martes, 9 de febrero de 2016

Pequeñas Semillitas 2934

PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 11 - Número 2934 ~ Martes 9 de Febrero de 2016
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
Alabado sea Jesucristo…
Señor, gracias por todo el amor que derramas en mí, gracias por hacerme comprender, a través de tus sagradas formas, lo que quieres para mí. Te doy gracias por el ejemplo de María, la Virgen, nuestra modelo de discípulo. En ella encuentro una invitación a guardar en mi corazón todas las Palabras que me comunicas. Te pido, Señor mío, que hoy me des la posibilidad de ser agradecido siempre, que no olvide fácilmente todas las bendiciones que me han dado, sobre todo por donarte a ti mismo en Pan y Vino para mi propia salvación. Gracias por la bendición de tener una familia en la que Tú me manifiestas que me amas. Gracias por cada uno de sus miembros y todo lo que me hacen sentir. Te suplico que en este momento la bendigas y le hagas sentir tu presencia maravillosa. Amén.

¡Buenos días!

La perfumería
Domingo Savio, el alumno santo formado por Don Bosco, sabía elegir bien sus amistades. Si había algún alumno de mala conducta, que no cumplía el reglamento, procuraba no tratar con él sino para ayudarlo o darle un buen consejo. Conocía el refrán: “el que con lobos anda, a aullar aprende”. Esta habilidad de huir de las malas compañías, preservó sus buenas costumbres.

Dice la Biblia: "Quien con sabios anda, sabio se hará" (Prov 13,20). ¿Con qué comparar esto? Con uno que entró en una perfumería y aunque nada compró ni vendió, sin embargo se le pegó el perfume del lugar y lo llevó consigo. Así es todo el que se junta con los justos: algo se le pega de sus caminos y de sus buenas acciones. "Y el que se junta con necios, necio saldrá".  ¿Con qué comparar esto? Con uno que entró en casa del curtidor y aunque nada compró ni vendió, se impregnó del mal olor y lo llevó consigo. Así es todo el que se junta con los malvados: algo se le pega de sus caminos y de sus malas acciones.

Cuando Domingo Savio veía que un compañero era estudioso, respetuoso con todos, delicado en sus palabras, que frecuentaba la iglesia, trataba de hacerlo su amigo. Logró así tener unos seis compañeros con quienes animaba la sana alegría de los recreos, consolaba a los chicos tristes, comentaba temas provechosos y mantenía un clima de familia en el colegio. 
* Enviado por el P. Natalio

La Palabra de Dios:
Evangelio de hoy
En aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos, así como algunos escribas venidos de Jerusalén. Y vieron que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir no lavadas, -es que los fariseos y todos los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el codo, aferrados a la tradición de los antiguos, y al volver de la plaza, si no se bañan, no comen; y hay otras muchas cosas que observan por tradición, como la purificación de copas, jarros y bandejas-.
Por ello, los fariseos y los escribas le preguntan: «¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?». Él les dijo: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: ‘Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres’. Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres». Les decía también: «¡Qué bien violáis el mandamiento de Dios, para conservar vuestra tradición! Porque Moisés dijo: ‘Honra a tu padre y a tu madre y: el que maldiga a su padre o a su madre, sea castigado con la muerte’. Pero vosotros decís: ‘Si uno dice a su padre o a su madre: Lo que de mí podrías recibir como ayuda lo declaro "Korbán" -es decir: ofrenda-’, ya no le dejáis hacer nada por su padre y por su madre, anulando así la Palabra de Dios por vuestra tradición que os habéis transmitido; y hacéis muchas cosas semejantes a éstas». (Mc 7,1-13)

Comentario
Hoy contemplamos cómo algunas tradiciones tardías de los maestros de la Ley habían manipulado el sentido puro del cuarto mandamiento de la Ley de Dios. Aquellos escribas enseñaban que los hijos que ofrecían dinero y bienes para el Templo hacían lo mejor. Según esta enseñanza, sucedía que los padres ya no podían pedir ni disponer de estos bienes. Los hijos formados en esta conciencia errónea creían haber cumplido así el cuarto mandamiento, incluso haberlo cumplido de la mejor manera. Pero, de hecho, se trataba de un engaño.
«¡Qué bien violáis el mandamiento de Dios, para conservar vuestra tradición!» (Mc 7,9): Jesucristo es el intérprete auténtico de la Ley; por eso explica el justo sentido del cuarto mandamiento, deshaciendo el lamentable error del fanatismo judío.
«Moisés dijo: ‘Honra a tu padre y a tu madre’» (Mc 7,10): el cuarto mandamiento recuerda a los hijos las responsabilidades que tienen con los padres. Tanto como puedan, les han de prestar ayuda material y moral durante los años de la vejez y durante las épocas de enfermedad, soledad o angustia. Jesús recuerda este deber de gratitud.
El respeto hacia los padres (piedad filial) está hecho de la gratitud que les debemos por el don de la vida y por los trabajos que han realizado con esfuerzo en sus hijos, para que éstos pudieran crecer en edad, sabiduría y gracia. «Honra a tu padre con todo el corazón, y no te olvides de los dolores de tu madre. Recuerda que por ellos has nacido. ¿Qué les darás a cambio de lo que han hecho por ti?» (Sir 7,27-28).
El Señor glorifica al padre en sus hijos, y en ellos confirma el derecho de la madre. Quien honra al padre expía los pecados; quien glorifica a la madre es como quien reúne un tesoro (cf. Sir 3,2-6). Todos estos y otros consejos son una luz clara para nuestra vida en relación con nuestros padres. Pidamos al Señor la gracia para que no nos falte nunca el verdadero amor que debemos a los padres y sepamos, con el ejemplo, transmitir al prójimo esta dulce “obligación”.
Rev. D. Iñaki BALLBÉ i Turu (Rubí, Barcelona, España)

Santoral Católico:
San Miguel Febres Cordero
Religioso Lasallista
Nació el año 1854 en Cuenca (Ecuador). Ingresó en la congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas en 1868. Desarrolló un largo e intenso apostolado como maestro, escritor y sobre todo catequista; nada le impedía la asiduidad a la oración ni el fomento de su devoción a la Virgen. Publicó muchas obras y tradujo numerosos textos didácticos. En 1892 ingresó en la Academia Ecuatoriana de la Lengua. En 1907 pasó a la casa general en Bélgica, pero pronto, por motivos de salud, se trasladó a Premiá de Mar, cerca de Barcelona (España), donde falleció el 9 de febrero de 1910.
© Directorio Franciscano    

Palabras del Papa Francisco 
“Deseo ir [a México] como misionero de la misericordia y de la paz;
encontrarme con ustedes para confesar juntos nuestra fe en Dios
y compartir una verdad fundamental en nuestras vidas:
que Dios nos quiere mucho,
que nos ama con un amor infinito,
más allá de nuestros méritos”

Tema del día:
10 ideas para una buena Cuaresma
1. Retirarnos a una iglesia para saborear el silencio y la presencia de Dios. En un mundo que nos roba la serenidad son necesarios espacios de tranquilidad y oasis de paz para valorar, reflexionar y hacer una autocrítica sobre la vida que llevamos
El silencio es el único rumor que hace Dios cuando pasa por el mundo (Víctor Manuel Arbeloa)

2. Escuchar la Palabra del Señor. Estamos totalmente asediados y asaeteados por multitud de cuñas publicitarias y verdades a medias que son grandes mentiras. El Señor, con su Palabra, nos orienta para tomar la dirección adecuada sin alejarnos de Él.
Que nadie diga: "¿Para qué voy a ir a la iglesia? Mira los que van todos los días..., no practican lo que oyen"... Sin embargo hacen algo: oír... Así algún día podrán hacer las dos cosas: oír y practicar... Pero tú..., ¿cómo vas a llegar a practicar si estás huyendo de escuchar? (San Agustín de Hipona)

3. Salir al encuentro de los demás. El tren de las prisas, con sus correspondientes vagones de estrés, nos hace individualistas y pasar de largo de ciertas situaciones de dolor que nos rodean. La Cuaresma nos invita a abrir los ojos, el corazón (y los bolsillos si hace falta) para que no olvidemos que la Fe exige compromiso.
La caridad es una letra de cambio a largo plazo a favor del que la practica, aceptada por una firma de crédito ilimitado: Dios (Anónimo)

4. Amar y trabajar por la Iglesia. Hoy, tal vez, no está de moda el decir "yo soy iglesia y la quiero". Lo cierto es que, en los períodos de dificultades, es donde de verdad salen a relucir y se manifiestan los valientes y grandes en la fe.
¡La Iglesia de hoy no necesita cristianos a tiempo parcial, sino cristianos de una pieza! (San Juan Pablo II)

5. Retomar o, incluso, iniciar el gusto por la oración. El Papa San Juan Pablo II, en su mensaje con motivo de Cuaresma, nos invitaba a recorrer este camino hacia la Semana Santa intensificando nuestra relación con Dios. El silencio, entre otras cosas, es el ruido que Dios hace cuando pasa cerca de nosotros.
"Ora cuando te sientas solo, la oración te traerá la compañía de Dios"

6. Guardar la vigilia y el ayuno. Cuando uno/a ama a alguien es capaz de hacer cualquier cosa por él/ella. Cada viernes de cuaresma, siendo sobrios y distintos en nuestra alimentación, recordamos que Jesús sigue siendo importante en nuestras casas y... por ello mismo realizamos este gesto.
Libremos al cuerpo de sus toxinas, alimentémoslo correctamente y estará hecho el milagro de la salud (Dr. Arbuthnot)

7. Eucaristía diaria. Zarandeados por una constante y pertinaz secularización, los cristianos necesitamos tomar fuerza y vitalidad de esa gran fuente de energía que emerge en el altar. ¿Por qué no hacer extraordinario cada atardecer o cada amanecer con nuestra participación en la Eucaristía?
La Eucaristía, el auténtico pesebre donde adorar a Jesús (Padre Raniero Cantalamessa OFMCap)

8. Promover dentro de nuestras familias el apetito por Dios. No hace falta ir lejos, ni mucho menos a otros continentes, para dar razón de nuestra fe. ¿Cuánto hace que no hemos recordado a nuestros familiares más directos su pertenencia a una iglesia que les dio a Jesús y que, como madre, los necesita?
La familia es el seno espiritual donde se fomentan las creencias y las costumbres.

9. Dar gracias a Dios por los valores que el Evangelio nos propone. En medio del relativismo moral que nos sacude, lejos de desertar, hemos de ser agradecidos para con Dios porque nos hace diferentes a muchas personas que creen que en el "todo vale" reside la felicidad.
Leer y hacer lo que dice el Evangelio, ayuda a aspirar a una libertad más grande (J.Vallmajor)

10. Hablar bien y con delicadeza. No podemos olvidar que se consigue más "con miel que con hiel". La Cuaresma es un buen momento para corregir las blasfemias en nuestro lenguaje y las ofensas o el juicio duro hacia los que nos rodean.
Suprimid y gritad contra Dios y se habrá hecho la noche en el alma humana (Lamartine)
*P. Javier Leoz

Nuevo artículo

Hay nuevo material publicado en el blog
"Juan Pablo II inolvidable"
Tema: Miércoles de ceniza inicio de Cuaresma.
Puedes acceder en la dirección:

Los cinco minutos de Dios
Febrero 9
Si todos los hombres debemos estar unidos, más aún los cristianos; pero unión no quiere decir "uniformidad"
Debemos aprender a vivir pacíficamente con los que creen ser tan fieles como nosotros al mensaje esencial de Cristo y su Iglesia.
Debemos saber vivir fraternalmente con los que defienden otros puntos de vista y otras opciones, distintas de las nuestras en el civil y aún en la interpretación del mensaje del Señor.
La unión de los cristianos tiene que ser unión de corazones y de espíritus.
Ya que no nos podemos unir con la inteligencia, porque cada uno piensa a su manera, al menos que nos una el corazón, el amor a Dios y el amor a los hermanos.
Por otra parte, no olvidemos que, sin ese amor, es imposible llegar a la verdad; sin el amor se podrá estar en la verdad filosófica, porque ésta es meramente conceptual, pero no en la verdad cristiana, que es esencialmente vida, y la vida es amor.
San Agustín propuso la norma de vida con aquella su afirmación: "En lo necesario, unidad; en lo contingente, libertad; en todo, caridad"
“En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, los exhorto, hermanos, a que se pongan de acuerdo; que no haya entre ustedes divisiones y vivan en armonía unidos en un mismo pensar y en un mismo sentir” (1 Cor 1,10).
* P. Alfonso Milagro

Jardinero de Dios
-el más pequeñito de todos-

lunes, 8 de febrero de 2016

Pequeñas Semillitas 2933

PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 11 - Número 2933 ~ Lunes 8 de Febrero de 2016
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
Alabado sea Jesucristo…
Meditando el contenido del Evangelio de ayer, se podría decir que a nosotros, que no somos pescadores, Jesús podría decirnos: “Los haré cristianizadores de hombres (y mujeres). Quiero que vayan y anuncien a la gente que han sido creados para ser felices, y que esa felicidad la van a encontrar si conforman sus vidas a los valores del Evangelio. Es decir, si comprenden qué es lo que les da sentido, lo verdaderamente importante, cuál es el modo de comportarse que proporciona alegría, o qué intuimos que pasará cuando llegue el momento de dar el último suspiro de felicidad”.
* José Luis Cortés


¡Buenos días!

Tú también pescador de hombres
Jesús llama y envía a todos los bautizados a ser apóstoles del Reino. Tú también debes evangelizar con el testimonio de tu vida y la irradiación de tu fe. Dios quiere que todos los hombres se salven. Pero, la mies es mucha y te necesita a ti, en tu propio ambiente y condición social.

Jesús invitó a Pedro y a su hermano Andrés, a Santiago y a Juan a seguirlo porque iba a hacer de ellos pescadores de hombres. En esta pesca de hombres, los apóstoles deberán poner al servicio del Evangelio, casi las mismas cualidades que tenían al trabajar en el lago: 1) deberán ser pacientes y esperar que los hombres se abran al mensaje; 2) tendrán necesidad de perseverancia, estando siempre dispuestos a volver a probar; 3) elegirán el momento adecuado para arrojar la red de la Palabra de Dios; 4) adaptarán el mensaje a cada corazón, como el pescador usa la carnada apropiada para cada pez; y 5) permanecerán ocultos para que los hombres sólo fijen su mirada en Cristo, el Señor (W. Barclay).

Pide al Señor envíe a su Iglesia generosos colaboradores que extiendan su Reino y anuncien su paz a los hombres. El mundo necesita hoy más que nunca los valores del Evangelio “para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte”.
* Enviado por el P. Natalio

La Palabra de Dios:
Evangelio de hoy
En aquel tiempo, cuando Jesús y sus discípulos hubieron terminado la travesía, llegaron a tierra en Genesaret y atracaron. Apenas desembarcaron, le reconocieron en seguida, recorrieron toda aquella región y comenzaron a traer a los enfermos en camillas adonde oían que Él estaba. Y dondequiera que entraba, en pueblos, ciudades o aldeas, colocaban a los enfermos en las plazas y le pedían que les dejara tocar la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaban salvados. (Mc 6,53-56)

Comentario
Hoy, en el Evangelio del día, vemos el magnífico "poder del contacto" con la persona de Nuestro Señor: «Colocaban a los enfermos en las plazas y le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaban salvados» (Mc 6,56). El más mínimo contacto físico puede obrar milagros para aquellos que se acercan a Cristo con fe. Su poder de curar desborda desde su corazón amoroso y se extiende incluso a sus vestidos. Ambos, su capacidad y su deseo pleno de curar, son abundantes y de fácil acceso.
Este pasaje puede ayudarnos a meditar cómo estamos recibiendo a Nuestro Señor en la Sagrada Comunión. ¿Comulgamos con la fe de que este contacto con Cristo puede obrar milagros en nuestras vidas? Más que un simple tocar «la orla de su manto», nosotros recibimos realmente el Cuerpo de Cristo en nuestros cuerpos. Más que una simple curación de nuestras enfermedades físicas, la Comunión sana nuestras almas y les garantiza la participación en la propia vida de Dios. San Ignacio de Antioquía, así, consideraba a la Eucaristía como «la medicina de la inmortalidad y el antídoto para prevenirnos de la muerte, de modo que produce lo que eternamente nosotros debemos vivir en Jesucristo».
El aprovechamiento de esta "medicina de inmortalidad" consiste en ser curados de todo aquello que nos separa de Dios y de los demás. Ser curados por Cristo en la Eucaristía, por tanto, implica superar nuestro ensimismamiento. Tal como enseña Benedicto XVI, «Nutrirse de Cristo es el camino para no permanecer ajenos o indiferentes ante la suerte de los hermanos (…). Una espiritualidad eucarística, entonces, es un auténtico antídoto ante el individualismo y el egoísmo que a menudo caracterizan la vida cotidiana, lleva al redescubrimiento de la gratuidad, de la centralidad de las relaciones, a partir de la familia, con particular atención en aliviar las heridas de aquellas desintegradas».
Igual que aquellos que fueron curados de sus enfermedades tocando sus vestidos, nosotros también podemos ser curados de nuestro egoísmo y de nuestro aislamiento de los demás mediante la recepción de Nuestro Señor con fe.
Fr. John GRIECO (Chicago, Estados Unidos)

Santoral Católico:
San Jerónimo Emiliani
Patrono de los huérfanos
Nació en Venecia el año 1486, de una familia de vieja solera militar y senatorial. De joven emprendió la carrera de las armas, y llevó una vida licenciosa y violenta. Arrojado a la cárcel por sus enemigos, maduró su vocación y se convirtió al Señor. Después de distribuir sus bienes entre los pobres, se consagró al servicio de todos los miserables, los enfermos, los jóvenes y niños abandonados, y al rescate de las prostitutas. Padre y protector de los huérfanos, para los que abrió escuelas gratuitas, fundó para su atención la Orden de los Clérigos Regulares de Somasca. Murió en Somasca (Bérgamo) el año 1537 a consecuencia de la peste que le contagiaron los enfermos a quienes atendía.
Oración: Señor, Dios de las misericordias, que hiciste a san Jerónimo Emiliani padre y protector de los huérfanos, concédenos, por su intercesión, la gracia de permanecer siempre fieles al espíritu de adopción que nos hace verdaderamente hijos tuyos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
© Directorio Franciscano    

Santa Josefina Bakhita
Religiosa
Nació en Sudán entre 1869 y 1872, en la tribu de los Dagiú. Siendo todavía niña, los negreros la raptaron y vendieron cinco veces en los mercados de esclavos. El miedo que experimentó en el rapto le provocó una amnesia que le hizo olvidar incluso su nombre. Bakhita es el nombre que le dieron los secuestradores; Josefina, el que recibió en el bautismo. Experimentó las humillaciones y los sufrimientos físicos y morales de la esclavitud, pasando de mano en mano por varios dueños. En Jartum la compró un cónsul italiano, que se la llevó a Génova y se la cedió a unos amigos. Estos, en 1888, la confiaron a las religiosas canosianas de Venecia. Se fue acercando al catolicismo, en 1890 recibió el bautismo y en 1893 entró en el noviciado de las Hijas de la Caridad Canosianas. Por deseo de sus superioras, escribió sus memorias personales. Durante muchos años se dedicó a diversos trabajos domésticos en la casa de Schio (Vicenza, Italia), hasta que una artritis deformante la dejó postrada en una silla de ruedas. Murió en Schio el 8 de febrero de 1947. Juan Pablo II la canonizó el año 2000.
Oración: Oh Dios, que de la humillante esclavitud condujiste a santa Josefina a la dignidad de hija tuya y esposa de Cristo, te rogamos nos concedas que, imitando su ejemplo, sigamos con amor firme a Cristo crucificado y, movidos a misericordia, perseveremos en el amor. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
© Directorio Franciscano    

La frase de hoy

“La Cuaresma es el tiempo privilegiado
de la peregrinación interior hacia Aquel
que es la fuente de la misericordia”
~ Benedicto XVI ~

Tema del día:
Mensaje del Papa Francisco
para la Cuaresma 2016
“Misericordia quiero y no sacrificio” (Mt 9,13).
Las obras de misericordia en el camino jubilar

Queridos hermanos y hermanas:

1. María, icono de una Iglesia que evangeliza porque es evangelizada
En la Bula de convocación del Jubileo invité a que «la Cuaresma de este Año Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios» (Misericeordiae vultus, 17). Con la invitación a escuchar la Palabra de Dios y a participar en la iniciativa «24 horas para el Señor» quise hacer hincapié en la primacía de la escucha orante de la Palabra, especialmente de la palabra profética. La misericordia de Dios, en efecto, es un anuncio al mundo: pero cada cristiano está llamado a experimentar en primera persona ese anuncio. Por eso, en el tiempo de la Cuaresma enviaré a los Misioneros de la Misericordia, a fin de que sean para todos un signo concreto de la cercanía y del perdón de Dios.

María, después de haber acogido la Buena Noticia que le dirige el arcángel Gabriel, canta proféticamente en el Magnificat la misericordia con la que Dios la ha elegido. La Virgen de Nazaret, prometida con José, se convierte así en el icono perfecto de la Iglesia que evangeliza, porque fue y sigue siendo evangelizada por obra del Espíritu Santo, que hizo fecundo su vientre virginal. En la tradición profética, en su etimología, la misericordia está estrechamente vinculada, precisamente con las entrañas maternas (rahamim) y con una bondad generosa, fiel y compasiva (hesed) que se tiene en el seno de las relaciones conyugales y parentales.

2. La alianza de Dios con los hombres: una historia de misericordia
El misterio de la misericordia divina se revela a lo largo de la historia de la alianza entre Dios y su pueblo Israel. Dios, en efecto, se muestra siempre rico en misericordia, dispuesto a derramar en su pueblo, en cada circunstancia, una ternura y una compasión visceral, especialmente en los momentos más dramáticos, cuando la infidelidad rompe el vínculo del Pacto y es preciso ratificar la alianza de modo más estable en la justicia y la verdad. Aquí estamos frente a un auténtico drama de amor, en el cual Dios desempeña el papel de padre y de marido traicionado, mientras que Israel el de hijo/hija y el de esposa infiel. Son justamente las imágenes familiares —como en el caso de Oseas (cf. Os 1-2)— las que expresan hasta qué punto Dios desea unirse a su pueblo.

Este drama de amor alcanza su culmen en el Hijo hecho hombre. En él Dios derrama su ilimitada misericordia hasta tal punto que hace de él la «Misericordia encarnada» (Misericordiae vultus, 8). En efecto, como hombre, Jesús de Nazaret es hijo de Israel a todos los efectos. Y lo es hasta tal punto que encarna la escucha perfecta de Dios que el Shemà requiere a todo judío, y que todavía hoy es el corazón de la alianza de Dios con Israel: «Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas» (Dt 6,4-5). El Hijo de Dios es el Esposo que hace cualquier cosa por ganarse el amor de su Esposa, con quien está unido con un amor incondicional, que se hace visible en las nupcias eternas con ella.

Es éste el corazón del kerygma apostólico, en el cual la misericordia divina ocupa un lugar central y fundamental. Es «la belleza del Amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado» (Exh. ap. Evangelii gaudium, 36), el primer anuncio que «siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis» (ibíd., 164).

La Misericordia entonces «expresa el comportamiento de Dios hacia el pecador, ofreciéndole una ulterior posibilidad para examinarse, convertirse y creer» (Misericordiae vultus, 21), restableciendo de ese modo la relación con él. Y, en Jesús crucificado, Dios quiere alcanzar al pecador incluso en su lejanía más extrema, justamente allí donde se perdió y se alejó de Él. Y esto lo hace con la esperanza de poder así, finalmente, enternecer el corazón endurecido de su Esposa.

3. Las obras de misericordia
La misericordia de Dios transforma el corazón del hombre haciéndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de misericordia. Es siempre un milagro el que la misericordia divina se irradie en la vida de cada uno de nosotros, impulsándonos a amar al prójimo y animándonos a vivir lo que la tradición de la Iglesia llama las obras de misericordia corporales y espirituales. Ellas nos recuerdan que nuestra fe se traduce en gestos concretos y cotidianos, destinados a ayudar a nuestro prójimo en el cuerpo y en el espíritu, y sobre los que seremos juzgados: nutrirlo, visitarlo, consolarlo y educarlo. Por eso, expresé mi deseo de que «el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina» (ibíd., 15). En el pobre, en efecto, la carne de Cristo «se hace de nuevo visible como cuerpo martirizado, llagado, flagelado, desnutrido, en fuga... para que nosotros lo reconozcamos, lo toquemos y lo asistamos con cuidado» (ibíd.). Misterio inaudito y escandaloso la continuación en la historia del sufrimiento del Cordero Inocente, zarza ardiente de amor gratuito ante el cual, como Moisés, sólo podemos quitarnos las sandalias (cf. Ex 3,5); más aún cuando el pobre es el hermano o la hermana en Cristo que sufren a causa de su fe.

Ante este amor fuerte como la muerte (cf. Ct 8,6), el pobre más miserable es quien no acepta reconocerse como tal. Cree que es rico, pero en realidad es el más pobre de los pobres. Esto es así porque es esclavo del pecado, que lo empuja a utilizar la riqueza y el poder no para servir a Dios y a los demás, sino parar sofocar dentro de sí la íntima convicción de que tampoco él es más que un pobre mendigo. Y cuanto mayor es el poder y la riqueza a su disposición, tanto mayor puede llegar a ser este engañoso ofuscamiento. Llega hasta tal punto que ni siquiera ve al pobre Lázaro, que mendiga a la puerta de su casa (cf. Lc 16,20-21), y que es figura de Cristo que en los pobres mendiga nuestra conversión. Lázaro es la posibilidad de conversión que Dios nos ofrece y que quizá no vemos. Y este ofuscamiento va acompañado de un soberbio delirio de omnipotencia, en el cual resuena siniestramente el demoníaco «seréis como Dios» (Gn 3,5) que es la raíz de todo pecado. Ese delirio también puede asumir formas sociales y políticas, como han mostrado los totalitarismos del siglo XX, y como muestran hoy las ideologías del pensamiento único y de la tecnociencia, que pretenden hacer que Dios sea irrelevante y que el hombre se reduzca a una masa para utilizar. Y actualmente también pueden mostrarlo las estructuras de pecado vinculadas a un modelo falso de desarrollo, basado en la idolatría del dinero, como consecuencia del cual las personas y las sociedades más ricas se vuelven indiferentes al destino de los pobres, a quienes cierran sus puertas, negándose incluso a mirarlos.

La Cuaresma de este Año Jubilar, pues, es para todos un tiempo favorable para salir por fin de nuestra alienación existencial gracias a la escucha de la Palabra y a las obras de misericordia.

Mediante las corporales tocamos la carne de Cristo en los hermanos y hermanas que necesitan ser nutridos, vestidos, alojados, visitados, mientras que las espirituales tocan más directamente nuestra condición de pecadores: aconsejar, enseñar, perdonar, amonestar, rezar. Por tanto, nunca hay que separar las obras corporales de las espirituales.

Precisamente tocando en el mísero la carne de Jesús crucificado el pecador podrá recibir como don la conciencia de que él mismo es un pobre mendigo. A través de este camino también los «soberbios», los «poderosos» y los «ricos», de los que habla el Magnificat, tienen la posibilidad de darse cuenta de que son inmerecidamente amados por Cristo crucificado, muerto y resucitado por ellos. Sólo en este amor está la respuesta a la sed de felicidad y de amor infinitos que el hombre —engañándose— cree poder colmar con los ídolos del saber, del poder y del poseer. Sin embargo, siempre queda el peligro de que, a causa de un cerrarse cada vez más herméticamente a Cristo, que en el pobre sigue llamando a la puerta de su corazón, los soberbios, los ricos y los poderosos acaben por condenarse a sí mismos a caer en el eterno abismo de soledad que es el infierno. He aquí, pues, que resuenan de nuevo para ellos, al igual que para todos nosotros, las lacerantes palabras de Abrahán: «Tienen a Moisés y los Profetas; que los escuchen» (Lc 16,29). Esta escucha activa nos preparará del mejor modo posible para celebrar la victoria definitiva sobre el pecado y sobre la muerte del Esposo ya resucitado, que desea purificar a su Esposa prometida, a la espera de su venida.

No perdamos este tiempo de Cuaresma favorable para la conversión. Lo pedimos por la intercesión materna de la Virgen María, que fue la primera que, frente a la grandeza de la Misericordia Divina que recibió gratuitamente, confesó su propia pequeñez (cf. Lc1,48), reconociéndose como la humilde esclava del Señor (cf. Lc 1,38).
* Francisco

Pedidos de oración
Pedimos oración por la Santa Iglesia Católica; por el Papa Francisco, por el Papa Emérito Benedicto, por los obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, catequistas y todos los que componemos el cuerpo místico de Cristo; por la unión de los cristianos para que seamos uno, así como Dios Padre y nuestro Señor Jesucristo son Uno junto con el Espíritu Santo; por las misiones; por el triunfo del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María;  por la conversión de todos los pueblos; por la Paz en el mundo; por los cristianos perseguidos y martirizados en Medio Oriente, África, y en otros lugares; por nuestros hermanos sufrientes por diversos motivos especialmente por las enfermedades, el abandono, la carencia de afecto, la falta de trabajo, el hambre y la pobreza; por los niños con cáncer y otras enfermedades graves; por el drama de los refugiados del Mediterráneo; por los presos políticos y la falta de libertad en muchos países del mundo; por la unión de las familias, la fidelidad de los matrimonios y por más inclinación de los jóvenes hacia este sacramento; por el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas; y por las Benditas Almas del Purgatorio.

Pedimos oración por la salud del señor Lorenzo S. O., que se encuentra hospitalizado en la ciudad de Medellín y va a iniciar un tratamiento de quimioterapia contra un cáncer en la sangre que le han detectado; para que Dios Omnipotente conceda fortaleza y sabiduría a él y su familia para afrontar y discernir esta dura prueba y cumpla Su divina voluntad.

Pedimos oración para José G., de España, padece Alzheimer y Parkinson, y además ha sufrido fractura de cadera. Rogamos a Dios para que no sufra y si es Voluntad del Señor, se conserve de la mejor manera posible.

Seguimos rezando por María Rosa y Emilio, de Buenos Aires, Argentina, tíos en el corazón del autor de esta página, para que Dios los fortalezca en el momento de las enfermedades que llegan y la Santísima Virgen de Lourdes los acompañe para que no se sientan solos.

Tú quisiste, Señor, que tu Hijo unigénito soportara nuestras debilidades,
para poner de manifiesto el valor de la enfermedad y la paciencia;
escucha ahora las plegarias que te dirigimos por nuestros hermanos enfermos
y concede a cuantos se hallan sometidos al dolor, la aflicción o la enfermedad,
la gracia de sentirse elegidos entre aquellos que tu hijo ha llamado dichosos,
y de saberse unidos a la pasión de Cristo para la redención del mundo.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Amén

Los cinco minutos de Dios
Febrero 8
La unión hace la fuerza; pero cuando esa unión no es de fuerzas físicas sino de corazones, entonces es mucho más positiva.
Cristo ha predicado la unión de todos en un mismo padre, que es Dios: la unidad de todos los hombres, cualesquiera sean sus ideologías, sus costumbres, sus nacionalidades, sus culturas...
Es preciso que esa unidad cristiana pase cuanto antes de vago y vaporoso deseo nostálgico a gozosa realidad; es preciso que los cristianos no nos contentemos con no atacarnos, sino que lleguemos a abrazarnos de corazón.
Pero esa unidad no vendrá si primero no quemamos en las llamas del amor todo el odio, el rencor, las rencillas y las divisiones que nos están separando y amargando. Si no es por el olvido, el perdón y el amor, nunca llegaremos a la unidad cristiana.
Es preciso que nos fijemos más en la meta hacia la que todos vamos, que es Dios, y menos en los caminos por los que vamos a la meta.
La gran petición de Cristo al Padre fue la unión de sus discípulos. “Padre, cuida en tu Nombre a los que me diste, para que sean uno como nosotros; que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti; que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste” (Jn 17,11-21). ¿Eres tú causa de unión o de desunión?
* P. Alfonso Milagro

Jardinero de Dios
-el más pequeñito de todos-

domingo, 7 de febrero de 2016

Pequeñas Semillitas 2932

PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 11 - Número 2932 ~ Domingo 7 de Febrero de 2016
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
Alabado sea Jesucristo…
El relato de "la pesca milagrosa" en el lago de Galilea fue muy popular entre los primeros cristianos. Varios evangelistas recogen el episodio, pero sólo Lucas culmina la narración con una escena conmovedora que tiene por protagonista a Simón Pedro, discípulo creyente y pecador al mismo tiempo.
Pedro es un hombre de fe, seducido por Jesús. Sus palabras tienen para él más fuerza que su propia experiencia. Pedro sabe que nadie se pone a pescar al mediodía en el lago, sobre todo si no ha capturado nada por la noche. Pero se lo ha dicho Jesús y Pedro confía totalmente en él: «Apoyado en tu palabra, echaré las redes».
Pedro es, al mismo tiempo, un hombre de corazón sincero. Sorprendido por la enorme pesca obtenida, «se arroja a los pies de Jesús» y con una espontaneidad admirable le dice: «Apártate de mí, que soy pecador». Pedro reconoce ante todo su pecado y su absoluta indignidad para convivir de cerca con Jesús.
Jesús no se asusta de tener junto a sí a un discípulo pecador. Al contrario, si se siente pecador, Pedro podrá comprender mejor su mensaje de perdón para todos y su acogida a pecadores e indeseables. «No temas. Desde ahora, serás pescador de hombres». Jesús le quita el miedo a ser un discípulo pecador y lo asocia a su misión de reunir y convocar a hombres y mujeres de toda condición a entrar en el proyecto salvador de Dios.
¿No tenemos mucho que aprender también hoy del gran apóstol Pedro reconociendo su pecado a los pies Jesús?
* José Antonio Pagola

¡Buenos días!

El loro muerto
Para vivir en una Patria noble y digna cada ciudadano debe aportar su conducta honesta.  A veces la falta de integridad se quiere justificar diciendo que todos actúan así; o que es la única forma de salir adelante. Es necesario vivir según los principios, aunque esto suponga ir “contra corriente”. Es la única manera de levantar el nivel moral de nuestra sociedad.

El loro llenaba en la corte tres empleos: anunciaba la visita de los altos personajes, tenía el encargo de recrear a Su Excelencia en sus momentos de ocio con cuentos amenos y de atajar a los solicitantes con el grito consagrado: «¡No hay vacante!». Y como es justo, teniendo tres empleos, cobraba tres sueldos, como quien dice nada. Murió, y pocas horas después del triste acontecimiento, estaban conversando el chajá, la urraca y el benteveo, ponderando a cual más las cualidades del finado: —¡Pobre señor loro!, decía uno con aflicción. —¡Qué muerte tan repentina—, contestó otro tristemente! —¡Es un gran vacío!, observó el tercero compungido.
—¡Y una gran vacante!, murmuró la urraca. Y el chajá se sonrió y también el benteveo, y los tres, mirándose con ojos de candidato: —¡Qué vacante linda, che!, susurraron los tres! (G. Daireaux).

Los puestos públicos están para servir a la comunidad. Para ofrecer un buen servicio se requiere sentido del deber, compromiso con los principios y querer a la gente. El servicio de calidad debe ser permanente, con cada persona. El público no existe: existen individuos concretos. La Patria necesita estos servidores. Cada uno encienda su lucecita y las tinieblas comenzarán a retirarse.
* Enviado por el P. Natalio

La Palabra de Dios:
Evangelio de hoy
En una ocasión, Jesús estaba a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre Él para oír la Palabra de Dios, cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar». Simón le respondió: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes». Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían.
Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador». Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres». Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron. (Lc 5,1-11)

Comentario
Hoy, el Evangelio nos ofrece el diálogo, sencillo y profundo a la vez, entre Jesús y Simón Pedro, diálogo que podríamos hacer nuestro: en medio de las aguas tempestuosas de este mundo, nos esforzamos por nadar contra corriente, buscando la buena pesca de un anuncio del Evangelio que obtenga una respuesta fructuosa...
Y es entonces cuando nos cae encima, indefectiblemente, la dura realidad; nuestras fuerzas no son suficientes. Necesitamos alguna cosa más: la confianza en la Palabra de aquel que nos ha prometido que nunca nos dejará solos. «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes» (Lc 5,5). Esta respuesta de Pedro la podemos entender en relación con las palabras de María en las bodas de Caná: «Haced lo que Él os diga» (Jn 2,5). Y es en el cumplimiento confiado de la voluntad del Señor cuando nuestro trabajo resulta provechoso.
Y todo, a pesar de nuestra limitación de pecadores: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador» (Lc 5,8). San Ireneo de Lyón descubre un aspecto pedagógico en el pecado: quien es consciente de su naturaleza pecadora es capaz de reconocer su condición de criatura, y este reconocimiento nos pone ante la evidencia de un Creador que nos supera.
Solamente quien, como Pedro, ha sabido aceptar su limitación, está en condiciones de aceptar que los frutos de su trabajo apostólico no son suyos, sino de Aquel de quien se ha servido como de un instrumento. El Señor llama a los Apóstoles a ser pescadores de hombres, pero el verdadero pescador es Él: el buen discípulo no es más que la red que recoge la pesca, y esta red solamente es efectiva si actúa como lo hicieron los Apóstoles: dejándolo todo y siguiendo al Señor (cf. Lc 5,11).
Rev. D. Blas RUIZ i López (Ascó, Tarragona, España)

Palabras de San Juan Pablo II
"Los padres tienen derechos y responsabilidades específicos en la educación y la formación de sus hijos en los valores morales, especialmente en la difícil edad de la adolescencia […] Ayudad a vuestros hijos a salir al encuentro de Jesús, para conocerlo mejor y para seguirlo, entre las tentaciones a las que están continuamente expuestos, sobre el camino que lleva a la auténtica felicidad"

Tema del día:
Pescadores de hombres
La pesca milagrosa era la prueba que hacía falta para convencer a un pescador, como era Simón Pedro. Al llegar a tierra, se arroja a los pies de Jesús diciendo: «¡Apártate de mí, Señor, que soy un pecador!». Pero Jesús le respondió con estas palabras que representan la cima del relato y el motivo por el cual el episodio ha sido recordado: «No temas, desde ahora serás pescador de hombres».

Jesús se sirvió de dos imágenes para ilustrar la tarea de sus colaboradores. La de pescadores y la de pastores. Las dos imágenes requieren actualmente de explicación, si no queremos que el hombre moderno las encuentre poco respetuosas de su dignidad y las rechace. ¡A nadie le gusta hoy ser «pescado» por alguien, o ser una oveja del rebaño!

La primera observación que hay que hacer es ésta. En la pesca ordinaria, el pescador busca su provecho, no ciertamente el de los peces. Lo mismo el pastor. Él apacienta y custodia el rebaño no por el bien de éste, sino por el suyo, porque el rebaño le proporciona leche, lana y corderos. En el significado evangélico sucede lo contrario: es el pescador el que sirve al pez; es el pastor quien se sacrifica por las ovejas, hasta dar la vida por ellas. Por otro lado, cuando se trata de hombres, ser «pescados» o «recuperados» no es desgracia, sino salvación. Pensemos en las personas a merced de las olas, en alta mar, tras un naufragio, de noche, en el frío; ver una red o una chalupa que se les lanza no es una humillación, sino la suprema de sus aspiraciones. Es así como debemos concebir la tarea de pescadores de hombres: como echar un bote salvavidas a quienes se debaten en el mar, frecuentemente tempestuoso, de la vida.

Pero la dificultad de la que hablaba reaparece bajo otra forma. Supongamos que tenemos necesidad de pastores y de pescadores. ¿Pero por qué algunas personas deben tener el papel de pescadores y otros el de peces, algunos el de pastores y otros el de ovejas y rebaño? La relación entre pescadores y peces, como entre pastores y ovejas, sugiere la idea de desigualdad, de superioridad. A nadie le gusta ser un número en el rebaño y reconocer a un pastor por encima.

Aquí debemos acabar con un prejuicio. En la Iglesia nadie es sólo pescador, o sólo pastor, y nadie es sólo pez u oveja. Todos somos, a título diverso, una y otra cosa a la vez. Cristo es el único que es sólo pescador y sólo pastor. Antes de ser pescador de hombres, Pedro mismo fue pescado y recuperado varias veces. Literalmente repescado cuando, caminando sobre las aguas, tuvo miedo y comenzó a hundirse; fue recuperado sobre todo después de su traición. Tuvo que experimentar qué significa encontrarse como una «oveja perdida» para que aprendiera qué significa ser buen pastor; tuvo que ser repescado del fondo del abismo en el que había caído para que aprendiera qué quiere decir ser pescador de hombres.

Si, a título diverso, todos los bautizados son pescados y pescadores a la vez, entonces aquí se abre un gran campo de acción para los laicos. Los sacerdotes estamos más preparados para hacer de pastores que para hacer de pescadores. Hallamos más fácil alimentar, con la Palabra y los sacramentos, a las personas que vienen espontáneamente a la iglesia, que ir nosotros mismos a buscar a los alejados. Queda por lo tanto en gran parte desasistido el papel de pescadores. Los laicos cristianos, por su inserción más directa en la sociedad, son los colaboradores insustituibles en esta tarea.

Una vez echadas las redes por la palabra de Jesús, Pedro y los que estaban con él en la barca capturaron tal cantidad de peces que las redes se rompían. Entonces, está escrito, «hicieron señas a sus compañeros de la otra barca para que vinieran a ayudarlos». También hoy el sucesor de Pedro y cuantos están con él en la barca –los obispos y los sacerdotes- hacen señas a los de la otra barca –los laicos- para que vayan a ayudarlos.
* P. Raniero Cantalamessa, ofmcap

Nuevo vídeo

Hay un nuevo vídeo subido al blog
de "Pequeñas Semillitas" en internet.
Para verlo tienes que ir al final de esta página.

Agradecimientos
Dicen que en el cielo hay dos oficinas diferentes para tratar lo relativo a las oraciones de las personas en la tierra:
Una es para receptar pedidos de diversas gracias, y allí los muchos ángeles que atienden trabajan intensamente y sin descanso por la cantidad de peticiones que llegan en todo momento.
La otra oficina es para recibir los agradecimientos por las gracias concedidas y en ella hay un par de ángeles aburridos porque prácticamente no les llega ningún mensaje de los hombres desde la tierra para dar gracias...
Desde esta sección de "Pequeñas Semillitas" pretendemos juntar una vez por semana (los domingos) todos los mensajes para la segunda oficina: agradecimientos por favores y gracias concedidas como respuesta a nuestros pedidos de oración.

Nos llega un agradecimiento por oraciones hechas en favor de Marco. Dice así: “Agradezco mucho sus oraciones, y ser puente para esta gran y cariñosa cadena de oración. La operación de Marco salió bien, está fortalecido y animado a luchar por su hijo, ayer salió del hospital y su hijo lo recibió cariñosamente. Ahora estamos pidiéndole mucho a Dios porque no se haya diseminado el cáncer y fortalezca a Marco en el proceso de las radiaciones y su nueva realidad. Le agradezco mucho sus atenciones y el estar al pendiente. Le agradezco mucho a usted y todas y cada una de las personas que integran esta cadena de oración por que gracias a esta oración se acepta a voluntad de Dios con serenidad y paz”.

Otro mensaje dice: “Mil gracias a ti y a tu grupo de oración por que mi hijo Mauricio -35 años, USA- pasó su primera semana de quimio con mucha fortaleza y es gracias al poder de la oración de todas las personas que nos han ayudado. Mi hijo me dice sentirse bien y es una gran tranquilidad para nosotros. Nuevamente mi  agradecimiento a todos. Bendiciones y Dios les devuelva triplicadas gracias”. 

Desde México, Gabriela V. escribe y dice: “Agradeciendo como siempre el gran apoyo en los momentos difíciles, cuando sentimos desesperación, angustia, impotencia… Siempre es reconfortante saber que contamos con el apoyo de toda la familia de “Pequeñas Semillitas”... Gracias por su invaluable apoyo. Que Dios permita a todos los integrantes de la gran comunidad de “Pequeñas Semillitas” seguir esta labor tan bella.  

Los cinco minutos de Dios
Febrero 7
Vive de tal forma, que Dios esté contento de ti, que Dios pueda probar todos tus actos; pero vive también de tal forma que los demás puedan sentirse con deseos de imitarte, que sientas en tu interior las ansias de la propia superación.
Es verdad que no debes realizar el bien sólo porque te vean; pero no es menos cierto que estás obligado a ser ejemplo para cuantos te rodean.
Teresita González, muerta a los 21 años en un Convento de Carmelitas, se había propuesto un lema para su vida: "Señor, que quien me mire, te vea"
Que a cuantos te miren a ti no les quede otro remedio que ver a Dios en ti.
Que quienes te oigan, quienes observen tu manera de proceder, quienes presencien tus reacciones, se sientan impelidos a ver a Dios, a oír a Dios, a sentir a Dios.
Cristo te dice que tú eres la luz; debes ser la luz puesta sobre el candelero, y no escondida bajo la mesa, a fin de que puedas iluminar a cuantos te rodean. “Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, para que vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo” (Mt 5,16)
* P. Alfonso Milagro

Jardinero de Dios
-el más pequeñito de todos-