PEQUEÑAS
SEMILLITAS
Año
21 - Número 6277 ~ Domingo 5 de Abril de 2026
Desde
la ciudad de Córdoba (Argentina)
¡Alabado sea Jesucristo!
“Evangelio” significa Buena Noticia. Hoy se nos da la mejor de las
noticias: Cristo ha resucitado. San Pablo escribió en su primera carta a los
Corintios que “si Cristo no hubiera resucitado nuestra fe sería vana”,
descansaría en el vacío y en la muerte. Pero Cristo resucitó y nuestra fe se
acrecienta en la esperanza de que nosotros también un día podemos resucitar y
entrar en la vida definitiva. Proclamar la Resurrección es anunciar que la
muerte está vencida, que la muerte no es el final.
Por eso se enciende el cirio pascual en la liturgia: para recordarnos que
Cristo está vivo entre nosotros. Repitiendo a san Pablo, si Cristo no hubiera
resucitado seríamos “los más miserables de los hombres”. Es el día de reavivar
el compromiso bautismal para estar más unidos a Cristo, como se hacía anoche en
la Vigilia. Hoy saludamos con alegría a la Virgen María, que fue la que más se
alegró en ese día. Y le pedimos que nos ayude a que vivamos en nuestro corazón
el misterio de esta alegría, para que podamos dar testimonio en nuestro trabajo
de cada día del amor y la esperanza que Cristo resucitado nos da en nuestro
caminar.
¡El Señor vive! ¡Ha resucitado como lo había dicho! Esta alborada, es el
sol más brillante del año, el amanecer con más futuro para el hombre, la
noticia que ningún medio de comunicación social tendría que dejar de señalar en
primera página: ¡Hoy el hombre, por fin, tiene solución! ¡Cristo ha resucitado!
La Palabra de Dios
Lecturas del día
- DOMINGO DE PASCUA (MISA DEL DÍA) -
♡ Primera Lectura: Hechos 10, 34a. 37-43
♡ Salmo: Sal 117, 1-2. 16ab-17. 22-23
♡ Segunda Lectura: Colosenses 3, 1-4
♡ Santo Evangelio: Jn 20,1-9
El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro
cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. Echa a
correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería
y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han
puesto».
Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían
los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro,
y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no
entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las
vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas,
sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el
que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó, pues hasta entonces no
habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los
muertos.
♡ Comentario:
Hoy «es el día que hizo el
Señor», iremos cantando a lo largo de toda la Pascua. Y es que esta expresión
del Salmo 117 inunda la celebración de la fe cristiana. El Padre ha resucitado
a su Hijo Jesucristo, el Amado, Aquél en quien se complace porque ha amado
hasta dar su vida por todos.
Vivamos la Pascua con mucha alegría. Cristo ha resucitado: celebrémoslo
llenos de alegría y de amor. Hoy, Jesucristo ha vencido a la muerte, al pecado,
a la tristeza... y nos ha abierto las puertas de la nueva vida, la auténtica
vida, la que el Espíritu Santo va dándonos por pura gracia. ¡Que nadie esté
triste! Cristo es nuestra Paz y nuestro Camino para siempre. Él hoy «manifiesta
plenamente el hombre al mismo hombre y le descubre su altísima vocación»
(Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes 22).
El gran signo que hoy nos da el Evangelio es que el sepulcro de Jesús está
vacío. Ya no tenemos que buscar entre los muertos a Aquel que vive, porque ha
resucitado. Y los discípulos, que después le verán Resucitado, es decir, lo
experimentarán vivo en un encuentro de fe maravilloso, captan que hay un vacío
en el lugar de su sepultura. Sepulcro vacío y apariciones serán las grandes
señales para la fe del creyente. El Evangelio dice que «entró también el otro
discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó» (Jn 20,8).
Supo captar por la fe que aquel vacío y, a la vez, aquella sábana de amortajar
y aquel sudario bien doblados eran pequeñas señales del paso de Dios, de la
nueva vida. El amor sabe captar aquello que otros no captan, y tiene suficiente
con pequeños signos. El «discípulo a quien Jesús quería» (Jn 20,2) se guiaba
por el amor que había recibido de Cristo.
“Ver y creer” de los discípulos que han de ser también los nuestros.
Renovemos nuestra fe pascual. Que Cristo sea en todo nuestro Señor. Dejemos que
su Vida vivifique a la nuestra y renovemos la gracia del bautismo que hemos
recibido. Hagámonos apóstoles y discípulos suyos. Guiémonos por el amor y
anunciemos a todo el mundo la felicidad de creer en Jesucristo. Seamos testigos
esperanzados de su Resurrección.
* Mons. Joan Enric VIVES i Sicília Obispo Emérito de Urgell (Lleida,
España) © Textos de Evangeli.net - Imagen: Misioneros Digitales Católicos.
Palabras de San Juan Pablo II
«No existe una Pascua verdadera sin la
reconciliación con Dios desde lo profundo del corazón. Es Dios quien nos ofrece
esa reconciliación. Sólo tenemos que acogerla, renovándonos interiormente
acercándonos al sacramento del perdón... La resurrección de Cristo abre ante al
hombre la última perspectiva de la Alianza; la “glorificación” de todo el ser
humano, espiritual y corporal en Dios... De Cristo resucitado toda nuestra vida
recibe luz y esperanza»
Predicación del Evangelio:
Misterio de esperanza
Creer en el Resucitado es resistirnos a aceptar que nuestra vida es solo
un pequeño paréntesis entre dos inmensos vacíos. Apoyándonos en Jesús,
resucitado por Dios, intuimos, deseamos y creemos que Dios está conduciendo
hacia su verdadera plenitud el anhelo de vida, de justicia y de paz que se
encierra en el corazón de la humanidad y en la creación entera.
Creer en el Resucitado es rebelarnos con todas nuestras fuerzas contra el
hecho de que esa inmensa mayoría de hombres, mujeres y niños, que solo ha
conocido en esta vida miseria, humillación y sufrimientos, quede olvidada para
siempre.
Creer en el Resucitado es confiar en una vida en la que ya no habrá
pobreza ni dolor, nadie estará triste, nadie tendrá que llorar. Por fin
podremos ver a los que vienen en pateras llegar a su verdadera patria.
Creer en el Resucitado es acercarnos con esperanza a tantas personas sin
salud, enfermos crónicos, discapacitados físicos y psíquicos, personas hundidas
en la depresión, cansadas de vivir y de luchar. Un día conocerán lo que es
vivir con paz y salud total. Escucharán las palabras del Padre: «Entra para
siempre en el gozo de tu Señor».
Creer en el Resucitado es no resignarnos a que Dios sea para siempre un
«Dios oculto» del que no podamos conocer su mirada, su ternura y sus abrazos.
Lo encontraremos encarnado para siempre gloriosamente en Jesús.
Creer en el Resucitado es confiar en que nuestros esfuerzos por un mundo
más humano y dichoso no se perderán en el vacío. Un día feliz, los últimos
serán los primeros y las prostitutas nos precederán en el reino.
Creer en el Resucitado es saber que todo lo que aquí ha quedado a medias,
lo que no ha podido ser, lo que hemos estropeado con nuestra torpeza o nuestro
pecado, todo alcanzará en Dios su plenitud. Nada se perderá de lo que hemos
vivido con amor o a lo que hemos renunciado por amor.
Creer en el Resucitado es esperar que las horas alegres y las experiencias
amargas, las «huellas» que hemos dejado en las personas y en las cosas, lo que
hemos construido con amor, quedará transfigurado. Ya no conoceremos la amistad
que termina, la fiesta que se acaba ni la despedida que entristece. Dios será
todo en todos.
Creer en el Resucitado es creer que un día escucharemos estas increíbles
palabras que el libro del Apocalipsis pone en labios de Dios: «Yo soy el origen
y el final de todo. Al que tenga sed, yo le daré gratis del manantial del agua
de la vida». Ya no habrá muerte ni habrá llanto, no habrá gritos ni fatigas,
porque todo eso habrá pasado.
(P. José Antonio Pagola - Imagen: kindergruppe)Biblioteca de “Pequeñas Semillitas”
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Agradecimientos
Imaginemos que en el cielo hay dos oficinas diferentes para
tratar lo relativo a las oraciones de las personas en la tierra:
Una es para receptar pedidos de diversas gracias, y allí
los muchos ángeles que atienden trabajan intensamente y sin descanso por la
cantidad de peticiones que llegan en todo momento.
La otra oficina es para recibir los agradecimientos por las
gracias concedidas y en ella hay un par de ángeles aburridos porque
prácticamente no les llega ningún mensaje de los hombres desde la tierra para
dar gracias...
Desde esta sección de "Pequeñas Semillitas"
pretendemos juntar una vez por semana (los domingos) todos los mensajes para la
segunda oficina: agradecimientos por favores y gracias concedidas como
respuesta a nuestros pedidos de oración.
💕 Desde "Pequeñas Semillitas" agradecemos a Dios, a la Santísima Virgen de Lourdes y a San José, poder regresar nuevamente con nuestras publicaciones diarias, como lo hacemos desde hace más de veinte años de estar presentes llevando la Palabra de Dios al mundo de habla hispana.
Oremos: Bendito seas,
Dios mío, porque a pesar de ser yo indigno de toda ayuda, tu generosidad e
infinita bondad nunca dejan de otorgar el bien aún a los ingratos y a los que
se han apartado de ti. Conviértenos a ti, para que seamos agradecidos, humildes
y piadosos, pues Tú eres nuestra salud, nuestra fortaleza y nuestra salvación.
Meditaciones de “Pequeñas Semillitas”
¿Qué sintió la Virgen María al ver a su Hijo vivo?
¿Qué sintió Magdalena, o Juan, o Pedro? Eso es lo que tenemos que sentir
nosotros. Tendríamos que amar a Cristo tanto como ellos. Tanto como para decir,
como seguro que dijeron ellos: "Estoy feliz sólo por eso, sólo porque él,
que había muerto, ha resucitado. No estoy contento en primer lugar por ser
rico, por ser joven, por estar sano y ni siquiera porque me quiere la persona
que yo quiero. El principal motivo de mi alegría es que Cristo, que estaba
muerto, ha resucitado". Si la resurrección de Cristo debe servir para
algo, debe ser ante todo causa de eso: de alegría para mí, como creyente y
amigo suyo, porque Él, que había muerto por mí, ha resucitado.
Después, esa resurrección debe ser también un motivo
de esperanza. La esperanza en la vida eterna, que tenemos la certeza de que
existe precisamente porque Cristo ha vuelto a la vida tras haber conocido la
muerte. Motivo, también, de esperanza en la justicia de Dios, de la que podemos
estar seguros pues la historia de Cristo nos demuestra que, aunque el mal tiene
su poder y gana sus batallas, el bien siempre termina venciendo, siempre tiene
la última palabra.
Cristo vive y estoy feliz por ello. Cristo vive y yo
puedo tener esperanza, puedo creer en la fuerza del amor, puedo creer que es
más fuerte que el odio, que la violencia, que el pecado. No lo olvidemos esta
semana de Pascua, pero sobre todo no lo olvidemos nunca, tampoco cuando se esté
en las horas oscuras de otro Viernes Santo.
(P. Santiago Martín)
🌸
Resucitar con Cristo es dejar atrás nuestra historia
de pecado, de malos hábitos, rescatando lo bueno que hay en nosotros para ser
mejores cristianos.
Resucitar con Cristo es dar valor a lo que
verdaderamente importa, a lo que nunca muere para reflejar en los demás el amor
divino junto con los dones sobrenaturales que dan trascendencia al hombre.
Resucitar con Cristo es vivir en la fe, es cuidarla,
y mantenerla encendida mediante la oración sincera.
Resucitar con Cristo es crucificar todo lo que puede
enfermar nuestro cuerpo o nuestra alma.
Resucitar con Cristo es no seguir la corriente del
mundo cuando nos invita a una vida consumista, light y egoísta, porque este
tipo de vida nos lleva al vacío interior y a la desolación espiritual y Dios
quiere que tengamos una vida plena en la verdad y el amor.
Resucitar con Cristo es estar atento y examinar
todas las cosas, es sacarle las vendas al pecado, descubrir el engaño y ver lo
que está mal. Es dejar de lado todo lo que nos impide ser mejores, lo que
distrae y nos impide crecer en la fe.
Resucitar con Cristo es no coquetear con otras
doctrinas o pensamientos que no sean los de Jesús.
Resucitar con Cristo es vivir para servir a los
demás según los dones y talentos que hemos recibido porque la entrada a su
Reino está condicionada a las obras de caridad que hayamos realizado.
Los cinco minutos de San Francisco
Abril: Ser peregrinos
Día 5
El hermano Bernardo y el hermano Pedro, dos jóvenes
de Asís, fueron los primeros en seguir a Francisco. Ellos se presentaron ante
él y simplemente le dijeron: “A partir de hoy queremos vivir contigo y vivir
como vives tú. Dinos entonces lo que tenemos que hacer con nuestros bienes”.
Francisco se alegró mucho de su venida y de sus intenciones, y les respondió
con amor: “Vayamos a pedirle consejo al Señor”.
Entonces se dirigieron a una iglesia de la ciudad de
Asís, entraron, se arrodillaron y humildemente rezaron así: “Señor Dios, Padre
glorioso, te rogamos que por tu bondad, nos muestres lo que debemos hacer”. Y,
terminada su oración, le dijeron al sacerdote allí presente: “Señor, déjanos
ver el evangelio de nuestro Señor Jesucristo”.
El sacerdote abrió el libro, porque ellos todavía no
sabían manejarlo debidamente. Y en el acto dieron con el texto en que está
escrito: Si quieres ser perfecto, ve, vende todo lo que tienes y dalo a los
pobres; así tendrás un tesoro en el cielo (Mt 19,20). Al consultar otra vez
el libro, se toparon con el texto: El que quiera venir detrás de mí, que
renuncie a sí mismo, que cargue su cruz y me siga (Mt 16,24). Por último se
les presentaron estas palabras: No lleven nada para el camino (Lc 9,3).
Al oír estas palabras experimentaron una inmensa
alegría y exclamaron: “¡Esto es lo que anhelábamos y buscábamos!” Y Francisco
agregó: “Esta será nuestra Regla. Vayan, entonces, y pongan en práctica la
respuesta que han recibido del Señor”.
(Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)