martes, 11 de agosto de 2026

Pequeñas Semillitas 6405

PEQUEÑAS SEMILLITAS
 
Año 21 - Número 6405 ~ Martes 11 de Agosto de 2026
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
¡Alabado sea Jesucristo!
Para ser, al menos, un poco feliz, para tener sobre la tierra un pedacito de cielo, debes reconciliarte con la vida, con tu vida... ¡Tal como es ahora!
Debes aceptar tu trabajo, y aceptar también a las personas que te rodean, sus defectos y sus imperfecciones.
Debes disfrutar de tu marido, de tu mujer, aunque pienses que no has encontrado el marido ideal o la mujer ideal (que por otra parte, no creo que existan).
Debes contentarte con lo que tienes, con tu circunstancia, que no has escogido, con tu casa, con tus muebles, con tus vestidos, con tu situación, aunque en casa de tu vecino, al menos en apariencia, todo sea más bonito y mejor.
¡Reconcíliate con la Vida!
 
La Palabra de Dios
Lecturas del día
- MARTES 19 DEL TIEMPO ORDINARIO -
Primera Lectura: Ezequiel 2, 8–3, 4
 
Salmo: Sal 118, 14. 24. 72 103. 111. 131
 
Santo Evangelio: Mt 18,1-5.10.12-14
En una ocasión, los discípulos preguntaron a Jesús: «¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?». Él llamó a un niño, le puso en medio de ellos y dijo: «Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos. ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las noventa y nueve no descarriadas. De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños».
 
Comentario:
Hoy, el Evangelio nos vuelve a revelar el corazón de Dios. Nos hace entender con qué sentimientos actúa el Padre del cielo en relación con sus hijos. La solicitud más ferviente es para con los pequeños, aquellos hacia los cuales nadie presta atención, aquellos que no llegan al lugar donde todo el mundo llega. Sabíamos que el Padre, como Padre bueno que es, tiene predilección por los hijos pequeños, pero hoy todavía nos damos cuenta de otro deseo del Padre, que se convierte en obligación para nosotros: «Si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos» (Mt 18,3).
Por tanto, entendemos que aquello que valora el Padre no es tanto "ser pequeño", sino "hacerse pequeño". «Quien se haga pequeño (...), ése es el mayor en el Reino de los Cielos» (Mt 18,4). Por esto, podemos entender nuestra responsabilidad en esta acción de empequeñecernos. No se trata tanto de haber sido uno creado pequeño o sencillo, limitado o con más capacidades o menos, sino de saber prescindir de la posible grandeza de cada uno para mantenernos en el nivel de los más humildes y sencillos. La verdadera importancia de cada uno está en asemejarnos a uno de estos pequeños que Jesús mismo presenta con cara y ojos.
Para terminar, el Evangelio todavía nos amplía la lección de hoy. Hay, ¡y muy cerca de nosotros!, unos "pequeños" que a veces los tenemos más abandonados que a los otros: aquellos que son como ovejas que se han descarriado; el Padre los busca y, cuando los encuentra, se alegra porque los hace volver a casa y no se le pierden. Quizá, si contemplásemos a quienes nos rodean como ovejas buscadas por el Padre y devueltas, más que ovejas descarriadas, seríamos capaces de ver más frecuentemente y más de cerca el rostro de Dios. Como dice san Asterio de Amasea: «La parábola de la oveja perdida y el pastor nos enseña que no hemos de desconfiar precipitadamente de los hombres, ni desfallecer al ayudar a los que se encuentran con riesgo».
* Rev. D. Valentí ALONSO i Roig (Barcelona, España) © Textos de Evangeli.net – Imagen: Parroquia Jesús Obrero (Lima, Perú).
 
Santoral Católico:
Virgen y Fundadora
Nació en Asís (Italia) el año 1193 en el seno de una familia noble. Cuando san Francisco se convirtió a Dios y empezó a predicar, Clara lo escuchaba a gusto y se entrevistaba con él en secreto. La noche del Domingo de Ramos de 1211 ó 1212, Clara abandonó la casa paterna y se consagró a Dios en la Porciúncula en manos de Francisco. Acto seguido la acompañaron al monasterio de benedictinas de San Pablo de Bastia, de donde pasó más tarde a la iglesia del Santo Ángel de Panzo y luego a San Damián. Pronto la siguieron otras jóvenes, y con ellas, bajo la guía de Francisco, se formó en San Damián, a las afueras de Asís, la comunidad que se convertiría en la Orden de las Clarisas. Allí vivió Clara encerrada, en pobreza, oración y caridad, más de cuarenta años, gran parte de los cuales estuvo postrada en cama. Fue la madre y formadora, con su ejemplo y su palabra, de una gran familia monástica, parte esencial del carisma franciscano. La víspera de su muerte tuvo la alegría de ver aprobada por el Papa su Regla propia. Murió en San Damián el 11 de agosto de 1253, y la canonizó Alejandro IV el 15 de agosto de 1255.
Oración: Oh Dios, que infundiste en santa Clara un profundo amor a la pobreza evangélica, concédenos, por su intercesión, que, siguiendo a Cristo en la pobreza de espíritu, merezcamos llegar a contemplarte en tu reino. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Para más información hacer clic acá.
(Directorio Franciscano – ACI Prensa – Catholic.net)
 
Pensamiento del día
 
si con Él lloras, con Él gozarás;
si mueres con Él en la cruz de la tribulación,
poseerás las moradas eternas
en el esplendor de los santos
y tu nombre, inscrito en el libro de la vida,
será glorioso entre los hombres»
(SANTA CLARA DE ASÍS)
 
Historias:
El anciano y el niño
Éramos la única familia en el restaurante con un niño. Yo senté a Daniel en una silla para niño y me di cuenta que todos estaban tranquilos comiendo y charlando. De repente, Daniel pegó un grito con ansia y dijo, "¡Hola amigo!"
 
Golpeando la mesa con sus gorditas manos, sus ojos estaban bien abiertos por la admiración y su boca mostraba la falta de dientes en su encía. Con mucho regocijo él se reía y se retorcía. Yo miré alrededor, vi la razón de su regocijo.
 
Era un hombre andrajoso con un abrigo en su hombro; sucio, grasoso y roto. Sus pantalones eran anchos y con el cierre abierto hasta la mitad y sus dedos se asomaban a través de lo que fueron unos zapatos. Su camisa estaba sucia y su cabello no había recibido una peinilla por largo tiempo. Sus patillas eran cortas y muy poquitas y su nariz tenía tantas venitas que parecía un mapa.
 
Estábamos un poco lejos de él para saber si olía, pero seguro que olía mal. Sus manos comenzaron a menearse para saludar.
Hola bebito, como estas muchachón!" le dijo el hombre a Daniel.
 
Mi esposa y yo nos miramos, "¿Qué hacemos?"
Daniel continuó riéndose y contestó: "Hola, hola amigo."
 
Todos en el restaurante nos miraron y luego miraron al pordiosero. El viejo sucio estaba incomodando a nuestro hermoso hijo.
Nos trajeron nuestra comida y el hombre comenzó a hablarle a nuestro hijo como un bebé. Nadie creía que era simpático lo que el hombre estaba haciendo. Obviamente él estaría borracho. Mi esposa y yo estábamos avergonzados.
 
Comimos en silencio, menos Daniel que estaba súper inquieto y mostrando todo su repertorio al pordiosero, quien le contestaba con sus niñadas. Finalmente terminamos de comer y nos dirigimos hacia la puerta. Mi esposa fue a pagar la cuenta y le dije que nos encontraríamos en el estacionamiento. El viejo se encontraba muy cerca de la puerta de salida.
 
"Dios mío, ayúdame a salir de aquí antes de que este loco le hable a Daniel" dije orando, mientras caminaba cercano al hombre.
 
Le di un poco la espalda tratando de salir sin respirar ni un poquito del aire que él pudiera estar respirando. Mientras yo hacía esto, Daniel se volvió rápidamente en dirección hacia donde estaba el viejo y puso sus brazos en posición de "cárgame".
 
Antes de que yo se lo impidiera, Daniel se abalanzó desde mis brazos hacia los brazos del hombre. Rápidamente el muy oloroso viejo y el joven niño consumaron su relación amorosa. Daniel en un acto de total confianza, amor y sumisión recargó su cabeza sobre el hombro del pordiosero. El hombre cerró sus ojos y pude ver lágrimas corriendo por sus mejillas. Sus viejas y maltratadas manos llenas de cicatrices, dolor y duro trabajo, suave, muy suavemente, acariciaban la espalda de Daniel. Nunca dos seres se habían amado tan profundamente en tan poco tiempo.
 
Yo me detuve aterrado. El viejo hombre se meció con Daniel en sus brazos por un momento, luego abrió sus ojos y me miró directamente a los míos. Me dijo en voz fuerte y segura: "Usted cuide a este niño."
 
De alguna manera le conteste "Así lo haré" con un inmenso nudo en mi garganta.
 
Él separó a Daniel de su pecho, lentamente, como si tuviera un dolor. Recibí a mi niño, y el viejo hombre me dijo: "Dios le bendiga, señor. Usted me ha dado un hermoso regalo." No pude decir más que un entrecortado gracias.
 
Con Daniel en mis brazos, caminé rápidamente hacia el carro. Mi esposa se preguntaba por qué estaba llorando y sosteniendo a Daniel tan apretadamente, y por qué yo estaba diciendo: "Dios mío, Dios mío, perdóname."
 
Yo acababa de presenciar el amor de Cristo a través de la inocencia de un pequeño niño que no vio pecado, que no hizo ningún juicio; un niño que vio un alma y unos padres que vieron un montón de ropa sucia. Yo fui un cristiano ciego, cargando un niño que no lo era. Yo sentí que Dios me estuvo preguntando: "Estás dispuesto a compartir tu hijo por un momento? Cuando El compartió a su hijo por toda la eternidad”.
 
El viejo andrajoso, inconscientemente, me recordó aquellas palabras que dicen: "De cierto os digo, que el que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él".
(Texto de mis viejos archivos – Imagen de IA Gemini)
 
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Meditaciones de “Pequeñas Semillitas”
Dos esposos, una vez sus hijos nacidos y su familia constituida, decidieron que lo mejor para honrar a Dios, era vivir en castidad completa. Pero el diablo fue capaz de inducir al marido en tentación. Su esposa, sin éxito trató de retenerlo. Preso de ira, el hombre dijo estas palabras imprudentes: "Si se me da un hijo, al diablo se lo reservo". El maligno lo oyó y un hijo, hermoso de cuerpo, alma y espíritu les nació. Llena de remordimiento, su madre se lamentaba sin cesar.
Doce años más tarde, Satanás se apareció a la madre: "¡Pronto voy a volver para confirmar la promesa!" En su desesperación, la madre confesó su secreto a su hijo. Angustiado, el niño le pidió a la Madre del Cielo y fue a buscar a un santo ermitaño que le dio valor. "Puedes estar seguro, frente a la Señora del Cielo, las cadenas del infierno no resisten.”
El ermitaño trazó en la frente del niño la señal de la cruz, a continuación, ayunaron y se pusieron en oración toda la noche. Por la mañana, el santo sacerdote celebró la misa servida por el niño, pero en el momento de la comunión éste desapareció de repente, arrastrado por Satanás que permanecía al acecho. Sollozando, el sacerdote cayó a los pies de la Virgen María implorándola. Y la Madre del Rey de la gloria no la abandonó: el niño fue devuelto y tomó la comunión. Nuestra Señora lo había liberado. El diablo y sus demonios renunciaron a su decisión sin que nadie pudiera detenerlos en su huida.
🌸
Hablar de patriotismo en estos días debe concitar en nosotros una profunda reflexión acerca de qué entendemos por ‘Amor a la Patria’. Mientras que la televisión y sus estrellas de cartón, los periódicos y sus planillas publicitarias y la internet inundaron sus páginas y pantallas con avisos y mensajes destinados a votar por tal o cual candidato, deberíamos detenernos a pensar sobre el verdadero sentimiento nacional a través del afianzamiento de valores como la honestidad, el respeto hacia los demás, la defensa de la vida y la convivencia pacífica entre los pueblos.
El amor a la Patria se expresa en cada cosa que hacemos en nuestro día a día. Debemos ser honestos, trabajar con dedicación desde el puesto que tengamos, ser solidarios y cuidar nuestro patrimonio, nuestro medio ambiente, defender siempre la vida. No buscar ventajas ni prebendas, no querer pasar sobre los derechos de los demás, denunciar cuanto hecho delictivo o de corrupción llegue a nuestro conocimiento, y exigir que la justicia actúe para lo que ha sido creada.
En las elecciones hay que saber a quién se vota. Tener memoria para que nuestros países no sufran los mismos latrocinios del pasado reciente. Porque si nos quejamos de los malos políticos y los malos gobernantes, no podemos olvidarnos que somos nosotros quienes los votamos.
 
Los cinco minutos de San Francisco
Agosto: La alegría
Día 11
Creo que no sería un hermano menor si no tuviera la disposición que te describiré: Voy, por ejemplo, al capítulo como superior de la Orden; predico, corrijo a los hermanos; y cuando termino replican: “No nos conviene un iletrado y despreciable; por lo tanto, no queremos que tú reines sobre nosotros, porque tú no sabes hablar y eres un simple e ignorante”. Y, por último, teniéndome todos por un incapaz, me echan de mala manera. Te aseguro que, si no oyere estas palabras con el semblante habitual, con la acostumbrada alegría, con el mismo propósito de santidad, no soy un hermano menor; no, no lo soy.
(Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
 
FELIPE
-Jardinero de Dios-
(el más pequeñito de todos)
  
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