Año
21 - Número 6405 ~ Martes 11 de Agosto de 2026
Desde
la ciudad de Córdoba (Argentina)
¡Alabado sea Jesucristo! Para ser, al menos, un poco feliz, para tener sobre la tierra un pedacito
de cielo, debes reconciliarte con la vida, con tu vida... ¡Tal como es ahora! Debes aceptar tu trabajo, y aceptar también a las personas que te rodean,
sus defectos y sus imperfecciones. Debes disfrutar de tu marido, de tu mujer, aunque pienses que no has
encontrado el marido ideal o la mujer ideal (que por otra parte, no creo que
existan). Debes contentarte con lo que tienes, con tu circunstancia, que no has
escogido, con tu casa, con tus muebles, con tus vestidos, con tu situación,
aunque en casa de tu vecino, al menos en apariencia, todo sea más bonito y
mejor. ¡Reconcíliate con la Vida!
Nació en Asís (Italia)
el año 1193 en el seno de una familia noble. Cuando san Francisco se convirtió
a Dios y empezó a predicar, Clara lo escuchaba a gusto y se entrevistaba con él
en secreto. La noche del Domingo de Ramos de 1211 ó 1212, Clara abandonó la
casa paterna y se consagró a Dios en la Porciúncula en manos de Francisco. Acto
seguido la acompañaron al monasterio de benedictinas de San Pablo de Bastia, de
donde pasó más tarde a la iglesia del Santo Ángel de Panzo y luego a San
Damián. Pronto la siguieron otras jóvenes, y con ellas, bajo la guía de
Francisco, se formó en San Damián, a las afueras de Asís, la comunidad que se
convertiría en la Orden de las Clarisas. Allí vivió Clara encerrada, en
pobreza, oración y caridad, más de cuarenta años, gran parte de los cuales
estuvo postrada en cama. Fue la madre y formadora, con su ejemplo y su palabra,
de una gran familia monástica, parte esencial del carisma franciscano. La
víspera de su muerte tuvo la alegría de ver aprobada por el Papa su Regla propia.
Murió en San Damián el 11 de agosto de 1253, y la canonizó Alejandro IV el 15
de agosto de 1255. Oración:Oh Dios, que
infundiste en santa Clara un profundo amor a la pobreza evangélica, concédenos,
por su intercesión, que, siguiendo a Cristo en la pobreza de espíritu,
merezcamos llegar a contemplarte en tu reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén. Para más informaciónhacer clic acá. (Directorio Franciscano – ACI Prensa – Catholic.net)
Éramos la única familia en el restaurante con un
niño. Yo senté a Daniel en una silla para niño y me di cuenta que todos estaban
tranquilos comiendo y charlando. De repente, Daniel pegó un grito con ansia y
dijo, "¡Hola amigo!" Golpeando la mesa con sus
gorditas manos, sus ojos estaban bien abiertos por la admiración y su boca
mostraba la falta de dientes en su encía. Con mucho regocijo él se reía y se
retorcía. Yo miré alrededor, vi la razón de su regocijo. Era un hombre andrajoso con un
abrigo en su hombro; sucio, grasoso y roto. Sus pantalones eran anchos y con el
cierre abierto hasta la mitad y sus dedos se asomaban a través de lo que fueron
unos zapatos. Su camisa estaba sucia y su cabello no había recibido una
peinilla por largo tiempo. Sus patillas eran cortas y muy poquitas y su nariz
tenía tantas venitas que parecía un mapa. Estábamos un poco lejos de él
para saber si olía, pero seguro que olía mal. Sus manos comenzaron a menearse
para saludar. Hola bebito, como estas
muchachón!" le dijo el hombre a Daniel. Mi esposa y yo nos miramos,
"¿Qué hacemos?" Daniel continuó riéndose y
contestó: "Hola, hola amigo." Todos en el restaurante nos
miraron y luego miraron al pordiosero. El viejo sucio estaba incomodando a
nuestro hermoso hijo. Nos trajeron nuestra comida y el
hombre comenzó a hablarle a nuestro hijo como un bebé. Nadie creía que era
simpático lo que el hombre estaba haciendo. Obviamente él estaría borracho. Mi
esposa y yo estábamos avergonzados. Comimos en silencio, menos Daniel
que estaba súper inquieto y mostrando todo su repertorio al pordiosero, quien
le contestaba con sus niñadas. Finalmente terminamos de comer y nos dirigimos
hacia la puerta. Mi esposa fue a pagar la cuenta y le dije que nos
encontraríamos en el estacionamiento. El viejo se encontraba muy cerca de la
puerta de salida. "Dios mío, ayúdame a salir
de aquí antes de que este loco le hable a Daniel" dije orando, mientras
caminaba cercano al hombre. Le di un poco la espalda tratando
de salir sin respirar ni un poquito del aire que él pudiera estar respirando.
Mientras yo hacía esto, Daniel se volvió rápidamente en dirección hacia donde
estaba el viejo y puso sus brazos en posición de "cárgame". Antes de que yo se lo impidiera,
Daniel se abalanzó desde mis brazos hacia los brazos del hombre. Rápidamente el
muy oloroso viejo y el joven niño consumaron su relación amorosa. Daniel en un
acto de total confianza, amor y sumisión recargó su cabeza sobre el hombro del
pordiosero. El hombre cerró sus ojos y pude ver lágrimas corriendo por sus
mejillas. Sus viejas y maltratadas manos llenas de cicatrices, dolor y duro
trabajo, suave, muy suavemente, acariciaban la espalda de Daniel. Nunca dos
seres se habían amado tan profundamente en tan poco tiempo. Yo me detuve aterrado. El viejo
hombre se meció con Daniel en sus brazos por un momento, luego abrió sus ojos y
me miró directamente a los míos. Me dijo en voz fuerte y segura: "Usted
cuide a este niño." De alguna manera le conteste
"Así lo haré" con un inmenso nudo en mi garganta. Él separó a Daniel de su pecho,
lentamente, como si tuviera un dolor. Recibí a mi niño, y el viejo hombre me
dijo: "Dios le bendiga, señor. Usted me ha dado un hermoso regalo."
No pude decir más que un entrecortado gracias. Con Daniel en mis brazos, caminé
rápidamente hacia el carro. Mi esposa se preguntaba por qué estaba llorando y
sosteniendo a Daniel tan apretadamente, y por qué yo estaba diciendo:
"Dios mío, Dios mío, perdóname." Yo acababa de presenciar el amor
de Cristo a través de la inocencia de un pequeño niño que no vio pecado, que no
hizo ningún juicio; un niño que vio un alma y unos padres que vieron un montón
de ropa sucia. Yo fui un cristiano ciego, cargando un niño que no lo era. Yo
sentí que Dios me estuvo preguntando: "Estás dispuesto a compartir tu hijo
por un momento? Cuando El compartió a su hijo por toda la eternidad”. El viejo andrajoso,
inconscientemente, me recordó aquellas palabras que dicen: "De cierto os
digo, que el que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en
él". (Texto de mis viejos archivos – Imagen de IA Gemini)
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que necesitan recibir la Buena Noticia del Salvador. Y con los envíos por
email, cada día tenemos más dificultades para poder hacerlos, de modo que los
que se puedan pasar al Canal y dejar los emails, mucho mejor. Hago un especial
agradecimiento a todas las personas que en estos días se han ido sumando al
canal, que en poco tiempo hemos superado los 450 miembros.
Meditaciones de “Pequeñas Semillitas”
Dos esposos, una vez sus hijos nacidos y su familia
constituida, decidieron que lo mejor para honrar a Dios, era vivir en castidad
completa. Pero el diablo fue capaz de inducir al marido en tentación. Su
esposa, sin éxito trató de retenerlo. Preso de ira, el hombre dijo estas
palabras imprudentes: "Si se me da un hijo, al diablo se lo reservo".
El maligno lo oyó y un hijo, hermoso de cuerpo, alma y espíritu les nació.
Llena de remordimiento, su madre se lamentaba sin cesar. Doce años más tarde, Satanás se apareció a la madre:
"¡Pronto voy a volver para confirmar la promesa!" En su
desesperación, la madre confesó su secreto a su hijo. Angustiado, el niño le
pidió a la Madre del Cielo y fue a buscar a un santo ermitaño que le dio valor.
"Puedes estar seguro, frente a la Señora del Cielo, las cadenas del
infierno no resisten.” El ermitaño trazó en la frente del niño la señal de
la cruz, a continuación, ayunaron y se pusieron en oración toda la noche. Por
la mañana, el santo sacerdote celebró la misa servida por el niño, pero en el
momento de la comunión éste desapareció de repente, arrastrado por Satanás que
permanecía al acecho. Sollozando, el sacerdote cayó a los pies de la Virgen
María implorándola. Y la Madre del Rey de la gloria no la abandonó: el niño fue
devuelto y tomó la comunión. Nuestra Señora lo había liberado. El diablo y sus
demonios renunciaron a su decisión sin que nadie pudiera detenerlos en su
huida.
🌸
Hablar de patriotismo en estos días debe concitar en nosotros
una profunda reflexión acerca de qué entendemos por ‘Amor a la Patria’.
Mientras que la televisión y sus estrellas de cartón, los periódicos y sus
planillas publicitarias y la internet inundaron sus páginas y pantallas con
avisos y mensajes destinados a votar por tal o cual candidato, deberíamos
detenernos a pensar sobre el verdadero sentimiento nacional a través del
afianzamiento de valores como la honestidad, el respeto hacia los demás, la defensa
de la vida y la convivencia pacífica entre los pueblos. El amor a la Patria se expresa en cada cosa que hacemos en
nuestro día a día. Debemos ser honestos, trabajar con dedicación desde el
puesto que tengamos, ser solidarios y cuidar nuestro patrimonio, nuestro medio
ambiente, defender siempre la vida. No buscar ventajas ni prebendas, no querer
pasar sobre los derechos de los demás, denunciar cuanto hecho delictivo o de
corrupción llegue a nuestro conocimiento, y exigir que la justicia actúe para
lo que ha sido creada. En las elecciones hay que saber a quién se vota. Tener memoria
para que nuestros países no sufran los mismos latrocinios del pasado reciente.
Porque si nos quejamos de los malos políticos y los malos gobernantes, no
podemos olvidarnos que somos nosotros quienes los votamos.
Los cinco minutos de San Francisco
Agosto: La alegría Día 11 Creo que no sería un hermano menor si no tuviera la
disposición que te describiré: Voy, por ejemplo, al capítulo como superior de
la Orden; predico, corrijo a los hermanos; y cuando termino replican: “No nos
conviene un iletrado y despreciable; por lo tanto, no queremos que tú reines
sobre nosotros, porque tú no sabes hablar y eres un simple e ignorante”. Y, por
último, teniéndome todos por un incapaz, me echan de mala manera. Te aseguro
que, si no oyere estas palabras con el semblante habitual, con la acostumbrada
alegría, con el mismo propósito de santidad, no soy un hermano menor; no, no lo
soy. (Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
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