domingo, 22 de diciembre de 2013

Pequeñas Semillitas 2230

PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 8 - Número 2230 ~ Domingo 22 de Diciembre de 2013
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
Alabado sea Jesucristo…
El evangelista Mateo tiene un interés especial en decir a sus lectores que Jesús ha de ser llamado también “Emmanuel”. Sabe muy bien que puede resultar chocante y extraño. ¿A quién se le puede llamar con un nombre que significa “Dios con nosotros”? Sin embargo, este nombre encierra el núcleo de la fe cristiana y es el centro de la celebración de la Navidad. Ese misterio último que nos rodea por todas partes y que los creyentes llamamos “Dios” no es algo lejano y distante. Está con todos y cada uno de nosotros. ¿Cómo lo puedo saber? ¿Es posible creer de manera razonable que Dios está conmigo, si yo no tengo alguna experiencia personal por pequeña que sea?
De ordinario, a los cristianos no se nos ha enseñado a percibir la presencia del misterio de Dios en nuestro interior. Por eso, muchos lo imaginan en algún lugar indefinido y abstracto del Universo. Otros lo buscan adorando a Cristo presente en la eucaristía. Bastantes tratan de escucharlo en la Biblia. Para otros, el mejor camino es Jesús.
El misterio de Dios tiene, sin duda, sus caminos para hacerse presente en cada vida… Es normal que, al adentrarnos en nuestro propio misterio, nos encontremos con nuestros miedos y preocupaciones, nuestras heridas y tristezas, nuestra mediocridad y nuestro pecado. No hemos de inquietarnos, sino permanecer en el silencio. La presencia amistosa que está en el fondo más íntimo de nosotros nos irá apaciguando, liberando y sanando. El misterio último de la vida es un misterio de bondad, de perdón y salvación, que está con nosotros: dentro de todos y cada uno de nosotros. Si lo acogemos en silencio, conoceremos la alegría de la Navidad.    P. José Antonio Pagola

La Palabra de Dios:
Evangelio de hoy
La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.
Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: «Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: ‘Dios con nosotros’». Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer.
(Mt 1,18-24)

Comentario
Hoy, la liturgia de la Palabra nos invita a considerar y admirar la figura de san José, un hombre verdaderamente bueno. De María, la Madre de Dios, se ha dicho que era bendita entre todas las mujeres (cf. Lc 1,42). De José se ha escrito que era justo (cf. Mt 1,19).
Todos debemos a Dios Padre Creador nuestra identidad individual como personas hechas a su imagen y semejanza, con libertad real y radical. Y con la respuesta a esta libertad podemos dar gloria a Dios, como se merece o, también, hacer de nosotros algo no grato a los ojos de Dios.
No dudemos de que José, con su trabajo, con su compromiso en su entorno familiar y social se ganó el “Corazón” del Creador, considerándolo como hombre de confianza en la colaboración en la Redención humana por medio de su Hijo hecho hombre como nosotros.
Aprendamos, pues, de san José su fidelidad —probada ya desde el inicio— y su buen cumplimiento durante el resto de su vida, unida —estrechamente— a Jesús y a María.
Lo hacemos patrón e intercesor para todos los padres, biológicos o no, que en este mundo han de ayudar a sus hijos a dar una respuesta semejante a la de él. Lo hacemos patrón de la Iglesia, como entidad ligada, estrechamente, a su Hijo, y continuamos oyendo las palabras de María cuando encuentra al Niño Jesús que se había “perdido” en el Templo: «Tu padre y yo...» (Lc 2,48).
Con María, por tanto, Madre nuestra, encontramos a José como padre. Santa Teresa de Jesús dejó escrito: «Tomé por abogado y señor al glorioso san José, y encomendéme mucho a él (...). No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer».
Especialmente padre para aquellos que hemos oído la llamada del Señor a ocupar, por el ministerio sacerdotal, el lugar que nos cede Jesucristo para sacar adelante su Iglesia. —¡San José glorioso!: protege a nuestras familias, protege a nuestras comunidades; protege a todos aquellos que oyen la llamada a la vocación sacerdotal... y que haya muchos.
Rev. D. Pere GRAU i Andreu (Les Planes, Barcelona, España)

Santoral Católico:
Santa Francisca Javier Cabrini
Madre de los emigrantes
 
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Fuente: Catholic.net    

¡Buenos días!

La alegría de servir

Hoy te ofrezco un texto de la poetisa chilena Gabriela Mistral, que obtuvo hace años el premio Nobel de literatura, cuando no era sino una humilde maestra de zona rural. Sus reflexiones sobre la alegría y el valor de servir a los demás son de una belleza clásica.

Toda la naturaleza es un anhelo de servicio. Sirve la nube, sirve el viento, sirve el surco. Donde hay un árbol que plantar, plántalo tú; donde hay un error que enmendar, enmiéndalo tú; donde hay un esfuerzo que todos esquivan, acéptalo tú. Sé tú el que aparte la piedra del camino, el odio entre dos corazones y los obstáculos de un problema. Hay la alegría de ser sano y la de ser justo; pero hay, sobre todo, la hermosa, la inmensa alegría de servir. Qué triste sería el mundo si todo en él estuviera hecho, si no hubiera un rosal que plantar, una empresa que emprender. Que no te llamen solamente los trabajos fáciles. ¡Es tan bello hacer lo que otros esquivan! Pero no caigas en el error de que sólo se hace mérito con los grandes trabajos; hay pequeños servicios que son buenos servicios: adornar una mesa, ordenar unos libros, peinar una niña. Aquel que critica, es el que destruye, tú sé el que sirve. El servir no es tarea sólo de seres inferiores. Dios, que da el fruto y la luz, sirve. Pudiera llamársele así: “El que sirve”. Y tiene sus ojos fijos en nuestras manos y nos pregunta cada día. ¿Serviste hoy? ¿A quién? ¿Al árbol, a tu amigo, o a tu madre?

Servir no es tarea de seres de inferior categoría. Al contrario, Dios el creador del universo, es en realidad el modelo y prototipo del verdadero servidor. El Sumo Pontífice fue llamado por la tradición católica “Siervo de los siervos de Dios”. Y Jesús dijo “No he venido para ser servido, sino para servir”. Que esta bellísima página te motive a orientar tu vida.
Padre Natalio

Tema del día:
María y José
Estamos en el 4º domingo de Adviento, que quiere decir el domingo inmediato anterior a la Navidad. Y en este domingo todos los años la Iglesia nos presenta a la Santísima Virgen María, como la que mejor se ha preparado para vivir santamente los días de Navidad. Ella tuvo un adviento especial durante nueve meses y nos enseña a esperar de modo que Jesús nazca también en nuestro corazón.

Pero en este año, el ciclo A, en el que el evangelio será principalmente según san Mateo, juntamente con María nos presenta a san José, el hombre bueno. María, después de la Anunciación, había ido a casa de su prima Isabel y, cuando volvió a los tres meses, se notaba que iba a tener un niño. Eran los meses en que ya se consideraban esposos, pero no vivían juntos. El esposo aprovechaba esos meses para preparar la casa donde debía recibir a su esposa. Algunos durante esos meses ya esperaban a un niño; pero no estaba bien visto. Los que se consideraban fieles a las leyes, que era lo mismo como ser fieles a Dios, esperaban hasta convivir.

Hoy se nos exponen las dudas y las angustias de san José ante esta realidad que María ya no puede ocultar: va a ser madre. Alguno, cuando oye esto, cree solucionarlo pronto con una buena conversación: ¿Por qué María no le contó...? No hay que ver las cosas bajo nuestra mentalidad democrática y modernista. En aquel tiempo los novios no podían hablar mucho a solas y menos en privado. Era muy difícil que san José, ni nadie, creyera lo del Espíritu Santo dicho sólo por María. El hecho de que San José dudara de María no se le puede reprochar demasiado: según la manera de actuar entonces, no podía conocer a María demasiado, ni su voto de virginidad, ni la mujer totalmente fiel y piadosa, que luego conocería. El joven José, sin tener explicaciones, sentiría el natural rechazo de hombre ofendido e inculcado su derecho de esposo.

En este momento, el evangelio dice de José que “era justo”. Hoy el evangelio nos propone a san José como modelo de justicia. No se trata de una justicia que pretende defender sus derechos, al estilo del Antiguo Testamento. En este caso, como buen judío, debería defender la ley y las costumbres y debería castigar el adulterio. Era justo que salvase su honor con un divorcio público para quedar bien ante la opinión pública y hasta con derecho de ser indemnizado. Pero José era justo a la manera cristiana, que también se decía de los buenos israelitas: es el hombre piadoso, servidor irreprochable de Dios, cumplidor de la voluntad divina, bueno y caritativo con el prójimo. Y porque era bueno, no podía permitir que María fuera entregada a la vergüenza pública. Prefería que las culpas se las echasen a él, habiendo abandonado a la “pobre muchacha”. Y esto es lo que piensa hacer, como una ofrenda a Dios y un acto de respeto a su esposa. En este momento Dios soluciona las cosas y un ángel (no sabemos cómo) le revela el gran misterio de la Encarnación. El respiro de José tuvo que ser muy grande y el amor hacia su esposa y el Niño que llevaba en sus entrañas también muy profundo.

Para san José no sólo fue conocer de parte de Dios un gran misterio, sino recibir una gran tarea. Desde ese momento él iba a ser responsable de ese niño. Eso es lo que significaba el “poner el nombre” al Niño. Le pondría “Jesús” que significa Salvador, pues nos salvaría de los pecados. Para el evangelio de san Mateo, que iba dirigido a los judíos, tenía la importancia de exponer que legalmente Jesús era descendiente de David, según las profecías. Para nosotros san José es el ejemplo de aceptación de la voluntad de Dios y aceptación del cambio de planes en su vida. Muchas veces nosotros hacemos con gusto lo que hemos programado nosotros mismos; pero ¡Cuánto nos cuesta seguir los planes de los demás! A veces Dios nos propone sus planes a través de superiores y de circunstancias que no esperábamos. Pero en esas circunstancias está Dios con nosotros. En estos días de Navidad Dios se acerca más a nosotros, como niño, para que nosotros, también como niños, estemos disponibles para El.  P. Silverio Velasco (España)

Palabras del Beato Juan Pablo II

“Niño de Belén, Profeta de paz, alienta las iniciativas de diálogo y de reconciliación, apoya los esfuerzos de paz que aunque tímidos, pero llenos de esperanza, se están haciendo actualmente por un presente y un futuro más sereno para tantos hermanos y hermanas nuestros en el mundo”
Beato Juan Pablo II
(en su última Navidad)


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“Intimidad Divina”

Domingo 4 de Adviento

La liturgia del último domingo de Adviento se orienta hacia el nacimiento del Salvador. En primer lugar se presenta la famosa profecía sobre el Emanuel, pronunciada en un momento particularmente difícil para el reino de Judá. Al impío rey Acaz que rehusa creer que Dios puede salvar la situación, responde Isaías con un duro reproche, y como para demostrarle que Dios puede hacer cosas  mucho más grandes, añade: “El Señor mismo os dará por eso la señal: He aquí que la virgen grávida da a luz, y le llama Emanuel” (7, 14). Aun en el caso que la profecía pudiese aludir al nacimiento del heredero del trono, su plena realización se cumplirá sólo siete siglos más tarde con el nacimiento milagroso de Jesús; sólo él agotó todo su contenido y alcance. El Evangelio de San Mateo confirma esta interpretación, cuando concluyendo la narración del nacimiento virginal de Jesús, dice: “Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que el Señor había anunciado por el profeta, que dice: He aquí que una virgen concebirá y parirá un hijo, y se le pondrá por nombre Emanuel, que quiere decir Dios con nosotros” (1, 22-23)

Al trazar la genealogía de Jesús, Mateo demuestra que es verdadero hombre, “hijo de dios, hijo de Abrahán” (ib. 1); al narrar su nacimiento de María Virgen hecha madre, “por obra del Espíritu Santo” (ib. 18), afirma que es verdadero Dios; y al citar finalmente la profecía de Isaías, declara que él es el Salvador prometido por los profetas, el Emanuel, el Dios con nosotros. En este cuadro tan esencial, Mateo levanta el velo sobre una de las circunstancias más humanas y delicadas del nacimiento de Jesús: la duda penosa de José y su comportamiento en aceptar la misión que le es confiada por Dios. Frente a la maternidad misteriosa de María, queda fuertemente perplejo y piensa despedirla en secreto. Pero cuando el ángel del Señor lo asegura y le ordena tomarla consigo “pues lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo” (ib. 20), José –hombre justo que vive de fe– obedece aceptando con humilde sencillez la consigna sumamente comprometedora de esposo de la Virgen-madre y de padre virginal del Hijo de Dios.

En este ambiente la vida del Salvador brota como protegida por la fe, la obediencia, la humildad y la entrega del carpintero de Nazaret. Estas son las virtudes con que debemos recibir al Señor que está por llegar. En la segunda lectura, San Pablo se alinea con los profetas y con San Mateo al proclamar a Jesús “nacido de la descendencia de David según la carne” (Rm 1, 3), y con Mateo al declararlo “Hijo de Dios” (ib. 4). El Apóstol que se define a sí mismo “siervo de Cristo Jesús” (ib. 1), elegido para anunciar el Evangelio, resume toda la vida y la obra del Salvador en este doble momento y dimensión: desde su nacimiento en carne humana, hasta su resurrección gloriosa y a su poder de santificar a los hombres. En efecto, la encarnación, pasión, muerte y resurrección del Señor constituyen un solo misterio que tiene su principio en Belén y su vértice en la Pascua. Sin embargo la Navidad ilumina la Pascua en cuanto nos revela los orígenes y la naturaleza de Aquel que morirá en la cruz para la salvación del mundo: él es el Hijo de Dios, el Verbo encarnado.

¡Oh glorioso San José!, fuiste verdaderamente hombre bueno y fiel, con quien se desposó la Madre del Salvador. Fuiste siervo fiel y prudente, a quien constituyó Dios consuelo de su Madre, proveedor del sustento de su cuerpo y, a ti solo sobre la tierra, coadjutor fidelísimo del gran consejo. Verdaderamente descendiste de la casa de David y fuiste verdaderamente hijo de David… Como a otro David, Dios te halló según su corazón, para encomendarte con seguridad el secretísimo y sacratísimo arcano de su corazón; a ti te manifestó los secretos y misterios de su sabiduría y te dio el conocimiento de aquel misterio que ninguno de los príncipes de este siglo conoció. A ti, en fin, te concedió ver y oír al que muchos reyes y profetas queriéndole ver no le vieron y queriéndole oír no le oyeron, y no sólo verle y oírle, sino tenerle en tus brazos, llevarle de la mano, abrazarle, besarle, alimentarle y guardarle. (San Bernardo)
P. Gabriel de Sta. M. Magdalena O.C.D. 
Jardinero de Dios
-el más pequeñito de todos-

sábado, 21 de diciembre de 2013

Pequeñas Semillitas 2229

PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 8 - Número 2229 ~ Sábado 21 de Diciembre de 2013
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
Alabado sea Jesucristo…
Cuando estás arriba, tus amigos saben quién eres... cuando estás abajo, tú sabes quienes son realmente tus amigos... No dependas de nadie en este mundo, porque hasta tu sombra te abandona cuando estás en la oscuridad. Aprende a apreciar lo que tienes antes de que el tiempo te enseñe a apreciar lo que tuviste... Nunca te des por vencido si sientes que puedes seguir luchando. No esperes el momento perfecto, toma el momento y hazlo perfecto.
La vida tiene cuatro sentidos: amar, sufrir, luchar y ganar. El que ama sufre, y el que sufre lucha... y el que lucha gana.

La Palabra de Dios:
Evangelio de hoy
En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».
(Lc 1,39-45)

Comentario
Hoy, el texto del Evangelio corresponde al segundo misterio de gozo: la «Visitación de María a su prima Isabel». ¡Es realmente un misterio! ¡Una silenciosa explosión de un gozo profundo como nunca la historia nos había narrado! Es el gozo de María, que acaba de ser madre, por obra y gracia del Espíritu Santo. La palabra latina “gaudium” expresa un gozo profundo, íntimo, que no estalla por fuera. A pesar de eso, las montañas de Judá se cubrieron de gozo. María exultaba como una madre que acaba de saber que espera un hijo. ¡Y qué Hijo! Un Hijo que peregrinaba, ya antes de nacer, por senderos pedregosos que conducían hasta Ain Karen, arropado en el corazón y en los brazos de María.
Gozo en el alma y en el rostro de Isabel, y en el niño que salta de alegría dentro de sus entrañas. Las palabras de la prima de María traspasarán los tiempos: «¡Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!» (cf. Lc 1,42). El rezo del Rosario, como fuente de gozo, es una de las nuevas perspectivas descubiertas por Juan Pablo II en su Carta apostólica sobre El Rosario de la Virgen María.
La alegría es inseparable de la fe. «¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?» (Lc 1,43). La alegría de Dios y de María se ha esparcido por todo el mundo. Para darle paso, basta con abrirse por la fe a la acción constante de Dios en nuestra vida, y recorrer camino con el Niño, con Aquella que ha creído, y de la mano enamorada y fuerte de san José. Por los caminos de la tierra, por el asfalto o por los adoquines o terrenos fangosos, un cristiano lleva consigo, siempre, dos dimensiones de la fe: la unión con Dios y el servicio a los otros. Todo bien aunado: con una unidad de vida que impida que haya una solución de continuidad entre una cosa y otra.
Rev. D. Àngel CALDAS i Bosch (Salt, Girona, España)

Santoral Católico:
San Pedro Canisio
Doctor de la Iglesia
Información amplia haciendo clic acá.
Fuente: Catholic.net    

¡Buenos días!

Al tomar decisiones

Es penoso caminar a oscuras llevando una vida sin sentido, por no pedir luz al Dios que nos ama y está dispuesto a orientarnos. Implora con humildad al Señor la gracia de aprender a consultarlo para tomar buenas decisiones, iluminadas siempre por la luz que viene de lo alto. Aquí tienes un buen modelo de oración para tomar decisiones. Es del P. Víctor Fernández.

Señor, tú eres la verdadera luz. Tú me conoces a fondo y sabes perfectamente para qué estoy hecho y qué es lo que me conviene. Yo muchas veces me confundo, o tomo decisiones apresuradas que luego me perjudican o perjudican a los demás. No quiero caminar a oscuras, como si la luz no existiera, no quiero una vida sin sentido y sin orientación. Prefiero caminar según tu proyecto y cumplir tu sueño para mi vida. Dame la gracia de aprender a consultarte para no desgastar mi vida inútilmente. Ilumina mis pasos y guíame por el camino correcto.

Jesús dijo: “Yo soy la luz verdadera, el que me sigue no caminará en tinieblas”. Amigo/a, acércate a esta luz y serás iluminado, tu vida se pacificará y podrás irradiar a tu alrededor seguridad, alegría, fortaleza… Que el Señor te bendiga y acompañe siempre.
Padre Natalio

Tema del día:
Carta al Niño Dios
Querido Niño Jesús:
Te tengo aquí presente en este rato de adoración. Pienso en ti y te pienso. Sí, parece lo mismo pero en realidad no lo es. Muchas veces pienso en ti, me acuerdo de ti, pero no te pienso. Es como decir que falta algo de camino para que de mi mente llegues a mi corazón. Bueno, en realidad estoy enamorado de ti, pero mucho menos de lo que tú lo estás de mí. Y ese es el camino que quiero recorrer. En el fondo tú ya estás en mi corazón y yo, quizás, ni siquiera he llegado al mío porque me falta tanto amor.

Te agradezco
Hoy quiero agradecerte este esfuerzo de salir de tu cielo para venir a nuestra tierra, a mi tierra de cada día. Tanto tiempo peregrinos en busca de la Tierra Prometida y ahora en ti descubro esa promesa, ese amor, esa ternura: Dios con nosotros, Dios conmigo, Dios para mí, en una cueva, en Belén.

Te tengo en la Eucaristía. Te miro y me miras. No sé quién tiene más admiración, si yo de ti o tú de mí. Me amas y te amo. Naciste ya hecho Eucaristía, hecho pan para comerte, tanta fue tu ternura. Naciste en Belén, que quiere decir "Casa del Pan". Y con razón María te quería comer a besos. Eucaristía anticipada por aquella que te dio la vida.

¿Qué me dices, qué te digo?
Esto es lo que me dices hoy: hay que dar la vida, hacerse alimento para los demás. Cada día dejarse comer, ser Eucaristía para los hombres mis hermanos, tus hermanos. En tu cueva encuentro el ejemplo para lograrlo: la humildad del lugar, el silencio de la noche, la pobreza que elegiste, la mejor compañía: María y José. ¡Qué bien se está aquí contigo! Es una auténtica transfiguración: tu gloria se dibuja en tu pequeñez, tu amor en la sencillez y tu fuerza en tu debilidad. Tres virtudes que deben resonar en mi vida pero la verdad, ¡qué pronto se me olvidan!

Por eso quiero mirarte y aprender de ti como un espejo de amor. Que tu sonrisa me haga sonreír. Que tu sueño me dé paz, que tu silencio me haga aprender a escuchar.

Quiero adelantarme a los pastores y a los Reyes Magos. Quiero llegar aquí cada mañana el primero. Suena egoísta pero es que necesito verte, tocarte, olerte y besarte. Eres carne de mi carne, uno como yo, ¡eres real! Quiero que esta experiencia me acompañe durante el día. ¡He tocado, he visto, he abrazado el Verbo de Dios! ¡Ha dormido en mis brazos y ha llorado junto a mí y por mí!

Ser consuelo de tu corazón es mi mayor deseo. Verte dormir mi mayor paz. Ojalá pudiese vivir mi sacerdocio consolándote y diciéndote: "descansa, ahora me toca a mí". Pero en el fondo sé que tu corazón siempre está velando y soy yo el que es cuidado por ti. Al menos déjame intentarlo, déjame ser consuelo para tu corazón.

¿Qué te puedo regalar?
Con la emoción de verte entre nosotros, Jesús, no te he traído un regalo. ¡Qué despiste! Otros llegarán al rato con regalos preciosos del lejano oriente o con humildes ofrendas de pastor. Y yo, ¿qué te puedo regalar? Mi vida es tuya, ya lo sabes. Te la entregué hace más de 20 años. Soy pobre, aunque no tanto como tú. Algo debe quedarme, seguramente mi corazón te puede ofrecer un mayor amor, un esfuerzo más delicado en mi servicio, un desprendimiento más generoso cada día para encontrarme contigo, superando cansancio, tristeza, miedos y apegos. Sí, creo que este será mi regalo. Te dejaré aquí mi corazón para que te dé calor, te consuele, te entretenga y te alegre. Así cada día tendré que volver temprano en la mañana para alimentarme de tu amor, de tu mirada y de tu bondad. Con tu corazón en el mío caminaré más rápido, haré más bien al mundo, me amaré mejor y amaré a más personas.

Nos unimos en la Eucaristía
La Eucaristía que celebro cada día será nuestro encuentro, nuestro regalo, nuestro alimento y nuestro recuerdo. Nos uniremos y ya no tendremos dos corazones, sino que el mío se fundirá en el tuyo, mi voluntad en la tuya, mi mirada la de tus ojos, mi ternura la de tu amor.

Belén, casa del Pan, cueva silenciosa del milagro de Dios entre los hombres. Eucaristía anticipada hecha vida, ternura y gozo. En tu humilde morada dejo mi corazón en el pesebre.

Despedida
Me retiro antes de que lleguen los pastores. Me voy sin mi corazón pero sí con el tuyo. Qué gran regalo he recibido a cambio de lo poco que te dejo. Tu amor en mi pecho y el mío en tu pesebre. Descansa, duerme tranquilo. Mañana regreso de nuevo. Tu sacerdote por siempre, P. Guillermo Serra, L.C.

Nota: no pienses que no me he dado cuenta, ¡Tienes la madre más hermosa del mundo!

Autor: P. Guillermo Serra, LC

Palabras del Papa Francisco

“Espero que el compromiso de caminar en la fe
y de comportarse de manera coherente con el Evangelio
les acompañe en este tiempo de Adviento
para vivir de modo auténtico la fiesta de la Navidad del Señor.
Les puede servir de ayuda el hermoso testimonio
del Beato Pier Giorgio Frassati, que decía
‘¡Vivir sin fe, sin un patrimonio que defender,
sin apoyar con una lucha continua la verdad,
no es vivir, sino ir tirando!”
Papa Francisco

Pedidos de oración
Pedimos oración por la Santa Iglesia Católica; por el Papa Francisco, por el Papa Emérito Benedicto, por los obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, catequistas y todos los que componemos el cuerpo místico de Cristo; por la unión de los cristianos para que seamos uno, así como Dios Padre y nuestro Señor Jesucristo son Uno junto con el Espíritu Santo; por las misiones, por la Paz en el mundo, por nuestros hermanos sufrientes por diversos motivos especialmente por las enfermedades, el hambre y la pobreza; por los presos políticos y la falta de libertad en muchos países del mundo, por la unión de las familias, la fidelidad de los matrimonios y por más inclinación de los jóvenes hacia este sacramento; por el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas, y por las Benditas Almas del Purgatorio.

Pedimos oración por Luis Fernando B. V., de México, para que Dios en su infinita bondad le proporcione un nuevo y digno trabajo.

Pedimos oración por Bertha S., de México, a quien le ha dejado de trabajar su único riñón por una fuerte infección, rogando que la mediación de la Virgen de Guadalupe ante Jesús le permita superar su problema y restaurar su salud. 

Pedimos oración por la señora Bocha, de Santiago del Estero, Argentina, que será operada con un pronóstico reservado, para que el Buen Jesús la ayude a superar sus dolencias y le otorgue su gracia de sanación.

Tú quisiste, Señor, que tu Hijo unigénito soportara nuestras debilidades,
para poner de manifiesto el valor de la enfermedad y la paciencia;
escucha ahora las plegarias que te dirigimos por nuestros hermanos enfermos
y concede a cuantos se hallan sometidos al dolor, la aflicción o la enfermedad,
la gracia de sentirse elegidos entre aquellos que tu hijo ha llamado dichosos,
y de saberse unidos a la pasión de Cristo para la redención del mundo.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Amén

"Pequeñas Semillitas" por e-mail
Si lo deseas puedes recibir todos los días "Pequeñas Semillitas" por correo, más el agregado de un powerpoint. Las suscripciones son gratis y solo tienes que solicitarlas escribiendo a Rocío (moderadora de los grupos) a: peque.semillitas.3@gmail.com  con el título: “Suscripción a Pequeñas Semillitas”.

“Intimidad Divina”

Buscar a Dios en las criaturas

Hoy resuena en la liturgia la primera de las grandes antífonas del Adviento sacada de los libros sapienciales. “Yo salí de la boca del Altísimo” (Ec 24, 3), dice de sí la misma Sabiduría presentándose como una persona; y el autor sagrado, elogiándola, añade: “Se extiende poderosa del uno al otro extremo y lo gobierna todo con suavidad” (Sb 8, 1). El hombre tiene necesidad inmensa de comprender que todas las cosas, todas las criaturas, vienen de Dios y son guiadas por su Sabiduría infinita. Toda la creación lleva el sello de la Sabiduría increada, todo ser revela algunos de sus aspectos y ninguna criatura o acontecimiento escapa a su gobierno. Reconocer la marca de Dios en todas las criaturas y descubrir en las vicisitudes humanas el plan de la Sabiduría, es suma sabiduría y suma prudencia.

Cuando la sabiduría eterna de Dios se encarnó presentándose al mundo en forma humana y con el nombre de Jesús, el Salvador anunciado desde hacía siglos, la mayor parte de los hombres no le reconocieron. “Las tinieblas no acogieron la luz. Vino a los suyos, pero los suyos no le recibieron” (Jn 1, 5, 11). De manera análoga el hombre que no tiene el corazón puro ni limpia la mirada, no es capaz de ver a Dios ni de reconocer a Cristo en sus hermanos. “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt 5, 8); lo verán sin velos en la patria eterna, pero ya lo comienzan a ver a través de la fe en esta vida, y no sólo en sí mismo y en sus misterios, sino también en sus obras y en sus criaturas. “Solamente con la luz de la fe –enseña el Concilio– y con la meditación de la palabra divina puede uno conocer siempre y en todo lugar a Dios, en quien vivimos, nos movemos y existimos; buscar su voluntad en todos los acontecimientos, contemplar a Cristo en todos los hombres, deudos o extraños” (AA 4).

En vez de detenernos en el lado puramente humano de las criaturas y en los inevitables límites y defectos más o menos hirientes, la mirada se fija únicamente en lo que en ellos nos revela a Dios. De esta manera se sobrepasan todas las diferencias de raza o de nación, de partido o de clase social, todas las distinciones entre simpáticos o antipáticos, amigos o no, creyentes o incrédulos, y en cada hombre se ve, se respeta y ama la imagen de Dios, y se busca y se reconoce la faz de Cristo. También los que viven lejos de Dios y quizá en rebelión contra él son criaturas suyas e hijos suyos, sino por la gracia, sí al menos por la vocación a la gracia; siempre son hermanos de Cristo, si no de hecho, sí de derecho, porque también por ellos Cristo se encarnó, murió y resucitó. De esta manera las relaciones con los hombres se convierten en relaciones con Dios, tratar con ellos es tratar con Cristo y servir a los hermanos es servir a Cristo.

Dios mío, dame la gracia de verte sólo a ti en las criaturas, de no detenerme nunca en ellas, de no considerar su belleza material o espiritual como algo de su propiedad, sino sólo como un reflejo tuyo. Haz que yo atraviese los velos… y que más allá de las apariencias te vea a ti, ser por esencia, que posees el ser en toda su plenitud y has comunicado una partecita de él a la criatura que me agrada… Detenerme en las criaturas sería una falta de delicadeza, una ingratitud y un abuso de confianza, porque tú no das a las criaturas la belleza ni me haces sentir su encanto sino para dejarte entender en ellas, para atraerme a ti y para despertar mi reconocimiento hacia tu bondad y mi amor hacia tu belleza. De esta manera me invitas a subir hasta tu trono y a establecer allí mi alma en la adoración, en la contemplación extasiada, y en la gratitud… Sea, pues, mi conversación únicamente en el cielo, porque la vista de la tierra no acaba de descubrirme tus bellezas y tus ternuras. Las criaturas, en las cuales admiro un reflejo de tus perfecciones, y sobre las cuales brilla un rayo de tu luz, ¡oh Sol infinito!, están fuera de mí, separadas y lejos de mí; pero tú, Dios mío, perfección, bondad, verdad, amor infinito y esencial, tú estás en mí, me envuelves y me llenas por completo. (Carlos de Foucauld)
P. Gabriel de Sta. M. Magdalena O.C.D. 
Jardinero de Dios
-el más pequeñito de todos-

viernes, 20 de diciembre de 2013

Pequeñas Semillitas 2228

PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 8 - Número 2228 ~ Viernes 20 de Diciembre de 2013
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
Alabado sea Jesucristo…
El lograr los sueños no es nada fácil, de hecho todos los sueños se han logrado en base al esfuerzo y al sacrificio de aquellos que dijeron: no voy a esperar a mañana, hoy voy a comenzar a construir mi sueño. ¿Estás dispuesto? ¿Cuándo vas a comenzar?
Ten confianza en ti mismo. Ya Dios ha confiado en ti dándote talentos y habilidades únicas para el logro de tus sueños. Es tiempo que te dejes de comparar con otros, esa competencia con otros lo que hace es frustrarte, daña tu auto estima. Trata de competir contigo mismo y a los demás trátalos como superiores a ti, ya que ellos también tienen sueños para dar al mundo.
¿Cómo es mi confianza? ¿Me estoy comparando conmigo mismo o con otros? ¿Cómo aumento mi confianza?

La Palabra de Dios:
Evangelio de hoy
Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».
Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin».
María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?». El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios». Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel dejándola se fue.
(Lc 1,26-38)

Comentario
Hoy contemplamos, una vez más, esta escena impresionante de la Anunciación. Dios, siempre fiel a sus promesas, a través del ángel Gabriel hace saber a María que es la escogida para traer al Salvador al mundo. Tal como el Señor suele actuar, el acontecimiento más grandioso para la historia de la Humanidad —el Creador y Señor de todas las cosas se hace hombre como nosotros—, pasa de la manera más sencilla: una chica joven, en un pueblo pequeño de Galilea, sin espectáculo.
El modo es sencillo; el acontecimiento es inmenso. Como son también inmensas las virtudes de la Virgen María: llena de gracia, el Señor está con Ella, humilde, sencilla, disponible ante la voluntad de Dios, generosa. Dios tiene sus planes para Ella, como para ti y para mí, pero Él espera la cooperación libre y amorosa de cada uno para llevarlos a término. María nos da ejemplo de ello: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). No es tan sólo un sí al mensaje del ángel; es un ponerse en todo en las manos del Padre-Dios, un abandonarse confiadamente a su providencia entrañable, un decir sí a dejar hacer al Señor ahora y en todas las circunstancias de su vida.
De la respuesta de María, así como de nuestra respuesta a lo que Dios nos pide —escribe san Josemaría— «no lo olvides, dependen muchas cosas grandes».
Nos estamos preparando para celebrar la fiesta de Navidad. La mejor manera de hacerlo es permanecer cerca de María, contemplando su vida y procurando imitar sus virtudes para poder acoger al Señor con un corazón bien dispuesto: —¿Qué espera Dios de mí, ahora, hoy, en mi trabajo, con esta persona que trato, en la relación con Él? Son situaciones pequeñas de cada día, pero, ¡depende tanto de la respuesta que demos!
Rev. D. Jordi PASCUAL i Bancells (Salt, Girona, España)

Santoral Católico:
Santo Domingo de Silos
Abad
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Fuente: Catholic.net    

¡Buenos días!

Compasivo con los animales

Grande es la bondad de Dios que puso al hombre en medio del escenario maravilloso de su creación. Además de variadísimas especies de plantas, creó los animales, siempre sorprendentes, en todas las zonas y paisajes de nuestro planeta. Tratemos de no “hacer de la Tierra un Infierno para los pobres animales”.

San Martín de Porres, Hermano dominico, iba un día camino del convento. En la calle encontró un perro sangrando por el cuello y a punto de caer. Se dirigió a él, lo reprendió dulcemente y le dijo estas palabras: —Pobre viejo; quisiste ser demasiado listo y provocaste la pelea. Te salió mal el caso. Mira ahora el espectáculo que ofreces. Ven conmigo al convento a ver si puedo remendarte. Fue con él al convento. Nueva causa de admiración para los religiosos. Acostó al perro en una alfombrita de cáñamo, examinó la herida y le aplicó sus medicinas, sus ungüentos. Una semana entera permaneció el animal en la casa. Al cabo de ella, lo despidió con unas palmaditas en el lomo, que él agradeció meneando la cola, y unos buenos consejos para el futuro:—No vuelvas a las andadas —le dijo—, que ya estás viejo para la lucha.

El filósofo Arturo Schopenhauer escribió: “La compasión con los animales está relacionada con la bondad de carácter, pues se puede afirmar con seguridad que quien es cruel con los animales, no puede ser buena persona. Una conmiseración por todos los seres vivos es la prueba más firme y segura de la conducta moral”. Admiremos y respetemos la naturaleza.
Padre Natalio

Tema del día:
¿Dónde nació Jesús?
Preguntemos a María Magdalena dónde y cuándo nació Jesús.
Y ella nos responderá: Jesús nació en Betania. Fue cierta vez, que su voz, tan llena de pureza y santidad, despertó en mí la sensación de una vida nueva con la cual hasta entonces jamás hube soñado.

Preguntemos a Francisco de Asís lo que él sabe sobre el nacimiento de Jesús.
Y él nos responderá: Él nació el día en que, en la plaza de Asís, entregué mi bolsa, mis ropas y hasta mi nombre para seguirlo, pues sabía que solamente Él es la fuente inagotable de Amor.

Preguntemos a Pedro cuándo nació Jesús.
El responderá: Jesús nació en el patio del palacio de Caifás, en la noche en que el gallo cantó por tercera vez, en el momento en que yo lo había negado. Fue en ese instante que despertó mi conciencia para la verdadera vida.

Preguntemos a Paulo de Tarso cuándo se dio el nacimiento de Jesús.
Y él nos responderá: Jesús nació en el camino de Damasco cuando, envuelto por una intensa luz que me dejó invidente, pude ver la figura noble y serena que me preguntaba: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Y en la ceguera, pasé a ver un mundo nuevo, cuando le dije: Señor ¿qué quieres que yo haga?

Preguntamos a Joana de Cusa cuándo nació Jesús.
Ella nos responderá: Jesús nació el día en que, amarrada al poste del circo de Roma, oí el pueblo gritar: -¡Niégalo! ¡Niégalo! Y el soldado, con la antorcha se acerca, diciendo: -Este Cristo ¿te enseñó sólo a morir? Fue en este instante, que sintiendo el fuego subir por mi cuerpo, pude, con toda certeza y sinceridad decir: -No, no me enseñó sólo eso. ¡Jesús me enseñó también a AMARLO!

Preguntemos a Tomás dónde y cuándo nace Jesús.
Él nos responderá: Jesús nació aquel día inolvidable en que Él me pidió tocar sus llagas y me fue posible testificar que la muerte no tenía poder sobre el Hijo de Dios. Sólo entonces comprendí el sentido de las palabras: ¡Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida!

Preguntemos a Juan Bautista dónde y cuándo nace Jesús.
Él nos responderá: Jesús nació en el instante en que llegando al Río Jordán, me pidió que lo bautizara. Y, ante la profundidad de su mirada y la majestad de su figura, pude oír el mensaje de lo Alto: “Este es mi hijo amado, en el cual puse mi complacencia”. ¡Comprendí que había llegado el momento de Él crecer y yo disminuir, para la Gloria de Dios Padre!

Preguntemos a Lázaro dónde y cuándo nació Jesús.
Él nos responderá: Jesús nació en Betania, en la tarde en que visitó mi tumba y dijo: -¡Lázaro! ¡Levántate! -En este momento comprendí, finalmente quién era Él: ¡La Resurrección y la Vida!

Preguntemos a Judas dónde y cuándo nació Jesús.
Él nos responderá: -Jesús nació en el instante en que asistía a su juzgamiento y a su condenación. Comprendí que Jesús estaba encima de todos los tesoros terrenos.

Preguntemos finalmente a María de Nazaret, dónde y cuándo nació Jesús.
Ella nos responderá: Jesús nació en Belén, bajo las estrellas, que eran focos de luces guiando los pastores y sus ovejas a la cuna de paja. ¡Fue cuando lo tomé en mis brazos por primera vez y sentí cumplirse la promesa de un nuevo tiempo a través de aquel Niño que Dios hubo enviado al mundo, para enseñar a los hombres la ley mayor del Amor…

Y PARA NOSOTROS… ¿CUÁNDO NACIÓ JESÚS?
Dejad al Niño Dios nacer en tu corazón en Navidad. Que Él venga a traernos Fe, Amor y Paz, para que nosotros experimentemos vivir la ley mayor del Amor.

La frase de hoy

“Aunque se pierdan otras cosas a lo largo de los años,
mantengamos la Navidad como algo brillante…
Regresemos a nuestra fe infantil”

Grace Noll Crowell 

Pedidos de oración
Pedimos oración por la Santa Iglesia Católica; por el Papa Francisco, por el Papa Emérito Benedicto, por los obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, catequistas y todos los que componemos el cuerpo místico de Cristo; por la unión de los cristianos para que seamos uno, así como Dios Padre y nuestro Señor Jesucristo son Uno junto con el Espíritu Santo; por las misiones, por la Paz en el mundo, por nuestros hermanos sufrientes por diversos motivos especialmente por las enfermedades, el hambre y la pobreza; por los presos políticos y la falta de libertad en muchos países del mundo, por la unión de las familias, la fidelidad de los matrimonios y por más inclinación de los jóvenes hacia este sacramento; por el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas, y por las Benditas Almas del Purgatorio.

Pedimos oración para que Dios restaure y reavive el amor de Kenneth y Yudy, para darle un hogar y una familia unida en al amor a su bebé, y que Dios aparte del hogar a las personas que pueden hacerles daño.

Tú quisiste, Señor, que tu Hijo unigénito soportara nuestras debilidades,
para poner de manifiesto el valor de la enfermedad y la paciencia;
escucha ahora las plegarias que te dirigimos por nuestros hermanos enfermos
y concede a cuantos se hallan sometidos al dolor, la aflicción o la enfermedad,
la gracia de sentirse elegidos entre aquellos que tu hijo ha llamado dichosos,
y de saberse unidos a la pasión de Cristo para la redención del mundo.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Amén

“Intimidad Divina”

Lámpara encendida y luminosa

“Él era la lámpara que arde y alumbra”, decía Jesús hablando del Bautista, “y él dio testimonio de la verdad” (Jn 5, 35, 33). Lo mismo se debería afirmar de cada uno de los cristianos: “Lámpara encendida y luminosa” por la fe viva capaz de iluminar a los demás, por el amor capaz de calentar los corazones fríos e indiferentes. Su fe y su amor deben dar testimonio de la verdad y del amor de Dios no sólo con la oración y con actos estrictamente religiosos, sino con toda la vida. Lo cual no es posible sino cuando el creyente tiende incesantemente a Dios y lo busca en cada una de sus acciones y en toda su actividad. El Concilio Vaticano II, dirigiéndose a los seglares, les recomienda que “al cumplir como es debido las obligaciones del mundo en las circunstancias ordinarias de la vida, no separen unión con Cristo de su vida personal, sino que crezcan intensamente en ella realizando sus tareas según la voluntad de Dios” (AA 4). El cristiano tiene el deber de llevar a Cristo al mundo y lo realizará en la medida en que sepa mantenerse unido a él no sólo mientras ora, sino mientras trabaja en el cumplimiento de cualquier deber y de cualquier negocio. Esta unión con Cristo en la actividad exige recogimiento interior y dominio de sí, de manera que el corazón permanezca orientado hacia Dios, deseando agradarle y comportarse en todo según su voluntad.

Esto exige que [el seglar] también en la actividad sepa volver de vez en cuando dentro de sí mismo para despertar el pensamiento y más aún el deseo de Dios, para tomar conciencia de la divina presencia y para entrar en contacto con Dios que mora en su corazón. “Es menester –dice Santa Teresa– andar con aviso de no descuidarse de manera en las obras, aunque sean de obediencia y caridad, que muchas veces no acudan a lo interior a su Dios” (Fundaciones, 5, 17). Cuando la actividad externa está regulada por el deber, por la obediencia o cuando se emprende una obra por motivo de caridad, se tiene la garantía de estar unido a Dios, ya que nos movemos en el ámbito de su voluntad; sin embargo, hay que preocuparse de hacer cada vez más actual y consciente esta unión, valiéndose de pequeños medios para aumentarla. A esto tienden  aquellos momentos, rápidos pero frecuentes, en que el cristiano se retira dentro de sí mismo para encontrarse con Dios; son como el baluarte de la vida interior y en verdad la defienden del peligro de extenuarse y disiparse en la actividad externa.

Quien se sumerge en la acción sin ninguna cautela, bien pronto perderá de vista a Dios y su voluntad y terminará por obrar de modo puramente humano; con frecuencia perderá la calma, se agitará y se verá incapaz de recogerse. Jesús no reprendió a Marta porque se daba a la actividad externa, sino porque lo hacía con demasiado afán: “Marta, Marta, tú te afanas y te turbas por muchas cosas” (Lc 10, 41). Dios quiere la actividad y desea el servicio generoso a los hermanos, pero no la inquietud afanosa, porque por encima de todo una sola cosa es necesaria: la unión con Dios. Y cuanto más profundamente realice el cristiano esta vida de unión con el Señor, tanto mayor será el testimonio de Dios que ofrecerá a los demás y más genuinamente encarnará el espíritu del Evangelio, convirtiéndose en una “lámpara encendida y luminosa” que guíe a sus hermanos hacia Dios.

¡Oh Dios mío!, nada podrá distraerme de ti. Cuando obro por ti y permanezco siempre en tu santa presencia bajo tu mirada divina que penetra hasta lo más íntimo de mi alma, te puedo escuchar incluso en medio del bullicio del mundo, en el silencio del corazón que sólo quiere ser tuyo. Todo depende de la intención que se tenga. Podemos santificar hasta las cosas más pequeñas y transformar en divinos los actos más ordinarios de la vida. Un alma que vive unida a ti, Dios mío, sólo obra sobrenaturalmente. Las acciones más vulgares, en vez de separarla de ti, la unen más íntimamente a ti. (Isabel de la Trinidad)
P. Gabriel de Sta. M. Magdalena O.C.D. 
Jardinero de Dios
-el más pequeñito de todos-