PEQUEÑAS
SEMILLITAS
Año
21 - Número 6409 ~ Sábado 15 de Agosto de 2026
Desde
la ciudad de Córdoba (Argentina)
¡Alabado sea Jesucristo!
«Hoy María Virgen subió a los cielos: alegraos porque con Cristo reina
para siempre» (Liturgia de las Horas)
La fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen María, se celebra en toda
la Iglesia el 15 de agosto. Esta fiesta tiene un doble objetivo: La feliz
partida de María de esta vida y la Asunción de su cuerpo al cielo libre de la
corrupción terrenal de los cuerpos.
La Asunción es un mensaje de esperanza que nos hace pensar en la dicha de
alcanzar el Cielo, la gloria de Dios y en la alegría de tener una madre que ha
alcanzado la meta a la que nosotros caminamos.
Este día, recordamos que María es una obra maravillosa de Dios. Concebida
sin pecado original, el cuerpo de María estuvo siempre libre de pecado. Era
totalmente pura. Su alma nunca se corrompió. Su cuerpo nunca fue manchado por
el pecado, fue siempre un templo santo e inmaculado.
Desde su Asunción a los cielos, acompaña con amor materno a la Iglesia
peregrina, y protege sus pasos hacia la patria celeste, hasta la venida
gloriosa de Nuestro Señor Jesucristo.
La Palabra de Dios
Lecturas del día
- LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA -
♡ Primera Lectura: Apocalipsis 11, 19; 12, 1-6. 10
♡ Salmo: Sal 44, 10bc. 11. 12ab. 16
♡ Segunda Lectura: 1 Corintios 15, 20-27
♡ Santo Evangelio: Lc 1,39-56
En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región
montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y
sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en
su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz,
dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde
a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la
voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que
se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».
Y dijo María: «Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se
alegra en Dios mi Salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su
esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada,
porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su
misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó
la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón.
Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los
hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel,
su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros
padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos». María permaneció
con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.
♡ Comentario:
Hoy celebramos la solemnidad de la Asunción de Santa María en cuerpo y
alma a los cielos. «Hoy —dice san Bernardo— sube al cielo la Virgen llena de
gloria, y colma de gozo a los ciudadanos celestes». Y añadirá estas preciosas
palabras: «¡Qué regalo más hermoso envía hoy nuestra tierra al cielo! Con este
gesto maravilloso de amistad —que es dar y recibir— se funden lo humano y lo
divino, lo terreno y lo celeste, lo humilde y lo sublime. El fruto más granado
de la tierra está allí, de donde proceden los mejores regalos y los dones de
más valor. Encumbrada a las alturas, la Virgen Santa prodigará sus dones a los
hombres».
El primer don que te prodiga es la Palabra, que Ella supo guardar con
tanta fidelidad en el corazón, y hacerla fructificar desde su profundo silencio
acogedor. Con esta Palabra en su espacio interior, engendrando la Vida para los
hombres en su vientre, «se levantó María y se fue con prontitud a la región
montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel»
(Lc 1,39-40). La presencia de María expande la alegría: «Apenas llegó a mis
oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno» (Lc 1,44), exclama
Isabel.
Sobre todo, nos hace el don de su alabanza, su misma alegría hecha canto,
su Magníficat: «Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra
en Dios mi Salvador...» (Lc 1,46-47). ¡Qué regalo más hermoso nos devuelve hoy
el cielo con el canto de María, hecho Palabra de Dios! En este canto hallamos
los indicios para aprender cómo se funden lo humano y lo divino, lo terreno y
lo celeste, y llegar a responder como Ella al regalo que nos hace Dios en su
Hijo, a través de su Santa Madre: para ser un regalo de Dios para el mundo, y
mañana un regalo de nuestra humanidad a Dios, siguiendo el ejemplo de María,
que nos precede en esta glorificación a la que estamos destinados.
* P. Dom Josep ALEGRE Abad emérito de Santa Mª de Poblet (Tarragona,
España) © Textos de Evangeli.net – Imagen: Grupos de Jesús.
Santoral Católico:
Solemnidad Litúrgica
La Madre de Dios fue
asociada estrechamente, por voluntad del Padre, a los misterios de su Hijo.
Así, al igual que Jesús, también ella murió y fue sepultada. Pero, como dice el
Prefacio, «el Señor no quiso que conociera la corrupción del sepulcro la mujer
que, por obra del Espíritu, concibió en su seno al autor de la vida». Al
respecto escribía Pío XII: «A la manera que la gloriosa resurrección de Cristo
fue parte esencial y último trofeo de su más absoluta victoria sobre la muerte
y el pecado, así la lucha de la bienaventurada Virgen, común con su Hijo, había
de concluir con la glorificación de su cuerpo virginal... Por eso, la augusta
Madre de Dios, misteriosamente unida a Jesucristo desde toda la eternidad,
consiguió, al fin, como corona suprema de sus privilegios, ser conservada
inmune de la corrupción del sepulcro y, del mismo modo que antes su Hijo,
vencida la muerte, ser levantada en cuerpo y alma a la suprema gloria del
cielo». Y la Constitución papal que en 1950 declaró el dogma de la Asunción concluía
con esta definición: «Que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María,
cumplido el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria
celestial».
Oración: Dios
todopoderoso y eterno, que has elevado en cuerpo y alma a los cielos a la
inmaculada Virgen María, Madre de tu Hijo, concédenos, te rogamos, que,
aspirando siempre a las realidades divinas, lleguemos a participar con ella de
su misma gloria en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Para más información hacer clic acá.
(Directorio Franciscano – ACI Prensa – Catholic.net)
Palabras de Benedicto XVI
«En esta solemnidad de la Asunción contemplamos a
María: ella nos abre a la esperanza, a un futuro lleno de alegría y nos enseña
el camino para alcanzarlo: acoger en la fe a su Hijo; no perder nunca la
amistad con él, sino dejarnos iluminar y guiar por su Palabra; seguirlo cada
día, incluso en los momentos en que sentimos que nuestras cruces resultan
pesadas. María, el arca de la alianza que está en el santuario del cielo, nos
indica con claridad luminosa que estamos en camino hacia nuestra verdadera Casa,
la comunión de alegría y de paz con Dios»
Tema del día:
María asunta al Cielo
El Papa Pío XII definió solemnemente el dogma de la Asunción de María el
día 1 de noviembre del año 1950. Este dogma fue promulgado en la Constitución "Munificentissimus
Deus".
Las razones fundamentales para la definición del dogma presentadas por
Pío XII fueron:
1- La inmunidad de María de todo pecado: La descomposición del cuerpo es consecuencia del
pecado, y como María, careció de todo pecado, entonces Ella estaba libre de la
ley universal de la corrupción, pudiendo entonces, entrar prontamente, en
cuerpo y alma, en la gloria del cielo.
2- Su Maternidad Divina: Como el cuerpo de Cristo se había formado del cuerpo de María, era
conveniente que el cuerpo de María participara de la suerte del cuerpo de
Cristo. Ella concibió a Jesús, le dio a luz, le nutrió, le cuidó, le estrechó
contra su pecho. No podemos imaginar que Jesús permitiría que el cuerpo, que le
dio vida, llegase a la corrupción.
3- Su Virginidad Perpetua: como su cuerpo fue preservado en integridad
virginal, (toda para Jesús y siendo un tabernáculo viviente) era conveniente
que después de la muerte no sufriera la corrupción.
4- Su participación en la obra redentora de Cristo: María, la Madre del Redentor, por su íntima
participación en la obra redentora de su Hijo, después de consumado el curso de
su vida sobre la tierra, recibió el fruto pleno de la redención, que es la
glorificación del cuerpo y del alma.
La Asunción es la victoria de Dios confirmada en María y asegurada para
nosotros. La Asunción es una señal y promesa de la gloria que nos espera cuando
en el fin del mundo nuestros cuerpos resuciten y sean reunidos con nuestras
almas.
La Asunción es un mensaje de esperanza que nos hace pensar en la dicha de
alcanzar el Cielo, la gloria de Dios y en la alegría de tener una madre que ha
alcanzado la meta a la que nosotros caminamos.
Este día, recordamos que María es una obra maravillosa de Dios. Concebida
sin pecado original, el cuerpo de María estuvo siempre libre de pecado. Era
totalmente pura. Su alma nunca se corrompió. Su cuerpo nunca fue manchado por
el pecado, fue siempre un templo santo e inmaculado.
También, tenemos presente a Cristo por todas las gracias que derramó
sobre su Madre María y cómo ella supo responder a éstas. Ella alcanzó la Gloria
de Dios por la vivencia de las virtudes. Se coronó con estas virtudes.
La maternidad divina de María fue el mayor milagro y la fuente de su
grandeza, pero Dios no coronó a María por su maternidad, sino por sus virtudes:
su caridad, su humildad, su pureza, su paciencia, su mansedumbre, su perfecto
homenaje de adoración, amor, alabanza y agradecimiento.
María cumplió perfectamente con la voluntad de Dios en su vida y eso es
lo que la llevó a llegar a la gloria de Dios.
En la Tierra todos queremos llegar a Dios y en esto trabajamos todos los
días. Esta es nuestra esperanza. María ya ha alcanzado esto. Lo que ella ha
alcanzado nos anima a nosotros. Lo que ella posee nos sirve de esperanza.
María tuvo una enorme confianza en Dios, su corazón lo tenía lleno de
Dios. Vivió con una inmensa paz porque vivía en Dios, porque cumplió a la
perfección con la voluntad de Dios durante toda su vida. Y esto es lo que la
llevó a gozar en la gloria de Dios. Desde su Asunción al Cielo, Ella es nuestra
Madre del Cielo.
La fiesta de la Asunción es la fiesta de María, la más solemne de las
fiestas que la Iglesia celebra en su honor. Este día festejamos todos los
misterios de su vida. Es la celebración de su grandeza, de todos sus
privilegios y virtudes, que también se celebran por separado en otras fechas.
María es una obra maravillosa de Dios: mujer sencilla y humilde,
concebida sin pecado original y, por tanto, creatura purísima. Su alma nunca se
corrompió. Su cuerpo nunca fue manchado por el pecado, fue siempre un templo
santo e inmaculado de Dios.
En la Tierra todos queremos llegar a Dios y por este fin trabajamos todos
los días, ya que ésa es nuestra esperanza. María ya lo ha alcanzado. Lo que
ella ya posee nos anima a nosotros a alcanzarlo también.
(Web Católico de Javier)
Meditaciones de “Pequeñas Semillitas”
Con el misterio de la Asunción a los cielos se han
realizado definitivamente en María todos los efectos de la única mediación de
Cristo Redentor del mundo y Señor resucitado: “Todos vivirán en Cristo. Pero
cada cual en su rango: Cristo como primicia; luego, los de Cristo en su Venida”
(1 Co 15, 22-23).
En el misterio de la Asunción se expresa la fe de la
Iglesia, según la cual María “está también íntimamente unida” a Cristo porque,
aunque como madre-virgen estaba singularmente unida a él en su primera venida,
por su cooperación constante con él lo estará también a la espera de la
segunda.
Redimida de modo eminente, en previsión de los
méritos de su Hijo, ella tiene también aquella función, propia de la Madre, de
mediadora de clemencia en la venida definitiva, cuando todos los de Cristo
revivirán, y “el último enemigo en ser destruido será la Muerte” (1 Co 15, 26).
En su Asunción a los cielos, María está como
envuelta por toda la realidad de la comunión de los santos, y su misma unión
con el Hijo en la gloria está dirigida toda ella hacia la plenitud definitiva
del Reino, cuando “Dios sea todo en todas las cosas”.
(San Juan Pablo II: Encíclica Redemptoris
Mater,25 marzo 1987, n°41)
Los cinco minutos de San Francisco
Agosto: La alegría
Día 15
Si alguna vez me siento tentado o desganado, en
cuanto contemplo la alegría de mi compañero, quedo libre de la tentación y de
la desidia y recobro tanto la alegría interior como la exterior.
(Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
FELIPE
-Jardinero de Dios-
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