¡Alabado sea Jesucristo! Inmensa e inconcebible es la bondad del Señor, que “hace salir el sol
sobre buenos y malos, y manda la lluvia a justos y pecadores”. En este mundo el
Señor perdona siempre a los que con el corazón humillado y quebrantado se
arrepienten de sus pecados. También es indudable que a los servidores fieles
les tiene preparada una corona eterna de gloria en el cielo. La Biblia ha sido llamada con razón el libro de las promesas. En efecto,
casi no hay página en la que no encontremos que Dios alienta a sus fieles por
el camino de la virtud con la esperanza de un premio eterno. San Pablo afirma
que “nuestras tribulaciones no son nada en comparación con la futura gloria que
se revelará en nosotros”. Que tengas un día feliz. (PADRE NATALIO)
Mateo describe la despedida de Jesús trazando las líneas de fuerza que han
de orientar para siempre a sus discípulos, los rasgos que han de marcar a su
Iglesia para cumplir fielmente su misión. El punto de arranque es Galilea. Ahí los convoca Jesús. La resurrección no
los ha de llevar a olvidar lo vivido con él en Galilea. Allí le han escuchado
hablar de Dios con parábolas conmovedoras. Allí lo han visto aliviando el sufrimiento, ofreciendo el perdón de Dios y
acogiendo a los más olvidados. Es esto precisamente lo que han de seguir
transmitiendo. Entre los discípulos que rodean a Jesús resucitado hay «creyentes» y hay
quienes «vacilan». El narrador es realista. Los discípulos «se postran». Sin
duda quieren creer, pero en algunos se despierta la duda y la indecisión. Tal
vez están asustados, no pueden captar todo lo que aquello significa. Mateo
conoce la fe frágil de las comunidades cristianas. Si no contaran con Jesús,
pronto se apagaría. Jesús «se acerca» y entra en contacto con ellos. Él tiene la fuerza y el
poder que a ellos les falta. El Resucitado ha recibido del Padre la autoridad
del Hijo de Dios con «pleno poder en el cielo y en la tierra». Si se apoyan en
él no vacilarán. Jesús les indica con toda precisión cuál ha de ser su misión. No es
propiamente «enseñar doctrina», no es solo «anunciar al Resucitado». Sin duda,
los discípulos de Jesús habrán de cuidar diversos aspectos: «dar testimonio del
Resucitado», «proclamar el evangelio», «implantar comunidades»… pero todo
estará finalmente orientado a un objetivo: «hacer discípulos» de Jesús. Esta es nuestra misión: hacer «seguidores» de Jesús que conozcan su
mensaje, sintonicen con su proyecto, aprendan a vivir como él y reproduzcan hoy
su presencia en el mundo. Actividades tan fundamentales como el bautismo,
compromiso de adhesión a Jesús, y la enseñanza de «todo lo mandado» por él son
vías para aprender a ser sus discípulos. Jesús les promete su presencia y ayuda
constante. No estarán solos ni desamparados. Ni aunque sean pocos. Ni aunque
sean solo dos o tres. Así es la comunidad cristiana. La fuerza del Resucitado la sostiene con su
Espíritu. Todo está orientado a aprender y enseñar a vivir como Jesús y desde
Jesús. Él sigue vivo en sus comunidades. Sigue con nosotros y entre nosotros
curando, perdonando, acogiendo… salvando. (P. José Antonio Pagola - Imagen de Algo
del Evangelio)
La Ascensión celebra el triunfo total, perfecto y
definitivo de Cristo. No sólo ha resucitado, sino que es el Señor. En Él Dios
Padre ha desplegado su poder infinito. Pero la Ascensión es también la fiesta de la
Iglesia. Cristo es Cabeza de la Iglesia, la llena con su presencia totalizante,
la vivifica, la plenifica. La Iglesia vive de Cristo. Más aún, es plenitud de
Cristo, es Cuerpo de Cristo, es Cristo mismo. La Iglesia no está añadida o
sobrepuesta a Cristo. Es una sola cosa con Él, es Cristo mismo viviendo en
ella. Ahí está la grandeza y la belleza de la Iglesia: «Yo estaré con vosotros
todos los días». La Ascensión es también fiesta y compromiso de
evangelización. Evangelizar, hacer apostolado no es tampoco añadir algo a
Cristo, sino sencillamente ser instrumento de un Cristo presente y todopoderoso
que quiere servirse de nosotros para extender su señorío en el mundo. El que
actúa es Él y la eficacia es suya (Mc 16,20); de lo contrario, no hay eficacia
alguna. (P. Julio Alonso Ampuero)
Agradecimientos
Imaginemos que en el cielo hay dos oficinas diferentes para
tratar lo relativo a las oraciones de las personas en la tierra: Una es para receptar pedidos de diversas gracias, y allí
los muchos ángeles que atienden trabajan intensamente y sin descanso por la
cantidad de peticiones que llegan en todo momento. La otra oficina es para recibir los agradecimientos por las
gracias concedidas y en ella hay un par de ángeles aburridos porque
prácticamente no les llega ningún mensaje de los hombres desde la tierra para
dar gracias... Desde esta sección de "Pequeñas Semillitas"
pretendemos juntar una vez por semana (los domingos) todos los mensajes para la
segunda oficina: agradecimientos por favores y gracias concedidas como
respuesta a nuestros pedidos de oración. 💕Desde la provincia de Santa Fe llega un agradecimiento a Dios y a
todos los que rezaron por la salud de Diego L., hombre de 49 años de
edad que hizo un episodio de accidente cerebro vascular, por el que estuvo
internado y ahora, ya repuesto, ha sido dado de alta a su domicilio. Nos
sumamos a la plegaria de acción de gracias. Oremos:Bendito seas,
Dios mío, porque a pesar de ser yo indigno de toda ayuda, tu generosidad e
infinita bondad nunca dejan de otorgar el bien aún a los ingratos y a los que
se han apartado de ti. Conviértenos a ti, para que seamos agradecidos, humildes
y piadosos, pues Tú eres nuestra salud, nuestra fortaleza y nuestra salvación.
Los cinco minutos de San Francisco
Mayo: Las mujeres santas Día 17 ¡Alégrense ustedes que han elegido la pobreza!
Porque nuestro buen Señor, al ser concebido en el seno de María, eligió vivir
en este mundo como alguien despreciado, necesitado y pobre, para que por su
extrema pobreza nos enriqueciéramos en él, al poseer el Reino de los cielos. (Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
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