jueves, 2 de julio de 2026

Pequeñas Semillitas 6365

PEQUEÑAS SEMILLITAS
 
Año 21 - Número 6365 ~ Jueves 2 de Julio de 2026
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
¡Alabado sea Jesucristo!
Caminar en una vida nueva es sumergirse en los acontecimientos diarios y comprenderlos con amor, es asumirlos apasionadamente, sin evasiones ni renuncias, y asombrarse constantemente delante del panorama tierno y seguro que Dios nos brinda.
En el rostro de Jesús descubrirás, con estupor, muchas veces, el rostro de tus hermanos. En ellos comprenderás que Dios te llama, con urgencia, a ofrecer tu vida como don: un don jamás forzado, siempre amado, ardientemente deseado, y diariamente ratificado.
Aprender a valorar los hechos diarios que nacen de la amistad y del perdón es un secreto para que nuestro rostro luzca con una sonrisa sincera, garantía de nuestra paz interior.
Suele ocurrir, alguna vez, que los elogios hagan mal al hombre y lo vuelvan fastidioso. Ocurre igualmente que, por falta de los mismos, muchos actos generosos mueren en el mismo instante de nacer.
 
La Palabra de Dios
Lecturas del día
- JUEVES 13 DEL TIEMPO ORDINARIO -
Primera Lectura: Amós 7, 10-17
 
Salmo: Sal 18, 8. 9. 10. 11
 
Santo Evangelio: Mt 9,1-8
En aquel tiempo, subiendo a la barca, Jesús pasó a la otra orilla y vino a su ciudad. En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «¡Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados». Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: «Éste está blasfemando». Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate y anda’? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados —dice entonces al paralítico—: ‘Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’». Él se levantó y se fue a su casa. Y al ver esto, la gente temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.
 
Comentario:
Hoy encontramos una de las muchas manifestaciones evangélicas de la bondad misericordiosa del Señor. Todas ellas nos muestran aspectos ricos en detalles. La compasión de Jesús misericordiosamente ejercida va desde la resurrección de un muerto o la curación de la lepra, hasta perdonar a una mujer pecadora pública, pasando por muchas otras curaciones de enfermedades y la aceptación de pecadores arrepentidos. Esto último lo expresa también en parábolas, como la de la oveja descarriada, la didracma perdida y el hijo pródigo.
El Evangelio de hoy es una muestra de la misericordia del Salvador en dos aspectos al mismo tiempo: ante la enfermedad del cuerpo y ante la del alma. Y puesto que el alma es más importante, Jesús comienza por ella. Sabe que el enfermo está arrepentido de sus culpas, ve su fe y la de quienes le llevan, y dice: «¡Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados» (Mt 9,2).
¿Por qué comienza por ahí sin que se lo pidan? Está claro que lee sus pensamientos y sabe que es precisamente esto lo que más agradecerá aquel paralítico, que, probablemente, al verse ante la santidad de Jesucristo, experimentaría confusión y vergüenza por las propias culpas, con un cierto temor a que fueran impedimento para la concesión de la salud. El Señor quiere tranquilizarlo. No le importa que los maestros de la Ley murmuren en sus corazones. Más aun, forma parte de su mensaje mostrar que ha venido a ejercer la misericordia con los pecadores, y ahora lo quiere proclamar.
Y es que quienes, cegados por el orgullo se tienen por justos, no aceptan la llamada de Jesús; en cambio, le acogen los que sinceramente se consideran pecadores. Ante ellos Dios se abaja perdonándolos. Como dice san Agustín, «es una gran miseria el hombre orgulloso, pero más grande es la misericordia de Dios humilde». Y en este caso, la misericordia divina todavía va más allá: como complemento del perdón le devuelve la salud: «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa» (Mt 9,6). Jesús quiere que el gozo del pecador convertido sea completo.
Nuestra confianza en Él se ha de afianzar. Pero sintámonos pecadores a fin de no cerrarnos a la gracia.
* Rev. D. Francesc NICOLAU i Pous (Barcelona, España) © Textos de Evangeli.net – Imagen: Misioneros Digitales Católicos.
 
Santoral Católico:
Sacerdote Jesuita
Nació en Carpi, provincia de Módena (Italia), el año 1530, en el seno de una familia acomodada. Estudió primero en su casa, y luego en Módena y Bolonia, donde sacó el doctorado en ambos derechos. Ejerció diversos cargos en la administración civil. El fallecimiento de su prometida le provocó una crisis sobre su vocación. Se trasladó a Nápoles, como lugarteniente del virrey, y allí conoció a los jesuitas. Ingresó en la Compañía de Jesús en 1564 y en 1567 recibió la ordenación sacerdotal. Estuvo trabajando en un colegio de Nápoles hasta que en 1574 lo destinaron a Lecce, donde pasó el resto de su vida. Realizó una muy grande labor apostólica en la ciudad como predicador, confesor y director de las congregaciones marianas, y atrajo a multitud de personas a la vida cristiana. Fue ilustre por su caridad y su benignidad; había despreciado los honores del mundo y se entregó al cuidado pastoral de los presos y de los enfermos, y al ministerio de la palabra y del sacramento de la penitencia. Murió el 2 de julio de 1616.
Para más información hacer clic acá.
(Directorio Franciscano – Píldoras de Fe – Catholic.net)
 
Pensamiento del día
«Los tiempos difíciles pueden hacer perder el equilibrio. Pero la falta de equilibrio agrava todavía más la dificultad de los tiempos nuevos. Porque se pierde la serenidad interior, la capacidad contemplativa de ver lejos y la audacia creadora de los hombres del Espíritu. Cuando falta el equilibrio aumenta la pasividad del miedo o la agresividad de la violencia»
(CARDENAL EDUARDO PIRONIO)
 
Tema del día:
El partido más importante de tu vida
Te presento el partido más importante de tu vida. No es un encuentro de fútbol cualquiera. Al finalizar este partido no se levantará una copa ni se celebrará un campeonato. El premio es mucho mayor: la vida eterna que Dios, por su infinito amor, ofrece a quienes desean caminar junto a Él.
 
Este partido no dura noventa minutos, sino toda nuestra existencia. El terreno de juego son nuestros hogares, el trabajo, la escuela, la calle y cada lugar donde vivimos. Cada palabra, cada decisión, cada gesto de amor o de egoísmo es una jugada que acerca o aleja nuestro corazón de Dios.
 
No jugamos solos. Nuestro entrenador es Jesucristo, el mejor Maestro. Él nos enseña la estrategia perfecta a través del Evangelio, de la oración y del ejemplo de su propia vida. Cuanto más escuchamos su Palabra, más aprendemos a amar, a perdonar y a servir.
 
El árbitro es Dios Padre. Solo Él conoce el momento en que concluirá nuestro partido. Por eso cada día es una oportunidad irrepetible para amar más y hacer el bien.
 
Además, contamos con un ayudante imprescindible: el Espíritu Santo. Invócalo con frecuencia. Él ilumina la inteligencia, fortalece el corazón, inspira las decisiones difíciles y nos da la fuerza necesaria para levantarnos después de cada caída.
 
¿Cómo marcar los goles que realmente cuentan?
 
· Ama a Dios por encima de todas las cosas y no dejes que el egoísmo, la soberbia o el afán de poseer ocupen el lugar que solo le corresponde a Él.
 
· Trata a todas las personas con respeto, paciencia y misericordia. Cada ser humano es un hijo amado de Dios y merece ser acogido con cariño.
 
· Comparte con generosidad tu tiempo, tus capacidades y tus bienes con quienes más lo necesitan. El amor siempre encuentra una forma de ayudar.
 
· Aprende a perdonar, como Cristo nos perdona cada día. El rencor divide; el perdón devuelve la paz al corazón.
 
· Vive conforme al Evangelio. Los mandamientos no son un peso, sino el camino que conduce a la verdadera felicidad. Los sacramentos son el alimento que fortalece nuestra vida cristiana.
 
· Mantén viva tu amistad con Dios mediante la oración diaria, la lectura de la Sagrada Escritura y la participación frecuente en la Santa Misa. Allí recibimos la fuerza necesaria para continuar el partido con alegría y esperanza.
 
· Si alguna vez fallas una jugada, no te desanimes. Cristo siempre está dispuesto a levantarte mediante el sacramento de la Reconciliación y a darte una nueva oportunidad para seguir jugando.
 
Recuerda: al final del partido, Dios no nos preguntará cuántos éxitos, riquezas o reconocimientos conseguimos, sino cuánto hemos amado.
 
Cada acto de bondad, cada palabra de consuelo, cada gesto de servicio y cada sacrificio ofrecido por amor son auténticos goles que permanecen para siempre.
 
¡Sal al campo con ilusión! Jesucristo juega a tu lado y toda la Iglesia anima desde la grada. Con María, nuestra Madre, y la ayuda del Espíritu Santo, procura que cada día termine con el marcador del amor un poco más alto.
 
Autor: Javier López
Web católico de Javier
 
Meditaciones de “Pequeñas Semillitas”
En Italia, un sacerdote exorcista contó que un día un joven en gran dificultad vino a verle, estaba desesperado. No solamente se sentía físicamente enfermo, sino también espiritualmente atormentado. Se había entregado a prácticas de ocultismo, sin mencionar la droga, el alcohol y otras cosas nocivas.
Pero el sacerdote ocupado en otro caso difícil no pudo interrumpir su trabajo para atender al joven. Sin embargo al verlo en sufrimiento no quiso dejarlo partir desilusionado. Pensó así en la imagen de la Virgen de la Medalla milagrosa de su iglesia. Ella tiene las manos abiertas y de sus dedos brotan rayos que representan las gracias que da a quienes se la piden. Entonces le dijo: «Ve a rezar frente a la estatua viéndola siempre a los ojos. Ella es la Madre, ella te ayudará».
El joven fue a arrodillarse ante la Virgen y le confió su desgracia, mirándola a los ojos. Enseguida sintió que un gran alivio le llegaba a través de la mirada de la Virgen. Jamás en su vida había sentido tan grande ternura maternal. Lleno de alegría se quedó largo tiempo frente a Ella. Era como si un bálsamo penetrara todo su cuerpo, su corazón, su alma. Cuando salió de ahí se sintió sano y liberado de sus males.
🌸
Un profesor fue invitado a dar una conferencia en una base militar, y en el aeropuerto lo recibió un soldado.
Mientras se encaminaban a recoger el equipaje, el soldado se separó del visitante en tres ocasiones: primero para ayudar a una anciana con su maleta; luego para cargar a dos pequeños a fin de que pudieran ver a Santa Claus, y después para orientar a una persona. Cada vez regresaba con una sonrisa en el rostro.
"¿Dónde aprendió a comportarse así?", le preguntó el profesor. "En la guerra", contestó. Entonces le contó su experiencia en Vietnam. Allá su misión había sido limpiar campos minados. Durante ese tiempo había visto cómo varios amigos suyos, uno tras otro, encontraban una muerte prematura.
"Me acostumbré a vivir paso a paso" explicó. "Nunca sabía si el siguiente iba a ser el último; por eso tenía que sacar el mayor provecho posible del momento que transcurría entre alzar un pie y volver a apoyarlo en el suelo. Me parecía que cada paso era toda una vida".
Nadie puede saber lo que habrá de suceder mañana. Qué triste sería el mundo si lo supiéramos. Toda la emoción de vivir se perdería, nuestra vida sería como una película que ya vimos. Ninguna sorpresa, ninguna emoción. Pienso que lo que se requiere es ver la vida como lo que es: una gran aventura.
Al final, no importará quién ha acumulado más riqueza ni quién ha llegado más lejos. Lo único que importará es quién lo vivió más y de la mejor forma a los ojos de Jesús. Eso es, creo yo, lo que se pondrá en la balanza a la hora de hacer el recuento final.
 
Los cinco minutos de San Francisco
Julio: La oración
Día 2
Aplaudan todos los pueblos, aclamen a Dios con gritos de alegría. Porque el Señor es excelso, glorioso, rey grande sobre toda la tierra. Porque el santísimo Padre de los cielos, envió de lo alto a su amado Hijo para traer la salvación al mundo. Alégrense los cielos y goce la tierra, conmuévase el mar y cuanto contiene. Se alegrarán los campos y cuanto hay en ellos. ¡Cántenle un cántico nuevo! ¡Cante al Señor toda la tierra!
(Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)
 
FELIPE
-Jardinero de Dios-
(el más pequeñito de todos)
 
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