Año
21 - Número 6234 ~ Domingo 15 de Febrero de 2026
Desde
la ciudad de Córdoba (Argentina)
¡Alabado sea Jesucristo! Dios está vivo en su Palabra para iluminarte, consolarte, fortalecerte…
Pero debes acercarte a ella con verdadera fe. Antes de leerla es adecuado que
te pongas en la presencia del Señor con alguna oración que te ambiente en un
clima de devoción y acogida cordial del don de Dios. Puede servirte la que
sigue: «Dios, mi Padre bondadoso. Estoy rodeado de ruidos y voces. Estoy cansado
de escuchar palabras sin verdad, sin el calor de la intimidad personal, sin la
eficacia del amor comprometido. Tú, Señor, me hablas con una Palabra nueva. Por
eso quiero escucharte. Porque tu Palabra me muestra la verdad, me revela la
eficacia de tu amor, me ofrece la participación en tu misma vida. Señor, que tu
Palabra se haga carne en mi vida. Te ofrezco un corazón pobre y abierto.
Siembra en mí tu Palabra, que tu Espíritu la haga fecunda, como en el seno de
María, la santísima Virgen y Madre de Jesús. Y seré en el mundo el eco de tu
voz, la proclamación de tu Evangelio. Amén». La actitud de humilde escucha es decisiva para leer con provecho, pero es
un don que debes pedirle al Señor con la confianza de un hijo. Y el libro
sagrado te animará con promesas de vida sin fin, será para ti una escalera para
subir al cielo, te ofrecerá normas simples de vida inocente y te descubrirá el
amor entrañable de Dios por ti. Que sea tu alimento cotidiano. (PADRE NATALIO BÉRTOLO)
El domingo pasado nos decía Jesús que los que sus discípulos son luz para
el mundo. Pero no una luz por cuenta propia, sino reflejo del mismo Jesús. Por
lo tanto nos interesa saber cuál es el pensamiento de Jesús. Hoy nos va a hablar de su relación con los mandamientos de Dios, o sea lo
que decía la Ley y los profetas. Casi todo el sermón de la montaña es una
contraposición con lo que pensaban los fariseos, o más bien los maestros de la
ley. Éstos basaban la perfección en el cumplimiento externo de la Ley, expuesta
principalmente en los cinco primeros libros de la Biblia. Jesús da un total giro hacia el interior de las personas. Proclama que lo
más importante es el amor. Claro que el amor se demuestra con el cumplimiento
de los mandamientos; pero hay muchas tonalidades en dicho cumplimiento. Hoy la primera gran idea que nos dice es que él no ha venido para abolir
la ley, sino para darle plenitud. Esto lo decía sobre todo, porque, como
insistía tanto en el amor y en el cumplimiento interior, a algunos les parecía
que despreciaba las leyes externas, que para los judíos eran sagradas. Jesús
nos dice que no se trata de despreciar las leyes antiguas, que sabemos cumplía,
sino darlas vida, de modo que no nos contentemos con el cumplimiento externo
sino que pongamos el corazón en ello. Es necesario por tanto mirar al espíritu de la ley. Por eso proclama Jesús
que quien quiera ser discípulo suyo debe ser mejor que los escribas y fariseos
para poder entrar en el Reino de los cielos. Después va a reflexionar sobre
algunos mandamientos, distinguiendo lo que se decía al menos popularmente y lo
que él complementa: “Pero yo os digo”. Se necesita mucha autoridad para
contradecir a los que se creían sabios y custodios de la Ley. Comienza a explicar el mandamiento que dice: ”no matarás”. Los que comentaban
la palabra de Dios, de forma externa y según suena, se quedaban en lo externo.
Por lo tanto veían que estaba prohibido el homicidio. Pero Jesús explica que
hay muchas formas de matar. Y especialmente matar con el corazón. Y lo que se
produce en el corazón suele salir por la boca. Por lo tanto hay insultos que
son grandes pecados porque son expresión de una muerte que uno ha decretado en su
corazón. De ahí que es pecado todo enfado, cuando encierra un desprecio o una enemistad.
De tal manera que es más importante ponerse en amistad con esa persona que
ofrecer o asistir a un acto de culto a Dios. Esto porque un verdadero acto de
culto a Dios no es tal si se realiza envuelto en un odio al hermano. Jesús
diría en varias ocasiones, recordando a los profetas: “Prefiero la misericordia
al sacrificio”. Otro mandamiento que trata Jesús es sobre el adulterio. En aquella sociedad
muy machista se habla especialmente del pecado humano. Jesús nos dice que hay
muchos adulterios internos, por un mal deseo en el corazón. Es una opción
personal, interior; pero que en el corazón está maltratando la unión de dos
seres que han querido dar su grandeza y alegría al dirigirse juntos hacia la
gracia de Dios. Otra tercera ley está en el cumplimiento de la palabra dada. Era un poco
complicado lo que los maestros de la ley habían organizado sobre los
juramentos, es decir el poner a alguien superior por testigo de la verdad
proclamada. Nos dice Jesús que a un cristiano le basta decir “sí o no”. Es
decir que su palabra debe tener validez, como su vida. El invocar a Dios para
que me crean es signo de inmadurez. Los mandamientos de Dios estaban redactados de forma negativa: se acentuaba
lo que no se debía hacer. Pero Jesús nos viene a enseñar el aspecto positivo:
Todo debe realizarse por medio del amor. Quienes se fijan en este aspecto
positivo, poniendo mucho amor en cada ley de Dios no sólo cumplen el
mandamiento de una manera demasiado justa, sino que van ascendiendo en la unión
con el Señor. (P. Silverio Velasco – Imagen: Misioneros Digitales Católicos)
Agradecimientos
Imaginemos que en el cielo hay dos oficinas diferentes para
tratar lo relativo a las oraciones de las personas en la tierra: Una es para receptar pedidos de diversas gracias, y allí
los muchos ángeles que atienden trabajan intensamente y sin descanso por la
cantidad de peticiones que llegan en todo momento. La otra oficina es para recibir los agradecimientos por las
gracias concedidas y en ella hay un par de ángeles aburridos porque
prácticamente no les llega ningún mensaje de los hombres desde la tierra para
dar gracias... Desde esta sección de "Pequeñas Semillitas"
pretendemos juntar una vez por semana (los domingos) todos los mensajes para la
segunda oficina: agradecimientos por favores y gracias concedidas como
respuesta a nuestros pedidos de oración. 💕Desde Canadá, nuestra
amiga Elena Chávez-Bravoescribe y dice: «Deseo agradecer con alma y
corazón la Luz en nuestras vidas y la presencia de Dios y seres divinos en el
camino de vida de todos los míos... Poco a poco van desenredándose los
muchísimos nudos y obstáculos que desde hace 4 años nos siguen. No reniego
Señor, solo te pido fortaleza, misericordia y alivio para mis hijos, por
enfermedades, documentos legales y algunos malos entendidos que no deseamos. Tu
celestial armonía reine en mi familia Te lo imploro mi Señor...Gracias por que
nos oyes. Amén». 💕 Desde Bogotá, Colombia, nuestro amigoCarlos
Cardona Ortiz envía dos agradecimientos. - El primero dice: «Doy gracias a Dios por
la vida de mí madreCarlota Ortiz de Cardona, quien acaba de cumplir 90
años. Doy gracias a Dios por su salud y bienestar, por su lucidez y templanza,
por el amor que prodiga a mis hermanos, a sus nietos, sobrinos y sobrinas y a
sus hermanas que le sobreviven. Doy infinitas gracias al Señor y a nuestra
Señora de Guadalupe por quien tiene una significativa devoción. Te doy gracias
a ti mi apreciado Felipe por tus oraciones, así como a Pequeñas Semillitas y
las personas que oran y simpatizan por este hermoso jardín que abre sus puertas
a la fe, la caridad, la esperanza y la oración». - La segunda nota de agradecimiento dice: «Acabo
de salir de la cita de control posoperatorio de próstata y cuyo resultado de
patología salió negativo para cualquier malignidad. Agradezco infinitamente tus
oraciones y aquellas que han hecho las personas y comunidades de Pequeñas
Semillitas. Gracias a Dios la hiperplasia prostática ha sido controlada.
Gracias a los galenos que me intervinieron que, estoy seguro, fueron guiados
por el Señor con la firme intercesión de nuestra Madre, la Virgen María». Oremos:Bendito seas,
Dios mío, porque a pesar de ser yo indigno de toda ayuda, tu generosidad e
infinita bondad nunca dejan de otorgar el bien aún a los ingratos y a los que
se han apartado de ti. Conviértenos a ti, para que seamos agradecidos, humildes
y piadosos, pues Tú eres nuestra salud, nuestra fortaleza y nuestra salvación.
Meditación Dominical
Observemos la estructura de los dichos en el
Evangelio de hoy. Cada uno comienza: «Habéis oído del mandamiento...». Luego,
Jesús presenta su enseñanza singular: «Pero yo os digo...». Da crédito a la
enseñanza anterior y, con ejemplos específicos, llama a sus discípulos a una
mayor justicia, una «ley» más rigurosa. Una «nueva ley». Los cristianos estamos llamados a una forma
diferente de vivir, tanto en nuestras relaciones mutuas como con el mundo.
Buscamos la reconciliación donde hay ira y alienación. Aceptamos controlar
nuestros deseos a pesar de las licencias del mundo que nos rodea. Somos fieles
unos a otros y, por eso, cuando hacemos promesas, las cumplimos. ¿Qué nos ayudará a afrontar los desafíos que Jesús
nos presenta? Ciertamente, no podemos hacerlo simplemente apretando los dientes
y trabajando arduamente. En cambio, fijemos la mirada en Jesús y nos busquemos
mutuamente con amor y apoyo. ¿Suena idealista? Sí, pero Jesús no nos pediría
que cumpliéramos algo que Él no nos ayudaría a lograr. La vida de Jesús nos mostró cómo es el Sermón
encarnado. Él es ahora nuestro sabio maestro, quien nos muestra el camino a la
vida y nos da su Espíritu para ayudarnos a elegir esos caminos vivificantes.
Sus discípulos deben seguir encarnando el Sermón en sus vidas. Sean cuales sean
nuestras circunstancias, quienes nunca hayan leído el Sermón del Monte deberían
poder comprender su contenido examinando nuestras vidas. (P. Jude Siciliano OP)
Los cinco minutos de San Francisco
Febrero: Señora pobreza Día 15 Tú, señora Pobreza, esposa fiel y dulce amante, no
te alejaste en ningún momento de tu Señor; incluso te mantenías más firmemente
unida a él cuando veía que más despreciado era. Es evidente que si tú no lo
hubieras acompañado, nunca habría podido recibir un menosprecio tan universal. Tú estabas con él en los insultos de los fariseos,
en los reproches de los príncipes de los sacerdotes; con él en las bofetadas,
en los salivazos, en los azotes. Él, que debía ser reverenciado por todos, era
ultrajado por todos; sólo tú lo consolabas. No lo abandonaste hasta la muerte,
y una muerte de cruz. Y en la misma cruz -desnudo ya el cuerpo, extendidos los
brazos y sujetas las manos y los pies- sufrías junto a él, de manera tal que en
el Crucificado nada aparecía más glorioso que tú. Finalmente, cuando subió al cielo, te hizo entrega
del sello del Reino de los cielos para marcar a los elegidos, de modo que
cuantos aspiran al Reino eterno deban acudir a ti, pedir tu auxilio y entrar
por tu intermedio, porque nadie que no esté sellado con tu distintivo puede
ingresar en él. (Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
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