lunes, 3 de junio de 2013

Pequeñas Semillitas 2048

PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 8 - Número 2048 ~ Lunes 3 de Junio de 2013
- AÑO DE LA FE -
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)

Alabado sea Jesucristo…
La Eucaristía es la máxima expresión de la presencia de Jesús entre nosotros… ¿Por qué? Porque “en el santísimo sacramento de la Eucaristía, están contenidos verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el Alma y la Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y por consiguiente, Cristo entero” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1374).
La Iglesia siempre ha enseñado esta verdad, y nosotros la creemos y veneramos desde nuestro catecismo “de primera comunión”. Pero desde el año 1264, se celebra esta fiesta por disposición del papa Urbano I, quien quiso reafirmar y estimular la fe privada, y sobre todo pública en la presencia real de Jesús en la Eucaristía. Enseguida cobró también importancia y significación en el pueblo creyente la procesión, que surgió espontáneamente como una prolongación de la Misa: Cristo aclamado públicamente, comenzó a recibir adoración y aclamaciones de gloria.


La Palabra de Dios:
Evangelio de hoy

En aquel tiempo, Jesús comenzó a hablarles en parábolas: «Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores, y se ausentó.
»Envió un siervo a los labradores a su debido tiempo para recibir de ellos una parte de los frutos de la viña. Ellos le agarraron, le golpearon y le despacharon con las manos vacías. De nuevo les envió a otro siervo; también a éste le descalabraron y le insultaron. Y envió a otro y a éste le mataron; y también a otros muchos, hiriendo a unos, matando a otros. Todavía le quedaba un hijo querido; les envió a éste, el último, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’. Pero aquellos labradores dijeron entre sí: ‘Éste es el heredero. Vamos, matémosle, y será nuestra la herencia’. Le agarraron, le mataron y le echaron fuera de la viña.
»¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá y dará muerte a los labradores y entregará la viña a otros. ¿No habéis leído esta Escritura: ‘La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos?’».
Trataban de detenerle —pero tuvieron miedo a la gente— porque habían comprendido que la parábola la había dicho por ellos. Y dejándole, se fueron.
(Mc 12,1-12)

Comentario
Envió un siervo a los labradores a su debido tiempo para recibir de ellos una parte de los frutos de la viña
Hoy, el Señor nos invita a pasear por su viña: «Un hombre plantó una viña (...) y la arrendó a unos labradores» (Mc 12,1). Todos somos arrendatarios de esa viña. La viña es nuestro propio espíritu, la Iglesia y el mundo entero. Dios quiere frutos de nosotros. Primero, nuestra santidad personal; luego, un constante apostolado entre nuestros amigos, a quienes nuestro ejemplo y nuestra palabra les anime a acercarse cada día más a Cristo; finalmente, el mundo, que se convertirá en un mejor sitio para vivir, si santificamos nuestro trabajo profesional, nuestras relaciones sociales y nuestro deber hacia el bien común.
¿Qué clase de arrendatarios somos? ¿De los que trabajan duro, o de los que se irritan cuando el dueño envía a sus siervos a cobrarnos el alquiler? Podemos oponernos a los que tienen la responsabilidad de ayudarnos a proporcionar los frutos que Dios espera de nosotros. Podemos poner objeciones a las enseñanzas de la Santa Madre Iglesia y del Papa, los obispos, o quizás, más modestamente, de nuestros padres, nuestro director espiritual, o de aquel buen amigo que está tratando de ayudarnos. Podemos, incluso, volvernos agresivos, y tratar de herirles o, hasta “matarlos” mediante nuestra crítica y comentarios negativos. Deberíamos examinarnos a nosotros mismos acerca de los motivos reales de dicha postura. Quizás necesitamos un conocimiento más profundo de nuestra fe; quizás debemos aprender a conocernos mejor, a efectuar un mejor examen de conciencia, para poder descubrir las razones por las que no queremos producir frutos.
Pidamos a Nuestra Madre María su ayuda para que podamos trabajar con amor, bajo la guía del Papa. Todos podemos ser “buenos pastores” y “pescadores” de hombres. «Entonces, vayamos y pidamos al Señor que nos ayude a llevar fruto, un fruto que permanezca. Sólo así este valle de lágrimas se transformará en jardín de Dios» (Benedicto XVI). Nosotros podríamos acercar a Jesucristo nuestro espíritu, el de nuestros amigos, o el del mundo entero, si tan sólo leyéramos y meditáramos las enseñanzas del Santo Padre, y tratásemos de ponerlas en práctica.
Fr. Alphonse DIAZ (Nairobi, Kenia)


Santoral Católico:
San Carlos Luanga y compañeros
Mártires de Uganda

Esa mañana, cuando el rey Mwanga reunió la corte, vibraba en el aire una espasmódica espera. En la sala se notaba la presencia insólita de algunos energúmenos, mientras el grupo de los pajes reales, espléndidos ejemplares de belleza negra, se agolpaban alrededor del trono. Mwanga les dio una orden extraña: “Todos los que no quieran rezar pueden quedarse aquí cerca del trono; en cambio, los que quieran rezar reúnanse allá contra la pared”. El jefe de los pajes, Carlos Luanga, fue el primero en apartarse, y luego lo siguieron otros quince. “¿Pero ustedes rezan de verdad?”, preguntó el rey. “Sí, señor mío, nosotros rezamos de verdad” contestó Carlos en nombre de todos sus compañeros cristianos, que habían pasado toda la noche anterior rezando. “¿Y están resueltos a seguir rezando?” insistió el rey. “Sí, señor mío, siempre, hasta la muerte”. “Entonces, mátenlos” les dijo bruscamente el rey a los verdugos. En efecto, “rezar” equivalía a “ser cristianos” en ese reino de Mwanga, rey de Buganda, una región que actualmente pertenece a Uganda. Y en el reino de Mwanga rezar, es decir, ser cristianos, estaba absolutamente prohibido.

Los comienzos, en realidad, habían sido buenos. El rey Mutesa al principio había acogido bien, en 1879, a los Padres Blancos de Lavigérie, que después tuvieron que retirarse por las intrigas de algunos jefes. Después, en 1885, fueron llamados nuevamente por Mwanga, y encontraron cristianos comprometidos que ocupaban cargos de responsabilidad. El “katikiro”, una especie de canciller, había tramado una conjuración contra el rey, pero fue descubierto por los cristianos. Entonces este se alió con los notables y brujos, y esta alianza fue fatal para los cristianos. José Mukasa Balikuddembe, consejero del rey, fue decapitado el 15 de noviembre de 1885; en mayo de 1886 fueron muertos Dionisio Sbuggwawo, Ponciano Ngondwe, Andrés Kaggwa, Atanasio Bazzekuketta, Gonzaga Gonga, Matías Kalemba, Noé Mwaggali.

Después les tocó el turno a los pajes de los que hablábamos; pero tres se salvaron, según el uso, sacados a suerte. Entre los trece “mártires” se encontraba Mbaga Tuzinda, hijo del jefe de los verdugos. Naturalmente trató repetidamente de salvarlo, pero él no quiso separarse de sus compañeros. Entre ellos también había un niño de trece años, Kizito. Los veintidós mártires de Uganda fueron beatificados por Benedicto XV, y canonizados por Pablo VI el 18 de octubre de 1964, en presencia de los Padres del Concilio Vaticano II; y el mismo Pablo VI consagró en 1969 el altar del grandioso santuario construido en Namugongo, en donde los trece pajes, dirigidos por Carlos Luanga, quisieron “rezar hasta la muerte”.

Fuente: Catholic.net       

¡Buenos días!

El sabio japonés

“Un hombre apegado posesivamente a situaciones, personas o cosas, vive entre delirios, minimiza o sobrevalora los acontecimientos y las cosas de acuerdo con sus deseos y temores. No ve las cosas como son, sino a la luz de sus ficciones. Este hombre es un enajenado de la realidad y, por eso, su vida es una existencia fragmentaria, ansiosa e infeliz” (I. Larrañaga).

Un eminente sabio japonés recibió la visita de un profesor universitario turista que había ido a verlo para informarse sobre sus ideas. El sabio sirvió el té, llenó la taza de su huésped y después continuó echando, con expresión serena y sonriente. El profesor miró desbordarse el té, extrañado, no logrando explicarse una distracción tan contraria a la buena educación; pero, a un cierto punto exclamó: ”¡Está llena! ¡Ya no cabe más!”, “Como esta taza”, dijo el sabio imperturbable, ”tú estás lleno de tu cultura, opiniones y conjeturas eruditas y complejas, ¿cómo puedo hablarte de mi doctrina, que sólo es comprensible a los ánimos sencillos y abiertos, si antes no vacías la taza?”

La clave está pues en vaciar tu taza. “Los desposeídos son sabios porque miran el mundo con ojos limpios. Los que actúan bajo los impulsos de apropiación y/o rechazo contemplan todo a través sus deseos y temores. Hacen que las cosas sean como ellos desean”. Anímate a caminar paso a paso hacia tu libertad interior.

Padre Natalio

La frase de hoy

“Dentro de 20 años estarás más decepcionado
por las cosas que no hiciste que por las que hiciste.
Así que suelta amarras, navega lejos de puertos seguros, 
coge los vientos alisios. Explora. Sueña.”

Mark Twain


Tema del día:
Rezar es amar

Para algunos, que se comportan como ateos aunque se dicen católicos, rezar es perder el tiempo, o desahogarse, o como mucho encontrar un consuelo que ayude a llevar los malos ratos de la vida. Para estos, rezar sólo es rezar.

Para la mayoría de los católicos, en cambio, a poca experiencia espiritual que tengan, rezar es mucho más que eso. Rezar es amar. El que ama reza y el que reza ama. Rezar es decirle a Dios de mil modos y en mil lugares lo mucho que se le quiere. Es decirle que se le adora, que se le agradece todo lo que ha hecho por cada ser humano. Rezar es pedir perdón. Rezar es pedir ayuda. Rezar es ofrecerse uno mismo al Señor para que, como María, pueda hacer con lo que quiera. Rezar es abandonarse en Él, confiar en Él, abrirse a su divina voluntad, reconociéndonos ante Él, el Todopoderoso, como lo que realmente somos: sus criaturas, sus hijos, sus siervos. Rezar es amar y, desde luego, el que ama reza y el que reza ama.

Por eso es tan importante rezar. No hay vida cristiana sin oración. Sin ella, sólo queda la soberbia del que cree que puede con todo y la frustración del que constata que casi no puede con nada. La oración es justicia, es humildad, es sabiduría, es fuente de paz, de consuelo, de alegría, de esperanza. La oración es amor.

Así lo ha reconocido el Papa Francisco al hacer suya la iniciativa programada por el Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización dentro del Año de la Fe. Iniciativa que contaba ya con el apoyo pleno del Papa emérito Benedicto XVI. Se trata, nada más y nada menos, que de poner a toda la Iglesia a rezar y a rezar a la vez. No habrá discursos, ni homilías, ni nada que pueda distraer la atención de lo esencial: ponerse de rodillas delante del Santísimo, mirarle con los ojos del cuerpo hasta ver los ojos de su alma, para adorarle, agradecerle, suplicarle y ofrecernos a Él con todo el corazón. Una Iglesia que reza unida, permanece unida. Una Iglesia que cree en la oración es de verdad una Iglesia. Una Iglesia que pone su confianza en el Señor, es una Iglesia que vence por muy grandes que sean los adversarios y los peligros.

No basta con eso, naturalmente. Porque si rezar es amar, el amor que le debemos a Dios no se agota en la oración. Ahí empieza, ahí tiene su fuente, su motor, su pozo siempre lleno de agua viva. Pero de ahí tiene que salir el que bebe de ese agua para llevar el amor de Dios a todos los hombres, especialmente a aquellos que llevan en su alma o en su cuerpo la huella de la Cruz de Cristo. Rezar es el principio del camino del amor y la caridad hacia el prójimo es el final del mismo. El que reza, ama, y el que de verdad ama es porque ha rezado antes y porque rezará después y durante.

Unámonos al Papa este domingo. A las 5 de la tarde hora de Roma y de España, a esa misma hora aunque sea otra muy distinta en los respectivos países, todos los católicos vamos a decirle a Dios que confiamos en él, que le queremos, que le adoramos, que le damos gracias, que le pedimos perdón, que necesitamos su ayuda, que nos ofrecemos a él y que todo eso lo queremos hacer como María. A las 5 de la tarde de este domingo, solemnidad del Corpus Christi, se nos convoca para rezar. Se nos convoca para amar.

(No conozco el autor)


Junio, mes del Corazón de Jesús
Día 3: La corona de espinas

Si observas al Corazón de Jesús, pruebas un sentimiento de pena. Es coronado de espinas, mana sangre, es traspasado su Corazón. Es el símbolo de la vida de Jesús. Nacido en medio de sufrimientos, abraza al dolor, abraza una cruz, la lleva al Calvario, muere crucificado.

Jesús valora el dolor y crea una escuela: "Quien quiera venir en pos de mí, tome su cruz" (Mt.16,24). Es una frase un poco amarga, un poco triste, pero es así. El dolor cristiano está para purificar, para santificar las almas.

La cruz que Él te da es aquella que es buena para ti. Trata de tener devoción a tu cruz; ámala, como la amaron los Santos, como la amó Jesús.

Fuente: Web Católico de Javier


Mensaje de María Reina de la Paz

Mensaje de María Reina de la Paz del 2 de junio de 2013

“Queridos hijos, en este tiempo sin paz, yo los invito nuevamente a caminar con mi Hijo, a que lo sigan. Conozco vuestros dolores, sufrimientos y dificultades, pero en mi Hijo encontrarán descanso. En Él encontrarán la paz y la salvación. Hijos míos, no olviden que mi Hijo los ha redimido con su cruz y les ha dado la posibilidad de ser nuevamente hijos de Dios, para poder llamar de nuevo “Padre” al Padre Celestial. Amen y perdonen, para ser dignos del Padre, porque vuestro Padre es amor y perdón. Oren y ayunen, porque esa es la vía hacia vuestra purificación. Es el camino para conocer y comprender al Padre Celestial. Cuando conozcan al Padre, comprenderán que sólo lo necesitan Él. Yo como Madre, quiero a mis hijos en la comunidad de un único pueblo, en el que se escucha y cumple la Palabra de Dios. Por tanto, hijos míos, comiencen a caminar con mi Hijo, sean uno con Él, sean hijos de Dios. Amen a sus pastores, como mi Hijo los amó, cuando los llamó a servirlos a ustedes. ¡Les agradezco!”


Pedidos de oración

Pedimos oración por la Santa Iglesia Católica; por el Papa Francisco, por el Papa Emérito Benedicto, por los obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, catequistas y todos los que componemos el cuerpo místico de Cristo; por la unión de los cristianos para que seamos uno, así como Dios Padre y nuestro Señor Jesucristo son Uno junto con el Espíritu Santo; por las misiones, por la Paz en el mundo, por nuestros hermanos sufrientes por diversos motivos especialmente por las enfermedades, el hambre y la pobreza; por los presos políticos y la falta de libertad en muchos países del mundo, por la unión de las familias, la fidelidad de los matrimonios y por más inclinación de los jóvenes hacia este sacramento; por el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas, y por las Benditas Almas del Purgatorio.

Pedimos oración por la joven Michell M. L., que vive en Guayaquil, Ecuador, y ha tenido una operación cesárea de urgencia y su niña también está en cuidados especiales. Rogamos al Dios de la Vida por la recuperación de ambas. 

Pedimos oración por Roxana F., de Lima, Perú, que está luchando con valentía por su salud, para que el Señor le siga dando fuerzas en su delicada situación.

Tú quisiste, Señor, que tu Hijo unigénito soportara nuestras debilidades,
para poner de manifiesto el valor de la enfermedad y la paciencia;
escucha ahora las plegarias que te dirigimos por nuestros hermanos enfermos
y concede a cuantos se hallan sometidos al dolor, la aflicción o la enfermedad,
la gracia de sentirse elegidos entre aquellos que tu hijo ha llamado dichosos,
y de saberse unidos a la pasión de Cristo para la redención del mundo.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Amén

Nota de Redacción:
Para dar curso a los Pedidos de Oración es imprescindible dar los siguientes datos: nombres completos de la persona (habitualmente no publicamos apellidos), ciudad y país donde vive, y explicar el motivo de la solicitud de oración. Por favor: en los pedidos ser breves y concretos y enviarlos a feluzul@gmail.com y deben poner en el asunto “Pedido de oración”, ya que los correos que llegan sin asunto (o con el asunto en blanco) son eliminados sin abrirlos. No se reciben pedidos de oración a través de Facebook ni por otro medio que no sea el correo antes señalado.
Los Pedidos de Oración se publican de lunes a sábados. Los domingos se publican los agradecimientos por las gracias concedidas.


 “Intimidad Divina”

La oración litúrgica

La oración, aun la más personal, es siempre comunión con Cristo y con la Iglesia, porque el cristiano es siempre miembro de Cristo y de la Iglesia. Es una comunión íntima e interior que pasa sólo entre el alma y Dios. Pero hay otra forma de oración en la que esta comunión asume también una dimensión externa, visible y comunitaria: es la oración litúrgica, mediante la cual la Iglesia, unida a Cristo su Cabeza y Esposo, ofrece a Dios el culto integral. El hombre, en efecto, no es sólo espíritu, sino espíritu encarnado; debe por tanto emplear en la oración no sólo sus facultades espirituales: inteligencia y voluntad, sino también las afectivas: corazón, sensibilidad y hasta la fantasía, los sentidos y el mismo comportamiento externo. Todo el hombre debe orar. Esto se cumple precisamente en la oración litúrgica, que no es sólo culto interno, sino también externo, expresado con la oración común, los cánticos, los gestos y las ceremonias. La oración litúrgica está por eso en el vértice de las demás formas de oración, bien porque las compendia todas y empeña todas las facultades del hombre, bien porque expresa no la oración de los fieles particulares sino la de la comunidad de los fieles, o sea de la Iglesia en la que Cristo está presente como Cabeza y principal orante.

Desde los comienzos de la Iglesia empezaron los cristianos a reunirse “en la comunión fraterna, en la fracción del pan y en la oración…, alabando juntos a Dios” (Hc 2, 42-47). Eran las primeras reuniones eclesiales, de las que Cristo, presente en la Eucaristía, era el centro. La sagrada Liturgia, en efecto, apoyada toda en torno al Sacrificio Eucarístico y a los sacramentos, es el culto perfecto que Cristo mismo ofrece al Padre celestial para su gloria y para la salvación de los hombres. “En esta obra tan grande, por la que Dios es perfectamente glorificado y los hombres santificados, Cristo asocia siempre consigo a su amadísima Esposa la Iglesia que invoca a su Señor y por él tributa culto al Padre Eterno” (SC 7). Participando de la sagrada Liturgia, el fiel participa oficialmente en el culto que el Cristo total, o sea el Cristo unido a su Iglesia y por lo tanto a sus miembros, tributa a Dios.

Por eso la oración litúrgica tiene un valor intrínseco y objetivo, que se deriva del valor infinito del sacrificio y de la oración de Cristo; y así es el sostén de la oración privada, pues suple las deficiencias de ésta y la alimenta con la gracia derivada de la presencia y acción vivificadora de Cristo. Cuando se siente la pobreza de la oración personal, es de gran consuelo refugiarse en la oración litúrgica, la gran oración de Cristo y de la Iglesia. Por otra parte también la oración litúrgica, en cuanto que son los fieles los que la hacen, necesita ser acompañada por su oración personal. Porque si es verdad que la oración litúrgica tiene un valor intrínseco, de modo que sigue siendo siempre oración de Cristo y de la Iglesia, por más que el orante esté distraído, es igualmente verdad que no aprovecha al individuo sino en medida proporcionada a su fe, a su devoción y a su empeño personal. Por eso oración litúrgica y oración personal no pueden oponerse ni siquiera separarse, sino que han de andar siempre unidas y compenetradas, vivificándose y completándose mutuamente.

Dios mío, ¡qué confusa estaría de mi debilidad e insuficiencia, si para alabarte, reverenciarte y glorificarte, no tuviese a Jesucristo, mi único Bien, que lo hace de modo perfecto! A él le confío mi impotencia y me alegro de que sea él todo y yo no sea nada. ¡Oh Jesús!, en ti lo poseo todo. Tú eres mi Cabeza y yo soy realmente un miembro tuyo. Tú oras, adoras, te humillas, das gracias en mí y por mí, y yo en ti, porque el miembro es uno con la Cabeza. Tu vida tan santa y admirable absorbe la mía, tan vil y mezquina. Tú eres de modo excelente mi acción de gracias. Tomaré el cáliz de la salud y contigo ofreceré una hostia de alabanza, un sacrificio agradable, digno de Dios, sobreabundante. (B. M. Teresa de Soubirán)

P. Gabriel de Sta. M. Magdalena O.C.D. 
Jardinero de Dios
-el más pequeñito de todos-

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domingo, 2 de junio de 2013

Pequeñas Semillitas 2047

PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 8 - Número 2047 ~ Domingo 2 de Junio de 2013
- AÑO DE LA FE -
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)


Alabado sea Jesucristo…
La crisis económica va a ser larga y dura. No nos hemos de engañar. Nadie sabe muy bien cómo irá reaccionando la sociedad. Sin duda, irá creciendo la impotencia, la rabia y la desmoralización de muchos. Es previsible que aumenten los conflictos y la delincuencia. Es fácil que crezca el egoísmo y la obsesión por la propia seguridad.
Pero también es posible que vaya creciendo la solidaridad. La crisis nos puede hacer más humanos. Nos puede enseñar a compartir más lo que tenemos y no necesitamos. Se pueden estrechar los lazos y la mutua ayuda dentro de las familias. Puede crecer nuestra sensibilidad hacia los más necesitados. Seremos más pobres, pero podemos ser más humanos.
En medio de la crisis, también nuestras comunidades cristianas pueden crecer en amor fraterno. Es el momento de descubrir que no es posible seguir a Jesús y colaborar en el proyecto humanizador del Padre sin trabajar por una sociedad más justa y menos corrupta, más solidaria y menos egoísta, más responsable y menos frívola y consumista.
Es también el momento de recuperar la fuerza humanizadora que se encierra en la eucaristía cuando es vivida como una experiencia de amor confesado y compartido. El encuentro de los cristianos, reunidos cada domingo en torno a Jesús, ha de convertirse en un lugar de concienciación y de impulso de solidaridad práctica.
No podemos comulgar con Cristo en la intimidad de nuestro corazón sin comulgar con los hermanos que sufren. No podemos compartir el pan eucarístico ignorando el hambre de millones de seres humanos privados de pan y de justicia. Es una burla darnos la paz unos a otros olvidando a los que van quedando excluidos socialmente.
La celebración de la eucaristía nos ha de ayudar a abrir los ojos para descubrir a quiénes hemos de defender, apoyar y ayudar en estos momentos. Nos ha de despertar de la “ilusión de inocencia” que nos permite vivir tranquilos, para movernos y luchar solo cuando vemos en peligro nuestros intereses. Vivida cada domingo con fe, nos puede hacer más humanos y mejores seguidores de Jesús. Nos puede ayudar a vivir la crisis con lucidez cristiana, sin perder la dignidad ni la esperanza.
José Antonio Pagola

La Palabra de Dios:
Evangelio de hoy

En aquel tiempo, Jesús les hablaba acerca del Reino de Dios, y curaba a los que tenían necesidad de ser curados. Pero el día había comenzado a declinar, y acercándose los Doce, le dijeron: «Despide a la gente para que vayan a los pueblos y aldeas del contorno y busquen alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar deshabitado». Él les dijo: «Dadles vosotros de comer». Pero ellos respondieron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente».
Pues había como cinco mil hombres. Él dijo a sus discípulos: «Haced que se acomoden por grupos de unos cincuenta». Hicieron acomodarse a todos. Tomó entonces los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición y los partió, y los iba dando a los discípulos para que los fueran sirviendo a la gente. Comieron todos hasta saciarse. Se recogieron los trozos que les habían sobrado: doce canastos.
(Lc 9,11b-17)

Comentario
Hoy es el día más grande para el corazón de un cristiano, porque la Iglesia, después de festejar el Jueves Santo la institución de la Eucaristía, busca ahora la exaltación de este augusto Sacramento, tratando de que todos lo adoremos ilimitadamente. «Quantum potes, tantum aude...», «atrévete todo lo que puedas»: ésta es la invitación que nos hace santo Tomás de Aquino en un maravilloso himno de alabanza a la Eucaristía. Y esta invitación resume admirablemente cuáles tienen que ser los sentimientos de nuestro corazón ante la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Todo lo que podamos hacer es poco para intentar corresponder a una entrega tan humilde, tan escondida, tan impresionante. El Creador de cielos y tierra se esconde en las especies sacramentales y se nos ofrece como alimento de nuestras almas. Es el pan de los ángeles y el alimento de los que estamos en camino. Y es un pan que se nos da en abundancia, como se distribuyó sin tasa el pan milagrosamente multiplicado por Jesús para evitar el desfallecimiento de los que le seguían: «Comieron todos hasta saciarse. Se recogieron los trozos que les habían sobrado: doce canastos» (Lc 9,17).
Ante esa sobreabundancia de amor, debería ser imposible una respuesta remisa. Una mirada de fe, atenta y profunda, a este divino Sacramento, deja paso necesariamente a una oración agradecida y a un encendimiento del corazón. San Josemaría solía hacerse eco en su predicación de las palabras que un anciano y piadoso prelado dirigía a sus sacerdotes: «Tratádmelo bien».
Un rápido examen de conciencia nos ayudará a advertir qué debemos hacer para tratar con más delicadeza a Jesús Sacramentado: la limpieza de nuestra alma —siempre debe estar en gracia para recibirle—, la corrección en el modo de vestir —como señal exterior de amor y reverencia—, la frecuencia con la que nos acercamos a recibirlo, las veces que vamos a visitarlo en el Sagrario... Deberían ser incontables los detalles con el Señor en la Eucaristía. Luchemos por recibir y por tratar a Jesús Sacramentado con la pureza, humildad y devoción de su Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos.
Rvdo. D. Manuel COCIÑA Abella (Madrid, España)


Santoral Católico:
Cuerpo y Sangre de Cristo

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Fuente: Catholic.net       


Homilía del Papa Francisco
en la Festividad de Corpus Cristi

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¡Buenos días!

Aférrate

“Aférrate a la fe porque es la fuente de la creencia de que todo es posible. Es la fibra y es la fortaleza de un alma confiada. Aférrate a la esperanza porque destierra la duda y da lugar a actitudes positivas y alegres. Aférrate a la confianza porque se encuentra en el corazón de las relaciones fructíferas que son seguras y satisfactorias.

Aférrate al amor porque es el don más preciado de la vida, porque es generoso, se preocupa y  da significado a la vida. Aférrate a la familia y a los amigos porque son las personas más importantes en tu vida y porque hacen del mundo un lugar mejor. Ellos son la vida que ha crecido con el tiempo para ayudarte a seguir tu camino y permanecer siempre cerca de ti. Aférrate a todo lo que eres y a todo lo que has aprendido, porque esto es lo que te convierte en un ser singular. No menosprecies lo que sientes y lo que crees que es bueno e importante, tu corazón te habla con más fuerza que tu mente. Aférrate a tus sueños, alcánzalos de manera diligente y honrada. No tomes nunca el camino fácil ni te rindas ante el engaño.

Recuerda a otros en tu camino y dedica tiempo para atender sus necesidades. Disfruta de la belleza que te rodea. Ten valor para ver las cosas de manera diferente y más clara. Haz del mundo un lugar mejor día a día y no te olvides de las cosas importantes que dan significado a tu vida” (Autor desconocido). Amigo/a, valoriza sabiamente tus verdaderas riquezas.

Padre Natalio


Palabras del Beato Juan Pablo II

Yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo. ¿Qué otra cosa que la Eucaristía constituye la confirmación de estas palabras? ¿No es realmente la Eucaristía el signo de la presencia?, ¿el signo visible y eficaz del Emmanuel? Emmanuel quiere decir precisamente ‘Dios con nosotros’. La Eucaristía es el sacramento del Emmanuel. No se puede vivir en este mundo sin poner nuestra morada en Cristo, no se puede vivir sin Eucaristía”

Beato Juan Pablo II


Tema del día:
Cuerpo y Sangre de Cristo

Hoy es la fiesta del Corpus o de la Eucaristía. Decir Eucaristía es decir algo importantísimo y central en nuestra religión. Se llama del “Corpus” o “del Cuerpo y la Sangre” de Cristo, porque en el lenguaje semita del tiempo de Jesús solían decir “el cuerpo y la sangre” para significar toda la persona. Jesús, al instituir la Eucaristía, consagró primero el pan y luego el vino, como significando su muerte, realidad que representamos en la Misa, aunque Cristo está vivo resucitado. Así nos lo narra hoy san Pablo en la 2ª lectura, unos 20 años después, diciendo que era algo muy precioso que había recibido en tradición desde Jesús por medio de los apóstoles.

De hecho la fiesta principal de la Eucaristía es el Jueves Santo, día de la Institución; pero ese día tiene sombras de tristeza porque está inminente la muerte de Jesús en el Viernes Santo. Por eso surgió esta fiesta, al terminar el tiempo de Pascua, tiempo de alegría, para honrar la presencia permanente de Cristo en la Eucaristía. En este día se saca a Cristo sacramentado en procesión por las calles o junto al templo para que todos le podamos honrar y celebrar con nuestros cantos y actos de fe.

La ocasión para esta fiesta fue un milagro muy célebre, el de Bolsena, cuando un sacerdote, que dudaba de su fe, diciendo Misa, vio cómo la Sagrada hostia sangraba en abundancia. El papa, al constatar que era un verdadero milagro, ordenó hacer la fiesta y encargó los textos litúrgicos e himnos a Santo Tomás de Aquino. La Eucaristía tiene muchas realidades importantes; pero en esta fiesta celebramos sobre todo la permanencia de Jesús, no sólo en la Misa y cuando comulgamos, sino después cuando permanece en el sagrario para que le visitemos y adoremos. Nuestra fe nos dice que allí está Jesús, no sólo por lo que hizo el jueves santo, sino por el don que les dio a sus apóstoles y sucesores. Así lo ha creído siempre nuestra Iglesia, habiendo muchos que han dado su fe proclamándolo, y Dios ha hecho muchos milagros para confirmarlo.

El evangelio de este año correspondiente al ciclo C, nos habla del milagro de la multiplicación de panes y peces. Siempre se ha visto este milagro como un símbolo de la Eucaristía. San Juan narra el discurso que tiene Jesús anunciando la Eucaristía al día siguiente del milagro. Jesús se quedó entre nosotros, no sólo para que le visitemos, sino principalmente para ser alimento especial para nuestra vida en el espíritu. Desgraciadamente muchos le reciben, siendo enemigos suyos, y en algunos lugares ha sido vilmente ultrajado, habiendo sido derramadas por el suelo y pisoteadas las Sagradas Hostias. Jesús respeta la libertad; pero esta fiesta debe servirnos, en la comunión y en la procesión, para que le desagraviemos. Uniéndonos a Jesús, debemos reparar esos ultrajes, con nuestra fe y sobre todo con nuestro amor.

Este milagro de la multiplicación de panes y peces tiene también un signo comunitario, como lo tiene la Eucaristía. Jesús les dice a los apóstoles que ellos den de comer a la gente. Ellos tienen sólo unos pocos panes y peces; pero lo dan a Jesús. Es su colaboración; pero con ello Jesús alimenta a la multitud. El día del Corpus es día también de la caridad. Por la Eucaristía adquirimos el compromiso de compartir. Y no sólo el de compartir, sino el de reconocer en el otro la dignidad de la persona humana.

En la Misa hay varios momentos especiales en que podemos expresar nuestra fe en la presencia de Cristo. Después de la Consagración, en la elevación miramos a la Hostia Sagrada y miramos al cáliz donde está la Sangre de Cristo, junto con su Cuerpo y Divinidad, y proclamamos que Él es nuestro Señor, que significa estar a sus órdenes en todo, ya que ello es al mismo tiempo nuestra mayor felicidad. Cuando Le recibimos en la Comunión, el sacerdote nos dice: “El Cuerpo de Cristo”, a lo cual nosotros respondemos con el “Amén”, que significa un acto de fe en la presencia de Cristo.

Asistamos este día con dignidad y entusiasmo a la veneración de Cristo presente en la Eucaristía para que un día le veneremos más visiblemente en el Cielo.

P. Silverio Velasco (España)


Junio, mes del Corazón de Jesús
Día 2: Fuente de salvación

En cada página del evangelio, el Corazón de Jesús habla de la fe. Por la fe Jesús cura las almas, sana los cuerpos y resucita a los muertos. Cada uno de los milagros es el fruto de la fe; cada palabra suya es una incitación a la fe

La fe es necesaria como el pan que comes, como el aire que respiras. Con la fe eres todo; sin la fe no eres nada. Con frecuencia nuestra fe es lánguida como una llama a punto de extinguirse. Cuando en los campos, en las casas, en las oficinas, en las tiendas, se mofan de tu fe ¿sientes el coraje de defenderla sin sonrojarte, sin respeto humano? Cuando las pasiones te asaltan ferozmente ¿Te acuerdas que con un acto de fe resultas invencible porque Dios combate por ti y contigo?

Fuente: Web Católico de Javier


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"Juan Pablo II inolvidable"
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Nunca olvidemos agradecer

Alguna vez leí que en el cielo hay dos oficinas diferentes para tratar lo relativo a las oraciones de las personas en la tierra:
Una es para receptar pedidos de diversas gracias, y allí los muchos ángeles que atienden trabajan intensamente y sin descanso por la cantidad de peticiones que llegan en todo momento.
La otra oficina es para recibir los agradecimientos por las gracias concedidas y en ella hay un par de ángeles aburridos porque prácticamente no les llega ningún mensaje de los hombres desde la tierra para dar gracias...
Desde esta sección de "Pequeñas Semillitas" pretendemos juntar una vez por semana (los domingos) todos los mensajes para la segunda oficina: agradecimientos por favores y gracias concedidas como respuesta a nuestros pedidos de oración.

Desde la ciudad de Posadas, Misiones, Argentina, nos llega un agradecimiento por las oraciones hechas hace algunos meses en favor de Pablo (32 años), con diagnóstico de cáncer y tratamiento de quimioterapia. Nos dicen que él está bien, dado de alta y con controles periódicos. Damos gracias a Dios.

Desde México, María del Carmen agradece a Dios y a los que rezaron oportunamente para que a Laura le regresaran a su hogar sus hijas en guardia provisional mientras se gestiona una guardia definitiva, por la que también rezamos a la Santísima Virgen de Guadalupe.

Desde USA agradecen las oraciones hechas por Manuel, que vivía en California y padecía cáncer de pulmón, hasta que finalmente entregó en paz y sin sufrimientos su alma al Señor.

Desde Córdoba, Argentina, agradecemos a Jesús y a la Virgen del Valle por el éxito de la operación de nuestro amigo Pepe P. que ya está reponiéndose en domicilio.

Varias personas han expresado su agradecimiento a Jesús, a la Virgen, a San José y al Beato Juan Pablo II, por haber permitido la continuidad de las publicaciones de “Pequeñas Semillitas”. Me sumo a la oración.


 “Intimidad Divina”

Corpus Christi

La solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo es presentada hoy por la Liturgia en relación con el sacerdocio de Cristo, cuyo don supremo es la Eucaristía: Sacrificio ofrecido al Padre y Banquete servido a los hombres. La primera lectura (Gn 4, 18-20) recuerda la más antigua figura de Cristo Sacerdote: Melquisedec, rey de Salam y sacerdote “del Dios altísimo” que, en acción de gracias a Dios por la victoria de Abrahán, ofrece un sacrificio de “pan y vino”, símbolo de la Eucaristía. Sobre este personaje misterioso del que la Biblia no da indicación alguna ni acerca de su origen ni acerca de su muerte, escribe San Pablo: “sin padre, ni madre, ni genealogía, sin comienzo de días, ni fin de vida, asemejado al Hijo de Dios permanece sacerdote para siempre” (Hb 7, 3). Melquisedec es llamado “sacerdote para siempre” porque de él no se conoce ni el principio ni el fin. Con mayor razón conviene este título a Cristo, cuyo sacerdocio no tiene origen humano sino divino, y por lo tanto es eterno en el sentido más absoluto.

La segunda lectura (1 Cr 11, 23-26) presenta a Cristo Sacerdote en el acto de instituir la Eucaristía, Sacrificio del Nuevo Testamento. La relación es la transmitida por el Apóstol según la tradición “que procede del Señor” (ib. 23). Como Melquisedec, Jesús ofreció “pan y vino”, pero su bendición realizó el gran milagro: “Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros… Esta copa es la nueva Alianza sellada con mi sangre” (ib. 24-25). Ya no es pan, sino verdadero Cuerpo de Cristo; ya no es vino, sino verdadera Sangre. Jesús anticipa la Eucaristía, lo que se cumplirá en el Calvario en sus miembros rotos, y anticipándolo lo deja en testamento a los suyos como memorial de su Pasión: “Haced esto… en memoria mía”. Por eso, concluye San Pablo, “cada vez que coméis de este pan  y bebéis de la copa, proclamaréis la muerte del Señor hasta que vuelva” (ib. 26). No es una “memoria” que se limita a evocar un suceso, ni es una proclamación de solas palabras, porque la Eucaristía hace actualmente presente, aunque en forma sacramental, el Sacrificio de la Cruz y el convite de la última Cena. La misma realidad se ofrece a los fieles de todos los tiempos, para que puedan unirse al Sacrificio de Cristo y alimentarse de su Sangre “hasta que venga” (MR).

La Eucaristía como banquete es el argumento tratado por el Evangelio del día bajo la figura transparente de la multiplicación de los panes (Lc 9, 11b-17). No tenemos aquí sólo el lejano simbolismo del pan y del vino ofrecidos por Melquisedec, sino una acción de Jesús que es preludio evidente de la Cena eucarística. Jesús toma los panes, eleva los ojos al cielo, los bendice, los parte y los distribuye; gestos todos que repetirá en el Cenáculo cuando cambie el pan en su cuerpo. Otro detalle llama la atención: los panes se multiplican en sus manos y de éstas pasan a las de los discípulos que los distribuyen a la multitud. Del mismo modo, siempre será él quien realice el milagro eucarístico, aunque se servirá de sus sacerdotes que serán los ministros y como los tesoreros. En fin, “comieron todos y se saciaron” (ib. 17). La Eucaristía es el convite ofrecido a todos los hombres para saciar su hambre de Dios y de vida eterna. La solemnidad de hoy es una invitación a despertar la fe y el amor a la Eucaristía, para que los fieles se sientan más hambrientos de ella, se acerquen a ella con mayor fervor y sepan excitar esta hambre saludable en sus hermanos indiferentes.

En verdad es justo… darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor, verdadero y único sacerdote. El cual, al instituir el sacrificio de la eterna Alianza, se ofreció a sí mismo como víctima de eterna salvación, y nos mandó perpetuar esta ofrenda en conmemoración suya. Su carne, inmolada por nosotros, es alimento que nos fortalece; su sangre, derramada por nosotros, es bebida que nos purifica. (Misal Romano, Prefacio).

P. Gabriel de Sta. M. Magdalena O.C.D. 
Jardinero de Dios
-el más pequeñito de todos-

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sábado, 1 de junio de 2013

Pequeñas Semillitas 2046

PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 8 - Número 2046 ~ Sábado 1 de Junio de 2013
- AÑO DE LA FE -
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)

Alabado sea Jesucristo…
Estamos iniciando el mes de Junio, dedicado por la Iglesia al Sagrado Corazón de Jesús para celebrar su fiesta y agradarlo con devociones especiales como la novena, el triduo, rosarios, romerías, oraciones, entre otros. Pero, sobre todo, lo más importante es demostrarle nuestro amor y agradecimiento, entregándonos totalmente a Él.
La devoción al Sagrado Corazón existe desde los primeros tiempos de la Iglesia cuando se meditaba en el costado y el corazón abierto de Jesús, de donde salió sangre y agua. De ese corazón nació la Iglesia y por ese corazón se abrieron las puertas del Cielo.
Esta especial devoción la pidió Jesús mismo quien, en el siglo diecisiete se le apareció a Santa Margarita María de Alacoque y le mostró su corazón. El mismo está rodeado de llamas de amor, coronado de espinas, con una herida abierta de la cual brotaba sangre y, del interior de su corazón, salía una cruz. 
Jesús mismo le dijo a la santa: “He aquí el corazón que tanto ha amado a los hombres, y en cambio, de la mayor parte de los hombres no recibe nada más que ingratitud, irreverencia y desprecio, en este sacramento de amor”.
En Pequeñas Semillitas vamos a honrar al Sagrado Corazón de Jesús con una breve reflexión para cada día, tomada de una página hermana: Web Católico de Javier.

Promesas del Sagrado Corazón de Jesús a sus devotos:

1.- A las almas consagradas a mi Corazón les daré las gracias necesarias para su estado.
2. Daré paz a sus familias.
3. Las consolaré en todas sus aflicciones.
4. Seré su amparo y refugio seguro durante la vida y principalmente en la hora de la muerte.
5. Derramaré bendiciones abundantes sobre sus empresas.
6. Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia.
7. Las almas tibias se harán fervorosas.
8. Las almas fervorosas se elevarán rápidamente a gran perfección.
9. Bendeciré las casas y sitios en que esté expuesta y sea honrada la imagen de mi Sagrado Corazón.
10. Daré a los sacerdotes la gracia de mover los corazones más endurecidos.
11. Las personas que propaguen esta devoción tendrán escrito su nombre en mi Corazón, y jamás será borrado de él.
12. A todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes continuos, el amor omnipotente de mi Corazón les concederá la gracia de la perseverancia final.


La Palabra de Dios:
Evangelio de hoy

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos volvieron a Jerusalén y, mientras paseaba por el Templo, se le acercan los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, y le decían: «¿Con qué autoridad haces esto?, o ¿quién te ha dado tal autoridad para hacerlo?». Jesús les dijo: «Os voy a preguntar una cosa. Respondedme y os diré con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres? Respondedme».
Ellos discurrían entre sí: «Si decimos: ‘Del cielo’, dirá: ‘Entonces, ¿por qué no le creísteis?’. Pero, ¿vamos a decir: ‘De los hombres’?». Tenían miedo a la gente; pues todos tenían a Juan por un verdadero profeta. Responden, pues, a Jesús: «No sabemos». Jesús entonces les dice: «Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto».
(Mc 11,27-33)

Comentario
Hoy, el Evangelio nos pide que pensemos con qué intención vamos a ver a Jesús. Hay quien va sin fe, sin reconocer su autoridad: por eso, «se le acercan los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, y le decían: ‘¿Con qué autoridad haces esto?, o ¿quién te ha dado tal autoridad para hacerlo?’» (Mc 11,27-28).
Si no tratamos a Dios en la oración, no tendremos fe. Pero, como dice san Gregorio Magno, «cuando insistimos en la oración con toda vehemencia, Dios se detiene en nuestro corazón y recobramos la vista perdida». Si tenemos buena disposición, aunque estemos en un error, viendo que la otra persona tiene razón, acogeremos sus palabras. Si tenemos buena intención, aunque arrastremos el peso del pecado, cuando hagamos oración Dios nos hará comprender nuestra miseria, para que nos reconciliemos con Él, pidiendo perdón de todo corazón y por medio del sacramento de la penitencia.
La fe y la oración van juntas. Nos dice san Agustín que, «si la fe falta, la oración es inútil. Luego, cuando oremos, creamos y oremos para que no falte la fe. La fe produce la oración, y la oración produce a su vez la firmeza de la fe». Si tenemos buena intención, y acudimos a Jesús, descubriremos quién es y entenderemos su palabra, cuando nos pregunte: «El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres?» (Mc 11,30). Por la fe, sabemos que era del cielo, y que su autoridad le viene de su Padre, que es Dios, y de Él mismo porque es la segunda Persona de la Santísima Trinidad.
Porque sabemos que Jesús es el único salvador del mundo, acudimos a su Madre que también es Madre nuestra, para que deseando acoger la palabra y la vida de Jesús, con buena intención y buena voluntad, tengamos la paz y la alegría de los hijos de Dios.
Mn. Antoni BALLESTER i Díaz (Camarasa, Lleida, España)


Santoral Católico:
San Aníbal María di Francia
Fundador

Nacido en Messina, de Sicilia, Italia, san Aníbal María Di Francia, el 5 de julio de 1851, presbítero, fundó la Congregación de los Rogacionistas del Corazón de Jesús y las Hijas del Celo Divino, para rogar al Señor que dé santos sacerdotes a su Iglesia. Murió el 1 de junio de 1927 en Messina. La santidad y la misión de Padre Aníbal, declarado «insigne apóstol de la oración por las vocaciones», son hoy profundamente apreciadas por quienes se han compenetrado de las necesidades vocacionales de la Iglesia.
El Sumo Pontífice, Juan Pablo II, el 7 de octubre de 1990 proclamó a Anibal Di Francia Beato y al día siguiente lo definió: «Auténtico precursor y celoso maestro de la moderna pastoral vocacional». La canonización fue el 16 de mayo de 2004.
Información más detallada: hacer clic acá.

Fuente: Catholic.net       


¡Buenos días!

Regalos de Dios

Cuántas veces ansías quiméricos jardines que se divisan a lo lejos en el horizonte, mientras no aspiras la fragancia ni admiras la belleza del rosal plantado al pie de tu ventana. Gran parte de la infelicidad humana proviene de no valorar todo lo que tenemos e ilusionarnos por los bienes de los demás, sin pensar que también ellos tienen sus propias privaciones y sinsabores

Es maravilloso, Señor, tener mis brazos perfectos, cuando hay tantos mutilados. Mis ojos miran, cuando tantos no tienen luz. Mi voz canta, cuando otros enmudecen. Mis manos trabajan, cuando tantos mendigan. Es maravilloso, Señor, volver a casa, cuando otros no tienen dónde ir. Es bueno sonreír, amar, soñar, vivir, cuando tantos odian y mueren. Es maravilloso, Señor, tener un Dios para creer, cuando tantos no creen. Es maravilloso, Señor, tener tan poco que pedir y tanto que agradecer.

Enumera tus bendiciones, todo lo positivo y gratificante que descubres en tu vida cotidiana, y tendrás sentimientos de gratitud y alegría que te harán feliz. Está siempre vigilante para no dejarte atrapar de la insatisfacción y descontento que paralizarían tus energías. El desafío de tu vida es florecer allí donde Dios te ha puesto. Que él te proteja y bendiga.

Padre Natalio


Palabras del Papa Francisco

“Esta tarde nosotros somos la multitud del Evangelio, también nosotros intentamos seguir a Jesús para escucharlo, para entrar en comunión con Él en la Eucaristía, para acompañarlo y para que nos acompañe. Preguntémonos: ¿cómo sigo a Jesús? Jesús habla en silencio en el Misterio de la Eucaristía y cada vez nos recuerda que seguirlo quiere decir salir de nosotros mismos y hacer de nuestra vida no una posesión nuestra, sino un don a Él y a los demás”
Papa Francisco
Homilía Corpus Christi


Tema del día:
Una moral para todos

Una de las asignaturas pendientes de las sociedades globalizadas es la ética. Los problemas que surgen de las diversas posiciones llevan a debates más o menos encendidos donde se ha aplicado sin más la ley de la mayoría sea por medio de referéndum sea por las así llamadas mayorías parlamentarias. Así ha ocurrido y sigue ocurriendo en temas como el divorcio, el matrimonio, las parejas de hecho, el aborto, la eutanasia, etc. Hay quienes aun así contestan las legislaciones y se amparan en la «objeción de conciencia». Otros afirman que no es deber de la legislación positiva el tratar varios de esos temas. Finalmente hay quienes consideran que temas tan delicados de la ética no se deberían llevar a consultas populares ni depender de decisiones mayoritarias.

Así el fenómeno más generalizado en tiempos de globalización es que en temas éticos no nos ponemos de acuerdo. Tanto la filosofía como la ciencia no parecen buenos puntos de partida para lograr el tan deseado consenso. Por eso se afirma que es la religión -más bien las religiones- la llamada a intervenir para lograrlo. Y es que las religiones proclaman de sí mismas que son un modo de establecer relación con la divinidad pero también desembocan en un comportamiento adecuado, en una ética. Y aunque sea por pura ley del número, las religiones terminan siendo instancias morales que ofrecen motivaciones mucho más fuertes para el comportamiento ético de la mayoría de las personas.

Entonces, ¿cómo poner de acuerdo a las religiones en materia ética? Seguramente no aceptarán ser asimiladas en una religión mundial, ni siquiera por el bien mayor de la paz entre los hombres. Levantar una torre de Babel religiosa sólo sería promesa de nuevos conflictos entre quienes no se dejarán absorber.

Tampoco se puede esperar mucho consenso en la medida en que cada religión considere ser la única instancia válida y crea que el diálogo surge sólo tras la conversión del interlocutor...

Entonces se podría pedir a las religiones que al menos dejen de lado sus posibles conflictos religiosos para ponerse de acuerdo -por medio de la elaboración de criterios éticos universales- en una moral proponible a todos. Ese es, en pocas palabras, el ideal del proyecto de ética global.

¿Qué pensar de esta idea que va tomando cuerpo en nuestros días? Creo que introduce un criterio que va a dar muchos dolores de cabeza y que en sustancia no resuelve el problema. Porque si lo propio de cada religión se deja de lado para evitar conflictos, ¿qué sucederá cuando haya que juzgar sobre temas éticos en conflicto? Es posible que en gran parte de los problemas esos criterios éticos universales nos permitan llegar a un consenso. Pero en los que realmente haya diferencias, ¿se van a dejar de lado de nuevo? Julián Marías recordaba hace años que el avestruz seguía siendo el animal totémico de buena parte de nuestra tribu: Esconder la cabeza o no considerar los temas conflictivos no es el mejor modo de resolverlos. Es como dejar enemigos vivos y sueltos en la retaguardia: tarde o temprano se arman y te disparan por la espalda.

Y entonces, alguno me preguntará ¿qué alternativas ofreces? Parecerá simplista pero la evangelización sigue siendo la respuesta. El cristiano tiene el mandato de ir y bautizar. En la medida en que viva la caridad de Cristo su testimonio y su mensaje se hará creíble. Por tanto, no es un esperanto de religiones lo que salvará al mundo de sus problemas éticos, sino los santos, la santidad vivida y realizada en cada cristiano. Se ha de reflexionar y dar razón de la propia fe a quienes busquen luz sobre ella, se ha de mostrar el dorso de la moral cristiana para quien quiera oírla pero el deber fundamental sigue siendo vivir el evangelio sin glosa y predicarlo a los demás.

Autor: Rodrigo Ramírez
Fuente: Catholic.net


Junio, mes del Corazón de Jesús
Día 1: El Divino Corazón de Jesús

¡El Corazón de Jesús! Una herida, una corona de espinas, una cruz, una llama.,"He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres". ¿Quién nos ha dado aquel Corazón? Jesús mismo. Él nos había dado todo: su doctrina, sus milagros, sus dones de Eucaristía, su Madre divina. Pero el hombre permanece todavía insensible a tantos dones. Su soberbia les hace olvidar el Cielo, sus pasiones les hacen descender al fango. Fue entonces cuando Jesús mismo dirigió una mirada piadosa sobre la humanidad; se apareció a su hija predilecta, Margarita María, para manifestarle los tesoros de su corazón.

Fuente: Web Católico de Javier


"Pequeñas Semillitas" por e-mail

Si lo deseas puedes recibir todos los días "Pequeñas Semillitas" por correo, más el agregado de un powerpoint. Las suscripciones son gratis y solo tienes que solicitarlas escribiendo a Rocío (moderadora de los grupos) a: peque.semillitas.3@gmail.com  con el título: “Suscripción a Pequeñas Semillitas”.


Estadísticas de los Blogs


El siguiente es el estado demostrativo de la cantidad de visitas registradas en los dos blogs que llevamos adelante en internet: "Pequeñas Semillitas" y "Juan Pablo II inolvidable". Esta información se publica el primer día de cada mes.

Debe recordarse que las visitas se cuentan desde el inicio de cada uno de ellos que ha sido en fechas distintas:

   Desde el 1º de Marzo de 2007 hasta hoy ha sido visitado por 1.879.478 lectores. Durante el último mes (mayo 2013) registró 12.222 nuevas visitas.

   Desde el 25 de Diciembre de 2009 hasta hoy ha sido visitado por 357.342  lectores. Durante el último mes (mayo 2013) registró 4.134 nuevas visitas.


“Intimidad Divina”

El voto de Castidad

Entre los consejos evangélicos “destaca el precioso don de la divina gracia, concedido a algunos por el Padre, para que se consagren a solo Dios con un corazón que en la virginidad o el celibato se mantiene más fácilmente indiviso” (LG 42). El voto de castidad es la respuesta de la criatura al don gratuito de Dios que eligiéndola para sí, le da a entender el precio de la virginidad perfecta “por el reino de los cielos” (Mt 19, 12). El valor del voto no consiste tanto en la renuncia que lógicamente se deriva de él, cuanto en la totalidad de amor, pertenencia y entrega a Dios. Sólo el amor infinito de Dios explica la ofrenda de este don, y sólo la respuesta de un amor total de parte de la criatura explica la decisión del voto. “Cada cual –dice San Pablo– tiene de Dios su gracia particular” (1 Cr 7, 7); el matrimonio es bueno, pero la virginidad es mejor; el que se casa “obra bien” y el que no se casa “obra mejor” (ib. 38). El voto de castidad es el resultado de la elección de un amor único: el Amor infinito, y tiende al ideal de un “trato asiduo con el Señor, sin división” (ib 35), esto es, a una comunión con Dios, a una entrega a él no turbada por cuidados terrenos.

No es la virginidad en sí misma lo que tiene valor, sino la virginidad consagrada a Dios, porque sólo ésta es fruto de la caridad y está vivificada por el amor. San Agustín dice que las personas consagradas “no carecen de bodas, pues también ellas participan con toda la Iglesia de las bodas en que Cristo es el esposo”. En lugar de presentar el voto de castidad como inhibición, la tradición católica lo presenta sobre todo como consagración, como relación nupcial con Cristo, como gozosa y espontánea decisión de la voluntad de pertenecer totalmente a él. Esto “evoca aquel maravilloso connubio… por el que la Iglesia tiene por esposo único a Cristo” (PC 12). El voto de castidad constituye así un principio transformador de todas las fuerzas afectivas de la vida y dilatador del corazón, y por eso se convierte en fuente inagotable de entrega a Dios y a sus intereses. El Concilio Vaticano Ii se ha expresado en este sentido: “Esta perfecta continencia por el reino de los cielos siempre ha sido tenida en la más alta estima por la Iglesia, como señal y estímulo de la caridad y como un manantial extraordinario de espiritual fecundidad en el mundo” (LG 42).

Cuanto más intenso es el amor que inspira y sostiene al voto de castidad, tanto más alcanza éste su valor positivo de fecundidad espiritual, y tanto más capaz se hace la persona consagrada de dar plenamente la propia vida a Dios y a las almas. El voto de castidad, entendido y realizado plenamente, no mutila ni deforma las capacidades afectivas del hombre, no esteriliza la fecundidad de su vida, no lo cierra en sí mismo, ni crea en él descompensaciones o desequilibrios; antes, potenciando sus recursos naturales, le abre a un amor y a una entrega sin límites. La única condición indispensable es que lo viva en un clima de auténtica caridad teologal. Así entiende la Iglesia el voto de castidad, así lo propone y lo defiende contra las acusaciones del mundo, considerándolo no sólo como un “medio aptísimo para que los religiosos se consagren fervorosamente al servicio divino y a las obras de apostolado” sino “incluso como un bien de toda la persona” (PC 12).

Mira que vengo a ti a quien he amado, en quien he creído, a quien he dado mi afecto. Te seguiré adondequiera que vayas… Jesús mío. Me acerco a ti, Dios mío, fuego consumidor. Destrúyeme, átomo insignificante como soy, con la llama de tu amor; absórbeme en ti. Vengo a ti, mi dulce luz; haz resplandecer tu rostro sobre mí, para que a tu presencia, mis tinieblas se truequen en luz meridiana. Vengo a ti, unión beatísima; hazme una cosa contigo, en la unidad de un amor verdadero. ¿Qué puede haber ya de común entre mí y el mundo, amado mío Jesús, si hasta en el cielo no quiero nada fuera de ti? A ti sólo amo y deseo; de ti sólo tengo hambre y sed; en ti me consumo, amado mío… A ti se vuelve mi corazón y te dice: Tú eres mi precioso tesoro, mi única y verdadera alegría, mi mejor parte, el único amor y deseo de mi alma. (Santa Gertrudis).

P. Gabriel de Sta. M. Magdalena O.C.D. 
Jardinero de Dios
-el más pequeñito de todos-

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