martes, 3 de noviembre de 2026

Pequeñas Semillitas 6488

PEQUEÑAS SEMILLITAS
 
Año 21 - Número 6488 ~ Martes 3 de Noviembre de 2026
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
¡Alabado sea Jesucristo!
«Hijo mío: Hoy al levantarte esperé tu saludo, pero tenías mucha prisa y te olvidaste. Te acompañé a desayunar y también me ignoraste. Buscaste tu abrigo y te fuiste golpeando la puerta. Igual decidí seguirte. Yo sabía que te esperaba un día duro, pero no advertiste que yo estaba allí para ayudarte. Así transcurrió tu trabajo, sin embargo anhelaba que te decidieras a hablarme. Volviste a tu casa muy cansado y lo único que pensabas era irte a dormir. Mis lágrimas se tradujeron en forma de lluvia, y tampoco lo notaste.
Hijo mío, ahora que te veo dormido e indefenso quisiera regalarte una llave valiosa: es la oración. Abre con ella la puerta de la mañana y cierra la puerta de la noche. Yo sé que tus días son muy pesados y difíciles, pero quiero que sepas que te acompaño para hacerlos más suaves y fáciles. Hijo, no olvides que te amo…» (JESÚS)
 
La Palabra de Dios
Lecturas del día
- MARTES XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO -
♡ Primera Lectura: Filipenses 2, 5-11
 
♡ Salmo: Sal 21, 26b-27. 28-30ab. 30c. 31-32
 
♡ Santo Evangelio: Lc 14,15-24
En aquel tiempo, dijo a Jesús uno de los que comían a la mesa: «¡Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios!». Él le respondió: «Un hombre dio una gran cena y convidó a muchos; a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los invitados: ‘Venid, que ya está todo preparado’. Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: ‘He comprado un campo y tengo que ir a verlo; te ruego me dispenses’. Y otro dijo: ‘He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego me dispenses’. Otro dijo: ‘Me he casado, y por eso no puedo ir’.
»Regresó el siervo y se lo contó a su señor. Entonces, airado el dueño de la casa, dijo a su siervo: ‘Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad, y haz entrar aquí a los pobres y lisiados, y ciegos y cojos’. Dijo el siervo: ‘Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía hay sitio’. Dijo el señor al siervo: ‘Sal a los caminos y cercas, y obliga a entrar hasta que se llene mi casa’. Porque os digo que ninguno de aquellos invitados probará mi cena».
 
♡ Comentario:
Hoy, el Señor nos ofrece una imagen de la eternidad representada por un banquete. El banquete significa el lugar donde la familia y los amigos se encuentran juntos, gozando de la compañía, de la conversación y de la amistad en torno a la misma mesa. Esta imagen nos habla de la intimidad con Dios trinidad y del gozo que encontraremos en la estancia del cielo. Todo lo ha hecho para nosotros y nos llama porque «ya está todo preparado» (Lc 14,17). Nos quiere con Él; quiere a todos los hombres y las mujeres del mundo a su lado, a cada uno de nosotros.
Es necesario, sin embargo, que queramos ir. Y a pesar de saber que es donde mejor se está, porque el cielo es nuestra morada eterna, que excede todas las más nobles aspiraciones humanas —«ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman» (1Cor 2,9) y, por lo tanto, nada le es comparable—; sin embargo, somos capaces de rechazar la invitación divina y perdernos eternamente el mejor ofrecimiento que Dios podía hacernos: participar de su casa, de su mesa, de su intimidad para siempre. ¡Qué gran responsabilidad!
Somos, desdichadamente, capaces de cambiar a Dios por cualquier cosa. Unos, como leemos en el Evangelio de hoy, por un campo; otros, por unos bueyes. ¿Y tú y yo, por qué somos capaces de cambiar a aquél que es nuestro Dios y su invitación? Hay quien por pereza, por dejadez, por comodidad deja de cumplir sus deberes de amor para con Dios: ¿Tan poco vale Dios, que lo sustituimos por cualquier otra cosa? Que nuestra respuesta al ofrecimiento divino sea siempre un sí, lleno de agradecimiento y de admiración.
* Rev. D. Joan COSTA i Bou (Barcelona, España) © Textos de Evangeli.net – Imagen: Parroquia Santa María (Málaga).

Santoral Católico:
Religioso Dominico Peruano
Nació en Lima (Perú) el año 1579, de un funcionario real español, Juan de Porres, y de una joven de origen africano, Ana Velázquez, que no se casaron: Martín era mulato e hijo ilegítimo, lo que le causó muchas dificultades. Fue educado cristianamente por su madre y aprendió de joven el oficio de barbero-cirujano. En 1603 fue admitido en la Orden de los dominicos como hermano converso, después de vivir ocho años en el convento como donado. Desde el principio se le confió el oficio de enfermero que ejerció, con gran competencia y mayor caridad, en favor de los frailes y de los numerosos pobres que acudían al convento; además instituyó varias obras caritativas. Supo conjugar la incesante actividad asistencial con el recogimiento de un contemplativo. Llevó una vida de mortificación y de humildad, y tuvo una gran devoción a la Eucaristía. Murió en Lima el 3 de noviembre de 1639.
Oración: Señor, Dios nuestro, que has querido conducir a san Martín de Porres por el camino de la humildad a la gloria del cielo, concédenos la gracia de seguir sus ejemplos, para que merezcamos ser coronados con él en la gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Para más información hacer clic acá.
(Directorio Franciscano – ACI Prensa – Catholic.net)
 
Palabras del Papa León XIV
«La fe puede encarnarse en cualquier cultura, porque no se identifica de manera específica con ninguna de ellas. Habita en ellas y las configura desde dentro según la «forma» de Jesucristo, es decir, mediante la caridad, el servicio y el reconocimiento filial de la paternidad de Dios. Así, la Iglesia descubre en las diversas culturas todo lo que hay en ellas de bueno, bello y verdadero, para encarnar y transmitir el mensaje del Evangelio»
 
Tema del día:
Prohibido quejarse
Pensaba que mi vida no iba bien. Sentía que algo siempre me faltaba. Entonces hablé con Dios.
 
- Me quejé de lo que me salió mal en el trabajo, pero no agradecí las manos que tengo para trabajar y el hecho de poder tener un trabajo que sustenta mi vida.
 
- Me quejé de tener que soportar el ruido de mis hermanos, pero no agradecí el hecho de tener una familia.
 
- Me quejé cuando no tenía lo que más me gustaba para comer, pero olvidé agradecer el hecho de tener qué comer.
 
- Me quejé de mi salario, cuando millones ni siquiera tienen uno por estar desocupados.
 
- Me quejé porque no apagaban la luz de mi cuarto al salir, pero no pensé en que muchos no tienen hogar donde tener alguna luz encendida.
 
- Me quejé de no poder dormir un poquito más, olvidando a quienes darían todo por tener su cuerpo sano para poder levantarse.
 
- Me quejé porque mi madre me reprendía, cuando millones desearían tenerla viva para poder honrarla y abrazarla.
 
- Me quejé porque no tenía tiempo cuando me solicitaron dar una charla sobre Jesucristo, olvidando el privilegio que es poder hablar a otros de Su infinito Amor.
 
- Me quejé porque mi tren llegó tarde. Olvidé que hay millones de personas que han tenido que abandonar su casa y sus pertenencias, por sufrir persecución religiosa o por huir de la guerra, que viajan en tren buscando refugiarse en países más prósperos.
 
Dios me iluminó en esa conversación y entonces comprendí mi egoísmo y lo ingrato que he sido con Él. Fue cuando entonces comencé a agradecerle todas las cosas que había olvidado, y aún más de aquellas por las que tanto me quejaba.
 
Recuerda este proverbio: "Pobre del que, al final del día, no sepa qué agradecer ni a Quien".
 
¡Que Dios bendiga tu día! Y ya sabes... ¡no te quejes!
 
(Tomado del Web Católico de Javier)
 
Meditaciones de “Pequeñas Semillitas”
La Iglesia Católica está constituida por tres niveles de almas:
1) La Iglesia Triunfante, que son todas las almas que ya gozan de la presencia de Dios en el Cielo, representada por estampas y figuras de santos.
2) La Iglesia Purgante, conformada por todas las almas que se encuentran en el purgatorio, es decir aquellas personas que no murieron en pecado mortal, pero que están purgando penas por las faltas cometidas hasta que puedan llegar al cielo. Se representa con las fotos de los difuntos.
3) La Iglesia Militante, que somos todos los que aún estamos en la tierra, transcurriendo esta vida y somos los que debemos acumular méritos espirituales para algún día llegar al cielo, invocando para ello la ayuda de los santos y rezando por las benditas almas del purgatorio. Los vivos podemos ofrecer obras de penitencia, oraciones, limosnas e indulgencias para que los difuntos alcancen la salvación eterna.
🌸
El sufrimiento humano es parte de la naturaleza del hombre, es algo inevitable en la vida, y Jesús nos ha enseñado, con su propio sufrimiento, que el dolor tiene valor de salvación. Lo importante es el sentido que nosotros le demos.
Los Evangelios muestran a la Virgen Santísima presente, con inmenso amor y dolor de Madre, junto a la cruz en el momento de la muerte redentora de su Hijo, uniéndose a sus padecimientos y mereciendo por ello el título de Corredentora.
Es ella quien, con su compañía, su fortaleza y su fe, nos da fuerza en los momentos de dolor, en los sufrimientos diarios.
Debemos ser fuertes ante el dolor y ofrecerlo a Dios por la salvación de las almas. De este modo podremos convertir el sufrimiento en sacrificio.
Esto nos ayudará a amar más a Dios y a los demás, uniendo nuestro sacrificio al de Cristo.
María, tú que has pasado por un dolor tan grande y un sufrimiento tan profundo, ayúdanos a seguir tu ejemplo ante las dificultades de nuestra propia vida.
 
Los cinco minutos de San Francisco
Noviembre: Las virtudes
Día 3
De este modo puede reconocerse si el servidor de Dios tiene el espíritu del Señor: si, cuando el Señor realiza algo bueno por medio de él, no por ello se enorgullece, sino más bien, se siente inferior a todos los demás.
(Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
 
FELIPE
-Jardinero de Dios-
(el más pequeñito de todos)
 
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