domingo, 16 de agosto de 2026

Pequeñas Semillitas 6410

PEQUEÑAS SEMILLITAS
 
Año 21 - Número 6410 ~ Domingo 16 de Agosto de 2026
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
¡Alabado sea Jesucristo!
En la homilía de la misa de la Asunción de María, el Papa León catequizó sobre los verdaderos valores estéticos que debemos tener presentes en nuestros cuerpos.
“La glorificación de María en alma y cuerpo nos enseña que nuestra verdadera belleza no consiste en ocultar los signos del tiempo que pasa, sino en mostrar también en nuestra carne los signos del amor que no tiene fin”, dijo el Santo Padre.
“Con la edad, de hecho, nuestro cuerpo no se hace más ágil, sino más pesado; la piel no se vuelve más fresca, sino que muestra los signos de la vejez; el cabello no toma color ni brillo, sino que se vuelve gris y luego blanco”, señaló.
Invitó a todos los católicos “a revisar muchos de los cánones estéticos”, sobre todo “de tipo hedonista y consumista” que el mundo de hoy impone “y que corren el riesgo de aprisionarnos en condicionamientos pesados, haciéndonos desperdiciar energías valiosas en lo que no es realmente importante ni dura para siempre”.
Y añadió: “En la experiencia común, se pueden encontrar personas con el rostro marcado por los años y los sufrimientos, pero capaces de irradiar serenidad, benevolencia y paz a su alrededor; como se pueden observar otras, quizás exteriormente atractivas, pero duras y frías en su interior. Y es fácil entender dónde está la verdadera belleza y dónde, en cambio, hay todavía necesidad de conversión, perdón y curación”
Finalmente, recordó que la comunidad cristiana se ve a sí misma en María, la mujer del Apocalipsis:
“En su humanidad santa, por gracia de Dios, está también la nuestra, estamos llamados a vivir su misma plenitud de vida y a compartir su misma gloria”.
 
La Palabra de Dios
Lecturas del día
- DOMINGO 20 DEL TIEMPO ORDINARIO -
Primera Lectura: Isaías 56, 1. 6-7
 
Salmo: Sal 66, 2-3. 5. 6 y 8
 
Segunda Lectura: Romanos 11, 13-15. 29-32
 
Santo Evangelio: Mt 15,21-28
En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo». Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando». Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel». Ella los alcanzó y se postró ante Él, y le pidió de rodillas: «Señor, socórreme». Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos». Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos». Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas». En aquel momento quedó curada su hija.
 
Comentario:
Hoy contemplamos la escena de la cananea: una mujer pagana, no israelita, que tenía la hija muy enferma, endemoniada, y oyó hablar de Jesús. Sale a su encuentro y con gritos le dice: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo» (Mt 15,22). No le pide nada, solamente le expone el mal que sufre su hija, confiando en que Jesús ya actuará.
Jesús “se hace el sordo”. ¿Por qué? Quizá porque había descubierto la fe de aquella mujer y deseaba acrecentarla. Ella continúa suplicando, de tal manera que los discípulos piden a Jesús que la despache. La fe de esta mujer se manifiesta, sobre todo, en su humilde insistencia, remarcada por las palabras de los discípulos: «Atiéndela, que viene detrás gritando» (Mt 15,23).
La mujer sigue rogando; no se cansa. El silencio de Jesús se explica porque solamente ha venido para la casa de Israel. Sin embargo, después de la resurrección, dirá a sus discípulos: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación» (Mc 16,15).
Este silencio de Dios, a veces, nos atormenta. ¿Cuántas veces nos hemos quejado de este silencio? Pero la cananea se postra, se pone de rodillas. Es la postura de adoración. Él le responde que no está bien tomar el pan de los hijos para echarlo a los perros. Ella le contesta: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos» (Mt 15,26-27).
Esta mujer es muy espabilada. No se enfada, no le contesta mal, sino que le da la razón. Tienes razón, Señor! Parece como si le dijera: —Soy como un perro, pero el perro está bajo la protección de su amo.
La cananea nos ofrece una gran lección: da la razón al Señor, que siempre la tiene. —No quieras tener la razón cuando te presentas ante el Señor. No te quejes nunca y, si te quejas, acaba diciendo: «Señor, que se haga tu voluntad».
* Rev. D. Joan SERRA i Fontanet (Barcelona, España) © Textos de Evangeli.net 
 
Pensamiento del día
«Escandaliza el hecho de saber que existe alimento suficiente para todos y que el hambre se debe a la mala distribución de los bienes y la renta. El problema se agrava con la práctica generalizada del desperdicio»
(PAPA FRANCISCO en Evangelii Gaudium)
 
Predicación del Evangelio:
El grito de la mujer
Cuando en los años ochenta del siglo I Mateo escribe su evangelio, la Iglesia tiene planteada una grave cuestión: ¿Qué han de hacer los seguidores de Jesús? ¿Encerrarse en el marco del pueblo judío o abrirse también a los paganos?
 
Jesús solo había actuado dentro de las fronteras de Israel. Eliminado rápidamente por el representante de Roma y los dirigentes del templo, no había podido hacer nada más. Sin embargo, rastreando en su vida, los discípulos recordaron dos cosas muy iluminadoras. Primero, Jesús era capaz de descubrir entre los paganos una fe más grande que entre sus propios seguidores. Segundo, Jesús no había reservado su compasión solo para los judíos. El Dios de la compasión es de todos.
 
La escena es conmovedora. Una mujer sale al encuentro de Jesús. No pertenece al pueblo elegido. Es pagana. Proviene del maldito pueblo de los cananeos, que tanto había luchado contra Israel. Es una mujer sola y sin nombre. Tal vez es madre soltera, viuda o ha sido abandonada por los suyos.
 
Mateo solo destaca su fe. Toda su vida se resume en un grito que expresa lo profundo de su desgracia. Viene detrás de los discípulos «gritando». No se detiene ante el silencio de Jesús ni ante el malestar de sus discípulos. La desgracia de su hija, poseída por «un demonio muy malo», se ha convertido en su propio dolor: «Señor,
ten compasión de mí».
 
En un momento determinado, la mujer alcanza al grupo, detiene a Jesús, se postra ante él y de rodillas le dice: «Señor, socórreme». No acepta las explicaciones de Jesús, dedicado a su quehacer en Israel. No acepta la exclusión étnica, política, religiosa y de sexos en que se encuentran tantas mujeres, sufriendo soledad y marginación.
 
Es entonces cuando Jesús se manifiesta en toda su humildad y grandeza: «Mujer, ¡qué grande es tu fe!, que se cumpla lo que deseas». La mujer tiene razón. De nada sirven otras explicaciones. Lo primero es aliviar el sufrimiento. Su petición coincide con la voluntad de Dios.
 
¿Qué hacemos los cristianos de hoy ante los gritos de tantas mujeres solas, marginadas, maltratadas y olvidadas por la Iglesia? ¿Las dejamos de lado justificando nuestro abandono por exigencias de otros quehaceres? Jesús no lo hizo.
(Texto: P. José Antonio Pagola - Imagen de Word Press)
 
Meditación dominical
Israel era el antiguo pueblo elegido. A él habían sido enviados personajes clave, para que le guiaran en el descubrimiento y la adoración del único Dios. Tales fueron los Patriarcas y los Profetas. A Israel fue confiada la revelación escrita, para que testimoniaran delante de todos los pueblos el proyecto universal divino. Aquel pueblo elegido había sido arrancado de la esclavitud extranjera y recogido en una tierra privilegiada. A Israel fueron hechas las promesas, que culminarían en la venida del Mesías Salvador.
Aquellos hechos favorecieron la aparición de una mentalidad elitista que sea afianzó progresivamente con el tiempo. Llevados por aquella mentalidad, llegaron a pensar que, el suyo, era el único pueblo que Dios quería salvar; que Dios, en cierta manera, se desentendía de todo aquél que no fuera israelita. Aquí se equivocaron, interpretando torcidamente la voluntad de Dios.
El pasaje del Evangelio de hoy (la mujer cananea pagana) contiene una perfecta lección de esta misión universal de Jesús y de la Iglesia. Nosotros, no nos podemos considerar privilegiados ante Dios ni despreciar a personas que por su raza, religión, lengua o cultura, son diferentes. Muy al contrario: veremos a todas las personas como hijos de Dios, al mismo nivel nuestro, y tan amadas como lo somos nosotros. La humanidad es una sola familia, y Dios es el Padre que no hace entre nosotros ninguna diferencia. (Mons. Enric Prat)
 
Agradecimientos
Imaginemos que en el cielo hay dos oficinas diferentes para tratar lo relativo a las oraciones de las personas en la tierra:
Una es para receptar pedidos de diversas gracias, y allí los muchos ángeles que atienden trabajan intensamente y sin descanso por la cantidad de peticiones que llegan en todo momento.
La otra oficina es para recibir los agradecimientos por las gracias concedidas y en ella hay un par de ángeles aburridos porque prácticamente no les llega ningún mensaje de los hombres desde la tierra para dar gracias...
Desde esta sección de "Pequeñas Semillitas" pretendemos juntar una vez por semana (los domingos) todos los mensajes para la segunda oficina: agradecimientos por favores y gracias concedidas como respuesta a nuestros pedidos de oración.
 
💕 Desde Córdoba, Argentina, Andrea y un grupo de chicas de la promoción 1986 del Colegio de las Hermanas Dominicas están celebrando los cuarenta años de su egreso, y lo harán con un viaje a Salta. Por tal motivo agradecen a Dios y a la Santísima Virgen esta posibilidad de reencontrarse y celebrar tan grata fecha.
 
💕 Desde Buenos Aires, Argentina, dan gracias a Dios por la cirugía de Nidia, operada por tumores renales: le fueron extirpados tres tumores salvando la integridad del riñón. Igualmente debemos seguir orando para que los estudios no muestren metástasis y esta hermana nuestra, que ahora está en terapia intensiva, se recupere satisfactoriamente.
 
Oremos: Bendito seas, Dios mío, porque a pesar de ser yo indigno de toda ayuda, tu generosidad e infinita bondad nunca dejan de otorgar el bien aún a los ingratos y a los que se han apartado de ti. Conviértenos a ti, para que seamos agradecidos, humildes y piadosos, pues Tú eres nuestra salud, nuestra fortaleza y nuestra salvación.
 
Los cinco minutos de San Francisco
Agosto: La alegría
Día 16
Ya que la alegría espiritual surge de un corazón limpio y de una oración pura y continua, es necesario poner todo el empeño posible en adquirir y conservar estas dos virtudes, con el fin de que, para edificación del prójimo y ofensa del maligno, puedan tener esta alegría interior y exterior que de todo corazón deseo y amo verla y sentirla tanto en mi como en ustedes. A él y a sus seguidores les toca estar tristes; a nosotros en cambio, alegrarnos y gozarnos en el Señor.
(Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
 
FELIPE
-Jardinero de Dios-
(el más pequeñito de todos)
 
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