PEQUEÑAS
SEMILLITAS
Año
21 - Número 6416 ~ Sábado 22 de Agosto de 2026
Desde
la ciudad de Córdoba (Argentina)
¡Alabado sea Jesucristo!
Hoy celebramos la Fiesta de María Reina, y es una oportunidad
propicia para dirigirnos a Ella con una breve oración:
Madre mía, Santa María Reina... ¡Ojalá nunca deje ser pequeño!
¿Por qué tantas veces me empeño en levantarme yo solo, en luchar yo solo,
en sufrir yo solo? Que en todas las circunstancias piense en Ti y te llame.
Hoy te pido a ti María Reina del cielo y de los cristianos, que tú nunca
me sueltes de tu mano. Que me ayudes a levantarme en cada una de mis caídas.
Amén.
La Palabra de Dios
Lecturas del día
- SÁBADO 20 DEL TIEMPO ORDINARIO -
♡ Primera Lectura: Ezequiel 43, 1-7
♡ Salmo: Sal 84, 9ab y 10. 11-12. 13-14
♡ Santo Evangelio: Mt 23,1-12
En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente y a los discípulos: «En la cátedra
de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad
todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen.
Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con
el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los
hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del
manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las
sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame “Rabbí”.
»Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “Rabbí”, porque uno solo es
vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie “Padre”
vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni
tampoco os dejéis llamar “Guías”, porque uno solo es vuestro Guía: el Cristo.
El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será
humillado; y el que se humille, será ensalzado».
♡ Comentario:
Hoy, Jesucristo nos dirige
nuevamente una llamada a la humildad, una invitación a situarnos en el
verdadero lugar que nos corresponde: «No os dejéis llamar “Rabbí” (...); ni
llaméis a nadie “Padre” (...); ni tampoco os dejéis llamar “Guías”» (Mt
23,8-10). Antes de apropiarnos de todos estos títulos, procuremos dar gracias a
Dios por todo lo que tenemos y que de Él hemos recibido.
Como dice san Pablo, «¿qué tienes que no lo hayas recibido? Y si lo has
recibido, ¿a qué gloriarte cual si no lo hubieras recibido?» (1Cor 4,7). De
manera que, cuando tengamos conciencia de haber actuado correctamente, haremos
bien en repetir: «Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer»
(Lc 17,10).
El hombre moderno padece una lamentable amnesia: vivimos y actuamos como
si nosotros mismos hubiésemos sido los autores de la vida y los creadores del
mundo. Por contraste, causa admiración Aristóteles, el cual —en su teología
natural— desconocía el concepto de la “creación” (noción conocida en aquellos
tiempos sólo por Revelación divina), pero, por lo menos, tenía claro que este
mundo dependía de la Divinidad (la “Causa incausada”). San Juan Pablo II nos
llama a conservar la memoria de la deuda que tenemos contraída con nuestro
Dios: «Es preciso que el hombre dé honor al Creador ofreciendo, en una acción
de gracias y de alabanza, todo lo que de Él ha recibido. El hombre no puede
perder el sentido de esta deuda, que solamente él, entre todas las otras realidades
terrestres, puede reconocer».
Además, pensando en la vida sobrenatural, nuestra colaboración —¡Él no
hará nada sin nuestro permiso, sin nuestro esfuerzo!— consiste en no estorbar
la labor del Espíritu Santo: ¡dejar hacer a Dios!; que la santidad no la
“fabricamos” nosotros, sino que la otorga Él, que es Maestro, Padre y Guía. En
todo caso, si creemos que somos y tenemos algo, esmerémonos en ponerlo al
servicio de los demás: «El mayor entre vosotros será vuestro servidor» (Mt
23,11).
* Rev. D. Antoni CAROL i
Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España) © Textos de Evangeli.net –
Imagen: Arzobispado de Lima.
Santoral Católico:
Fiesta
Celebramos hoy a María,
la madre de Jesucristo y madre nuestra, glorificada por el Padre como Reina
junto a su Hijo. Aunque el título de Reina se atribuye a María desde antiguo
-recuérdese la Salve Regina, el Regina coeli o las letanías lauretanas- su fiesta
fue instituida por Pío XII en 1954. Desde el año siguiente, la Iglesia la
celebraba el 31 de mayo, como coronación del mes mariano, mientras la Familia
franciscana, por especial concesión pontificia, la celebraba, con misa y oficio
propios y bajo el título de «María Virgen, Reina de la Orden de los Menores»,
el 15 de diciembre, octava de la Inmaculada. En la última reforma litúrgica, la
celebración se ha trasladado al 22 de agosto, octava de la Asunción, para
subrayar el vínculo de la realeza de María con su participación especial en la
obra de la redención y en el misterio de la Asunción. Dice el Concilio Vaticano
II en su Constitución dogmática: «María fue asunta a la gloria celestial y fue
ensalzada por el Señor como Reina universal con el fin de que se asemeje de
forma más plena a su Hijo».
Oración: Dios
todopoderoso, que nos has dado como Madre y como Reina a la Madre de tu
Unigénito, concédenos que, protegidos por su intercesión, alcancemos la gloria
de tus hijos en el reino de los cielos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Para más información hacer clic acá.
(Directorio Franciscano – Santuario de Luján – Reina del
Cielo)
Pensamiento del día
«La Virgen Inmaculada ...
asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial fue ensalzada por el Señor como
Reina universal, con el fin de que se asemejase de forma más plena a su Hijo,
Señor de señores y vencedor del pecado y de la muerte».
(Concilio Vaticano II, Const. dogm. Lumen gentium, n.59)
Tema del día:
Fundamentos de la realeza de María
La razón por la que la Santísima Virgen María es Reina se fundamenta
teológicamente en su divina Maternidad y en su función de colaborar en la obra
de la redención del género humano.
🌻 a) Por su divina
Maternidad: Es el fundamento
principal, pues la eleva a un grado altísimo de intimidad con el Padre
celestial y la une a su divino Hijo, que es Rey universal por derecho propio.
En la Sagrada Escritura se dice del Hijo que la Virgen concebirá:
"Hijo del Altísimo será llamado Y a Él le dará el Señor Dios el trono de
David su padre y en la casa de Jacob reinará eternamente y su reinado no tendrá
fin" (Lc. 1,32-33). Y a María se le llama "Madre del Señor" (Lc.
1,43); de donde fácilmente se deduce que Ella es también Reina, pues engendró
un Hijo que era Rey y Señor de todas las cosas. Así, con razón, pudo escribir
San Juan Damasceno: "Verdaderamente fue Señora de todas las criaturas cuando
fue Madre del Creador" (cit. en la Encíclica Ad coeli Reginam, de Pío XII,
11-X-1954).
🌻 b) Por ser
colaboradora en la obra de la redención del género humano: La Virgen María, por voluntad expresa de Dios, tuvo
parte excelentísima en la obra de nuestra Redención. Por ello, puede afirmarse
que el género humano sujeto a la muerte por causa de una virgen (Eva), se salva
también por medio de una Virgen (María). En consecuencia, así como Cristo es
Rey por título de conquista, al precio de su Sangre, también María es Reina al
precio de su Compasión dolorosa junto a la Cruz.
"La Beatísima María debe ser llamada Reina, no sólo por razón de su
Maternidad divina, sino también porque cooperó íntimamente a nuestra salvación.
Así como Cristo, nuevo Adán, es Rey nuestro no sólo por ser Hijo de Dios sino
también nuestro Redentor, con cierta analogía, se puede afirmar que María es
Reina, no sólo por ser Madre de Dios sino también, como nueva Eva, porque fue
asociada al nuevo Adán" (cfr. Pío XII, Encíclica Ad coeli Reginam).
(Aciprensa)
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Humor de sábados
Llamando al médico
Los médicos estamos acostumbrados a que nos llamen por teléfono a
cualquier hora. Una noche me despertó un hombre a cuya esposa ya había atendido
antes.
- Siento molestarlo tan tarde -me dijo- pero creo que mi mujer tiene
apendicitis.
Aún medio dormido, recordé que yo le había quitado el apéndice a su esposa
dos años atrás.
- Nadie tiene un segundo apéndice -exclamé.
- Doctor, quizás usted no haya oído hablar de un segundo apéndice
-contestó, -pero sí de que podemos tener una segunda esposa.
Meditaciones de “Pequeñas Semillitas”
En la clausura del Concilio Vaticano II, el 8 de
diciembre de 1965, el Papa San Pablo VI declaró: “La Santísima Virgen María,
Madre de la Iglesia” En la homilía del 8 de diciembre del 2005, Su Santidad el
Papa Benedicto XVI destacó el 40 aniversario de esta proclamación que había
coincidido con la clausura del Concilio Vaticano II. He aquí algunos fragmentos
de la homilía del Santo Padre:
“El Concilio quería decirnos esto: María está tan
unida al gran misterio de la Iglesia, que ella y la Iglesia son inseparables,
como lo son ella y Cristo. María refleja a la Iglesia, la anticipa en su
persona y, en medio de todas las turbulencias que afligen a la Iglesia
sufriente y doliente, ella sigue siendo siempre la estrella de la salvación.
Ella es su verdadero centro, del que nos fiamos, aunque muy a menudo su
periferia pesa sobre nuestra alma… En María, la Inmaculada, encontramos la
esencia de la Iglesia de un modo no deformado. De ella debemos aprender a
convertirnos nosotros mismos en "almas eclesiales" —así se expresaban
los Padres—, para poder presentarnos también nosotros, según la palabra de san
Pablo, "inmaculados" delante del Señor, tal como él nos quiso desde
el principio.
🌸
¡Creo que la Virgen María tiene grandes deseos que haya muchas
personas que recen por los sacerdotes! A través de esta frase sencilla el
Espíritu Santo nos envió en misión para sostener a los sacerdotes y
seminaristas y también para hacer amar a la Iglesia.
Descubrimos una evidencia: es necesario dejar de criticar a
nuestros sacerdotes y callar sus debilidades, a menos que se trate de actos
criminales.
La Virgen María nos invita a transformar nuestras
recriminaciones en oraciones y a entregarle todos los sacerdotes… ¡Ya que ella
es su Madre! Ella se ocupa de sus hijos y los guía a lo largo de su sacerdocio.
En María, los sacerdotes renuevan su sacerdocio en el Espíritu Santo y nos
conducen a la alegría eterna. Cuanto más unidos estén los sacerdotes a la
Virgen María, tanto más fácilmente Ella podrá guiarlos para conducirnos a la
santidad haciéndolos a ellos mismos más santos.
Podemos escoger confiarlos durante la misa, o junto a María al
pie de la Cruz y ofrecer la comunión por ellos, para que las gracias de la
Muerte y de la Resurrección de Jesús se extiendan en su sacerdocio para la
mayor gloria de Dios y de la Iglesia.
Santa Virgen María, Madre de los sacerdotes, te confiamos los
sacerdotes y seminaristas del mundo entero. (Anne I. Chartier-Kastler)
Los cinco minutos de San Francisco
Agosto: La alegría
Día 22
Feliz el servidor que atesora en el cielo los bienes
que el Señor le muestra, y no desea, con la mira en la recompensa, hacerse
notar ante los demás, porque el Altísimo mismo hará descubrir sus obras a
quienes le agrade. Feliz el servidor que guarda en su corazón los secretos del
Señor.
(Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
FELIPE
-Jardinero de Dios-
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