martes, 15 de septiembre de 2026

Pequeñas Semillitas 6440

PEQUEÑAS SEMILLITAS
 
Año 21 - Número 6440 ~ Martes 15 de Setiembre de 2026
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
¡Alabado sea Jesucristo!
Celebramos hoy a Nuestra Señora de los Dolores. Es la más universal de todas las advocaciones de la Virgen, pues no está vinculada a una aparición, sino que recuerda los dolores que sufrió la Madre de Jesús. Ella lo sufrió todo por nosotros para que disfrutemos de la gracia de redención, sufrió para demostrarnos su amor. Por ello, la devoción de los dolores de María es fuente de Gracias porque llega a lo profundo del corazón de Cristo.
La liturgia de la celebración de los Dolores de la Virgen es de origen Alemán. En 1423 el arzobispo de Colonia, Teodorico de Neurs la instituye para reparar las burlas que los herejes hacían a las imágenes de la Virgen Dolorosa y en 1727 el Papa Benedicto XIII la propago a toda la Iglesia. El hecho de que se celebre el 15 de septiembre se debió a que desde 1688 los religiosos Servitas celebraron en esa fecha la fiesta de los dolores de la Virgen, fiesta que Pío VII extendió a toda la cristiandad en 1814. Paralelamente a estas celebraciones, se desarrollaba en España el culto especial a "La Dolorosa", en torno a los "Pasos de Semana Santa". Entre las renovaciones litúrgicas promovidas por el Concilio Vaticano II, se estableció que se suspendieran las festividades duplicadas a lo largo del año. Como, la festividad de Virgen de los Dolores, hasta entonces se celebraba el 8 días antes del viernes Santo y el 15 de septiembre se suspendió el viernes de Dolor, y quedo el 15 de septiembre como única fecha de conmemoración.
 
La Palabra de Dios
Lecturas del día
- NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES -
Primera Lectura: 1 Corintios 12, 12-14. 27-31
 
Salmo: Sal 99, 2. 3. 4. 5
 
Santo Evangelio: Lc 2,33-35
En aquel tiempo, el padre de Jesús y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción -¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!- a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones».
 
Comentario:
Hoy, en la fiesta de Nuestra Señora, la Virgen de los Dolores, escuchamos unas palabras punzantes en boca del anciano Simeón: «¡Y a ti misma una espada te atravesará el alma!» (Lc 2,35). Afirmación que, en su contexto, no apunta únicamente a la pasión de Jesucristo, sino a su ministerio, que provocará una división en el pueblo de Israel, y por lo tanto un dolor interno en María. A lo largo de la vida pública de Jesús, María experimentó el sufrimiento por el hecho de ver a Jesús rechazado por las autoridades del pueblo y amenazado de muerte.
María, como todo discípulo de Jesús, ha de aprender a situar las relaciones familiares en otro contexto. También Ella, por causa del Evangelio, tiene que dejar al Hijo (cf. Mt 19,29), y ha de aprender a no valorar a Cristo según la carne, aun cuando había nacido de Ella según la carne. También Ella ha de crucificar su carne (cf. Ga 5,24) para poder ir transformándose a imagen de Jesucristo. Pero el momento fuerte del sufrimiento de María, en el que Ella vive más intensamente la cruz es el momento de la crucifixión y la muerte de Jesús.
También en el dolor, María es el modelo de perseverancia en la doctrina evangélica al participar en los sufrimientos de Cristo con paciencia (cf. Regla de san Benito, Prólogo 50). Así ha sido durante toda su vida, y, sobre todo, en el momento del Calvario. De esta manera, María se convierte en figura y modelo para todo cristiano. Por haber estado estrechamente unida a la muerte de Cristo, también está unida a su resurrección (cf. Rm 6,5). La perseverancia de María en el dolor, realizando la voluntad del Padre, le proporciona una nueva irradiación en bien de la Iglesia y de la Humanidad. María nos precede en el camino de la fe y del seguimiento de Cristo. Y el Espíritu Santo nos conduce a nosotros a participar con Ella en esta gran aventura.
* P. Abad Dom Josep Mª SOLER OSB Abad Emérito de Montserrat (Barcelona, España) © Textos de Evangeli.net – Imagen: Bolivia Misionera.
 
Santoral Católico:
Advocación Mariana
Después de la fiesta de la Exaltación de la Cruz, la Iglesia ha venido celebrando la participación de María en la pasión de su Hijo. En la actualidad, lo que celebramos es sobre todo el dolor de María en sentido global al compartir tan de cerca la suerte de Cristo. Tiempo hubo en que la mirada se centraba principalmente en la compasión de María al pie de la cruz, la Dolorosa, la Piedad. Esta visión se fue ampliando hasta abarcar los siete dolores de la Virgen o las siete espadas clavadas en su corazón: la espada de dolor anunciada por el anciano Simeón, la huida a Egipto, la pérdida y hallazgo del niño Jesús en el templo, el camino del calvario, la crucifixión, el descendimiento de la cruz y la sepultura de Cristo y soledad de su Madre. Refiriéndose a esta celebración, escribía San Pablo VI que es «ocasión propicia para revivir un momento decisivo de la historia de la salvación y para venerar junto con el Hijo exaltado en la Cruz a la Madre que comparte su dolor».
Oración: Señor, tú has querido que la Madre compartiera los dolores de tu Hijo al pie de la cruz; haz que la Iglesia, asociándose con María a la pasión de Cristo, merezca participar de su resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Para más información hacer clic acá.
(Directorio Franciscano – ACI Prensa – Catholic.net)
 
Santoral Católico:
El Señor del Milagro
Patrono de Salta (Argentina)
La Fiesta del Señor del Milagro atrae a una multitud de fieles a la ciudad de Salta, Argentina. Es considerada la celebración más importante del año en esa región.
El origen de las imágenes (El Señor y la Virgen) se remonta al año 1592, época en que el obispo del Tucumán Francisco de Victoria concretara la donación al pueblo de Salta de la imagen de un cristo crucificado de tamaño natural cuyo destino sería la iglesia matriz de Salta y de una inmaculada concepción (Virgen del Rosario) para la ciudad de Córdoba. La llegada a tierras americanas de ambas imágenes y los hechos posteriores sucedidos luego de los terremotos de 1692 fueron, según los relatos, auténticamente milagrosos.
Para más información hacer clic acá.
(ACI Prensa)
 
Pensamiento del día
«Dios te salve, María, llena eres de dolores; Jesús crucificado está contigo; digna eres de llorada y compadecida entre todas las mujeres, y digno es de ser llorado y compadecido Jesús, fruto bendito de tu vientre.  Santa María, Madre del Crucificado, da lágrimas a nosotros crucificadores de tu Hijo, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén»
(Avemaría Dolorosa)
 
Tema del día:
Los siete dolores de María
Practicamos esta devoción rezando, todos los días, siete veces el Avemaría mientras meditamos los siete dolores de María (un Avemaría en cada dolor).
 
María quiere que meditemos en sus dolores. Por eso al rezar cada Avemaría es muy importante que cerrando nuestros ojos y poniéndonos a su lado, tratemos de vivir con nuestro corazón lo que experimentó su Corazón de Madre tierna y pura en cada uno de esos momentos tan dolorosos de su vida. Si lo hacemos vamos a ir descubriendo los frutos buenos de esta devoción: empezaremos a vivir nuestros dolores de una manera distinta y le iremos respondiendo al Señor como Ella lo hizo.
 
Comprenderemos que el dolor tiene un sentido, pues ni a la misma Virgen María, la Madre “tres veces admirable”, por ser Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo y Esposa de Dios Espíritu Santo, Dios la libró del mismo.
 
Si María, que no tenía culpa alguna, experimentó el dolor, ¿por qué no nosotros?
 
Promesas de la Virgen a los devotos de sus dolores: 
Siete gracias que la Santísima Virgen concede a las almas que la honran diariamente (considerando sus lágrimas y dolores) con siete Avemarías. Prometidas por la Virgen a Santa Brígida.
 
1º. Pondré paz en sus familias.    
2º. Serán iluminados en los Divinos Misterios.     
3º. Los consolaré en sus penas y acompañaré en sus trabajos.   
4º. Les daré cuanto me pidan con tal que no se oponga a la voluntad de mi Divino Hijo y a la santificación de sus almas.       
5º. Los defenderé en los combates espirituales con el enemigo infernal, y los protegeré en todos los instantes de sus vidas.
6º. Los asistiré visiblemente en el momento de su muerte: verán el rostro de su Madre.  
7º. He conseguido de mi Divino Hijo que los que propaguen esta devoción (a mis lágrimas y dolores) sean trasladados de esta vida terrenal a la felicidad eterna directamente, pues serán borrados todos sus pecados, y mi Hijo y Yo seremos “su eterna consolación y alegría”.  
 
Promesas de Jesús
En el libro "Las Glorias de María" de San Alfonso María de Ligorio se dice lo siguiente: "El mismo Jesús reveló a la beata Mónica de Binasco que él se complace mucho en ver que se siente compasión por su Madre, y así le habló: Hija, agradezco mucho las lágrimas que se derraman por mi pasión; pero amando con amor inmenso a mi Madre María, me es sumamente grata la meditación en los dolores que ella padeció en mi muerte. Jesús le prometió estas gracias especiales:
 
1ª. Que el que invoque a la Madre de Dios recordando sus dolores, tendrá la gracia de hacer verdadera penitencia de todos sus pecados.   
2ª. Que los consolará en sus tribulaciones, especialmente en la hora de la muerte.  
3ª. Que imprimirá en sus almas el recuerdo de su Pasión y en el cielo se lo premiará.      
4ª. Que confiará estos devotos a María para que disponga de ellos según su agrado y les obtenga todas las gracias que desee".     
 
LOS SIETE DOLORES DE LA VIRGEN
 
1º. La profecía de Simeón (Lc. 2, 22-35).
¡Dulce Madre mía! Al presentar a Jesús en el templo, la profecía del anciano Simeón te sumergió en profundo dolor al oírle decir: “Este Niño está puesto para ruina y resurrección de muchos de Israel, y una espada traspasará tu alma”. De este modo quiso el Señor mezclar tu gozo con tan triste recuerdo. Rezar Avemaría.    
 
2º. La persecución de Herodes y la huida a Egipto (Mt. 2, 13-15).
¡Oh Virgen querida!, quiero acompañarte en las fatigas, trabajos y sobresaltos que sufriste al huir a Egipto en compañía de San José para poner a salvo la vida del Niño Dios. Rezar Avemaría.     
 
3º. Jesús perdido en el Templo, por tres días (Lc. 2, 41-50).
¡Virgen Inmaculada! ¿Quién podrá pesar y calcular el tormento que ocasionó la pérdida de Jesús y las lágrimas derramadas en aquellos tres largos días? Déjame, Virgen mía, que yo las recoja, las guarde en mi corazón y me sirva de holocausto y agradecimiento para contigo. Rezar Avemaría.  
 
4º. María encuentra a Jesús, cargado con la Cruz (Vía Crucis, 4ª estación).
Verdaderamente, calle de la amargura fue aquella en que encontraste a Jesús tan sucio, afeado y desgarrado, cargado con la cruz que se hizo responsable de todos los pecados de los hombres, cometidos y por cometer. ¡Pobre Madre! Quiero consolarte enjugando tus lágrimas con mi amor. Rezar Avemaría.      
 
5º. La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor (Jn. 19, 17-30).
María, Reina de los mártires, el dolor y el amor son la fuerza que los lleva tras Jesús, ¡qué horrible tormento al contemplar la crueldad de aquellos esbirros del infierno traspasando con duros clavos los pies y manos del Salvador! Todo lo sufriste por mi amor. Gracias, Madre mía, gracias. Rezar Avemaría.      
 
6º. María recibe a Jesús bajado de la Cruz (Mc. 15, 42-46).
Jesús muerto en brazos de María. ¿Qué sentías Madre? ¿Recordabas cuando Él era pequeño y lo acurrucabas en tus brazos? Por este dolor te pido, Madre mía, morir entre tus brazos. Rezar Avemaría.      
 
7º. La sepultura de Jesús (Jn. 19, 38-42).
Acompañas a tu Hijo al sepulcro y debes dejarlo allí, solo. Ahora tu dolor aumenta, tienes que volver entre los hombres, los que te hemos matado al Hijo, porque Él murió por todos nuestros pecados. Y Tú nos perdonas y nos amas. Madre mía perdón, misericordia. Rezar Avemaría.    
 
Meditaciones de “Pequeñas Semillitas”
«María aparece en los Evangelios como una mujer silenciosa que a menudo no comprende todo lo que sucede a su alrededor, pero medita cada evento en su corazón. María no es una mujer deprimida por las incertidumbres de la vida, especialmente cuando nada parece ir en la dirección correcta. Tampoco es una mujer que protesta violentamente, que exprese invectivas contra el destino de la vida.
Es una mujer que escucha: siempre demuestra una gran relación entre la esperanza y la escucha. María acoge la existencia en sus días felices, pero también en sus tragedias (...) hasta la noche suprema, cuando su Hijo es clavado en el madero de la cruz.
La encontraremos nuevamente en el primer día de la Iglesia, ella, Madre de la esperanza, en medio de esta comunidad de discípulos tan frágiles: uno había negado, muchos habían huido, todos habían tenido miedo. Por eso la amamos como nuestra Madre. No somos huérfanos: tenemos una Madre en el Cielo, que nos enseña la virtud de esperar, incluso cuando todo parece insignificante: Ella siempre tiene fe en el misterio de Dios, incluso cuando parece eclipsarse porque el mundo va mal.
Que en momentos de dificultad, María, la Madre a quien Jesús nos ofreció a todos, siempre nos diga: "¡Levántate, mira hacia adelante, mira el horizonte! Porque ella es la Madre de la esperanza. Gracias».
(Papa Francisco)
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Jenofonte, siglos antes de Cristo, cuenta en sus Memorias esta leyenda sobre Hércules: Un día, cuando Hércules era jovencito, se le presentaron dos mujeres.
Una de ellas le dijo: Sígueme y te llevaré por un camino agradable y, mientras vivas, no tendrás sino placeres. Yo conozco el camino del placer sin el dolor. Al preguntarle cuál era su nombre, ella respondió: Mis amigos me llaman felicidad; mis enemigos, vicio.
La segunda mujer le dijo: No le creas, no existe la felicidad sin trabajo y sin esfuerzo. Si me sigues, tendrás dolores, trabajos y sacrificios, pero serás feliz. Pero el vicio respondió: Ya ves lo que ella te ofrece, yo en cambio te llevaré fácilmente a la felicidad sin tanto sacrificio.
Mentira, dijo la virtud, ¿qué felicidad puedes dar tú? Comes antes de tener hambre y bebes antes de tener sed. Empujas a tus seguidores al amor antes de la edad determinada por la naturaleza. Les acostumbras a divertirse por la noche y a dormir durante el día... Los dioses te arrojan de su compañía y los hombres de bien te desprecian... Por eso, los que me siguen, sólo comen cuando tienen hambre y beben solamente cuando tienen sed. Así el pan y el vino tienen un gusto agradable. El sueño les es más dulce, porque no sacrifican ninguno de sus deberes y, cuando les llega el último momento, no caen en el olvido, sino que su recuerdo les sobrevive.
 
Los cinco minutos de San Francisco
Setiembre: Las criaturas
Día 15
En una ocasión, ante el consejo de los médicos y las reiteradas instancias de los hermanos, Francisco se sometió humildemente a una cauterización, porque pensaba que dicha operación no sólo sería saludable para el cuerpo, sino desagradable para la naturaleza.
Entonces llamaron al cirujano, el cual, tan pronto como llegó, puso al fuego en instrumento de hierro para realizar la cauterización. Pero Francisco, tratando de confortar su cuerpo, estremecido de horror, empezó a hablar así con el fuego, como si fuera un amigo suyo: “Mi querido hermano fuego, el Altísimo te ha creado poderoso, bello y útil, comunicándote una deslumbrante presencia que querían para sí todas las otras criaturas. ¡Muéstrate bondadoso y amable conmigo en este momento! Pido al gran Señor que te creó que suavice en mí tu calor, para que, quemándome, te pueda soportar”.
Terminada esta oración, hizo la señal de la cruz sobre el instrumento de hierro incandescente, y a partir de ese momento, manifestó una gran valentía.
El hierro penetró crujiendo en la carne delicada, extendiéndose la cauterización desde el oído hasta las cejas. El mismo Francisco expresó así el dolor que le había producido el fuego: “Alaben al Altísimo -dijo a sus hermanos- porque, a decir verdad, no he sentido el ardor del fuego ni he sufrido ningún dolor en el cuerpo”. Como había llegado a un grado de pureza tan alto y admirable, la carne se rendía al espíritu, y éste, a su vez, a Dios. Por eso, sucedió que, por tratarse de una criatura que sirve a su Creador, éste, libremente se sometiera de modo tan maravilloso a la voluntad y autoridad del santo.
(Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
 
FELIPE
-Jardinero de Dios-
(el más pequeñito de todos)
 
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