sábado, 14 de marzo de 2026

Pequeñas Semillitas 6261

PEQUEÑAS SEMILLITAS
 
Año 21 - Número 6261 ~ Sábado 14 de Marzo de 2026
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
¡Alabado sea Jesucristo!
Para poder comprender lo mucho que Dios nos ama, contemplamos, extasiados, el sol de cada mañana. Recorramos los jardines, las flores también nos hablan. ¿Quién pudo darles tanta belleza, de aroma, color y gala? Sólo el artista divino, nuestro Padre que nos ama. La naturaleza nos habla al corazón para decirnos, dulcemente, ¡cómo nos ama Dios!
Cuando se abre un camino ante nosotros, hay que seguirlo. Cuando nos dan un libro, hay que leerlo. Cuando un amigo habla, hay que escucharlo. Ahora bien, Dios viene constantemente a nuestro encuentro como un camino, como un libro y como un amigo. El camino que conduce hasta él, es la naturaleza. El libro que habla de él, es la Biblia El amigo que nos habla confidencialmente en la intimidad, es Jesucristo.
Jesús es el modelo perfecto del hombre nuevo. Dios nuestro Padre nos invita a transformarnos en él, haciendo nuestros, sus sentimientos y actitudes. Para lograrlo nada mejor que meditar e interiorizar sus palabras y ejemplos cada día, con el Evangelio en la mano. Ojalá que como san Pablo puedas decir: “Ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí”.
(PADRE NATALIO BÉRTOLO)
 
La Palabra de Dios
Lecturas del día
- SÁBADO 3 DE CUARESMA -
Primera Lectura: Oseas 6, 1-6
 
Salmo: Sal 50, 3-4. 18-19. 20-21ab
 
Santo Evangelio: Lc 18,9-14
En aquel tiempo, Jesús dijo también a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, esta parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano. El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: ‘¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias’. En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!’. Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce será humillado; y el que se humille será ensalzado».
 
Comentario:
Hoy, Cristo se nos presenta con dos hombres que, ante un observador "casual", podrían aparecer casi como idénticos, ya que ellos se encuentran en el mismo lugar realizando la misma actividad: ambos «subieron al templo a orar» (Lc 18,10). Pero más allá de las apariencias, en lo más profundo de sus conciencias personales, los dos hombres difieren radicalmente: uno, el fariseo, tiene la conciencia tranquila, mientras que el otro, el publicano —cobrador de impuestos— se encuentra inquieto por los sentimientos de culpa.
Hoy día tendemos a considerar los sentimientos de culpa —el remordimiento— como algo cercano a una aberración psicológica. Sin embargo, el sentimiento de culpa le permite al publicano salir reconfortado del Templo, puesto que «éste bajó a su casa justificado y aquél no» (Lc 18,14). «El sentimiento de culpa», escribió Benedicto XVI cuando él todavía era Cardenal Ratzinger ("Conciencia y verdad"), «remueve la falsa tranquilidad de conciencia y puede ser llamado "protesta de la conciencia" contra mi existencia autosatisfecha. Es tan necesario para el hombre como el dolor físico, que significa una alteración corporal del funcionamiento normal».
Jesús no nos induce a pensar que el fariseo no esté diciendo la verdad cuando él afirma que no es rapaz, injusto, ni adúltero y que ayuna y entrega dinero al Templo (cf. Lc 18,11); ni tampoco que el recaudador de impuestos esté delirando al considerarse a sí mismo como un pecador. Ésta no es la cuestión. Más bien ocurre que «el fariseo no sabe que él también tiene culpa. Él tiene una conciencia completamente clara. Pero el "silencio de la conciencia" lo hace impenetrable ante Dios y ante los hombres, mientras que el "grito de conciencia" que inquieta al publicano lo hace capaz de la verdad y del amor. ¡Jesús puede remover a los pecadores!» (Benedicto XVI).
* Fr. Gavan JENNINGS (Dublín, Irlanda) © Textos de Evangeli.net – Imagen: Misioneros Digitales Católicos.
 
Santoral Católico:
Reina
Nació hacia el año 895 de una noble familia sajona. Se educó en el monasterio de Herford (Westfalia), del que era abadesa una abuela suya. Contrajo matrimonio con Enrique I que fue sucesivamente duque de Sajonia y rey de Alemania. Tuvieron 5 hijos, que ocuparon altos puestos en la Iglesia y en la sociedad. De acuerdo con su esposo pudo llevar vida de devoción y de caridad, y fundar monasterios. Cuando murió Enrique, le sucedió su hijo Otón. Matilde vivió volcada en la causa de los pobres y la ayuda a la Iglesia. Se retiró primero al monasterio de Nordhausen y luego al de Quedlinburgo (Sajonia, Alemania), donde murió el año 968.
Para más información hacer clic acá.
(Directorio Franciscano – ACI Prensa – Catholic.net)
 
Pensamiento del día
«Tú, oh san José, no perdías tiempo en cosas vanas e inútiles y no obrabas con disgusto o mala gana. Ayúdame, oh san José, a no ser flojo en mis responsabilidades, sino a dedicarme a mis quehaceres con la máxima entrega»
 
Tema del día:
¿Por qué tenemos que ir a Misa?
Dios ama mucho a los hombres y cuando envió a su Hijo a la tierra para redimirnos, quiso que ese acto de salvación se perpetuara para siempre. Así la Santa Misa es la renovación del Sacrificio de Cristo en la Cruz, y realmente Jesús se ofrece por nosotros en la Misa.
 
Jesús, que como Dios que es, nos ama infinitamente, quiso que todas las generaciones tuvieran la posibilidad de asistir al Calvario, a su muerte, de consolar su Sagrado Corazón mientras se ofrecía por todos, y es por ello que instituyó la Eucaristía, la Santa Misa, para que todos los hombres de todos los tiempos tengamos la posibilidad de presenciar el Drama del Calvario y consolar a Jesús y a María en su padecimiento, participando de la Santa Misa.
 
Es por eso que la Iglesia Católica manda asistir a Misa al menos los Domingos y fiestas de guardar, bajo pecado grave, porque sería una gran falta de amor dejar de ir a Misa esos días por un motivo cualquiera, porque es tener en nada lo que Jesús hizo y hace por los hombres.
 
Cuando estamos en Misa estamos presenciando la escena del Gólgota, cuando Jesús muere por nosotros. Y si faltamos a Misa, es como decirle a Jesús que no nos interesa lo que ha hecho por nosotros. Se trata entonces de que asistir a la Santa Misa, más que una obligación o precepto, es un deber de amor para con el Señor.
 
No importa que la celebración de la Misa deje que desear por el celebrante o por alguna otra causa, lo importante es que nosotros igualmente vayamos a Misa, porque también Judas Iscariote estaba presente en la Última Cena, y muchas veces el Señor se deja acompañar por enemigos y traidores.
 
Nosotros no dejemos de ir a Misa por ningún motivo, salvo que sea por causa justificada. Pero de lo contrario asistamos cada domingo a Misa y veremos grandes cambios en nuestras vidas y en las vidas de quienes amamos.
 
Los Santos incluso buscaban de ir a Misa en el templo donde más distracciones encontraban, para mortificarse. Nosotros no hagamos eso, porque comparados con los Santos somos menos que nada. Pero vayamos a Misa donde podamos, que allí se ofrece Cristo en la Cruz como hace más de dos milenios y nos está esperando para colmarnos de gracias y favores de todas clases.
(Sitio Santísima Virgen)
 
Meditaciones de Cuaresma
Día 25º. Sábado  14 de marzo de 2026
Saludar Sagrarios. Muchos decían a santa Teresa que les hubiese gustado vivir en los tiempos de Jesús. Ella les respondía que no entendía bien por qué, pues poca o ninguna diferencia había entre aquel Jesús y el Jesús que está en el Sagrario.
Dale gracias por haberse quedado. Pero dáselas con obras. Cada vez que haces una genuflexión delante del Sagrario, que la hagas bien y diciéndole por dentro: “¡Te amo, Jesús; gracias!”. Que comulgues bien preparado y muchas veces, siempre que te sea posible. Que le visites todos los días...
Si cuando realizas un viaje en coche, en metro, en autobús, te fijaras en la cantidad de iglesias que dejas por el camino, te darías cuenta de que el Señor está en muchos sagrarios que te pasan desapercibidos. Pero no hace falta irse de viaje. Tenemos al Señor muy cerca de nosotros: en el oratorio del colegio, en la iglesia que podamos tener al lado de casa...
Te recomiendo un propósito: cada vez que pases cerca de una iglesia dile al Señor en el sagrario: “¡Jesús, sé que estás ahí!”; o le puedes rezar una comunión espiritual: “Yo quisiera, Señor, recibiros, con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre; con el espíritu y fervor de los santos”.
 
Los cinco minutos de San Francisco
Marzo: Cuaresma y Pascua
Día 14
Aunque fueras tan inteligente y sabio que conocieras todas las ciencias y supieras interpretar toda clase de lenguas y examinar agudamente las cosas celestiales, no podrías enorgullecerte de ninguna de ellas. Porque un solo demonio sabía de las cosas celestiales, y sabe ahora de las terrenas más que todos los hombres, aun de quien pudiera haber recibido del Señor un conocimiento especial de la máxima sabiduría.
Del mismo modo, aunque fueras el hombre más rico y más hermoso de todos e hicieras maravillas de tal manera que lograras expulsar a los demonios, todas estas cosas te serían perjudiciales, y nada de eso te pertenecería, y de ninguna de ellas te podrías enorgullecer. Por el contrario, de esto sí podemos enorgullecernos: de nuestras debilidades y de llevar a cuestas diariamente la santa cruz de nuestro Señor Jesucristo.
(Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
 
FELIPE
-Jardinero de Dios-
(el más pequeñito de todos)
 
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