♡ Comentario:
Hoy leemos este Evangelio
tan conocido para todos nosotros, pero siempre tan sorprendente. Con este
fragmento de las bienaventuranzas, Jesús nos ofrece un modelo de vida, unos
valores, que según Él son los que nos pueden hacer felices de verdad.
La felicidad, seguramente, es la meta principal que todos buscamos en la
vida. Y si preguntásemos a la gente cómo buscan ser felices, o dónde buscan su
propia felicidad, nos encontraríamos con respuestas muy distintas. Algunos nos
dirían que en una vida de familia bien fundamentada; otros que en tener salud y
trabajo; otros, que en gozar de la amistad y del ocio..., y los más influidos
quizá por esta sociedad tan consumista, nos dirían que en tener dinero, en
poder comprar el mayor número posible de cosas y, sobre todo, en lograr
ascender a niveles sociales más altos.
Estas bienaventuranzas que nos propone Jesús no son, precisamente, las que
nos ofrece nuestro mundo de hoy. El Señor nos dice que serán «bienaventurados»
los pobres de espíritu, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed
de la justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que buscan la
paz, los perseguidos por causa de la justicia... (cf. Mt 5,3-11).
Este mensaje del Señor es para los que quieren vivir unas actitudes de
desprendimiento, de humildad, de deseo de justicia, de preocupación e interés
por los problemas del prójimo, y todo lo demás lo dejan en un segundo término.
¡Cuánto bien podemos hacer rezando, o practicando alguna corrección
fraterna, cuando nos critiquen por creer en Dios y por pertenecer a la Iglesia!
Nos lo dice claramente Jesús en su última bienaventuranza: «Bienaventurados
seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal
contra vosotros por mi causa» (Mt 5,11).
San Basilio nos dice que «no se debe tener al rico por dichoso sólo por
sus riquezas; ni al poderoso por su autoridad y dignidad; ni al fuerte por la
salud de su cuerpo... Todas estas cosas son instrumentos de la virtud para los
que las usan rectamente; pero ellas, en sí mismas, no contienen la felicidad».
* Rev. D. Pablo CASAS Aljama (Sevilla, España) © Textos de Evangeli.net
Palabras de Francisco
«Cada bienaventuranza está
compuesta de tres partes. Primero está siempre la palabra “bienaventurados”;
luego viene la situación en la que se encuentran los bienaventurados: la
pobreza de espíritu, la aflicción, el hambre y la sed de justicia, y así sucesivamente;
finalmente está el motivo de la bienaventuranza, introducido por la conjunción
“porque”…Prestemos atención a este hecho: la razón de la dicha no es la
situación actual, sino la nueva condición que los bienaventurados reciben como
regalo de Dios: “porque de ellos es el reino de los cielos”… y así
sucesivamente»
Predicación del Evangelio:
La verdadera felicidad
Hoy se nos expone uno de los grandes mensajes de Jesucristo, al comenzar
el sermón de la montaña. En estas bienaventuranzas Jesús configura la manera de
ser del cristiano. Y esto porque es una especie de retrato del mismo Jesús: de
su vida y de su modo de ser. No son propiamente mandamientos en el sentido de
normas concretas a seguir, sino actitudes más interiores que dan sentido a la
manera de actuar.
La primera característica es que Jesús nos habla de felicidad, una felicidad
radical, que no consiste en tener algo pasajero, como ofrece la mentalidad
mundana, que cree tener la felicidad cuando ha conseguido dinero, honores, que
son cosas que se pasan y sobre todo que no pueden ser para todos. Porque aquí
está lo malo de la felicidad que promete el mundo: que para que unos sean
felices, otros muchos tienen que ser desgraciados: Si unos son felices siendo
ricos, es porque muchos tienen que ser pobres. Esto sería la perversión de la
felicidad: gozar a costa de otros.
Jesús promete la felicidad para todo el que la quiera. No es fácil,
porque va contra el sentido y parecer de la mayoría. Es como vivir al revés, valorar
lo que normalmente no se valora: la fidelidad, la abnegación, la entrega, la
servicialidad, el poner la confianza más en Dios que en otras cosas, valorar a
las personas por lo que son, por ser seres humanos, y no por la categoría
social o las posesiones o la belleza externa.
Así como el primer mandamiento de la ley de Dios resume los demás, así
también la primera bienaventuranza podemos decir que resume las otras. Ser
“pobres de espíritu” se dice fácilmente, pero encierra toda una actitud
esencial en la manera de ser. Es cierto que es posible ser rico, tener
bastantes riquezas, y ser pobre de espíritu; pero ¡Qué difícil es!
Lo dijo Jesucristo varias veces en el evangelio. Alguno dirá que si es muy
difícil, mejor va a ser no intentarlo. Hoy se nos dice que para poseer el Reino
de los cielos no hay que poner la confianza y la esperanza en los bienes
materiales. No todos los pobres son “pobres de espíritu”: Hay muchísimos pobres
que ponen su confianza en los bienes materiales, su ilusión es ser ricos. Con
ello suelen seguir siendo pobres y además desgraciados. Jesús no declara
bienaventuradas unas situaciones sociales, sino unas personas que han optado
por esa situación con amor.
A los que son pobres de espíritu Jesús no sólo les promete una felicidad eterna
en la otra vida, que también es cierto, sino ya una felicidad actual, porque
son amados por Dios. Pobre es el que no tiene suficiencia en sí mismo, tiene un
sentimiento psicológico de inseguridad material; pero Cristo quiere aprovechar
esta inseguridad para abrirla a la esperanza del que todo lo tiene, que es
Dios. Dichosos, por lo tanto, son los que aprovechan su pobreza para abrirse a
la esperanza, que no es lo mismo que conformismo. La esperanza en Dios está
unida al servicio de los demás.
Ser pobre de espíritu aquí está unido a ser misericordioso, trabajar por la
paz, buscar la justicia, estar limpio de corazón, especialmente de odios y
rencores. Una vida así molesta a muchos de los que buscan las injusticias, el
poder y las riquezas, aunque pareciera lo contrario. Por eso vienen las
incomprensiones y la persecución. Pero Jesús les dice que no es una desgracia,
sino que en la persecución pueden ser felices. Y les promete que “serán
saciados, serán consolados”.
Las promesas de Jesús a sus discípulos es el pasar de una situación negativa
a otra positiva, de la opresión a la liberación, del sufrimiento al consuelo,
de la injusticia a la justicia. El Reino de Dios abre un horizonte de vida y de
esperanza a la humanidad pobre y oprimida.
Hay cristianos que se contentan con unas prácticas religiosas y luego en
la vida se comportan como los demás. Son cristianos de apariencia. Las
prácticas están bien, si nos ayudan a conseguir los verdaderos rasgos del ser
cristianos, renunciando a las riquezas y la ambición, poniendo nuestro interés
en la confianza total en Dios y en el servicio de amor hacia todas las
personas.
P. Silverio Velasco (España, 1932-2024) – Imagen:
Misioneros Digitales Católicos.
Agradecimientos
Imaginemos que en el cielo hay dos oficinas diferentes para
tratar lo relativo a las oraciones de las personas en la tierra:
Una es para receptar pedidos de diversas gracias, y allí
los muchos ángeles que atienden trabajan intensamente y sin descanso por la
cantidad de peticiones que llegan en todo momento.
La otra oficina es para recibir los agradecimientos por las
gracias concedidas y en ella hay un par de ángeles aburridos porque
prácticamente no les llega ningún mensaje de los hombres desde la tierra para
dar gracias...
Desde esta sección de "Pequeñas Semillitas"
pretendemos juntar una vez por semana (los domingos) todos los mensajes para la
segunda oficina: agradecimientos por favores y gracias concedidas como
respuesta a nuestros pedidos de oración.
💕Desde Bogotá, Colombia, nuestro lector Carlos
Cardona escribe y dice: “Apreciado Felipe, reitero mi sincero gesto de
gratitud a ti, a Pequeñas Semillitas, a las personas y comunidades que oraron
por mi salud y pronta recuperación. El diagnóstico de los médicos luego de la
intervención a mi próstata es excelente y oro al Señor para que este proceso de
recuperación posoperatoria sea tan efectivo como se ha venido manifestando. Me
he abandonado totalmente a la Santa Voluntad del Señor, confiado en la segura
intercesión de nuestra Madre la Virgen María”. ¡Bendiciones amigo Carlos!
Oremos: Bendito seas,
Dios mío, porque a pesar de ser yo indigno de toda ayuda, tu generosidad e
infinita bondad nunca dejan de otorgar el bien aún a los ingratos y a los que
se han apartado de ti. Conviértenos a ti, para que seamos agradecidos, humildes
y piadosos, pues Tú eres nuestra salud, nuestra fortaleza y nuestra salvación.
Meditación Dominical
Las lecturas de estos
últimos domingos, lógicamente, nos trasladan a los comienzos del ministerio
público de Jesús, iniciado después de su bautismo en el Jordán.
Hoy el evangelio nos
lleva a los versículos inaugurales de la primera gran predicación del Nazareno
según el evangelio de Mateo (a quien seguimos en este ciclo A del leccionario
dominical). Se trata del texto de las Bienaventuranzas, que viene acompañado de
otras dos lecturas con las que une bien a través del tema de la pobreza y la
humildad como vías seguras, aunque sorprendentes, de felicidad presente y
futura.
Las bienaventuranzas de
Jesús son actitudes del corazón. Son evangelio y el evangelio sólo se puede
vivir desde el amor a Dios y a los hermanos. Estas ocho felicidades de Jesús
tendrían que ser meditadas a lo largo de la semana. Una cada día. Y a estas
felicidades tendríamos que añadir una más. La felicidad de ser cristiano.
En esta sociedad que “ha
perdido los puntos de referencia” nosotros, felices de ser cristianos, elegimos
ser solidarios con los hermanos que viven en la pobreza, en el dolor, en la
persecución, en las lágrimas, situaciones humanas que entristecen a Jesús y que
Él vino a sanar.
Los cinco minutos de San Francisco
Febrero: Señora pobreza
Día 1
Un día, al poco tiempo de haberse convertido,
Francisco participaba de la misa en la Porciúncula cuando escuchó al sacerdote
proclamar ese pasaje del Evangelio en el que Cristo, al enviar a sus discípulos
a predicar, les dice cómo deben vivir, es decir, que no deben llevar encima ni
oro ni plata, ni monedas, ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni
calzado ni bastón.
Inmediatamente Francisco comprendió que estas
palabras eran la respuesta de Dios a lo que estaba buscando y dijo: “Esto es lo
que quería, esto es lo que ansiaba con todo mi corazón”.
(Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
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