domingo, 8 de febrero de 2026

Pequeñas Semillitas 6227

PEQUEÑAS SEMILLITAS
 
Año 21 - Número 6227 ~ Domingo 8 de Febrero de 2026
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
¡Alabado sea Jesucristo!
Los amigos son escasos. Los puedes contar con los dedos de la mano y siempre te sobrarán dedos. Por eso tal vez no tengas muchos, pero los que tienes siempre serán suficientes para llenar tu alma. Un amigo es como la perla evangélica que, cuando la encuentras, vas y vendes todo, con tal de poseerla.
Construía Sócrates una pequeña casa, cerca de Atenas, cuando algunas personas le preguntaron para qué serviría esa minúscula habitación. Él contestó que era para sus amigos. Admirados le replicaron que ahí no cabría casi nadie y entonces, con su ya tradicional y fina ironía, respondió: ¡Qué diera yo por poder llenarla!
Un amigo no es un hermano de sangre, sino del corazón. Por eso un hermano puede ser tu amigo, pero un amigo siempre será tu hermano. Un amigo siempre estará ahí, aun cuando no lo necesites. A un amigo lo necesitas porque lo quieres; no lo quieres porque lo necesitas. Con tus conocidos hablas, con tus amigos te comunicas. Un conocido te oye, un amigo te escucha, y lo más importante es que no te escucha con sus oídos, sino con su corazón. Dios te conceda el tesoro de uno o más amigos.
(PADRE NATALIO BÉRTOLO)
 
La Palabra de Dios
Lecturas del día
- DOMINGO 5 DEL TIEMPO ORDINARIO A -
Primera Lectura: Isaías 58, 7-10
 
Salmo: Sal 111, 4-5. 6-7. 8a y 9
 
Segunda Lectura: 1 Corintios 2, 1-5
 
Santo Evangelio: Mt 5,13-16
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos».
 
Comentario:
Hoy, el Evangelio nos hace una gran llamada a ser testimonios de Cristo. Y nos invita a serlo de dos maneras, aparentemente, contradictorias: como la sal y como la luz.
La sal no se ve, pero se nota; se hace gustar, paladear. Hay muchas personas que “no se dejan ver”, porque son como “hormiguitas” que no paran de trabajar y de hacer el bien. A su lado se puede paladear la paz, la serenidad, la alegría. Tienen —como está de moda decir hoy— “buenas radiaciones”.
La luz no se puede esconder. Hay personas que “se las ve de lejos”: Santa Teresa de Calcuta, el Papa, el Párroco de un pueblo. Ocupan puestos importantes por su liderazgo natural o por su ministerio concreto. Están “encima del candelero”. Como dice el Evangelio de hoy, «en la cima de un monte» o en «el candelero» (cf. Mt 5,14.15).
Todos estamos llamados a ser sal y luz. Jesús mismo fue “sal” durante treinta años de vida oculta en Nazaret. Dicen que san Luis Gonzaga, mientras jugaba, al preguntarle qué haría si supiera que al cabo de pocos momentos habría de morir, contestó: «Continuaría jugando». Continuaría haciendo la vida normal de cada día, haciendo la vida agradable a los compañeros de juego.
A veces estamos llamados a ser luz. Lo somos de una manera clara cuando profesamos nuestra fe en momentos difíciles. Los mártires son grandes lumbreras. Y hoy, según en qué ambiente, el solo hecho de ir a misa ya es motivo de burlas. Ir a misa ya es ser “luz”. Y la luz siempre se ve; aunque sea muy pequeña. Una lucecita puede cambiar una noche.
Pidamos los unos por los otros al Señor para que sepamos ser siempre sal. Y sepamos ser luz cuando sea necesario serlo. Que nuestro obrar de cada día sea de tal manera que viendo nuestras buenas obras la gente glorifique al Padre del cielo (cf. Mt 5,16).
* Rev. D. Josep FONT i Gallart (Getafe, España) © Textos de Evangeli.net 
 
Palabras del Santo Padre Pío
«Todo lo podría resumir así: me siento devorado por el amor a Dios y el amor por el prójimo. Dios está siempre presente en mi mente, y lo llevo impreso en mi corazón. Nunca lo pierdo de vista: me toca admirar su belleza, sus sonrisas y sus emociones, su misericordia y el rigor de su justicia»
 
Predicación del Evangelio:
Sal y Luz
¿Qué podríamos hacer para proyectar luz a éste nuestro mundo que yerra el camino al prescindir de Dios y, poniendo sus esperanzas en los bienes materiales, se encierra en sí mismo, como recurso fácil para una felicidad engañosa? ¿Cómo ayudar a que, por lo menos las personas más sensatas dejaran de mirarse a sí mismas y tuvieran ojos para mirar a un más amplio horizonte, para ver a Dios y a los otros hombres?
 
La palabra se la lleva el viento, las técnicas para animar grupos no siempre dan resultados y, frecuentemente, sirven para manipular y torcer el camino. Tan solo una convicción profunda y un ideal llevado a la vida tienen, por sí mismos, una fuerza de persuasión donde no es posible la trampa y donde nadie puede ser llevado a engaño.
 
Solamente cuando nosotros sabemos ver a Dios como nuestra única esperanza, y al otro como hermano nuestro brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía. El Señor nos lo advierte por el profeta Isaías: “Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres in techo, viste al que ves desnudo, y no te cierres a tu propia carne (…) Entonces romperá tu luz como la aurora, enseguida te brotará la carne sana”.
 
Este estilo de vida es ir a fondo en la práctica del propio ideal, desconfiando de las palabras y de la propaganda humana, como le ocurrió a San Pablo que, habiendo fracasado en Atenas cuando, con sabiduría humana, pretendía convencer a aquella población ilustrada. Después de aquel fracaso, abandonó todo recurso a la doctrina mundana y, cuando fue a Corinto para predicar allí el Evangelio, se confió exclusivamente a la fuerza del mensaje pascual: Cristo muerto y resucitado. Allí, confió únicamente en sus profundas convicciones y en la gracia que le acompañaba. Más tarde, escribe a los cristianos de Corinto lo que hemos escuchado en la carta de hoy: Cuando vine a vosotros para anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me aprecié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado. Me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu.
 
En este momento, podemos entender mejor las palabras de Jesús a sus discípulos: Vosotros sois la sal de la tierra (…) Vosotros sois la luz del mundo. Sal nos encarga Jesús que seamos, para dar gusto a la vida del mundo y para preservarlo de la corrupción. Luz tenemos que ser para que resplandezca delante de la gente y puedan ver claramente todos los que están en casa. Sal y luz que podremos ser tan solo desde unas convicciones profundas vividas con ilusión y sin somnolencia, y desde una vida generosa convertida en obras al servicio de los demás.
 
Y acaba el Evangelio de hoy, diciendo: Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo. Únicamente la vida lleva vida lleva vida y, nuestro mundo, alucinado por falsas esperanzas y aturdido con aparentes felicidades, tan solo puede despertar a una vida verdadera por la fuerza y el atractivo de aquellos que la viven ya ahora.
Texto: Mons. Enric Prat (España 1928-2023) – Imagen: Algo del Evangelio
 
Agradecimientos
Imaginemos que en el cielo hay dos oficinas diferentes para tratar lo relativo a las oraciones de las personas en la tierra:
Una es para receptar pedidos de diversas gracias, y allí los muchos ángeles que atienden trabajan intensamente y sin descanso por la cantidad de peticiones que llegan en todo momento.
La otra oficina es para recibir los agradecimientos por las gracias concedidas y en ella hay un par de ángeles aburridos porque prácticamente no les llega ningún mensaje de los hombres desde la tierra para dar gracias...
Desde esta sección de "Pequeñas Semillitas" pretendemos juntar una vez por semana (los domingos) todos los mensajes para la segunda oficina: agradecimientos por favores y gracias concedidas como respuesta a nuestros pedidos de oración.
 
💕 Desde Escobar, Buenos Aires, Argentina, nuestra lectora y amiga Patricia D., agradece a Dios y a las personas que rezaron cuando hizo el pedido de oraciones el 12 de enero por una biopsia de ganglios que le realizaron, la cual ha dado negativo para células cancerosas. Nos sumamos a la plegaria de acción de gracias.
 
💕 Desde Bogotá, Colombia, nos expresan sincero agradecimiento a Pequeñas Semillitas, así como a las personas y comunidades que han orado por la salud y pronta recuperación de Ángela María, quien fue intervenida en su rodilla por ruptura en sus ligamentos. Su posoperatorio, a pesar del dolor y de su relativa inmovilidad, ha evolucionado positivamente. Agradecemos continuar en oración por su recuperación definitiva y sus sueños de continuar su vida deportiva.
 
Oremos: Bendito seas, Dios mío, porque a pesar de ser yo indigno de toda ayuda, tu generosidad e infinita bondad nunca dejan de otorgar el bien aún a los ingratos y a los que se han apartado de ti. Conviértenos a ti, para que seamos agradecidos, humildes y piadosos, pues Tú eres nuestra salud, nuestra fortaleza y nuestra salvación.
 
Meditación Dominical
Una de las tareas más urgentes de la Iglesia de hoy y de siempre es conseguir que la fe llegue a los hombres como «buena noticia».
Con frecuencia entendemos la evangelización como una tarea casi exclusivamente doctrinal. Evangelizar sería llevar la doctrina de Jesucristo a aquellos que todavía no la conocen o la conocen de manera insuficiente. Entonces nos preocupamos de asegurar la enseñanza religiosa y la propagación de la fe frente a otras ideologías y corrientes de opinión.
¿Somos los creyentes una «buena noticia» para alguien? Lo que se vive en nuestras comunidades cristianas, lo que se observa entre los creyentes, ¿es «buena noticia» para la gente de hoy? ¿Ponemos los cristianos en la actual sociedad algo que dé sabor a la vida, algo que purifique, sane y libere de la descomposición espiritual y del egoísmo brutal e insolidario? ¿Vivimos algo que pueda iluminar a las gentes en estos tiempos de incertidumbre, ofreciendo una esperanza y un horizonte nuevo a quienes buscan salvación?
(P. José Antonio Pagola)
 
Los cinco minutos de San Francisco
Febrero: Señora pobreza
Día 8
En la medida en que los hermanos se alejen de la pobreza, también la gente se alejará de ellos; buscarán y no hallarán. Pero si permanecen abrazados a nuestra señora, la Pobreza, el mundo los nutrirá, porque han sido enviados a él para salvarlo.
(Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
 
FELIPE
-Jardinero de Dios-
(el más pequeñito de todos)
 
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