domingo, 19 de abril de 2026

Pequeñas Semillitas 6291

PEQUEÑAS SEMILLITAS
 
Año 21 - Número 6291 ~ Domingo 19 de Abril de 2026
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
¡Alabado sea Jesucristo!
Recuerda que un hijo (como también un alumno) es un regalo de Dios. La más rica de las bendiciones. No trates de amoldarle a imagen tuya o de un vecino. Cada niño es individual, y tiene que permitírsele ser él mismo. No aplastes el espíritu de tu hijo o alumno cuando falla, y nunca lo compares con otros que lo hayan sobrepasado.
Enséñales a tus alumnos (o bien a tu hijo) que hay dignidad en el trabajo duro. Aunque se desempeñe con unas manos callosas paleando carbón, o unos dedos hábiles manipulando instrumentos quirúrgicos. Déjale saber que una vida útil es bendecida, y una vida fácil y en busca de placeres, es vacía e insignificante. El Maestro Divino te inspire y asista.
Oración: Señor Jesús, tú que eres el único y verdadero maestro, concédeme la gracia de ser, a ejemplo tuyo, maestro/a, para mis alumnos. Haz que yo sea modelo de: amor, confianza y comprensión. Haz que yo sepa, con mi vida, educarlos en la libertad y con mi sabiduría capacitarlos para un auténtico compromiso hacia los demás. Haz que yo sea capaz de hablarles de ti y de enseñarles cómo hablar contigo. Haz que ellos se den cuenta que son amados y que yo sólo busco su verdadero bien. Haz que mi amistad contigo sea fuente de mi amistad con ellos. Jesús Maestro, gracias por haberme llamado a tu misma misión. Amén.
(PADRE NATALIO BÉRTOLO)
 
La Palabra de Dios
Lecturas del día
- DOMINGO 3 DE PASCUA -
Primera Lectura: Hechos 2, 14. 22-33
 
Salmo: Sal 15, 1-2a y 5. 7-8. 9-10. 11
 
Segunda Lectura: 1 Pedro 1, 17-21
 
Santo Evangelio: Lc 24,13-35
Aquel mismo día, el domingo, iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran.
Él les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?». Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado, Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?». Él les dijo: «¿Qué cosas?». Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería Él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que Él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a Él no le vieron».
Él les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?». Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre Él en todas las Escrituras. Al acercarse al pueblo a donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado».
Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero Él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?». Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!». Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.
 
Comentario:
Hoy, comenzamos la proclamación del Evangelio con la expresión: «Aquel mismo día, el domingo» (Lc 24,13). Sí, todavía domingo. Pascua —se ha dicho— es como un gran domingo de cincuenta días. ¡Oh, si supiésemos la importancia que tiene este día en la vida de los cristianos! «Hay motivos para decir, como sugiere la homilía de un autor del siglo IV (el Pseudo Eusebio de Alejandría), que el ‘día del Señor’ es el ‘señor de los días’ (…). Ésta es, efectivamente, para los cristianos la “fiesta primordial”» (San Juan Pablo II). El domingo es, para nosotros, seno materno, cuna, celebración, hogar y también aliento misionero. ¡Oh, si entreviéramos la luz y la poesía que lleva! Entonces afirmaríamos como aquellos mártires de los primeros siglos: «No podemos vivir sin el domingo».
Pero, cuando el día del Señor pierde relieve en nuestra existencia, también se eclipsa el “Señor del día”, y nos volvemos tan pragmáticos y “serios” que sólo damos crédito a nuestros proyectos y previsiones, planes y estrategias; entonces, incluso la misma libertad con la que Dios actúa, nos es motivo de escándalo y de alejamiento. Ignorando el estupor nos cerramos a la manifestación más luminosa de la gloria de Dios, y todo se convierte en un atardecer de decepción, preludio de una noche interminable, donde la vida parece condenada a un perenne insomnio.
Sin embargo, el Evangelio proclamado en medio de las asambleas dominicales es siempre anuncio angélico de una claridad dirigida a entendimientos y corazones tardos para creer (cf. Lc 24,25), y por esto es suave, no explosivo, ya que —de otro modo— más que iluminar nos cegaría. Es la Vida del Resucitado que el Espíritu nos comunica con la Palabra y el Pan partido, respetando nuestro caminar hecho de pasos cortos y no siempre bien dirigidos.
Cada domingo recordemos que Jesús «entró a quedarse con ellos» (Lc 24,29), con nosotros. ¿Lo has reconocido hoy, cristiano?
* Rev. D. Jaume GONZÁLEZ i Padrós (Barcelona, España) © Textos de Evangeli.net 
 
Palabras de Benedicto XVI
«Este drama de los discípulos de Emaús es como un espejo de la situación de muchos cristianos de nuestro tiempo. Al parecer, la esperanza de la fe ha fracasado. La fe misma entra en crisis a causa de experiencias negativas que nos llevan a sentirnos abandonados por el Señor. Pero este camino hacia Emaús, por el que avanzamos, puede llegar a ser el camino de una purificación y maduración de nuestra fe en Dios»
 
Predicación del Evangelio:
Recordar más a Jesús
El relato de los discípulos de Emaús nos describe la experiencia vivida por dos seguidores de Jesús mientras caminan desde Jerusalén hacia la pequeña aldea de Emaús, a ocho kilómetros de distancia de la capital. El narrador lo hace con tal maestría que nos ayuda a reavivar también hoy nuestra fe en Cristo resucitado.
 
Dos discípulos de Jesús se alejan de Jerusalén abandonando el grupo de seguidores que se ha ido formando en torno a él. Muerto Jesús, el grupo se va deshaciendo. Sin él no tiene sentido seguir reunidos. El sueño se ha desvanecido. Al morir Jesús muere también la esperanza que había despertado en sus corazones. ¿No está sucediendo algo de esto en nuestras comunidades? ¿No estamos dejando morir la fe en Jesús?
 
Sin embargo, estos discípulos siguen hablando de Jesús. No lo pueden olvidar. Comentan lo sucedido. Tratan de buscar algún sentido a lo que han vivido junto a él. «Mientras conversan, Jesús se acerca y se pone a caminar con ellos». Es el primer gesto del Resucitado. Los discípulos no son capaces de reconocerlo, pero Jesús ya está presente caminando junto a ellos. ¿No camina hoy Jesús veladamente junto a tantos creyentes que abandonan la Iglesia, pero lo siguen recordando?
 
La intención del narrador es clara: Jesús se acerca cuando los discípulos lo recuerdan y hablan de él. Se hace presente allí donde se comenta su Evangelio, donde hay interés por su mensaje, donde se conversa sobre su estilo de vida y su proyecto. ¿No está Jesús tan ausente entre nosotros porque hablamos poco de él?
 
Jesús está interesado en conversar con ellos: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?». No se impone revelándoles su identidad. Les pide que sigan contando su experiencia. Conversando con él irán descubriendo su ceguera. Se les abrirán los ojos cuando, guiados por su palabra, hagan un recorrido interior. Es así. Si en la Iglesia hablamos más de Jesús y conversamos más con él, nuestra fe revivirá.
 
Los discípulos le hablan de sus expectativas y decepciones; Jesús les ayuda a ahondar en la identidad del Mesías crucificado. El corazón de los discípulos comienza a arder; sienten necesidad de que aquel «desconocido» se quede con ellos. Al celebrar la cena eucarística se les abren los ojos y lo reconocen: ¡Jesús está con ellos alimentando su fe!
 
Los cristianos hemos de recordar más a Jesús: citar sus palabras, comentar su estilo de vida, ahondar en su proyecto. Hemos de abrir más los ojos de nuestra fe y descubrirlo lleno de vida en nuestras eucaristías. Jesús no está ausente. Camina junto a nosotros.
(P. José Antonio Pagola - Imagen: Misioneros Digitales Católicoa)
 
Biblioteca de “Pequeñas Semillitas”
Contiene 400 artículos que han sido publicados
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Agradecimientos
Imaginemos que en el cielo hay dos oficinas diferentes para tratar lo relativo a las oraciones de las personas en la tierra:
Una es para receptar pedidos de diversas gracias, y allí los muchos ángeles que atienden trabajan intensamente y sin descanso por la cantidad de peticiones que llegan en todo momento.
La otra oficina es para recibir los agradecimientos por las gracias concedidas y en ella hay un par de ángeles aburridos porque prácticamente no les llega ningún mensaje de los hombres desde la tierra para dar gracias...
Desde esta sección de "Pequeñas Semillitas" pretendemos juntar una vez por semana (los domingos) todos los mensajes para la segunda oficina: agradecimientos por favores y gracias concedidas como respuesta a nuestros pedidos de oración.
 
💕 Desde Colombia nos llega una oración de agradecimiento por la cirugía de Herman Cardona Ortiz, que fue operado de próstata con todo éxito. Tanto él como su familia agradecen a quienes rezaron por esta intervención.
 
💕 Desde Canadá, nuestra lectora Elena escribe y dice: «Comparto con inmenso agradecimiento, gran alegría y loas a Dios por los resultados del PSA de mi hijo Boris Enrique marcan un "cero", es decir limpio de células negativas.(próximo chequeo en Abril 2027).  Su gran amor y poder siga a su lado e igualmente envuelva a mi querida hija Katia. Padre, Jesús y Divino Espíritu del Padre, ¡En vos confiamos!»
 
Oremos: Bendito seas, Dios mío, porque a pesar de ser yo indigno de toda ayuda, tu generosidad e infinita bondad nunca dejan de otorgar el bien aún a los ingratos y a los que se han apartado de ti. Conviértenos a ti, para que seamos agradecidos, humildes y piadosos, pues Tú eres nuestra salud, nuestra fortaleza y nuestra salvación.
 
Meditación dominical
Cada año, en este tercer domingo de Pascua, escuchamos el relato de una aparición de Jesús resucitado. Hoy se nos narra su aparición a los discípulos en el camino a Emaús.
Este estupendo texto evangélico contiene ya la estructura de la santa misa: en la primera parte, la escucha de la Palabra a través de las sagradas Escrituras; en la segunda, la liturgia eucarística y la comunión con Cristo presente en el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre.
La Iglesia, alimentándose en esta doble mesa, se edifica incesantemente y se renueva día tras día en la fe, en la esperanza y en la caridad. Por intercesión de María santísima, oremos para que todo cristiano y toda comunidad, reviviendo la experiencia de los discípulos de Emaús, redescubra la gracia del encuentro transformador con el Señor resucitado. Que el camino de Emaús se convierta así en símbolo de nuestro camino de fe: las Escrituras y la Eucaristía son los elementos indispensables para el encuentro con el Señor.
 
Los cinco minutos de San Francisco
Abril: Ser peregrinos
Día 19
Que los hermanos no se apropien de nada para sí, ni casa, ni lugar, ni cosas. Como peregrinos y extranjeros en este mundo, que sirven al Señor en pobreza y humildad, vayan a pedir limosnas confiadamente. No sientan vergüenza por esto, porque el Señor se hizo pobre por nosotros en este mundo. Esta es la excelencia de la altísima pobreza, la que a ustedes, mis hermanos muy queridos, los ha convertido en herederos y reyes del Reino de los cielos; los ha hecho pobres de cosas materiales, pero ricos espiritualmente.
(Textos seleccionados por Murray Bodo ofm)

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-Jardinero de Dios-
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