PEQUEÑAS
SEMILLITAS
Año
21 - Número 6486 ~ Domingo 1 de Noviembre de 2026
Desde
la ciudad de Córdoba (Argentina)
¡Alabado sea Jesucristo!
Iniciando el mes de noviembre, hoy celebramos la Fiesta de Todos los
Santos. La Sagrada Biblia llama “Santo” a aquello que está consagrado a
Dios. La Iglesia Católica ha llamado “santos” a aquellos que se han dedicado a
tratar de que su propia vida le sea lo más agradable posible a Nuestro Señor.
Hay unos que han sido “canonizados”, o sea declarados oficialmente santos
por el Sumo Pontífice, porque por su intercesión se han conseguido admirables
milagros, y porque después de haber examinado minuciosamente sus escritos y de
haber hecho una cuidadosa investigación e interrogatorio a los testigos que lo
acompañaron en su vida, se ha llegado a la conclusión de que practicaron las
virtudes en grado heroico.
Los santos canonizados oficialmente por la Iglesia Católica son varios
millares. Pero existe una inmensa cantidad de santos no canonizados, pero que
ya están gozando de Dios en el cielo porque tuvieron una vida en la tierra de
acuerdo a los mandamientos y a lo predicado por Jesús... Son los que el Papa
Francisco llamaba “los santos de la puerta de al lado”, porque muchos de ellos
han vivido entre nosotros, en nuestro tiempo y en nuestras ciudades, y su
santidad la conoce sólo Dios.
La Palabra de Dios
Lecturas del día
- SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS -
♡ Primera Lectura: Apocalipsis 7, 2-4. 9-14
♡ Salmo: Sal 23, 1-2. 3-4ab. 5-6
♡ Segunda Lectura: 1 Juan 3, 1-3
♡ Santo Evangelio: Mt 5,1-12a
En aquel tiempo, viendo Jesús la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y
sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo:
«Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los
Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la
tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán
saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán
misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a
Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados
hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque
de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien,
y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi
causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los
cielos».
♡ Comentario:
Hoy, celebramos la realidad
de un misterio salvador expresado en el “credo” y que resulta muy consolador:
«Creo en la comunión de los santos». Todos los santos, desde la Virgen María,
que han pasado ya a la vida eterna, forman una unidad: son la Iglesia de los
bienaventurados, a quienes Jesús felicita: «Bienaventurados los limpios de
corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8). Al mismo tiempo, también están en
comunión con nosotros. La fe y la esperanza no pueden unirnos porque ellos ya
gozan de la eterna visión de Dios; pero nos une, en cambio el amor «que no pasa
nunca» (1Cor 13,13); ese amor que nos une con ellos al mismo Padre, al mismo
Cristo Redentor y al mismo Espíritu Santo. El amor que les hace solidarios y
solícitos para con nosotros. Por tanto, no veneramos a los santos solamente por
su ejemplaridad, sino sobre todo por la unidad en el Espíritu de toda la
Iglesia, que se fortalece con la práctica del amor fraterno.
Por esta profunda unidad, hemos de sentirnos cerca de todos los santos
que, anteriormente a nosotros, han creído y esperado lo mismo que nosotros
creemos y esperamos y, sobre todo, han amado al Padre Dios y a sus hermanos los
hombres, procurando imitar el amor de Cristo.
Los santos apóstoles, los santos mártires, los santos confesores que han
existido a lo largo de la historia son, por tanto, nuestros hermanos e
intercesores; en ellos se han cumplido estas palabras proféticas de Jesús:
«Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira
toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque
vuestra recompensa será grande en los cielos» (Mt 5,11-12). Los tesoros de su
santidad son bienes de familia, con los que podemos contar. Éstos son los
tesoros del cielo que Jesús invita a reunir (cf. Mt 6,20). Como afirma el
Concilio Vaticano II, «su fraterna solicitud ayuda, pues, mucho a nuestra
debilidad» (Lumen gentium, 49). Esta solemnidad nos aporta una noticia
reconfortante que nos invita a la alegría y a la fiesta.
* Mons. F. Xavier CIURANETA i Aymí Obispo Emérito de Lleida (Lleida,
España) © Textos de Evangeli.net – Imagen: Misioneros Digitales Católicos.
Santoral Católico:
La Iglesia celebra esta
solemnidad en honor de todos los santos, o sea, de todos los fieles que
murieron en Cristo y con Él han sido ya glorificados en el cielo. Esta fiesta
nos recuerda, pues, los méritos de todos los cristianos, de cualquier lengua,
raza, condición y nación, que están ya en la casa del Padre, aunque no hayan
sido canonizados ni beatificados; nos invita a pedirles su ayuda e intercesión
ante el Señor; y nos estimula a seguir su ejemplo, múltiple y variado, en
nuestra vida cristiana.
Oración: Dios
todopoderoso y eterno, que nos has otorgado celebrar en una misma fiesta los
méritos de todos los santos, concédenos, por esta multitud de intercesores, la
deseada abundancia de tu misericordia y tu perdón. Por Jesucristo, nuestro
Señor. Amén.
Para más información hacer clic acá.
(Directorio Franciscano – ACI Prensa – Catholic.net)
Palabras de San Juan Pablo II
«La santidad es una
semejanza particular a Cristo. Es una semejanza mediante el amor. Mediante el
amor permanecemos en Cristo, como él mediante el amor permanecemos en el Padre.
La santidad es la semejanza a Cristo que alcanza el misterio de su unión con el
Padre en el Espíritu Santo: su unión con el Padre mediante el amor [...] La
santidad cristiana brota de la contemplación del Rostro de Cristo, crece a
través de un proceso de formación permanente, lleva a un seguimiento de Jesús
cada vez más perfecto y llega a la madurez cuando testimoniamos fielmente a
Cristo y proclamamos su verdad al mundo»
Tema del día:
Todos los Santos
Hoy celebra la Iglesia la solemnidad de todos los santos. Esta palabra
“santo” en la Biblia se aplicaba sólo a Dios, pues significa: sagrado o
separado. Pero luego se fue diciendo de todo lo que se acercaba más a Dios. Así
ya san Pablo llama santos a los cristianos por el hecho de estar unidos a Dios
por el bautismo. Después ya sólo se aplicó a aquellas personas que por su
comportamiento están más cerca de Dios. Especialmente los mártires que, por su
muerte gloriosa, se unen para siempre con Dios.
La Iglesia desde el principio comenzó a honrar a los mártires en su día
propio del martirio; pero ya por el siglo III eran tantos los mártires que
tuvieron que celebrar su fiesta en un día todos juntos, aunque no tenían un día
fijo. El 13 de Mayo del año 609 el papa consagró el panteón romano, que había
sido templo pagano de todos los dioses, para que fuese templo de la Virgen
María y de todos los santos. Unos cien años después la fiesta de todos los
santos quedó fijada para el día 1 de Noviembre.
Hay muchos santos, cuyos nombres conocemos, porque han sido
“canonizados”, es decir declarados santos solemnemente por el papa, después de
haber examinado minuciosamente su vida y sus escritos y normalmente después de
que Dios ha ratificado esa santidad por uno o más milagros. Pero santos hay
muchos más que no conocemos, quizá porque han vivido una vida muy oculta, pero
que gozan con Dios con una gloria semejante. Entre estos santos habrá
familiares y conocidos nuestros. Hoy es el día para festejar a todos y también
para alzar nuestra mirada al cielo para pedir su protección y sobre todo para
desear imitarles y un día poder estar con ellos en el cielo.
Todos estamos llamados a la santidad. Nos lo ha dicho muchas veces la
Iglesia. De una manera especial lo recalcó el concilio Vaticano II. No es que
haya que tener una vida externa diferente de los demás, aunque la verdad es que
hay situaciones que ayudan y hay situaciones que pueden estorbar. Tenemos que
esforzarnos por conseguir siempre ser mejores y tender a un ideal grande. No es
fácil, pero tampoco es imposible. Para ello, Jesucristo nos enseñó el camino.
El principal es la caridad. Sin amor no puede haber verdadera vida cristiana:
Amor dirigido hacia Dios, que es nuestro Padre y nos acompaña, amor que se
expresa especialmente en la oración, y amor hacia los demás, porque todos somos
hermanos.
Hoy en el evangelio se nos propone este ideal por medio de las
bienaventuranzas. Son actitudes o maneras de ser. Son las condiciones para el
seguimiento en el camino del Reino de Dios trazado por Jesús. Con ellas podemos
imitar su misma vida.
Las bienaventuranzas trazan ocho caminos a la santidad. Todos tienen el
matiz de la humildad. El santo no quiere su propia voluntad sino se somete
siempre a la voluntad de Dios. Los pobres de espíritu no buscan ni en la
riqueza ni en la fama sino esperan de Dios como su recompensa. Los que tienen
hambre y sed de justicia no maquinan para obtener su propio bien sino hacen lo
que Dios quiere de ellos. Los limpios de corazón no tienen ningún motivo más
que el deseo de cumplir la voluntad de Dios. Ser santo es dejar la carrera de
hacerse admirado para dar la gloria a Dios con hechos del amor.
(Extractos de P. Silverio Velasco y Fray Carmelo Mele)
Meditaciones de “Pequeñas Semillitas
Hoy, cuando celebramos la fiesta de Todos los Santos
debemos recordar que no sólo es la fiesta de los que ostentan el pequeño cartel
con su nombre y la corona, los que la Iglesia ha declarado que podemos
considerar "santos" con garantía. En la celebración de hoy se incluye
a todos los que viven con Dios, todos los que forman parte de esta inmensa
multitud de la que nos habla la 1ª lectura. Una muchedumbre inmensa que nadie
podría contar y entre la cual se hallan con toda seguridad personas que
nosotros hemos conocido o quizás amado.
La solemnidad de Todos los Santos puede llevarnos
fácilmente a pensar en personas extraordinarias, casi inalcanzables, cuya vida
parece muy distante de la nuestra. Sin embargo, el Evangelio nos propone una
mirada muy distinta. Jesús no presenta la santidad como un privilegio reservado
a unos pocos, sino como una llamada universal que pasa por la vida cotidiana.
Las bienaventuranzas dibujan el rostro de quienes han descubierto que la
verdadera felicidad no nace del poder, del éxito o del reconocimiento, sino del
amor vivido con humildad, misericordia y entrega. En ellas encontramos el
camino de una santidad posible, cercana y profundamente humana, una invitación
a dejarnos transformar por el Evangelio para que nuestra manera de vivir haga
visible, aquí y ahora, el rostro de Dios.
🌸
Toda nuestra vida debe estar orientada a la
santidad, a vivir con Jesús y María en el cielo para siempre, junto a la
multitud de los santos de Dios.
Pero tengamos cuidado: el demonio sabe que cuando
probamos un bocado de la santidad, estamos irremediablemente perdidos para él.
Es por eso que nos distrae con multitud de pretextos y nos muestra la religión
católica como algo aburrido o molesto. Tenemos que saber que aquí sucede como
cuando los primeros discípulos encontraron a Jesús y le preguntaron dónde
vivía, y Él les respondió “Vengan y lo verán”. Y esto mismo nos dice a cada uno
de nosotros, ya que en el mismo caminar es que iremos descubriendo las maravillas
de este camino, a cuyo término está el Cielo con su felicidad eterna.
No hay nada más importante que nuestra
santificación, porque si trabajamos para ser santos, estamos trabajando por la
gloria de Dios, por la salvación de las almas, por nuestra patria y por el
mundo, porque un alma que se santifica atrae el bien sobre todo y sobre todos,
así como un alma que peca daña a todos, porque todos formamos un cuerpo.
Lancémonos entonces a la conquista del monte de la
santidad. Tenemos solo esta vida para hacerlo. No pasemos el tiempo en balde,
sino aprovechémoslo para ser cada día un poco mejores que el día que pasó.
Vivamos bien y confiados solo el momento presente, sin preocuparnos por el
futuro ni por los pecados del pasado.
El demonio solo teme esta decisión nuestra de ser
santos, porque sabe que nos escaparemos de sus manos y arrastraremos junto a
nosotros a muchas almas en la ascensión hacia lo alto. A pesar del mundo, del
demonio y de la carne… ¡Seamos santos!
Agradecimientos
Imaginemos que en el cielo hay dos oficinas diferentes para
tratar lo relativo a las oraciones de las personas en la tierra:
Una es para receptar pedidos de diversas gracias, y allí
los muchos ángeles que atienden trabajan intensamente y sin descanso por la
cantidad de peticiones que llegan en todo momento.
La otra oficina es para recibir los agradecimientos por las
gracias concedidas y en ella hay un par de ángeles aburridos porque
prácticamente no les llega ningún mensaje de los hombres desde la tierra para
dar gracias...
Desde esta sección de "Pequeñas Semillitas"
pretendemos juntar una vez por semana (los domingos) todos los mensajes para la
segunda oficina: agradecimientos por favores y gracias concedidas como
respuesta a nuestros pedidos de oración.
💕 Desde Salamanca, España, nuestro amigo José Luis S. (78
años), agradece a Dios y a su amada Virgencita, y a todos los que rezaron por
él, ya que su operación por un tumor de colon ha sido exitosa y ahora le han
dado el alta. No necesitará nuevos tratamientos, sino sólo controles
periódicos. Damos gracias a Dios.
💕 Desde San Salvador, capital de El Salvador (América Central),
nos escribe Jesús Amado C. (82 años) y agradece por su salud y porque
sus ingresos están siendo mejores, por lo que alaba al Padre Eterno. Nos
sumamos a la plegaria de acción de gracias.
Oremos: Bendito seas,
Dios mío, porque a pesar de ser yo indigno de toda ayuda, tu generosidad e
infinita bondad nunca dejan de otorgar el bien aún a los ingratos y a los que
se han apartado de ti. Conviértenos a ti, para que seamos agradecidos, humildes
y piadosos, pues Tú eres nuestra salud, nuestra fortaleza y nuestra salvación.
Los cinco minutos de San Francisco
Noviembre: Las virtudes
Día 1
Escuchen, señores y hermanos míos; presten atención
a mis palabras. Escuchen con el corazón y obedezcan a la voz del Hijo de Dios.
Sigan sus mandamientos de todo corazón y cumplan sus consejos perfectamente.
Alábenlo porque es bueno y enaltézcanlo con sus obras; porque para esto los ha
enviado al mundo entero; para que de palabra y de obra traduzcan su voz y hagan
saber a todos que no hay otro Dios fuera de Él.
(Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
FELIPE
-Jardinero de Dios-
(el más pequeñito de todos)
BLOG de ”PEQUEÑAS SEMILLITAS”
♡
FACEBOOK de “FELIPE DE URCA”
♡
FACEBOOK de
“PEQUEÑAS SEMILLITAS”
♡
Canal de WHATSAPP de “PEQUEÑAS SEMILLITAS”
♡
”X” (ex TWITTER) de “PEQUEÑAS SEMILLITAS”
♡
INSTAGRAM: FELIPE DE URCA
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¡Gracias por participar comentando! Por favor, no te olvides de incluir tu nombre y ciudad de residencia al finalizar tu comentario dentro del cuadro donde escribes.