domingo, 3 de noviembre de 2013

Pequeñas Semillitas 2181

PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 8 - Número 2181 ~ Domingo 3 de Noviembre de 2013
- AÑO DE LA FE -
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
Alabado sea Jesucristo…
Jesús alerta con frecuencia sobre el riesgo de quedar atrapados por la atracción irresistible del dinero. El deseo insaciable de bienestar material puede echar a perder la vida de una persona. Quien vive esclavo del dinero termina encerrado en sí mismo. Los demás no cuentan. Sin embargo, para Jesús, la atracción del dinero no es una especie de enfermedad incurable. Es posible liberarse de su esclavitud y empezar una vida más sana. El rico no es “un caso perdido”.
Es muy esclarecedor el relato de Lucas sobre el encuentro de Jesús con un hombre rico de Jericó. Un hombre de pequeña estatura ha subido a una higuera para poder verlo de cerca. No es desconocido. Se trata de un rico, poderoso “jefe de recaudadores”. Para la gente de Jericó, un ser despreciable, un recaudador corrupto y sin escrúpulos como casi todos. Para los sectores religiosos, “un pecador” sin conversión posible, excluido de toda salvación.
Sin embargo, Jesús le hace una propuesta sorprendente: “Zaqueo, baja en seguida porque tengo que alojarme en tu casa”. Jesús quiere ser acogido en su casa de pecador, en el mundo de dinero y de poder de este hombre despreciado por todos. Zaqueo bajó en seguida y lo recibió con alegría. No tiene miedo de dejar entrar en su vida al Defensor de los pobres.
Lucas no explica lo que sucedió en aquella casa. Sólo dice que el contacto con Jesús transforma radicalmente al rico Zaqueo. Su compromiso es firme. En adelante pensará en los pobres: compartirá con ellos sus bienes. Recordará también a las víctimas de las que ha abusado: les devolverá con creces lo robado. Jesús ha introducido en su vida justicia y amor solidario… También los ricos se pueden convertir. Con Jesús todo es posible. No lo hemos de olvidar nadie. Él ha venido para buscar y salvar lo que nosotros podemos estar echando a perder. Para Jesús no hay casos perdidos.
José Antonio Pagola

La Palabra de Dios:
Evangelio de hoy
En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa».
El bajó en seguida, y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador». Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: «Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más». Jesús le contestó: «Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».
(Lc 19,1-10)

Comentario
Hoy, la narración evangélica parece como el cumplimiento de la parábola del fariseo y el publicano (cf. Lc 18,9-14). Humilde y sincero de corazón, el publicano oraba en su interior: «Oh Dios, ten compasión de mí, que soy un pecador» (Lc 18,13); y hoy contemplamos cómo Jesucristo perdona y rehabilita a Zaqueo, el jefe de publicanos de Jericó, un hombre rico e influyente, pero odiado y despreciado por sus vecinos, que se sentían extorsionados por él: «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa» (Lc 19,5). El perdón divino lleva a Zaqueo a convertirse; he aquí una de las originalidades del Evangelio: el perdón de Dios es gratuito; no es tanto por causa de nuestra conversión que Dios nos perdona, sino que sucede al revés: la misericordia de Dios nos mueve al agradecimiento y a dar una respuesta.
Como en aquella ocasión Jesús, en su camino a Jerusalén, pasaba por Jericó. Hoy y cada día, Jesús pasa por nuestra vida y nos llama por nuestro nombre. Zaqueo no había visto nunca a Jesús, había oído hablar de Él y sentía curiosidad por saber quién era aquel maestro tan célebre. Jesús, en cambio, sí conocía a Zaqueo y las miserias de su vida. Jesús sabía cómo se había enriquecido y cómo era odiado y marginado por sus convecinos; por eso, pasó por Jericó para sacarle de ese pozo: «El Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido» (Lc 19,10).
El encuentro del Maestro con el publicano cambió radicalmente la vida de este último. Después de haber oído el Evangelio, piensa en la oportunidad que Dios te brinda hoy y que tú no debes desaprovechar: Jesucristo pasa por tu vida y te llama por tu nombre, porque te ama y quiere salvarte, ¿en qué pozo estás atrapado? Así como Zaqueo subió a un árbol para ver a Jesús, sube tú ahora con Jesús al árbol de la cruz y sabrás quien es Él, conocerás la inmensidad de su amor, ya que «elige a un jefe de publicanos: ¿quién desesperará de sí mismo cuando éste alcanza la gracia?» (San Ambrosio).
Rev. D. Joaquim MESEGUER García (Sant Quirze del Vallès, Barcelona, España)

Santoral Católico:
San Martín de Porres
Religioso dominico peruano
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Fuente: Catholic.net    

¡Buenos días!

Ante la naturaleza

La naturaleza es una buena escalera para llegar hasta el Señor del universo. Los fines de semana invitan a un contacto más inmediato con el mar, la montaña, los dilatados horizontes, o los bosques… La contemplación de la naturaleza es sedante, tonifica el espíritu, te hace encontrar con lo mejor de ti mismo. Una oración para que sintonices con la naturaleza.

Padre, tú has creado este universo para que me ayude a conocerte mejor y a amarte mejor. Cada rayo de luz, cada flor, cada nuevo paisaje a la vuelta del camino es un mensajero oportuno que me invita, por senderos fáciles, a subir hasta ti. El rocío de la noche y el gallo que canta por la mañana, el viento que murmura al pasar y el pan sobre la mesa, todo me habla de tu bondad. Pero me falta la atención del corazón para encontrarte en todas las cosas. Consérvame un alma vibrante, entusiasta, un alma joven, que no se canse de leer el poema de la Naturaleza. Ayúdame a encontrar bajo los colores y los sonidos tu pensamiento divino, como el lector encuentra, bajo las letras del libro, el pensamiento del autor. ¡Que la Naturaleza sea para mí un templo grandioso, donde cada detalle me revele tu gloria, tu poder y tu bondad!

Pide al Espíritu de Dios, que según el Génesis “aleteaba sobre las aguas primordiales” de la creación, te conceda la atención del corazón, para hacer de las bellezas naturales peldaños de una escalera que te lleva al Creador. “Nunca se cansen de mirar tus ojos, el perpetuo milagro de la vida”. Hasta mañana.
Padre Natalio

Tema del día:
La conversión de Zaqueo
Hoy el evangelio nos habla de la conversión de Zaqueo. Este hombre, “pequeño de estatura” se nos hace atrayente, porque muestra un gran deseo de ver a Jesús, quien derrama sobre él toda su misericordia. Zaqueo respondió con una conversión efectiva, demostrando al final que era de una estatura moral mucho más grande que algunos fariseos cumplidores, pero llenos de injusticias y soberbia.

San Lucas, que es el evangelista que más trata de la misericordia de Jesús, nos trae este suceso de la conversión de Zaqueo como una expresión de la misericordia de Dios. Es la característica principal del amor de Dios, en cuanto que se relaciona con nosotros, que somos pecadores. Es bueno meditar hoy en la primera lectura de la misa (Sabiduría 11, 22-12,2). Para muchos Dios era y sigue siendo el terrible, el guardián del orden, el ordenador del mundo, el freno de los delitos sociales, el omnipotente que necesita esclavos. Y el autor sagrado del último libro del Antiguo Testamento nos dice hoy que Dios es sobre todo amor, que Dios ama todo lo que ha creado. Es amigo de la vida, no de la muerte ni del dolor; nos ama aunque no le amemos; nos ama porque es bueno, no porque nosotros lo seamos. Y porque nos ama podemos ser mejores y dejar de ser pecadores. A nosotros nos cuesta perdonar; pero Él manifiesta su poder y su grandeza perdonando. El perdón es un signo de poder.

Bajo este signo de la misericordia hoy se narra el suceso de Zaqueo. Este hombre era muy mal visto por los fariseos y el pueblo en general, ya que su oficio daba pie para ello, pues era nada menos que el jefe de los recaudadores de impuestos en aquella zona de Jericó, lugar de bastante comercio. Por ese oficio tenía que tratar con los romanos, que eran los opresores, y además solía aprovecharse de su oficio. Por eso luego dirá a Jesús: “Si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más”.  A pesar de lo que digan de él, su corazón no es tan cerrado. Y tiene deseos de ver a Jesús: un deseo tan grande que, para poder hacerlo, no teme hacer el ridículo subiendo a un árbol. Jesús, como Dios, no se fija en las apariencias, como los hombres, sino que mira más al corazón. Se intercambian las miradas y, como la misericordia debe ser atrevida, por encima del qué dirán de la gente, Jesús se auto invita a la casa de Zaqueo, quien lo recibe con gran alegría.

Luego vendría la conversación, el penetrar de la gracia de Dios y la verdadera conversión. Conversión es la transformación radical de nosotros mismos; es pensar, sentir y vivir como Cristo. Convertirse es comprometerse con el proceso de liberación de los pobres y explotados. Por eso Zaqueo, que se convierte, no se queda en buenas intenciones, sino que pasa decididamente a la acción: reparte, devuelve todo lo que ha robado e incluso más. Y esto suele ser muy difícil para un rico. Toda conversión verdadera no es sólo individual, sino que tiene consecuencias sociales. Por eso Jesús la interpreta como gracia y liberación: “Hoy ha entrado la salvación a esta casa”, porque no sólo se salvó él, sino que repercutió en su familia.

Hoy se nos enseña que el principio de la conversión es el deseo de ver a Jesús; y, aunque parezca que hacemos el ridículo, debemos poner los medios para ver a Jesús. Cualquier esfuerzo que hagamos por acercarnos a Él, será ampliamente recompensado por su misericordia infinita. Para ello debemos invitarle a nuestra casa, que es nuestro corazón, estar disponibles a su llamada. Después saber que el encuentro con Cristo nos debe hacer generosos con los demás. Zaqueo comprendió que para seguir a Jesús, es necesario el más completo desprendimiento.

La misericordia de Dios se hizo realidad en Jesús que “vino a salvar lo que estaba perdido”. No vino para condenar. Y recordemos que los que practican la misericordia “alcanzarán misericordia”. Por eso nuestra salvación está condicionada al esfuerzo que hagamos por ayudar a los demás en su propia salvación.
P. Silverio Velasco (España)

Palabras del Beato Juan Pablo II

“Los cristianos, juntamente con todos los hombres de buena voluntad,
deberán contribuir, mediante adecuados programas económicos y políticos,
a los cambios estructurales tan necesarios
para que la humanidad se libre de la plaga de la pobreza”
 
Beato Juan Pablo II


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Nunca olvidemos agradecer
Alguna vez leí que en el cielo hay dos oficinas diferentes para tratar lo relativo a las oraciones de las personas en la tierra:
Una es para receptar pedidos de diversas gracias, y allí los muchos ángeles que atienden trabajan intensamente y sin descanso por la cantidad de peticiones que llegan en todo momento.
La otra oficina es para recibir los agradecimientos por las gracias concedidas y en ella hay un par de ángeles aburridos porque prácticamente no les llega ningún mensaje de los hombres desde la tierra para dar gracias...
Desde esta sección de "Pequeñas Semillitas" pretendemos juntar una vez por semana (los domingos) todos los mensajes para la segunda oficina: agradecimientos por favores y gracias concedidas como respuesta a nuestros pedidos de oración.

Quiero agradecer a Nuestro Señor Jesucristo porque hace justo un año, por propuesta de mi párroco aprobada por el Obispo, fui enviado como Ministro Extraordinario de la Comunión, para llevar a mis hermanos imposibilitados de asistir a la iglesia, la Palabra y el Cuerpo Eucarístico de Jesús. A pesar de mis escasos méritos, o más aún, a pesar de mi indignidad, todas las semanas llevo el doble alimento (la Palabra y la Eucaristía) a los internados en un geriátrico que aguardan ansiosamente le visita del Señor, lo mismo que a otras personas que no pueden ir a misa. Pido a Dios que en este segundo año que se inicia, pueda ser digno de esta hermosa misión de llevar a Jesús a los hermanos. Felipe

“Intimidad Divina”

Domingo 31 del Tiempo Ordinario

Dios es misericordia infinita e inagotable y el hombre está sumamente necesitado de ella. Dios que lo ha creado en un acto de amor, lo crea de nuevo día tras día en un acto incesante de misericordia con el que remedia sus debilidades, perdona sus culpas y lo redime del mal. Es éste el concepto expresado en la primera lectura: “Te compadeces de todos, porque todo lo puedes, cierras los ojos a los pecados de los hombres, para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no odias nada de lo que has hecho” (Sb 11, 23-24). Nadie puede subsistir sin la misericordia omnipotente de Dios que continúa amándolo y manteniéndolo en vida, a pesar de sus pecados e infidelidades, y lo sigue sin tregua para conducirlo a la salvación… El Evangelio del día lo demuestra con un hecho concreto y bien elocuente: la conversión de Zaqueo, el publicano… un recaudador enriquecido con dinero defraudado al pueblo.

“Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa” (Lc 19, 5)… Zaqueo nunca habría soñado proposición semejante, baja a toda prisa del árbol y acoge a Jesús lleno de gozo. La gente murmura escandalizada, pero él deja que digan; tiene cosas más importantes que tratar con el Maestro, que ya le ha tocado el corazón: “Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más” (ib. 8). Es la conversión radical. Ha bastado la presencia y la bondad del Señor para iluminar la conciencia de este hombre sin escrúpulos, atascado en el dinero y hecho a ganar con injusticias.

Es que había en Zaqueo una buena disposición que lo ha abierto a la gracia: el deseo sincero de ver y encontrar a Jesús. Y ahora se siente decir: “Hoy ha sido la salvación de esta casa…; porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido” (ib. 9-10). Al publicano, que los fariseos consideraban como un pecador perdido sin remedio, se le ofrece la salvación, y él la acepta abriendo su casa y su corazón al Salvador. El mismo ofrecimiento continua haciendo Cristo a cada hombre: “Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo” (Ap 3, 20). Dios, en su infinita misericordia, no se contenta con convertir a los hombres y perdonarlos, sino que les ofrece su amistad y los invita a la comunión con él.

Señor de poder y de misericordia, que has querido hacer digno y agradable por favor tuyo el servicio de tus fieles; concédenos caminar sin tropiezos hacia los bienes que nos prometes (MR Colecta). Que este sacrificio de la Eucaristía, Señor, sea para ti una ofrenda pura y para nosotros una generosa efusión de tu misericordia (MR Oración sobre las ofrendas).
P. Gabriel de Sta. M. Magdalena O.C.D. 
Jardinero de Dios
-el más pequeñito de todos-

sábado, 2 de noviembre de 2013

Pequeñas Semillitas 2180

PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 8 - Número 2180 ~ Sábado 2 de Noviembre de 2013
- AÑO DE LA FE -
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
Alabado sea Jesucristo…
Hoy es el día que dedicamos a recordar en su conjunto a todos los fieles difuntos. La tradición de rezar por los muertos se remonta a los primeros tiempos del cristianismo, en donde ya se honraba su recuerdo y se ofrecían oraciones y sacrificios por ellos.
Cuando una persona muere ya no es capaz de hacer nada para ganar el cielo; sin embargo, los vivos sí podemos ofrecer nuestras obras para que el difunto alcance la salvación. Con las buenas obras y la oración se puede ayudar a los seres queridos a conseguir el perdón y la purificación de sus pecados para poder participar de la gloria de Dios. A estas oraciones se les llama sufragios. El mejor sufragio es ofrecer la Santa Misa por los difuntos.
San Agustín nos ha dejado un pensamiento que lo dice todo: "Una flor sobre su tumba se marchita, una lágrima sobre su recuerdo se evapora. Una oración por su alma, la recibe Dios"

La Palabra de Dios:
Evangelio de hoy
Cuando los soldados llegaron al lugar llamado Calvario, crucificaron allí a Jesús y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Uno de los malhechores colgados le insultaba: «¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!». Pero el otro le respondió diciendo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino». Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso».
(Lc 23,33.39-43)

Comentario
Hoy, el Evangelio evoca el hecho más fundamental del cristiano: la muerte y resurrección de Jesús. Hagamos nuestra, hoy, la plegaria del Buen Ladrón: «Jesús, acuérdate de mí» (Lc 23,42). «La Iglesia no ruega por los santos como ruega por los difuntos, que duermen en el Señor, sino que se encomienda a las oraciones de aquéllos y ruega por éstos», decía san Agustín en un Sermón. Una vez al año, por lo menos, los cristianos nos preguntamos sobre el sentido de nuestra vida y sobre el sentido de nuestra muerte y resurrección. Es el día de la conmemoración de los fieles difuntos, de la que san Agustín nos ha mostrado su distinción respecto a la fiesta de Todos los Santos.
Los sufrimientos de la Humanidad son los mismos que los de la Iglesia y, sin duda, tienen en común que todo sufrimiento humano es de algún modo privación de vida. Por eso, la muerte de un ser querido nos produce un dolor tan indescriptible que ni tan sólo la fe puede aliviarlo. Así, los hombres siempre han querido honrar a los difuntos. La memoria, en efecto, es un modo de hacer que los ausentes estén presentes, de perpetuar su vida. Pero sus mecanismos psicológicos y sociales amortiguan los recuerdos con el tiempo. Y si eso puede humanamente llevar a la angustia, cristianamente, gracias a la resurrección, tenemos paz. La ventaja de creer en ella es que nos permite confiar en que, a pesar del olvido, volveremos a encontrarlos en la otra vida.
Una segunda ventaja de creer es que, al recordar a los difuntos, oramos por ellos. Lo hacemos desde nuestro interior, en la intimidad con Dios, y cada vez que oramos juntos, en la Eucaristía, no estamos solos ante el misterio de la muerte y de la vida, sino que lo compartimos como miembros del Cuerpo de Cristo. Más aún: al ver la cruz, suspendida entre el cielo y la tierra, sabemos que se establece una comunión entre nosotros y nuestros difuntos. Por eso, san Francisco proclamó agradecido: «Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana, la muerte corporal».
Fra. Agustí BOADAS Llavat OFM (Barcelona, España)

Santoral Católico:
Los fieles difuntos
Información amplia haciendo clic acá.
Fuente: Catholic.net    

¡Buenos días!

Vidas ejemplares

Ayer celebramos en un solo día a todos los santos del Cielo. Te hago una propuesta que puede significar mucho para ti: ¿por qué no te propones leer al menos la vida de un santo por año? Con esta variante: si no eres aficionado a la lectura, proponte ver al menos en DVD la película de un santo/a: ellos han imitado a Jesús siguiendo con amor sus ejemplos de vida.

Son entretenidas, interesantes y, con frecuencia, impresionantes, porque son historias verdaderas de vidas humanas extraordinarias. Mueven a la admiración por el testimonio de una vida santa. Animan a imitar sus ejemplos, presentándolos accesibles también al lector. Nos revelan la presencia de Dios, de su amor y de su poder en la vida de hermanos nuestros. Leer la vida de un santo suele ser tanto o más eficaz que unos buenos ejercicios espirituales. Además, crean una comunión de sentimientos entre el santo y su admirador, que fortalecen las buenas decisiones. Te interpelan y te ves urgido a preguntarte como San Agustín: “Si éste y aquél lo pudieron, ¿por qué yo no lo podré también?”

Entre los santos hay personas de todas las profesiones, tareas y situaciones humanas. Hay sabios doctores y mendigos analfabetos, hay débiles mujeres y valientes soldados, hay reyes y labriegos, hay personas siempre fieles a Dios y pecadores que, desde sus vicios, se elevaron a gran santidad. Es enriquecedor  y alentador conocer a Cristo en sus santos.
Padre Natalio

Tema del día:
La muerte: otro amanecer
Al enfrentar la pérdida de alguien a quien amamos, nuestro corazón llora en medio de su soledad, y no se consuela con simples palabras. Nuestro corazón nos dice que hemos sido creados para vivir, no para morir. Hemos sido creados para expresar vida, cada vez más. Cuando alguien falla en esto, nos preguntamos: ¿Por qué?

Para entender el significado de la muerte, debemos comprender primero el significado de la vida. Al contemplar la vida, vemos que todas las cosas cambian, pero aunque cambian, ninguna perece.

Si esto es cierto en el mundo de las cosas, ¡cuánto más cierto será en el mundo de la mente! El alma está hecha de una sustancia que le es propia, no menos permanente por ser inmaterial, ni menos real por ser invisible. No podemos medirla con un calibrador o pesarla en una balanza ni tocarla con los dedos o verla con los ojos. Pero está ahí, sustancial, real. Cambia, pero no perece.

La vida no comienza con el nacimiento ni termina con la muerte. La vida es un proceso y progreso eternos. Esta forma visible, esta voz audible, este agregado de órganos, esta red de ideas —somos más que eso. Éstas son las circunstancias visibles. Somos expresión del espíritu de vida.

La eternidad no es una alternación de vida y muerte. Sólo hay vida. La verdad es que no podemos morir. La vida es energía. La vida es expresión. No puede cesar porque es eterna. Podemos cambiar de forma y desaparecer de vista, pero no podemos dejar de ser. Nunca podemos dejar de ser, ni siquiera por un momento. No podemos estar separados de la vida ni ser menos que ella.

Hay una unidad más allá de las unidades de tiempo y lugar y aun de pensamiento; una unidad que nos une como un solo ente, del mismo modo en que todas las olas son un solo mar y todas las islas una tierra. ¿No nos une el amor a nuestros amigos aunque ellos estén en el otro extremo de la tierra? Del mismo modo, aquellos que amamos pueden pasar más allá del alcance de nuestras manos, pero no del alcance de nuestros corazones.

Lo que hay exactamente al otro lado de la muerte, no lo sabemos. Pero podemos estar seguros de que es vida. La vida está del otro lado de la muerte como lo está de este lado.

La muerte es una puerta a través de la cual pasamos de una habitación a otra. Es la pausa entre dos notas en una sinfonía inconclusa. Es una página que pasamos, para entrar en un nuevo capítulo del libro de la vida.
James Dillet Freeman

Palabras del Papa Francisco

“Hay santos de cada día, los santos ‘ocultos’, una especie de ‘clase media de la santidad’, de la que todos pueden formar parte… En diversas partes del mundo hay también quien sufre, como Pedro y los apóstoles, a causa del Evangelio; hay quien entrega su propia vida por permanecer fiel a Cristo, con un testimonio marcado con el precio de su sangre”
Papa Francisco

Poesía
'No me digas adiós'

No me digas adiós, sino hasta luego
Dios determinó que en el cielo estoy mejor.
No me digas adiós, sino hasta luego
Tuve que partir a un lugar donde no voy a sufrir.
No me digas adiós, sino hasta luego
No te preocupes más por mí
Porque donde estoy espero por ti.
No me digas adiós sino hasta luego
No tengas miedo de morir
No tengas miedo
Y aunque tenga que alejarme
Será por solo un momento
Porque yo estaré esperándote en el cielo. 
Samuel Hernández

Pedidos de oración
Pedimos oración por la Santa Iglesia Católica; por el Papa Francisco, por el Papa Emérito Benedicto, por los obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, catequistas y todos los que componemos el cuerpo místico de Cristo; por la unión de los cristianos para que seamos uno, así como Dios Padre y nuestro Señor Jesucristo son Uno junto con el Espíritu Santo; por las misiones, por la Paz en el mundo, por nuestros hermanos sufrientes por diversos motivos especialmente por las enfermedades, el hambre y la pobreza; por los presos políticos y la falta de libertad en muchos países del mundo, por la unión de las familias, la fidelidad de los matrimonios y por más inclinación de los jóvenes hacia este sacramento; por el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas, y por las Benditas Almas del Purgatorio.

Pedimos oración por Fabiola, de Costa Rica, que está embarazada de tres meses y tiene que realizarse una ecografía dentro de unos días porque aparentemente el feto no tiene el tamaño que debería de acuerdo a la edad gestacional. Que la Santísima Virgen, Madre de Jesús y Madre nuestra, proteja este embarazo.

Pedimos oración por la salud de las siguientes personas de la provincia de Buenos Aires, Argentina: Dora, Gastón, Perpetua, y por el niño Nahuel. Que Dios Misericordioso atienda las necesidades de cada uno de ellos.

Tú quisiste, Señor, que tu Hijo unigénito soportara nuestras debilidades,
para poner de manifiesto el valor de la enfermedad y la paciencia;
escucha ahora las plegarias que te dirigimos por nuestros hermanos enfermos
y concede a cuantos se hallan sometidos al dolor, la aflicción o la enfermedad,
la gracia de sentirse elegidos entre aquellos que tu hijo ha llamado dichosos,
y de saberse unidos a la pasión de Cristo para la redención del mundo.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Amén

"Pequeñas Semillitas" por e-mail
Si lo deseas puedes recibir todos los días "Pequeñas Semillitas" por correo, más el agregado de un powerpoint. Las suscripciones son gratis y solo tienes que solicitarlas escribiendo a Rocío (moderadora de los grupos) a: peque.semillitas.3@gmail.com  con el título: “Suscripción a Pequeñas Semillitas”.

“Intimidad Divina”

Los fieles difuntos

Ayer la Iglesia peregrina en la tierra celebraba la gloria de la Iglesia celestial invocando la intercesión de los Santos y hoy se reúne en oración para hacer sufragios por sus hijos que, “ya difuntos, se purifican” (LG 49). Mientras dure el tiempo, la Iglesia constará de tres estados: los bienaventurados que gozan ya de la visión de Dios, los difuntos necesitados de purificación todavía no admitidos a ella, y los “viadores” que soportan las pruebas de la vida presente. Entre unos y otros hay una separación profunda, que, no obstante, no impide su unión espiritual, “pues todos los que son de Cristo… constituyen una misma Iglesia y mutuamente se unen en él. La unión de los viadores con los hermanos que se durmieron en la paz de Cristo, de ninguna manera se interrumpe, antes bien… se robustece con la comunicación de bienes espirituales” (ib.)

La Liturgia del día pone el acento sobre la fe y la esperanza en la vida eterna, sólidamente fundadas en la Revelación. Es significativo el trozo del libro de la Sabiduría (3, 1-6. 9): “Las almas de los justos están en las manos de Dios y no les alcanzará tormento alguno. Creyeron los insensatos que habían muerto; tuvieron por quebranto su salida de este mundo, y su partida de entre nosotros por completa destrucción; pero ellos están en la paz”. Para quienes han creído en Dios y le han servido, la muerte no es un salto en la nada, sino en los brazos de Dios; es el encuentro personal con él, para “permanecer junto a él en el amor” y en la alegría de su amistad. El cristiano auténtico no teme, por eso, la muerte. Antes, considerando que mientras vivimos aquí abajo “vivimos lejos del Señor”, repite con San Pablo: “Preferimos salir de este cuerpo para vivir con el Señor” (2 Cr 5, 6-8). No se trata de exaltar la muerte sino de verla como realmente es en el plan de Dios: el natalicio para la vida eterna.

Esta visión serena y optimista de la muerte se basa sobre la fe en Cristo y sobre la pertenencia a él: “Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda a ninguno de los que él me ha dado, sino que los resucite el último día” (Jn 6, 39). Todos los hombres han sido dados a Cristo, y él los ha pagado al precio de su sangre. Si aceptan su pertenencia a él y la viven con la fe y con las obras según el Evangelio, pueden estar seguros de que serán contados entre los “suyos” y, como a tales, nadie podrá arrancarlos de su mano, ni siquiera la muerte. “Ya vivamos, ya muramos, del Señor somos”. Somos del Señor porque nos ha redimido e incorporado a sí, porque vivimos en él y para él mediante la gracia y el amor; si somos suyos en la vida, lo continuaremos siendo en la muerte. Cristo, Señor de la vida, vendrá a ser el Señor de nuestra muerte, que él absorberá en la suya transformándola en vida eterna.

Señor y Dios, no se puede desear para los otros más de lo que se desea para sí mismo. Por eso te suplico: no me separes después de la muerte de aquellos que he amado tan tiernamente en la tierra. Haz, Señor, te lo suplico, que donde esté yo se encuentren los otros conmigo, para que allá arriba pueda gozarme de su presencia dado que en la tierra me vi tan presto privado de ellos. Te imploro, Dios soberano, acojas pronto a estos hijos amados en el seno de la vida. En lugar de su vida terrena tan breve, concédeles poseer la felicidad eterna. (San Ambrosio)
P. Gabriel de Sta. M. Magdalena O.C.D. 
Jardinero de Dios
-el más pequeñito de todos-

viernes, 1 de noviembre de 2013

Pequeñas Semillitas 2179

PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 8 - Número 2179 ~ Viernes 1 de Noviembre de 2013
- AÑO DE LA FE -
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
Alabado sea Jesucristo…
Iniciamos el penúltimo mes del año –Noviembre– y lo hacemos con la Fiesta de Todos los Santos.
El Papa (y próximamente Santo) Juan Pablo II les decía a los jóvenes “no tengan miedo de ser santos” en medio de este mundo dominado por el relativismo, la permisividad y la cultura de la muerte. Y debemos ver que la santidad es un camino al que se nos invita a todos, en la búsqueda de la Gracia que perdimos por causa del pecado y que Cristo nos devolvió con su muerte y resurrección.
San Agustín decía: “Señor, a Ti solo busco, a Ti solo amo y tuyo quiero ser. Mi único deseo es conocerte y amarte” (Sol 1, 1), invitándonos a todos a dar lo mejor de nosotros mismos y a poner en el centro de nuestra vida a Jesús Eucaristía.
No tengamos miedo. Jesús nos sigue diciendo como a Jairo: “No tengas miedo, solamente confía en Mí” (Mc 5, 36). Pidamos y recibiremos. Pidamos esta gracia de la santidad, día y noche, mañana y tarde, y veremos cómo el Señor toma en serio nuestra oración. No importa si no vemos progresos, Dios puede hacernos santo en el último momento de nuestra vida (como sucedió en el Calvario con el buen ladrón). Dios nos dice en su palabra: “Encomienda tu vida al Señor, confía en Él y déjalo actuar” (Sal 36,5).
Tal como se explica en el artículo central de esta edición, en este día se celebra a todos los millones de personas que han llegado al cielo, aunque sean desconocidos para nosotros. Santo es aquel que ha llegado al cielo. Algunos han sido canonizados y son por esto propuestos por la Iglesia como ejemplos de vida cristiana. Pero muchos no estarán nunca en los altares… son los “santos anónimos”, muchos de los cuales conviven con nosotros cada día aunque a veces ni nos damos cuenta…

La Palabra de Dios:
Evangelio de hoy
En aquel tiempo, viendo Jesús la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos».
(Mt 5,1-12a)

Comentario
Hoy celebramos la realidad de un misterio salvador expresado en el “credo” y que resulta muy consolador: «Creo en la comunión de los santos». Todos los santos, desde la Virgen María, que han pasado ya a la vida eterna, forman una unidad: son la Iglesia de los bienaventurados, a quienes Jesús felicita: «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8). Al mismo tiempo, también están en comunión con nosotros. La fe y la esperanza no pueden unirnos porque ellos ya gozan de la eterna visión de Dios; pero nos une, en cambio el amor «que no pasa nunca» (1Cor 13,13); ese amor que nos une con ellos al mismo Padre, al mismo Cristo Redentor y al mismo Espíritu Santo. El amor que les hace solidarios y solícitos para con nosotros. Por tanto, no veneramos a los santos solamente por su ejemplaridad, sino sobre todo por la unidad en el Espíritu de toda la Iglesia, que se fortalece con la práctica del amor fraterno.
Por esta profunda unidad, hemos de sentirnos cerca de todos los santos que, anteriormente a nosotros, han creído y esperado lo mismo que nosotros creemos y esperamos y, sobre todo, han amado al Padre Dios y a sus hermanos los hombres, procurando imitar el amor de Cristo.
Los santos apóstoles, los santos mártires, los santos confesores que han existido a lo largo de la historia son, por tanto, nuestros hermanos e intercesores; en ellos se han cumplido estas palabras proféticas de Jesús: «Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos» (Mt 5,11-12). Los tesoros de su santidad son bienes de familia, con los que podemos contar. Éstos son los tesoros del cielo que Jesús invita a reunir (cf. Mt 6,20). Como afirma el Concilio Vaticano II, «su fraterna solicitud ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad» (Lumen gentium, 49). Esta solemnidad nos aporta una noticia reconfortante que nos invita a la alegría y a la fiesta.
Mons. F. Xavier CIURANETA i Aymí Obispo Emérito de Lleida (Lleida, España)

Santoral Católico:
Fiesta de Todos los Santos 
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Fuente: Catholic.net    

Tema del día:
Todos los Santos
Hoy celebra la Iglesia la fiesta de todos los santos. Esta palabra “santo” en la Biblia se aplicaba sólo a Dios, pues significa: sagrado o separado. Pero luego se fue diciendo de todo lo que se acercaba más a Dios. Así ya san Pablo llama santos a los cristianos por el hecho de estar unidos a Dios por el bautismo. Después ya sólo se aplicó a aquellas personas que por su comportamiento están más cerca de Dios. Especialmente los mártires que, por su muerte gloriosa, se unen para siempre con Dios.

La Iglesia desde el principio comenzó a honrar a los mártires en su día propio del martirio; pero ya por el siglo III eran tantos los mártires que tuvieron que celebrar su fiesta en un día todos juntos, aunque no tenían un día fijo. El 13 de Mayo del año 609 el papa consagró el panteón romano, que había sido templo pagano de todos los dioses, para que fuese templo de la Virgen María y de todos los santos. Unos cien años después la fiesta de todos los santos quedó fijada para el día 1 de Noviembre.

Hay muchos santos, cuyos nombres conocemos, porque han sido “canonizados”, es decir declarados santos solemnemente por el papa, después de haber examinado minuciosamente su vida y sus escritos y normalmente después de que Dios ha ratificado esa santidad por uno o más milagros. Pero santos hay muchos más que no conocemos, quizá porque han vivido una vida muy oculta, pero que gozan con Dios con una gloria semejante. Entre estos santos habrá familiares y conocidos nuestros. Hoy es el día para festejar a todos y también para alzar nuestra mirada al cielo para pedir su protección y sobre todo para desear imitarles y un día poder estar con ellos en el cielo.

Todos estamos llamados a la santidad. Nos lo ha dicho muchas veces la Iglesia. De una manera especial lo recalcó el concilio Vaticano II. No es que haya que tener una vida externa diferente a los demás, aunque la verdad es que hay situaciones que ayudan y hay situaciones que pueden estorbar. Tenemos que esforzarnos por conseguir siempre ser mejores y tender a un ideal grande. No es fácil, pero tampoco es imposible. Para ello Jesucristo nos enseñó el camino. El principal es la caridad. Sin amor no puede haber verdadera vida cristiana: Amor dirigido hacia Dios, que es nuestro Padre y nos acompaña, amor que se expresa especialmente en la oración, y amor hacia los demás, porque todos somos hermanos.

Hoy en el evangelio se nos propone este ideal por medio de las bienaventuranzas. Son actitudes o maneras de ser. Son  las condiciones para el seguimiento en el camino del Reino de Dios trazado por Jesús. Con ellas podemos imitar su misma vida.

La santidad no es un camino triste, sino muy gozoso. Si queremos ser felices de verdad debemos ser “pobres de espíritu”, que significa ser desprendidos de los bienes materiales, tenga uno algo de dinero o no tenga nada. Va en contra de la codicia, procurando llevar una vida sencilla y humilde. Se trata de tener una vida de confianza filial en Dios, que es nuestro Padre. La 2ª nos dice que hay que ser manso, ser suave con los demás en juicios, palabras y hechos. Para ello uno tiene que saber dominarse a sí, no violentar a los demás. La 3ª habla del llorar, no porque el santo tenga que ser triste, sino porque hay que sufrir por los propios pecados y por los males ajenos. En la 4ª nos habla de tener “hambre y sed de justicia”. Es un gran deseo en la perfección moral y religiosa. En la Biblia se llama justo al que se esfuerza sinceramente por cumplir la voluntad de Dios. Quien se esfuerza lo consigue, porque Dios nos ayuda. En la 5ª alaba a los misericordiosos. Se trata de compartir las desdichas del prójimo, materiales y espirituales. Dios nos medirá al final según nuestro grado de misericordia. En la 6ª alaba a los limpios de corazón. Un corazón sucio ofusca la visión para las cosas de Dios. En la 7ª se alaba a los pacíficos: No sólo los que eliminan las discusiones, sino los que trabajan por unir en la paz, que sale del amor. Por fin, aquel que es santo será objeto de persecuciones, porque el bien perturba a los malos.
P. Silverio Velasco

¡Buenos días!

Una frenada especial

Conducir un auto por las carreteras sea para ti ocasión de practicar actitudes respetuosas con la vida del prójimo, como la cortesía, la corrección y la prudencia. Nada mejor para superar los imprevistos. Que estés dispuesto a prestar ayuda cuando veas a alguno en necesidad, especialmente en un accidente. Recuerda la parábola del samaritano contada por Jesús.

Un conductor viaja por una calle resbaladiza debido a la abundante lluvia. De pronto al pasar un semáforo éste se pone rojo y el conductor frena, pero el coche patina en dirección contraria desviándose y yendo a parar justo delante de un agente de tráfico…
Para despistar, le pregunta: —¡Por favor! ¿Cómo se va al hospital?
—Siga conduciendo como hasta ahora —le contesta el policía— y llegará rápido…

Que el automóvil no sea para ti expresión de poder y dominio, o de necia vanidad. Persuade con amabilidad a los jóvenes y a los que ya no lo son, para que no se pongan al volante cuando no estén en condiciones de hacerlo. Que la carretera sea para ti instrumento de comunión entre las personas. Y que te sientas responsable de los demás, (Decálogo del conductor).
Padre Natalio

La frase de hoy

“El santo no es un ángel, es hombre de carne y hueso
 que sabe levantarse y volver a caminar.
El santo no se olvida del llanto de su hermano,
ni piensa que es más bueno subiéndose al altar.
Santo es el que vive su fe con alegría
y lucha cada día pues vive para amar”
C. Gabarín


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“Juan Pablo II inolvidable”

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Pedidos de oración
Pedimos oración por la Santa Iglesia Católica; por el Papa Francisco, por el Papa Emérito Benedicto, por los obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, catequistas y todos los que componemos el cuerpo místico de Cristo; por la unión de los cristianos para que seamos uno, así como Dios Padre y nuestro Señor Jesucristo son Uno junto con el Espíritu Santo; por las misiones, por la Paz en el mundo, por nuestros hermanos sufrientes por diversos motivos especialmente por las enfermedades, el hambre y la pobreza; por los presos políticos y la falta de libertad en muchos países del mundo, por la unión de las familias, la fidelidad de los matrimonios y por más inclinación de los jóvenes hacia este sacramento; por el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas, y por las Benditas Almas del Purgatorio.

Pedimos oración por las siguientes personas, todas de Costa Rica: por los jóvenes Bernardo B., y José M., que buscan trabajo; por la señora Nazareth F., que atraviesa una difícil situación económica; y por la salud de Rita G. C., e Inés M. Por todos ellos te pedimos Señor.

Pedimos oración por la salud de Teresa M., que vive en Miami (USA) y está enferma de mieloma, para que por los méritos de la Divina Sangre de Jesús pueda obtener curación o alivio de su mal.

Tú quisiste, Señor, que tu Hijo unigénito soportara nuestras debilidades,
para poner de manifiesto el valor de la enfermedad y la paciencia;
escucha ahora las plegarias que te dirigimos por nuestros hermanos enfermos
y concede a cuantos se hallan sometidos al dolor, la aflicción o la enfermedad,
la gracia de sentirse elegidos entre aquellos que tu hijo ha llamado dichosos,
y de saberse unidos a la pasión de Cristo para la redención del mundo.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Amén

Estadísticas
El siguiente es el estado demostrativo de la cantidad de visitas registradas en los dos blogs que llevamos adelante en internet: "Pequeñas Semillitas" y "Juan Pablo II inolvidable". Esta información se publica el primer día de cada mes.

Debe recordarse que las visitas se cuentan desde el inicio de cada uno de ellos que ha sido en fechas distintas:

   Desde el 1º de Marzo de 2007 hasta hoy ha sido visitado por 1.936.767 lectores. Durante el último mes (octubre 2013) registró 10.399 nuevas visitas.

   Desde el 25 de Diciembre de 2009 hasta hoy ha sido visitado por 373.275  lectores. Durante el último mes (octubre 2013) registró 3.377 nuevas visitas.

“Intimidad Divina”

Todos los Santos

“Alegrémonos todos en el Señor al celebrar este día de fiesta en honor de todos los Santos. Los ángeles se alegran de esta solemnidad y alaban a una al Hijo de dios” (Entrada). La Liturgia de la Iglesia peregrina se une hoy a la de la Iglesia celestial para celebrar a Cristo Señor, fuente de santidad y de la gloria de los elegidos, “muchedumbre inmensa que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas” (ib. 9). Todos están “marcados en la frente” y “vestidos con vestiduras blancas”, lavadas “en la sangre del Cordero” (ib. 3, 9.14). Marca y vestidos son símbolos del bautismo que imprime en el hombre el carácter inconfundible de la pertenencia a Cristo y que, purificándolo del pecado, lo reviste de pureza y de gracia en virtud de su sangre. Pues la santidad no es otra cosa que la maduración plena de la gracia bautismal, y así es posible en todos los bautizados.

Los Santos que festeja hoy la Iglesia no son sólo los reconocidos oficialmente por la canonización, sino también aquellos otros muchos más numerosos y desconocidos que han sabido, “con la ayuda de Dios, conservar y perfeccionar en su vida la santificación que recibieron” (LG 40). Santidad oculta, vivida en las circunstancias ordinarias de la vida, sin brillo aparente, sin gestos que atraigan la atención, pero real y preciosa.

En el Evangelio (Mt 5, 1-12a) Jesús mismo ilustra el tema de la santidad y de la bienaventuranza eterna mostrando el camino que conduce a ella. Punto de partida son las condiciones concretas de la vida humana donde el sufrimiento no es un incidente fortuito, sino una realidad conexa a su estructura. Jesús no vino a anularlo, sino a redimirlo, haciendo de él un medio de salvación y de bienaventuranza eterna… El itinerario de las bienaventuranzas es el recorrido por los santos; pero de modo especialísimo es el recorrido por Jesús que quiso tomar sobre sí las miserias y sufrimientos humanos para enseñar al hombre a santificarlos. En el pobre, doliente, manso, misericordioso, pacífico, perseguido y por este camino llegado a la gloria, encuentra el cristiano la realización más perfecta de las bienaventuranzas evangélicas.

Soy la más pequeñas de las criaturas. Conozco mi miseria y mi debilidad. Pero sé también cuánto gustan los corazones nobles y generosos de hacer el bien. Os suplico, pues, ¡oh bienaventurados moradores del cielo!, os suplico que me adoptéis por hija. Para vosotros solos será la gloria que me hagáis adquirir; pero dignaos escuchar mi súplica. Es temeraria, lo sé, sin embargo me atrevo a pediros que me alcancéis vuestro doble amor. (Santa Teresa del Niño Jesús)
P. Gabriel de Sta. M. Magdalena O.C.D. 
Jardinero de Dios
-el más pequeñito de todos-