lunes, 28 de octubre de 2013

Pequeñas Semillitas 2175

PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 8 - Número 2175 ~ Lunes 28 de Octubre de 2013
- AÑO DE LA FE -
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
Alabado sea Jesucristo…
Con frecuencia se dice que más que la actitud de los malos, lo peor es la debilidad de los buenos…
Ese catolicismo edulcorado, empobrecido por doctrinas humanistas, de acercamiento sentimental a todos los errores, que en este principio del tercer mileno campea por doquier, y que encuentra aceptación de los "sabios" modernos en consonancia con el católico común. No puede hacer frente a las doctrinas del Anticristo. Los católicos actuales son pasto seco, preparado para el fuego que arrasará sin remedio a la humanidad. Hoy más que nunca, la principal fuerza de los malévolos es la debilidad de los buenos.
Oremos entonces a Jesús para ser parte de su pequeño rebaño fiel.
Solamente las almas que se complacen y se deleitan en su bautismo, elemento sobrenatural, que tienen la conciencia de la grandeza y energía del mismo, están dotadas de un temple a toda prueba, son como de acero. Estas son las almas que piden a Jesucristo que reine sobre la tierra. Ven ya Señor y purifícala.
Este pequeño resto, que seguirá luchando contra “un imposible”, será la Iglesia visible de los últimos tiempos esparcida por todo el mundo a nivel individual y doméstico. Este pequeño resto, serán los elegidos, por quienes Nuestro Señor Jesucristo acortará los días del Anticristo, para venir en su Parusía.

La Palabra de Dios:
Evangelio de hoy
En aquellos días, Jesús se fue al monte a orar, y se pasó la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor.
Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos.
(Lc 6,12-19)

Comentario
Hoy contemplamos un día entero de la vida de Jesús. Una vida que tiene dos claras vertientes: la oración y la acción. Si la vida del cristiano ha de imitar la vida de Jesús, no podemos prescindir de ambas dimensiones. Todos los cristianos, incluso aquellos que se han consagrado a la vida contemplativa, hemos de dedicar unos momentos a la oración y otros a la acción, aunque varíe el tiempo que dediquemos a cada una. Hasta los monjes y las monjas de clausura dedican bastante tiempo de su jornada a un trabajo. Como contrapartida, los que somos más “seculares”, si deseamos imitar a Jesús, no deberíamos movernos en una acción desenfrenada sin ungirla con la oración. Nos enseña san Jerónimo: «Aunque el Apóstol nos mandó que oráramos siempre, (…) conviene que destinemos unas horas determinadas a este ejercicio».
¿Es que Jesús necesitaba de largos ratos de oración en solitario cuando todos dormían? Los teólogos estudian cuál era la psicología de Jesús hombre: hasta qué punto tenía acceso directo a la divinidad y hasta qué punto era «hombre semejante en todo a nosotros, menos en el pecado» (He 4,5). En la medida que lo consideremos más cercano, su “práctica” de oración será un ejemplo evidente para nosotros.
Asegurada ya la oración, sólo nos queda imitarlo en la acción. En el fragmento de hoy, lo vemos “organizando la Iglesia”, es decir, escogiendo a los que serán los futuros evangelizadores, llamados a continuar su misión en el mundo. «Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles» (Lc 6,13). Después lo encontramos curando toda clase de enfermedad. «Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos» (Lc 6,19), nos dice el evangelista. Para que nuestra identificación con Él sea total, únicamente nos falta que también de nosotros salga una fuerza que sane a todos, lo cual sólo será posible si estamos injertados en Él, para que demos mucho fruto (cf. Jn 15,4).
Rev. D. Albert TAULÉ i Viñas (Barcelona, España)

Santoral Católico:
Santos Judas Tadeo y Simón
Apóstoles del Señor
Información amplia haciendo clic acá.
Fuente: Catholic.net    

¡Buenos días!

Claves de felicidad

Existe una inmensa alegría en poder alegrar a otros a pesar de nuestra propia situación. La aflicción compartida disminuye la propia tristeza; pero, cuando la alegría se comparte, se duplica. Si deseas sentirte feliz y realizado, basta compartir tus bendiciones, esas que no se pueden comprar con dinero.

Serás feliz cuando creas en ti mismo; cuando aceptes y luches contra la adversidad; y cuando aprendas a disfrutar de tus ocupaciones cotidianas. Serás feliz cuando sientas satisfacción con lo que tienes; cuando mires de frente tus temores; y cuando compartas tus bendiciones con los demás. Serás feliz si entiendes que casi todo es temporal y pasajero; si comprendes que siempre puedes elegir; y si estás convencido que las pequeñas cosas significan mucho para ti. Serás feliz, en fin, cuando lo espiritual prevalezca en tu vida sobre lo material.

Compartir tus bendiciones con generosidad es una virtud que te pone en sintonía con Dios que es todo amor y donación de sí mismo. Cada día puedes empezar a ser generoso en gestos pequeños. Con la práctica se te irá abriendo el corazón, descubrirás la alegría de dar y comprobarás, maravillado, que recibes mucho más de lo que das.
Padre Natalio

Tema del día:
¿Puede deberse todo al azar?
—¿Y no cabe pensar que todo el universo es, simplemente, obra del azar?

Desde los tiempos más antiguos, el hombre se ha preguntado con asombro cuál sería la explicación de toda esa armonía que hay en la configuración y las leyes del universo.

Cuando el hombre de hoy -comenta José Ramón Ayllón- observa la complejidad y perfección de los procesos bioquímicos en el interior de una célula diminuta, o la de los más gigantescos fenómenos de movimiento y transformación de las galaxias; cuando se asoma al mundo microfísico y propone unas leyes que intentan explicar fenómenos que suceden a escalas de hasta una billonésima de milímetro; o cuando profundiza en la estructura a gran escala del universo hasta límites de más de un billón de billones de kilómetros; contemplando todo ese grandioso espectáculo, cada día con más profundidad gracias a los avances de la ciencia, resulta cada vez más difícil sostener que todo obedece a una misteriosa evolución gobernada por el azar, sin ninguna inteligencia detrás.

Allí donde existe un plan, ha de haber alguien que planifica. Y detrás de una obra de tal complejidad y de tales proporciones, ha de haber un creador, cuyo poder y sabiduría trasciendan cualquier medida.

Pensar que toda la armonía del universo y todas las complejas leyes de la naturaleza son fruto del azar, sería como pensar que las andanzas de Don Quijote de la Mancha que escribió Cervantes pudieron aparecer íntegras sacando letras al azar de una gigantesca marmita con una sopa de letras. Recurrir a una gigantesca casualidad para explicar las maravillas de la naturaleza es una explicación un poco ingenua.

—¿Y no cabe también, como dicen algunos, que el mundo haya existido desde siempre?

Cuando vemos un libro, o un cuadro, o un edificio, inmediatamente pensamos que detrás de esas obras habrá, respectivamente, un escritor, un pintor, un arquitecto.

Y de la misma manera que a nadie se le ocurre pensar que el Quijote surgió de una inmensa masa de letras que cayó al azar sobre unos pliegos de papel y quedaron ordenadas precisamente de esa forma tan ingeniosa, tampoco puede decirse que aquel edificio "está ahí desde siempre", o que ese cuadro "se ha pintado solo", o cosas por el estilo. No podemos sostener seriamente que el mundo "se ha hecho solo", o "se ha creado a sí mismo". Son incongruencias que caen por su propio peso.
Alfonso Aguiló

La frase de hoy

La Palabra de Dios no es un simple texto escrito,
es el mismo amor de Dios hecho hombre en Jesucristo.
“Desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo”
(San Jerónimo)
“La Palabra de Dios es la escalera para llegar a Cristo”
(Benedicto XVI)

“Intimidad Divina”

Santificados y enviados

“El Señor Jesús a quien el Padre santificó y envió al mundo (Jn 10, 36), hace partícipe a todo su Cuerpo místico de la unción del Espíritu con que fue él ungido, pues en él todos los fieles son hechos sacerdocio santo y regio” (PO 2); por el sacerdocio común de que todos han sido investidos en el bautismo o por el sacerdocio ministerial a que son elevados los que reciben el sacramento del orden; unos y otros han sido santificados de este modo y enviados al mundo a  continuar la misión de Cristo, como testigos y apóstoles suyos. El apóstol lo es, no tanto por lo que hace, cuanto por lo que es, y, esencialmente por su participación en la unción de Cristo, de su gracia y de su santidad. Pero la gracia del bautismo, igual que la del orden o de los otros sacramentos, no produce frutos de santidad si el apóstol no la asimila a través de un proceso continuo de ascesis, por el cual vive más intensa y perfectamente cada vez “la santidad recibida” (LG 40).

Dice el Vaticano II a propósito de los sacerdotes ocupados en el ministerio: “las preocupaciones apostólicas, los peligros y contratiempos, no sólo no les sean un obstáculo, antes bien asciendan por ellos a una más alta santidad” (LG 41). El mismo principio se aplica a los laicos comprometidos en el apostolado: deben santificarse “al cumplir como es debido las obligaciones del mundo”, no separando “la unión con Cristo de su vida personal” (AA 4). En otros términos, el campo del apostolado debe ser para cada uno la palestra de su propia santificación “Santificarse para el apostolado y mediante el apostolado –escribía Don Poppe–. Sacaríamos mentirosas a la Iglesia, a la vida de Jesús y a las vidas de todos los santos, si afirmásemos la incompatibilidad del apostolado exterior con la santidad” (Vida sacerdotal).

El que se da al apostolado, no por prurito de activismo ni por propia voluntad, sino por responder a la llamada de Dios y siguiendo en todo su voluntad, no puede dejar de hallar en el ejercicio mismo del apostolado las gracias necesarias para su santificación. Pero es preciso adoptar un comportamiento tal, que las actividades y circunstancias inherentes a los deberes apostólicos sean vividas de modo que intensifiquen la unión con Cristo y le vayan conformando cada vez más a él.

Procuremos ser tales que valgan nuestras oraciones para ayudar a estos siervos de Dios, que con tanto trabajo se han fortalecido con letras y buena vida y trabajado para ayudar ahora al Señor… Que los que tenga el Señor de su mano para que puedan librarse de tantos peligros como hay en el mundo y tapar los oídos en este peligroso mar, de canto de las sirenas. Y si en esto podemos algo con Dios, estando encerrados peleamos por él… Así que os pido por amor del Señor pidáis a Su Majestad nos oiga en esto. Yo, aunque miserable, lo pido a Su Majestad, pues para gloria suya y bien de su Iglesia, que aquí van mis deseos. (Santa Teresa de Jesús, Camino)
P. Gabriel de Sta. M. Magdalena O.C.D. 
Jardinero de Dios
-el más pequeñito de todos-

domingo, 27 de octubre de 2013

Pequeñas Semillitas 2174

PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 8 - Número 2174 ~ Domingo 27 de Octubre de 2013
- AÑO DE LA FE -
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
Alabado sea Jesucristo…
¿Cuál nos retrata mejor: el fariseo que se jacta de ser bueno para que Dios no tenga dudas de él y le canta como cumple sus obligaciones religiosas, o el publicano que se humilla ante lo sagrado?
Hay cristianos que se acercan al fariseo: creen que Dios no premia “lo bueno que son”… Nunca el orgullo, la altanería y el narcisismo (y mucho menos el desprecio por los demás) nos acercarán a Dios.
El publicano de la parábola ni siquiera se anima a mirar hacia el cielo, y sólo atina a reconocerse pecador. Y Jesús aclara que éste se vuelve a su casa perdonado, reconciliado con Dios.
La figura del publicano es algo más que “simpática”… es irremplazable. Necesitamos imitar al publicano: reconocer que somos pecadores, pedir humildemente perdón y confiar en el amor de Dios, que nunca rechaza un corazón contrito y humillado.
“El Domingo”

La Palabra de Dios:
Evangelio de hoy
En aquel tiempo, a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, Jesús les dijo esta parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano.
»El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: ‘¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias’.
»En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!’. Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado».
(Lc 18,9-14)

Comentario
Hoy leemos con atención y novedad el Evangelio de san Lucas. Una parábola dirigida a nuestros corazones. Unas palabras de vida para desvelar nuestra autenticidad humana y cristiana, que se fundamenta en la humildad de sabernos pecadores («¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!»: Lc 18,13), y en la misericordia y bondad de nuestro Dios («Todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado»: Lc 18,14).
La autenticidad es, ¡hoy más que nunca!, una necesidad para descubrirnos a nosotros mismos y resaltar la realidad liberadora de Dios en nuestras vidas y en nuestra sociedad. Es la actitud adecuada para que la Verdad de nuestra fe llegue, con toda su fuerza, al hombre y a la mujer de ahora. Tres ejes vertebran a esta autenticidad evangélica: la firmeza, el amor y la sensatez (cf. 2Tim 1,7).
La firmeza, para conocer la Palabra de Dios y mantenerla en nuestras vidas, a pesar de las dificultades. Especialmente en nuestros días, hay que poner atención en este punto, porque hay mucho auto-engaño en el ambiente que nos rodea. San Vicente de Lerins nos advertía: «Apenas comienza a extenderse la podredumbre de un nuevo error y éste, para justificarse, se apodera de algunos versículos de la Escritura, que además interpreta con falsedad y fraude».
El amor, para mirar con ojos de ternura —es decir, con la mirada de Dios— a la persona o al acontecimiento que tenemos delante. Juan Pablo II nos anima a «promover una espiritualidad de la comunión», que —entre otras cosas— significa «una mirada del corazón sobre todo hacia el misterio de la Trinidad que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida también en el rostro de los hermanos que están a nuestro lado».
Y, finalmente, sensatez, para transmitir esta Verdad con el lenguaje de hoy, encarnando realmente la Palabra de Dios en nuestra vida: «Creerán a nuestras obras más que a cualquier otro discurso» (San Juan Crisóstomo).
Rev. D. Joan Pere PULIDO i Gutiérrez Secretario del obispo de Sant Feliu (Sant Feliu de Llobregat, España)

Santoral Católico:
Santos Vicente, Sabina y Cristeta
Información amplia haciendo clic acá.
Fuente: Catholic.net    

¡Buenos días!

Sabiduría indígena

El filósofo Platón comparaba nuestra vida con un carruaje tirado por dos corceles: uno dócil y brioso, otro rebelde y perezoso. Para que el carro avance el conductor necesita armonizar esas fuerzas contrarias. San Pablo confiesa esa lucha en su propia vida: la carne que quiere avasallar al espíritu. Un cacique iroqués te expone su experiencia con una sugestiva parábola.

El viejo cacique de la tribu charlaba junto al fuego con sus nietos acerca de la vida, y en ese momento les dijo: — ¡Una gran pelea está ocurriendo dentro de mí!... ¡es entre dos lobos! Uno de los lobos es maldad, cobardía, ira, envidia, rencor, avaricia, falsedad, orgullo, vagancia. El otro es bondad, valor, paciencia, amistad, perdón, generosidad, sinceridad, humildad, laboriosidad. Esta misma pelea está ocurriendo dentro de cada uno de ustedes y dentro de todos los hombres de la tierra. Los indiecitos se quedaron pensando por un rato, hasta que uno de los niños le preguntó a su abuelo: — ¿Y cuál de los lobos crees que ganará? El viejo cacique respondió simplemente: —El que alimentes más, muchacho.

Excelente respuesta: ¡no hay que alimentar los vicios! De este modo nuestras malas inclinaciones no tomarán fuerza en nosotros. Y así será si nunca mentimos, nunca criticamos, nunca nos quedamos con algo del prójimo, etc., sencillamente no sabemos hacerlo porque no tenemos el mal hábito de hacerlo; pero, estemos alerta para no comenzar.
Padre Natalio

Tema del día:
¿Quién soy yo para juzgar?
La parábola del fariseo y el publicano suele despertar en no pocos cristianos un rechazo grande hacia el fariseo que se presenta ante Dios arrogante y seguro de sí mismo, y una simpatía espontánea hacia el publicano que reconoce humildemente su pecado. Paradójicamente, el relato puede despertar en nosotros este sentimiento: “Te doy gracias, Dios mío, porque no soy como este fariseo”.

Para escuchar correctamente el mensaje de la parábola, hemos de tener en cuenta que Jesús no la cuenta para criticar a los sectores fariseos, sino para sacudir la conciencia de “algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás”. Entre estos nos encontramos, ciertamente, no pocos católicos de nuestros días.

La oración del fariseo nos revela su actitud interior: “¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás”. ¿Qué clase de oración es esta de creerse mejor que los demás? Hasta un fariseo, fiel cumplidor de la Ley, puede vivir en una actitud pervertida. Este hombre se siente justo ante Dios y, precisamente por eso, se convierte en juez que desprecia y condena a los que no son como él.

El publicano, por el contrario, solo acierta a decir: “¡Oh Dios! Ten compasión de este pecador”. Este hombre reconoce humildemente su pecado. No se puede gloriar de su vida. Se encomienda a la compasión de Dios. No se compara con nadie. No juzga a los demás. Vive en verdad ante sí mismo y ante Dios.

La parábola es una penetrante crítica que desenmascara una actitud religiosa engañosa, que nos permite vivir ante Dios seguros de nuestra inocencia, mientras condenamos desde nuestra supuesta superioridad moral a todo el que no piensa o actúa como nosotros.

Circunstancias históricas y corrientes triunfalistas alejadas del evangelio nos han hecho a los católicos especialmente proclives a esa tentación. Por eso, hemos de leer la parábola cada uno en actitud autocrítica: ¿Por qué nos creemos mejores que los agnósticos? ¿Por qué nos sentimos más cerca de Dios que los no practicantes? ¿Qué hay en el fondo de ciertas oraciones por la conversión de los pecadores? ¿Qué es reparar los pecados de los demás sin vivir convirtiéndonos a Dios?

Recientemente, ante la pregunta de un periodista, el Papa Francisco hizo esta afirmación: “¿Quién soy yo para juzgar a un gay?”. Sus palabras han sorprendido a casi todos. Al parecer, nadie se esperaba una respuesta tan sencilla y evangélica de un Papa católico. Sin embargo, esa es la actitud de quien vive en verdad ante Dios
José Antonio Pagola

Palabras del Beato Juan Pablo II

"Nosotros los cristianos, en particular, estamos llamados a ser centinelas de la paz, en los lugares donde vivimos y trabajamos; es decir, se nos pide que vigilemos para que las conciencias no cedan a la tentación del egoísmo, de la mentira y de la violencia"
 
Beato Juan Pablo II

Nuevo video y artículo

Hay un nuevo video subido a este blog.
Para verlo tienes que ir al final de la página.

Hay nuevo material publicado en el blog
"Juan Pablo II inolvidable"
Puedes acceder en la dirección:

Nunca olvidemos agradecer
Alguna vez leí que en el cielo hay dos oficinas diferentes para tratar lo relativo a las oraciones de las personas en la tierra:
Una es para receptar pedidos de diversas gracias, y allí los muchos ángeles que atienden trabajan intensamente y sin descanso por la cantidad de peticiones que llegan en todo momento.
La otra oficina es para recibir los agradecimientos por las gracias concedidas y en ella hay un par de ángeles aburridos porque prácticamente no les llega ningún mensaje de los hombres desde la tierra para dar gracias...
Desde esta sección de "Pequeñas Semillitas" pretendemos juntar una vez por semana (los domingos) todos los mensajes para la segunda oficina: agradecimientos por favores y gracias concedidas como respuesta a nuestros pedidos de oración.

Desde Bogotá, Colombia, John Fredy G. M. agradece a Dios y a todos los que rezaron por su salud, ya que ha sido operado de un tumor vesical el pasado 8 de octubre de manera exitosa.

Nuestra amiga Liliana Z., de Banfield, Buenos Aires, Argentina, expresa su agradecimiento a la Santísima Virgen y a su amado Hijo, ya que su cuñado Carlos Cayetano ha regresado a casa luego de haber tenido un infarto. Que el Señor lo siga cuidando.

“Intimidad Divina”

Domingo 30 del Tiempo Ordinario

“Los gritos del pobre atraviesan las nubes” (Ecli 35, 17) y obtienen gracia; he aquí el centro de esta Liturgia dominical. El hombre debe hacer obras buenas y ofrecer a Dios sacrificios; pero que no piense “comprarse” a dios con esos medios. Dios no es como los hombres, que se dejan corromper con dádivas y favores, pues mira únicamente el corazón del que recurre a él. Si alguna preferencia tiene es siempre para los que la Biblia llama “los pobres de Yahvé”, que se vuelven a él con ánimo humilde, contrito, confiado y convencidos de no tener derecho a sus favores. La primera lectura es precisamente un elogio de la justicia de Dios que no se fija en el rostro de nadie, ni es parcial con ninguno, sino que escucha la oración del pobre, del indefenso, del huérfano y de la viuda. Y es un elogio de la oración del humilde, conocedor de su indigencia y de su necesidad de auxilio y de salvación. Esta es la oración que “atraviesa las nubes” y obtiene gracia y justicia.

Ese trozo del Antiguo Testamento es una introducción óptima a la parábola evangélica del fariseo y el publicano (Lc 18, 9-14), en la que Jesús confronta la oración del soberbio y la del humilde. Un fariseo y un publicano suben a un templo con idéntica intención: orar, pero su comportamiento es diametralmente opuesto. Para el primero la oración es un simple pretexto para jactarse de su justicia a expensas del prójimo… Se siente digno de la gracia de Dios y la exige como recompensa a sus servicios. A fuer de fariseo está satisfecho y complacido de una justicia exterior y legal, mientras su corazón está lleno de soberbia y de desprecio del prójimo. Al contrario, el publicano se confiesa pecador, y con razón porque su conducta no es conforme a la ley de Dios. Sin embargo está arrepentido, reconoce su miseria moral y se da cuenta de que es indigno del divino favor… La conclusión es desconcertante… Jesús no quiere decir que Dios prefiere la humildad del pecador arrepentido a la soberbia del justo presuntuoso.

También la segunda lectura (2 Tm 4, 6-8, 16-18) nos ofrece un pensamiento que ilumina esta enseñanza. Al ocaso de su vida, San Pablo hace una especie de balance: “He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe” (ib. 7). Reconoce, pues, el bien realizado, pero con un espíritu muy diferente del fariseo. En lugar de anteponerse a los otros, declara que el Señor dará “la corona merecida” no a él sólo, “sino a todos los que tienen amor a su venida” (ib. 8). En lugar de jactarse del bien obrado, confiesa que es Dios quien le ha sostenido y dado fuerza; lejos de contar con sus méritos, confía en Dios para ser salvo y le da por ello gracias. “El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. ¡A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén! (ib. 18).

Tú Señor, no te alejes, estáte cerca. ¿De quién está cerca el Señor? De los que atribularon su corazón. Está lejos de los soberbios, está cerca de los humildes, mas no piensen los soberbios que están ocultos, pues desde lejos los conoce. De lejos conocía al fariseo que se jactaba de sí mismo, y de cerca socorría al publicano que se arrepentía. Aquel se jactaba de sus obras buenas y ocultaba sus heridas; éste no se jactaba de sus méritos, sino que mostraba sus heridas. Se acercó al médico y se reconoció enfermo; sabía que había de sanar; con todo, no se atrevió a levantar los ojos al cielo, golpeaba su pecho; no se perdonaba a sí mismo para que Dios le perdonase, se reconocía pecador para que Dios no le tuviese en cuenta sus yerros, se castigaba para que Dios le librase…  Señor, lejos de mí creerme justo… A mí me toca clamar, gemir, confesar, no exaltarme, no vanagloriarme, no preciarme de mis méritos, porque si tengo algo de lo que pueda gloriarme, ¿qué es lo que no he recibido? (San Agustín)
P. Gabriel de Sta. M. Magdalena O.C.D. 
Jardinero de Dios
-el más pequeñito de todos-

sábado, 26 de octubre de 2013

Pequeñas Semillitas 2173

PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 8 - Número 2173 ~ Sábado 26 de Octubre de 2013
- AÑO DE LA FE -
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
Alabado sea Jesucristo…
La vida empieza a tener sentido cuando ayudas a otro a ponerse de pie y a andar. Cuando respiras hinchando tus pulmones de aire, y notas que no estás solo, a pesar de estar en el desierto. Cuando miras al cielo y ves las estrellas palpitar, comprendes que no estás solo, comprendes que la vida es mucho más que el simple palpitar de tu corazón.
La vida tiene sentido cuando andas, cuando evolucionas y no dejas tras de ti amargura. Cuando tras de ti has dejado alegrías, amigos y hermanos; cuando has dejado un grato recuerdo en todo aquel que te ha conocido, es cuando la vida tiene sentido.
Si tras de ti has dejado odio, esas serán las raíces que en el futuro darán frutos amargos; si la planta que crece tiene raíces de amor, los frutos serán dulces y serán tu alimento en el andar de cada día.
Apoya tu mano sobre el hombro de aquellos que andan contigo, porque si te sientes débil ellos te levantarán, y si te sientes fuerte andarás más de prisa.
"Anécdotas del alma"

La Palabra de Dios:
Evangelio de hoy
En aquel tiempo, llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo».
Les dijo esta parábola: «Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?’. Pero él le respondió: ‘Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas’».
(Lc 13,1-9)

Comentario
Hoy, las palabras de Jesús nos invitan a meditar sobre el inconveniente de la hipocresía: «Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró» (Lc 13,6). El hipócrita aparenta ser lo que no es. Esta mentira llega a su cima al fingir virtud (aspecto moral) siendo vicioso, o devoción (aspecto religioso) al buscarse uno mismo y sus propios intereses y no a Dios. La hipocresía moral abunda en el mundo, la religiosa perjudica a la Iglesia.
Las invectivas de Jesús contra los escribas y fariseos —más claras y directas en otros pasajes evangélicos— son terribles. No podemos leer o escuchar lo que acabamos de leer o escuchar sin que estas palabras nos lleguen al fondo del corazón, si realmente las hemos escuchado y entendido.
Lo diré en plural personal, ya que todos experimentamos la distancia entre lo que aparentamos ser y lo que somos de veras. Lo somos los políticos cuando nos aprovechamos del país proclamando que estamos a su servicio; los cuerpos de seguridad cuando protegemos a grupos corruptos en nombre del orden público; el personal sanitario cuando suprimimos vidas incipientes o terminales en nombre de la medicina; los medios de comunicación social cuando falseamos las noticias y pervertimos al personal diciendo que lo estamos divirtiendo; los administradores de los fondos públicos cuando desviamos una parte de ellos hacia nuestros bolsillos (individuales o de partido) y alardeamos de honestidad pública; los laicistas cuando impedimos la dimensión pública de la religión en nombre de la libertad de conciencia; los religiosos cuando vivimos de nuestras instituciones con infidelidad al espíritu y a las exigencias de los fundadores; los sacerdotes cuando vivimos del altar pero no servimos abnegadamente a nuestros feligreses con espíritu evangélico; etc.
¡Ah!: y tú y yo también, en la medida en que nuestra conciencia nos dice lo que tenemos que hacer y dejamos de hacerlo para dedicarnos únicamente a ver la paja en el ojo ajeno sin querer darnos cuenta siquiera de la viga que ciega el nuestro. ¿O no?
—Jesús, Salvador del mundo, ¡sálvanos de nuestras pequeñas, medianas y grandes hipocresías!
Rev. D. Antoni ORIOL i Tataret (Vic, Barcelona, España)

Santoral Católico:
Santa Paulina Jaricot
Fundadora de la Propagación de la Fe 
Información amplia haciendo clic acá.
Fuente: Catholic.net    

¡Buenos días!

Ahora mismo

Uno de los defectos más comunes de la naturaleza humana es diferir lo que deberíamos y podríamos hacer ahora. Cuántas hermosas iniciativas han muerto por esta concesión a la pereza que nos lleva a dejar para después lo que podemos hacer enseguida. Aquí te ofrezco unas buenas sugerencias para aprovechar mejor cada día.

No esperes una sonrisa, para ser gentil. No esperes ser amado, para amar. No esperes estar solo, para reconocer el valor de un amigo. No esperes el mejor empleo, para comenzar a trabajar. No esperes tener mucho, para compartir algo. No esperes llegar a tal extremo, para recordar un consejo. No esperes el dolor, para rezar una oración. No esperes tener tiempo, para poder servir. No esperes ser herido por otro, para pedir perdón. No esperes una separación, para reconciliarte. No esperes… porque el tiempo es un regalo que se va y no espera.

“No pierdas un momento en lamentar las desgracias del ayer, las derrotas del ayer, los sufrimientos del ayer. Haz de este día el mejor de tu vida. Los deberes de hoy cúmplelos hoy. Hoy mismo conságrate al trabajo. Hoy tienes la oportunidad de convertirte en la persona que tu bien sabes puedes llegar a ser”. Que seas hoy decidido, entusiasta y dinámico.
Padre Natalio

Tema del día:
La Iglesia es católica
1) Para saber

Continuando con sus enseñanzas sobre la Iglesia el Papa Francisco recordó su tercera nota esencial que en el Credo recitamos: “Creo en la Iglesia que es una, santa, católica…”.

Por una parte, la Iglesia es católica porque es la casa en donde se anuncia toda la fe y se nos ofrece a todos la salvación que nos ha traído Cristo. En la Iglesia, cada uno de nosotros encuentra todo lo necesario para creer, para vivir como cristiano, para llegar a ser santo.

2) Para pensar

Por otra parte, continuó el Papa, "la Iglesia es católica porque es universal, está esparcida por todo el mundo y anuncia el Evangelio a todos los hombres y mujeres... no es solo para unos pocos... no está cerrada, está destinada a toda la humanidad… la Iglesia es católica porque es la casa de la armonía donde unidad y diversidad saben conjugarse para transformarse en riquezas".

Se cuenta que había dos aldeanos: Pedro y Rómulo. Pedro tenía una esposa que, aunque muy distinta de carácter, se llevaba muy bien y solía estar siempre de buen humor. Rómulo, en cambio, siempre discutía con su esposa, nunca la comprendía y decía que no hay que confiar en ellas, pues seguramente hablan mal de sus maridos a sus espaldas.

Por ello, Rómulo le propuso a Pedro hacer una prueba para mostrarle que su mujer hablaría mal de él en cuanto se presentara una oportunidad. Pedro aceptó la prueba, pues confiaba plenamente en su mujer, ya que siempre lo comprendía hiciese lo que hiciese. Rómulo le propuso que intentase meter su caballo en el establo al revés, es decir, andando el animal hacia atrás.

Aquél día Pedro le pidió a su mujer que le ayudase a meter al animal al revés, pues éste no se dejaba. Su esposa no se opuso, sino que lo ayudó con prontitud y alegría. Rómulo, estaba presente tratando de escuchar cualquier objeción o queja que hiciera la mujer sobre su marido, pero nada. Entonces Rómulo le hizo señas a Pedro para que se fuera y lo dejara a solas con su mujer.

Al quedarse a solas, Rómulo empezó a renegar de Pedro: “¿Ya viste que insensato es Pedro? ¡A quién se le ocurre meter un animal al revés! ¡Es una gran tontería! ¿Qué opinas de ello?” La mujer, que era comprensiva, le contestó: “Pues opino que todo lo que hace mi marido está bien hecho, que por algo será. El caballo, al fin y al cabo ya debe estar cansado de entrar siempre de frente”. Rómulo, derrotado, ya no tuvo nada que añadir.

Aunque distintos, siempre es posible llegar a una relación cordial cuando hay una buena actitud. En la Iglesia, siendo distintos, siempre es posible una comprensión que lleve a la paz.

3) Para vivir

El Santo Padre comparó a la Iglesia con la imagen de una sinfonía y de los diferentes instrumentos que la interpretan. Cada uno con su timbre inconfundible y sus propias características guiados por un director. Así todos tocan juntos en armonía, y no se anula el timbre de ningún instrumento, es más, se valoriza al máximo la peculiaridad de cada uno de ellos: "No somos todos iguales y no debemos ser iguales. Cada uno ofrece lo que Dios le ha dado".

Al finalizar, el Papa invitó a vivir esta armonía, aceptando la diversidad: "la vida de la Iglesia es variedad y cuando queremos uniformarla, mermamos los dones del Espíritu Santo... Recémosle para que nos haga cada vez más católicos", concluyó.
Pbro. José Martínez Colín

La frase de hoy

“Tomen el casco de la salvación
y la espada del Espíritu
que es la Palabra de Dios”
Ef 6, 17

Mensaje de María Reina de la Paz
Mensaje de María Reina de la Paz del 25 de octubre de 2013

“Queridos hijos! Hoy los invito a abrirse a la oración. La oración hace milagros en ustedes y a través de ustedes. Por eso, hijitos, en la simplicidad del corazón, pidan al Altísimo que les dé la fuerza de ser hijos de Dios y que satanás no los agite como el viento agita las ramas. Hijitos, decídanse nuevamente por Dios y busquen sólo Su voluntad, y entonces encontrarán en El alegría y paz. Gracias por haber respondido a mi llamado. ”

"Pequeñas Semillitas" por e-mail
Si lo deseas puedes recibir todos los días "Pequeñas Semillitas" por correo, más el agregado de un powerpoint. Las suscripciones son gratis y solo tienes que solicitarlas escribiendo a Rocío (moderadora de los grupos) a: peque.semillitas.3@gmail.com  con el título: “Suscripción a Pequeñas Semillitas”.

  “Intimidad Divina”

Que brille vuestra luz

Hay un apostolado común a todos: sacerdotes, religiosos, laicos, activos y contemplativos, del que podía decir San Pablo: “Sed mis imitadores, como yo lo soy de Cristo” (1 Cr 11, 1). Lo que el mundo pide a los creyentes no es tanto una doctrina abstracta, cuanto el ejemplo de un Evangelio encarnado en lo concreto de cada día, y no sólo en un sector, sino en todos los sectores de la vida. Entre los más graves errores de nuestro tiempo ha sido denunciado “el divorcio entre la fe y la vida diaria de muchos” (GS 43). Esto es ocasión de escándalo y de grave daño para el Evangelio, porque nadie está dispuesto a dar crédito a quien predica una doctrina que no vive y tal vez niega con su conducta. Escándalo y daño tanto más graves cuanto provienen de personas que, por el lugar que ocupan en la Iglesia, están obligadas más especialmente a encarnar el espíritu evangélico. De ellos podría repetirse lo que dijo Jesús de los fariseos: “…no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen” (Mt 23, 3). Todo fiel, a medida que se aparta con su vida del Evangelio, oscurece y debilita el testimonio de la Iglesia; en cambio, a medida que lo encarna, lo hace más esplendoroso y eficaz.

Jesús enseñó a orar, ayunar y dar limosna en secreto, para que sólo el Padre celestial lo sepa y lo recompense, pero ha enseñado también a obrar de modo que las obras buenas de cada uno sirvan a los demás de aliciente al bien. “Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5, 16). Si hay que guardarse de la ostentación, hay que guardarse también del respeto humano y de cualquier otro motivo egoísta que se oponga a la profesión abierta y valerosa de la fe tanto en obras como en palabras. Sólo portándose en toda circunstancia según el Evangelio, puede el cristiano ser apóstol, luz y guía de los hermanos.

Jesús que declaró “Yo soy la luz del mundo” (Jn 8, 12), ha transmitido esa misión a sus discípulos afirmando “Vosotros sois la luz del mundo” (Mt 5, 14); pero esto se realiza a condición de que estén íntimamente unidos a él, única Luz, y vivan sus enseñanzas con tal plenitud que se conviertan a su vez en luz. El sacerdocio de los fieles, en virtud del cual, por medio del bautismo, son incorporados al Sacerdocio de Cristo, les impone este deber; por eso el Vaticano II insiste en que los bautizados “den testimonio por doquiera de Cristo” mediante “una vida santa” (LG 10)… A cuantos profesan los consejos evangélicos se les dice que su vida “proporciona al mundo y debe proporcionarle un espléndido testimonio y ejemplo de santidad”… A todos y cada uno repite la Iglesia las palabras de Jesús: “Sóis la luz del mundo… Brille así vuestra luz”

Dios omnipotente, suplicamos tu misericordia para que no sólo nos concedas escuchar tu palabra, sino también ponerla en práctica… Destruye en nosotros lo que debe ser destruido y vivifica lo que debe ser vivificado… Concédenos, oh Dios, creer con el corazón, profesar con la boca y confirmar con las obras tu alianza con nosotros, para que los hombres, viendo nuestras obras buenas, te glorifiquen a ti, Padre nuestro que estás en el cielo, por Jesucristo nuestro Señor, cuya es la gloria por los siglos de los siglos. (Orígenes, de Plegarias de los primeros cristianos)
P. Gabriel de Sta. M. Magdalena O.C.D. 
Jardinero de Dios
-el más pequeñito de todos-