martes, 1 de abril de 2025

Pequeñas Semillitas 5945

PEQUEÑAS SEMILLITAS
 
Año 20 - Número 5945 ~ Martes 1 de Abril de 2025
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
¡Alabado sea Jesucristo!
Pasa el tiempo y nuestra existencia en la tierra se va agotando; nuestro cuerpo se gasta y las energías decaen. La vida terrena es muy breve así vivamos cien años.
Por eso debemos señalarnos un objetivo noble para así mantener la satisfacción de vivir y la esperanza de ser promotores de una causa excelente.
La vida tiene profundo sentido si nos dedicamos a ayudar a los necesitados, si amamos sin esperar recompensa y si vivimos por un ideal que no termine con la muerte. Si trabajamos inspirados por un gran ideal, sentiremos la alegría que reanima nuestra vida.
El ideal más alto y noble es amar a Dios con todo el corazón y manifestar este amor sirviendo al prójimo.
La grandeza de una persona se alimenta con la dedicación al logro de sus altos ideales.
 
La Palabra de Dios
Lecturas del día
(Martes IV de Cuaresma, ciclo C)
Primera Lectura: Ezequiel 47, 1-9. 12
 
Salmo: Sal 45, 2-3. 5-6. 8-9
 
Santo Evangelio: Jn 5,1-3.5-16
Era el día de fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la Probática, una piscina que se llama en hebreo Betsaida, que tiene cinco pórticos. En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, esperando la agitación del agua. Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, viéndole tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: «¿Quieres curarte?». Le respondió el enfermo: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua; y mientras yo voy, otro baja antes que yo». Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y anda». Y al instante el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar.
Pero era sábado aquel día. Por eso los judíos decían al que había sido curado: «Es sábado y no te está permitido llevar la camilla». Él le respondió: «El que me ha curado me ha dicho: ‘Toma tu camilla y anda’». Ellos le preguntaron: «¿Quién es el hombre que te ha dicho: ‘Tómala y anda?’». Pero el curado no sabía quién era, pues Jesús había desaparecido porque había mucha gente en aquel lugar. Más tarde Jesús le encuentra en el Templo y le dice: «Mira, estás curado; no peques más, para que no te suceda algo peor». El hombre se fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado. Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado.
 
Comentario:
Hoy, san Juan nos habla de la escena de la piscina de Betsaida. Parecía, más bien, una sala de espera de un hospital de trauma: «Yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos» (Jn 5,3). Jesús se dejó caer por allí.
¡Es curioso!: Jesús siempre está en medio de los problemas. Allí donde haya algo para “liberar”, para hacer feliz a la gente, allí está Él. Los fariseos, en cambio, sólo pensaban en si era sábado. Su mala fe mataba el espíritu. La mala baba del pecado goteaba de sus ojos. No hay peor sordo que el que no quiere entender.
El protagonista del milagro llevaba treinta y ocho años de invalidez. «¿Quieres curarte?» (Jn 5,6), le dice Jesús. Hacía tiempo que luchaba en el vacío porque no había encontrado a Jesús. Por fin, había encontrado al Hombre. Los cinco pórticos de la piscina de Betsaida retumbaron cuando se oyó la voz del Maestro: «Levántate, toma tu camilla y anda» (Jn 5,8). Fue cuestión de un instante.
La voz de Cristo es la voz de Dios. Todo era nuevo en aquel viejo paralítico, gastado por el desánimo. Más tarde, san Juan Crisóstomo dirá que en la piscina de Betsaida se curaban los enfermos del cuerpo, y en el Bautismo se restablecían los del alma; allá, era de cuando en cuando y para un solo enfermo. En el Bautismo es siempre y para todos. En ambos casos se manifiesta el poder de Dios por medio del agua.
El paralítico impotente a la orilla del agua, ¿no te hace pensar en la experiencia de la propia impotencia para hacer el bien? ¿Cómo pretendemos resolver, solos, aquello que tiene un alcance sobrenatural? ¿No ves cada día, a tu alrededor, una constelación de paralíticos que se “mueven” mucho, pero que son incapaces de apartarse de su falta de libertad? El pecado paraliza, envejece, mata. Hay que poner los ojos en Jesús. Es necesario que Él —su gracia— nos sumerja en las aguas de la oración, de la confesión, de la apertura de espíritu. Tú y yo podemos ser paralíticos sempiternos, o portadores e instrumentos de luz.
* Rev. D. Àngel CALDAS i Bosch (Salt, Girona, España) © Textos de Evangeli.net 
 
Santoral Católico:
San Hugo de Grenoble
Nació de familia noble el año 1053 en el Delfinado (Francia). Recibió una excelente formación cultural y cristiana, y pronto el obispo de Grenoble lo promovió en la vida eclesiástica. A los 28 años fue consagrado obispo de Grenoble, y gobernó su diócesis unos 50 años. Emprendió la renovación de la vida del clero y de los fieles en la línea de la reforma gregoriana, combatiendo la simonía, el concubinato de los clérigos, el desorden en la economía diocesana, etc. No conseguía del todo sus objetivos y por eso, desanimado, se retiró al monasterio de Mont Dieu con ánimo de hacerse monje, pero Gregorio VII lo obligó a volver a su diócesis. Acogió a san Bruno y a sus compañeros y les dio las tierras montañosas de Chartreuse, donde comenzó la Orden de los Cartujos. Con ellos pasaba largas temporadas, y a los sucesivos papas les manifestó su deseo de retirarse a la contemplación, deseo que no fue atendido. Participó en el Concilio de Vienne de 1112, y se puso en contra de Anacleto II y en defensa de Inocencio II. Murió el 1 de abril de 1132.
Para más información hacer clic acá.
(Directorio Franciscano – ACI Prensa – Catholic.net)
 
Pensamiento del día
una Cuaresma lúcida anuncia una Pascua de gozo;
una Cuaresma espiritual anuncia a un Jesús más vivo;
una Cuaresma de honradez anuncia una Pascua de fraternidad;
una Cuaresma de solidaridad anuncia una Pascua de verdad;
una Cuaresma de compasión y ternura anuncia una Pascua de vida»
(FIDEL AIZPURUA)
 
Tema del día:
La virtud de la perseverancia
La perseverancia, muy frecuentemente es coronada con el éxito. Veamos un deportista que, día tras día entrena en su deporte, practica, y al final, obtiene su triunfo.
 
También en el bien los cristianos debemos perseverar, para obtener al fin la corona de gloria que no se marchitará jamás, el premio de la Gloria eterna en el Cielo.
 
Necesitamos como aliado el tiempo, porque hasta la gota de agua que cae perseverantemente sobre la piedra, con la ayuda del tiempo, llega a perforarla; así también si perseveramos en el bien, en las buenas obras, en la virtud, hora tras hora, día tras día, al final conseguiremos la santificación, porque como dice el dicho popular: “Persevera y triunfarás”.
 
Y Dios nos ha dado el tiempo de vida sobre la tierra, no para que lo malgastemos en frivolidades y pasatiempos inútiles -y no pocas veces pecaminosos-, sino que nos ha dado el tiempo para que lo aprovechemos en hacernos mejores con la ayuda de Dios.
 
Pensemos un poco en qué estamos empleando el tiempo de misericordia que nos da Dios, que es el tiempo de vida que tenemos sobre esta tierra, pues llegará el día de nuestra muerte y lo que hayamos hecho o dejado de hacer, quedará sellado para siempre.
 
Recordemos que Dios es infinitamente misericordioso, pero nosotros no tenemos todo el tiempo para aprovechar esa misericordia divina, sino que sólo nos podemos beneficiar de ella mientras vivimos en este cuerpo mortal.
 
¡Ay de nosotros si no invocamos la Misericordia de Dios en el tiempo terreno de nuestra vida! Porque luego de la muerte queda sólo la Justicia de Dios.
 
Reflexionemos a ver en qué estamos gastando el tiempo de vida tan precioso que tenemos.
 
Recordemos también que en la vida espiritual no hay estancamientos, pues o se avanza o se retrocede, o se sube o se baja, pero uno nunca queda en el mismo grado de vida espiritual.
 
Luchemos porque nuestra alma siempre vaya conquistando nuevos peldaños en la escala que lleva al Paraíso, para que al final de nuestros días nos encontremos con un tesoro de buenas obras y abundante gracia, para que volemos al Cielo a disfrutar de esa fortuna.
 
Por ello la perseverancia es lo más importante a tener en cuenta, pues es incluso más importante que los dones de inteligencia y demás capacidades, ya que quien tiene éstas últimas, pero le falta la perseverancia, constancia, buena voluntad, no alcanzará el objetivo y fracasará en el tiempo y en la eternidad.
 
Es fácil a veces hacer actos heroicos uno o dos días. Pero lo difícil es hacer el bien todos los días, perseverando en los días grises de nuestra existencia, en la monotonía cotidiana. ¡Cuántas veces nos damos por vencidos! ¡Cuántas veces dejamos lo que hemos comenzado!
 
Es cierto que la perseverancia es también un don de Dios, y además una respuesta nuestra. Es nuestra voluntad la que debe perseverar, y Dios nos da sus ayudas para que podamos hacerlo. Por eso quien quiere perseverar en el bien y en la virtud, pero por su propia cuenta, sin acudir a los sacramentos, a la oración, muy pronto estará desmoralizado.
 
Debemos buscar la estabilidad, como Dios, que no cambia ni se muda, así debemos tratar de ser nosotros ante los vaivenes de nuestro ánimo y voluntad. Con la ayuda de Dios lo lograremos.
(Texto: Sitio Santísima Virgen - Imagen: Padre Carlos Miguel Buela)
 
Meditaciones de “Pequeñas Semillitas”
Dios Padre creó un depósito de todas las aguas y lo llamó mar. Creó un depósito de todas las gracias y lo llamó María. El Dios omnipotente posee un tesoro o almacén riquísimo en el que ha encerrado lo más hermoso, refulgente, raro y precioso que tiene, incluido su propio Hijo. Este inmenso tesoro es María, a quien los santos llaman el tesoro del Señor, de cuya plenitud se enriquecen los hombres. (n.23)
Dios Hijo comunicó a su Madre cuanto adquirió mediante su vida y muerte, sus méritos infinitos y virtudes admirables, y la constituyó tesorera de todo cuanto el Padre le dio en herencia. Por medio de Ella aplica sus méritos a sus miembros, les comunica virtudes y les distribuye sus gracias. María constituye su canal misterioso, su acueducto, por el cual hace pasar suave y abundantemente sus misericordias. (n.24)
Dios Espíritu Santo comunicó a su fiel Esposa, María, sus dones inefables y la escogió por dispensadora de cuanto posee. De manera que Ella distribuye a quien quiere, cuanto quiere, como quiere y cuando quiere todos sus dones y gracias. Y no se concede a los hombres ningún don celestial que no pase por sus manos virginales. Porque tal es la voluntad de Dios que quiere que todo lo tengamos por María. Y porque así será enriquecida, ensalzada y honrada por el Altísimo la que durante su vida se empobreció, humilló y ocultó hasta el fondo de la nada por su humildad. Estos son los sentimientos de la iglesia y de los Santos Padres. (n.25) (San Luis María Grignión de Monfort)
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La esperanza es siempre la actitud de un creyente. Esperanza que nace no sólo en sus limitadas capacidades, sino en la presencia de quien ha mostrado que es confiable, no falla y siempre da una nueva oportunidad: Dios. El creyente no está supeditado a sus fuerzas, sino que siempre cuenta con la fuerza de Dios, que actúa en él desde dentro. Tener esperanza es una consecuencia de la opción de fe. No sé en qué situación estés en estos momentos, pero lo que sí sé es que desde tu relación con Jesús de Nazaret debes tener esperanza en que vas a salir adelante, en que vas a encontrar una nueva posibilidad, que una puerta se va a abrir, que no todo está perdido. Acepta lo que la lógica demuestra y las limitaciones que tienes, pero trasciende y encuentra en la acción de Dios otras posibilidades que, seguramente, están allí presentes y no has podido encontrar. La fe tiene que hacerte un verdadero guerrero, uno que lucha con la certeza de que encontrará caminos de solución a lo que está viviendo. La fe no es fanatismo, ni es correr tras de lo irracional. La fe es descubrir en la persona de Jesús posibilidades razonables y lógicas que desde nuestra condición no hemos podido encontrar. En ese contexto hay que entender los milagros y estar seguros de que acontecen cuando abrimos el corazón y dejamos que Él nos muestre su poder. Hoy vive tu fe y lánzate con mucha esperanza a encontrar soluciones. No tengas miedo, confía que con Él podrás vencer todo lo que estás viviendo (Filipenses 4,13). (P. Alberto Linero)
🌸
El término “fariseo” está tan desprestigiado que nos resulta difícil comprender lo que quería decir Jesús cuando ponía esa comparación e invitaba a sus discípulos a ser mejores que ellos. En realidad, en aquella época los fariseos eran los más religiosos, observantes y fieles defensores de Dios. Si tuviéramos que buscar un equivalente, diríamos que eran los de “misa diaria”; esta comparación no es justa e incluso es ofensiva en sí misma, pero nos sirve para entender que los apóstoles estaban siendo invitados a ser mejores que los mejores de los judíos. Pero ¿mejores en qué?
Desde luego no se trataba de ser más puntilloso y exigente en cuestiones litúrgicas o en asuntos rituales (descanso del sábado, reglas culinarias, impuestos al templo, etc). Lo que Jesús quería era que se superara por arriba la limitación que mantenía encorsetado el corazón del buen judío, del fariseo. Ciertamente, esto sólo lo pudieron entender bien los apóstoles al final de la vida de Cristo (cuando, en la Última Cena, les da el mandamiento nuevo) y, sobre todo, después de la venida del Espíritu Santo. Pero ya entonces pudieron comprender algo de lo que el Señor quería enseñarles. Para Jesús no se trataba de quedarse contento con no hacer el mal o con cumplir las leyes; lo que Él pedía a sus seguidores es que fueran más allá, que hicieran todo el bien posible, que no se quedaran satisfechos hasta que no hubiera ayudado al prójimo con todas sus fuerzas. Cristo no pedía ni pide imposibles; pide, simplemente, que amemos. Y amar empieza por no hacer el mal y sigue por hacer el bien. Como él hizo. (P. Santiago Martín)
 
Un año con María
Abril 1: La confianza en nuestro Dios
A una persona se la conoce de verdad por cómo te trata cuando ya no te necesita. Todos somos los malos de la historia de alguien, eso lo tienes que saber.
Recuerda que Dios te hizo único e irrepetible, porque nos hizo a su imagen y semejanza. Eso significa que tenemos libertad, voluntad y conciencia.
Sabiendo esto, veamos a María: que nos lleva a comprender que tenemos mucho por dar sin esperar nada de nuestro alrededor. Ser esclava del Señor implicó aceptar la obra de Dios y su salvación.
(PADRE LUIS ZAZANO)
 
FELIPE
-Jardinero de Dios-
(el más pequeñito de todos)
 
 
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