jueves, 10 de septiembre de 2026

Pequeñas Semillitas 6435

PEQUEÑAS SEMILLITAS
 
Año 21 - Número 6435 ~ Jueves 10 de Setiembre de 2026
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
¡Alabado sea Jesucristo!
Hoy, como ayer, la fuerza evangelizadora de la Iglesia, que permite que el mensaje llegue a la vida de los hombres y de la sociedad, reside en la armoniosa conjunción de palabra y vida, de palabra encarnada en la vida, o vida que es de suyo una palabra. ¿Hará falta explicar el impacto universal provocado por el testimonio, entre otros, de los papas San Juan XXIII, San Pablo VI o San Juan Pablo II? Y en nuestra propia Argentina, ¿quién puede ignorar la fuerza testimonial y evangelizadora, entre varios otros, del Santo Cura Brochero, de Santa Mama Antula, del Beato Mamerto Esquiú, del beato Enrique Angelelli, del beato Ceferino Namuncurá, el venerable José León Torres, el cardenal Pironio, José Américo Orzali, y de otros más cuya santidad, Dios mediante, la Iglesia reconocerá un día?
El anuncio misionero de los pastores y de los laicos no puede ser sólo palabra sino testimonio, o palabra testimonial. Esta exigencia de testimonio silencioso y elocuente por sí mismo, permitía a San Juan Pablo II, en su hermosa carta “Novo milenio ineunte”, exhortar a la santidad considerándola como una ‘urgencia pastoral’. Quizá no hemos meditado lo suficiente sobre las implicancias de tal afirmación.
(Mons. Antonio Marino)
 
La Palabra de Dios
Lecturas del día
- JUEVES 23 DEL TIEMPO ORDINARIO -
Primera Lectura: 1 Corintios 8, 1-13
 
Salmo: Sal 138, 1b-3. 13-14ab. 23-24
 
Santo Evangelio: Lc 6,27-38
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Yo os digo a los que me escucháis: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica. A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames. Y lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros igualmente. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Pues también los pecadores aman a los que les aman. Si hacéis bien a los que os lo hacen a vosotros, ¿qué mérito tenéis? ¡También los pecadores hacen otro tanto! Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿Qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente. Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien, y prestad sin esperar nada a cambio; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los ingratos y los perversos.
»Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en vuestro regazo. Porque con la medida con que midáis se os medirá».
 
Comentario:
Hoy, en el Evangelio, el Señor nos pide por dos veces que amemos a los enemigos. Y seguidamente da tres concreciones positivas de este mandato: haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen. Es un mandato que parece difícil de cumplir: ¿Cómo podemos amar a quienes no nos aman? Es más, ¿Cómo podemos amar a quienes sabemos cierto que nos quieren mal? Llegar a amar de este modo es un don de Dios, pero es preciso que estemos abiertos a él. Bien mirado, amar a los enemigos es lo más sabio humanamente hablando: el enemigo amado se verá desarmado; amarlo puede ser la condición de posibilidad para que deje de ser enemigo. En la misma línea, Jesús continúa diciendo: «Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra» (Lc 6,29). Podría parecer un exceso de mansedumbre. Ahora bien, ¿Qué hizo Jesús al ser abofeteado en su pasión? Ciertamente no contraatacó, pero respondió con una firmeza tal, llena de caridad, que debió hacer reflexionar a aquel siervo airado: «Si he hablado mal, di en qué, pero si he hablado como es debido, ¿por qué me pegas?» (Jn 18,22-23).
En todas las religiones hay una máxima de oro: «No hagas a nadie lo que no quieres que te hagan a ti». Jesús es el único que la formula en positivo: «Lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros igualmente» (Lc 6,31). Esta regla de oro es el fundamento de toda la moral. Comentando este versículo, nos alecciona san Juan Crisóstomo: «Todavía hay más, porque Jesús no dijo únicamente: ‘desead todo bien para los demás’, sino ‘haced el bien a los demás’»; por eso, la máxima de oro propuesta por Jesús no se puede quedar en un mero deseo, sino que debe traducirse en obras.
* Rev. D. Jaume AYMAR i Ragolta (Badalona, Barcelona, España) © Textos de Evangeli.net – Imagen: Misioneros Digitales Católicos.
 
Santoral Católico:
Presbítero
Nació en Sant'Angelo in Pontano (Marcas, Italia) el año 1245. A los 14 años entró en los Ermitaños de San Agustín como oblato, más tarde profesó como religioso y en 1269 se ordenó de sacerdote. Tuvo varios destinos y desde 1275 estuvo destinado en Tolentino. Dedicaba una buena parte de su jornada a la oración y a la penitencia. Severo consigo mismo, era comprensivo con los demás, y se imponía a sí mismo las penitencias de los otros. Era un asceta que difundía sonrisas, un penitente que trasmitía alegría. Después de horas de oración y ayuno a pan y agua, se entregaba al apostolado predicando por los pueblos de las Marcas y atendiendo el confesonario. Muchos fieles se convertían a Dios al escucharle, y acudían, incluso desde lejos, a confesarse con él quedando llenos de su confianza gozosa. Visitaba a los enfermos en sus casas y los socorría. Dios le concedió experiencias místicas y tuvo fama de milagros. Murió el 10 de septiembre de 1305 en Tolentino.
Para más información hacer clic acá.
(Directorio Franciscano – ACI Prensa – Catholic.net)
 
Pensamiento del día
«La vida es un extraño y maravilloso misterio. Llegamos sin nada, pasamos toda la vida persiguiéndolo todo y aun así nos vamos sin nada. Asegúrate de que tu alma gane más que tus manos, que el amor sea más que los miedos»
 
Tema del día:
Indulgencias en Septiembre
De gran ayuda espiritual para el cristiano católico son las indulgencias que la Iglesia concede. Y en septiembre, mes de la Biblia, podemos ganar muchas, como veremos en seguida. Pero para recordar de que se trata, el Derecho Canónico nos ilustra:
 
"La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones, consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los Santos"(CIC 992).
 
Sabemos que la Confesión borra los pecados, pero queda la pena que se debe redimir con penitencia, sacrificio y buenas obras. Además, la Iglesia dispensa las indulgencias para que podamos deshacernos más rápido de cualquier reliquia de pecado.
 
Recordemos también que existe la indulgencia plenaria -que libera de toda pena- y las indulgencias parciales: "La indulgencia es parcial o plenaria, según libere de la pena temporal debida por los pecados en parte o totalmente" (CIC 993).
 
Indulgencias en septiembre
 
De acuerdo con el Enchiridion indulgentiarum, Manual de Indulgencias, lo único que se requiere es: "Para ser capaz de lucrar indulgencias, es necesario estar bautizado, no excomulgado, en estado de gracia por lo menos al final de las obras prescritas".
 
Durante este mes podemos ganar muchas indulgencias parciales -que antes se contaban en días y horas-, por eso, a continuación dejamos la lista de las fechas y las acciones que se deben realizar para lucrarlas:
 
1: Durante todo el mes de septiembre
Puedes ganarse indulgencia parcial por cada ejercicio de devoción que se realice en honor de la Virgen de Dolores y la indulgencia plenaria un día del mes de septiembre o dentro de los ocho primeros de octubre para quienes recen a diario una oración a la Virgen de Dolores.
 
2: 8 de septiembre
En la fiesta de la Natividad de la Virgen (8 de septiembre) lucra indulgencia plenaria a quien rece la invocación “Tota Pulchra”; si se suele rezar a diario la “Salve Regina”, el “Bajo tu amparo” o las Letanías Lauretanas; si se lleva impuesto el Escapulario del Carmen.
 
3: 12 de septiembre
En la fiesta del Dulce Nombre de María (12 de septiembre) gana indulgencia parcial quien lleve impuesto el Escapulario del Carmen.
 
4: Del 6 al 14 de septiembre
Durante la novena a la Virgen de los Dolores (6 – 14 de septiembre) se obtiene indulgencia parcial por cada día rezado. E indulgencia plenaria a quien la haya rezado íntegra.
 
5: 14 de septiembre
Para la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz (14 de septiembre) se gana indulgencia plenaria al visitar una iglesia franciscana o capuchina -recordemos que este año 2026 se puede ganar indulgencia plenaria todos los días con motivo de los 800 años de la muerte de San Francisco de Asís-.
 
6: 15 de septiembre
Por la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores (15 de septiembre) gana indulgencia plenaria a los que lleven impuesto el Escapulario de los Siete Dolores y obtiene indulgencia parcial por cada Padrenuestro y Avemaría que se rece de la Corona Dolorosa.
 
7: 20 al 28 de septiembre
Con la novena al Arcángel San Miguel (20 – 28 de septiembre) se lucra indulgencia parcial por cada día rezado e indulgencia plenaria a quien la haya rezado íntegra.
 
8: 24 de septiembre
En la fiesta de la Virgen de las Mercedes (24 de septiembre) hay indulgencia parcial para quienes lleven impuesto el Escapulario del Carmen.
 
9: 29 de septiembre
Y en la fiesta del Arcángel San Miguel (29 de Septiembre) gana indulgencia plenaria quien rece la Corona Angélica.
(Mónica Muñoz, Aleteia - Imagen de IA Gemini)
 
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Meditaciones de “Pequeñas Semillitas”
Nuestra salvación depende del último momento de nuestra vida, es decir, si en ese instante estamos en gracia de Dios o en pecado mortal.
Si nos hallare la muerte en gracia de Dios, entonces nos espera el Cielo, o temporalmente el Purgatorio; pero si nos halla la muerte en pecado mortal, entonces inmediatamente caemos en el Infierno eterno.
Por eso es tan importante que toda nuestra vida sea una preparación a bien morir, porque de ese momento, del momento de la muerte, depende nuestro destino eterno: Cielo o Infierno.
Siendo así las cosas, no sería prudente dejar la confesión para último momento, sino que tendríamos que confesarnos con frecuencia y acostumbrarnos a vivir en gracia y amistad con Dios, pidiendo al Señor la perseverancia final.
Y para ello es bueno que practiquemos algunas devociones que tienen promesas para el momento de la muerte, como por ejemplo las Nueve Comuniones de los Primeros Viernes de Mes en honor del Sagrado Corazón de Jesús, ya que el Señor promete a quien lo cumple, la gracia de la salvación.
A San José tenemos que encomendarnos cada día de nuestra vida, porque él es patrono de la buena muerte, ya que tuvo el privilegio de morir en brazos de Jesús y de María.
Y no tengamos miedo de haber sido grandes pecadores, o incluso aunque lo sigamos siendo ahora. Pero sí debemos arreglar nuestras cuentas con Dios y vivir como si hoy mismo fuéramos a morir.
Pensemos un poco: ¿Qué pasaría si hoy, ahora mismo el Señor nos enviara la muerte y tuviéramos que comparecer ante su presencia soberana de Juez? ¿Cuál sería nuestro destino? Pensemos esto y tomemos las precauciones necesarias.
🌸
Si hay una unidad profunda en todas las Escrituras, entonces hay un punto de partida y un término, ya que el Espíritu Santo quiso revelarnos el misterio de Dios a través de una historia. Pero, ¿Quién es el que completa toda la Escritura? Es san Juan, son los escritos joánicos. Toda la revelación canónica termina con los escritos joánicos. Por eso mismo, debemos leer a la luz de san Juan todas las Escrituras y entender toda la Revelación. (...)
Pero, ¿por qué el Espíritu Santo eligió a san Juan para darnos los últimos secretos? Porque Juan es el discípulo amado. (...) Pero Juan es también el que recibió a María, esto también es muy importante. La Palabra de Dios es, de hecho, una palabra viva vinculada a la "tierra buena", por tanto, a la Tradición; y el primer momento de la Tradición es el corazón de María.
María es la tradición cristiana en su origen. Por tanto, era necesario que quien finalmente nos iba a dar el misterio de la Palabra de Dios, fuera el mismo que estaba íntimamente ligado al misterio de la "tierra buena". Así, Juan está ligado al corazón de Cristo y unido a María; unido a ella porque la recibió en el momento en que María estaba presente, cerca de Jesús, mientras vivía el misterio de la Cruz.
 
Los cinco minutos de San Francisco
Setiembre: Las criaturas
Día 10
Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego, por el cual alumbras la noche. Él es bello y alegre, y robusto y fuerte.
(Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
 
FELIPE
-Jardinero de Dios-
(el más pequeñito de todos)
 
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