sábado, 22 de diciembre de 2012

Pequeñas Semillitas 1905


PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 7 - Número 1905 ~ Sábado 22 de Diciembre de 2012
- AÑO DE LA FE -
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
   

Alabado sea Jesucristo…
Un pastor se dirigía a Belén porque le habían dicho que se encontraría a un niño recién nacido. Se llamaba Jesús y había nacido en un pesebre porque no tenía donde venir al mundo. Sus padres, María y José, habían ido a Belén a empadronarse pero nadie les había querido ayudar para que pudiesen pasar la noche. Nació Jesús, el hijo de Dios, para enseñarnos como teníamos que portarnos, para enseñarnos a conocer a Dios. Podía elegir un palacio para nacer pero quiso hacerlo en un establo.
El pastor había escuchado a  un ángel que se apareció a varios pastores mientras cuidaban las ovejas. Sintieron miedo, pero los ángeles les dijeron que Jesús había nacido en Belén y venía a salvarnos. Que era una gran alegría para todos.
Se dirigieron a Belén, y por el camino, cuenta la leyenda que a nuestro pastor le pasaron muchas cosas. Pensó que le llevaría una oveja de regalo, así con la lana podría hacerle su madre una manta para abrigarle. Le daría leche abundante y con el tiempo podría tener corderitos.
Cuando caminaba se encontró con unos mendigos que no tenían nada. Vendió la oveja y con el dinero que le dieron compró comida para ellos.
Se quedó con algunas monedas para comprarle al niño una manta por si tenía frio. Al llegar al pueblo compró una manta de lana para Jesús pero vio a una anciana que estaba helada de frio y se la regaló. Se quitó su pelliza para dársela a la hija de la anciana que tiritaba a su lado.
Cuando llegó a Belén no tenía nada que regalarle al Niño Jesús. Le vio en las pajas, tan pequeño, acostado al lado de su madre. Se dio cuenta que sus padres le miraban con tanto cariño y ternura que se les veía felices a pesar de que no tenían nada. El buey y la mula le daban su calor.
El pastor les miró, no podía regalarle nada  al niño, lo había dado todo. Ni siquiera su pelliza. Entonces recordó que su madre siempre le decía que cantaba muy bien y con cualquier cosa podía hacer música. Cogió dos palos y en un pequeño taburete donde se sentaban a ordeñar las vacas, empezó a tocar y a cantar una canción dedicada al niño Jesús. Era el primer villancico.
El niño, al oírlo, sonrió. La alegría es un regalo que podemos hacer a los que nos rodean.
María Luisa Martínez Robles (España)


La Palabra de Dios:
Evangelio de hoy


En aquel tiempo, dijo María: «Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia —como había anunciado a nuestros padres— en favor de Abraham y de su linaje por los siglos».
María permaneció con Isabel unos tres meses, y se volvió a su casa.
(Lc 1,46-56)

Comentario
Hoy, el Evangelio de la Misa nos presenta a nuestra consideración el Magníficat, que María, llena de alegría, entonó en casa de su pariente Elisabet, madre de Juan el Bautista. Las palabras de María nos traen reminiscencias de otros cantos bíblicos que Ella conocía muy bien y que había recitado y contemplado en tantas ocasiones. Pero ahora, en sus labios, aquellas mismas palabras tienen un sentido mucho más profundo: el espíritu de la Madre de Dios se transparenta tras ellas y nos muestran la pureza de su corazón. Cada día, la Iglesia las hace suyas en la Liturgia de las Horas cuando, rezando las Vísperas, dirige hacia el cielo aquel mismo canto con que María se alegraba, bendecía y daba gracias a Dios por todas sus bondades.
María se ha beneficiado de la gracia más extraordinaria que nunca ninguna otra mujer ha recibido y recibirá: ha sido elegida por Dios, entre todas las mujeres de la historia, para ser la Madre de aquel Mesías Redentor que la Humanidad estaba esperando desde hacía siglos. Es el honor más alto nunca concedido a una persona humana, y Ella lo recibe con una total sencillez y humildad, dándose cuenta de que todo es gracia, regalo, y que Ella es nada ante la inmensidad del poder y de la grandeza de Dios, que ha obrado maravillas en Ella (cf. Lc 1,49). Una gran lección de humildad para todos nosotros, hijos de Adán y herederos de una naturaleza humana marcada profundamente por aquel pecado original del que, día tras día, arrastramos las consecuencias.
Estamos llegando ya al final del tiempo de Adviento, un tiempo de conversión y de purificación. Hoy es María quien nos enseña el mejor camino. Meditar la oración de nuestra Madre —queriendo hacerla nuestra— nos ayudará a ser más humildes. Santa María nos ayudará si se lo pedimos con confianza.
Rev. D. Francesc PERARNAU i Cañellas (Girona, España)


Santoral Católico:
Santa Francisca Javier Cabrini
Fundadora de las Misioneras del Sagrado Corazón


Entre el 1901 y el 1913 emigraron a Estados Unidos 4.711.000 italianos. A pesar de los innumerables dramas que suscita la emigración hay que recordar todavía hoy a una frágil maestra del S. Angelo Lodigiano, Francisca Cabrini, nacida en 1850, la menor de 13 hijos. Se distinguió, por no mirar la emigración con los ojos del político ni del sociólogo, sino con esos humanísimos de mujer cristiana, mereciendo el título de madre de los emigrantes.

Huérfana de padre y de madre, Francisca hubiera querido encerrarse en un convento, pero no fue aceptada por su delicada salud. Entonces aceptó el cargo que le confió el párroco de Codogno para que ayudara en un orfanatorio. La joven, graduada de maestra hacia poco tempo, hizo mucho más: reunió a algunas compañeras y formó el primer núcleo de las Hermanas Misioneras del Sagrado Corazón, orientadas por el espíritu de un intrépido misionero, San Francisco Javier. Cuando Francisca hizo los votos religiosos tomó el nombre del santo. Como él, hubiera querido partir también para China, pero cuando tuvo noticia del descuido y del drama de desesperación de los miles y miles de emigrantes italianos que descargaban en el puerto de Nueva York sin ninguna ayuda material ni espiritual, Francisca Javier no dudó un instante.

También ella, en la primera de sus 24 travesías oceánicas, compartió las incomodidades y las incertidumbres de sus compatriotas; pero se destacó por su extraordinaria valentía con la que afrontó las grandes necesidades que se le presentaron y supo desenvolverse para establecer un punto de encuentro y de ayuda para los emigrantes. Ante todo se preocupó por los huérfanos y los enfermos, construyendo casas, escuelas y un grande hospital en Nueva York, luego en Chicago, después en California, y así siguió extendiendo su obra en toda América, hasta Argentina.

A quien le manifestaba admiración por el éxito de tantas obras, la Madre Cabrini le contestaba con sincera humildad “¿Acaso todo esto no lo ha hecho el Señor?”. Murió en el surco, durante uno de sus tantos viajes a Chicago, en 1917. Su cuerpo fue llevado triunfalmente a Nueva York y enterrado en la iglesia contigua a la “Mother Cabrini High School”, para que estuviera cerca de los emigrados.

Fuente: Catholic.net


La frase de hoy

"Navidad es el más humano y cordial de todos los tiempos,
impregnado e inspirado por el sentimiento de la fraternidad humana,
espíritu esencial del cristianismo
y aliento embalsamado de las rosas"

George William Crutis


Tema del día:
Cómo deberíamos celebrar la Navidad


Hace dos mil años que nació el Salvador del mundo. Su venida fue un evento histórico de tal magnitud que el mundo moderno inició su calendario el año de su nacimiento.

No solo fue este evento importante porque ningún hombre como Él había existido, lleno de Poder, Sabiduría y Amor, sino porque Él era el Hijo de Dios, el Mesías esperado, el Redentor, el Ungido de Dios.

Su venida al mundo atrajo seguidores, quienes son aquellos destinados a ser salvados. Para los humildes, los pobres y los marginalizados, ¡Jesús es el hombre!

Gentes de todos los caminos de la vida son invitadas a seguir a Jesús en su camino a nuestra casa celestial.

Cuando recordamos la venida de Nuestro Señor en la estación de Adviento o Navidad, estamos celebrando nuestra liberación de la esclavitud del pecado, puesto que Jesús es Nuestro Salvador. También celebramos su futura venida en Gloria como Él lo ha prometido.

El día de Navidad es el día del cumpleaños de Nuestro Señor Jesucristo, un día para alabar a Dios por haber amado tanto al mundo que le dio su Único Hijo engendrado para que todo el que crea en Él sea salvado [Juan 3:16]

El día de Navidad es realmente un "día santo, un festival religioso" [holiday], desafortunadamente el mundo lo ha reemplazado por un día de fiesta del mundo

La palabra Navidad en ingles [Christmas] ha sido reemplazada por la palabra Xmas, o sea que no honramos el nombre de Cristo en la Navidad, pues lo hemos extraído de la palabra. Y así también se ha borrado en muchas otras formas.

Deberíamos de recolectarnos especialmente durante los días de Navidad y celebrar el regalo que hemos recibido agradeciéndole a Dios por el regalo de Su Hijo, amándonos los unos a los otros y compartiendo nuestra caridad con los demás.

Otro punto que tenemos que aclarar es que Santa Claus o San Nicolás no son el evento principal de la Navidad, este día santo ha sido reemplazado por una oportunidad para vender, esta estación santa ha sido comercializada y usa a Santa Claus para distribuir regalos olvidándose en muchos casos del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. "Pongamos cuidado"… Cristo viene pronto.

Algunos podrían insistir que está muy tarde para cambiar la tradición, puede ser. ¿Para dónde va este mundo? Estamos olvidándonos de dar a Dios lo que es de Dios porque estamos tan contentos haciendo cosas para nosotros.

Mucha gente por todo el mundo se ha olvidado del verdadero significado de la Navidad por causa de nuevas tradiciones. El Nacimiento de Cristo ha sido reemplazado por la Nueva Navidad [Xmas], celebraciones paganas que no tienen que ver nada con el Señor.

Incluyamos a Jesús en nuestras vidas en esta Navidad y descubramos para qué hemos sido creados. Démosle gracias a Dios por haber enviado a su Hijo a salvarnos, celebremos no solamente su Nacimiento sino también su muerte, la cual nos salva verdaderamente de la muerte del pecado. Meditemos la venida del Salvador del mundo y vivamos para siempre.

Hagamos cada día de nuestras vidas una verdadera Navidad donde Jesús nace no en una cueva fría de Belén sino en nuestro corazón. Démosle la bienvenida y amémosle con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente y con toda nuestra fortaleza.

Dejemos que Cristo nazca de nuevo en nuestra vida y nazcamos de nuevo a la vida eterna.

Jesús te ama


Pensamientos sanadores


Abre las puertas al Redentor

En algunas ocasiones, habrás sentido que en tu vida se cerraba alguna puerta y que no podías seguir adelante o que no se producían los cambios que tanto anhelabas.
Ten presente que eso mismo le sucedió a Dios, cuando José y María llamaban a las puertas de las casas de Belén y recibían siempre la misma respuesta: “no hay lugar”.
Casi puedo imaginar a la Virgen María poniendo suavemente su pequeña mano sobre el hombro de José y transmitiendo, con ese gesto simple y confiado, la paz y la confianza que brota de su corazón y del Corazón del pequeño Niño que latía en su interior.
Quizás hemos estado buscando refugio en lugares equivocados. Quizá las puertas a las cuales llamamos no eran las correctas.
Dispongámonos, en este tiempo, a un mayor silencio interior para escuchar lo que el Señor tiene que decirnos y pidámosle que nos ayude a abrirle nosotros las puertas del pesebre del propio corazón, para que él pueda entrar en las habitaciones más profundas de nuestra vida y abrirnos nuevas puertas de bendición.

Yo estoy junto a la puerta y llamo (…) Apocalipsis 3, 20. 


Hacerle un sitio


Una de las escenas más tiernas del Evangelio es la de María embarazada, montada en un burrito, y a su lado José, en silencio, golpeando las puertas del pueblito de Belén, buscando un sitio digno para que nazca el Niño. Tierna y dramática. Dios, hecho carne, buscando sitio entre los hombres. Y no lo encuentra. Pensar que un niño, ocupa tan poquito lugar, y para él no lo hubo, sino en una cueva de animales, en suma pobreza.

Esto que imaginamos del relato histórico, también se repite, espiritualmente hoy, en esta Navidad, en mi propio corazón. Adviento es este tiempo en que Dios anda pasando, buscando sitio para nacer, para manifestarse, y esta vez, así como entonces lo buscaba  en la posada y en las casas de Belén, lo  anda buscando en mi propio corazón. Yo tengo que hacerle sitio en mi alma, en mi vida, en este momento de mi historia, sea el mejor o el peor, con mis gracias y mis pecados. ¿Por qué nos resistimos?, ¿por qué esta sordera cada vez que nos tocan la puerta?, ¿por qué este hacernos los zonzos para que pase de largo?

Y es que "hacerle sitio" al Niño, significa que tengo que disponer la "casa", y tirar todo el cachivacherío que le está robando el sitio al Niño. El cachivacherío de mi orgullo, mi soberbia, mi sensualidad, mi pereza, mi falta de caridad, mi apego desmedido a las seguridades o a la angustia por falta de ella, mis frivolidades, mis ansiedades y urgencias que han conseguido que haga ya mucho tiempo que no recemos como debemos, o simplemente no recemos.

Pero tampoco podemos pretender de mi corazón el Pesebre ideal. Ni Dios lo pretende. Lo que pretende es un "lugarcito", es la buena intención, es el anhelo de que su presencia nos cure, es el deseo renovado de ser buenos. Nosotros quitaremos algunas cosas, y el resto lo va a hacer Él.  Si justamente para eso viene, para eso se encarna, para eso anda buscando mi corazón, porque sabe que no podemos con todo, porque sabe que somos débiles y perezosos.

No pide una casa donde todo esté perfectamente en orden y prolijo. Pide un rinconcito para nacer y así ayudarnos con nuestros desórdenes e improlijidades: viene a devolvernos, con su mirada, ese brillo en los ojos que el tiempo opacó, o que nos hemos dejado robar. Viene con sus manitas, a poner calor en las zonas del alma que se nos han entumecido de frío y que necesitan ser abrazadas. Viene a abrir espacios empecinadamente cerrados por nosotros a tantos hermanos nuestros a los que le seguimos diciendo: "sigan adelante, no hay sitio en esta posada", para quedarnos encastillados y estancados en la ciudadela de nuestras mezquinas seguridades.

¡Viene! ¡Está viniendo! Eso significa "Adviento". "Estoy a la puerta y llamo -dice el Apocalipsis-. Si me abres, entraré en tu casa y cenaremos juntos".

Padre Angel Rossi s.j.


Pedidos de oración


Pedimos oración por la Paz del Mundo; por la Santa Iglesia Católica; por el Papa, los sacerdotes, diáconos, seminaristas, catequistas y todos los que componemos el cuerpo místico de Cristo; por la unión de los cristianos para que seamos uno, así como Dios Padre y nuestro Señor Jesucristo son Uno junto con el Espíritu Santo; por las misiones, por nuestros hermanos sufrientes por diversos motivos especialmente por las enfermedades, el hambre y la pobreza; por los presos políticos y la falta de libertad en muchos países del mundo, por la unión de las familias y la fidelidad de los matrimonios; por el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas, y por las Benditas Almas del Purgatorio.

Pedimos oración por Ignacio, un bebé de Córdoba, Argentina, que tiene una miocardiopatía grave, que pone en peligro su vida. Lo encomendamos al Beato Cura Brochero para que interceda por él ante el Niño Jesús y reciba la gracia de sanarse.

Pedimos oración por Filoteo S., de 84 años de edad, que vive en Quito, Ecuador, y padece varias enfermedades en estado terminal y está en una prolongada agonía que ya lleva más de seis meses. Que el Señor tenga misericordia de él y alivie sus sufrimientos y dándole su paz.

Tú quisiste, Señor, que tu Hijo unigénito soportara nuestras debilidades,
para poner de manifiesto el valor de la enfermedad y la paciencia;
escucha ahora las plegarias que te dirigimos por nuestros hermanos enfermos
y concede a cuantos se hallan sometidos al dolor, la aflicción o la enfermedad,
la gracia de sentirse elegidos entre aquellos que tu hijo ha llamado dichosos,
y de saberse unidos a la pasión de Cristo para la redención del mundo.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Amén

Nota de Redacción:
Para dar curso a los Pedidos de Oración es imprescindible dar los siguientes datos: nombres completos de la persona (habitualmente no publicamos apellidos), ciudad y país donde vive, y explicar el motivo de la solicitud de oración. Por favor: en los pedidos ser breves y concretos y enviarlos a pequesemillitas@gmail.com y deben poner en el asunto “Pedido de oración”, ya que los correos que llegan sin asunto (o con el asunto en blanco) son eliminados sin abrirlos. No se reciben pedidos de oración a través de Facebook ni por otro medio que no sea el correo antes señalado.
Los Pedidos de Oración se publican de lunes a sábados. Los domingos se publican los agradecimientos por las gracias concedidas.


"Intimidad Divina"

Buscar a Dios en las criaturas

Hoy resuena en la liturgia la primera de las grandes antífonas del Adviento sacada de los libros sapienciales. “Yo salí de la boca del Altísimo” (Ec 24, 3), dice de sí la misma Sabiduría presentándose como una persona; y el autor sagrado, elogiándola, añade: “Se extiende poderosa del uno al otro extremo y lo gobierna todo con suavidad” (Sb 8, 1). El hombre tiene necesidad inmensa de comprender que todas las cosas, todas las criaturas, vienen de Dios y son guiadas por su Sabiduría infinita. Toda la creación lleva el sello de la Sabiduría increada, todo ser revela algunos de sus aspectos y ninguna criatura o acontecimiento escapa a su gobierno. Reconocer la marca de Dios en todas las criaturas y descubrir en las vicisitudes humanas el plan de la Sabiduría, es suma sabiduría y suma prudencia.

Cuando la sabiduría eterna de Dios se encarnó presentándose al mundo en forma humana y con el nombre de Jesús, el Salvador anunciado desde hacía siglos, la mayor parte de los hombres no le reconocieron. “Las tinieblas no acogieron la luz. Vino a los suyos, pero los suyos no le recibieron” (Jn 1, 5, 11). De manera análoga el hombre que no tiene el corazón puro ni limpia la mirada, no es capaz de ver a Dios ni de reconocer a Cristo en sus hermanos. “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt 5, 8); lo verán sin velos en la patria eterna, pero ya lo comienzan a ver a través de la fe en esta vida, y no sólo en sí mismo y en sus misterios, sino también en sus obras y en sus criaturas. “Solamente con la luz de la fe –enseña el Concilio– y con la meditación de la palabra divina puede uno conocer siempre y en todo lugar a Dios, en quien vivimos, nos movemos y existimos; buscar su voluntad en todos los acontecimientos, contemplar a Cristo en todos los hombres, deudos o extraños” (AA 4).

En vez de detenernos en el lado puramente humano de las criaturas y en los inevitables límites y defectos más o menos hirientes, la mirada se fija únicamente en lo que en ellos nos revela a Dios. De esta manera se sobrepasan todas las diferencias de raza o de nación, de partido o de clase social, todas las distinciones entre simpáticos o antipáticos, amigos o no, creyentes o incrédulos, y en cada hombre se ve, se respeta y ama la imagen de Dios, y se busca y se reconoce la faz de Cristo. También los que viven lejos de Dios y quizá en rebelión contra él son criaturas suyas e hijos suyos, sino por la gracia, sí al menos por la vocación a la gracia; siempre son hermanos de Cristo, si no de hecho, sí de derecho, porque también por ellos Cristo se encarnó, murió y resucitó. De esta manera las relaciones con los hombres se convierten en relaciones con Dios, tratar con ellos es tratar con Cristo y servir a los hermanos es servir a Cristo.

Dios mío, dame la gracia de verte sólo a ti en las criaturas, de no detenerme nunca en ellas, de no considerar su belleza material o espiritual como algo de su propiedad, sino sólo como un reflejo tuyo. Haz que yo atraviese los velos… y que más allá de las apariencias te vea a ti, ser por esencia, que posees el ser en toda su plenitud y has comunicado una partecita de él a la criatura que me agrada… Detenerme en las criaturas sería una falta de delicadeza, una ingratitud y un abuso de confianza, porque tú no das a las criaturas la belleza ni me haces sentir su encanto sino para dejarte entender en ellas, para atraerme a ti y para despertar mi reconocimiento hacia tu bondad y mi amor hacia tu belleza. De esta manera me invitas a subir hasta tu trono y a establecer allí mi alma en la adoración, en la contemplación extasiada, y en la gratitud… Sea, pues, mi conversación únicamente en el cielo, porque la vista de la tierra no acaba de descubrirme tus bellezas y tus ternuras. Las criaturas, en las cuales admiro un reflejo de tus perfecciones, y sobre las cuales brilla un rayo de tu luz, ¡oh Sol infinito!, están fuera de mí, separadas y lejos de mí; pero tú, Dios mío, perfección, bondad, verdad, amor infinito y esencial, tú estás en mí, me envuelves y me llenas por completo. (Carlos de Foucauld)

P. Gabriel de Sta. M. Magdalena O.C.D.


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viernes, 21 de diciembre de 2012

Pequeñas Semillitas 1904


PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 7 - Número 1904 ~ Viernes 21 de Diciembre de 2012
- AÑO DE LA FE -
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
   

Alabado sea Jesucristo…
Dios nuestro Señor nos acaba de regalar, a través del decreto del Papa Benedicto XVI, una noticia importantísima y largamente esperada: la próxima beatificación del venerable cura Brochero.
¿Cuál es la importancia de este hecho? En primer lugar, la beatificación implica que la Iglesia nos propone al cura Brochero como un intercesor ante Dios. Somos testigos de los innumerables favores alcanzados ya por los ruegos de este venerable cura, particularmente en beneficio de los niños. De ahora en más, contaremos con un nuevo estímulo para acudir a su ayuda.
Al beatificar a este insigne pastor, la Iglesia nos propone un ejemplo singular y estimulante, en especial para todos los sacerdotes cordobeses y argentinos, e incluso para los sacerdotes latinoamericanos.
Brochero es modelo, ante todo por su entrega generosa y total al Señor, a quien le consagró la vida, y a la Iglesia, a cuyo servicio se ofreció sin límites. Es modelo por su ardor apostólico, por su entusiasmo evangelizador, que nunca decayó sino que fue acrecentándose a medida que desplegaba su acción pastoral. Ese ardor apostólico no consistía en una mera suma de actividades, fruto de una personalidad decidida y emprendedora como la suya, sino que era el resultado de su amistad fuerte y profunda con Jesús.
Él había hecho los ejercicios espirituales de San Ignacio y allí había escuchado “el llamamiento del rey eternal”, había decidido “militar bajo su bandera” y había puesto todos los medios para “en todo servir y amar”. Ese fue el “secreto” de Brochero. El encuentro personal con Jesús lo llevó a descubrir el rostro del Señor en todos los hombres a cuyo servicio se entregaba como párroco.
Damos gracias a Dios por el regalo de la beatificación del padre Brochero y no podemos dejar de evocar igualmente su amor cálido y fiel a la Santísima Virgen, a la que Brochero invocaba tiernamente como “mi Purísima”. Ella, sin duda, habrá intercedido para que hoy podamos celebrarlo como beato en la Iglesia.
Mons. Carlos Ñáñez
Arzobispo de Córdoba - Argentina


La Palabra de Dios:
Evangelio de hoy


En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».
(Lc 1,39-45)

Comentario
Hoy, el texto del Evangelio corresponde al segundo misterio de gozo: la «Visitación de María a su prima Isabel». ¡Es realmente un misterio! ¡Una silenciosa explosión de un gozo profundo como nunca la historia nos había narrado! Es el gozo de María, que acaba de ser madre, por obra y gracia del Espíritu Santo. La palabra latina “gaudium” expresa un gozo profundo, íntimo, que no estalla por fuera. A pesar de eso, las montañas de Judá se cubrieron de gozo. María exultaba como una madre que acaba de saber que espera un hijo. ¡Y qué Hijo! Un Hijo que peregrinaba, ya antes de nacer, por senderos pedregosos que conducían hasta Ain Karen, arropado en el corazón y en los brazos de María.
Gozo en el alma y en el rostro de Isabel, y en el niño que salta de alegría dentro de sus entrañas. Las palabras de la prima de María traspasarán los tiempos: «¡Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!» (cf. Lc 1,42). El rezo del Rosario, como fuente de gozo, es una de las nuevas perspectivas descubiertas por Juan Pablo II en su Carta apostólica sobre El Rosario de la Virgen María.
La alegría es inseparable de la fe. «¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?» (Lc 1,43). La alegría de Dios y de María se ha esparcido por todo el mundo. Para darle paso, basta con abrirse por la fe a la acción constante de Dios en nuestra vida, y recorrer camino con el Niño, con Aquella que ha creído, y de la mano enamorada y fuerte de san José. Por los caminos de la tierra, por el asfalto o por los adoquines o terrenos fangosos, un cristiano lleva consigo, siempre, dos dimensiones de la fe: la unión con Dios y el servicio a los otros. Todo bien aunado: con una unidad de vida que impida que haya una solución de continuidad entre una cosa y otra.
Rev. D. Àngel CALDAS i Bosch (Salt, Girona, España)


Santoral Católico:
San Pedro Canisio
Doctor de la Iglesia


San Pedro Kanijs nació en Nimega, Holanda, en 1521, y puede ser definido como un hierrro colocado entre el yunque y el martillo, es decir, blanco de la irritación que su clara predicación suscitaba en los ambientes protestantes, y de la malevolencia que la envidia le procuraba entre los mismos compañeros de religión. Hijo del alcalde de Nimega, Pedro Kanijs, latinamente Canicius, tuvo la posibilidad de frecuentar óptimas escuelas: derecho canónico en Lovaina y derecho civil en Colonia.

En esta ciudad le gustaba pasar el tiempo libre en el monasterio de los cartujos. Nadie sospechaba que el joven abogado, al que el padre le había garantizado apoyo en su profesión, llevara debajo del vestido un cilicio. La lectura del breve opúsculo de los Ejercicios Espirituales, que hacía poco había escrito San Ignacio, determinó el cambio decisivo de su vida: terminada la piadosa práctica en Maguncia bajo la dirección del Padre Faber, entró en la Compañía de Jesús y fue el octavo jesuita en profesar los votos solemnes. En la joven congregación pudo cultivar sus estudios preferidos y su amor por la erudición; a él se debe la publicación de las obras de San Cirilo de Alejandria, San León Magno, San Jerónimo y Osio de Córdoba.

Vivió en pleno clima de reforma y contrarreforma. Tomó parte activa en el Concilio de Trento, como teólogo del cardenal Truchsess y consejero del Papa. Se distinguió por la profundidad de su cultura teológica, por su celo y actividad, pero también por el espíritu conciliador. San Ignacio lo llamó a Italia, luego lo envió a Sicilia a fundar el primero de los famosos colegios, después a Bolonia a enseñar teología, para volverlo a enviar a Alemania, en donde durante treinta años, como superior provincial, empleó sus mejores energías en una época tan difícil marcada por la ruptura de la iglesia protestante. Se lo llamó con razón segundo apóstol de Alemania (el primero fue San Bonifacio).

Como escritor no sólo se dedicó a las obras de erudición, sino también y sobre todo a las catequéticas, adaptando la enseñanza a las capacidades de pequeños y de grandes. San Pio V le ofreció el cardenalato, pero Pedro Canisio le pidió al Papa que lo dejara en su humilde servicio a la comunidad, empleando el tiempo en la oración y en la penitencia. Murió en Friburgo (Suiza) el 21 de diciembre de 1597. En 1925 fue canonizado y declarado doctor de la Iglesia.

Fuente: Catholic.net


La frase de hoy

“Mis amados: que Dios amó al hombre desde la eternidad es una verdad tan clara y tan demostrada que el solo pensar lo contrario es y sería el colmo de la locura… El amor eterno de Dios hacia el hombre está escrito en todas las maravillas de la creación… los prodigiosos fenómenos de la naturaleza que, a cada paso, nos asombran, publican por todas partes ese amor. Lo mismo hacen los luminosos astros que embellecen el firmamento. Igual cosa publican las refulgentes estrellas que tachonan y esmaltan la bóveda celeste. El cambio periódico de las estaciones, la riqueza del mundo vegetal y animal, y todo lo grande y sublime que presenciamos en el universo, predican que Dios amó al hombre desde la eternidad y que, en él, puso los ojos de su amor y de su predilección”

Cura Brochero

Más frases y pensamientos del Cura Brochero: clic acá.


Tema del día:
La Santa Sede oficializó
la beatificación del Cura Brochero


Ciudad del Vaticano, 20 Dic 2012 (AICA):
El Santo Padre Benedicto XVI aprobó esta mañana la promulgación del decreto sobre el milagro atribuido al venerable presbítero José Gabriel del Rosario Brochero, sacerdote cordobés que vivió entre 1840 y 1914. Este instrumento pontificio da definitivamente paso a la beatificación, que se espera tenga lugar hacia fines del año 2013.

La noticia se dio a conocer luego de que el Santo Padre recibiera en audiencia al cardenal Ángelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

El milagro

El proceso de canonización se inició en la década de 1960. La certeza de la beatificación quedó sellada luego de que una junta médica convocada por el Vaticano llegara a la conclusión que la recuperación de un niño tras un accidente de tránsito excedió la explicación científica. "Siete médicos dijeron que la curación del nene fue milagrosa", explicó en una entrevista monseñor Santiago Olivera, obispo de Cruz del Eje y delegado episcopal para las Causas de los Santos en la Argentina.

Luego de conocer el informe de los profesionales de la salud, los teólogos de la Santa Sede votaron en forma positiva, sin elevar objeción al presunto milagro. Así, la Congregación de las Causas de los Santos entregó meses atrás su veredicto al Papa, a la espera de la firma del decreto de beatificación.

El Cura Brochero

José Gabriel del Rosario Brochero (1840-1914) fue ordenado sacerdote a los 26 años. Al inicio de su ministerio, el cura Brochero, como le llamaban sus fieles, se destacó por su entrega para socorrer a los enfermos y moribundos de la epidemia de cólera que azotó en 1867 a la ciudad de Córdoba.

El 24 de diciembre de 1869 deja la ciudad de Córdoba para hacerse cargo del curato de San Alberto, actualmente conocido como el valle de Traslasierra, instalado en la localidad de Villa del Tránsito (hoy Villa Cura Brochero).

Se lo recuerda como el "cura gaucho" que asumió como propias las necesidades de la gente. Con sus propias manos y animando a los pobladores construyó iglesias y capillas, levantó escuelas y abrió caminos entre las montañas.

En su vejez el padre Brochero enfermó de lepra, al haber compartido el mate y la vida de enfermos de ese mal, que lo dejó sordo y ciego.

Para más información se puede visitar su página haciendo clic acá.

(AICA)


Pensamientos sanadores


Durante el penoso viaje junto a su esposo hacia Belén de una mujer embarazada en su noveno mes, la paz los rodeaba y los cubría como si fuese una burbuja de cristal.
Esta paz interior se fundaba en la seguridad de que Dios caminaba con ellos.
Del mismo modo, cuando tú tienes la seguridad de que Dios va contigo, nada tienes que temer. Así como él los guió hacia una pobre gruta, no sólo para nacer, sino también para transformarla en un lugar de bendición para todas las generaciones que vendrían, también él te guiará hacia el lugar de bendición que te tiene preparado.
Se consciente de que, al igual que María que estaba inundada de la luz Divina, también si llamas a Jesús para que habite en ti con su Espíritu, puedes llenarte de esa luz y de su paz, independientemente de las situaciones en las cuales te encuentras.
Cuando tomas conciencia de esta verdad, así como María era consciente de que el Señor habitaba en ella, entonces, el tremendo poder de Dios se libera gradualmente transformando tu vida y todo aquello que te rodea. 

(…) Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. Lucas 24, 15-16.


Oración de la Natividad del Señor


A Ti Señora del Silencio y de la Espera Serena. A Ti María que siempre estuviste dispuesta a la voluntad de Dios; te pedimos que no dejes de interceder en favor de tus hijos para que cumplan fielmente la misión que les fue confiada en el Reino.

A Ti Virgen Madre, que concebiste primero en tu corazón y luego en tu seno virginal a Jesús, haz que nuestras almas se llenen de la Gracia del Espíritu Santo, como tu vida se llenó de su gracia.

Preséntanos a Jesús, así como lo presentaste a los pastores y a los reyes, enséñanos el camino hacia Él, ayúdanos a contemplar el gran misterio de su amor. María Madre Misericordiosa, ruega por nosotros a Nuestro Señor Jesucristo.

¡Oh Jesús! Ven a vivir en tus siervos, en el espíritu de tu santidad, en la plenitud de tu poder, en la verdad de tus virtudes, en la perfección de tus caminos, vence al enemigo con el poder de tu espíritu para la gloria del Padre.

Jesús, Hijo de María, tómame como hijo tuyo, Jesús, príncipe de paz, dame tu paz, Jesús, mi redentor, sálvame, Jesús, mi único juez, perdóname.

Jesús, pan viviente del cielo, sé mi comida eterna. Concédeme que en toda necesidad llegue a Ti con confianza y humildad diciendo: ¡Ayúdame! Cuando me sienta solo y cansado, cuando fracasen mis planes y esperanzas, cuando me sienta impaciente y me resulte difícil llevar mi cruz; cuando esté enfermo y mi cabeza y mis manos no puedan trabajar, cuando otros me fallen…En todas mis dudas y tentaciones te suplico que tu Gracia me pueda asistir en cada momento y siempre; a pesar de mis debilidades y faltas de todo clase. Jesús ayúdame y no me abandones nunca.

Dios, Padre Nuestro que contemplas la Natividad del Señor, concede que la humildad de los pastores, la perseverancia de los reyes, la alegría de los ángeles, la fidelidad de María y la Paz del Niño Jesús, sean tu bendición para nosotros hoy y siempre.
Amén.

Pedir por las intenciones particulares. En silencio rezar un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.


"Intimidad Divina"

Lámpara encendida y luminosa

“Él era la lámpara que arde y alumbra”, decía Jesús hablando del Bautista, “y él dio testimonio de la verdad” (Jn 5, 35, 33). Lo mismo se debería afirmar de cada uno de los cristianos: “Lámpara encendida y luminosa” por la fe viva capaz de iluminar a los demás, por el amor capaz de calentar los corazones fríos e indiferentes. Su fe y su amor deben dar testimonio de la verdad y del amor de Dios no sólo con la oración y con actos estrictamente religiosos, sino con toda la vida. Lo cual no es posible sino cuando el creyente tiende incesantemente a Dios y lo busca en cada una de sus acciones y en toda su actividad. El Concilio Vaticano II, dirigiéndose a los seglares, les recomienda que “al cumplir como es debido las obligaciones del mundo en las circunstancias ordinarias de la vida, no separen unión con Cristo de su vida personal, sino que crezcan intensamente en ella realizando sus tareas según la voluntad de Dios” (AA 4). El cristiano tiene el deber de llevar a Cristo al mundo y lo realizará en la medida en que sepa mantenerse unido a él no sólo mientras ora, sino mientras trabaja en el cumplimiento de cualquier deber y de cualquier negocio. Esta unión con Cristo en la actividad exige recogimiento interior y dominio de sí, de manera que el corazón permanezca orientado hacia Dios, deseando agradarle y comportarse en todo según su voluntad.

Esto exige que [el seglar] también en la actividad sepa volver de vez en cuando dentro de sí mismo para despertar el pensamiento y más aún el deseo de Dios, para tomar conciencia de la divina presencia y para entrar en contacto con Dios que mora en su corazón. “Es menester –dice Santa Teresa– andar con aviso de no descuidarse de manera en las obras, aunque sean de obediencia y caridad, que muchas veces no acudan a lo interior a su Dios” (Fundaciones, 5, 17). Cuando la actividad externa está regulada por el deber, por la obediencia o cuando se emprende una obra por motivo de caridad, se tiene la garantía de estar unido a Dios, ya que nos movemos en el ámbito de su voluntad; sin embargo, hay que preocuparse de hacer cada vez más actual y consciente esta unión, valiéndose de pequeños medios para aumentarla. A esto tienden  aquellos momentos, rápidos pero frecuentes, en que el cristiano se retira dentro de sí mismo para encontrarse con Dios; son como el baluarte de la vida interior y en verdad la defienden del peligro de extenuarse y disiparse en la actividad externa.

Quien se sumerge en la acción sin ninguna cautela, bien pronto perderá de vista a Dios y su voluntad y terminará por obrar de modo puramente humano; con frecuencia perderá la calma, se agitará y se verá incapaz de recogerse. Jesús no reprendió a Marta porque se daba a la actividad externa, sino porque lo hacía con demasiado afán: “Marta, Marta, tú te afanas y te turbas por muchas cosas” (Lc 10, 41). Dios quiere la actividad y desea el servicio generoso a los hermanos, pero no la inquietud afanosa, porque por encima de todo una sola cosa es necesaria: la unión con Dios. Y cuanto más profundamente realice el cristiano esta vida de unión con el Señor, tanto mayor será el testimonio de Dios que ofrecerá a los demás y más genuinamente encarnará el espíritu del Evangelio, convirtiéndose en una “lámpara encendida y luminosa” que guíe a sus hermanos hacia Dios.

¡Oh Dios mío!, nada podrá distraerme de ti. Cuando obro por ti y permanezco siempre en tu santa presencia bajo tu mirada divina que penetra hasta lo más íntimo de mi alma, te puedo escuchar incluso en medio del bullicio del mundo, en el silencio del corazón que sólo quiere ser tuyo. Todo depende de la intención que se tenga. Podemos santificar hasta las cosas más pequeñas y transformar en divinos los actos más ordinarios de la vida. Un alma que vive unida a ti, Dios mío, sólo obra sobrenaturalmente. Las acciones más vulgares, en vez de separarla de ti, la unen más íntimamente a ti. (Isabel de la Trinidad)

P. Gabriel de Sta. M. Magdalena O.C.D.
Jardinero de Dios
-el más pequeñito de todos-
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jueves, 20 de diciembre de 2012

Pequeñas Semillitas 1903


PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 7 - Número 1903 ~ Jueves 20 de Diciembre de 2012
- AÑO DE LA FE -
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
   

Alabado sea Jesucristo…
La Navidad es la época más linda y esperada del calendario. Significa reunión de familias, de padres e hijos, de hermanos, parientes y amigos. Época de reflexionar sobre nuestros aciertos y desaciertos, sueños, esperanzas y logros.
La música de Navidad alcanza las cuerdas más sensibles de nuestro corazón y lo hacen vibrar con alegría. Es época de recordar que todos formamos parte de un todo, que todos somos hermanos y estamos unidos por lazos invisibles. No somos seres aislados, todo lo que hacemos tiene efecto en los demás.
Aprovechemos esta Navidad para perdonar a todos aquellos que nos ofendieron de palabra y de obra. Empecemos el Año Nuevo con el corazón aligerado por el perdón y enriquecido por el Amor. Compartamos nuestra alegría y nuestra mesa con alguien que esté solo, que no tenga familia o que se sienta triste. Ese invitado representará la figura de Dios. Y así podremos recibir la bendición de un Nuevo Año 2013.


La Palabra de Dios:
Evangelio de hoy


Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».
Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin».
María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?». El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios». Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel dejándola se fue.
(Lc 1,26-38)

Comentario
Hoy contemplamos, una vez más, esta escena impresionante de la Anunciación. Dios, siempre fiel a sus promesas, a través del ángel Gabriel hace saber a María que es la escogida para traer al Salvador al mundo. Tal como el Señor suele actuar, el acontecimiento más grandioso para la historia de la Humanidad —el Creador y Señor de todas las cosas se hace hombre como nosotros—, pasa de la manera más sencilla: una chica joven, en un pueblo pequeño de Galilea, sin espectáculo.
El modo es sencillo; el acontecimiento es inmenso. Como son también inmensas las virtudes de la Virgen María: llena de gracia, el Señor está con Ella, humilde, sencilla, disponible ante la voluntad de Dios, generosa. Dios tiene sus planes para Ella, como para ti y para mí, pero Él espera la cooperación libre y amorosa de cada uno para llevarlos a término. María nos da ejemplo de ello: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). No es tan sólo un sí al mensaje del ángel; es un ponerse en todo en las manos del Padre-Dios, un abandonarse confiadamente a su providencia entrañable, un decir sí a dejar hacer al Señor ahora y en todas las circunstancias de su vida.
De la respuesta de María, así como de nuestra respuesta a lo que Dios nos pide —escribe san Josemaría— «no lo olvides, dependen muchas cosas grandes».
Nos estamos preparando para celebrar la fiesta de Navidad. La mejor manera de hacerlo es permanecer cerca de María, contemplando su vida y procurando imitar sus virtudes para poder acoger al Señor con un corazón bien dispuesto: —¿Qué espera Dios de mí, ahora, hoy, en mi trabajo, con esta persona que trato, en la relación con Él? Son situaciones pequeñas de cada día, pero, ¡depende tanto de la respuesta que demos!
Rev. D. Jordi PASCUAL i Bancells (Salt, Girona, España)


Santoral Católico:
Santo Domingo de Silos
Abad


Su vida la escribió con devoción precisa un monje contemporáneo llamado Grimaldo, que además fue religioso de su casa. Lo que se describe en latín decadente de última hora fue luego puesto en el balbuciente romance de lengua castellana por Gonzalo de Berceo ya en el siglo XIII.

Nace alboreando el siglo XI en Cañas, cerca de Nájera, en el reino de Navarra; no se sabe si de cuna noble o del pueblo llano, ni si rico o pobre. Sí se le conoce pastoreando cuando niño y dado a compartir comida y leche de oveja con los viandantes. Es apacible de carácter y muestra cierta inclinación al estudio; quizá por eso sus padres le orientan hacia la clerecía que es, en su tiempo, un modo de conseguir honores y riquezas, casi tanto como las armas, aunque él piensa más en su santificación y en la gloria de Dios que en los triunfos humanos.

El obispo lo ordena sacerdote. Pero Domingo Manso llega a sentirse indigno y nota pavor porque es duro y muy difícil vivir en solitario tan sublime ministerio. Después de año y medio se retira. Ya no hay eremitas; la quintaesencia se busca en los monasterios. Entra en el antiguo y observante cenobio de San Millán de la Cogolla, tomando el hábito negro de San Benito. Recibe y da ejemplo.

Los monjes de San Millán vuelven los ojos a él y le piden sea su prior. Pasa de "pastorcillo" a "pastor". Y mientras cumple este encargo, el rey don García de Navarra, duro de carácter y tenaz, conocido como "el de Nájera", le pide los tesoros del cenobio; pero da con un compatriota que también lleva en la sangre lo que dan la tierra y la época en cuanto se refiere a tozudez y firmeza. Pone cara al rey y defiende lo que es patrimonio de su casa y de su iglesia. Esta actitud le valió el destierro voluntario a las tierras de Castilla donde reina el hermano de don García.

El bondadoso rey Fernando, le encomienda poner en pie el monasterio —por entonces en ruinas— de San Sebastián de Silos que fundó o restauró Fernán González en el 909 y que sobrevive casi deshabitado. Fue una obra gigantesca que en España ayuda a la configuración de la gran Castilla en cuanto llega a convertirse en un foco civilizador en el lugar por donde poco antes andaban los sarracenos. Llegan más y más gentes al calor del monasterio. Entre el ruido de los martillos de canteros, las sierras de carpinteros, los cinceles de los escultores, los cencerros de las vacas y las esquilas de las mulas, también suenan las campanas que llaman a Vísperas, a Misa y a los rezos. Con ello, se escucha la alabanza de los monjes que va aprendiendo el pueblo. Las tierras son bien labradas y hay horno de pan dispuesto. Ovejas y bueyes pastan por los amplios campos llanos. Se va haciendo arte al terminar las obras con esmero. Y el estudio de los monjes requiere libros que se guardan como tesoro sin precio.

Murió el santo abad —"Abad de santa vida, de bondad acabado", según escribe su cantor— que supo vivir de oración y penitencia el 20 de diciembre del año 1073 dejándole al monasterio de Silos su nombre como título.

Fuente: Catholic.net


La frase de hoy

“Si vagas por el mundo
buscando el espíritu de la Navidad,
no lo verás.
La Navidad se ve con el corazón”


Historias:
El mensaje de la Navidad


Faltaba una semana para la Navidad y la asociación de mujeres de la iglesia había proyectado una fiesta de Navidad en el asilo de ancianos. Tuve que telefonear a todas las asociadas para pedirles que prepararan algún plato y fueran a atender personalmente a los ancianos. La mayoría contestaba que encantada prepararía un pastel, pero que no tenían tiempo para asistir a la fiesta. Me molestó constatar que tan sólo ocho de treinta y cinco asociadas dijeron que vendrían a ayudar y teníamos que servir a casi doscientos ancianos.

Las pocas señoras que se habían comprometido a ayudar colocaban los adornos de Navidad, organizaban las sillas y realizaban los diversos trabajos necesarios para poner en marcha la fiesta. Gladys, la presidenta de la asociación, ya se encontraba tras la larga mesa en la que cada una iba dejando su torta, preparando el ponche y cortando los pasteles. Me acerqué a ella y le dije:
- ¡Qué lástima!  Habría deseado que más señoras hubieran querido ayudar.¿Por dónde quieres que empiece?

La cálida sonrisa de Gladys casi borró mi resentimiento:
- Puedes ayudar llevándole la merienda a los ancianos que no pueden salir de su cuarto.
- Cómo no, dije agarrando una bandeja. ¡Será mejor que comience pronto, pues voy a tardar un siglo en servirles a todos!

Empezó la música y no sé quién se puso a cantar villancicos con los ancianos, que estaban todos reunidos en el inmenso patio del establecimiento. Yo no tenía tiempo de escuchar ni disfrutar las canciones. Me pasé la tarde corriendo de un lado a otro, llevando pasteles y ponche, sin mirar casi ni de reojo a los ancianos que servía.  A cada uno le daba además una bolsa de caramelos y un regalo.

Recorrí todas las alas del edificio, me dolían las piernas de subir las escaleras. Una de las tantas veces que subí, una viejita que llevaba un vestido estampado, rasgado y desteñido me tocó el brazo y me dijo tímidamente:
- Perdone, señorita. ¿Tendría la bondad de cambiarme el regalo?
Me volví hacia ella irritada y repliqué:
- ¿Cambiarle el regalo? ¿Por qué? ¿Es que le tocó uno de hombre?
- No, no... dijo vacilante. Es que me tocaron perlas. Las perlas representan lágrimas y yo ya no quiero más lágrimas.

Pensé: ¡Qué superstición más tonta! ¡Hay que ver cómo está el mundo! ¡Deberían agradecer cualquier cosa que les dieran!
- Lo siento. Ahora estoy muy atareada.  A lo mejor después se lo puedo cambiar.

Me fui corriendo para llenar otra vez la bandeja y me olvidé al instante de la señora.

Con la bandeja llena de tortas llegué corriendo a la sección de mujeres, en la planta baja. Abrí la puerta del cuarto apoyándome de espaldas y una vez dentro, di la vuelta; cuando vi lo que había allí, me estremecí de tal modo que la bandeja me empezó a temblar en mis manos.  ¡En aquel cuarto feo y deslucido, acostada en un camastro de sábanas grises y con un camisón raído, estaba mi madre!  ¿Mamá?  ¡No puede ser!  ¡Mamá está muerta! y de estar viva, no se encontraría en un lugar así. Se trataba de un asilo para ancianos sin familia, gente pobre y enferma que no tenía donde estar ni quien la cuidara.

No podía ser; los ojos me estaban haciendo una jugarreta.  Cuando volví a abrirlos pude ver mejor a la mujer demacrada que ocupaba el cuarto. No era mi madre, sino una viejita de cabello gris y ojos azules, que ni se parecía mucho a ella. ¿Qué me habría pasado que pensé que esa pobre mujer era mi madre?  Sería la madre de otro, no la mía. Entonces, ¿por qué no me sentí aliviada? Todo lo contrario, me embargó un dolor inmenso y se me hizo un nudo en la garganta.

Sin pronunciar palabra, volví a salir justo a tiempo para que no me viera llorar. Por el oscuro pasillo retorné a la mesa en la que se encontraba Gladys trabajando, muy animada. Se me debía de notar lo mal que me sentía, porque su expresión cambió en cuanto me vio y me dijo:
- ¿Qué te pasa, Betty? me preguntó, rodeándome con el brazo.
- Es que vi a mi madre... dije sollozando. ¡Acabo de ver a mi madre allí en un cuarto! No puedo seguir.
- Lo que te pasa es que estás agotada. Tómate un descanso.

Varias personas que se encontraban por allí cerca empezaron a mirarme. Agarré una servilleta y me fui corriendo para que no me vieran llorar.  Me dirigí a un rincón de la sala donde no había luz y me senté sollozando:
- Señor recé, ¿qué me pasa? ¿Me estoy volviendo loca?, y casi al instante oí su respuesta, que no me llegó con palabras audibles sino en mis pensamientos: «Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres... y no tengo amor, de nada me sirve.».

Caí en la cuenta de que esas palabras iban sin duda alguna dirigidas a mí.  Ese día yo había preparado tortas, caminado kilómetros, llevado comida a muchas personas, pero, ¿para qué? ¿A quién había estado sirviendo?  ¿A quién había tratado con cariño?  ¡Ni siquiera me había molestado en mirar a nadie!  Los ancianos no significaban nada para mí, ni veía sus rostros... hasta que vi en alguien que sufría el rostro amado de mi madre. Entonces cobraron vida para mí los ancianos:
- Perdóname, Señor dije en voz baja. Lo he hecho todo al revés. Tengo que volver a empezar.

Respiré profundamente, me enjugué las lágrimas y volví a la mesa de los pasteles. Gladys me miró desde donde estaba ocupada y me dijo:
- Ya has hecho bastante por hoy, Betty. ¿Por qué no te vas a casa a descansar?
- No me pidas que me vaya le respondí. En realidad, recién voy a empezar como debe ser.

Cuando estaba a punto de irme cargando otra bandeja, de pronto me acordé:
- Gladys, ¿tienes otro regalo para señoras? Tengo que cambiar uno.

Ella me pasó una cajita que contenía un broche de piedras rojas con forma de corazón:
- Gracias, es ideal le dije, agarrándola y alejándome deprisa hacia el patio.

Haz que encuentre a esa mujer, oré para mis adentros. Ni me había molestado en mirarle la cara. Había estado demasiado ocupada para prestarle alguna atención. Busqué entre todos los ancianos, de fila en fila. A todos se les veía contentos, cantando villancicos mientras resonaba la música. Por primera vez en todo el día, empecé a sentirme feliz. Entonces vi el andrajoso vestido estampado. La señora estaba sentada contra la pared, sola, teniendo en su regazo los caramelos sin desenvolver y las perlas. Se veía muy triste y desdichada. Me acerqué corriendo y le hablé:
- La he buscado por todas partes. Tome, le traje un regalo diferente.

Alzó la vista sorprendida y luego, casi como quien pide perdón, agarró la caja y la abrió. Los ojos se le iluminaron y sonrió de oreja a oreja encantada:
- Muchas gracias, señorita exclamó, es muy bonito.

De nuevo se me hizo un nudo en la garganta, pero esta vez no me importó:
- Deje que se lo coloque le dije. Y déme esas perlas, que ninguna falta nos hacen las lágrimas en Navidad.

Cuando me fui, la dejé cantando en el patio con los demás y me dio la impresión de que se me quitaba un peso tremendo de encima.  Sólo me quedaba una cosa por hacer antes del fin de la fiesta: volver al cuarto de la sección de mujeres, en la planta baja. De alguna forma tenía que darle las gracias a aquella anciana, pero no sabía cómo. Cuando empujé la puerta, me encontré a la señora sentada en la cama, comiéndose la torta y cuando entré sonrió:
- Feliz Navidad mamita, le dije.
- ¡Qué bueno que haya vuelto me contestó! Quería darles las gracias a todas las señoras por venir y hacernos la fiesta. Me gustaría hacerle un regalo, pero no tengo nada que le pueda dar. ¿Le puedo cantar una canción?

Ya no me podía contener más y asentí con la cabeza. Me senté en la cama mientras ella me interpretó, con voz chillona, tres estrofas de una canción muy triste que jamás había escuchado en mi vida. Pero el resplandor de sus ojos pudo más que la letra y dejó en mí bien claro el mensaje de la Navidad: ¡Compartir con los demás!

Autor desconocido


Nuevo video y artículo

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"Juan Pablo II inolvidable"
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Pensamientos sanadores


Aprendiendo a vivir

Como cada día es único y diferente en miles de pequeñas situaciones y detalles, el aprendizaje ha de ser algo permanente.
Los estados emocionales propios difieren cada día, como así también les sucede a quienes nos rodean.
También las circunstancias exteriores se modifican constantemente. Por eso, podemos afirmar que la vida nunca es estática.
Así como en un río, las aguas se mueven continuamente, así como las olas del mar nunca se detienen, tampoco lo hacen nuestros ciclos biológicos y el acontecer cotidiano.
La vida es una escuela en la cual tenemos un incesante aprendizaje. Por lo tanto, no debemos vivir con estructuras mentales rígidas y monolíticas, pues el Espíritu de Dios siempre quiere enseñarnos algo nuevo.
Entremos, cada día, a la presencia del Señor y a la escuela de la Virgen María, donde ella, con su magisterio maternal e intercesor, nos enseña a vivir cada día un poco mejor. 

¡Aprendan a hacerse el bien! Isaías 1, 17.


Pedidos de oración


Pedimos oración por la Paz del Mundo; por la Santa Iglesia Católica; por el Papa, los sacerdotes, diáconos, seminaristas, catequistas y todos los que componemos el cuerpo místico de Cristo; por la unión de los cristianos para que seamos uno, así como Dios Padre y nuestro Señor Jesucristo son Uno junto con el Espíritu Santo; por las misiones, por nuestros hermanos sufrientes por diversos motivos especialmente por las enfermedades, el hambre y la pobreza; por los presos políticos y la falta de libertad en muchos países del mundo, por la unión de las familias y la fidelidad de los matrimonios; por el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas, y por las Benditas Almas del Purgatorio.

Pedimos oración por René R. A., de 71 años de edad, que vive en Guatemala, y está internado en terapia intensiva en el Hospital General San Juan de Dios,  con un problema pulmonar severo, insuficiencia respiratoria y shock séptico, intubado y conectado a respirador artificial hace más de veinte días. Que el Señor permita su recuperación, que pueda ser retirado de la respiración asistida, y sus pulmones comiencen a curarse. Amén.

Pedimos oración por el eterno descanso del alma de Daniela M., de 24 años, de Chile, que de paseo en República Dominicana, contrajo con una meningitis fulminante que la llevó a los brazos de Dios. Que la Santísima Virgen fortalezca y consuele a su familia.

Tú quisiste, Señor, que tu Hijo unigénito soportara nuestras debilidades,
para poner de manifiesto el valor de la enfermedad y la paciencia;
escucha ahora las plegarias que te dirigimos por nuestros hermanos enfermos
y concede a cuantos se hallan sometidos al dolor, la aflicción o la enfermedad,
la gracia de sentirse elegidos entre aquellos que tu hijo ha llamado dichosos,
y de saberse unidos a la pasión de Cristo para la redención del mundo.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Amén

Nota de Redacción:
Para dar curso a los Pedidos de Oración es imprescindible dar los siguientes datos: nombres completos de la persona (habitualmente no publicamos apellidos), ciudad y país donde vive, y explicar el motivo de la solicitud de oración. Por favor: en los pedidos ser breves y concretos y enviarlos a pequesemillitas@gmail.com y deben poner en el asunto “Pedido de oración”, ya que los correos que llegan sin asunto (o con el asunto en blanco) son eliminados sin abrirlos. No se reciben pedidos de oración a través de Facebook ni por otro medio que no sea el correo antes señalado.
Los Pedidos de Oración se publican de lunes a sábados. Los domingos se publican los agradecimientos por las gracias concedidas.


"Intimidad Divina"

Buscar a Dios en amor

“Aunque se retiren los montes y también los collados, no se apartará de ti mi amor, ni mi alianza de paz vacilará, dice el que se apiada de ti, Yahvé” (Is 54, 10). De esta manera revelaba el Señor a Israel la eterna fidelidad de su amor. Por encima de la omnipotencia de Dios, de su grandeza y justicia infinitas prevalece su amor o, mejor dicho, todo en Dios es amor. Por amor Dios crea, atrae hacia sí, castiga el pecado, promete al Redentor y mantiene para siempre su afecto y sus promesas. “Dios es amor” (1 Jn 4, 16) y quiere que el hombre le pague con amor. Si el grande acto de la fe es creer en el amor de Dios, el grande acto del amor es comprometer la vida entera en pagar el amor de Dios. La criatura que cree con todas sus fuerzas que Dios es verdaderamente Dios, que es el ser supremo, a quien todos pertenecemos y que merece todo nuestro amor, “merecerá que el amor la descubra lo que en sí encierra la fe” (Cántico 1, 11). El mismo Jesús dijo: “El que me ama… yo le amaré y me manifestaré en él” (Jn 14, 21).

El amor teologal, don divino que hace al hombre capaz de amar a Dios, es pura benevolencia; su pureza es la condición de su intensidad: es decir, que este amor debe consistir en el solo deseo de agradar a Dios y de hacer su voluntad, sin buscar satisfacciones personales. El amor con que tenemos que ir a Dios, no consiste en el sentimiento, sino que es un acto de la voluntad. Amar a Dios es “querer bien a Dios”. Y el bien que podemos desear a Dios, el mismo Jesús nos lo dijo cuando nos enseñó a orar: “Santificado sea tu nombre; hágase tu voluntad”. Siendo Dios el Bien infinito del que todo depende, el bien que él desea no es otro que su gloria y el cumplimiento de su voluntad.

Según esto amamos a Dios en la medida en que nos entregamos al cumplimiento de su voluntad, sin preocuparnos de otra cosa ni buscarnos a nosotros mismos. El alma que en todo momento y en todas sus acciones no busca más que cumplir la voluntad de Dios, ama realmente a Dios y vive unida verdaderamente con él, aunque no sienta ninguna suavidad. Pero, como es verdad que, “si el alma busca a Dios, mucho más la busca su Amado a ella” (S. Juan de la Cruz, Llama, 3, 28), algunas veces Dios la atraerá a sí, dándole a gustar la suavidad de su amor y el gozo de ser toda suya. Pero ni aun entonces puede detenerse en dichas consolaciones para satisfacerse a sí misma, sino que aceptándolas humildemente, las aprovechará para darse a Dios con mayor decisión y generosidad.

¡Oh sumo y eterno Bien! ¿Quién te ha movido a ti, Dios infinito, a iluminarme a mí, criatura tuya, finita, con la luz de la verdad? Tú mismo, fuego de amor, eres la causa, porque es siempre el amor el que te obliga a crearnos a imagen y semejanza tuya, a tener misericordia de nosotros, dando gracias infinitas y desmesuradas a tus criaturas racionales. ¡Oh Bondad sobre toda bondad! Tú solo eres el que eres, sumamente bueno, y tú fuiste el que nos dio el Verbo de tu unigénito Hijo para tratar con nosotros, que somos corrupción y tinieblas. ¿Cuál fue la causa de esto? El amor. Porque nos amaste antes que fuésemos, ¡oh Bondad, oh eterna grandeza! Te rebajaste y te hiciste pequeño para hacer grande al hombre. A cualquier parte donde me vuelvo, no encuentro más que abismo y fuego de tu caridad. (Santa Catalina de Sena, Diálogo)

P. Gabriel de Sta. M. Magdalena O.C.D.
Jardinero de Dios
-el más pequeñito de todos-
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