PEQUEÑAS
SEMILLITAS
Año
21 - Número 6261 ~ Sábado 14 de Marzo de 2026
Desde
la ciudad de Córdoba (Argentina)
¡Alabado sea Jesucristo!
Para poder comprender lo mucho que Dios nos ama, contemplamos, extasiados,
el sol de cada mañana. Recorramos los jardines, las flores también nos hablan.
¿Quién pudo darles tanta belleza, de aroma, color y gala? Sólo el artista
divino, nuestro Padre que nos ama. La naturaleza nos habla al corazón para
decirnos, dulcemente, ¡cómo nos ama Dios!
Cuando se abre un camino ante nosotros, hay que seguirlo. Cuando nos dan
un libro, hay que leerlo. Cuando un amigo habla, hay que escucharlo. Ahora
bien, Dios viene constantemente a nuestro encuentro como un camino, como un
libro y como un amigo. El camino que conduce hasta él, es la naturaleza. El
libro que habla de él, es la Biblia El amigo que nos habla confidencialmente en
la intimidad, es Jesucristo.
Jesús es el modelo perfecto del hombre nuevo. Dios nuestro Padre nos
invita a transformarnos en él, haciendo nuestros, sus sentimientos y actitudes.
Para lograrlo nada mejor que meditar e interiorizar sus palabras y ejemplos
cada día, con el Evangelio en la mano. Ojalá que como san Pablo puedas decir:
“Ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí”.
(PADRE NATALIO BÉRTOLO)
La Palabra de Dios
Lecturas del día
- SÁBADO 3 DE CUARESMA -
♡ Primera Lectura: Oseas 6, 1-6
♡ Salmo: Sal 50, 3-4. 18-19. 20-21ab
♡ Santo Evangelio: Lc 18,9-14
En aquel tiempo, Jesús dijo también a algunos que se tenían por justos y
despreciaban a los demás, esta parábola: «Dos hombres subieron al templo a
orar; uno fariseo, otro publicano. El fariseo, de pie, oraba en su interior de
esta manera: ‘¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres,
rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces
por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias’. En cambio el publicano,
manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que
se golpeaba el pecho, diciendo: ‘¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy
pecador!’. Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo
el que se ensalce será humillado; y el que se humille será ensalzado».
♡ Comentario:
Hoy, Cristo se nos presenta
con dos hombres que, ante un observador "casual", podrían aparecer
casi como idénticos, ya que ellos se encuentran en el mismo lugar realizando la
misma actividad: ambos «subieron al templo a orar» (Lc 18,10). Pero más allá de
las apariencias, en lo más profundo de sus conciencias personales, los dos
hombres difieren radicalmente: uno, el fariseo, tiene la conciencia tranquila,
mientras que el otro, el publicano —cobrador de impuestos— se encuentra
inquieto por los sentimientos de culpa.
Hoy día tendemos a considerar los sentimientos de culpa —el remordimiento—
como algo cercano a una aberración psicológica. Sin embargo, el sentimiento de
culpa le permite al publicano salir reconfortado del Templo, puesto que «éste
bajó a su casa justificado y aquél no» (Lc 18,14). «El sentimiento de culpa»,
escribió Benedicto XVI cuando él todavía era Cardenal Ratzinger
("Conciencia y verdad"), «remueve la falsa tranquilidad de conciencia
y puede ser llamado "protesta de la conciencia" contra mi existencia
autosatisfecha. Es tan necesario para el hombre como el dolor físico, que
significa una alteración corporal del funcionamiento normal».
Jesús no nos induce a pensar que el fariseo no esté diciendo la verdad
cuando él afirma que no es rapaz, injusto, ni adúltero y que ayuna y entrega
dinero al Templo (cf. Lc 18,11); ni tampoco que el recaudador de impuestos esté
delirando al considerarse a sí mismo como un pecador. Ésta no es la cuestión.
Más bien ocurre que «el fariseo no sabe que él también tiene culpa. Él tiene
una conciencia completamente clara. Pero el "silencio de la
conciencia" lo hace impenetrable ante Dios y ante los hombres, mientras
que el "grito de conciencia" que inquieta al publicano lo hace capaz
de la verdad y del amor. ¡Jesús puede remover a los pecadores!» (Benedicto
XVI).
* Fr. Gavan JENNINGS (Dublín, Irlanda) © Textos de Evangeli.net – Imagen: Misioneros
Digitales Católicos.
Santoral Católico:
Reina
Nació hacia el año 895
de una noble familia sajona. Se educó en el monasterio de Herford (Westfalia),
del que era abadesa una abuela suya. Contrajo matrimonio con Enrique I que fue
sucesivamente duque de Sajonia y rey de Alemania. Tuvieron 5 hijos, que ocuparon
altos puestos en la Iglesia y en la sociedad. De acuerdo con su esposo pudo
llevar vida de devoción y de caridad, y fundar monasterios. Cuando murió
Enrique, le sucedió su hijo Otón. Matilde vivió volcada en la causa de los
pobres y la ayuda a la Iglesia. Se retiró primero al monasterio de Nordhausen y
luego al de Quedlinburgo (Sajonia, Alemania), donde murió el año 968.
Para más información hacer clic acá.
(Directorio Franciscano – ACI Prensa – Catholic.net)
Pensamiento del día
«Tú, oh san José, no perdías
tiempo en cosas vanas e inútiles y no obrabas con disgusto o mala gana.
Ayúdame, oh san José, a no ser flojo en mis responsabilidades, sino a dedicarme
a mis quehaceres con la máxima entrega»
Tema del día:
¿Por qué tenemos
que ir a Misa?
Dios ama mucho a los
hombres y cuando envió a su Hijo a la tierra para redimirnos, quiso que ese
acto de salvación se perpetuara para siempre. Así la Santa Misa es la
renovación del Sacrificio de Cristo en la Cruz, y realmente Jesús se ofrece por
nosotros en la Misa.
Jesús, que como Dios que
es, nos ama infinitamente, quiso que todas las generaciones tuvieran la
posibilidad de asistir al Calvario, a su muerte, de consolar su Sagrado Corazón
mientras se ofrecía por todos, y es por ello que instituyó la Eucaristía, la Santa
Misa, para que todos los hombres de todos los tiempos tengamos la posibilidad
de presenciar el Drama del Calvario y consolar a Jesús y a María en su
padecimiento, participando de la Santa Misa.
Es por eso que la
Iglesia Católica manda asistir a Misa al menos los Domingos y fiestas de
guardar, bajo pecado grave, porque sería una gran falta de amor dejar de ir a
Misa esos días por un motivo cualquiera, porque es tener en nada lo que Jesús
hizo y hace por los hombres.
Cuando estamos en Misa
estamos presenciando la escena del Gólgota, cuando Jesús muere por nosotros. Y
si faltamos a Misa, es como decirle a Jesús que no nos interesa lo que ha hecho
por nosotros. Se trata entonces de que asistir a la Santa Misa, más que una
obligación o precepto, es un deber de amor para con el Señor.
No importa que la
celebración de la Misa deje que desear por el celebrante o por alguna otra
causa, lo importante es que nosotros igualmente vayamos a Misa, porque también
Judas Iscariote estaba presente en la Última Cena, y muchas veces el Señor se
deja acompañar por enemigos y traidores.
Nosotros no dejemos de
ir a Misa por ningún motivo, salvo que sea por causa justificada. Pero de lo
contrario asistamos cada domingo a Misa y veremos grandes cambios en nuestras
vidas y en las vidas de quienes amamos.
Los Santos incluso
buscaban de ir a Misa en el templo donde más distracciones encontraban, para
mortificarse. Nosotros no hagamos eso, porque comparados con los Santos somos
menos que nada. Pero vayamos a Misa donde podamos, que allí se ofrece Cristo en
la Cruz como hace más de dos milenios y nos está esperando para colmarnos de
gracias y favores de todas clases.
(Sitio Santísima Virgen)
Meditaciones de Cuaresma
Día 25º. Sábado 14 de marzo de 2026
Saludar Sagrarios. Muchos decían a santa Teresa que
les hubiese gustado vivir en los tiempos de Jesús. Ella les respondía que no
entendía bien por qué, pues poca o ninguna diferencia había entre aquel Jesús y
el Jesús que está en el Sagrario.
Dale gracias por haberse quedado. Pero dáselas con
obras. Cada vez que haces una genuflexión delante del Sagrario, que la hagas
bien y diciéndole por dentro: “¡Te amo, Jesús; gracias!”. Que comulgues bien
preparado y muchas veces, siempre que te sea posible. Que le visites todos los
días...
Si cuando realizas un viaje en coche, en metro, en
autobús, te fijaras en la cantidad de iglesias que dejas por el camino, te
darías cuenta de que el Señor está en muchos sagrarios que te pasan
desapercibidos. Pero no hace falta irse de viaje. Tenemos al Señor muy cerca de
nosotros: en el oratorio del colegio, en la iglesia que podamos tener al lado
de casa...
Te recomiendo un propósito: cada vez que pases cerca
de una iglesia dile al Señor en el sagrario: “¡Jesús, sé que estás ahí!”; o le
puedes rezar una comunión espiritual: “Yo quisiera, Señor, recibiros, con
aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre;
con el espíritu y fervor de los santos”.
Los cinco minutos de San Francisco
Marzo: Cuaresma y Pascua
Día 14
Aunque fueras tan inteligente y sabio que conocieras
todas las ciencias y supieras interpretar toda clase de lenguas y examinar
agudamente las cosas celestiales, no podrías enorgullecerte de ninguna de
ellas. Porque un solo demonio sabía de las cosas celestiales, y sabe ahora de
las terrenas más que todos los hombres, aun de quien pudiera haber recibido del
Señor un conocimiento especial de la máxima sabiduría.
Del mismo modo, aunque fueras el hombre más rico y
más hermoso de todos e hicieras maravillas de tal manera que lograras expulsar
a los demonios, todas estas cosas te serían perjudiciales, y nada de eso te
pertenecería, y de ninguna de ellas te podrías enorgullecer. Por el contrario,
de esto sí podemos enorgullecernos: de nuestras debilidades y de llevar a
cuestas diariamente la santa cruz de nuestro Señor Jesucristo.
(Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
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