domingo, 12 de abril de 2026

Pequeñas Semillitas 6284

PEQUEÑAS SEMILLITAS
 
Año 21 - Número 6284 ~ Domingo 12 de Abril de 2026
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
¡Alabado sea Jesucristo!
En el corazón del tiempo pascual, cuando la alegría de la Resurrección aún resuena en la vida de la Iglesia, emerge una celebración que invita a ir aún más lejos: el Domingo de la Divina Misericordia. No se trata solo de una fiesta litúrgica, sino de una llamada profunda a redescubrir el amor de Dios como fuente inagotable de perdón y esperanza.
Este segundo domingo de Pascua se presenta como una invitación providencial a confiar sin límites en el amor de Cristo. Es una jornada de gracia, perdón y renovación espiritual que nace directamente del Evangelio y de las revelaciones a Santa Faustina Kowalska, recordándonos que Su Misericordia es el único refugio para el alma.
Instituida universalmente por San Juan Pablo II en el año 2000, esta celebración se sitúa en el segundo domingo de Pascua, como culminación de la octava pascual y como recordatorio permanente de que el corazón de Cristo permanece abierto para toda la humanidad
Fue el mismo Jesús que se presentó a Sor Faustina, hoy Santa Faustina Kowalska, para revelarle el gran regalo de estos tiempos: la devoción a La Divina Misericordia. Todo consta en el Diario de Sor Faustina donde está detalladamente expuesto. Además, Jesús le pidió a Faustina haga pintar un cuadro tal cual como ella lo veía.
 
La Palabra de Dios
Lecturas del día
- DOMINGO 2 DE PASCUA -
Primera Lectura: Hechos 2, 42-47
 
Salmo: Sal 117, 2-4. 22-24. 25-27a
 
Segunda Lectura: 1 Pedro 1, 3-9
 
Santo Evangelio: Juan 20, 19-31
Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío». Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré».
Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros». Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente». Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío». Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído».
Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. Éstas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.
 
Comentario:
Hoy, la Iglesia nos invita a celebrar la misericordia del Señor, ese amor inmenso y delicado de Dios, que nos ama a pesar de ser nosotros tan poca cosa. Durante toda la Semana Santa hemos contemplado hasta qué punto puede llegar nuestra miseria y, sobre todo, cuán grande y misericordioso es el amor de Dios.
En el Evangelio de hoy encontramos una nueva muestra de que su amor quiere alcanzar incluso los rincones más oscuros de nuestro corazón. Contemplamos cómo Jesucristo quiere perdonar los pecados a través de sus discípulos: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados» (Jn 20,23). Dios nos ama hasta tal punto que desea perdonarnos siempre. Quiere hacerse presente en toda nuestra vida y en nuestra historia; quiere descender hasta la profundidad de nuestro pecado para amarnos y transformarnos por completo, en todo lo que afecta a nuestra persona.
El papa León XIV, contemplando el Sábado Santo, decía: «Es el día en el que el cielo visita la tierra en lo más profundo. Es el tiempo en el que cada rincón de la historia humana es tocado por la luz de la Pascua. Y si Cristo ha podido descender hasta allí, nada puede quedar excluido de su redención. Ni siquiera nuestras noches, ni siquiera nuestros pecados más antiguos, ni siquiera nuestros vínculos rotos. No hay pasado tan arruinado, no hay historia tan herida que no pueda ser tocada por su misericordia».
Así es el amor de Dios: un amor como no hay otro, que abraza nuestra miseria y quiere perdonarnos para devolvernos siempre a la luz. Y quiere hacerlo de un modo aún más sorprendente: «Como el Padre me envió, también yo os envío» (Jn 20,21). Es decir, quiere hacerlo a través de la Iglesia, por medio de otros hombres —los sacerdotes—, también pecadores, como quien se confiesa, pero llamados a ser testigos e instrumentos de su misericordia.
* Rev. D. Fernando VÁZQUEZ-DODERO Romero (Terrassa, Barcelona, España) © Textos de Evangeli.net 
 
Palabras de San Juan Pablo II
💕 «Y tú, Faustina, don de Dios a nuestro tiempo, don de la tierra de Polonia a toda la Iglesia, concédenos percibir la profundidad de la misericordia divina, ayúdanos a experimentarla en nuestra vida y a testimoniarla a nuestros hermanos»
 
💕 «No es fácil amar con  un amor profundo, constituido por una entrega auténtica de sí. Este amor se aprende solo en la escuela de Dios, al calor de su caridad, fijando nuestra mirada en Él, sintonizándonos con su corazón de Padre, llegamos a ser capaces de mirar a nuestros hermanos con ojos nuevos, con una actitud de gratuidad y comunión, de generosidad y perdón. ¡Todo es Misericordia!»
 
💕 «La misericordia divina llega a los hombres a través del corazón de Cristo crucificado: ‘Hija mía, di que soy el Amor y la Misericordia en persona’, pedirá Jesús a sor Faustina (Diario, p. 374). Cristo derrama esta misericordia sobre la humanidad mediante el envío del Espíritu que, en la Trinidad, es la Persona-Amor. Y ¿acaso no es la misericordia un ‘segundo nombre’ del amor (cf. Dives in misericordia, 7), entendido en su aspecto más profundo y tierno, en su actitud de aliviar cualquier necesidad, sobre todo en su inmensa capacidad de perdón?»
 
Predicación del Evangelio:
Vivir de su presencia
El relato de Juan no puede ser más sugerente e interpelante. Solo cuando ven a Jesús resucitado en medio de ellos, el grupo de discípulos se transforma. Recuperan la paz, desaparecen sus miedos, se llenan de una alegría desconocida, notan el aliento de Jesús sobre ellos y abren las puertas porque se sienten enviados a vivir la misma misión que él había recibido del Padre.
 
La crisis actual de la Iglesia, sus miedos y su falta de vigor espiritual tienen su origen en un nivel profundo. Con frecuencia, la idea de la resurrección de Jesús y de su presencia en medio de nosotros es más una doctrina pensada y predicada que una experiencia vivida.
 
Cristo resucitado está en el centro de la Iglesia, pero su presencia viva no está arraigada en nosotros, no está incorporada a la sustancia de nuestras comunidades, no nutre de ordinario nuestros proyectos. Tras veinte siglos de cristianismo, Jesús no es conocido ni comprendido en su originalidad. No es amado ni seguido como lo fue por sus primeros discípulos y discípulas.
 
Se nota enseguida cuando un grupo o una comunidad cristiana se siente habitada por esa presencia invisible, pero real y operante, de Cristo resucitado. No se contentan con seguir rutinariamente las directrices que regulan la vida eclesial. Poseen una sensibilidad especial para escuchar, buscar, recordar y aplicar el evangelio de Jesús. Son los espacios más sanos y vivos de la Iglesia.
 
Nada ni nadie nos puede aportar hoy la fuerza, la alegría y la creatividad que necesitamos para enfrentarnos a una crisis sin precedentes como puede hacerlo la presencia viva de Cristo resucitado. Privados de su vigor espiritual, no saldremos de nuestra pasividad casi innata, continuaremos con las puertas cerradas al mundo moderno, seguiremos haciendo «lo mandado», sin alegría ni convicción. ¿Dónde encontraremos la fuerza que necesitamos para recrear y reformar la Iglesia?
 
Hemos de reaccionar. Necesitamos de Jesús más que nunca. Necesitamos vivir de su presencia viva, recordar en toda ocasión sus criterios y su Espíritu, repensar constantemente su vida, dejarle ser el inspirador de nuestra acción. Él nos puede transmitir más luz y más fuerza que nadie. Él está en medio de nosotros comunicándonos su paz, su alegría y su Espíritu.
(Padre José Antonio Pagola)
 
Biblioteca de “Pequeñas Semillitas”
 
Contiene 400 artículos que han sido publicados
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Agradecimientos
Imaginemos que en el cielo hay dos oficinas diferentes para tratar lo relativo a las oraciones de las personas en la tierra:
Una es para receptar pedidos de diversas gracias, y allí los muchos ángeles que atienden trabajan intensamente y sin descanso por la cantidad de peticiones que llegan en todo momento.
La otra oficina es para recibir los agradecimientos por las gracias concedidas y en ella hay un par de ángeles aburridos porque prácticamente no les llega ningún mensaje de los hombres desde la tierra para dar gracias...
Desde esta sección de "Pequeñas Semillitas" pretendemos juntar una vez por semana (los domingos) todos los mensajes para la segunda oficina: agradecimientos por favores y gracias concedidas como respuesta a nuestros pedidos de oración.
 
💕 Desde Canadá,  nuestra lectora Elena Ch. B. agradece a Dios Uno y Trino y a todos los que rezaron por su cirugía de cataratas, que se realizó con todo éxito.
 
Oremos: Bendito seas, Dios mío, porque a pesar de ser yo indigno de toda ayuda, tu generosidad e infinita bondad nunca dejan de otorgar el bien aún a los ingratos y a los que se han apartado de ti. Conviértenos a ti, para que seamos agradecidos, humildes y piadosos, pues Tú eres nuestra salud, nuestra fortaleza y nuestra salvación.
 
Meditación dominical
Hoy domingo, tenemos la alegría de honrar a Jesús bajo el título de la Divina Misericordia. Esta devoción se comenzó a fomentar por el mundo entero a partir del diario personal de una joven monja polaca en 1930, sor Faustina Kowalska. El Papa San Juan Pablo II dedicó este segundo domingo de la Pascua para su celebración cada año.
Vemos a Tomás, uno de los Doce, cuya incredulidad no le permite creer que el Señor vive. Él no entiende cómo Jesús puede estar vivo, cómo el Señor puede estar en medio de ellos después de su muerte. Pasando ya ocho días, Jesús aparece a los discípulos e invita a Tomás que ponga su dedo en las llagas de su costado. No sabemos si Tomás lo hizo o no. Pero tenemos su proclamación de fe, “¡Señor mío y Dios mío!” La fe de Tomas reconoce a Jesús no solamente como Señor, sino que también como Dios.
Muchos de nosotros somos como Tomás. Creemos en Cristo y su poder, pero encontramos difícil creer lo que no hemos visto. Nunca hemos visto un mundo sin guerra, y no estamos seguros de que la paz se pueda lograr. Nunca hemos visto un mundo sin pobres, y dudamos que la miseria se pueda extirpar. Nunca hemos visto una comunidad que se base en compasión y amor, y tenemos miedo de que nunca lo vayamos a ver. Tal vez nunca hemos tenido confianza con el esposo o un padre, y pensamos que siempre va a ser así. Y ahora no podemos imaginar un mundo sin virus, sin contaminación, sin miedo de personas enfermas.
Jesús nos dice “Tengan confianza. Yo soy la Divina Misericordia”.
(Hna. Kathleen Maire OSF)
 
Los cinco minutos de San Francisco
Abril: Ser peregrinos
Día 12
Que todos los hermanos se empeñen en seguir la humildad y la pobreza de nuestro Señor Jesucristo y recuerden que esto es lo único que debemos conservar en este mundo; porque, como dice el apóstol Pablo, contentémonos con el alimento y el abrigo (1 Tim 6,8). Deben estar contentos cuando conviven con gente de bajo condición y despreciada, con los pobres  débiles, con los enfermos y leprosos, y con los mendigos de los caminos. Y, cuando sea necesario, salgan a pedir limosna, pero no sientan vergüenza de hacerlo. Más bien, recuerden que nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios vivo todopoderoso, endureció su rostro como piedra (Is 50,7) y no sintió vergüenza; fue pobre, huésped, y vivió de limosnas, tanto él como María y sus discípulos.
(Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
 
FELIPE
-Jardinero de Dios-
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