martes, 1 de septiembre de 2026

Pequeñas Semillitas 6426

PEQUEÑAS SEMILLITAS
 
Año 21 - Número 6426 ~ Martes 1 de Setiembre de 2026
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
¡Alabado sea Jesucristo!
Cuentan que una profesora de piano, enseñaba a los alumnos de una forma diferente. Siempre antes de un recital, los hacía practicar una y otra vez el final. Podían equivocarse en el principio o en el medio, pero si se equivocaban en el final debían practicarlo hasta que fuera perfecto.
Uno de sus estudiantes le preguntó el motivo de aquel interés especial en el final, a lo que ella contestó: "Verás, en una presentación puedes equivocarte en el inicio o en la mitad, pero si tu final es perfecto y majestuoso, nadie recordará tus errores y toda tu presentación será aplaudida".
En nuestra vida, tal vez ya no podamos modificar lo que hicimos en el comienzo o en el medio... Pero sí estamos a tiempo de hacer que lo que nos quede -hasta el final- sea acorde a lo que Dios espera de nosotros.
 
La Palabra de Dios
Lecturas del día
- MARTES 22 DEL TIEMPO ORDINARIO -
Primera Lectura: 1 Corintios 2, 10-16
 
Salmo: Sal 144, 8-9. 10-11. 12-13ab. 13cd-14
 
Santo Evangelio: Lc 4,31-37
En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba. Quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad. Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo, y se puso a gritar a grandes voces: «¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». Jesús entonces le conminó diciendo: «Cállate, y sal de él». Y el demonio, arrojándole en medio, salió de él sin hacerle ningún daño. Quedaron todos pasmados, y se decían unos a otros: «¡Qué palabra ésta! Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos y salen». Y su fama se extendió por todos los lugares de la región.
 
Comentario:
Hoy, vemos cómo la actividad de enseñar fue para Jesús la misión central de su vida pública. Pero la predicación de Jesús era muy distinta a la de los otros maestros y esto hacía que la gente se extrañara y se admirara. Ciertamente, aunque el Señor no había estudiado (cf. Jn 7,15), desconcertaba con sus enseñanzas, porque «hablaba con autoridad» (Lc 4,32). Su estilo de hablar tenía la autoridad de quien se sabe el “Santo de Dios”.
Precisamente, aquella autoridad de su hablar era lo que daba fuerza a su lenguaje. Utilizaba imágenes vivas y concretas, sin silogismos ni definiciones; palabras e imágenes que extraía de la misma naturaleza cuando no de la Sagrada Escritura. No hay duda de que Jesús era buen observador, hombre cercano a las situaciones humanas: al mismo tiempo que le vemos enseñando, también lo contemplamos cerca de las gentes haciéndoles el bien (con curaciones de enfermedades, con expulsiones de demonios, etc.). Leía en el libro de la vida de cada día experiencias que le servían después para enseñar. Aunque este material era tan elemental y “rudimentario”, la palabra del Señor era siempre profunda, inquietante, radicalmente nueva, definitiva.
La cosa más grande del hablar de Jesucristo era el compaginar la autoridad divina con la más increíble sencillez humana. Autoridad y sencillez eran posibles en Jesús gracias al conocimiento que tenía del Padre y su relación de amorosa obediencia con Él (cf. Mt 11,25-27). Es esta relación con el Padre lo que explica la armonía única entre la grandeza y la humildad. La autoridad de su hablar no se ajustaba a los parámetros humanos; no había competencia, ni intereses personales o afán de lucirse. Era una autoridad que se manifestaba tanto en la sublimidad de la palabra o de la acción como en la humildad y sencillez. No hubo en sus labios ni la alabanza personal, ni la altivez, ni gritos. Mansedumbre, dulzura, comprensión, paz, serenidad, misericordia, verdad, luz, justicia... fueron el aroma que rodeaba la autoridad de sus enseñanzas.
* Rev. D. Joan BLADÉ i Piñol (Barcelona, España) © Evangeli.net – Imagen: Parroquia San Pedro Apóstol (Málaga).
 
Santoral Católico:
Ermitaño y Abad
Fue un santo popular y gozó de culto en buena parte de Europa. Fundó una abadía en la región de Nimes (Francia), de la que fue abad y en la que murió en el siglo VI/VII. En aquel lugar surgió luego la ciudad de Saint-Gilles.
Para más información hacer clic acá.
(Directorio Franciscano – ACI Prensa – Catholic.net)
 
Pensamiento del día
«Para ver a un ángel, tienes que ver el alma de la otra persona. Para sentir a un ángel, tienes primero que tocar el corazón de la otra persona. Para escuchar a un ángel, tienes primero que hacer ambas cosas»
(Anónimo)
 
Tema del día:
A los Ángeles Custodios
Una costumbre muy piadosa y buena es invocar a nuestro Ángel Custodio antes de emprender alguna actividad de importancia. Y no sólo invocar a nuestro propio ángel, sino también invocar a los ángeles que custodian a todas las personas con las que nos encontraremos o nos contactaremos en el día, para que ellos las guíen y las predispongan a la paz, y que todo transcurra en tranquilidad y armonía.
 
Es una pena que no aprovechemos la ayuda que nos ha puesto Dios a nuestro lado, que es nuestro ángel custodio. Porque la mayor parte de las veces nuestro ángel debe quedarse sólo de espectador, ya que, al no invocarlo en nuestra ayuda, él poco o nada puede hacer por nosotros.
 
A partir de ahora comencemos a tener un trato más familiar con nuestro propio ángel, y también con los ángeles que custodian a las personas más importantes para nosotros, para que haya paz en la familia, con los amigos y, también por qué no, paz con nuestros enemigos.
 
Si hacemos esto, veremos cómo las relaciones humanas irán cambiando paulatinamente y todo se realizará según la adorable voluntad de Dios, que manda a sus ángeles en nuestro auxilio.
 
Entonces acostumbrémonos a rezar a los ángeles custodios antes de salir de casa, en el viaje, cuando regresamos, en la noche al acostarnos, y en todo momento, porque ellos han sido puestos por Dios a nuestro lado para que la lucha no sea tan desigual. Pues efectivamente si peleamos solos contra el Maligno, seguramente seremos vencidos por él. Pero si echamos mano a la ayuda de nuestro poderoso ángel de la guarda, entonces la cosa cambia y podemos salir airosos del combate que se nos presenta.
 
Y como broche de haber invocado a nuestros ángeles, también sería bueno que llamemos en nuestra ayuda a San Miguel Arcángel, que es el Príncipe de la Milicia celestial, y que tiene bajo su mando a todos los ángeles buenos que custodian a los hombres, a las familias, a los pueblos y al mundo entero.
 
Aquí coloco las dos oraciones que podemos hacer para invocarlos:
 
Al Ángel de la Guarda:
Ángel de Dios, que eres mi custodio, ya que la soberana piedad me ha encomendado a ti, ilumíname, guárdame, rígeme y gobiérname. Amén.
 
A San Miguel Arcángel      
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén.    
(Sitio Santísima Virgen - Imagen IA Gemini)
 
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Meditaciones de “Pequeñas Semillitas”
Dios es la misma Misericordia, y si pecamos y nos arrepentimos de corazón y le pedimos perdón, Él nos perdona; y no sólo nos perdona, sino que nos premia y nos da la forma de reparar el mal que hicimos. Por eso debemos confiar siempre en Dios, y si tenemos la desgracia de ofenderlo, no debemos desesperarnos ni tener miedo de Dios, sino acercarnos a Él con corazón contrito y humillado y pedirle humildemente perdón.
No hay que cometer el pecado; pero si lo hemos cometido, sepamos que ese mismo pecado nos ayudará a subir más alto, pues nos hará más humildes y conocedores de nuestra nada, y Dios ama mucho a los humildes y premia esta virtud. Ya lo dice Jesús en el Evangelio que quien se humilla será ensalzado, y el que se ensalza será humillado. Entonces, si un pecado que hemos cometido nos sirve para comprobar nuestra debilidad y nuestra miseria y hacernos más humildes, ¡bendito sea Dios, que de un mal sabe sacar un bien para su criatura!
Y es que la función de Dios es sacar un bien del mal realizado; así como la función de Satanás es sacar un mal del bien realizado.
Así que no nos desanimemos si hemos pecado, sino que con mucha humildad pidamos perdón a Dios, hagamos una buena y completa confesión con un sacerdote y sigamos adelante, sabiendo que donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia; y como dice la liturgia en Pascua: “¡Feliz culpa, que nos mereció tan gran Redentor!”. Así nosotros no nos desanimemos por nuestras caídas, sino levantémonos y sigamos adelante con paz en el alma y confianza en la Bondad infinita de Dios que siempre nos perdona.
🌸
“Celebrar a María es, en primer lugar, hacer memoria de la Madre, hacer memoria de que no somos ni seremos nunca un pueblo huérfano.” Así lo declaró el Papa Francisco durante la misa por los pueblos de América Latina en la Festividad de Nuestra Señora de Guadalupe (México), en la Basílica de San Pedro (Roma), el 12 de diciembre de 2016. El Santo Padre nos ha invitado a “aprender de esa fe recia y servicial que ha caracterizado y caracteriza a nuestra Madre” y a dejarse contemplar por ella.
El Papa Francisco meditó particularmente en la mirada de María (alusión al hecho que la imagen del vidente de Nuestra Señora de Guadalupe, san Juan Diego y de los personajes que lo rodean se estampó en los ojos de la Virgen de Guadalupe): “No tengamos miedo de salir a mirar a los demás con su misma mirada. Una mirada que nos hace hermanos. Lo hacemos porque, al igual que Juan Diego, sabemos que aquí está nuestra madre, sabemos que estamos bajo su sombra y su resguardo, que es la fuente de nuestra alegría, que estamos en el cruce de sus brazos”.
“¡Tenemos Madre! Y donde está la madre hay siempre presencia y sabor a hogar. Donde está la madre, los hermanos se podrán pelear pero siempre triunfará el sentido de unidad.”
 
Los cinco minutos de San Francisco
Setiembre: Las criaturas
Día 1
Francisco abrazaba todas las cosas con una indescriptible y afectuosa devoción, les hablaba del Señor y las exhortaba a alabarlo. Dejaba que las velas y las lámparas se consumaran por sí solas, no queriendo apagar con su mano la claridad, que era símbolo de la luz eterna.
(Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
 
FELIPE
-Jardinero de Dios-
(el más pequeñito de todos)
 
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