PEQUEÑAS
SEMILLITAS
Año
21 - Número 6226 ~ Sábado 7 de Febrero de 2026
Desde
la ciudad de Córdoba (Argentina)
¡Alabado sea Jesucristo!
Don Bosco vivió con una mirada fija en el Cielo y otra en las realidades
de este mundo para orientarlo a la felicidad que no tiene fin. Pero trabajó sin
cansancio en cambiar las situaciones de desprotección y abandono de niños y
jóvenes pobres. En sus escritos hay pensamientos que brotaron de su profunda
visión de fe. Son joyas de sólida espiritualidad. He aquí algunos:
La vida es demasiado corta. Hay que hacer de prisa lo poco que se pueda,
antes que nos sorprenda la muerte. Los ociosos, al final de la vida,
experimentarán grandes remordimientos por el tiempo perdido. Las espinas de la
vida serán las flores de la eternidad. A la hora de la muerte se ven las cosas
desde otro punto de vista. ¿Quieres llevar contigo el dinero a la eternidad? Da
limosna a los pobres. Hagamos el bien que podamos y no aguardemos la recompensa
del mundo, sino solamente de Dios. Un trocito de paraíso lo arregla todo.
Qué aire celestial traen estas consignas que san Juan Bosco repetía en las
homilías y confesiones, y a veces al oído de un muchacho triste en un rincón
del patio. Son pensamientos simples, pero nos invitan a pensar en otra
dimensión, con parámetros de eternidad. ¿Por qué no enriquecerte con estas
perspectivas de la vida en abundancia?
(PADRE NATALIO BÉRTOLO)
La Palabra de Dios
Lecturas del día
- SÁBADO 4 DEL TIEMPO ORDINARIO A -
♡ Primera Lectura: 1 Reyes 3, 4-13
♡ Salmo: Sal 118
♡ Santo Evangelio: Mc 6,30-34
En aquel tiempo, los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo
lo que habían hecho y lo que habían enseñado. Él, entonces, les dice: «Venid
también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco». Pues
los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. Y se
fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario. Pero les vieron marcharse y
muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades
y llegaron antes que ellos. Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión
de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles
muchas cosas.
♡ Comentario:
Hoy, el Evangelio nos plantea
una situación, una necesidad y una paradoja que son muy actuales.
Una situación. Los Apóstoles están “estresados”: «Los que iban y venían
eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer» (Mc 6,30). Frecuentemente
nosotros nos vemos abocados al mismo trasiego. El trabajo exige buena parte de
nuestras energías; la familia, donde cada miembro quiere palpar nuestro amor;
las otras actividades en las que nos hemos comprometido, que nos hacen bien y,
a la vez, benefician a terceros... ¿Querer es poder? Quizá sea más razonable
reconocer que no podemos todo lo que quisiéramos.
Una necesidad. El cuerpo, la cabeza y el corazón reclaman un derecho:
descanso. En estos versículos tenemos un manual, frecuentemente ignorado, sobre
el descanso. Ahí destaca la comunicación. Los Apóstoles «le contaron todo lo
que habían hecho» (Mc 6,30). Comunicación con Dios, siguiendo el hilo de lo más
profundo de nuestro corazón. Y —¡qué sorpresa!— encontramos a Dios que nos
espera. Y espera encontrarnos con nuestros cansancios.
Jesús les dice: «Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para
descansar un poco» (Mc 6,31). ¡En el plan de Dios hay un lugar para el
descanso! Es más, nuestra existencia, con todo su peso, debe descansar en Dios.
Lo descubrió el inquieto Agustín: «Nos has creado para ti y nuestro corazón
está inquieto hasta que no descanse en ti». El reposo de Dios es creativo; no
“anestésico”: toparse con su amor centra nuestro corazón y nuestros
pensamientos.
Una paradoja. La escena del Evangelio acaba “mal”: los discípulos no
pueden reposar. El plan de Jesús fracasa: son abordados por la gente. No han
podido “desconectar”. Nosotros, con frecuencia, no podemos liberarnos de
nuestras obligaciones (hijos, cónyuge, trabajo...): ¡sería como traicionarnos!
Se impone encontrar a Dios en estas realidades. Si hay comunicación con Dios,
si nuestro corazón descansa en Él, relativizaremos tensiones inútiles... y la
realidad —desnuda de quimeras— mostrará mejor la impronta de Dios. En Él, allí,
hemos de reposar.
* Rev. D. David COMPTE i Verdaguer (Manlleu, Barcelona, España) © Textos
de Evangeli.net – Imagen: Misioneros Digitales Católicos.
Santoral Católico:
Religioso Lasallista
Nació el año 1854 en
Cuenca (Ecuador). Ingresó en la congregación de los Hermanos de las Escuelas
Cristianas en 1868. Desarrolló un largo e intenso apostolado como maestro,
escritor y sobre todo catequista; nada le impedía la asiduidad a la oración ni
el fomento de su devoción a la Virgen. Publicó muchas obras y tradujo numerosos
textos didácticos. En 1892 ingresó en la Academia Ecuatoriana de la Lengua. En
1907 pasó a la casa general en Bélgica, pero pronto, por motivos de salud, se
trasladó a Premiá de Mar, cerca de Barcelona (España), donde falleció el 9 de
febrero de 1910.
Para más información hacer clic acá.
(Directorio Franciscano – Catholic.net)
Palabras de Juan Pablo I
«Dios detesta las faltas,
porque son faltas. Pero, por otra parte, ama, en cierto sentido, las faltas en
cuanto le dan ocasión a Él de mostrar su misericordia y a nosotros de
permanecer humildes y de comprender también y compadecer las faltas del prójimo»
Tema del día:
Cuatro conceptos
MUERTE: Dios no ha creado la
muerte, sino que ésta vino por el pecado del hombre y es como su salario, por
eso los hombres no estamos preparados para morir, ya que tenemos deseos de
eternidad y nos repugna la muerte. Pero ésta llegará inexorablemente, y por eso
es mejor prepararse a dar ese paso tan importante, ese salto a la eternidad del
cual dependerá nuestro destino eterno. La muerte no se puede esquivar ni
posponer, ya que Dios la ha fijado desde toda eternidad y Él sabe en qué
momento sucederá, aunque no lo sabemos nosotros, que siempre tenemos que estar
preparados, viviendo en gracia de Dios y nunca en pecado mortal.
JUICIO: Pero lo más importante
luego de la muerte es el Juicio de Dios, el Juicio particular, cuando estemos
nosotros solos ante la Majestad de Dios, que llevará a juicio todas nuestras
acciones, palabras, pensamientos y omisiones. Está el juicio particular que cada
uno sufre inmediatamente después de la muerte, y el Juicio Final, que sucederá
al fin del mundo, cuando el Señor resucite a todos los hombres, desde Adán y
Eva hasta el último que haya existido. Terrible momento ese, donde quedará
patente a todo el universo quién era el que estaba en lo correcto y quién fue
el verdadero fracasado.
INFIERNO: Y los que mueran en
pecado mortal, inmediatamente serán precipitados en el Infierno eterno, que
como define la Santa Madre Iglesia es “todo mal sin mezcla de bien alguno”.
Pensemos un poco y hagamos de cuenta que el Infierno sólo fuera un simple dolor
de muelas, e imaginemos que ese dolor de muelas durará por un año. ¡Sería muy
duro soportarlo! ¡Pero si nos enteramos que ese dolor de muelas nos durará toda
la vida, sería terrible! ¡Más
tremendo y descabellado sería si ese dolor de muelas se prolongaría para
siempre, para toda la eternidad! Bueno, pensemos que el Infierno, que es
eterno, no es un simple dolor de muelas, lo cual ya sería espantoso. Ojalá
estas consideraciones nos hagan recapacitar y volver al buen camino, haciendo
una sincera confesión con el sacerdote y dejar de lado el pecado que día a día
nos acerca más al Abismo Infernal.
CIELO: Y el Cielo es, como lo
define la Iglesia Católica: “Todo bien sin mezcla de mal alguno”. No podemos
imaginarnos lo que es el Cielo. Pero la Virgen ha dicho en uno de sus mensajes
que si los hombres supiéramos lo que es el Paraíso, haríamos “cualquier cosa”
para ir allí. Y “cualquier cosa” significa que nos entregaríamos a las más
duras penitencias y renuncias, mortificaciones y sacrificios, con tal de ir al
Cielo a gozar de esa Felicidad que “ni ojo vio, ni oído oyó, ni vino jamás a la
mente del hombre”, como bien lo ha dicho el Apóstol.
(Sitio Santísima Virgen)
Biblioteca de “Pequeñas Semillitas”
Contiene más de 380
artículos que han sido publicados
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Humor de sábados
Lo contó el Papa Francisco
Francisco cuenta la historia de un jesuita bastante vanidoso que, por un
problema de corazón, tiene que ser ingresado en el hospital para cirugía.
Antes de entrar en el quirófano, este jesuita preguntó a Dios: “Señor, ¿ha
llegado mi hora?”
Dios le respondió: “No todavía, vivirás al menos otros cuarenta años”
En cuanto se recuperó, aprovechó para hacerse un trasplante de pelo, un
lifting facial, una liposucción de párpados y dientes nuevos… En resumen, salió
de la operación convertido en un hombre nuevo. Pero cuando salía del hospital,
fue atropellado por un coche y murió.
En cuanto se presentó ante Dios, protestó: “Señor, pero… ¡Me dijiste que
viviría otros cuarenta años!”
Y Dios le respondió: “¡Uy, perdona! Con tantos cambios no te había
reconocido”.
Meditaciones de “Pequeñas Semillitas”
Hay que tener coraje para enfrentarse con un león o
alguna bestia salvaje. Pero más coraje hay que tener para enfrentarse con el
mundo, que está en poder de Satanás, que es la peor Bestia que podamos
imaginar. Y hay que tener coraje también para enfrentarnos a la propia bestia
qua cada hombre lleva en su interior, es decir, la carne con todas sus pasiones
desordenadas.
Estos tiempos son malos, y necesitamos de mucho
coraje para enfrentar las burlas y escarnios de quienes no creen y se mofan de
la religión.
Coraje también se necesita para extirpar de raíz las
malas costumbres y apegos desordenados que tenemos a las criaturas, y animarnos
a seguir a Cristo por el camino estrecho de la cruz y del cumplimiento del
deber.
En definitiva, para ser héroes, no es necesario
emprender una aventura a parajes distantes y peligrosos, sino que basta que nos
decidamos a tratar de vivir en gracia de Dios, y los enemigos aparecen solos,
por todas partes.
Tratemos de ser santos de verdad, y veremos cómo por
todos lados surgen enemigos que con lisonjas o amenazas, querrán desalentarnos
y acobardarnos. Es aquí donde necesitamos poner coraje, porque el Cielo es de
los esforzados y no de los miedosos.
🌸
El musulmán se vuelve varias veces al día hacia la
Meca en recuerdo de su profeta. ¿Y los cristianos no tienen suficientes motivos
para volverse hacia el Cielo y recordar a su divino Redentor y a su Madre
bendita? La Iglesia nos recuerda el Ángelus, esa oración que uno reza al son de
las campanas, en la mañana, al mediodía y en la tarde, para venerar a la Madre
de Dios y adorar al mismo tiempo el misterio de la Encarnación.
La costumbre de sonar las campanas varias veces al
día data del tiempo de las Cruzadas (1095). La práctica existía sin duda ya
antes para advertir a los fieles por medio de las campanas que era la hora de
rezar. Pero después de las Cruzadas, repican regularmente en la mañana, una
media hora antes de que salga el sol y en la tarde una media hora antes de que
se ponga, para comprometer a los fieles a que recen al Señor por la conquista
de la Tierra Santa (Papa Urbano II, 1095). El repique del medio día se estableció
solamente más tarde (Papa Calixto III, 1456).
Al principio solo se rezaba un Padre Nuestro,
después se agregó el Ave Maria. Más adelante los papas ordenaron sonar tres
veces (en honor de la Santa Trinidad) y rezar tras cada repique un Ave María,
para pedirle a la Madre de Dios la destrucción de las herejías.
Los cinco minutos de San Francisco
Febrero: Señora pobreza
Día 7
Que los hermanos tengan cuidado de no recibir en
modo alguno iglesias, casas -inclusive modestas- ni nada de lo que se construye
para ellos, si estas no son como conviene a la santa pobreza que prometimos en
la Regla de vida, hospedándose allí siempre como forasteros y peregrinos.
(Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
FELIPE
-Jardinero de Dios-
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