PEQUEÑAS
SEMILLITAS
Año
21 - Número 6421 ~ Jueves 27 de Agosto de 2026
Desde
la ciudad de Córdoba (Argentina)
¡Alabado sea Jesucristo!
Estás en un mundo problemático y te acosan las dificultades. Mas, no ser
optimista no depende de circunstancias externas, sino de tu posición frente a
problemas, conflictos y dificultades.
Cultiva la posición de ti mismo y acostúmbrate a imaginar vivamente las
posibilidades de abundancias de bienes, satisfacciones y éxito.
Superas el pesimismo y sus terribles efectos, imaginando siempre lo mejor
para ti y trabajando tenazmente por lograrlo.
Pon todo el potencial de tu mente y de tu fe en el auxilio de Dios, al
servicio de tu progreso integral y de la ayuda a los necesitados.
El optimismo es la fuente perenne en la que puedes saciar tu sed de todo
lo positivo de la vida.
La Palabra de Dios
Lecturas del día
- JUEVES 21 DEL TIEMPO ORDINARIO -
♡ Primera Lectura: 1 Corintios 1, 1-9
♡ Salmo: Sal 144, 2-3. 4-5. 6-7
♡ Santo Evangelio: Mt 24,42-51
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Velad, pues, porque no
sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa
supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no
permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también vosotros estad
preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre.
¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el señor puso al frente de
su servidumbre para darles la comida a su tiempo? Dichoso aquel siervo a quien
su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. Yo os aseguro que le pondrá al
frente de toda su hacienda. Pero si el mal siervo aquel se dice en su corazón:
‘Mi señor tarda’, y se pone a golpear a sus compañeros y come y bebe con los
borrachos, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento
que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los hipócritas; allí
será el llanto y el rechinar de dientes».
♡ Comentario:
Hoy, el texto evangélico nos
habla de la incertidumbre del momento en que vendrá el Señor: «No sabéis qué
día vendrá» (Mt 24,42). Si queremos que nos encuentre velando en el momento de
su llegada, no nos podemos distraer ni dormirnos: hay que estar siempre preparados.
Jesús pone muchos ejemplos de esta atención: el que vigila por si viene un
ladrón, el siervo que quiere complacer a su amo... Quizá hoy nos hablaría de un
portero de fútbol que no sabe cuándo ni de qué manera le vendrá la pelota...
Pero, quizá, antes debiéramos aclarar de qué venida se nos habla. ¿Se
trata de la hora de la muerte? ¿Se trata del fin del mundo? Ciertamente, son
venidas del Señor que Él ha dejado expresamente en la incertidumbre para
provocar en nosotros una atención constante. Pero, haciendo un cálculo de
probabilidades, quizá nadie de nuestra generación será testimonio de un
cataclismo universal que ponga fin a la existencia de la vida humana en este
planeta. Y, por lo que se refiere a la muerte, esto sólo será una vez y basta.
Mientras esto no llegue, ¿no hay ninguna otra venida más cercana ante la cual
nos convenga estar siempre preparados?
«¡Cómo pasan los años! Los meses se reducen a semanas, las semanas a días,
los días a horas, y las horas a segundos...» (San Francisco de Sales). Cada
día, cada hora, en cada instante, el Señor está cerca de nuestra vida. A través
de inspiraciones internas, a través de las personas que nos rodean, de los
hechos que se van sucediendo, el Señor llama a nuestra puerta y, como dice el
Apocalipsis: «Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me
abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo» (Ap 3,20).
Hoy, si comulgamos, esto volverá a pasar. Hoy, si escuchamos pacientemente los
problemas que otro nos confía o damos generosamente nuestro dinero para
socorrer una necesidad, esto volverá a pasar. Hoy, si en nuestra oración personal
recibimos —repentinamente— una inspiración inesperada, esto volverá a pasar.
* Rev. D. Albert TAULÉ i Viñas (Barcelona, España) © Textos de Evangeli.net
– Imagen: Biblia.es
Santoral Católico:
Madre de San Agustín
Nació en Tagaste,
provincia romana al norte de África, el año 331, de familia cristiana. Educada
con esmero, muy joven fue dada en matrimonio a un hombre llamado Patricio,
pagano, que se convirtió y bautizó antes de morir; hombre bueno pero de
carácter irascible, a quien supo amar, servir y soportar, y del que tuvo tres
hijos, entre ellos san Agustín, por cuya conversión derramó muchas lágrimas y
oró insistentemente a Dios. Fue un modelo de madre y de esposa; alimentó su fe
con la oración y la enriqueció con sus virtudes. Educó a sus hijos en la fe, y
según la costumbre de entonces los inscribió en el catecumenado pero no los
bautizó. Agustín en su juventud se desvió religiosa y moralmente, lo que
provocó las lágrimas y oración de la madre. Ésta lo siguió a Roma y después a
Milán, donde Agustín se convirtió y recibió el bautismo de manos de san
Ambrosio. Cuando volvían a África, Mónica murió en Ostia (Roma) el año 387,
contenta y satisfecha de ver a su hijo convertido en siervo de Dios.
Oración: Oh Dios,
consuelo de los que lloran, que acogiste piadosamente las lágrimas de santa
Mónica impetrando la conversión de su hijo Agustín, concédenos, por intercesión
de madre e hijo, la gracia de llorar nuestros pecados y alcanzar tu
misericordia y tu perdón. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Para más información hacer clic acá.
(Directorio Franciscano – ACI Prensa – Catholic.net)
Pensamiento del día
es
imposible que se pierda
el hijo
de tantas lágrimas!»
(De San Ambrosio a Santa Mónica)
Tema del día:
Gracias obtenidas yendo a Misa
Estas son algunas gracias obtenidas por el hecho de asistir a la Santa
Misa:
1. La Misa es la continuación del Calvario.
2. Cada Misa vale tanto como la vida, sufrimientos y muerte de Nuestro
Señor Jesucristo, ofrecidos en sacrificio.
3. La Santa Misa es el acto de desagravio más poderoso para expiar los
pecados.
4. A la hora de la muerte, el consuelo más grande del alma consistirá de
las Misas en que participaste en vida.
5. Cada Misa bien vivida nos acompañará hasta el Tribunal Divino,
suplicando perdón.
6. En la Santa Misa, según el fervor con que se asiste, se puede
disminuir en grado mayor o menor, la pena temporal debida por los pecados.
7. Al asistir devotamente a la Santa Misa, se rinde el más grande
homenaje a la Sagrada Humanidad de Nuestro Señor.
8. En la Santa Misa, Nuestro Señor Jesucristo ofrece expiación y
desagravio por muchas omisiones y negligencias nuestras.
9. En la Santa Misa, Jesucristo perdona los pecados veniales que todavía
no se han confesado. Además se disminuye el poder de Satanás sobre el alma.
10. Al asistir a la Santa Misa se proporciona a las almas del Purgatorio,
el alivio más grande que sea posible.
11. Una Misa bien participada durante la vida, será de más provecho al
alma, que muchas que se ofrecieran para su reposo después de la muerte.
12. Por asistir a Misa, el alma se preserva de peligros, desgracias y de
calamidades, que de otro modo hubieran sucedido. Además, se abrevia o reduce la
duración de su Purgatorio.
13. Cada Misa bien vivida obtiene para el alma un grado más elevado de
gloria en el Cielo.
14. En la Misa se recibe la bendición del sacerdote que Nuestro Señor
ratifica en el Cielo.
15. En la Misa se arrodilla entre una multitud de los santos ángeles, que
están presentes en actitud de profunda reverencia, durante el sacrificio
adorable de la Santa Eucaristía.
16. En la Santa Misa se reciben bendiciones para todos los bienes y
empresas temporales.
(Sitio Santísima Virgen)
Meditaciones de “Pequeñas Semillitas”
Considera las cuatro fuentes de gracias, que
nosotros tenemos en Jesucristo contempladas por san Bernardo.
- La primera fuente es de misericordia, en la que
nosotros podemos lavarnos de todas las suciedades del pecado. Está fuente se
formó para nosotros con lágrimas y con la sangre del Redentor; el que, como
dice san Juan, nos amó y nos lavó de nuestros pecados en su sangre.
- La segunda fuente es de paz y consuelo en nuestras
tribulaciones, pues el mismo Jesucristo
nos dice: “Invócame en el día de la tribulación y yo te consolaré” (Jn 7, 37).
“Quien pruebe las aguas de mi amor desdeñará para siempre las delicias
del mundo, y se satisfará enteramente después, cuando entrare en el reino de
los bienaventurados; pues que el agua de mi gracia le elevará de la tierra al
cielo” (Jn 4, 13).
Así también la paz, que Dios de a las almas que le
aman, no es la que ofrece el mundo en los placeres sensuales, que dejan en el
alma más amargura que paz.
La que Dios de, sobrepuja a todos los deleites de
los sentidos: ¡Dichosos, pues, los que desean esta fuente divina!
- La tercera fuente es de devoción. ¡Oh! Y cómo se
hace devoto, y pronto a ejecutar las voces de Dios, y crecer siempre en la
virtud, quien a menudo medita cuánto ha hecho Jesucristo por nuestro amor! Él
será como el árbol plantado en la corriente de las aguas.
- La cuarta fuente es de amor. Quien medita los
padecimientos y las ignominias de Jesucristo sufridas por nuestro amor, no es
posible que deje de sentirse inflamado de aquel fuego santo que ha venido a
encender en la tierra; según aquellas
palabras de David: En mi meditación se inflamará el fuego (Sal. 1, 3).
Con lo que va dicho se verifica cumplidamente que el
que se aprovecha de estas dichosas fuentes que nosotros tenemos en Jesucristo,
sacará siempre de ellas aguas de gozo y de salvación.
Los cinco minutos de San Francisco
Agosto: La alegría
Día 27
Ahora que hemos dejado el mundo, no tenemos otra
cosa que hacer que seguir intensamente la voluntad del Señor y complacerlo.
(Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
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-Jardinero de Dios-
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