¡Alabado sea Jesucristo! Hoy te cuento una anécdota de Santa Mónica, cuyo hijo Agustín fue un
adolescente terrible, y cuyo esposo era muy irascible. Esta buena mamá
irradiaba paz y dulzura. Había comprendido que la paz es un don de Dios tan
valioso, que vale la pena hacer cualquier sacrificio para no perderla por
ningún motivo. El precio era una imperturbable paciencia. En aquella región del norte de África, donde las gentes eran sumamente
agresivas, las amas de casa le preguntaban a Mónica por qué su esposo, que era
uno de los hombres de peor genio en toda la ciudad, no la maltrataba nunca a
ella, y, en cambio, los esposos de ellas las golpeaban sin compasión. Mónica
les respondió: —Es muy sencillo, cuando mi esposo está de malhumor, yo me esfuerzo
por estar serena y tranquila. Cuando él grita, yo me callo. Y como para pelear
se necesitan dos, y yo no acepto la pelea, pues…no nos peleamos. La paciencia es una madurez. Presupone virtudes tan sólidas como la
humildad y la fe en Dios. Conseguirás la paciencia meditando en Jesús
bondadoso, sufrido, servicial, y suplicándole que vuelva tu corazón a semejanza
del suyo, manso y humilde. Que el Señor te ayude a dar pasos para crecer en
esta virtud tan necesaria. (PADRE NATALIO)
Nació en Voltaggio,
provincia de Génova (Italia), el año 1698. A los trece años, huérfano de padre,
se trasladó a Roma, a casa de un tío suyo sacerdote. Para dar cauce a la
vocación sacerdotal que sentía desde pequeño, estudió en el Colegio Romano de
los Jesuitas, y en 1721 se ordenó de sacerdote. En el tiempo de estudiante
sufrió los primeros ataques de epilepsia, que lo atormentarían toda su vida. Ya
presbítero, se entregó con mayor entusiasmo al apostolado que había iniciado
con anterioridad entre los estudiantes, los pobres y los marginados, los
enfermos y los niños abandonados, a todos los cuales aliviaba y evangelizaba.
Al mismo tiempo atendía el confesonario y era un excelente director espiritual.
En línea con su empeño pastoral y caritativo fundó la Pía Unión de sacerdotes
seculares de Santa Galla, tomando el nombre del Hospital u hospicio de Pobres
del que era capellán. Fundó también un hospicio para mujeres sin casa y
desamparadas. En los últimos meses de su vida, se agravó la epilepsia y le hizo
pasar un calvario. Murió en Roma el 23 de mayo de 1764. Para más información hacer clic acá. (Directorio Franciscano – ACI Prensa – Catholic.net)
La autoestima es
considerada como una percepción emocional del ser humano hacia sí mismo. Es
decir, en palabras fáciles podríamos describirlo como el sentimiento de amor
personal hacia nosotros mismos. Vale la pena mencionar que según los estudios,
este fenómeno propio del ser humano se presenta por primera vez en niños de 6
años. Lo más importante es
saber escucharte a ti mismo, valora y haz valorar tus opiniones, sin llegar a
ser autoritario y cerrado como para escuchar a los demás. Por otro lado, puedes
hacer un cambio en tu forma de expresarte para evitar la baja autoestima.
Convierte tus mensajes negativos, en positivos. Deja de lado los: “no puedo
hacerlo”, y usa frases positivas como: “lo haré lo mejor posible” o “lo
intentaré”. Puedes también hacerte
una autoevaluación, y anotar todas tus cualidades. Si crees no tener ninguna (a
causa de tu baja autoestima), conversa con amigos, y pídeles que te den 3
cualidades y anótalas. Descubrirás así, que esa lista será extensa y positiva. Además, debes saber
cuidarte. Tu salud física y mental es importante, no debes permitir que los
demás te digan que no vales; por el contrario, demuéstrales lo importante que
eres con hechos. Por otro lado, el cuidarte también implica el dejar de
depender de los demás, el aprender a defenderte y sobrevivir tú solo. Por último, podemos
decirte que es importante también, dejar de hacer las cosas que provocan tu
baja autoestima. Deja de juntarte con aquellas personas que no favorecen tu
autoestima, con aquellas personas que te dicen que no puedes hacerlo, que no
eres capaz. Empieza a juntarte con personas que valoren tu opinión y tus
aportes. (Material de mis
archivos – Imagen MentSalud)
📌El silencio en casa
significa que tu hijo pequeño: - Se ha dormido - Encontró el chocolate - Está escalando los muebles - Está dibujando las paredes - Encontró tu teléfono celular, que
sabe usar mejor que vos… 📌Jaimito le dice a su
padre: - Papá, papá, no quiero ir al colegio. - ¿Por qué Jaimito? Primero, tengo
sueño. Segundo, me aburro. Tercero, se ríen de mí. - ¡Pues, tienes que ir! Primero, es tu
obligación. Segundo, tienes 37 años. Tercero, eres el director del colegio.
Meditaciones de “Pequeñas Semillitas”
Siempre podemos sanar nuestros patrones de
pensamiento y lograr cambios favorables en nuestra salud. No merecemos estar
con dolores de cabeza crónicos o ser susceptibles de alergias. La enfermedad es
una manera en que el cuerpo nos dice que tenemos una falsa idea en nuestro
subconsciente y que no la hemos resuelto. Esta es una gran oportunidad de
voltear a verlo y a observar cómo estamos tratándonos a nosotros mismos. El
cuerpo nos está diciendo que no estamos pensando, diciendo o haciendo algo en
nuestro más elevado bien. Así que, cuando comiences a sentirte enfermo,
recuerda que es probable que tu cuerpo te esté diciendo que prestes más
atención. Cuidarse a sí mismo es muy necesario. Ahora bien, cuando aliviamos ese dolor o esos
síntomas a nivel físico únicamente, no quiere decir que se irán para siempre.
Esta es la razón por la cual muchas personas tienen enfermedades crónicas.
Curar la enfermedad a nivel físico no nos va a traer un completo estado de
plenitud y salud. Cuando sanamos a nivel emocional y espiritual es cuando
verdaderamente sanamos. La salud total está relacionada con la mente, el
cuerpo y el espíritu. Con los tres juntos. Moverte de la enfermedad al
bienestar es algo que se logra únicamente a través de cuidarte adecuadamente,
tener la alimentación apropiada y descansar suficiente. Pero también practicar
el pensamiento positivo y reflexionar temas emocionales y espirituales. Y tener presente siempre y en todo momento que la
sanidad definitiva y absoluta solo procede de Dios.
🌸
En Jesús, María y José, los integrantes de la Sagrada Familia de
Nazaret, se nos brinda un magnífico ejemplo para la imitación. ¿Qué fue lo que
hicieron? José era un humilde carpintero ocupado en mantener a Jesús y
María, proveyéndoles de alimento y vestido: de todo lo que necesitaban para
subsistir. María, la madre, tenía también una humilde tarea: la de ama de
casa con un hijo y un marido de los que ocuparse. A medida que el hijo fue creciendo, María se sentía preocupada
porque tuviera una vida normal, porque se sintiera a gusto en casa, con ella y
con José. Era aquél un hogar donde reinaban la ternura, la comprensión y
el respeto mutuo. Como he dicho: un magnífico ejemplo para nuestra imitación. (Santa Teresa de Calcuta)
Los cinco minutos de San Francisco
Mayo: Las mujeres santas Día 23 Un día Francisco y Clara caminaban por las orillas
opuestas de un río. Cuando Francisco vio a Clara, trató de cruzar el río para
saludarla, pero la fuerza de la corriente, que formaba remolinos, se lo
impidió. Se puso muy triste de que el peligro de las aguas no lo dejaran llegar
hasta ella. Entonces, Clara arrojó al río su manto y, caminando sobre él,
alcanzó la otra orilla en un instante. Francisco, asombrado y devoto, le dijo:
“Ves, Clara, tú estás más cerca de Dios que yo”. (Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
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