PEQUEÑAS
SEMILLITAS
Año
21 - Número 6403 ~ Domingo 9 de Agosto de 2026
Desde
la ciudad de Córdoba (Argentina)
¡Alabado sea Jesucristo!
Para amar como Jesús nos enseñó, debemos aprender a ser indulgentes, que
es “tener facilidad en perdonar las culpas ajenas”, como dice el diccionario.
Es la disponibilidad y capacidad para perdonar las debilidades de nuestros
prójimos una y otra vez, cómo le respondió Jesús a Pedro: “No siete, sino
setenta veces siete debes perdonar”.
Ser indulgentes siempre no es fácil. En verdad está por encima de nuestra
capacidad humana. Por eso es indispensable suplicar con humildad y constancia
al Señor el don de la caridad para poder elevarnos sobre nuestros egoísmos y
susceptibilidades… Pero cuando el amor de Dios nos invade podemos “perdonar y
soportar sin límites”. (PADRE NATALIO)
La Palabra de Dios
Lecturas del día
- DOMINGO 19 DEL TIEMPO ORDINARIO -
♡ Primera Lectura: 1 Reyes 19, 9a. 11-13a
♡ Salmo: Sal 84, 9ab-10. 11-12. 13-14
♡ Segunda Lectura: Romanos 9, 1-5
♡ Santo Evangelio: Mt 14,22-33
Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que
subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla mientras él despedía a
la gente. Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar.
Llegada la noche estaba allí solo. Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de
tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario.
De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos,
viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que
era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis
miedo!». Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando
sobre el agua». Él le dijo: «Ven». Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre
el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró
miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame». En seguida Jesús extendió
la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?». En cuanto
subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante Él
diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios».
♡ Comentario:
Hoy, la experiencia de Pedro
refleja situaciones que hemos experimentado también nosotros más de una vez.
¿Quién no ha visto hacer aguas sus proyectos y no ha experimentado la tentación
del desánimo o de la desesperación? En circunstancias así, debemos reavivar la
fe y decir con el salmista: «Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu
salvación» (Sal 85,8).
Para la mentalidad antigua, el mar era el lugar donde habitaban las
fuerzas del mal, el reino de la muerte, amenazador para el hombre. Al “andar
sobre el agua” (cf. Mt 14,25), Jesús nos indica que con su muerte y
resurrección triunfa sobre el poder del mal y de la muerte, que nos amenaza y
busca destrozarnos. Nuestra existencia, ¿no es también como una frágil
embarcación, sacudida por las olas, que atraviesa el mar de la vida y que
espera llegar a una meta que tenga sentido?
Pedro creía tener una fe clara y una fuerza muy consistente, pero «empezó
a hundirse» (Mt 14,30); Pedro había asegurado a Jesús que estaba dispuesto a
seguirlo hasta morir, pero su debilidad lo acobardó y negó al Maestro en los
hechos de la Pasión. ¿Por qué Pedro se hunde justo cuando empieza a andar sobre
el agua? Porque, en vez de mirar a Jesucristo, miró al mar y eso le hizo perder
fuerza y, a partir de ese instante, su confianza en el Señor se debilitó y los
pies no le respondieron. Pero, Jesús le «extendió la mano, lo agarró» (Mt
14,31) y lo salvó.
Después de su resurrección, el Señor no permite que su apóstol se hunda en
el remordimiento y la desesperación y le devuelve la confianza con su perdón
generoso. ¿A quién miro yo en el combate de la vida? Cuando noto que el peso de
mis pecados y errores me arrastra y me hunde, ¿dejo que el buen Jesús alargue
su mano y me salve?
* Rev. D. Joaquim MESEGUER García (Rubí, Barcelona, España) © Textos de
Evangeli.net
Palabras del Papa León XIV
«Fui elegido sin ningún mérito y, con temor y
temblor, vengo a vosotros como un hermano que quiere ser servidor de vuestra fe
y de vuestra alegría, caminando con vosotros por el camino del amor de Dios,
que quiere que todos estemos unidos en una sola familia. Éste, hermanos y
hermanas, quisiera que fuera nuestro primer gran deseo: una Iglesia unida,
signo de unidad y de comunión, que se convierta en fermento de un mundo
reconciliado»
Predicación del Evangelio
En medio de la tormenta
El Evangelio de este domingo continúa con una imagen profundamente
profética de la realidad eclesial. La barca de los discípulos es sacudida por
las olas y fatigada por el viento contrario, en medio de la noche. Dentro de
toda la riqueza de este texto, he escogido estos versículos en los cuales los
discípulos tienen miedo ante la tormenta que azota la barca, pues esta barca es
la imagen de la Iglesia de hoy.
Con este pasaje nos muestra las crisis internas, escándalos,
persecuciones y la indiferencia del mundo moderno, en los cuales podemos, como
los apóstoles, sentir miedo, sentir que naufragamos. Y es que no podemos negar
que con frecuencia, muchas veces, caemos en el pánico y la desesperanza,
sintiendo que la tempestad es demasiado fuerte y que el Señor nos ha dejado
solos a la deriva.
Sin embargo, en la hora más oscura de la noche, Jesús se hace presente
caminando sobre las mismas aguas que amenazaban con hundir la barca. Su grito
victorioso, resonando sobre el bramido del mar es una inyección de fe para
nuestra comunidad: “¡Ánimo! Soy yo. No tengan miedo”.
Cristo, mis hermanos, no promete a su Iglesia la ausencia de tormentas,
sino la garantía absoluta de que las fuerzas del mal no prevalecerán sobre
ella. Las crisis no son el signo de la ausencia de Dios, sino el escenario
donde su poder se manifiesta con mayor claridad.
Como pastores y fieles, no debemos permitir que el miedo guíe nuestras
decisiones; la barca no se sostiene por la pericia de sus remeros, ni por la
tranquilidad de los vientos, sino por la presencia firme del Resucitado a
bordo. Nuestros esfuerzos, los de los sacerdotes y obispos, son importantes,
sin embargo, no olvidemos que quien sostiene la Iglesia es Jesús, quien es más
grande que cualquier tormenta.
Y recuerda, ante las tempestades del mundo que azotan no solo nuestra
Iglesia, sino también nuestra familia y nuestra persona, jamás olvidemos que
Jesús camina con nosotros y es más poderoso que el impetuoso viento del mundo.
(P. Ernesto María Caro – Imagen: El diario.co)
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Meditación dominical
"¡Ánimo, soy yo, no tengas miedo!". Estas palabras de Jesús
constituyen el corazón del Evangelio de hoy y, de algún modo, también el
corazón de toda la experiencia cristiana. Son palabras pronunciadas en medio de
la noche, cuando los discípulos se encuentran lejos de la orilla, sacudidos por
el viento contrario y dominados por el temor. No es casualidad que Jesús se
manifieste precisamente en ese momento. Dios suele acercarse a nosotros no
cuando todo está en calma, sino cuando sentimos el peso de nuestras
fragilidades, cuando la incertidumbre nos desorienta y cuando el miedo amenaza
con robarnos la esperanza.
Esta frase no es simplemente una invitación a
tranquilizarnos. Es una promesa de presencia. Jesús no dice: "No pasa
nada" o "todo se resolverá pronto". Dice algo mucho más
profundo: "Soy yo". Es decir, "estoy contigo". Y esa
certeza atraviesa toda la liturgia de hoy. Cada una de las lecturas nos
presenta una situación de miedo, de incertidumbre o de sufrimiento, y en todas
ellas Dios se hace presente para sostener, consolar y devolver la esperanza a
quienes confían en Él.
(Fray Néstor Morales Gutiérrez OP)
Agradecimientos
Imaginemos que en el cielo hay dos oficinas diferentes para
tratar lo relativo a las oraciones de las personas en la tierra:
Una es para receptar pedidos de diversas gracias, y allí
los muchos ángeles que atienden trabajan intensamente y sin descanso por la
cantidad de peticiones que llegan en todo momento.
La otra oficina es para recibir los agradecimientos por las
gracias concedidas y en ella hay un par de ángeles aburridos porque
prácticamente no les llega ningún mensaje de los hombres desde la tierra para
dar gracias...
Desde esta sección de "Pequeñas Semillitas"
pretendemos juntar una vez por semana (los domingos) todos los mensajes para la
segunda oficina: agradecimientos por favores y gracias concedidas como
respuesta a nuestros pedidos de oración.
💕 Desde Colombia nos dicen: «Damos gracias a Dios, a la
intercesión de nuestra Madre la Virgen María y de San Cayetano, así mismo a las
personas y comunidades que oraron porque se le diera la oportunidad de un
empleo seguro y digno a Juan Manuel Cardona López, quien a poco tiempo
de pedir oración por esta noble intención, ha logrado ocuparse. El infinito
Amor de Jesucristo no se deja esperar cuando con fe, esperanza y la práctica
sincera de la caridad, se pide un favor que Él concede sin reparos, como ha sucedido
para el bienestar económico y familiar de Juan Manuel y la realización de su
proyecto de vida personal».
💕 Desde Buenos Aires, Argentina, llega un agradecimiento a Dios
y a todas las personas que rezaron por Marita A., de 70 años de edad,
que ha tenido sus estudios de mamografía magnificada con resultado de las
calcificaciones que fueron benignas, y lo mismo ocurrió con el tumor de
tiroides que también dio benigno. Nos sumamos a la plegaria de acción de
gracias.
💕 Desde Córdoba, Argentina, damos gracias a Dios por los resultados de los estudios oncológicos de Elba, que resultaron todos negativos para cáncer.
Oremos: Bendito seas,
Dios mío, porque a pesar de ser yo indigno de toda ayuda, tu generosidad e
infinita bondad nunca dejan de otorgar el bien aún a los ingratos y a los que
se han apartado de ti. Conviértenos a ti, para que seamos agradecidos, humildes
y piadosos, pues Tú eres nuestra salud, nuestra fortaleza y nuestra salvación.
Los cinco minutos de San Francisco
Agosto: La alegría
Día 9
Si el servidor de Dios pusiera interés en conservar
interior y exteriormente la alegría espiritual, que nace de la pureza del
corazón y se adquiere por la oración, los demonios nunca podrán hacerle daño,
porque dicen: “Cuando el servidor de Dios está alegre, tanto cuando le va bien
como cuando le va mal, tenemos cerrada la puerta para acercarnos a él y
causarle daño”.
(Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
FELIPE
-Jardinero de Dios-
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