miércoles, 6 de septiembre de 2017

Pequeñas Semillitas 3442

PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 12 - Número 3442 ~ Miércoles 6 de Setiembre de 2017
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
Alabado sea Jesucristo…
Señor mío, en este día acudo a tu infinita sabiduría, con mucha humildad, para que capacites mi mente y espíritu, y así poder recibir cada una de las cosas que vas a ofrecerme y sacarles el máximo provecho. Te doy gracias por elegirme y darme la vida, porque me abrazas y me haces sentir que soy tu hijo y que no me abandonas cuando cometo faltas y convierto mi corazón en terreno árido que no da fruto. Quiero abrirte mi corazón de par en par, saber que siempre podré fiarme de Ti y que me das razones para seguir luchando. Necesito de Ti, no quiero perder el sentido que le das a mi vida. Ayúdame a desterrar de mi corazón todas esas cosas pantanosas, pedregosas o espinosas, que no permiten multiplicar la semilla de tu amor que has sembrado en mí. ¿Cómo podré amarte, seguirte y obrar como Tú, sino he arrancado de mi vida la pereza, el egoísmo, los vicios y la falsa idea que me ha vendido el mundo de que alcanzando el éxito material podré disfrutar mejor mi vida?... ¡No!, de ninguna manera mi Señor; por el contrario, esas cosas me estorban para poder amarte a Ti y a los míos, esas cosas me corroen el alma y ahogan los dones que me has regalado. Invoco la fuerza de tu Espíritu para que venga en mi auxilio y me transforme en terreno fértil de tus gracias y haga germinar en mí la felicidad que sólo Tú puedes dar. Mi confianza está puesta en Ti y tengo la certeza de que siempre escuchas mis súplicas. Amén.  (Píldoras de Fe)

¡Buenos días!

Avalancha de nieve
María Simma fue una sencilla campesina que desde pequeña oraba por las almas del Purgatorio. A los 25 años fue favorecida con el carisma de ser visitada a menudo por estas almas. Vivía sola en su casita de Sonntag en Austria. Fue alentada en su tarea por el párroco y el obispo. Con generosidad María respondía siempre a los pedidos de las almas benditas.

Una noche de 1954 un joven estaba en su casa, cuando de improviso un terrible alud se abatió tan cerca que oía gritos que pedían auxilio. De inmediato el joven se levantó y se precipitó para socorrer a esas personas. Pero su madre en la puerta quiso impedirle el paso. El joven, conmovido por los gritos y resuelto a auxiliarlos, empujó a su madre y le dijo: "¡Sí, yo voy! ¡No quiero dejarlos morir así!” y salió. Pero también él, a lo largo del trayecto, fue alcanzado por otro alud y murió... Dos días después se apareció a María Simma y le dijo: "Haz celebrar tres misas por mí, así seré liberado del Purgatorio". Más tarde el joven le explicó que al entregar su vida por esas personas, el Señor perdonó sus muchos y graves pecados y pudo entrar rápidamente al Cielo porque la caridad cubre la multitud de las culpas.

El Purgatorio es el estado de los que mueren en amistad con Dios pero, aunque están seguros de su salvación eterna, necesitan aún de purificación para entrar al Cielo. Nosotros podemos ayudarlos ofreciendo expiaciones a Dios, como Misas, oraciones, obras de misericordia, etc. Son actos excelentes que el Señor te recompensará.
* Enviado por el P. Natalio

La Palabra de Dios:
Evangelio de hoy
Texto del Evangelio:
En aquel tiempo, saliendo de la sinagoga, Jesús entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre, y le rogaron por ella. Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles. A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban; y, poniendo Él las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero Él, conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo.
Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando donde Él, trataban de retenerle para que no les dejara. Pero Él les dijo: «También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado». E iba predicando por las sinagogas de Judea. (Lc 4,38-44)

Comentario:
Hoy nos encontramos ante un claro contraste: la gente que busca a Jesús y Él que cura toda “enfermedad” (comenzando por la suegra de Simón Pedro); a la vez, «salían también demonios de muchos, gritando» (Lc 4,41). Es decir: bien y paz, por un lado; mal y desesperación, por otro.
No es la primera ocasión que aparece el diablo “saliendo”, es decir, huyendo de la presencia de Dios entre gritos y exclamaciones. Recordemos también el endemoniado de Gerasa (cf. Lc 8,26-39). Sorprende que el propio diablo “reconozca” a Jesús y que, como en el caso del de Gerasa, es él mismo quien sale al encuentro de Jesús (eso sí, muy rabioso y molesto porque la presencia de Dios perturbaba su vergonzosa tranquilidad).
¡Tantas veces también nosotros pensamos que encontrarnos con Jesús es un estorbo! Nos estorba tener que ir a Misa el domingo; nos inquieta pensar que hace mucho que no dedicamos un tiempo a la oración; nos avergonzamos de nuestros errores, en lugar de ir al Médico de nuestra alma a pedirle sencillamente perdón... ¡Pensemos si no es el Señor quien tiene que venir a encontrarnos, pues nosotros nos hacemos rogar para dejar nuestra pequeña “cueva” y salir al encuentro de quien es el Pastor de nuestras vidas! A esto se le llama, sencillamente, tibieza.
Hay un diagnóstico para esto: atonía, falta de tensión en el alma, angustia, curiosidad desordenada, hiperactividad, pereza espiritual con las cosas de la fe, pusilanimidad, ganas de estar solo con uno mismo... Y hay también un antídoto: dejar de mirarse a uno mismo y ponerse manos a la obra. Hacer el pequeño compromiso de dedicar un rato cada día a mirar y a escuchar a Jesús (lo que se entiende por oración): Jesús lo hacía, ya que «al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario» (Lc 4,42). Hacer el pequeño compromiso de vencer el egoísmo en una pequeña cosa cada día por el bien de los otros (a eso se le llama amar). Hacer el pequeño-gran compromiso de vivir cada día en coherencia con nuestra vida cristiana.
Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Santoral Católico:
San Eleuterio
Abad
Fue un santo abad del monasterio de San Marcos Evangelista en Espoleto. Debió ser un hombre de grandes y probadas virtudes por los relatos que se conocen de su vida a través del gran Papa Gregorio Magno que fue contemporáneo, conocido personal, amigo y hasta una de las personas que salió beneficiada del trato con el santo abad. De hecho, cuenta San Gregorio de su amigo que, un buen día y con una sola bendición, el abad Eleuterio consiguió curarlo de un vehemente deseo de ingerir alimentos que él sufría. Además, refiere el mismo Papa, su santidad era tan grande que hasta llegó a resucitar un muerto.
Pero lo que llama la atención al relator de la vida del santo es un acontecimiento especial: unas monjas habían confiado al santo abad la custodia de un niño atormentado por el Diablo. Como pasaran varios días sin notarse fenómenos extraños, el abad comentó a sus monjes que Satanás tenía asustadas a las pobres monjas, pero que ahora estaba con miedo y por eso no se manifestaba. Al punto, el mal espíritu se apoderó del niño y de inmediato comenzó a maltratarlo.
Eleuterio cayó en la cuenta de que su expresión fue de soberbia y presunción. Lloró dolorido su pecado y pidió a los monjes oraciones y penitencias para que cesaran los embates del Demonio. Una simple frase con un poco de vanidad hizo que Satanás se sintiese en terreno propio y se necesitase la oración y mortificación de todos para expulsarlo.   
© Catholic.net 

Pensamiento del día

“Todo es difícil, hasta que se logra.
Todo da miedo, hasta que se conoce.
Todo importa poco, hasta que se pierde”

Historias:
El caracol y el rosal
Había una vez... ... Una amplia llanura donde pastaban las ovejas y las vacas. Y del otro lado de la extensa pradera, se hallaba el hermoso jardín rodeado de avellanos.

El centro del jardín era dominado por un rosal totalmente cubierto de flores durante todo el año. Y allí, en ese aromático mundo de color, vivía un caracol, con todo lo que representaba su mundo, a cuestas, pues sobre sus espaldas llevaba su casa y sus pertenencias.

Y se hablaba a sí mismo sobre su momento de ser útil en la vida: –¡Paciencia! –decía el caracol–. Ya llegará mi hora. Haré mucho más que dar rosas o avellanas, muchísimo más que dar leche como las vacas y las ovejas.

–Esperamos mucho de ti –dijo el rosal–. ¿Podría saberse cuándo me enseñarás lo que eres capaz de hacer?

–Necesito tiempo para pensar –dijo el caracol–; ustedes siempre están de prisa. No, así no se preparan las sorpresas.

Un año más tarde el caracol se hallaba tomando el sol casi en el mismo sitio que antes, mientras el rosal se afanaba en echar capullos y mantener la lozanía de sus rosas, siempre frescas, siempre nuevas. El caracol sacó medio cuerpo afuera, estiró sus cuernecillos y los encogió de nuevo.

–Nada ha cambiado –dijo–. No se advierte el más insignificante progreso. El rosal sigue con sus rosas, y eso es todo lo que hace.

Pasó el verano y vino el otoño, y el rosal continuó dando capullos y rosas hasta que llegó la nieve. El tiempo se hizo húmedo y hosco. El rosal se inclinó hacia la tierra; el caracol se escondió bajo el suelo.

Luego comenzó una nueva estación, y las rosas salieron al aire y el caracol hizo lo mismo.

–Ahora ya eres un rosal viejo –dijo el caracol–. Pronto tendrás que ir pensando en morirte. Ya has dado al mundo cuanto tenías dentro de ti. Si era o no de mucho valor, es cosa que no he tenido tiempo de pensar con calma. Pero está claro que no has hecho nada por tu desarrollo interno, pues en ese caso tendrías frutos muy distintos que ofrecernos. ¿Qué dices a esto? Pronto no serás más que un palo seco... ¿Te das cuenta de lo que quiero decirte?

–Me asustas –dijo el rosal–. Nunca he pensado en ello.

–Claro, nunca te has molestado en pensar en nada. ¿Te preguntaste alguna vez por qué florecías y cómo florecías, por qué lo hacías de esa manera y de no de otra?

–No –contestó el rosal–. Florecía de puro contento, porque no podía evitarlo. ¡El sol era tan cálido, el aire tan refrescante!... Me bebía el límpido rocío y la lluvia generosa; respiraba, estaba vivo. De la tierra, allá abajo, me subía la fuerza, que descendía también sobre mí desde lo alto. Sentía una felicidad que era siempre nueva, profunda siempre, y así tenía que florecer sin remedio. Esa era mi vida; no podía hacer otra cosa.

–Tu vida fue demasiado fácil –dijo el caracol (Sin detenerse a observarse a sí mismo).

–Cierto –dijo el rosal–. Me lo daban todo. Pero tú tuviste más suerte aún. Tú eres una de esas criaturas que piensan mucho, uno de esos seres de gran inteligencia que se proponen asombrar al mundo algún día... algún día.... ¿Pero, ... De qué te sirve el pasar los años pensando sin hacer nada útil por el mundo?

–No, no, de ningún modo –dijo el caracol–. El mundo no existe para mí. ¿Qué tengo yo que ver con el mundo? Bastante es que me ocupe de mí mismo y en mí mismo.

–¿Pero no deberíamos todos dar a los demás lo mejor de nosotros, no deberíamos ofrecerles cuanto pudiéramos? Es cierto que no te he dado sino rosas; pero tú, en cambio, que posees tantos dones, ¿qué has dado tú al mundo? ¿Qué puedes darle?

–¿Darle? ¿Darle yo al mundo? Yo lo escupo. ¿Para qué sirve el mundo? No significa nada para mí. Anda, sigue cultivando tus rosas; es para lo único que sirves. Deja que los avellanos produzcan sus frutos, deja que las vacas y las ovejas den su leche; cada uno tiene su público, y yo también tengo el mío dentro de mí mismo. ¡Me recojo en mi interior, y en él voy a quedarme! El mundo no me interesa.
Y con estas palabras, el caracol se metió dentro de su casa y la selló.

–¡Qué pena! –Dijo el rosal–. Yo no tengo modo de esconderme, por mucho que lo intente. Siempre he de volver otra vez, siempre he de mostrarme otra vez en mis rosas. Sus pétalos caen y los arrastra el viento, aunque cierta vez vi cómo una madre guardaba una de mis flores en su libro de oraciones, y cómo una bonita muchacha se prendía otra al pecho, y cómo un niño besaba otra en la primera alegría de su vida. Aquello me hizo bien, fue una verdadera bendición. Tales son mis recuerdos, mi vida.

Y el rosal continuó floreciendo en toda su inocencia, mientras el caracol dormía allá dentro de su casa. El mundo nada significaba para él.

Y pasaron los años. El caracol se había vuelto tierra en la tierra, y el rosal tierra en la tierra, y la memorable rosa del libro de oraciones había desaparecido... Pero en el jardín brotaban los rosales nuevos, y los nuevos caracoles seguían con la misma filosofía que aquél, se arrastraban dentro de sus casas y escupían al mundo, que no significaba nada para ellos.

Y a través del tiempo, la misma historia se continuó repitiendo... ¿Empezamos otra vez nuestra historia desde el principio? No vale la pena; siempre sería la misma.
© Hans Christian Andersen

Meditaciones
Un ermitaño se quejaba muchas veces que tenía demasiado quehacer. La gente preguntó cómo era eso de que en la soledad tuviera tanto trabajo. Les contestó: "Tengo que domar a dos halcones, entrenar a dos águilas, mantener quietos a dos conejos, vigilar una serpiente, cargar un asno y someter a un león". “No vemos ningún animal cerca de la cueva donde vives. ¿Dónde están todos estos animales?”
Entonces el ermitaño dio una explicación que todos comprendieron. “Porque estos animales los tienen todos los hombres, ustedes también. Los dos halcones, se lanzan sobre todo lo que se les presenta, bueno y malo. Tengo que domarlos para que sólo se lancen sobre una presa buena, son mis ojos. Las dos águilas con sus garras hieren y destrozan. Tengo que entrenarlas para que sólo se pongan al servicio y ayuden sin herir, son mis dos manos. Y los conejos quieren ir adonde les plazca, huir de los demás y esquivar las cosas difíciles. Tengo que enseñarles a estar quietos, aunque haya un sufrimiento, un problema o cualquier cosa que no me gusta, son mis dos pies.
Lo más difícil es vigilar la serpiente, aunque se encuentra encerrada en una jaula de 32 varillas. Siempre está lista por morder y envenenar a los que la rodean apenas se abre la jaula, si no la vigilo de cerca, hace daño, es mi lengua. El burro es muy obstinado, no quiere cumplir con su deber. Pretende estar cansado y no quiere llevar su carga de cada día, es mi cuerpo. Finalmente necesito domar al león, quiere ser el rey, quiere ser siempre el primero, es vanidoso y orgulloso, es mi corazón”.

Pedidos de oración
Pedimos oración por la Santa Iglesia Católica; por el Papa Francisco, por el Papa Emérito Benedicto, por los obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, catequistas y todos los que componemos el cuerpo místico de Cristo; por la unión de los cristianos para que seamos uno, así como Dios Padre y nuestro Señor Jesucristo son Uno junto con el Espíritu Santo; por las misiones; por el triunfo del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María;  por la conversión de todos los pueblos; por la Paz en el mundo; por los cristianos perseguidos y martirizados en Medio Oriente, África, y en otros lugares; por nuestros hermanos sufrientes por diversos motivos especialmente por las enfermedades, el abandono, la carencia de afecto, la falta de trabajo, el hambre y la pobreza; por los niños con cáncer y otras enfermedades graves; por el drama de los refugiados del Mediterráneo; por los presos políticos y la falta de libertad en muchos países del mundo; por las víctimas de catástrofes naturales; por la unión de las familias, la fidelidad de los matrimonios y por más inclinación de los jóvenes hacia este sacramento; por el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas; y por las Benditas Almas del Purgatorio.

Pedimos oración por el éxito de la visita apostólica que inicia el papa Francisco a Colombia.

Pedimos oración para José G., de Santander, España, afectado de Parkinson y Alzheimer y por lo tanto incapacitado para valerse por sí mismo, rogando al Señor que lo ayude a superar esa situación, de modo que tanto él como su esposa puedan vivir una aceptable existencia en los años que les queden por delante. 

Pedimos oración por la salud de María Trinidad (Trini) y Carlos, de Bogotá, Colombia, toda vez que últimamente han tenido algunos inconvenientes, pero confiados siempre en que las Santas Manos Sanadoras de Jesucristo. Igualmente por los proyectos de vida de Carlos y María Paula, sus hijos. 

Pedimos oración para el joven de 30 años Diego Andrés O. G., de Colombia, quien se encuentra padeciendo de un cáncer en las vías digestivas. Confiados en el Señor que le aliviará esa cruz y le dará el don de la salud, con la intercesión de nuestra Señora de Lourdes.

Continuamos unidos en oración por medio del rezo del Santo Rosario poniendo en Manos de Nuestra Madre Bendita todas nuestras preocupaciones, alegrías y necesidades, poniendo al mundo entero en Manos de nuestra Madre y pidiéndole a Ella paz para el mundo, al rezar por la paz; rezamos por todo, por la paz en el mundo, en los corazones, porque la violencia sea desterrada, por la paz para los niños que están en peligro de ser abortados.  Paz para los jóvenes que no encuentran el camino, paz para los deprimidos. Paz para los que no han tenido la dicha de conocer al Amor. En fin rezamos por la paz, y sigamos haciéndolo.

Tú quisiste, Señor, que tu Hijo unigénito soportara nuestras debilidades,
para poner de manifiesto el valor de la enfermedad y la paciencia;
escucha las plegarias que te dirigimos por nuestros hermanos enfermos
y concede a cuantos se hallan sometidos al dolor, la aflicción o la enfermedad,
la gracia de sentirse elegidos entre aquellos que tu hijo ha llamado dichosos,
y de saberse unidos a la pasión de Cristo para la redención del mundo.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Amén

Los cinco minutos de María
Setiembre 6
Reina de los ángeles y de los hombres, yo creo que eres particularmente Reina de los apóstoles de todos los tiempos. Porque tú eres la Mujer destinada a aplastar la cabeza de la serpiente y a  luchar contra el mal. De ti se dice en la Iglesia que eres “Triunfadora en todas las batallas de Dios”.
María es la mujer vencedora del mal por su unión a Jesús triunfador del pecado y de la muerte, porque el poder del Padre resucitó de entre los muertos.
Madre sin pecado, concédenos que, unidos al misterio salvador de Jesús, podamos vencer el mal que anida en nuestro corazón y en las estructuras del pecado de nuestra sociedad.
* P. Alfonso Milagro
FELIPE
-Jardinero de Dios-
(el más pequeñito de todos)

martes, 5 de septiembre de 2017

Pequeñas Semillitas 3441

PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 12 - Número 3441 ~ Martes 5 de Setiembre de 2017
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
Alabado sea Jesucristo…
A veinte años de su muerte, hoy recordamos a la Madre Teresa de Calcuta, que fue canonizada hace un año por el Papa Francisco, de modo que, en verdad, debemos llamarla Santa Teresa de Calcuta.
Ella afirmaba que “La santidad no consiste en llevar a cabo cosas extraordinarias. Consiste en aceptar con una sonrisa lo que Jesús nos envía. Consiste en aceptar seguir la voluntad de Dios”. Y estas palabras deben motivarnos a nosotros para orientar nuestras vidas hacia la santidad, que no es una quimera sino una posibilidad muy cierta para quienes estén dispuestos a vivir en el amor.
No miremos a los santos como seres extraños o extraordinarios, o “de otros tiempos”… Los que vivimos en la segunda mitad del siglo XX hemos sido contemporáneos, o al menos cercanos en el tiempo, de grandes exponentes de santidad: San Maximiliano Kolbe, San Alberto Hurtado, Santa Teresa de Calcuta, San Josemaría Escrivá de Balaguer, San Juan XXIII, San Juan Pablo II… y tantos otros santos “anónimos” que nunca veremos en los altares, pero Dios los conoce y seguramente ya están sentados a su derecha en el cielo por la vida que llevaron en la tierra viviendo las enseñanzas de Jesús.
La misma Madre Teresa decía que “son santas todas las personas que viven de acuerdo con la ley que Dios nos ha dado”.
Que nos sirva de estímulo para nuestras vidas.

¡Buenos días!

Un anciano y Madre Teresa
Por un sentimiento de clemencia Jesús evitó que apedrearan a aquella mujer sorprendida en adulterio. Se compadeció ante una viuda que había perdido a su hijo, y se lo devolvió con vida. Ante la muerte de Lázaro, su amigo, lloró de dolor antes de resucitarlo. Y frente a la multitud que parecía como ovejas sin pastor, se compadeció y multiplicó los panes.

Una vez Madre Teresa fue a visitar a un anciano que vivía solo. La casa estaba sucia. Intentó limpiarla, pero no se lo permitió. “¿Para qué?, replicó el anciano. Nadie viene a verme”. Entre los andrajos, la Madre Teresa encontró una magnífica lámpara cubierta de polvo. “¿Por qué no la enciendes?, le dijo. “¿Para qué?, replicó el anciano. “Nadie viene a verme. Estoy bien a oscuras “. “¿La encenderías si alguien viniera a verte?”, le replicó Teresa. “Sí, la encendería con tal de escuchar una voz humana en esta casa”. A los pocos días la Madre Teresa mandó a una de sus religiosas, y recibió una nota brevísima del anciano: “Quiero decirte que la lámpara que prendiste en mi vida sigue encendida”.

A veces vemos personas necesitadas de misericordia: enfermos, solitarios, ancianos tristes, niños abandonados, gente que duerme en la calle, marginados de todo tipo. Estos prójimos necesitan ante todo sentir la cercanía y afecto de alguien que les dé a comprender que no están ni sufren solos. Ojalá puedas brindarles presencia humana
* Enviado por el P. Natalio

La Palabra de Dios:
Evangelio de hoy
Texto del Evangelio:
En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba. Quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad. Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo, y se puso a gritar a grandes voces: «¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». Jesús entonces le conminó diciendo: «Cállate, y sal de él». Y el demonio, arrojándole en medio, salió de él sin hacerle ningún daño. Quedaron todos pasmados, y se decían unos a otros: «¡Qué palabra ésta! Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos y salen». Y su fama se extendió por todos los lugares de la región. (Lc 4,31-37)

Comentario:
Hoy vemos cómo la actividad de enseñar fue para Jesús la misión central de su vida pública. Pero la predicación de Jesús era muy distinta a la de los otros maestros y esto hacía que la gente se extrañara y se admirara. Ciertamente, aunque el Señor no había estudiado (cf. Jn 7,15), desconcertaba con sus enseñanzas, porque «hablaba con autoridad» (Lc 4,32). Su estilo de hablar tenía la autoridad de quien se sabe el “Santo de Dios”.
Precisamente, aquella autoridad de su hablar era lo que daba fuerza a su lenguaje. Utilizaba imágenes vivas y concretas, sin silogismos ni definiciones; palabras e imágenes que extraía de la misma naturaleza cuando no de la Sagrada Escritura. No hay duda de que Jesús era buen observador, hombre cercano a las situaciones humanas: al mismo tiempo que le vemos enseñando, también lo contemplamos cerca de las gentes haciéndoles el bien (con curaciones de enfermedades, con expulsiones de demonios, etc.). Leía en el libro de la vida de cada día experiencias que le servían después para enseñar. Aunque este material era tan elemental y “rudimentario”, la palabra del Señor era siempre profunda, inquietante, radicalmente nueva, definitiva.
La cosa más grande del hablar de Jesucristo era el compaginar la autoridad divina con la más increíble sencillez humana. Autoridad y sencillez eran posibles en Jesús gracias al conocimiento que tenía del Padre y su relación de amorosa obediencia con Él (cf. Mt 11,25-27). Es esta relación con el Padre lo que explica la armonía única entre la grandeza y la humildad. La autoridad de su hablar no se ajustaba a los parámetros humanos; no había competencia, ni intereses personales o afán de lucirse. Era una autoridad que se manifestaba tanto en la sublimidad de la palabra o de la acción como en la humildad y sencillez. No hubo en sus labios ni la alabanza personal, ni la altivez, ni gritos. Mansedumbre, dulzura, comprensión, paz, serenidad, misericordia, verdad, luz, justicia... fueron el aroma que rodeaba la autoridad de sus enseñanzas.
Rev. D. Joan BLADÉ i Piñol (Barcelona, España)

Santoral Católico:
Santa Teresa de Calcuta
Religiosa y Fundadora
 
De sí misma decía: «De sangre soy albanesa. De ciudadanía, India. En lo referente a la fe, soy una monja Católica. Por mi vocación, pertenezco al mundo. En lo que se refiere a mi corazón, pertenezco totalmente al Corazón de Jesús». Nació el año 1910 en Skopje, en los Balcanes. A los 18 años ingresó en el Instituto de la Bienaventurada Virgen María, conocido como Hermanas de Loreto, en Irlanda. Llegó a Calcuta (India) en 1929 y en 1937 hizo su profesión perpetua. Permaneció veinte años en Loreto, dedicada a la vida religiosa y a las tareas de sus colegios. En 1946, durante un viaje en tren de Calcuta a Darjeeling, se sintió llamada a consagrarse a los indigentes. Dejó su Congregación y fundó en 1950 la de las Misioneras de la Caridad, dedicadas al servicio de los más pobres entre los pobres. La obra se consolidó y pronto se difundió por todo el mundo. Para colaborar con su Congregación y extender su espiritualidad y apostolado, fundó otras instituciones. Murió en Calcuta el 5 de septiembre de 1997 y fue beatificada el 19 de octubre de 2003 por San Juan Pablo II; y fue canonizada el 4 de setiembre de 2016 por el papa Francisco.- Oración de la Madre Teresa: Haznos dignos, Señor, de servir a nuestros semejantes de todo el mundo que viven y mueren en medio de la pobreza y el hambre. Dales hoy, a través de nuestras manos, el pan de cada día y, junto con nuestro amor y comprensión, dales paz y alegrías. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
© Directorio Franciscano

Pensamientos de Santa Teresa de Calcuta 
“No siempre podemos hacer grandes cosas,
pero sí podemos hacer cosas pequeñas con gran amor”

“El hambre de amor
es mucho más difícil de eliminar
que el hambre de pan”

“Cada obra de amor,
llevada a cabo con todo el corazón,
siempre logrará acercar a la gente a Dios”

“Si no tenemos paz en el mundo,
es porque hemos olvidado
que nos pertenecemos el uno al otro,
que ese hombre, esa mujer, esa criatura,
es mi hermano o mi hermana”

“Yo puedo hacer cosas que tú no puedes,
tú puedes hacer cosas que yo no puedo;
juntos podemos hacer grandes cosas”

“No soy más que un pequeño lápiz
en la mano de la escritura de Dios”

Tema del día:
Nuestra alegría
La alegría debe ser uno de los ejes dominantes de nuestra vida. Una religiosa es como el sol en una comunidad. La alegría es el signo de una personalidad generosa. A veces es también un manto que encubre una vida de sacrificio y de generosidad. Una persona que tiene este don alcanza a menudo altas cimas.

Hagamos que quienes sufren hallen en nosotros ángeles de consuelo. ¿Por qué el trabajo entre las chabolas (viviendas muy pobres construidas con material de desecho) ha sido bendecido por Dios? No es ciertamente en consideración de determinadas cualidades personales, sino a causa de la alegría que las hermanas reparten a su paso.

La gente del mundo carece de nuestra alegría. Menos aún la poseen quienes viven en las chabolas. Nuestra alegría es el mejor medio para predicar el cristianismo a los paganos.

Vinieron algunas personas a Calcuta y antes de regresar a sus puntos de origen, me pidieron que les dijese algo que pudiera servirles para vivir sus vidas de manera más provechosa. Les contesté: Sonríanse ustedes mismos unos a otros, sonrían a sus esposas, a sus maridos, a sus hijos, a todos, sin mirar de quién se trata. Que en cada uno pueda crecer día a día el amor recíproco hacia los demás. A este punto, uno de los presentes me preguntó: ¿Está usted casada? Contesté: Sí, a veces me cuesta sonreírle a Jesús, es verdad; a veces Jesús puede llegar a pedir mucho, pero es en tales ocasiones cuando Jesús nos pide más, cuando nuestra sonrisa resulta más hermosa. Esto es en realidad lo que Jesús nos pide que hagamos: que nos amemos unos a otros, una y otra vez, como el Padre lo amó a Él. Y ¿cómo amó el Padre a Cristo? Mediante el sacrificio: entregándolo a la muerte por nuestra salvación.

Si queremos de veras conquistar al mundo, no podremos con bombas ni con armas de destrucción. Conquistemos el mundo con nuestro amor. Entretejamos nuestra vida con eslabones de sacrificio y de amor y nos resultará posible conquistar el mundo.
© Madre Teresa de Calcuta

Meditaciones 
En Jesús, María y José, los integrantes de la Sagrada Familia de Nazaret, se nos brinda un magnífico ejemplo para la imitación.
¿Qué fue lo que hicieron?
José era un humilde carpintero ocupado en mantener a Jesús y María, proveyéndoles de alimento y vestido: de todo lo que necesitaban para subsistir.
María, la madre, tenía también una humilde tarea: la de ama de casa con un hijo y un marido de los que ocuparse.
A medida que el hijo fue creciendo, María se sentía preocupada porque tuviera una vida normal, porque se sintiera a gusto en casa, con ella y con José.
Era aquél un hogar donde reinaban la ternura, la comprensión y el respeto mutuo.
Como he dicho: un magnífico ejemplo para nuestra imitación.
Santa Teresa de Calcuta

Pedidos de oración
Pedimos oración por la Santa Iglesia Católica; por el Papa Francisco, por el Papa Emérito Benedicto, por los obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, catequistas y todos los que componemos el cuerpo místico de Cristo; por la unión de los cristianos para que seamos uno, así como Dios Padre y nuestro Señor Jesucristo son Uno junto con el Espíritu Santo; por las misiones; por el triunfo del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María;  por la conversión de todos los pueblos; por la Paz en el mundo; por los cristianos perseguidos y martirizados en Medio Oriente, África, y en otros lugares; por nuestros hermanos sufrientes por diversos motivos especialmente por las enfermedades, el abandono, la carencia de afecto, la falta de trabajo, el hambre y la pobreza; por los niños con cáncer y otras enfermedades graves; por el drama de los refugiados del Mediterráneo; por los presos políticos y la falta de libertad en muchos países del mundo; por las víctimas de catástrofes naturales; por la unión de las familias, la fidelidad de los matrimonios y por más inclinación de los jóvenes hacia este sacramento; por el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas; y por las Benditas Almas del Purgatorio. 

Pedimos oración para Marta D. B., de Córdoba, Argentina, que hoy será operada por desprendimiento de retina. Invocamos la mediación de Santa Lucía, patrona de las enfermedades de los ojos, para que el Señor conceda a esta amiga una cirugía exitosa y una pronta recuperación.

Pido una oración por quien escribe, Felipe, que mañana iniciará sus trámites jubilatorios luego de toda una vida en la medicina. Que el Señor Jesús y la amada Virgen de Lourdes permitan que todo sea según Su Santa Voluntad.

Continuamos unidos en oración por medio del rezo del Santo Rosario poniendo en Manos de Nuestra Madre Bendita todas nuestras preocupaciones, alegrías y necesidades, poniendo al mundo entero en Manos de nuestra Madre y pidiéndole a Ella paz para el mundo, al rezar por la paz; rezamos por todo, por la paz en el mundo, en los corazones, porque la violencia sea desterrada, por la paz para los niños que están en peligro de ser abortados.  Paz para los jóvenes que no encuentran el camino, paz para los deprimidos. Paz para los que no han tenido la dicha de conocer al Amor. En fin rezamos por la paz, y sigamos haciéndolo.

Tú quisiste, Señor, que tu Hijo unigénito soportara nuestras debilidades,
para poner de manifiesto el valor de la enfermedad y la paciencia;
escucha las plegarias que te dirigimos por nuestros hermanos enfermos
y concede a cuantos se hallan sometidos al dolor, la aflicción o la enfermedad,
la gracia de sentirse elegidos entre aquellos que tu hijo ha llamado dichosos,
y de saberse unidos a la pasión de Cristo para la redención del mundo.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Amén

Los cinco minutos de María
Setiembre 5
Sin María es imposible acertar; con María es imposible fracasar. ¿Has comprendido bien el lugar que debe ocupar la Santísima Virgen en tu actividad apostólica?
¡Cuántas veces te olvidas de María y esperas el éxito de tus propios esfuerzos, de tu talento y habilidad, o, si la invocas, lo haces con frialdad y escasa fe! Tienes en tu mano, a tu libre disposición, un medio para asegurar el éxito de tu apostolado y no lo empleas.
María, nos ponemos bajo tu protección y te pedimos que nuestra presencia, nuestras palabras y nuestras acciones hagan presente a Jesús en la vida de nuestros hermanos.
* P. Alfonso Milagro
FELIPE
-Jardinero de Dios-
(el más pequeñito de todos)

lunes, 4 de septiembre de 2017

Pequeñas Semillitas 3440

PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 12 - Número 3440 ~ Lunes 4 de Setiembre de 2017
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
Alabado sea Jesucristo…
Clodoveo, rey de los francos, se preparaba un día para una difícil batalla. Su esposa Clotilde, fervorosa cristiana, le dijo: “Si quieres obtener la victoria, invoca al Dios de los cristianos”. En lo más duro del combate, acosados los francos por todas partes, Clodoveo exclamó: “Oh Cristo, a quien mi esposa invoca como hijo de Dios. Creo en ti. Si hoy me salvas de mis adversarios, recibiré el bautismo y entraré a tu religión". Desde ese momento su ejército se sobrepuso y venció a los agresores. El rey al volver victorioso, dijo su esposa: "Clodoveo venció a sus enemigos, y tú venciste a Clodoveo". San Remigio, obispo misionero, preparó y bautizó al rey de los francos. En la celebración le dijo estas memorables palabras: "Valiente guerrero: desde ahora quema lo que has adorado, y adora lo que has quemado".
Clodoveo desde entonces comenzó a amar a Dios con todo el corazón y con toda el alma. Esto le exigió cortar y quemar las malas costumbres paganas y ser fiel al Señor. Ésa es la cruz, el combate espiritual del cristiano que sigue a Cristo. Ésta es la buena noticia: el Señor nos invita a convertirnos y cambiar porque es misericordioso.

¡Buenos días!

Señor, te entrego todo
La actitud de confianza en Dios es fundamental en la Biblia: recorre casi todas sus páginas; las personas que desfilan por ellas son confrontadas con esta señal del varón justo, que busca a Dios como su único bien y poderoso refugio. La oración de entrega a Dios con todo lo que tenemos y somos el efecto de esa confianza plena en el Señor.

Te entrego, Señor, todo lo que tengo y todo lo que estoy viviendo. Te doy gracias por lo que me estás regalando y lo disfruto con gozo. Pero desde ya lo dejo en tus manos para que acabe cuando tenga que acabar. Te proclamo a ti, Jesús, como único Señor, dueño de todas mis cosas, de todo lo que vivo, rey de todo lo que soy y de todo mi futuro. Te declaro Señor de todos mis afectos, de mis deseos, de mis relaciones. Sé que me darás la felicidad que necesito porque confío en tu amor, pero me la darás a tu modo, como sea mejor para mí. En ti deposito toda la confianza de mi corazón. Amén. (P. V. Fernández).

Quien vive abandonado en el Señor crece en una relación verdaderamente filial con Dios, su Padre; está disponible a todo lo que se presente, su corazón se vuelve simple y libre, tiene facilidad para vivir con humildad de corazón los misterios de la vida, se libera de toda ansiedad por el porvenir incierto: “Será lo que el Padre quiera”, dice con total sumisión.
* Enviado por el P. Natalio

La Palabra de Dios:
Evangelio de hoy
Texto del Evangelio:
En aquel tiempo, Jesús se fue a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor».
Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en Él. Comenzó, pues, a decirles: «Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír». Y todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?». Él les dijo: «Seguramente me vais a decir el refrán: ‘Médico, cúrate a ti mismo’. Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu patria». Y añadió: «En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria. Os digo de verdad: muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio».
Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. Pero Él, pasando por medio de ellos, se marchó. (Lc 4,16-30)

Comentario:
Hoy, «se cumple esta escritura que acabáis de oír» (Lc 4,21). Con estas palabras, Jesús comenta en la sinagoga de Nazaret un texto del profeta Isaías: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido» (Lc 4,18). Estas palabras tienen un sentido que sobrepasa el concreto momento histórico en que fueron pronunciadas. El Espíritu Santo habita en plenitud en Jesucristo, y es Él quien lo envía a los creyentes.
Pero, además, todas las palabras del Evangelio tienen una actualidad eterna. Son eternas porque han sido pronunciadas por el Eterno, y son actuales porque Dios hace que se cumplan en todos los tiempos. Cuando escuchamos la Palabra de Dios, hemos de recibirla no como un discurso humano, sino como una Palabra que tiene un poder transformador en nosotros. Dios no habla a nuestros oídos, sino a nuestro corazón. Todo lo que dice está profundamente lleno de sentido y de amor. La Palabra de Dios es una fuente inextinguible de vida: «Es más lo que dejamos que lo que captamos, tal como ocurre con los sedientos que beben en una fuente» (San Efrén). Sus palabras salen del corazón de Dios. Y, de ese corazón, del seno de la Trinidad, vino Jesús —la Palabra del Padre— a los hombres.
Por eso, cada día, cuando escuchamos el Evangelio, hemos de poder decir como María: «Hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38); a lo que Dios nos responderá: «Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír». Ahora bien, para que la Palabra sea eficaz en nosotros hay que desprenderse de todo prejuicio. Los contemporáneos de Jesús no le comprendieron, porque lo miraban sólo con ojos humanos: «¿No es este el hijo de José?» (Lc 4,22). Veían la humanidad de Cristo, pero no advirtieron su divinidad. Siempre que escuchemos la Palabra de Dios, más allá del estilo literario, de la belleza de las expresiones o de la singularidad de la situación, hemos de saber que es Dios quien nos habla.
Rev. D. David AMADO i Fernández (Barcelona, España)

Santoral Católico:
Santa Rosalía
Virgen Ermitaña
Vivió en el siglo XII y murió hacia 1160.
Aunque se desconocen datos sobre su patria y vida, una leyenda asegura que a los 14 años se retiró a una cueva del monte Coscina y luego a otra del monte Pellegrino, cercano a Palermo.
En la Edad Media se le dedicaron varias iglesias y se le consideró Protectora y Patrona de Palermo.
Sus restos fueron descubiertos un 15 de julio y el Papa Urbano VIII la incluyó como santa en el Martirologio.
Se le invoca como abogada contra la peste y los terremotos. La iconografía la presenta como ermitaña o bien revestida con hábito agustino.
Sus principales atributos son: una corona de rosas, en alusión a su nombre; y un crucifijo y una calavera, por su ascesis.  
© Catholic.net

Pensamiento del día

“Los signos de los tiempos muestran
que el presente milenio será el del protagonismo de los laicos,
 donde el seguimiento de Jesús y la misión evangelizadora,
serán para testimoniar y anunciar su Reino de santidad,
verdad, gracia, justicia, paz, amor, en este momento de la historia”.
-Mons. José Conejero-

Tema del día:
Tácticas del demonio
El demonio utiliza distintas tácticas según sea el alma a la que va dirigida su tentación y sugestión. Con las almas pecadoras y sumergidas en los pecados, su trabajo es casi nulo, pues la misma alma trabaja por sí sola para su perdición, y el diablo simplemente la induce y tienta a cometer cada vez más graves pecados, pero generalmente la deja tranquila, pues sabe que ese tipo de almas ya van por el camino del Infierno.

Sin embargo con las almas que son un poco más piadosas, e incluso con las almas que quieren realmente llegar a la perfección, a la santidad, el diablo se disfraza de ángel de luz, y utiliza toda su astucia e inteligencia corrompida en disimular sus intereses homicidas.

Es así como notamos que en las almas buenas, el demonio quiere desordenarlas, al menos que, si no puede hacerlas caer en faltas más o menos graves, por lo menos se interesa vivamente en que las almas pierdan la paz y se desordenen.

Efectivamente el diablo es desorden, es el primer Desordenado, y no puede actuar distinto a su naturaleza, y lleva desorden a todas partes. Por eso quien está un poco atento, descubre fácilmente sus argucias, ya que todo lo que deja paz en el alma, viene de Dios; en cambio lo que perturba e inquieta, no viene sino del Maligno.

San Ignacio de Loyola nos da una ayuda para no caer en un tipo de trampa que tiende el demonio a las almas piadosas, y es hacer lo contrario a que el demonio nos sugiere. Es decir, a veces el diablo propone extremos, o hacer mucha más penitencia de la que estamos haciendo, y entonces es el momento de actuar en contra, es decir, hacer menos penitencia, o al menos continuar con la que hacemos habitualmente.

Lo importante para Satanás es desordenarnos, porque como bien dice el dicho popular: “A río revuelto, ganancia de pescadores”. Y el demonio quiere desestabilizarnos, desordenarnos, para “pescar” en las aguas turbulentas de nuestras almas.

Estemos en guardia, porque tenemos un enemigo formidable que nos acecha y anda como león rugiente a nuestro alrededor tratando de devorarnos.

Y lo más peligroso es dudar de la existencia de los demonios, dudar de que son un número sin número y que casi continuamente atentan contra nuestras almas, pero también contra nuestras vidas materiales, pues causan accidentes y desgracias, de modo que si nuestros ángeles custodios no nos defendieran continuamente, no podríamos salir bien parados de estas emboscadas.

La paz es signo de que algo viene de Dios. La inquietud, en cambio, es señal de que algo no viene de Dios, sino del Maligno. Tengamos esto siempre bien presente para distinguir las mociones de los diversos espíritus que se alternan en nosotros.

Y no nos extrañemos que en un momento estemos movidos por el espíritu bueno, y al siguiente momento por el espíritu malo; pues un ejemplo claro de que eso puede suceder, y sucede a menudo, es cuando Pedro hizo su confesión de fe en Jesucristo, y al momento siguiente trató de disuadir a Jesús de la Cruz, con lo que consiguió que el Señor le llamara “Satanás”. Pensemos en ello, porque a nosotros también nos puede pasar.
© Sitio Santísima Virgen

Mensaje de María Reina de la Paz 
Mensaje de María Reina de la Paz del 2 de setiembre de 2017

“Queridos hijos, ¡quién mejor que yo puede hablaros del amor y del dolor de mi Hijo! He vivido con Él, he sufrido con Él. Durante la vida terrena he experimentado el dolor, porque fui madre. Mi Hijo amaba los pensamientos y las obras del Padre Celestial, el verdadero Dios. Y, como Él me decía, había venido para redimiros. Yo escondía mi dolor en el amor, y vosotros, hijos míos, tenéis numerosas preguntas. No comprendéis el dolor. No comprendéis que, a través del amor de Dios, debéis aceptar el dolor y soportarlo. Cada criatura de Dios lo experimentará en menor o mayor medida, pero, con la paz en el alma y en estado de gracia, la esperanza existe: es mi Hijo, Dios, nacido de Dios. Sus palabras son la semilla de la vida eterna que, sembradas en las almas buenas, producen numerosos frutos. Mi Hijo ha llevado el dolor porque ha tomado sobre sí vuestros pecados. Por eso, hijos míos, apóstoles de mi amor, vosotros que sufrís, sabed que vuestros dolores se convertirán en luz y en gloria. Hijos míos, mientras soportáis el dolor, mientras sufrís, el Cielo entra en vosotros. Y vosotros, dad un poco de Cielo y mucha esperanza a quienes tenéis alrededor. ¡Os doy las gracias!”

Meditaciones
Como decía San Bernardo. “De Maria nunquam satis” “De María nunca hablaremos suficiente” Siempre tuve por Ella, una devoción y un culto particulares. Guardo en mi memoria y en mi corazón un evento que se produjo en 1956, cuando era seminarista.
Mientras estaba de vacaciones en un pueblo de mi región de origen en Sanrandira (Brasil), participé un día en una procesión de Nuestra Señora de Fátima en un asilo de ancianos, muchos de los residentes participaron en la procesión. Súbitamente el cielo se oscureció y se iba a desatar una tormenta. Le supliqué a la Madre de Dios que nos ayudara. Pudimos llegar hasta la iglesia que todavía estaba lejos, unos minutos antes que un diluvio nos cayera encima.
Mientras terminábamos de rezar el Rosario y nos disponíamos a salir de la iglesia, pues había llegado la hora de regresar, la fuerte lluvia cesó así pude consolarlos afirmando con fe “tenemos tiempo de regresar a nuestras casa antes de que vuelva la lluvia” Todo esto sucedió como respuesta a nuestra oración a Nuestra Señora, Madre de Dios y Madre Nuestra.
Monseñor Eurico Santos Veloso

Pedidos de oración
Pedimos oración por la Santa Iglesia Católica; por el Papa Francisco, por el Papa Emérito Benedicto, por los obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, catequistas y todos los que componemos el cuerpo místico de Cristo; por la unión de los cristianos para que seamos uno, así como Dios Padre y nuestro Señor Jesucristo son Uno junto con el Espíritu Santo; por las misiones; por el triunfo del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María;  por la conversión de todos los pueblos; por la Paz en el mundo; por los cristianos perseguidos y martirizados en Medio Oriente, África, y en otros lugares; por nuestros hermanos sufrientes por diversos motivos especialmente por las enfermedades, el abandono, la carencia de afecto, la falta de trabajo, el hambre y la pobreza; por los niños con cáncer y otras enfermedades graves; por el drama de los refugiados del Mediterráneo; por los presos políticos y la falta de libertad en muchos países del mundo; por las víctimas de catástrofes naturales; por la unión de las familias, la fidelidad de los matrimonios y por más inclinación de los jóvenes hacia este sacramento; por el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas; y por las Benditas Almas del Purgatorio.

Los cinco minutos de María
Setiembre 4
Los sufrimientos que nos trae la vida misma, aceptados de corazón, nos ponen en comunión con Jesús, con María y con todos los hombres que sufren.
María de pie junto a la cruz representa a la humanidad y a la Iglesia. Más aún, porque ella entrega a Jesús al Padre por toda la humanidad, recibe como regalo de su Hijo a toda la humanidad, a los hombres redimidos que atraviesan con dolor la historia y caminan hacia el cielo nuevo y la tierra nueva que surgen de la Pascua del Resucitado.
María, tú comprendiste mejor que nadie el sufrimiento de Cristo y de la humanidad entera; ayúdanos a tomar la cruz para seguir a Jesús y entregar la vida para salvarla.
* P. Alfonso Milagro
FELIPE
-Jardinero de Dios-
(el más pequeñito de todos)