martes, 3 de noviembre de 2015

Pequeñas Semillitas 2836

PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 10 - Número 2836 ~ Martes 3 de Noviembre de 2015
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
Alabado sea Jesucristo…
En momentos de enfermedad, cuando uno puede sentirse muy abandonado y muy solo, pueden aparecer pensamientos muy negros, ideas de mucha desesperanza y de mucha tristeza. Para esas ocasiones es importante la mano del hermano, el recurso de la oración, la fuerza de la oración. La experiencia de la Iglesia nos dice que cuando rezamos por los enfermos y cuando los enfermos pueden rezar, esa cadena de oración y la fuerza del Señor Jesús, que quiso identificarse con los enfermos  (“estuve enfermo y me visitaron” dice en el capítulo 25 de San Mateo) el Señor se quiere identificar con esta particular soledad, con esta particular situación de fragilidad y de limitación que vive el hermano enfermo.
Por eso es tan importante que nosotros podamos acompañar, visitar, estar presentes, animando a los hermanos enfermos. Escuchándolos. Necesitan tanto de nuestra compañía y de nuestra escucha… Es importante también, como un entrenamiento, para cuando nosotros estemos en la misma situación y tengamos que enfrentar también la fragilidad.
Mons. Oscar Ojea

¡Buenos días!

Dios de la tierra y del cielo
En este inspirado himno pides a Dios “salir de las vanidades”. Las vanidades del hombre son esas frivolidades, completamente intrascendentes, que no pocas veces acaparan tiempo y fatiga, mientras dejas en la penumbra tus auténticas prioridades que merecen una dedicación y entusiasmo incansables.

Dios de la tierra y del cielo, que, por dejarlas más claras,
las grandes aguas separas,
pones un límite al cielo.
Tú que das cauce al riachuelo y alzas la nube a la altura,
tú que, en cristal de frescura,
sueltas las aguas del río sobre las tierras de estío,
sanando su quemadura,
danos tu gracia, piadoso,
para que el viejo pecado no lleve al hombre engañado
a sucumbir a su acoso.
Hazlo en la fe luminoso, alegre en la austeridad
y hágalo tu claridad salir de sus vanidades;
dale, Verdad de verdades,
el amor a tu verdad. Amén.

Y concluye el poema con una sólida súplica: “dame el amor a tu verdad”. La verdad de Dios, es su voluntad, su camino, sus palabras. Este concepto está ampliamente desarrollado en el salmo 119. Por ejemplo: “Enséñame, Señor, a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón; guíame por la senda de tus mandatos, porque ella es mi gozo. Dame vida con tu palabra”.
Enviado por el P. Natalio

La Palabra de Dios:
Evangelio de hoy
En aquel tiempo, dijo a Jesús uno de los que comían a la mesa: «¡Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios!». Él le respondió: «Un hombre dio una gran cena y convidó a muchos; a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los invitados: ‘Venid, que ya está todo preparado’. Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: ‘He comprado un campo y tengo que ir a verlo; te ruego me dispenses’. Y otro dijo: ‘He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego me dispenses’. Otro dijo: ‘Me he casado, y por eso no puedo ir’.
»Regresó el siervo y se lo contó a su señor. Entonces, airado el dueño de la casa, dijo a su siervo: ‘Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad, y haz entrar aquí a los pobres y lisiados, y ciegos y cojos’. Dijo el siervo: ‘Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía hay sitio’. Dijo el señor al siervo: ‘Sal a los caminos y cercas, y obliga a entrar hasta que se llene mi casa’. Porque os digo que ninguno de aquellos invitados probará mi cena». (Lc 14,15-24)

Comentario
Hoy, el Señor nos ofrece una imagen de la eternidad representada por un banquete. El banquete significa el lugar donde la familia y los amigos se encuentran juntos, gozando de la compañía, de la conversación y de la amistad en torno a la misma mesa. Esta imagen nos habla de la intimidad con Dios trinidad y del gozo que encontraremos en la estancia del cielo. Todo lo ha hecho para nosotros y nos llama porque «ya está todo preparado» (Lc 14,17). Nos quiere con Él; quiere a todos los hombres y las mujeres del mundo a su lado, a cada uno de nosotros.
Es necesario, sin embargo, que queramos ir. Y a pesar de saber que es donde mejor se está, porque el cielo es nuestra morada eterna, que excede todas las más nobles aspiraciones humanas —«ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman» (1Cor 2,9) y, por lo tanto, nada le es comparable—; sin embargo, somos capaces de rechazar la invitación divina y perdernos eternamente el mejor ofrecimiento que Dios podía hacernos: participar de su casa, de su mesa, de su intimidad para siempre. ¡Qué gran responsabilidad!
Somos, desdichadamente, capaces de cambiar a Dios por cualquier cosa. Unos, como leemos en el Evangelio de hoy, por un campo; otros, por unos bueyes. ¿Y tú y yo, por qué somos capaces de cambiar a aquél que es nuestro Dios y su invitación? Hay quien por pereza, por dejadez, por comodidad deja de cumplir sus deberes de amor para con Dios: ¿Tan poco vale Dios, que lo sustituimos por cualquier otra cosa? Que nuestra respuesta al ofrecimiento divino sea siempre un sí, lleno de agradecimiento y de admiración.
Rev. D. Joan COSTA i Bou (Barcelona, España)

Santoral Católico:
San Martín de Porres
Religioso Dominico
Nació en Lima (Perú) el año 1579, de un funcionario real español, Juan de Porres, y de una joven de origen africano, Ana Velázquez, que no se casaron: Martín era mulato e hijo ilegítimo, lo que le causó muchas dificultades. Fue educado cristianamente por su madre y aprendió de joven el oficio de barbero-cirujano. En 1603 fue admitido en la Orden de los dominicos como hermano converso, después de vivir ocho años en el convento como donado. Desde el principio se le confió el oficio de enfermero que ejerció, con gran competencia y mayor caridad, en favor de los frailes y de los numerosos pobres que acudían al convento; además instituyó varias obras caritativas. Supo conjugar la incesante actividad asistencial con el recogimiento de un contemplativo. Llevó una vida de mortificación y de humildad, y tuvo una gran devoción a la Eucaristía. Murió en Lima el 3 de noviembre de 1639.
Oración: Señor, Dios nuestro, que has querido conducir a san Martín de Porres por el camino de la humildad a la gloria del cielo, concédenos la gracia de seguir sus ejemplos, para que merezcamos ser coronados con él en la gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
© Directorio Franciscano    

La frase de hoy

"Debemos ayudar a los que se hallan en el Purgatorio.
Demasiado insensible seria quien no auxiliara
a un ser querido encarcelado en la tierra;
más insensible es el que no auxilia
 a un amigo que está en el Purgatorio,
pues no hay comparación posible
entre las penas de este mundo y las de allí"
~ Santo Tomás de Aquino ~

Tema del día:
Tres horas en el Purgatorio
Fray Daniele Natale, fue un sacerdote capuchino italiano que se dedicó a misionar en medio de tierras hostiles durante la Segunda Guerra Mundial. Socorría con prisa a los heridos, enterraba a los muertos y ponía a salvo los objetos litúrgicos. Él mismo relata:

He desenvuelto mi vida haciendo el trabajo que me correspondía; de portero, sacristán, pedir limosnas y cocinero. Con frecuencia me iba con la mochila en la espalda a pedir limosnas de puerta en puerta. Hacía la compra todos los días para el convento. Todos me conocían y me querían bien. Siempre que compraba alguna cosa me hacían descuentos, y aquellas pocas liras que recogía, en vez de entregárselas al superior, las conservaba para la correspondencia, para mis pequeñas necesidades y también para ayudar a los militares que llamaban a la puerta del convento.

Inmediatamente después de la guerra, me encontraba en San Giovanni Rotondo, mi pueblo nativo, en el mismo convento del Padre Pío. Un poco tiempo después comencé con algunos dolores en el aparato digestivo y me fui a una consulta médica, y el médico me diagnosticó un mal incurable: un tumor en el bazo.

Pensando ya en la muerte, fui a referírselo todo al Padre Pío, el que -después de haberme escuchado- bruscamente me dijo: «Opérate.» Permanecí confuso y reaccionando le dije: «Padre, no vale la pena. El médico no me ha dado ninguna esperanza. Ahora sé que debo morir.»

«No importa lo que te ha dicho el médico: opérate, pero en Roma en la clínica Regina Elena con el Dr. Riccardo Moretti.» El Padre Pío me dijo esto con tal fuerza y con tanta seguridad que le contesté: «Si Padre, lo haré». Entonces él me miró con dulzura y, conmovido, añadió: «No temas, yo estaré siempre contigo».
A la mañana siguiente salí ya en viaje para Roma, y estando sentado en el tren, advertí al lado mío una presencia misteriosa: era el Padre Pío que mantenía la promesa de estar conmigo.

En Roma, llegué a la clínica «Regina Elena» y hacia el atardecer ingresé. Parecía que todos me esperaban, como si alguno hubiera anunciado mi llegada, y me acogieron inmediatamente. El doctor Riccardo Moretti al principio, no quería realizar la operación, porque estaba seguro de que no iba a sobrevivir. Al final, sin embargo, influenciado por un impulso interior, decidió internarme y hacer la cirugía.

La intervención se llevó a cabo al día siguiente por la mañana. Fray Daniele, a pesar de que le habían administrado la anestesia, siguió consciente. Sentía un gran dolor, pero no lo manifestaba; al contrario, estaba satisfecho de poder ofrecer su sufrimiento a Jesús. Al mismo tiempo, tenía la impresión de que el dolor que estaba sufriendo, estaba purificando cada vez más su alma de pecados. Al cabo de un momento sintió que se dormía.

Los médicos, sin embargo, afirmaron que después de la intervención, el paciente había entrado en coma y permaneció en este estado durante tres días, tiempo en que después falleció. Se expidió el certificado médico de su defunción y acudieron los familiares para rezar por el difunto. Sin embargo, pasadas unas horas, para asombro de los allí reunidos, de repente el muerto volvió a la vida.

¿Qué le había pasado a Fray Daniel durante aquellas escasas horas? ¿Dónde había estado su alma? Prontamente el religioso capuchino contaría su propia experiencia con el purgatorio en el libro “Fra Daniele raconta”. De este escrito, les compartimos los siguientes fragmentos:

“Yo estaba de pie delante del trono de Dios. Lo vi, pero no como un juez severo, sino como un padre afectuoso y lleno de amor. Entonces me di cuenta de que el Señor lo había hecho todo por amor mío, que había cuidado de mí desde el primer hasta el último instante de mi vida, amándome como si fuera la única criatura existente sobre esta tierra. Me di cuenta también, sin embargo, de que yo no sólo no había correspondido a este inmenso amor divino, sino que lo había descuidado del todo. Fui condenado a dos-tres horas de Purgatorio.

«Pero ¿cómo? -me pregunté- ¿Sólo dos-tres horas? ¿Y después voy a permanecer para siempre junto a Dios, eterno Amor?». Di un salto de alegría y me sentí como un hijo predilecto. Estando en el Purgatorio sentía unos dolores terribles, que no se sabe de dónde venían, pero se sentían intensamente. Los sentidos que más habían ofendido a Dios en este mundo: los ojos, la lengua… sentían mayor dolor y era una cosa increíble, porque ahí en el Purgatorio uno se siente como si tuviera el cuerpo y conoce, reconoce a los otros como ocurre en el mundo”.

Mientras tanto -explica- no habían pasado más que unos pocos momentos de esas penas y ya me parecía que fuese una eternidad. Entonces pensé en ir a un hermano de mi convento para pedirle que rezara por mí, que yo estaba en el Purgatorio. Ese hermano se quedó maravillado, porque sentía mi voz, pero no veía mi persona, y él preguntaba «Dónde estás? ¿Por qué no te veo?» (…). Sólo entonces me di cuenta de estar sin cuerpo. Me contentaba con insistirle en que rezara mucho por mí y me fui de allí. «Pero, ¿cómo? –me decía a mí mismo- ¿No deben ser sólo dos-tres horas de Purgatorio…? ¡Y ya han pasado trescientos años!»… al menos así me lo parecía.

De repente se me aparece la Bienaventurada Virgen María y le supliqué, le imploré diciéndole «¡Oh, Santísima Virgen María, madre de Dios, obtén para mí del Señor la gracia de retornar a la tierra para vivir y actuar sólo por amor de Dios!». Me di cuenta también de la presencia del Padre Pío y le supliqué también a él: «Por tus atroces dolores, por tus benditas llagas, Padre Pío mío, reza tú por mí a Dios para que me libere de estas llamas y me conceda continuar el Purgatorio sobre la tierra». Después no vi nada más, pero me di cuenta de que el Padre Pío le hablaba a la Virgen.

Después de unos instantes se me apareció de nuevo la Bienaventurada Virgen María (…) ella inclinó su cabeza y me sonrió. En aquel preciso momento recuperé la posesión de mi cuerpo (…) con un movimiento brusco, me liberé de la sábana que me cubría. (…) los que me estaban velando y rezando, asustadísimos se precipitaron fuera de la sala para ir en busca de los enfermeros y de los doctores. En pocos minutos en la clínica se armó un jaleo. Todos creían que yo era un fantasma”.

Al día siguiente, por la mañana, Fray Daniele se levantó por sí mismo de la cama y se sentó en un sillón. Eran las siete. Los médicos pasaban normalmente alrededor de las nueve. Pero ese día, el doctor Riccardo Moretti, el mismo que había redactado el certificado médico de defunción de Fray Daniele, había llegado más temprano al hospital. Se paró en frente de él y con lágrimas en los ojos le dijo: «Sí, ahora creo en Dios y en la Iglesia, creo en el Padre Pío…».

Fray Daniele, regresó a la vida para pasar más de cuarenta largos años padeciendo todo tipo de sufrimientos, que él tomaba a trueque de una eternidad junto a Dios. Quienes le conocieron dan fe de la alegría con la que siempre vivió sus enfermedades, que se sucedían de modo ininterrumpido, sumándose unas a otras.
Solamente recuerdo algunas intervenciones que sufrió: de próstata, colecistitis, aneurisma abdominal con prótesis; otra intervención después de un accidente callejero cerca de Bolonia, prescindiendo ya de otros dolores no sólo físicos, sino también morales.

A la hermana Felicetta, que le preguntó cómo se sentía de salud, Fray Daniele le confió: «Hermana mía, hace más de 40 años que no recuerdo que significa estar bien». Pero a Fray Daniele, todo le parecía poco, replicando al dolor con oración, de modo que terminó por hacer de su vida una plegaria. 

Cuando murió, el 6 de julio de 1994, se rezó un Rosario en sufragio por su alma en la misma enfermería del convento de los Hermanos Capuchinos de san Giovanni Rotondo. Varios de entre los orantes juraron haber visto los labios del fraile contestar las letanías. A nadie le extrañó demasiado. Durante 2012 se abrió una causa de beatificación y es hoy considerado Siervo de Dios.

Resumido de Interet. Para leer el artículo completo hacer clic acá.

Mensaje de María Reina de la Paz
Mensaje de María Reina de la Paz del 2 de Noviembre de 2015

“Queridos hijos, de nuevo quiero hablarles del amor. Los he reunido en torno a mí, en Nombre de mi Hijo, según Su voluntad. Quiero que su fe sea firme y que provenga del amor, porque mis hijos que comprenden el amor de mi Hijo y lo siguen, viven en el amor y en la esperanza. Ellos han conocido el amor de Dios. Por eso, hijos míos, oren, oren para que puedan amar más y hacer obras de amor, porque la fe sola, sin amor y sin obras de amor, no es lo que busco de ustedes. Hijos míos, esa es una apariencia de fe, eso es vanagloriarse. Mi Hijo pide fe y obras, amor y bondad. Yo oro y les pido también a ustedes, que oren y vivan el amor, porque quiero que mi Hijo, cuando mire los corazones de todos mis hijos, pueda ver en ellos amor y bondad, y no odio ni indiferencia. Queridos hijos, apóstoles de mi amor, no pierdan la esperanza, no pierdan la fuerza, ustedes pueden lograrlo. Yo los aliento y los bendigo, porque todas las cosas de esta tierra –que desgraciadamente muchos hijos míos ponen en el primer lugar– desaparecerán, y permanecerán solo el amor y las obras de amor, que les abrirán las puertas del Reino de los Cielos. Yo los estaré esperando en Esas puertas. En Esas puertas quiero esperar y abrazar a todos mis hijos. ¡Les doy las gracias!”

Unidos a María
A la primera comunidad cristiana, cuando los discípulos se vuelven cada vez más conscientes de que Jesús es el Hijo de Dios, se le hace evidente que María es la Theotokos, la Madre de Dios. (...)
Desde el siglo III, según un antiguo testimonio escrito, los cristianos de Egipto se dirigían a María con esta oración: «Bajo tu protección nos refugiamos, Santa Madre de Dios, no desprecies nuestras oraciones, mira que estamos en la dificultad, aléjanos todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita» En este antiguo testimonio, el término Theotokos, "Madre de Dios", aparece por primera vez de forma explícita.
A partir del siglo IV, el término Theotokos se utiliza con frecuencia en Oriente y Occidente. (...) Por lo tanto, podemos entender el gran movimiento de protesta que se creó en el siglo V cuando Nestorius puso en duda la legitimidad del título de "Madre de Dios" (...). El Concilio de Éfeso en el año 431, condenó sus tesis y afirmando la subsistencia de la naturaleza divina y la naturaleza humana en la persona del Hijo, proclamó a María Madre de Dios.

Jardinero de Dios
-el más pequeñito de todos-

lunes, 2 de noviembre de 2015

Pequeñas Semillitas 2835

PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 10 - Número 2835 ~ Lunes 2 de Noviembre de 2015
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
Alabado sea Jesucristo…
La Iglesia Católica  nos invita el 2 de noviembre, conmemoración de todos los fieles difuntos, a rezar por nuestros fieles difuntos, miembros del Cuerpo Místico de Cristo. Ellos constituyen la Iglesia Purgante y viven en solidaridad con los demás miembros –los de la Iglesia Militante en la tierra y los de la Iglesia Triunfante en el Paraíso– y en comunión con Dios, aunque de diverso modo.
Así como las almas de los fieles que alcanzaron ya su meta definitiva en el Cielo, viven en una perfecta intimidad con la Trinidad Beatísima, y los que aún vivimos en el mundo batallamos contra nuestras pasiones por ser fieles a Dios, las almas del Purgatorio pasaron ya por el mundo, pero todavía no gozan de Dios y requieren, por lo tanto, de nuestras oraciones a la Misericordia de la Santísima Trinidad.
San Agustín expresaba en forma poética y profunda:
"Una flor sobre su tumba se marchita.
Una lágrima sobre su recuerdo se evapora.
Una oración por su alma, la recibe Dios".

¡Buenos días!

Superación personal
“¿Quieres ayudar? Ayúdate primero. Los que tienen conflictos provocan conflictos a su alrededor. Los que no se aceptan no pueden aceptar a los demás. Los fracasados necesitan ver fracasar a los demás. Los resentidos siembran violencia” (Ignacio Larrañaga). La superación personal es una tarea indispensable para ser fermento de paz en tu ambiente.

"Ser hoy mejor que ayer y mañana mejor que hoy: este es el gran objetivo de la vida". Si cada día empleamos la voluntad en librarnos de un defecto, conseguiremos superarnos casi sin trabajo. Para ello nos conviene descubrir nuestros defectos, o que nos los hagan notar. En el modo de hablar y de reír, en las palabras empleadas para decir una cosa, en el movimiento de los brazos y de las piernas, en la manera de mirar, en todo, tenemos mucho que aprender, mucho que adelantar. Hay, por ejemplo, variadas expresiones para una negativa, desde el "no" brusco, seco, hasta la frase cortés y delicada. Con ésta, la negativa será menos dura para quien la recibe. Empeña la voluntad en la obra más grande y duradera que puedes realizar: tu superación y progreso personal.

Las piedras de los cerros caen al lecho de los torrentes y allí rozándose entre sí, pulen sus aristas, se suavizan y se vuelven brillantes. La convivencia cotidiana nos ayuda a madurar y pulirnos. Es un taller donde se forma la personalidad y se arraigan virtudes fundamentales, como la paciencia, la humildad y la esperanza. Aprovéchalo.
Enviado por el P. Natalio

La Palabra de Dios:
Evangelio de hoy
Cuando los soldados llegaron al lugar llamado Calvario, crucificaron allí a Jesús y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Uno de los malhechores colgados le insultaba: «¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!». Pero el otro le respondió diciendo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino». Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso». (Lc 23,33.39-43)

Comentario
Hoy, el Evangelio evoca el hecho más fundamental del cristiano: la muerte y resurrección de Jesús. Hagamos nuestra, hoy, la plegaria del Buen Ladrón: «Jesús, acuérdate de mí» (Lc 23,42). «La Iglesia no ruega por los santos como ruega por los difuntos, que duermen en el Señor, sino que se encomienda a las oraciones de aquéllos y ruega por éstos», decía san Agustín en un Sermón. Una vez al año, por lo menos, los cristianos nos preguntamos sobre el sentido de nuestra vida y sobre el sentido de nuestra muerte y resurrección. Es el día de la conmemoración de los fieles difuntos, de la que san Agustín nos ha mostrado su distinción respecto a la fiesta de Todos los Santos.
Los sufrimientos de la Humanidad son los mismos que los de la Iglesia y, sin duda, tienen en común que todo sufrimiento humano es de algún modo privación de vida. Por eso, la muerte de un ser querido nos produce un dolor tan indescriptible que ni tan sólo la fe puede aliviarlo. Así, los hombres siempre han querido honrar a los difuntos. La memoria, en efecto, es un modo de hacer que los ausentes estén presentes, de perpetuar su vida. Pero sus mecanismos psicológicos y sociales amortiguan los recuerdos con el tiempo. Y si eso puede humanamente llevar a la angustia, cristianamente, gracias a la resurrección, tenemos paz. La ventaja de creer en ella es que nos permite confiar en que, a pesar del olvido, volveremos a encontrarlos en la otra vida.
Una segunda ventaja de creer es que, al recordar a los difuntos, oramos por ellos. Lo hacemos desde nuestro interior, en la intimidad con Dios, y cada vez que oramos juntos, en la Eucaristía, no estamos solos ante el misterio de la muerte y de la vida, sino que lo compartimos como miembros del Cuerpo de Cristo. Más aún: al ver la cruz, suspendida entre el cielo y la tierra, sabemos que se establece una comunión entre nosotros y nuestros difuntos. Por eso, san Francisco proclamó agradecido: «Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana, la muerte corporal».
Fra. Agustí BOADAS Llavat OFM (Barcelona, España)

Santoral Católico:
Conmemoración de los Fieles Difuntos
La Iglesia, después de celebrar ayer la fiesta de todos sus hijos bienaventurados ya en el cielo, se interesa hoy ante el Señor en favor de las almas de todos cuantos nos precedieron en el signo de la fe y duermen en la esperanza de la resurrección, para que, purificados de toda mancha de pecado, puedan gozar de la felicidad eterna. Celebramos, pues, la victoria de Cristo, y de nosotros con Él, sobre la muerte. Y hacemos memoria de cuantos, habiendo compartido ya la muerte de Jesucristo, están llamados a compartir también con Él la gloria de la resurrección. El primer prefacio de difuntos nos enseña que «en Cristo brilla la esperanza de nuestra feliz resurrección; y así, aunque la certeza de morir nos entristece, nos consuela la promesa de la futura inmortalidad; porque la vida de los que creemos en el Señor, no termina, se transforma; y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo». Mientras nosotros pedimos por los difuntos, ellos interceden por nosotros.
Oración: Oh Dios, gloria de los fieles y vida de los justos, nosotros los redimidos por la muerte y resurrección de tu Hijo, te pedimos que acojas con bondad a tus siervos difuntos, y pues creyeron en la resurrección futura, merezcan alcanzar los gozos de la eterna bienaventuranza. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
© Directorio Franciscano    

Palabras de San Juan Pablo II
"Aliento a los católicos a orar con fervor por los difuntos, por los de sus familias y por todos nuestros hermanos y hermanas que han muerto, para que obtengan la remisión de las penas debidas a sus pecados y escuchen la llamada del Señor: «Ven, querida alma mía, al descanso eterno entre los brazos de mi bondad, que te ha preparado las delicias eternas» (San Francisco de Sales, Introducción a la vida devota 17, 4). Confiando a la intercesión de Nuestra Señora y de San José, Patrono de la buena muerte, a los fieles que oren por los difuntos, les imparto de todo corazón mi bendición apostólica." 

Tema del día:
Meditación sobre la muerte
Imagínate ahora como si estuvieses en el lecho, a punto de morir y de dejar todas las cosas de este mundo...

Oh Dios mío, dame una buena y santa muerte, y después la gloria eterna del Cielo...

1.- Soy joven, tengo salud y fuerzas; y casi parece que me he hecho la ilusión de que yo no he de morir. Y sin embargo mi vida pasa. ¡Cuántas veces he visto las aguas de un río, cómo van bajando, bajando hacia el mar! Así mi vida va caminando, caminando hacia el sepulcro. Cada día que pasa estoy un día más cerca de la muerte. Al viajar en ferrocarril, ¿no he visto cómo unos bajan en una estación, otros en otra, hasta que no queda nadie en el tren? Así en esta vida, unos acaban su viaje en la infancia, cuando son aún pequeñitos; otros, en plena juventud. ¿No he visto morir a algunos jóvenes, que quizá eran amigos o conocidos míos? ¿Llegará un día para mí la muerte? Ciertamente que sí. ¿Cuándo será? No lo sé. ¿En dónde moriré? No lo sé. ¿Cómo moriré? No lo sé, no lo sé. Piénsalo unos momentos.

2 ¿Qué es morir? Es separarse el alma del cuerpo. Han vivido siempre juntos, y es necesario separarse. El cuerpo, cada día lo vemos, es llevado al cementerio, en donde se deshace y se pudre. Pero el alma, ¿a dónde va? El alma que tengo, que me hace conocer, recordar, querer, ¿dónde va? Ella no va al cementerio, sino que en el mismo instante en que se separa del cuerpo, se presenta ante el tribunal de Dios, el cual le pide cuenta de todo lo que ha pensado, dicho y hecho en toda su vida. Si ahora mismo tuvieras que presentarte delante de Dios, ¿estaría tranquila tu conciencia? Piénsalo bien.

3.- ¡Qué terrible ha de ser presentarse delante de Dios en pecado mortal y oír la sentencia de condenación eterna! Ya no se puede volver atrás; el mundo ha pasado para siempre y la sentencia de Dios se cumplirá, sin que valgan súplicas ni excusas de ninguna clase. ¡Qué dulce y delicioso debe ser presentarse el alma en gracia de Dios, es decir, sin pecado mortal alguno! ¡Qué alegría al ver que se le abren las puertas del Cielo, y que allí vivirá eternamente! Piénsalo bien.

4- ¿Qué prefieres? ¿Qué desearías haber hecho en la hora de tu muerte? Hazlo ahora, porque después quizá sería ya tarde. Forma el propósito de portarte bien, de cumplir los mandamientos de la Ley de Dios, de huir del pecado y de frecuentar devotamente los santos Sacramentos. No te dejes engañar de las vanidades del mundo, que a tantos condenan y que pronto han de acabar; trabaja por salvar tu alma, que no morirá nunca. Mira cómo te has portado hasta ahora; y si ves que no vas por el camino del Cielo, procura enmendarte y cambiar de vida. Piénsalo bien.
P. Luis Rivera
(tomado del Web Católico de Javier)

Pedidos de oración
Pedimos oración por la Santa Iglesia Católica; por el Papa Francisco, por el Papa Emérito Benedicto, por los obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, catequistas y todos los que componemos el cuerpo místico de Cristo; por la unión de los cristianos para que seamos uno, así como Dios Padre y nuestro Señor Jesucristo son Uno junto con el Espíritu Santo; por las misiones; por el triunfo del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María;  por la conversión de todos los pueblos; por la Paz en el mundo; por los cristianos perseguidos y martirizados en Medio Oriente, África, y en otros lugares; por nuestros hermanos sufrientes por diversos motivos especialmente por las enfermedades, el abandono, la carencia de afecto, la falta de trabajo, el hambre y la pobreza; por los niños con cáncer y otras enfermedades graves; por el drama de los inmigrantes del Mediterráneo; por los presos políticos y la falta de libertad en muchos países del mundo; por la unión de las familias, la fidelidad de los matrimonios y por más inclinación de los jóvenes hacia este sacramento; por el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas; y por las Benditas Almas del Purgatorio.

Pedimos oración por Liliana, que vive en Chile, tiene 47 años de edad, es ciega, y mañana le van a extirpar dos tumores en la vejiga. Pedimos al Señor que la asista en esa cirugía y a la Virgen Santísima que como Madre la acompañe y la fortalezca en las dificultades.

Tú quisiste, Señor, que tu Hijo unigénito soportara nuestras debilidades,
para poner de manifiesto el valor de la enfermedad y la paciencia;
escucha ahora las plegarias que te dirigimos por nuestros hermanos enfermos
y concede a cuantos se hallan sometidos al dolor, la aflicción o la enfermedad,
la gracia de sentirse elegidos entre aquellos que tu hijo ha llamado dichosos,
y de saberse unidos a la pasión de Cristo para la redención del mundo.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Amén

Unidos a María
Donde está Jesús, allí mismo también está María. Y donde está María, también está Jesús. Porque Jesús le ha comunicado a su Madre su naturaleza divina; y María le comunicó a Jesús su naturaleza humana, y ambos están tan unidos, que es más fácil separar la luz del sol, que separar a Jesús de María.
Por eso cuando vayamos al Sagrario a visitar a Jesús Sacramentado, saludemos también a la Virgen, que está al lado de Jesús Eucaristía, contemplándolo y adorándolo como solo Ella sabe hacerlo.
Si queremos encontrar a Jesús en su plenitud y con una sonrisa sin igual, vayamos a María, que allí le encontraremos en su perfección de Dios-Hombre, y María estará feliz de poder dárnoslo.
Donde están Jesús y María no puede entrar el miedo. Por eso si vivimos en gracia de Dios, tenemos a Jesús con nosotros, y por eso tenemos también a María, y entonces no debemos tener miedo a nada ni a nadie, y somos invencibles.

Jardinero de Dios
-el más pequeñito de todos-

domingo, 1 de noviembre de 2015

Pequeñas Semillitas 2834

PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 10 - Número 2834 ~ Domingo 1 de Noviembre de 2015
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
Alabado sea Jesucristo…
Hoy celebra la Iglesia la fiesta de todos los santos. Esta palabra “santo” en la Biblia se aplicaba sólo a Dios, pues significa: sagrado o separado. Pero luego se fue diciendo de todo lo que se acercaba más a Dios. Así ya san Pablo llama santos a los cristianos por el hecho de estar unidos a Dios por el bautismo. Después ya sólo se aplicó a aquellas personas que por su comportamiento están más cerca de Dios. Especialmente los mártires que, por su muerte gloriosa, se unen para siempre con Dios.
Todos estamos llamados a la santidad. Nos lo ha dicho muchas veces la Iglesia. De una manera especial lo recalcó el concilio Vaticano II. No es que haya que tener una vida externa diferente a los demás, aunque la verdad es que hay situaciones que ayudan y hay situaciones que pueden estorbar. Tenemos que esforzarnos por conseguir siempre ser mejores y tender a un ideal grande. No es fácil, pero tampoco es imposible. Para ello Jesucristo nos enseñó el camino. El principal es la caridad. Sin amor no puede haber verdadera vida cristiana: Amor dirigido hacia Dios, que es nuestro Padre y nos acompaña, amor que se expresa especialmente en la oración, y amor hacia los demás, porque todos somos hermanos.

¡Buenos días!

Triunfo de Clodoveo
En tu vida, como en la de cualquier hombre, hay días decisivos en los que ves abrirse ante ti un horizonte nuevo donde vislumbras más paz y felicidad. Es el momento de discernir con sabiduría y hacer una buena opción. Pide iluminación al Señor para no dejar pasar en vano su gracia, si es él quien golpea la puerta de tu corazón.

Cuando Clodoveo, rey de los francos, salió un día a una difícil batalla, su esposa Clotilde, fervorosa cristiana, le dijo: “Si quieres obtener la victoria, invoca al Dios de los cristianos”.  En lo más duro del combate, acosados los francos por todas partes, Clodoveo exclamó: “Oh Cristo, a quien mi esposa invoca como hijo de Dios. Creo en ti. Si hoy me salvas de mis adversarios, recibiré el bautismo y entraré a tu religión". Desde ese momento su ejército se sobrepuso y venció a los agresores. El rey al volver victorioso, saludó a su esposa con estas palabras: "Clodoveo venció a sus enemigos, y tú venciste a Clodoveo". El terrible pagano empezó a estudiar la religión para hacerse bautizar. San Remigio, obispo misionero, preparó y bautizó al rey de los francos. En la celebración le dijo estas memorables palabras: "Valiente guerrero: en adelante quema lo que has adorado, y adora lo que has quemado".

Para tomar acertadas decisiones necesitas evaluar con lucidez y ponderación los aspectos positivos y negativos. Conviene también escuchar el parecer de personas prudentes. Esta evaluación podría llevarte a un nuevo enfoque que abrirá insospechadas posibilidades a tu vida. El Señor ilumine tus pasos y te guíe por el camino correcto.
Enviado por el P. Natalio

La Palabra de Dios:
Evangelio de hoy
En aquel tiempo, viendo Jesús la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos». (Mt 5,1-12a)

Comentario
Hoy celebramos la realidad de un misterio salvador expresado en el “credo” y que resulta muy consolador: «Creo en la comunión de los santos». Todos los santos, desde la Virgen María, que han pasado ya a la vida eterna, forman una unidad: son la Iglesia de los bienaventurados, a quienes Jesús felicita: «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8). Al mismo tiempo, también están en comunión con nosotros. La fe y la esperanza no pueden unirnos porque ellos ya gozan de la eterna visión de Dios; pero nos une, en cambio el amor «que no pasa nunca» (1Cor 13,13); ese amor que nos une con ellos al mismo Padre, al mismo Cristo Redentor y al mismo Espíritu Santo. El amor que les hace solidarios y solícitos para con nosotros. Por tanto, no veneramos a los santos solamente por su ejemplaridad, sino sobre todo por la unidad en el Espíritu de toda la Iglesia, que se fortalece con la práctica del amor fraterno.
Por esta profunda unidad, hemos de sentirnos cerca de todos los santos que, anteriormente a nosotros, han creído y esperado lo mismo que nosotros creemos y esperamos y, sobre todo, han amado al Padre Dios y a sus hermanos los hombres, procurando imitar el amor de Cristo.
Los santos apóstoles, los santos mártires, los santos confesores que han existido a lo largo de la historia son, por tanto, nuestros hermanos e intercesores; en ellos se han cumplido estas palabras proféticas de Jesús: «Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos» (Mt 5,11-12). Los tesoros de su santidad son bienes de familia, con los que podemos contar. Éstos son los tesoros del cielo que Jesús invita a reunir (cf. Mt 6,20). Como afirma el Concilio Vaticano II, «su fraterna solicitud ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad» (Lumen gentium, 49). Esta solemnidad nos aporta una noticia reconfortante que nos invita a la alegría y a la fiesta.
Mons. F. Xavier CIURANETA i Aymí Obispo Emérito de Lleida (Lleida, España)

Palabras de San Juan Pablo II
“La Solemnidad de todos los Santos pone ante los ojos de nuestra fe a los que han alcanzado ya la plenitud de su llamada a la unión con Dios (…) y nos ayuda así a profundizar una verdad fundamental de la fe cristiana, que profesamos en el Credo: la ‘comunión de los santos’ (…) Esta admirable comunión se realiza del modo más alto e intenso en la divina liturgia y, sobre todo, en la celebración del sacrificio eucarístico:  en él nos unimos de la manera más perfecta al culto de la Iglesia del cielo:  reunidos en comunión, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, madre de Jesucristo nuestro Dios y Señor; la de su esposo san José; la de todos los santos Apóstoles y mártires y la de todos los santos”

Tema del día:
Todos los Santos
Los santos que la liturgia celebra en esta solemnidad no son sólo aquellos canonizados por la Iglesia y que se mencionan en nuestros calendarios. Son todos los salvados que forman la Jerusalén celeste. Hablando de los santos, San Bernardo decía: «No seamos perezosos en imitar a quienes estamos felices de celebrar». Es por lo tanto la ocasión ideal para reflexionar en la «llamada universal de todos los cristianos a la santidad».

Lo primero que hay que hacer, cuando se habla de santidad, es liberar esta palabra del miedo que inspira, debido a ciertas representaciones equivocadas que nos hemos hecho de ella. La santidad puede comportar fenómenos extraordinarios, pero no se identifica con ellos. Si todos están llamados a la santidad es porque, entendida adecuadamente, está al alcance de todos, forma parte de la normalidad de la vida cristiana.

Dios es el «único santo» y «la fuente de toda santidad». Cuando uno se aproxima a ver cómo entra el hombre en la esfera de la santidad de Dios y qué significa ser santo, aparece inmediatamente la preponderancia, en el Antiguo Testamento, de la idea ritualista. Los medios de la santidad de Dios son objetos, lugares, ritos, prescripciones. Se escuchan, es verdad, especialmente en los profetas y en los salmos, voces diferentes, exquisitamente morales, pero son voces que permanecen aisladas. Todavía en tiempos de Jesús prevalecía entre los fariseos la idea de que la santidad y la justicia consisten en la pureza ritual y en la observancia escrupulosa de la Ley.

Al pasar al Nuevo Testamento asistimos a cambios profundos. La santidad no reside en las manos, sino en el corazón; no se decide fuera, sino dentro del hombre, y se resume en la caridad. Los mediadores de la santidad de Dios ya no son lugares (el templo de Jerusalén o el monte de las Bienaventuranzas), ritos, objetos y leyes, sino una persona, Jesucristo. En Jesucristo está la santidad misma de Dios que nos llega en persona, no en una lejana reverberación suya. Él es «el Santo de Dios» (Jn 6, 69)

De dos maneras entramos en contacto con la santidad de Cristo y ésta se comunica a nosotros: por apropiación y por imitación. La santidad es ante todo don, gracia. Ya que pertenecemos a Cristo más que a nosotros mismos, habiendo sido «comprados a gran precio», de ello se sigue que, inversamente, la santidad de Cristo nos pertenece más que nuestra propia santidad. Es éste el aletazo en la vida espiritual.

Pablo nos enseña cómo se da este «golpe de audacia» cuando declara solemnemente que no quiere ser hallado con una justicia suya, o santidad, derivada de la observancia de la ley, sino únicamente con aquella que deriva de la fe en Cristo (Flp 3,5-10). Cristo, dice, se ha hecho para nosotros «justicia, santificación y redención» (1 Co 1,30). «Para nosotros»: por lo tanto, podemos reclamar su santidad como nuestra a todos los efectos.

Junto a este medio fundamental de la fe y de los sacramentos, debe encontrar también lugar la imitación, esto es, el esfuerzo personal y las buenas obras. No como medio desgajado y diferente, sino como el único medio adecuado para manifestar la fe, traduciéndola en acto. Cuando Pablo escribe: «Esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación», está claro que entiende precisamente esta santidad que es fruto del compromiso personal. Añade, de hecho, como para explicar en qué consiste la santificación de la que está hablando: «que os alejéis de la fornicación, que cada uno sepa poseer su cuerpo con santidad y honor» (1 Ts 4, 3-9).

« No hay sino una tristeza: la de no ser santos», decía Léon Bloy, y tenía razón la Madre Teresa cuando, a un periodista que le preguntó a quemarropa qué se sentía al ser aclamada santa por todo el mundo, le respondió: «La santidad no es un lujo, es una necesidad».
P. Raniero Cantalamessa

Nuevo vídeo

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Agradecimientos
Dicen que en el cielo hay dos oficinas diferentes para tratar lo relativo a las oraciones de las personas en la tierra:
Una es para receptar pedidos de diversas gracias, y allí los muchos ángeles que atienden trabajan intensamente y sin descanso por la cantidad de peticiones que llegan en todo momento.
La otra oficina es para recibir los agradecimientos por las gracias concedidas y en ella hay un par de ángeles aburridos porque prácticamente no les llega ningún mensaje de los hombres desde la tierra para dar gracias...
Desde esta sección de "Pequeñas Semillitas" pretendemos juntar una vez por semana (los domingos) todos los mensajes para la segunda oficina: agradecimientos por favores y gracias concedidas como respuesta a nuestros pedidos de oración.

Desde Córdoba, Argentina, Marta escribe y dice: “Agradezco la vida y la salud de Valentin y Bautista. Gemelos prematuros, nacidos el 6 de agosto, que luego de 65 días de internación regresaron sanitos a su hogar para felicidad de sus padres y todos sus familiares. Gracias a Jesús Misericordioso y a la Virgen intercesora. Al beato Cura Brochero y al Divino Niño y a todas las personas que desde Pequeñas Semillitas acompañaron con su oración. Bendiciones.”

Estadísticas
El siguiente es el estado demostrativo de la cantidad de visitas registradas en los dos blogs que llevamos adelante en internet: "Pequeñas Semillitas" y "Juan Pablo II inolvidable". Esta información se publica el primer día de cada mes.

Debe recordarse que las visitas se cuentan desde el inicio de cada uno de ellos que ha sido en fechas distintas:

Desde el 1º de Marzo de 2007 hasta hoy ha sido visitado por 2.232.404  lectores. Durante el último mes (octubre 2015) registró 13.224 nuevas visitas.

Desde el 25 de Diciembre de 2009 hasta hoy ha sido visitado por 466.917 lectores. Durante el último mes (octubre 2015) registró 7.616 nuevas visitas.

Unidos a María
Así como existen los hospitales públicos para acoger a los pobres enfermos, y cuanto más pobre es, tanto más derecho tiene de ser atendido; así también María es como el hospital que Dios ha creado y colocado en la tierra para que los pobres pecadores, enfermos por la enfermedad del pecado, la enfermedad del alma, encuentren en Ella el asilo apropiado para su curación completa.
María no desprecia a ningún pecador por enfermo que esté, y no sólo lo cura, sino que lo enaltece y eleva a gran gloria y amistad con el Señor, porque quien acude a María se ve favorecido en tal forma que no puede menos que quedar admirado y fascinado por la bondad de esta Doncella, toda Misericordia.
¡Bendita sea María, que salva a los desesperados y cura a los que ya no tienen salvación!
Con María como aliada nuestra y nuestra Abogada, estamos más seguros que un pajarito en el nido, y que un niño en brazos de su madre.

Jardinero de Dios
-el más pequeñito de todos-