vosotros haceros discípulos suyos?». Ellos le
llenaron de injurias y le dijeron: «Tú eres discípulo de ese hombre; nosotros
somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios; pero
ése no sabemos de dónde es». El hombre les respondió: «Eso es lo extraño: que
vosotros no sepáis de dónde es y que me haya abierto a mí los ojos. Sabemos que
Dios no escucha a los pecadores; mas, si uno es religioso y cumple su voluntad,
a ése le escucha. Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de
un ciego de nacimiento. Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada».
Ellos le respondieron: «Has nacido todo entero en pecado ¿y nos das lecciones a
nosotros?». Y le echaron fuera.
Jesús se enteró de que le habían echado fuera y, encontrándose con él, le
dijo: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?». El respondió: «¿Y quién es, Señor,
para que crea en él?». Jesús le dijo: «Le has visto; el que está hablando
contigo, ése es». Él entonces dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante Él. Y dijo
Jesús: «Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y
los que ven, se vuelvan ciegos». Algunos fariseos que estaban con él oyeron
esto y le dijeron: «Es que también nosotros somos ciegos?». Jesús les
respondió: «Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero, como decís: ‘Vemos’
vuestro pecado permanece».
♡ Comentario:
Hoy, cuarto domingo de
Cuaresma —llamado domingo “alegraos”— toda la liturgia nos invita a
experimentar una alegría profunda, un gran gozo por la proximidad de la Pascua.
Jesús fue causa de una gran alegría para aquel ciego de nacimiento a quien
otorgó la vista corporal y la luz espiritual. El ciego creyó y recibió la luz
de Cristo. En cambio, aquellos fariseos, que se creían en la sabiduría y en la
luz, permanecieron ciegos por su dureza de corazón y por su pecado. De hecho,
«No creyeron los judíos que aquel hombre hubiera sido ciego, hasta que llamaron
a los padres del que había recobrado la vista» (Jn 9,18).
¡Cuán necesaria nos es la luz de Cristo para ver la realidad en su
verdadera dimensión! Sin la luz de la fe seríamos prácticamente ciegos.
Nosotros hemos recibido la luz de Jesucristo y hace falta que toda nuestra vida
sea iluminada por esta luz. Más aun, esta luz ha de resplandecer en la santidad
de la vida para que atraiga a muchos que todavía la desconocen. Todo eso supone
conversión y crecimiento en la caridad. Especialmente en este tiempo de
Cuaresma y en esta última etapa. San León Magno nos exhorta: «Si bien todo
tiempo es bueno para ejercitarse en la virtud de la caridad, estos días de
Cuaresma nos invitan a hacerlo de manera más urgente».
Sólo una cosa nos puede apartar de la luz y de la alegría que nos da
Jesucristo, y esta cosa es el pecado, el querer vivir lejos de la luz del
Señor. Desgraciadamente, muchos —a veces nosotros mismos— nos adentramos en
este camino tenebroso y perdemos la luz y la paz. San Agustín, partiendo de su
propia experiencia, afirmaba que no hay nada más infeliz que la felicidad de
aquellos que pecan.
La Pascua está cerca y el Señor quiere comunicarnos toda la alegría de la
Resurrección. Dispongámonos para acogerla y celebrarla. «Vete, lávate» (Jn
9,7), nos dice Jesús… ¡A lavarnos en las aguas purificadoras del sacramento de
la Penitencia! Ahí encontraremos la luz y la alegría, y realizaremos la mejor
preparación para la Pascua.
* Rev. D. Joan Ant. MATEO i García (Tremp, Lleida, España) © Textos de
Evangeli.net
Palabras de Benedicto XVI
«Como el ciego de nacimiento, dejémonos curar por
Jesús, que puede y quiere darnos la luz de Dios. Confesemos nuestra ceguera,
nuestra miopía y, sobre todo, lo que la Biblia llama el «gran pecado» (cf. Sal
19, 14): el orgullo. Que nos ayude en esto María santísima, la cual, al
engendrar a Cristo en la carne, dio al mundo la verdadera luz»
Predicación del Evangelio:
Es posible volver a la «Luz»
«Laetare, Jerusalem...». Con estas palabras del profeta Isaías la Iglesia
nos invita hoy a la alegría, en la mitad del itinerario penitencial de la
Cuaresma. La alegría y la luz son el tema dominante de la liturgia de hoy. El
evangelio narra la historia de «un hombre ciego de nacimiento» (Jn 9, 1). Al
verlo, Jesús hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos y le dijo: «Ve a
lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado). Él fue, se lavó, y
volvió con la vista» (Jn 9, 6-7).
El ciego de nacimiento representa al hombre marcado por el pecado, que
desea conocer la verdad sobre sí mismo y sobre su destino, pero se ve impedido
por una enfermedad congénita. Sólo Jesús puede curarlo: Él es «la luz del
mundo» (Jn 9, 5). Al confiar en él, todo ser humano espiritualmente ciego de
nacimiento tiene la posibilidad de «volver a la luz», es decir, de nacer a la
vida sobrenatural.
Además de la curación del ciego, el evangelio da gran relieve a la
incredulidad de los fariseos, que se niegan a reconocer el milagro, dado que
Jesús lo ha realizado en sábado, violando, a su parecer, la ley de Moisés. Se
manifiesta así una elocuente paradoja, que Cristo mismo resume con estas
palabras: «Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven,
vean, y los que ven, se queden ciegos» (Jn 9, 39).
Para quien encuentra a Jesús, no hay términos medios: o reconoce que lo
necesita a él y su luz, o elige prescindir de él. En este último caso, tanto a
quien se considera justo ante Dios como a quien se considera ateo, la misma
presunción les impide abrirse a la conversión auténtica.
Amadísimos hermanos y hermanas, nadie debe cerrar su corazón a Cristo. A
quien lo acoge, Él le da la luz de la fe, una luz capaz de transformar los
corazones y, por consiguiente, las mentalidades y las situaciones sociales,
políticas y económicas dominadas por el pecado.
«Creo, Señor» (Jn 9, 38). Cada uno de nosotros, como el ciego de
nacimiento, debe estar dispuesto a profesar humildemente su adhesión a Él.
(San Juan Pablo II, Ángelus 10 Marzo
2002)
Agradecimientos
Imaginemos que en el cielo hay dos oficinas diferentes para
tratar lo relativo a las oraciones de las personas en la tierra:
Una es para receptar pedidos de diversas gracias, y allí
los muchos ángeles que atienden trabajan intensamente y sin descanso por la
cantidad de peticiones que llegan en todo momento.
La otra oficina es para recibir los agradecimientos por las
gracias concedidas y en ella hay un par de ángeles aburridos porque
prácticamente no les llega ningún mensaje de los hombres desde la tierra para
dar gracias...
Desde esta sección de "Pequeñas Semillitas"
pretendemos juntar una vez por semana (los domingos) todos los mensajes para la
segunda oficina: agradecimientos por favores y gracias concedidas como
respuesta a nuestros pedidos de oración.
💕Desde Córdoba, Argentina,
agradecemos la unión matrimonial de María Luz Vergara y Federico
Machado. Que Dios bendiga esta pareja y les conceda una vida larga y
fecunda.
💕 Desde Córdoba, Argentina, tenemos dos
agradecimientos vinculados a otros tantos bebés: Guillermina, que nació
el 7 de marzo pesando 3,020 kg. Tanto ella como su mamá Rocío se
encuentran muy bien. El otro
agradecimiento es por las oraciones hechas en favor de Enzo, de Mina
Clavero, que luego de su nacimiento permaneció internado en neonatología por
problemas de baja saturación de oxígeno y ya ha superado eso y se encuentra bien.
💕 Desde
Buenos Aires, Argentina, Alicia Liliana, agradece a Dios y a la
Santísima Virgen por la excelente recuperación que está teniendo de su cirugía
de rodilla realizada hace pocos días. Nos sumamos a la plegaria de acción de
gracias.
Oremos: Bendito seas,
Dios mío, porque a pesar de ser yo indigno de toda ayuda, tu generosidad e
infinita bondad nunca dejan de otorgar el bien aún a los ingratos y a los que
se han apartado de ti. Conviértenos a ti, para que seamos agradecidos, humildes
y piadosos, pues Tú eres nuestra salud, nuestra fortaleza y nuestra salvación.
Meditaciones de Cuaresma
Día 26 . Domingo 15 de marzo de 2026
Dolor de los pecados. ¿Qué crimen tan brutal ha
cometido este hombre, que ha tenido que pagarlo con una muerte tan horrorosa?,
preguntó un mahometano a un sacerdote refiriéndose a un crucifijo que tenía en
la mesa. -Él no cometió ningún crimen -respondió éste-; era completamente
inocente.
- Pues, ¿Quién lo clavó en este madero?
- Fuimos nosotros los hombres quienes lo hicimos con
nuestros pecados -exclamó con tristeza el sacerdote.
- Ahora comprendo -añadió lleno de compasión el
mahometano- por qué tienes siempre la imagen del crucificado.
¿Has pensado alguna vez que el pecado supone volver
a crucificar al Señor? El Señor espera, una vez que nos ha redimido, que le
amemos con obras. Y amar a Dios supone también decirle muchas veces: ¡lo
siento! Procura, cuando vayas a preparar tu confesión, pedir mucho perdón a
Jesús por los pecados, y también pídele que te dé dolor por ellos, dolor de
amor.
Si tienes a mano un crucifijo ahora, puedes hablar
con Jesús en la Cruz comentando esto. Jesús, que no me acostumbre a verte
crucificado; cada vez que vea un crucifijo trataré de acordarme de decirte: ¡Te
amo!
Los cinco minutos de San Francisco
Marzo: Cuaresma y Pascua
Día 15
El hermano Francisco, hombre insignificante y débil,
pequeño servidor de ustedes, los saluda en nombre de Aquel que nos redimió y
nos lavó con su preciosísima sangre, a quien deben adorar con respeto y
reverencia, postrándose en tierra cada vez que escuchen su nombre: el Señor
Jesucristo, el “Hijo del Altísimo”, el que es bendito por los siglos. Amén.
(Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
FELIPE
-Jardinero de Dios-
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